Competencia para alimentos entre los insectos y el hombre




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CONTAMINACIÓN POR PESTICIDAS.

COMPETENCIA PARA ALIMENTOS ENTRE LOS INSECTOS Y EL HOMBRE
Por miles de años el hombre ha considerado a los insectos como una plaga que había que destruir, La descripción de la plaga de la langosta en el libro del Exodo, del Antiguo Testamento, por ejemplo, atestigua la hostilidad histórica del hombre para con los insectos y su temor de los mismos. Y efectivamente, desde que la agricultura empezó, invasiones de insectos han destruido en reiteradas ocasiones las cosechas del hombre. Cuando hablamos de los herbívoros de la tierra pensamos normalmente en los grandes animales de pezuña. Sin embargo, una proporción mucho mayor de materia vegetal es devorada por los insectos, los roedores, las aves y los microorganismos.

A todo lo largo de la historia, le ha resultado más difícil al hombre aislar sus cultivos con respecto a los pequeños herbívoros que con respecto a los grandes. La cosa es muy sencilla. En efecto, si una vaca penetra en un terreno cultivado, el hijo del granjero puede expulsarla. En cambio, resulta más difícil tratar con una bacteria, la espora de un hongo o el saco de huevos de una langosta. Y puesto que las especies pequeñas se reproducen muy rápidamente, su capacidad total de comida es muy grande. Además, los insectos han constituido una plaga grave, porque actúan como portadores de organismos patógenos. El paludismo y la fiebre amarilla han matado a más gente que todas la guerras de hombre juntas. La peste bubónica, transmitida por una pulga que vive sobre las ratas, barrió Europa durante la Edad Media y mató no menos de una tercera parte de la población total en una sola epidemia.

Sin embargo, constituye un grave error considerar a todos los insectos como plagas. En efecto, muchos insectos no afectan en nada al hombre, otros son directamente útiles, y todos ellos forman parte del ecosistema que se ha ido desarrollando a través de los milenios. Sabemos, por ejemplo, que las abejas son absolutamente indispensables para el ciclo vital de la mayoría de las plantas que florecen. En su busca de alimento, las abejas transportan inadvertidamente el polen de una flor a otra, asegurando en esta forma la fecundación. Pero es menos sabido, en cambio, que muchos insectos, tales como las especies de brincadores, forman parte del proceso de desintegración, que es necesario para la recirculación de la materia prima. Los insectos constituyen la primera fuente de alimento para muchos animales, que son indispensables, a su vez, para el mantenimiento del equilibrio natural. Por ejemplo, la dieta de muchas especies de aves incluye tanto insectos como fruta. Las semillas de algunos frutos transmitidas intactas a grandes distancias, a través del tubo digestivo de algunos pájaros, han constituido un elemento de contribución importante en la supervivencia de algunas plantas. Así, pues, los insectos son necesarios para la supervivencia de muchas especies de aves, que son indispensables, a su vez, en el ciclo vital de muchos árboles frutales. Además, muchos insectos carnívoros o parasíticos se alimentan de insectos que devoran las cosechas del hombre. ( ¡Recuérdese que no se necesita comer "carne" para ser carnívoro!, el comedor de insectos es un carnívoro.) La invasión periódica de algunas aldeas africanas por las hormigas conductoras constituye una ilustración fascinante de la ecología de los insectos. En efecto, viven en las casas de la aldea muchos roedores e insectos portadores de enfermedades, lo que constituye una amenaza permanente para la población. Sin embargo, a intervalos periódicos, millones de grandes hormigas conductoras invaden las aldeas, ahuyentan a los habitantes y devoran todo lo que queda. Cuando la gente regresa, se encuentran con que sus reservas de alimentos han desaparecido, pero así lo han hecho también todas las demás cucarachas, ratas y otros bichos: todo ha sido devorado. No queremos decir, con esto, que las hormigas conductoras sean un bien o un mal, sino sólo que forman parte del orden natural. El hombre, en cambio ha encontrado útil combatir determinadas plagas que destruyen grandes cantidades de sus cultivos.

Importa subrayar en este punto que los insectos que constituyen plaga han convivido con el hombre por espacio de millones de años. Diversos factores han concurrido a hacer esta convivencia posible, aunque no siempre agradable. En primer lugar, algunas poblaciones de insectos han sido controladas por sus depredadores naturales. Por otra parte, muchas especies vegetales han desarrollado medios de sintetizar diversos insecticidas para protegerse. Por ejemplo, el abeto balsámico produce un insecticida que le confiere inmunidad natural contra la chinche del tilo; y los crisantemos elaboran el insecticida pyrethrum, y las raíces de algunas legumbres de las Indias Orientales contienen el veneno rotenone contra insectos. Pero al hombre semejantes adaptaciones le parecen ahora insuficientes. Su población es tan grande y sus necesidades alimentarias son tan apremiantes, que ha de competir con los insectos a vida o muerte. Las barreras físicas suelen ser insuficientes para proteger los cultivos de los insectos; en lugar de ello, la agricultura moderna se sirve para dicho fin del veneno. El resto de este capítulo se ocupa de los pesticidas: su composición y uso y sus consecuencias ecológicas.
LOS HIDROCARBUROS CLORADOS
A fines de los años treintas y principios de los cuarentas fue sintetizado en diversos laboratorios un nuevo grupo de pesticidas. Estos compuestos no se dan al estado natural. Debido a que contienen carbono, hidrógeno y cloro se los designa como "hidrocarburos clorados". Constituyen ahora una clase de compuestos químicos reconocidos. A algunos se los conoce corrientemente por sus nombres comerciales, tales como DDT, aldrina, clordano, dieldrina, endrina y heptacloro. Estos pesticidas fueron inicialmente celebrados como uno de los grandes descubrimientos del siglo XX. Son fáciles de elaborar, baratos, y constituyen venenos 'muy eficaces. El DDT, por ejemplo, puede utilizarse con cierto éxito contra cualquier clase de insectos.

En Estados Unidos de Norteamérica, las pérdidas de alimentos atribuibles a insectos se calcula en un 10 por 100 de la cosecha total, en tanto que, en muchos países subdesarrollados, se considera que son del 30 al 40 por 100. (Sin embargo, una gran parte de esta pérdida lo es de almacenamiento, que podría reducirse al mínimo mediante un mejor aislamiento de los granos después de cosechados.) De ahí que el DDT y otros productos similares fueran acogidos como medios de salvar el suministro mundial de alimentos. Además, los programas de control de los mosquitos a base de DDT se consideraron como un medio para reducir las enfermedades en regiones de la Tierra donde viven más de mil millones de habitantes. Antes de señalar algunos de los, peligros de los pesticidas clorados, queremos subrayar que el empleo apropiado del DDT ha salvado a muchos millones de personas de una muerte inmediata por enfermedad, por hambre, o por ambas cosas a la vez. ¿Por qué, pues, se produce una campaña concertada para prohibir el empleo de DDT y de otros pesticidas por el estilo? Se dan contra los hidrocarburos clorados tres argumentos principales:

  1. Son venenos universales.

  2. b) Se degradan lentamente.

  3. c) Son solubles en la grasa.


a) Los hidrocarburos clorados son venenos universales. Los detalles de la acción de los hidrocarburos clorados no se han dilucidado por completo, pero es sabido, con todo, que son venenos no selectivos contra animales. Estos pesticidas matan no sólo insectos, sino también peces, aves, invertebrados y mamíferos (incluido el hombre). Por ejemplo, en 1954, varias comunidades del Illinois oriental fueron rocia­das desde el aire, en un intento de detener el avance hacia oeste del escarabajo japonés. E1 resultado fue que muchas especies de aves fueron aniquiladas casi por completo en la región rociada, las ardillas del suelo fueron casi erradicadas, 90 por 100 de los gatos de las granjas perecieron, murieron algunos corderos, y las ratas almizcleras, los conejos y los faisanes fueron envenenados. Estos efectos secundarios perjudiciales habrían podido considerarse acaso como el precio que había que pagar por el éxito de los pesticidas, pero es el caso que el precio no produjo el beneficio esperado, ya que la población del escarabajo japonés prosiguió su avance hacia oeste.

Una consecuencia complementaria del envenenamiento no selectivo es la de que resultan destruidos insectos tanto carnívoros como herbívoros. Recuérdese que en los sistemas naturalmente equilibrados las poblaciones están controladas. Por otra parte, el empleo de rociados no selectivos puede conducir a la destrucción de los controles naturales sobre volúmenes relativos de población. A título de ejemplo, al utilizarse extensamente el DDT y otros dos hidrocarburos clorados para combatir una plaga en un valle del Perú, el éxito inicial dio lugar a un desastre diferido. En efecto, en sólo cuatro años, la producción de algodón aumentó de 480 a 700 Kg. por hectárea. Pero, un año después, cayó precipitadamente a 380 Kg. por hectárea, o sea prácticamente 100 Kg. menos por hectárea que antes de introducir los insecticidas. Los estudios indicaron que el insecticida había destruido tanto insectos carnívoros y aves como los insectos causantes de la plaga. De hecho, aunque la población de estos últimos insectos se redujo primero, no tardó, con todo, en recobrarse y volvió a florecer, y además resistente, ahora, a los pesticidas.

E1 examen del mecanismo de esta aparente contradicción ilustra mucho acerca de las ventajas y los peligros relativos de los pesticidas. En efecto, las funestas consecuencias ambientales de los hidrocarburos clorados tienen una base bioquímica, y es que el exceso de pesticida no suelen excretarlo los animales. Por consiguiente, el DDT y los pesticidas similares son por regla general más eficaces contra los depredadores que contra las plagas que se trata de combatir. Para ayudar a comprender la razón del por qué, supongamos que un campo es rociado y que los insectos que constituyen la plaga se alimentan de las hojas envenenadas. Puesto que el exceso de DDT no es excretado por los insectos, la concentración de esta substancia en sus organismos se hace mayor que en las hojas de las plantas. Además, puesto que la muerte podrá verse diferida por espacio de días o aun de semanas, muchos insectos envenenados, pero vivos todavía, serán devorados por otros insectos que son sus enemigos naturales. Así, pues, los depredadores ingieren una dieta de una concentración mayor de DDT que la de los herbívoros, o sea la plaga original. Y a su vez, cuando los pájaros se tragan a los insectos carnívoros, sus comidas tienen también una concentración mayor de DDT que la de los insectos que están devorando. En esta forma, pues, el DDT se va concentrando a medida que sube en la cadena de los alimentos.

Un estudio examinó las concentraciones sucesivas del pesticida toxafeno en diversas partes de un determinado pantano. Tanto el lodo del fondo del pantano como los cuerpos de pequeños invertebrados contenían 0.2 ppm de toxafeno.* Esta concentración no era letal para los invertebrados. Los peces que los devoraban tenían en sus músculos concentraciones de toxafeno de hasta 8 ppm. Y el nivel residual de pesticida en el tejido graso de las aves ictiófagas llegaba a 650 ppm.

Otro problema con los pesticidas es que tienden a hacerse menos eficaces después de algunos años de uso. Por supuesto, la composición del pesticida sigue siendo la misma, pero su empleo tiende a traducirse en el desarrollo, en las plagas, de una población inmune. Tal parece como si el pesticida hubiera perdido su fuerza. Este deterioro gradual de la acción de los pesticidas requiere el empleo de cantidades de pesticida cada vez mayores para conseguir el mismo efecto. Para comprender la razón de este fenómeno necesitamos considerar el carácter de la adaptación genética. La química de las plantas y los animales cambia de cuando en cuando como resultado de alteraciones accidentales al azar -mutaciones- de sus células reproductoras. El mutante tiene buenas probabilidades de supervivencia, si su mutación particular lo protege contra un medio ambiente hostil. Este mecanismo de mutación al azar ha permitido a los insectos adaptarse a su medio ambiente durante millones de años, y es este proceso el que protege a los insectos de los pesticidas. En regiones donde el rociado de DDT es importante, se han desarrollado especies de insectos cuya química orgánica es inmune al pesticida. Esta inmunidad genética a los hidrocarburos clorados constituye un problema sumamente grave. En efecto, en 1945 se informó que una docena de especies habían desarrollado resistencia al DDT, pero para 1960 el número había subido a 137 especies. De éstas, 65 eran especies destructoras de cultivos, en tanto que muchas otras eran portadoras de enfermedades. Es importante recordar que los progenitores inmunes suelen pasar su inmunidad a las generaciones subsiguientes, con lo que convierten el antiguo pesticida en inofensivo. Este efecto se demostró directamente en un experimento en que unas chinches comunes resistentes al DDT fueron colocadas en un trapo impregnado con este pesticida. Pues bien, prosperaron, se aparearon y las hembras pusieron huevos normalmente. Las crías, nacidas sobre un trapo impregnado de DDT, crecieron y se criaron sanas. Los intentos de cambiar los plaguicidas en muchos casos simplemente han producido variedades de insectos resistentes a más de un producto químico.

La resistencia de los insectos a los venenos es un grave problema por sí mismo, pero puede complicarse si la plaga adquiere resistencia y j varios depredadores no. Si esto ocurre, las plagas poseen una nueva ventaja biológica y pueden prosperar en forma mucho más numerosa que anteriormente. Esto se ve favorecido por tres factores, a saber:

1 ) Los insectos causantes de plagas suelen ser más pequeños y se reproducen con mayor frecuencia que sus depredadores. Además, los organismos mayores necesitan más tiempo para desarrollarse que los pequeños. Más reproducción significa más mutación y, por consiguiente, tanto la frecuencia de mutación de los insectos causantes de plagas como las probabilidades de mutaciones susceptibles de conferir inmunidad contra los pesticidas serán también mayores. De este modo, las especies que constituyen plaga desarrollan inmunidad más rápidamente que las especies de sus depredadores.

2) Los depredadores ingieren una dieta más rica en pesticida que la de las plagas originales. Por consiguiente, dada una cantidad igual de resistencia, un número 'mayor de depredadores sucumbirá lógicamente.

3) En un ecosistema hay siempre menos depredadores que herbívoros (incluidos los que constituyen plagas). Ahora bien, para cualquier especie, tener una población pequeña equivale a correr el riesgo de extinción, porque es obviamente más fácil que sea eliminado un grupo que sólo contenga unos pocos individuos que aquel que contiene muchos. Por consiguiente, es más probable que sobreviva la especie de los herbívoros (las plagas, que son más numerosas) que las especies de los depredadores.

Podemos reconstruir ahora lo que tuvo lugar en. Perú. Pese a que los pesticidas provocaran un descenso pronunciado del volumen de la población de la plaga, unos mutantes resistentes no tardaron, con todo, a desplazar a los individuos susceptibles. En este momento, la situación se había hecho peor de lo que fuera antes, porque los depredadores naturales no consiguieron inmunidad tan bien como los insectos que constituían la plaga y, por consiguiente, estos últimos se vieron menos controlados que nunca.

Otro efecto de los pesticidas de amplio alcance es que en ocasiones crean nuevas poblaciones de plaga. Consideremos, en efecto, la historia del ácaro de la araña en los bosques del oeste de Estados Unidos de Norteamérica. Este ácaro se alimenta de la clorofila de las hojas y de las agujas siempre verdes. Debido a que en un ecosistema normal de bosque los depredadores y la competencia han mantenido bajo el número de los ácaros en cuestión, éstos nunca han constituido un problema grave. Sin embargo, en 1956, el Servicio Forestal de Estados Unidos de Norteamérica emprendió una campaña para combatir otra plaga, la del gusano del brote del pinabete, rociando con DDT. E1 resultado fue que el gusano en cuestión murió, pero murieron también unos enemigos naturales de los ácaros de la araña como las mariquitas, el jején de la agalla y otros ácaros depredadores. El año siguiente, los bosques estaban infestados con una invasión de ácaros de la araña. Así, pues, pese a que el gusano del brote del pinabete había sido combatido eficazmente, el nuevo problema creado por el ácaro de la araña se reveló como más desastroso.

De modo, pues, que el empleo de venenos universales como pesticidas constituye otro caso en que el hombre, por ignorar los principios básicos del equilibrio natural, ha complicado, en realidad, sus problemas. La respuesta a semejantes fracasos ha sido con frecuencia la de incrementar el número de los rociados o la cantidad de insecticida aplicada en cada rociado. Es obvio que esta "solución" no hará más, acaso, que complicar mayormente todavía el problema.

b) Los hidrocarburos clorados se degradan lentamente. La mayoría de los compuestos químicos que se encuentran en estado natural son biodegradables, esto es, son degradados (desintegrados) por alguna forma de vida. La biodegradabilidad es un fenómeno que se ha desarrollado con la evolución de las especies; si hay energía o materias primas susceptibles de ser liberadas por medio de desintegración de la molécula de un compuesto, entonces se ha desarrollado algún organismo adaptado al nicho correspondiente y capaz de servirse de dicho compuesto. Sin embargo, muchos nuevos compuestos han sido sintetizados por los químicos en años recientes. Sólo algunos de estos son lo bastante semejantes a los compuestos que se encuentran al estado natural para ser biodegradables. Los hidrocarburos clorados se descomponen lentamente en la naturaleza, y muchos tienen una media vida de descomposición de 10 a 15 años. El resultado es que estos venenos existen un tiempo suficiente para producir efectos nocivos.

Mencionamos ya que los pesticidas clorados se concentraban en los depredadores muy arriba de la cadena de alimentos. Esta característica es resultado, en parte, de la longevidad de estas substancias químicas, porque se requiere cierto tiempo para pasar de un insecto a otro insecto, a un ave canora y a un halcón.

Debido a que la mayoría de los campos que se rocían son rociados al menos una vez al año, la concentración de DDT y compuestos similares se acumula en el suelo. Se ha encontrado que las tierras regularmente rociadas en campos de cultivo contenían hasta 20 Kg. de DDT por hectárea. E1 peligro de altas concentraciones de venenos en el suelo resulta del hecho de que la tierra fértil contiene mucha materia viva. Un Kg. de tierra rica de cultivo contiene hasta un millón de millones de bacterias, doscientos millones de hongos, 25 millones de algas y 15 millones de protozoarios, y además gusanos, insectos y ácaros. Estos organismos son vitales para una fertilidad proseguida. Fijan el nitrógeno, descomponen la piedra y ponen en esta forma minerales a disposición de las plantas, retienen la humedad, ventilan el suelo y realizan los procesos fundamentales de la desintegración. Sin estos organismos, las plantas de arriba del suelo morirían. El efecto sobre estos organismos de una concentración aumentada de veneno en el suelo lo desconocemos en gran parte. En muchas regiones fuertemente rociadas del mundo, el hombre está cosechando más productos que nunca antes. Sin embargo, se están poniendo de manifiesto algunos hechos que bien podrían presagiar un futuro desastre. Unos estudios en Florida han revelado que algunos pesticidas clorados impiden fuertemente la nitrificación por las bacterias del suelo. Los termitas no han logrado sobrevivir en suelos que habían sido rociados con toxafeno 10 años antes. Como en el caso de muchas clases de trastornos ecológicos, los resultados a largo plazo son desconocidos. Tal vez las bacterias sean inmunes, o se hagan inmunes, al rociado con pesticida. Pero es el caso, con todo, que lo que se arriesga es importante, porque si los microorganismos del suelo mueren, las plantas y los animales grandes no pueden sobrevivir.

c) Los hidrocarburos clorados son solubles en grasa. Cuando dos substancias se ponen en contacto una con otra, podrán mezclarse tan íntimamente que sus moléculas individuales se dispersen unas en otras. Semejante mezcla se designa con el nombre de solución, y de las dos substancias se dice que son solubles una en otra. Por ejemplo, si 10 g de sal se agitan con 100 g de agua, la mezcla resultante es una verdadera solución -está tan íntimamente mezclada, que es igualmente salada en todos sus puntos. No todas las mezclas se comportan en esta forma. Por ejemplo, después de mezclar aceite y agua se observan dos capas distintas, el aceite arriba y el agua abajo. Se dice de las dos substancias que son insolubles una en otra. Las substancias que son mutuamente solubles tienen cierta semejanza química y cierta afinidad una por otra, y de aquí que sea generalmente difícil separarlas. (Es más fácil separar el agua de la arena que de la sal). Los hidrocarburos clorados son solubles en grasa pero insolubles en agua o sangre. Si pequeñas cantidades de estas substancias penetran en el cuerpo, se concentrarán en el tejido graso y no pueden ser arrastradas muy eficazmente por la sangre. Así, pues, las concentraciones de pesticidas se van acumulando en los organismos de los animales.

E1 efecto de esta acumulación constante de venenos en el tejido animal podrá ir desde un grado imperceptible a un grado desastroso. E1 promedio de los americanos tiene una concentración de 12 ppm de DDT en su tejido graso. Este nivel de DDT parece no ejercer efecto alguno perceptible sobre su metabolismo. Sin embargo, no se conocen todavía los efectos a largo plazo. Algunos datos sugieren que determinados pesticidas producen cáncer. Grandes concentraciones ingeridas por accidente se han revelado como directamente fatales para el hombre. Sin embargo, las pruebas parecen innegables de que el envenenamiento por DDT es el causante del descenso pronunciado en la población de muchas aves, especialmente las que son consumidores secundarios o terciarios. Una manifestación de las primeras etapas de envenenamiento por DDT es la incapacidad de metabolizar apropiadamente el calcio. En las aves, esto ha conducido a la producción de huevos de cáscara delgada. Con frecuencia, estos huevos débiles se agrietan o rompen en el nido, con la muerte prenatal consiguiente. Las aves de laboratorio que se alimentan con bajas concentraciones de DDT en su dieta producen todas ellas huevos de cáscaras delgadas y débiles. Las poblaciones de determinadas especies de aves -entre ellas, el halcón peregrino, el pelícano y algunas águilas- decrecen tan rápidamente, que algunos conservacionistas temen que se extingan en un futuro próximo. E1 efecto del DDT sobre el desarrollo de los huesos en los bebés humanos y en otros mamíferos se desconoce todavía.

Debido a su solubilidad en la grasa, los pesticidas pueden ser fatales a aquellos animales que almacenan energía en forma de grasa para su empleo durante los meses de invierno. Las truchas forman una capa de grasa durante los meses de verano en que el alimento es abundante. En regiones en que la tierra ha sido rociada, esta grasa contiene altas concentraciones de DDT. Durante el invierno, esta grasa es utilizada como fuente de energía. Se sabe que el DDT liberado en la circulación sanguínea a continuación de su desintegración ha matado a animales. Los huevos de peces contienen también una cantidad considerable de grasa que es utilizada como alimento por los peces antes del nacimiento.

En un caso, 700 000 salmones en incubación fueron envenenados por DDT en sus propios huevos.

Debido a que estos pesticidas son duraderos y solubles en grasa, pueden trasladarse a grandes distancias. Unas pruebas con pingüinos que viven en el Antártico han revelado trazas de DDT en su organismo, pese a que nadie rocíe las cosechas en dicho continente. Indudablemente, la substancia química ha sido transportada allá a través de una larga sucesión de pasos en la cadena de los alimentos.

Acabamos de formular contra los pesticidas tres cargos, a saber: toxicidad, estabilidad, y solubilidad en grasa. ¿Por qué, pues, los utilizamos siquiera? E1 primero y principal argumento en favor de los pesticidas es que su empleo aumentará la reserva de alimentos del hombre. Hasta aquí, el efecto total de los pesticidas de hidrocarburos clorados sobre las producción de alimentos del hombre ha sido efectivamente favorable, debido al gran aumento que se ha obtenido en materia de rendimientos agrícolas. Sin embargo, se están desarrollando ciertas tendencias ominosas. Una que ya se mencionó es el envenenamiento del suelo. Otra es el envenenamiento progresivo de las pesquerías de la tierra. En efecto, el rociado de DDT aniquiló virtualmente, en Canadá Oriental, la población de salmones de un año en determinados ríos. Algunos peces fueron envenenados directamente, porque las corrientes en las que desovaban contenían altas concentraciones de pesticida; otros murieron de hambre, porque los insectos de los que normalmente se alimentaban habían sido muertos. Así, pues, una parte de una fuente valiosa de alimento para el hombre había sido envenenada. En otro caso, los pesticidas arrojados al sistema del río Mississippi por una empresa industrial envenenaron, en un periodo de cuatro años, un número de peces calculado entre 10 y 15 millones. En las Filipinas, en donde el cultivo de pez de leche producen una fuente importante de proteína para la gente de la región, el rociado aéreo contra los mosquitos mató en una sola granja 60 000 peces. Pero tal vez más ominoso todavía, para el futuro, sea el efecto del DDT sobre el fitoplancton del mar. E1 fitoplancton está formado por plantas minúsculas que flotan libremente en los mares y constituyen la base de la mayor parte de la producción primaria de alimento marítimo. E1 mar sin fitoplancton sería semejante a la tierra sin granos. Se ha demostrado que concentraciones de DDT de unas pocas partes por mil millones reducían la eficiencia fotosintética de dichas plantas marinas. Y se han observado concentraciones mucho más altas en diversas áreas costeras. Una vez más, el hombre se enfrenta aquí a un "cambalache". ¿Vale el aumento posible de la productividad terrestre el riesgo que imponemos a los mares?

Por supuesto, la solución ideal sería la de matar las plagas sin causar daño ni directo ni indirecto alguno a otras especies. Las secciones que siguen describen diversos pasos que se han adoptado en dicha dirección.
OTROS METODOS DE COMBATE DE PLAGAS
a) Empleo de pesticidas de vida corta. Algunas clases de pesticidas, tales como los fosfatos orgánicos, se descomponen en la naturaleza en una escala de tiempo que se mide en días o semanas, en lugar de años. Semejante desaparición rápida ofrece grandes ventajas, porque estos materiales presentan una menor tendencia a propagarse y moverse a lo largo de las cadenas de alimentos. Sin embargo, debido a que también ellos son venenos no selectivos, trastornan también el ecosistema, al destruir a los enemigos naturales de las plagas combatidas. Esta es la razón de que los fosfatos orgánicos hayan causado muchos de los mismos efectos secundarios perniciosos que los hidrocarburos clorados. Han sido muertos animales (incluido el hombre) que no se combatían; muchos insectos se han hecho resistentes, y han sido diezmadas poblaciones de insectos depredadores y parásitos.

b) Empleo de enemigos naturales de los insectos: depredadores, bacterias o parásitos. Hemos visto que la destrucción de poblaciones de depredadores por medio de un rociado no selectivo ha producido auges en algunas poblaciones de plagas. Resulta razonable, pues, suponer que el tratamiento opuesto, esto es, la importación de depredadores, podría constituir una medida eficaz de control.

Se han obtenido excelentes resultados con semejantes técnicas en diversos casos. Mencionamos anteriormente que el rociado de DDT contra el escarabajo japonés en Illinois había causado extensos estragos entre otras especies. E1 escarabajo de Japón, natural de Oriente, fue importado inadvertidamente con un cargamento de algunas plantas asiáticas. Los escarabajos prosperaron en la costa oriental de Estados Unidos de Norteamérica, y se fueron convirtiendo gradualmente en una plaga importante. Los científicos buscaron entonces depredadores naturales e importaron diversas especies consideradas como tales. Una de éstas, una avispa oriental, proporciona alimento a sus crías paralizando la larva del escarabajo japonés y fijando a ella un huevo. Al salir la avispa del huevo, devora la larva como primer alimento. E1 ciclo vital de la avispa depende de la larva del escarabajo japonés, ya que no incuba naturalmente en las larvas de otros insectos. Por consiguiente, este tipo de control es específico de la especie en cuestión y no afecta seriamente el resto del ecosistema.

Una técnica semejante se ha venido utilizando desde aproximadamente el año 1885 para combatir un determinado insecto cóccido que estaba destruyendo virtualmente las plantaciones de cítricos en California. Se encontró un parásito de este pulgón y se lo importó en las plantaciones. Este escarabajo parasítico mantuvo al pulgón bajo control hasta en 1940, en que se utilizó DDT para rociar los vergeles. La destrucción de la población de escarabajos por el DDT condujo a un aumento rápido e incontrolado de la población de pulgones.

Otros programas similares de control comprenden la introducción de bacterias que destruyen los escarabajos japoneses (pero casi nada más), y la importación de moscas que parasitizan la lagarta. Por supuesto, existe el peligro de que un parásito importado pueda prosperar y trastornar el ecosistema en alguna forma no prevista.

c) Técnicas de esterilización. El gusano brincador (la larva parasítica de la mosca del gusano brincador) constituye una plaga importante del ganado y ha causado grandes pérdidas financieras a muchos rancheros. Hace algunos años, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos de Norteamérica inició un programa para criar machos de mosca del gusano brincador, esterilizarlas mediante radiación y soltarlas en sus medios naturales de cría. Las hembras de los machos irradiados no podían poner huevos. En la primavera siguiente, la amenaza del gusano brincador había sido puesta bajo control. Esta técnica es otra de las que son específicas de una plaga determinada y no trastornan, por consi­guiente, el ecosistema entero. Además, no se distribuyen con ella, substancias químicas venenosas.

d) El empleo de hormonas de insectos. En algún momento de su desarrollo, los insectos se metamorfosean de la etapa larval a la etapa adulta. Mientras un insecto se encuentra en la etapa larval produce continuamente una hormona específica de la especie. Cuando cesa el flujo de esta hormona, el animal se metamorfosea. Ahora bien, rociando insectos con la hormona juvenil particular de su propia especie, los científicos han logrado inhibir las metamorfosis. Y puesto que los insectos no pueden sobrevivir o aparearse como larvas, dichas aplicaciones de rociado acaban siendo mortales. Por otra parte, puesto que se supone que cada especie de insectos tenga una hormona juvenil única, cabe desarrollar, en teoría, un rociado específico para cada especie de insecto. Y en esta forma las poblaciones de los depredadores no son diezmadas por el método de control de la plaga.

e) Elementos atrayentes sexuales. En muchas especies de insectos, la hembra emite una pequeña cantidad de elemento atrayente sexual químico cuando está lista para aparearse. Los machos descubren (huelen) cantidades muy diminutas de estas substancias químicas y siguen el olor hasta su origen. Se han obtenido algunos éxitos poniendo estos elementos sexuales atrayentes como cebo en trampas, llevando así los machos a su muerte. También este tipo de control es altamente específico.

f) Empleo de cepas resistentes de cultivos. Mencionamos ya que algunas plantas son naturalmente resistentes a las plagas, porque sintetizan su propio insecticida. Los cultivadores están tratando ahora de desarrollar más especies de esta clase. Un caso, coronado por el éxito, ha sido el de la producción de una diversidad de alfalfa que es resistente al gorgojo de esta planta.

g) Controles culturales. La uniformidad no es típica de las masas de tierra virgen. Los sistemas creados por la agricultura moderna difieren de los sistemas naturales en que las granjas propenden a especializarse en un número muy reducido de especies de plantas, en tanto que las regiones no tocadas por el hombre no lo hacen. Por ejemplo, en Kansas y Nebraska, extensiones de diversos miles de hectáreas son casi exclusivamente de campos de trigo. E1 resultado de semejante especialización es que un moho, o un hongo, o un insecto que consume trigo tiene una reserva casi ilimitada de alimento y un medio ambiente sumamente hospitalario. No existe barrera alguna a la propagación, y la plaga puede desarrollarse rápidamente en proporciones incontroladas. La ventaja de la diversidad en la naturaleza se examinó ya en relación con la capacidad de un ecosistema para sobrevivir a perturbaciones. Una de estas perturbaciones es la del ataque por consumidores específicos. Un hongo que ataca el trigo se propagará más lentamente si la mitad de las plantas de un campo no son de trigo, porque las esporas tienen menos probabilidades de aterrizar así en una planta de trigo. Por otra parte, si la enfermedad se propaga lentamente, hay más tiempo para el desarrollo de enemigos naturales del hongo o de las cepas de trigo naturalmente resistentes al mismo. Por consiguiente, una de las soluciones del problema de las plagas consiste en cultivar plantas en campos pequeños, con especies distintas cultivadas en campos adyacentes. Sin embargo, esta técnica es menos eficiente que la de plantar, cultivar y cosechar grandes campos homogéneos.

Todo método de combate de plagas -y el hecho de no combatirlas igualmente- presenta tanto ventajas como inconvenientes. La esperanza para la humanidad está en que personas informadas e interesadas adopten las decisiones correctas acerca de cómo alimentar apropiadamente a los que tienen hambre, sin trastornar los equilibrios naturales ni destruir la capacidad futura de la tierra para producir.


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