“Naturaleza y cultura en el comportamiento humano”




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fecha de publicación05.01.2016
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ANTROPOLOGÍA

Ficha 2: “Naturaleza y cultura en el comportamiento humano”

FRAGUAS, NOEMÍ:

El racismo: aproximaciones teóricas.

1) ¿Qué se entiende por racismo?

Clase: es la expresión máxima del rechazo en el otro, basada en su naturaleza (bases biológicas). El racista afirma la existencia de razas (se ha demostrado que no las hay), y cree en una jerarquía de razas (blancos, amarillos, negros). La pseudo teoría del racismo legitimaba la dominación que ejercía occidente con la expansión colonialista y el ascenso del nazismo. Así, rasgos físicos hereditarios han sido utilizados para demarcar la frontera entre “unos” y los “otros”.

EL RACISMO: APROXIMACIONES TEÓRICAS

Hoy el racismo engloba el prejuicio, la discriminación, la exclusión o la agresión que se ejercen sobre numerosos grupos en función de su clase social, género, aspecto físico, creencias o pautas culturales, y es posiblemente uno de los problemas más graves de las sociedades contemporáneas.

2) Evolución histórica del racismo y relación con la ciencia.

LA RAZA COMO PSEUDOIDENTIDAD BIOLÓGICA

Las primeras tentativas para explicar las diferencias biológicas comenzaron en el siglo XVIII con la mayor frecuencia de los viajes entre continentes y el interés por las colecciones científicas de especímenes. Esto impuso una moda clasificatoria que se hizo extensiva a las poblaciones humanas, entre las cuales se imponía la coloración de la piel (se dividió la población en blancos, amarillos y negros). Así, se trató de una “clasificación natural” como si se tratase de una propiedad constitutiva de la especie.

En este sentido, a mediados del siglo XVIII se publican las primeras clasificaciones de todas las especies vivas incluyendo al hombre, del francés Leclerc. Este tipo de clasificaciones a pesar de aparentar objetividad estaban cargadas de connotaciones políticas e ideológicas.

A fines del siglo XIX antropólogos reconocieron que había una relación directa entre la manera de concebir al mundo y el modo de clasificarlo. Esto dio lugar a la “etnociencia”, desde la cual se clasifica a los grupos humanos según variantes culturales (en diferentes culturas o la misma en diferentes momentos históricos). Acá aparece como dado naturalmente lo que es en realidad construido culturalmente.

Esta relación entre lo cultural y lo natural fue contemplada por Darwin, al afirmar que las diferencias entre los grupos humanos eran dadas por la adaptación al medio y la persistencia de esa variabilidad en la cultura.

Pero la consagración de lo natural como coartada legitimante de lo cultural encuentra su punto culminante en el momento del avance del colonialismo europeo a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Aquí aparece una obsesión por las diferencias entre los pueblos y por el establecimiento de jerarquías basadas en una clasificación de “razas”. Así, había razas primitivas y civilizadas, donde las primeras eran deshumanizada y descontextualizadas de su subjetividad.

EL ORIGEN DE LA CUESTIÓN DE LAS DIFERENCIAS

Linneo propuso una clasificación cuádruple para las variedades de hombres considerando el color de la piel y el territorio (blanco europeo, negro africano, amarillo asiático, rojizo americano). Se pronunciaba la teoría “Poligenista” que planteaba distintos orígenes. Esta teoría aisló a los pueblos y promovió la discriminación hacia mixtos.

Por otro lado, Leclerc creía que todos los seres humanos pertenecían a una especie única “monogenista”. En la clasificación que hizo de las “razas” tomó a los europeos como parámetro y ordenó a todos los demás por diferencias a ellos (visión etnocéntrica). Para este sólo había dos posibilidades perfeccionarse o degenerarse y la raza europea era un ejemplo de perfeccionamiento.

En la actualidad esta es una discusión superada gracias a los avances en el campo de la genética y la biología molecular, que no dejan dudas respecto al origen único de la especie.

CUANDO EL COLOR NO ES LO ESENCIAL

En el siglo XIX el anatomista Retzius clasificó tipos raciales por las medidas antropométricas. De esto se desprendía una gran división: los dolicocéfalos de cabezas más largas y los braquicéfalos de mayor anchura craneal. Así la cabeza era un indicar importante de la afinidad biológica.

Boas fue el primero en cuestionar esta idea, dado que demostró que los índices antropométricos de los hijos de inmigrantes tienden a igualarse al índice medio de la población a la que emigraron. Además, llegó a la conclusión de las distinciones entre grupos se establecen por “diversidad cultural” más que por “diversidad genética”.

Continuando el afán de jerarquizar, el conde Gobineau publicó un ensayo sobre la igualdad de las razas con criterios muy subjetivos, que fue el fundamento de muchos movimientos racistas, como el nazi. Este consagraba la noción de razas inferiores y superiores.

Sin embargo, este tipo de argumentación era incompatible con las ideas de los contemporáneos que pronto adquirieron otra idea fija “la supervivencia del más apto”. En este sentido la nobleza se mostró obsesionada por las teorías de la herencia y la eugenesia, es decir, por la aplicación de leyes biológicas para la manipulación de la especie humana selectivamente.

4) Desacreditación de la autora de los argumentos de los tipos de racismos.

DISCUSIONES ACTUALES

En nuestros días el valor científico del concepto de raza ha sido fuertemente cuestionado, asociado a los crímenes masivos en su nombre quese cometieron a lo largo del siglo XX. El biologicismo heredado del siglo XIX está presente en los argumentos que sostienen su validez científica.

Las diferencias que algunos perciben como esenciales: color de piel, tipo de cabello, forma de la naríz, etc. Proceden, en parte, de una adaptación al medio y pierden significado frente a la cantidad de “semejanzas biológicas invisibles”.

De los primeros fósiles tampoco es posible diferenciar si eran blancos, negros o amarillos. Las partes óseas que se conservan con el paso del tiempo no son fiables como indicadores raciales, ya que las dimensiones de los esqueletos de todas las “razas” coinciden en su mayor parte.

Los avances de las últimas décadas en materia genética han permitido desarrollar argumentaciones científicas que invalidan la pretensión de clasificar a la humanidad en razas. Una serie de procesos tanto biológicos como sociales generan la diversificación y la persistencia de continuidades en los genes de distintas poblaciones: selección natural, mutación, deriva genética, etc. En cuanto a las diferencias regionales en los grupos humanos estas se derivan de fenómenos culturales.

5) Distinguir racismo de etnocentrismo.

LA BIOLOGIZACIÓN DE LAS DIFERENCIAS CULTURALES

El concepto de raza también se nutre de factores culturales.

En los seres humanos existen fronteras culturales, ya que los factores históricos, geográficos, sociales y económicos se imponen para explicar las diferencias observadas entre las diversas poblaciones del mundo.

Así, la apariencia de las razas es también producto de los cambios culturales. Como dice Jonathan Marks: “no es que la raza no exista, como se ha escrito alguna vez, es que la raza no existe en tanto entidad biológica. La raza existe indudablemente como categoría simbólica y social, lo cual la convierte en un concepto más real e importante que si fuera biológico”. En realidad, esto es lo que son las razas: un grupo al que se le ha atribuido un nombre.

Así, la noción de raza tiene sentido si se admite que designa a una representación colectiva, un fenómenos sociocultural o político, y no una categoría científica.

Ser racista no es sólo continuar creyendo en la existencia de razas a pesar de que las razas biológicas fueron desacreditadas, sino que hay una nueva forma de racismo: “el etnismo” (etnocentrismo – mi raza es la mejor – a lo largo de la historia ha habido un profundo eurocentrismo). Este está basado sobre las diferencias culturales. Ahora, con un discurso “políticamente correcto” (la culpa es de los inmigrantes) se agrega y excluye en nombre de las diferencias culturales: los africanos a África, los bolivianos a Bolivia, para que la convivencia pueda seguir siendo posible sin la intromisión de la diferencia cultural.

6) La complejidad del concepto de raza con racismo.

EL RACISMO: APROXIMACIONES TEÓRICAS

Aunque los conceptos de raza y racismo se los identifica juntos es necesario separarlos. El racismo sería la inferiorización de grupo social sobre el que la sociedad ha construido una imagen racial. Así el racismo es un “fenómeno social total” porque abarca las prácticas y los discursos y representaciones que preservan la identidad del nosotros ante cualquier perspectiva de mestizaje (biológico o cultural).

Esto colabora en los “procesos de estereotipación” de grupos sociales. Los estereotipo son estigmatización de actitudes y comportamientos atribuyéndolos a un determinado grupo humano como característico de éste (Ej: gauchos = vagos).

8) Racismo diferencialista.

UN RACISMO SIN RAZAS

Actualmente la mundialización de la economía y la demarcación de fronteras han dado lugar a un nuevo tipo de racismo: “el diferencialista”. El argumento de este es la pertenencia a “culturas diferentes”, una concepción tan esencialista como la biológica pero sobre la base de la diferencia cultural.

Esta postura busca argumentos fuera del ámbito tradicional del racismo para alimentar las actitudes de rechazo, discriminación y exclusión, que si son menos visibles y reconocibles, no por ello menos reales.

Así, por ejemplo, hay una hegemonía ideológica que manipula la relación entre los ciudadanos y los inmigrantes. Se afirma que los extranjeros al tener acceso a empleo, ayudas sociales, vivienda, atención hospitalaria, etc. Atentan contra los autóctonos.

MONSALVE, PATRICIA

La complejidad de la naturaleza humana.

Interrogantes como ¿Qué es ser hombre? ¿Cuáles características nos distinguen de otros seres vivos? ¿Cuánto de nuestro comportamiento se explica por la cultura y cuánto por las características biológicas? Estas interrogantes se han intentado responder desde reflexiones filosóficas y desde los conocimientos científicos de la antropología, la biología, la psicología, etc., pero las hipótesis y las respuestas son múltiples.

La antropología es la única ciencia que busca respuestas al vínculo entre el origen del hombre como especie y el origen de las particularidades culturales.

1) Perspectiva filosófica sobre la definición de lo humano.

El idealismo era sustentado mayormente por los filósofos y teólogos, por el cual consideraban la existencia de diferencias absolutas entre nosotros y los animales. El humano, para aquellos, era el único ser dotado de alma.

En este sentido, hasta mediados del siglo XIX se había tenido una visión fijista de la vida, por la cual las formas de vida son inalterables, siendo hoy en día como fueron al comienzo. Esta explicación es consistente con la idea de “creación”, y se opone a la idea de evolución para entender la cuestión del origen.

2) Los fundamentos de la sociobiología (de que la cultura tiene bases naturales).

Estos eran materialistas, en tanto que enfatizaban nuestra relación con el resto del reino animal. La geología, la paleontología y la anatomía comparada, ciencias nacidas a comienzos del siglo XIX, proporcionaron datos que cuestionaban la visión fijista.

Un exponente de la sociobiología fue Charles Darwin, quien dio a conocer en 1859 su obra cumbre “el origen de las especies”. Este afirmaba que las especies no tienen una existencia estática sino que evolucionan, modificándose o extinguiéndose, por la selección natural a partir de variaciones que incrementan o disminuyen la probabilidad de supervivencia. Esta variación se presenta en un individuo para luego extenderse a toda la población. De acuerdo a los conocimientos de la época esto no se pudo atribuir a mutaciones genéticas. Ni siquiera pudo tomar los avances de Mendel (leyes de la herencia) que fue publicado unos 10 años después.

Asimismo, la teoría de Darwin anunciaba algo todavía más impactante: que los organismos parecidos se hallan emparentados y descienden de un antepasado común. En este sentido, los darwinistas enfatizaron la continuidad de la evolución de los humanos y los primates. Estas afirmaciones resultaban fuertemente provocativas en el contexto de las concepciones del hombre que dominaban en el siglo XIX (creacionismo).

La sociobiología se ocupa de investigar las bases biológicas de la conducta social, desde una perspectiva teórica fundamentada en la premisa de que ciertos comportamientos sociales tienen una base genética, y que los procesos evolutivos favorecen a conductas que mejoran el éxito reproductivo y la supervivencia. Así, se trasladan los principios evolutivos de los animales a los humanos sin distinciones especiales.

En definitiva, para ellos tanto nuestro comportamiento como nuestra organización social se reducen a las determinaciones biológicas de la especie. Esto ignota la cultura como atributo exclusivo del hombre.

Este determinismo en nuestros días está montado sobre el predominio de la genética expresado en la fetichización del ADN con la pretensión de que una molécula puede explicarlo todo, tanto lo biológico como lo social.

La elaboración de esta perspectiva no se debe a ignorancia científica, sino más bien a elaborar argumentaciones interesadas en justificar el orden jerárquico, cuando no la exclusión y hasta el exterminio.

La clave de la teoría de Darwin, la selección natural, se basa en que las condiciones del medioambiente seleccionan la eficacia de ciertas particularidades en algunos organismos para su supervivencia y reproducción. Mientras el medio ambiente permanezca inalterado las particularidades más exitosas se irán distribuyendo en toda la población. Así las personas menos exitosas dejarían menos descendencia y las variaciones desfavorables tienden a desaparecer. Esto extrapolado a las relaciones sociales de hombre y pueblos parecía “hecho a la medida” para obtener la legitimación necesaria para la imposición de relaciones de jerarquía social al interior de las naciones y del dominio de unos pueblos por otros (el dominio del más apto).

De estos pensamientos se desprendieron prácticas como la “eugenesia”, en este sentido Galton fue uno de los primeros en elaborar una teoría de la eugenesia para hacer una reproducción selectiva que mantuviera la existencia de las personas más intelectuales. Por otro lado también se planteó con este movimiento la esterilización forzosa para impedir que se propagasen los biológicamente insanos. En este sentido, a fines del siglo XX, países de diferentes continentes y de diversos alineamientos políticos sostenían prácticas legales de eugenesia directa o encubierta.

3) La cultura en el comportamiento humano. 2 Paradigmas: naturaleza/ cultura.

En las primeras décadas del siglo XX psicólogos, antropólogos y sociólogos rechazaron las ideas que el determinismo biológico había impuesto acerca de la conducta humana. Consideraban que el comportamiento humano sólo podía comprenderse a través de la cultura y la teoría del aprendizaje (conductismo).

Por el contrario, el campo de la biología siguió mayoritariamente avanzando en la línea argumentativa de la continuidad humana con el resto de las especies afirmando la naturaleza como determinante de los actos humanos.

La antropología en las décadas de 1930 a 1950 argumentó que la cultura determina las conductas humanas. La cultura poseía entonces la suficiente fuerza como para modelar las conductas de los sujetos. Efectivamente, esta visión fue congruente con el desarrollo de otras teorías en campos disciplinares diversos, como el conductismo en psicología o las teorías de comunicación de masas (aguja hipodérmica). Estos, al describir la conducta como una estructura estimulo-respuesta, reflejaban una imagen mecanicista del mundo. Los sujetos eran visto como pasivos ante estimulos o mensajes que tenían el poder de manipularlos. Así, si el mensaje era eficientemente trasmitido las acciones de los sujetos se desarrollarían consistentemente con ellos.

Desde esta perspectiva, la vulnerabilidad humana es tal que da lugar a que, ante un estímulo correctamente orientado a cierto fin (visión instrumental), los hombres llegan a cometer acciones extremas. Esto sirvió para explicar la adhesión al nazismo y la eficacia publicitaria.

También apareció la “etología” (desde una mirada biológica) que es el estudio del comportamiento animal en el medio ambiente natural. Según esto el hombre está pre-programado hacia muchos aspectos de la conducta no maleables a la educación (como territorialidad, sociabilidad, agresividad, etc.).

La primera crítica es al concepto de pre-programado, es decir, a la creencia de conductas pre-programadas biológicamente. En segundo lugar, los conflictos humanos, como las guerras, son valores esencialmente culturales.

A fines de los `60 la etología clásica comenzó a dividirse en grupos interesados por entender los determinantes cerebrales del comportamiento, la comunicación animal y la moderna sociobiología (conducta social tiene bases genéticas).

4) Innovaciones argumentativas recientes (lo que aporta la genética).

Los últimos 50 años de la historia de la biología han sido especialmente importantes. En 1953 se publicó la estructura molecular de doble hélice del ADN, y con esto se abría un capítulo nuevo en el campo del conocimiento del hombre sobre sí mismo.

La genética comenzó a ocupar un lugar privilegiado en la biología. Así los biólogos moleculares y los sociobiólogos plantearon que toda la selección natural actúa en última instancia a nivel del ADN, ya que posee las instrucciones codificadas en genes que actúan como la unidad mínima de información hereditaria y son, metafóricamente, los ladrillos constituyentes de la vida, los aminoácidos. En este sentido, la mayoría de los genes son los mismos en todos los humanos, pero cada uno de nosotros tiene un pequeño número de genes que se deletrean ligeramente diferentes (menos de 1%, pero es suficiente para crear personas diferentes). Las diferencias en los genes son generalmente heredadas por lo que mientas más cercano sea el parentesco entre dos personas más similar será su ADN.

Los avances en genética renovaron los planteos de la sociobiología. Así, los sociobiologos intentaron descubrir los fundamentos adaptativos y genéticos de la agresividad, el odio, la xenofobia, la homosexualidad, etc. Porque si los genes pueden ser altruistas o egoístas y son además los responsables de la construcción de un “edificio” en el organismo de un individuo cualquiera, los genes son los que determinarán si el individuo tiene ojos claros u oscuros (rasgos físicos), y además determinarán si este sujeto es un asesino o un benefactor de la humanidad.

Sin embargo, ahora se puede argumentar que no existe un gen para cada parte de la anatomía. El gen es un trozo de ADN encerrado en el núcleo de una célula, cientos de los cuales contribuyen al desarrollo de la mayoría de las partes del cuerpo. Por lo tanto la fórmula “un gen = un rasgo” no es correcta. Además, la mayoría de los caracteres del organismo son fruto de la interacción entre los genes y el ambiente en el que se desarrolla el organismo, influyendo también factores aleatorios (mutación).

CONTRAARGUMENTOS - CRÍTICAS

El biologicismo:

- partiendo de la física ha negado los factores del entorno interno y externo.

- con el determinismo ha intentado establecer relaciones rígidas causales.

- con el universalismo ha aspirado a encontrar leyes universales aplicables en vez de variaciones históricas.

- ha sido reduccionista en la búsqueda del gen como representante de la complejidad total del ser humano.

Se olvida que la diversidad cultural está vinculada a la historia social de los grupos humanos. La cultura humana se transmite de generación en generación a través de la educación y la interacción social. No se hereda biológicamente, sino que se reaprende, se recrea y se enriquece una y otra vez en cada generación.

También es preciso tener en cuenta otro factor importante: la sociedad.

5) La visión superadora de Lewontín (une naturaleza y cultura).

Entre quienes sostienen que la conducta humana está genéticamente determinada y quienes niegan toda influencia de lo biológicamente heredable, aparece una visión superadora, la de Lewontín, que expresa una “dialéctica” entre lo natural y cultural.

Este autor afirma como argumento superador que los genes y los factores medioambientales interactúan mutuamente y, que en este proceso, el papel de la cultura (que ha sido negado por los biologicistas) es absolutamente decisivo. En este sentido, el ser humano no se constituye por ninguna de estas condiciones, sino por el tránsito de una a otra, “la naturaleza vía cultura”.


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