Martha Lucía Méndez Gómez




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títuloMartha Lucía Méndez Gómez
fecha de publicación19.02.2016
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Martha Lucía Méndez Gómez

LA PALABRA

De magos, de humanos, la fuerza del poder en la expresión. Liberación y encarcelamiento. En la tradición los cuentos comienzan con el típico: “había una vez…”, y si no fuera por la palabra, por el sinnúmero de palabras, cómo recrear la mente, el espíritu, el alma, y pasar el tiempo en un sentido del sinsentido?

Hablar en pleno siglo XXI de palabra, es referirse al consabido enunciado que refiere a la comunicación; se dice que lo más inteligente en la creación es el humano, pero si se ha de hablar de la conexión con el existir, también se habla de lenguaje de los animales, el mensaje de la naturaleza, y lo subliminal. Es ahí donde radica el poder, la fuerza: la palabra, puramente humana. De dioses.

Quién más que se conozca puede articular palabra? La erudición de la genética en la herencia del lenguaje, qué importa si se dice en español, inglés, francés o en la jerga de quien habla, lo depurado, escogido, revisado, retocado, o simplemente garabateado de quien escribe, así en sus dos únicas formas, código binario, relación de sensación, percepción y emoción, expresada en el significado de un contexto holístico, proyectado a lo inconmensurable de las ideas.

Pareciera que el manejo incoherente obnubila la razón y precipita al fondo de un caos en la percepción.

El por qué y el para qué de las palabras puede ser un laberinto en el cual quien se adentra siente placer. Inconscientes de sí mismas las palabras guían al otro, van del sujeto al objeto, y regresan cargadas de conocimiento, de vida. La dinámica del poder creador, vibración y frecuencia, que se multiplica en ondas de creación:”Y el verbo se hizo carne”, y “Dios dijo: Hágase la luz”. Un mantra: sonido mágico que logra insuflar en el átomo, en la materia, en la cohesión de lo existente.

Invocación, culto hacia la atención de quien es objeto de las mismas, en el propósito de calar hondo en la intención. No se dice, o escribe algo porque si, se expresa porque si, o porque no, en el código matemático de coherencia, precisión, claridad, definición. Darle un nombre a lo creado, sea lo que sea: iglesia, pato, gato, mamá, papá, como aparece en cualquier cartilla de la infancia. Y se vive la imagen y se plasma la imagen. Condicionamiento hacia lo familiar, social, hacia el cambio, la evolución.

Símbolos, que llenan espacios vacíos en un mundo donde no existe el silencio, hablan por sí mismos con solo plasmarlos y definen la realidad virtual en la que se vive. El mundo de ilusión del humano, en sus creaciones distractoras y aparentemente llenadoras. Y ahí estamos todos como niños tomados de las manos jugando en la rueda de las ideas. Alarmantes cuando se ofende, dardos venenosos en la insidia, acariciadoras como suaves pétalos cuando se ama, seductora cuando se construye un ideal, delicadas cuando al arrullo del abrazo envuelven en seguridad al niño hombre que se siente desamparado en su desnudez.

Se podrá decir entonces: “palabra de Dios”, en la magnificencia del rito, de la creencia, de la verdad sin tapujos, del equilibrio en el decir, el escribir, es “palabra de Dios”, cuando se cuestiona, llegando siempre a una verdad. Es por el simple hecho de existir, aquello que hace honor al humano en su lucha diaria por ser, por estar. Ser y dejar ser. Con la palabra cada hecho vale, y después queda el eco del significado en la huella del correr del calendario.

“Palabras, tan solo palabras” dice aquella canción que quiere expresar que no se dice nada: pero si expresa, precisamente eso: que no se dice nada! El significado de la anulación en el significante.

Entonces las palabras tienen vida propia, invención que se sale de las manos por el hecho de ser dichas o escritas, y nadie les quita lo bailao, porque en lo claro de la información se corrobora el significado, la razón de ser, la causa primaria. Regreso al origen creador, al poder, al don.

El sentido místico del símbolo, el tótem de adoración como gran oportunidad de reconocimiento, gozo y honor. Códigos sagrados con emociones propias y dimensiones en altas esferas, sin tiempo, ni espacio. Es una palabra la que dice, aquí estoy, existo y perduro por siempre jamás.

Pedir la palabra: sugerente, imponente y sencillamente digno para quien impone su propio orden y mantiene su propio valer. Con decoro se apropia del momento, con decoro lo deja pasar, toma, deja, comparte. Fluye.

Ceder la palabra, puede ser dejar a otro en la sin salida, en el compromiso, en el atolladero, y también el gesto de cortesía y consideración más aplaudido: por el respeto. Así la emoción eleva a la autoestima, sublima y complace. O destruye y pisa lo más sagrado, aniquilando como la guerra o la peste.

Las palabras se cantan, se gritan, se rezan, se lloran, o simplemente se callan.

Entonces: “Lo dicho, dicho está”. Y “Lo escrito, escrito está”.

Aporte del lingüista:

  • Las palabras, en términos visuales, no son más que " grupos de letras separados por espacios en blanco, espacios que no corresponden a pausas reales en la elocución, sino que separan entre sí elementos de un carácter sumamente abstracto, resistentes a una definición lingüística precisa". (1)



  • Palabra: "unidad de significación y de sonido, pues cada palabra representa una unidad diferente y no se puede confundir con cualquier otra por cuanto cada una de ellas está compuesta por un conjunto de sonidos ordenados, aislados por pausas y que no se pueden alterar" (2)



  • "La palabra tiene uno o varios significados básicos que se encuentran en los diccionarios; pero además con ellas se puede construir nuevos significados" (3), por ejemplo: Mano: la mano que nos dio la mano, sacó la mano. Significa: Hermano: nuestra madre que nos ayudó a crecer, ya murió.

Citas:

(1) FERREIRO, Emilia y Ana Teberosky. Los sistemas de escritura en el desarrollo del niño, Siglo XXI editores, México, 1985.

(2) SOLARTE R. Marco F. Elementos Teóricos de Lingüística General, CEPUN, Pasto, 1985

(3) ______________ Qué Significa Significar, Módulo de Semántica, CEPUN, Pasto 19

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