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EL PROBLEMA DEL LENGUAJE73



Relacionado con esto de la conducta, hay otra línea de investigación, que si bien ya no goza de muchos partidarios, hace algunos años suscitó gran entusiasmo entre los investigadores en este tema.

Me refiero al problema del lenguaje, esa capacidad maravillosa, única, exclusiva del ser humano, de expresar su pensamiento en forma articulada y simbólica, que establece una diferencia abismal entre él y los animales.

Los pensadores científicos y no científicos de todas las épocas sensatas, entendieron que había aquí un misterio inabordable, un prodigio sin precedentes, y se limitaron a aceptar el hecho, que confirmaba, una vez más, que el hombre es un ser absolutamente único en la naturaleza.

Pero apareció la hipótesis darwinista, y pronto no faltaron los investigadores que, coherentes con la hipótesis, dijeron: si descendemos de los monos y somos capaces de hablar, entonces, los monos también deben tener esta capacidad, al menos en potencia. Luego, si nos tomamos el trabajo de enseñarles, ellos también serán capaces de hacerlo.

Y dicho y hecho.

Se realizaron varios experimentos: Washoe y Nim Chimsky (chimpancés); Sarah (otro chimpancé); Koko (gorila) y Lana (chimpancé). Y en efecto, ¡los simios aprendieron a hablar!

Bueno, así es al menos como titularon los medios de comunicación, aunque en ningún caso se trató, por cierto, de que los monos pronunciaran palabras, sino que aprendieron a realizar determinados gestos para “comunicarse” con sus entrenadores.

Y claro que no podía ser de otra forma, ya que los monos simplemente no tienen los órganos de fonación y articulación de los sonidos, como así tampoco los centros neurológicos del habla. Y esto para no meternos con el tema de la inteligencia, pues para los darwinistas, la diferencia entre la “inteligencia” de los monos y los hombres es sólo de grado y no de naturaleza.

De todos modos, sostienen algunos, sigue siendo cierto que los monos en cuestión aprendieron a comunicarse mediante signos, lo cual demostraría que son capaces de pensar. Pero la realidad dista mucho de ser así.

Los monos simplemente se acostumbraron a interactuar con sus entrenadores, repitiendo los gestos que estos les enseñaron. Es decir, que no se trató de que los simios aprendieran a entenderse con los hombres, sino de que los hombres aprendieron a entenderse con los simios.

Es por ello que en relación a uno de los casos más sonados, el de la chimpancé Lana, los doctores Roy Lachman y Janet Mistler-Lachman, dos máximas autoridades en el tema, concluyeron que Lana no había demostrado ninguna forma de comunicación simbólica que fuese más allá de una simple respuesta condicionada, tales como las que se pueden lograr en pájaros, ratas o gusanos74.

En realidad, las investigaciones sobre el lenguaje animal cayeron en descrédito en los tardíos 70s, cuando los chimpancés “habladores” Washoe y Nim Chimsky, fueron expuestos como fraudes (no intencionales, al parecer), durante un programa de TV, en que sus entrenadores afirmaron que estos chimpancés podían construir sentencias de varias palabras. Un análisis más detallado demostró sin embargo que los chimpancés simplemente habían aprendido a complacer a sus maestros haciendo diversas gesticulaciones, que sus entrenadores –esforzándose en ver ejemplos de comunicación lingüística– interpretaron como signos75.

Lo cual es, en realidad, una vieja historia, lector.

Allá por el año 1903, Alemania entera se vio conmovida por el caso del famoso caballo Hans –“el sabio Hans”–, que sumaba, dividía, multiplicaba, sacaba raíz cuadrada, y otras proezas que bien le envidiaríamos los humanos. Hans contestaba a los problemas planteados por su maestro, golpeando con sus cascos en el suelo… ¡y no se equivocaba nunca!

Después de una formal investigación llevada a cabo por el famoso psicólogo alemán Oscar Pfungst, se vio que lo que sucedía era simplemente que Hans, convenientemente entrenado, observaba muy rápidamente la reacción de su maestro a las preguntas y respondía acorde76.

Lo cual demuestra, una vez más, que los animales pueden aprender muchísimas cosas y realizar verdaderas proezas. Pero siempre es un hombre el que se las enseña y nunca al revés.

Lo mismo con los monos “parlantes”.

En un famoso artículo en la revista Science, “Can an Ape Create a Sentence?” (¿Puede un Simio crear una Frase?), el Dr. Herbert Terrace, profesor de Psicología Comparada en la Universidad de Harvard y el entrenador de Nim Chimpsky, reconoció al fin, a regañadientes, que la respuesta era no77.

El Dr. Steven Pinker, psicólogo cognitivo del MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets) dice en relación a este tema: «Pienso que este tipo de investigación se parece más a los osos del circo de Moscú, a los que se puede entrenar para que anden en uniciclos». Y por ello Pinker no cree que los chimpancés hayan aprendido a hacer nada más sofisticado que a apretar los botones correctos del ordenador para que los primates sin pelo que los adiestran les den sus cacahuates, sus bananas y el resto de su comida78.

El Dr. Noam Chomsky, por su parte, famoso lingüista del MIT, opina que intentar enseñarles habilidades lingüísticas a los animales es tan irracional, como lo sería intentar enseñarle a la gente a batir los brazos y volar79.

Pero volviendo a los monos parlantes, sin lugar a dudas que el caso más célebre fue el de Koko, quien –con los mismos métodos arriba descriptos– llegó a dominar alrededor de 1.000 signos. ¿Qué le parece lector?

Y sin embargo, vivimos en un mundo tan materialista y tan poco dispuesto a valorar las tareas del espíritu, que lo que llevó a Koko a la celebridad no fueron precisamente los signos.

En el año 2004, tres empleadas a cargo de Koko denunciaron a la Fundación Gorila, de California –donde se llevaban a cabo los estudios con este simio– por haber sido despedidas, al negarse a mostrar sus pechos a la primate80. Según las denunciantes, la Dra. Francine Patterson –a cargo del proyecto– les dijo que Koko les había pedido con gestos que se desnudaran. Ella misma las animó a que obedecieran a los deseos del simio, aduciendo razones de “hastío” de su parte (del simio, se entiende).

«Probablemente estás harta de mis pezones y necesitas ver otros», le dijo comprensivamente a Koko la Dra. Patterson81.

Al parecer, Koko tenía la costumbre de “comunicarse” acariciando pezones y –según se ve– la Dra. Patterson, ofreciendo los suyos. Con todo lo que viene anexo, claro. Finalmente, en noviembre del 2005, todos los cargos fueron desestimados y Koko pudo seguir sin sobresaltos con sus actos de comunicación…82

Lo que me llama la atención es que Koko era una gorila y no un gorila, en cuyo caso esta historia de los pezones sería más comprensible, aunque sin dejar por eso de ser moralmente reprobable. Pero bueno. Tal vez Koko había hecho ya su “elección de género” y sobre eso nunca se sabe.

Algo de esto parece que hay, pues a Koko le trajeron un gorila macho (Michael) con el propósito de convertirlo en su compañero sentimental, pero nunca pasó nada. Originario de Camerún, Michael era un gorila capaz también de comunicarse mediante gestos, pero en el año 2000 falleció. Tenía 27 años y grandes cualidades para la música y la pintura…83

No obstante, la Dra. Patterson dice ahora que Koko «quiere tener hijos desesperadamente» y que ¡ella misma se lo ha hecho saber!84

¡Qué ejemplo para muchas féminas modernas que abortan a los suyos!

Aunque, dadas las peculiaridades de Koko, parecería que no queda otra que la fecundación “in vitro”.

¡Para que digan después que los animales no saben expresarse!

No sabrán hablar, pero al fin de cuentas, existen muchos Homo Sapiens que saben hablar, pero no expresarse85.

Ahora, digo yo, ¿por qué estos investigadores, en vez de tratar, tan esforzada como estérilmente, de comunicarse mediante gestos con los simios, no emprendieron la muchísimo más fácil e inmensamente más fructífera tarea de comunicarse mediante palabras, con el único animal que es capaz de hablar? ¡Y en varios idiomas!

Sí, lector. ¿Por qué no eligieron al loro?

He aquí otro rotundo ejemplo del patrón mosaico o modular de que hablábamos. Un animal, que incluso en los imaginarios árboles genealógicos evolucionistas, no tiene nada que ver con el hombre, comparte con él esta singularísima capacidad de emitir sonidos articulados.

¿Que por qué no eligieron al loro? Muy sencillo: porque el loro –de acuerdo a la hipótesis darwinista– no es ni remotamente antepasado del hombre86.

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