Brote y rebrote de enfermedades & salud ambiental isaac zilberman, M. E. A




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BROTE Y REBROTE DE ENFERMEDADES & SALUD AMBIENTAL

ISAAC ZILBERMAN, M.E.A.


Eng. Civil Eletricista & Urbanista
Visión Histórica
Las civilizaciones antiguas ya tenían muy clara la relación entre salud y condiciones sanitarias y esto está expreso en conocimientos en obras sobre esta correlación.
Según el Éxodo, uno de los libros del Antiguo Testamento, Dios castigó a Egipto con una serie de plagas terribles por haberse negado a liberar de la esclavitud a Moisés y a sus seguidores. Durante mucho tiempo, los escépticos estimaron que sólo se trataba de un mito, pero un experto en epidemiología de Estados Unidos, cree que es muy posible que se base en la realidad. De sus investigaciones se desprende que las diez plagas bíblicas pudieron deberse a una catástrofe ecológica causada por la proliferación de unas algas que, por su capacidad de propagar enfermedades, suscitan grave preocupación entre los científicos de hoy.
La primera, por la que las aguas del Rio Nilo se tornaron rojas como la sangre y no aptas para el consumo, recuerda a las “mareas rojas” tóxicas provocadas por algas conocidas como dinoflagelados en ciertas regiones del mundo.
Es posible que el desequilibrio ecológico provocado por la muerte de los peces, tenga llevado a la segunda y cuarta plagas, las ranas y sus víctimas, los tábanos.
Un tipo especial de mosca puede explicar la tercera y quinta plagas, los piojos y la enfermedad del ganado: un culicoideo que se parece al jején provoca una picazón semejante a la de los piojos y transmite virus mortales que llevan los animales a la muerte en pocas horas.
Otro insecto, la mosca del caballo que provoca una enfermedad bacteriana –el muermo– es un buen candidato para la sexta plaga, consistente en úlceras en los hombres y los animales.
Si bien la séptima y octava plagas –el granizo y las langostas– necesitan poca explicación, la novena, las tinieblas que duraron tres días, puede deberse a un brote de la fiebre del Rift Valley, que provoca ceguera temporal.
La más ingeniosa de las explicaciones se refiere a la última y más dramática de todas las plagas: la muerte de los primogénitos. Su consecuencia podrá ser directa de la reacción de los egipcios ante las plagas anteriores. Recogiendo a toda prisa los pocos alimentos que habían sobrevivido al granizo y las langostas, almacenaron el grano húmedo en silos. En esas condiciones, los granos se tornan mohosos y se cubren de toxinas mortales. De acuerdo con la tradición bíblica, el hijo mayor recibía doble ración. De ahí las numerosas muertes entre los primogénitos.
Como dicen los italianos, “si non è vero è bene trovato”.
Si esas presuposiciones son plausibles, la leyenda de las diez plagas de Egipto pueden haber sido una advertencia oportuna sobre un tema de actualidad: cómo una catástrofe ecológica puede desencadenar brotes y rebrotes de enfermedades devastadoras que amenazan una civilización.
Resulta claro es que, cuantas más incursiones realicen los humanos en nuevos ambientes, mas grande es el riesgo de producirse un nuevo encuentro con un virus conocido – o incluso algo peor. Tras años de uso y abuso de los recursos naturales del planeta, sin respecto a su conservación, debe tomarse muy en serio el riesgo de “nuevos” gérmenes patógenos mortales.
Se debe aclarar que los patógenos emergentes son los que surgen en la población humana por primera vez, o tengan ocurrido anteriormente, pero están creciendo en incidencia ó expansión en áreas donde anteriormente no habían sido detectados, en general, en los últimos 20 años; cuanto a los patógenos re-emergentes su incidencia aumenta como resultado de cambios en largo plazo en su epidemiología.
Dentro de eses criterios – 175 especies de agentes infecciosos de 96 distintos géneros – han sido clasificados como patogénicos emergentes. De ese grupo, 75% son especies zoonóticas.
Hipócrates argumentaba que las causas de enfermedades y de su cura estaban asociadas a la naturaleza, a la alimentación, al clima y a las características de la región, al modo de vida, a la edad y al sexo de la persona, así, al equilibrio de los humanos y el ambiente.
Para los romanos la medicina era dividida en higiene y terapéutica, entre la arte de estar saludable, prevenir enfermedades y la capacidad de tratarlas. En esa época se crearon los grandes proyectos direcionados a la higiene pública y los resultados obtenidos excedieron los avanzos en la práctica clínica.
Muchas de las enseñanzas de los griegos y romanos – de esos últimos en especial la práctica de la arquitectura con vinculación a las obras de saneamiento – pero han sido olvidadas en la Edad Media, lo que generó el brote de surtos de muchas epidemias que se tiene noticias han ocurrido en el Planeta.
Temas actuales en enfermedades infecciosas
La alarma se dió hace mucho tiempo. En 1485 apareció la “enfermedad del sudor” (sweating desease) cuyas víctimas pasaban de un sudor repentino a la postración y la muerte en 24 horas. Arreció en otras cuatro oportunidades antes de esfumarse en 1551. Hizo estragos en Inglaterra, provocando como 20.000 víctimas – más de 0,5% de la población total del país.
Investigaciones recientes vinculan la aparición de esa enfermedad con un fenómeno sumamente moderno: la deforestación. La época y la propagación del mal coinciden con la destrucción masiva de los bosques en Shropshire, en el límite occidental de Inglaterra. Se sospecha que los leñadores permiten que la enfermedad se propague más allá del ser vivo que le sirve de huésped desde innumerables generaciones, y la ponen en contacto con una población suficiente para constituir una epidemia.
De otra parte, desde 1817, por lo menos 7 pandemias de cólera han sido detectadas y, en la mayoría, tuvimos ejemplos específicos de casos de brotes patógenos que han tenido influencia en inovaciones en salud pública y desarrollo en la microbiología.
Por ejemplo, en los años 1850s se sugirió la relación entre agua y enfermedad pero solo con los trabajos de Pasteur, en los años 1880s, se reconoció al agua como un portador de organismos capaces de producir enfermedades. El cólera fue una de las primeras enfermedades en ser reconocidas como de transmisión hídrica, hace más de 100 años. A principios de 1990, el cólera reapareció en América Latina después de un siglo de ausencia. Los especialistas sospechan que esta afección intestinal mortal, de origen bacteriano, llegó en el agua que los barcos asiáticos vertían al mar. A comienzos del siglo XX prácticamente no se conocían casos de cólera en el nuevo continente; hoy se contabilizan unos 60.000 todos los años. Así, la globalización del comercio no facilitó solamente el acceso a productos exóticos de tierras lejanas.
Como se sabe, los microorganismos patógenos muchas veces cambiaron el curso de la historia de la humanidad. Desde los primeros ejemplos de arte, literatura y escritos científicos, las consecuencias devastadoras para las poblaciones alcanzadas por enfermedades de distintos tipos y severidad han sido documentadas en los mínimos detalles. Como ejemplo, la pandemia de Influenza entre los años de 1918 y 1920 resultó en aproximadamente 70 millones de muertes en el Planeta. Aún hoy, la carga total de enfermedades infecciosas permanece alta. En el inicio del Siglo XXI ellas llegaron a representar aproximadamente 26% de las muertes en el Planeta.
En el contexto de la historia científica y médica, el surgimiento de la microbiología como una disciplina especializada es relativamente reciente. En el inicio del siglo XXI, un total de 1415 espécimen de organismos infecciosos con seguridad patogénicos a los humanos ya habían sido detectados. Muchos de esos organismos estuvieron asociados a enfermedades conocidas por muchos años, y una pequeña pero significativa porcentaje se asocia con brotes de enfermedades emergentes como SIDA, Ebola y más recientemente el SARSSevere Acute Respiratory Syndrome o Síndrome Respiratorio Agudo y Severo, efectivamente causado por un nuevo miembro de la familia corona virus por goticuelas fecales.
La modernidad – al mismo tiempo que trae desarrollo tecnológico y material – ha traído nuevos riesgos ambientales además de ampliar las diferencias de condiciones de vida dentro de una misma sociedad. Pasamos a convivir al mismo tiempo, con problemas de enfermedades en consecuencia de malas condiciones de vida (deficientes saneamiento, habitación, nutrición y otros) y de otras que se pueden llamar de enfermedades modernas (del tipo degenerativo). Se pasa una transición epidemiológica entre viejas e nuevas enfermedades, o el rebrote de algunas junto con el brote de otras.
La Organización Mundial de la Salud informa enfermedades infecciosas como responsables por 29 en cada 96 causas principales de mortalidad y de morbidad humana y 25% de las muertes mundiales (más de 14 millones de muertes anuales).
De otra parte, el CIFOR – Center for International Forestry Research indica otras figuras para la causación de las muertes prematuras, o sea, de la orden de 48% y que las enfermedades infecciosas permanecen como la más grande causa global de incapacidades; esas enfermedades son la segunda causa de muerte de adultos y primera para niños con menos de 4 años.
Enfermedades tropicales (muy comun en las Américas) afligen en el Planeta, casi medio millon de millones de personas (un décimo de la población mundial) y toman casi 20 millones de vida cada año – especialmente en países tropicales subdesarrollados. VIH/SIDA ha tomado algo como 24 millones de vidas.
Una cantidad de enfermedades (SIDA, diarrhea, tuberculosis, malaria, sarampión y el SARS) son responsables por casi 90% de todas las muertes.
Agentes resistentes a los remédios, vectores resistentes a pesticidas y la falta de remédios antivirales y de tratamiento para infecciones por protozoarios, helmíntos y hongos mantienen la enfermedad infecciosa como um problema particularmente desafiador para la salud pública en países subdesarrollados.
Algunos autores llaman la atención para el miedo con que nosotros enfrentamos las enfermedades infecciosas emergentes como Ebola. La ausencia de familiaridad con esas enfermedades significa que nuestro conocimiento de su control y tratamiento es, por definición, muy limitado.
Filovirus, hantavirus, paramyxovirus, flavivirus, y otros agentes de esas enfermedades son transmitidos por animales selvages, tanto en forma directa como, algunas veces por via de artrópodos.
Publicaciones del inicio de la década de ’90 llaman la atención al aumento del número de casos de muchas enfermedades infecciosas, como tuberculosis, cólera, e SIDA, creció y, en los últimos años, se buscan las razones que justifican el brote de esas enfermedades. Muchas enfermedades emergentes son zoonóticas, enfermedades infecciosas que son contagiadas entre seres humanos e animales.
El cambio climático asociado al desarrollo humano y al crecimiento de la población ejercen muchas y distintas presiones en la calidad y cantidad de recursos ambientales y en el acceso a los mismos. Y es mas intenso todavía en la interfase entre medio ambiente y salud humana, pues las enfermedades infecciosas y transmisibles son las principales causas de morbilidad y mortalidad en todo el Planeta. Una proporción significativa de la inmensa carga de enfermedades es causada por patogénicos vinculados a los entornos acuáticos – como las fiebres tifoidea y paratifoidea y el cólera – o por patógenos recientemente identificados y nuevas formas de patogénicos reconocidos que presentan importantes incrementos de periculosidad a los sectores hídricos / de salud pública.
En las últimas 3 décadas, 35 nuevos agentes de enfermedades han sido encontrados y muchos más tuvieron un rebrote después de largos períodos de inactividad, o entonces, están a distribuirse en áreas donde, hasta hoy nunca habían sido detectados.
Ese es un escenario que se ha presentado reiteradamente en nuestra época. En Argentina, después de la Segunda Guerra Mundial, se despejaron fertilizantes con herbicidas y plaguicidas en amplias extensiones de pampa para destinarlas a nuevos cultivos. Ese proceso rompió el equilibrio natural entre las ratas de campo y sus predadores, y el número de roedores aumentó considerablemente. A comienzos de los años cincuenta, la población empezó a padecer de fiebre, náuseas y dolores de cabeza, seguidos a veces de fuertes hemorragias y de una muerte atroz. Se logró establecer que el causante era un virus desconocido hasta entonces, Junín, del que eran portadoras las ratas de campo. El mismo fenómeno se produjo en Bolivia, cuando campesinos deseosos de cultivar maíz talaron bandas de bosques a orillas del río Machupo. Los trabajadores agrícolas contraían extrañas enfermedades y morían de manera horrible, y se descubrió que la causa era otro virus hemorrágico, Machupo, que portaban también las ratas de campo.
A principios de 1999, nuevos datos permiten relacionar las campañas de deforestación con el aumento de los estragos de la más terrible de las nuevas enfermedades: SIDA – Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida o AIDS – Acquired Immune Deficiency Sindrome. Según un artículo publicado por un equipo internacional de investigadores, el chimpancé Pan troglodytes troglodytes es el huésped natural del VIH-1 – Virus de la Inmunodeficiencia Humana – 1, el virus mortal que infecta actualmente a más de 30 millones de personas en el mundo. Con la carne apreciada por cazadores al servicio de las empresas madereras, esos monos son masacrados por millares a cada año en condiciones ideales para la transmisión de los virus. Según las investigaciones más recientes, el virus VIH-1 llegó a las ciudades por medio de la carne infectada y de los propios cazadores, y luego se propagó por todo el planeta por transmisión sexual. Más de 12 millones de personas han muerto a causa del SIDA, de los cuales 80% en el África subsahariana.
Los intentos de reforestación del nordeste de Estados Unidos en el siglo XIX causaron la aparición de la enfermedad conocida como de Lyme, una infección bacteriana potencialmente fatal de las articulaciones, del corazón y del cerebro, transmitida a los humanos por las garrapatas de los ciervos. Para combatir la deforestación causada por la agricultura intensiva, las autoridades locales lanzaron programas de reforestación y protección de los bosques. Crearon un paisaje grato tanto para los humanos como para los ciervos y para la ixodes scapularis, una garrapata acarreada por los ciervos que a su vez es portadora de la borrelia burgodorferi, la bacteria responsable de la enfermedad de Lyme. Al encontrar pocos predadores en el nuevo ecosistema, los ciervos proliferaron, y multiplicaron sus contactos con los seres humanos que habían invadido la región maravillados por su belleza “natural”. A mediados de 1970 se detectaron los primeros casos de la enfermedad entre los habitantes de Old Lyme, Connecticut. Desde entonces, decenas de miles de casos de la enfermedad de Lyme se señalan anualmente en el mundo entero.
Investigaciones sobre la historia de muchas enfermedades demostran muy claramente que:
1 La evolución tanto de personas como de patogénicos está interconectada con la migración humana que ha diseminado enfermedades infecciosas o colocó en contacto personas con nuevos patogénicos;

2 Los cambios en el ambiente global expandirán el alcance de los patógenos conocidos o criarán condiciones para microorganismos locales brotaren como significativos patógenos humanos;

3 Modernas técnicas en administración de animales, así como algunos de los más tradicionales métodos de creación de ganado, generaron riesgos de nuevas enfermedades zoonóticas.
¿Por que brotan y rebrotan los patogénicos?
Existe una cantidad de razones para el brote o rebrote de los patógenos humanos tras un largo período de inactividad, pero la mayor parte pertenece a un tema común y pueden ser agrupado en unas pocas líneas:

1 Nuevos habitats;

2 Nuevas tecnologías;

3 Avanzos científicos; y

4 Cambios en el comportamiento y vulnerabilidad humanos.
Algunos factores se pueden asociar al brote de enfermedades infecciosas y transmisibles por el agua, como malas prácticas gerenciales para irrigación y saneamiento agrícola que debían ser controladas con el uso de estrategias correctas de gestión y protección de los recursos. Otros, como factores demográficos, cambios comportamentales y socioeconómicos, pueden incluso ser previstos, pero las consecuencias son imprevisibles y las medidas de control apropiadas, de muy difícil implementación.
Metodologías modernas de control, estudios epidemiológicos y el continuo desarrollo de métodos más avanzados de diagnósticos permiten detectar nuevas especies patogénicas de microorganismos ó asociación a un microorganismo conocido un nuevo ó atípico conjunto de síntomas de enfermedad. Todavia los agentes de muchas enfermedades que han sido considerados como controlados pasan por un proceso de rebrote como resultado de cambios para adaptación del patógeno, cambios en el status inmunológico del vector, o variaciones ambientales, demográficas y socioeconómicas.
La ampliación de nuestro entendimiento de la relación entre ambiente, agua y salud pública ha sido caracterizado por el reconocimiento periódico de patógenos hasta entonces no conocidos o la importancia de la transmisión de patógenos conocidos por medio del agua. Muchos estudios han confirmado que las enfermedades transmitidas por medio del agua no solo continúan como la principal razón de morbilidad y mortalidad en todo el mundo, como el espectro de la enfermedad está se expandiendo y la incidencia de muchas enfermedades microbianas relacionadas a agua está creciendo.
Desde los años ’70 nuevas especies de microorganismos presentes en las heces humanas y animal y en fuentes ambientales, incluso agua, han sido confirmadas como patógenas. Se puede indicar Cryptosporidium, Legionella, Escherichia coli 0157 (E. Coli 0157), rotavirus, virus de la hepatitis E, el norovirus (conocido como Norwalk virus.) y Helicobacter pylori (H. Pylori) como ejemplos del brote que puede ser transmitido por el agua.
Los vectores patógenos transmisibles por agua rebrotaron en los últimos 20 años. Hasta cierto punto, eso ocurre por el rebrote y dispersión de parásitos con resistencia a plaguicidas (por ejemplo, Plasmodium que contagia la malaria) y de los vectores resistentes a insecticidas. Variaciones ambientales conectadas a esas tendencias, como urbanización y utilización intensiva de los recursos hídricos, junto con cambios demográficos han ofrecido condiciones donde el vector transmisor de enfermedades puede ganar nuevos fortalecimientos. Los viajes internacionales contribuyen para esparcir los patógenos para áreas donde el vector ya existía, pero hasta entonces inocuo (por ejemplo, la presencia del virus Oeste del Nilo en los Estados Unidos.)

Nuevos ambientes
La interacción entre el hospedero y el patógeno es compleja, los dos con necesidad de asegurar el suceso de las especies. Adaptaciones por un de los integrantes para explorar los nuevos ambientes en general estimulan el otro a cambiar sus características para obtener ventajas en el cambio. Como resultado de este ciclo de interacción creada por las variaciones ambientales, nuevos grupos de patógenos van a desarrollarse. Con el pasar del tiempo, esos grupos pueden aparecer como nuevas especies con síntomas de enfermedad característica.
Existen muchos ejemplos a través de estudios de caso que demostran como diques / presa y esquemas de irrigación han resultado en el esparcir de la malaria, de la filariosis, esquistosomiasis, y encefalitis. Diques son ejemplos más visibles del ingenio humano utilizado para criar un nuevo ambiente. La Presa de Itaipu, en la frontera de Brasil con Paraguay, por ejemplo, creó un lago – Lago Itaipu – con 1.350 Km2 de área, en el Rio Paraná: un cuerpo de agua superficial que se cambió en un inmenso cuerpo de agua relativamente estático. Aún que Itaipu ha traído beneficios económicos a los dos países, también ha sido un factor de redistribución de caracoles Biomphalaria occidentalis que es el vector intermediario en la transmisión de esquistosomiasis.
El uso indiscriminado de torres de enfriamiento utilizando agua para el acondicionamiento industrial de aire ha sido el catalizador del surgimiento inicial de la Enfermedad de los Legionarios. Así, nuevos ambientes pueden ayudar la proliferación de patógenos o sus vectores y colocar en contacto con poblaciones anteriormente sin exposición. Por lo tanto, la bacteria Legionella ofrece otro ejemplo de la significancia de los nuevos ambientes para el brote de patógenos. En 1976, se registró un gran brote de neumonía entre los delegados en una Convención de la Legión Americana, en Philadelphia, USA. El agente ictiológico, Legionella pneumophila, más tarde fue identificado, pero solo después de exhaustiva investigación microbiológica. La enfermedad se tornó conocida como Enfermedad de los Legionarios. La bacteria Legionella es conocida por integrar, en condiciones normales, la microflora del agua. El proyecto de sistemas domésticos de agua fría y caliente, piscinas para láser y instalaciones de aire acondicionado por agua fría, cría condiciones que sirven para el desarrollo da bacteria Legionella. Muchos sistemas que usan agua producen aerosoles finos, en un estadio de su utilización y ofrecen un mecanismo de dispersión que se tiene probado ser una ruta efectiva de infecciones. La Legionella es un ejemplo de una bacteria ambiental natural que exploró un nicho dentro de sistemas artificiales que utilizan agua y, por acaso, surgió como un patógeno importante.
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