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Y VISTOS:

En la ciudad de La Plata , capital de la Provincia de Buenos Aires, a los veinticinco días del mes de Abril del año dos mil dieciséis, los Sres. Jueces integrantes del Tribunal en lo Criminal n° 4, DRES. JUAN CARLOS BRUNI, JULIO GERMÁN ALEGRE y EMIR ALFREDO CAPUTO TÁRTARA con el objeto de dictar Veredicto conforme las normas del artículo 371 del Código Procesal Penal de la Pcia. de Buenos Aires, en la causa nº 4777 del registro del Tribunal seguida a HORACIO FERNANDO GONZÁLEZ por el delito prima facie de HOMICIDIO SIMPLE COMETIDO CON DOLO EVENTUAL; practicado el correspondiente sorteo del mismo resultó que en la votación debía observarse el siguiente orden: Alegre, Caputo Tártara, Bruni. De seguido el Tribunal resuelve plantear y votar las siguientes:

CUESTIONES


Cuestión Primera: ¿Está probada la existencia de los hechos en su exteriorización material; en su caso, en qué términos?

A la Cuestión planteada, el Sr. Juez Dr. Julio Germán ALEGRE dijo:

Mediante la prueba producida y debatida en autos, ha quedado debidamente acreditado que con anterioridad a las 14:30 horas del día 29 de mayo del año 2014, un sujeto de sexo masculino, poseedor de al menos ocho perros Pitbull dejó atado a un can de dicha raza -que no era de su propiedad pero cuyo cuidado le había sido confiado- con una soga de aproximadamente 1,50 mts. al volante de un rodado Fiat 147 que en estado de abandono se encontraba sobre la vereda del domicilio de calle Bonpland nro. 913 de la localidad de Alejandro Korn, sin bozal y con la puerta del vehículo abierta lo que le permitía al animal desplazarse por la vereda que separaba la ubicación del automóvil del frente del domicilio antes individualizado. Que en ese marco -e inadvertidamente para los adultos que con él se encontraban-, se acercó hasta el sitio en el que el perro se hallaba el niño Santiago Alejandro Veer, de tan solo dos años de edad -vecino del tenedor de los perros-, quien en esas circunstancias resultó atacado por el perro el que le produjo heridas desgarrantes que le provocaron la muerte.
Hasta aquí un relato sintético tendiente a facilitar la aproximación al hecho materia de juzgamiento, realizado sin perjuicio de que la sentencia ha de ser considerada como un todo inescindible y que las cuestiones que aquí someramente se han esbozado irán encontrando mayor explicación y profundidad a lo largo de todo el veredicto (Sobre este modo de leer y entender una sentencia puede verse: TCPBA, Sala II, causa 16300, sentencia del 19-04-2007, voto del Juez Celesia).

Junto con su valoración se realizarán generosas transcripciones textuales de las declaraciones prestadas por los testigos que han comparecido al juicio oral a los efectos de facilitar el más amplio control del presente fallo por las partes y por las eventuales instancias superiores que pudieran intervenir en su revisión (arts. 1, 18, 33 y 75 inc. 22 de la Constitución Nacional; 8.2. H de la Convención Americana de Derechos Humanos; y 14.5. del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos).

El orden de las transcripciones no respeta la secuencia cronológica con que la prueba fue recibida en el debate, sino que traduce una valoración al estar consignada en función de su importancia en una progresión de mayor a menor.

Sin más aclaraciones escuchemos, pues, a los testigos.

Rescato en primer lugar, el testimonio de GABRIELA EDITH PACHECO, madre del pequeño víctima de autos: SANTIAGO ALEJANDRO VEER.

Sostuvo la mencionada en el juicio: “yo estaba en mi casa de la calle Bompland n° 933, serían entre las 11.00 y 12.00 horas y estaba lavando ropa en lo de mi mamá porque no tengo lavarropas. Estaba con mi hija Melody, Santiago -quienes estaban jugando- y un bebé recién nacido. Iba y venía llevando la ropa y en una de esas, voy a buscar una muda de ropa y escucho gritos del Sr. González que me llamaban, salgo corriendo y veo que Horacio tenía a mi nene Santiago en brazos y empecé a gritar como loca hasta que salió mi mamá Claudia. Mi mamá le decía que le dé al nene y Horacio le decía: “ya no hay nada que hacer”.

Dijo que: “al escuchar los gritos, salió mi tío Hugo Savona con una escopeta y Horacio se puso enfrente del perro, con el bebé a upa, y le dijo “si matás al perro, vas a tener problemas conmigo”; no recuerdo si disparó o no, lo que recuerdo es que mi mamá lo empujó porque él no quería soltar al bebé, lo agarró y se fueron con mi tío al hospital mientras yo me quedé ahí con los otros nenes y llamando a mi marido, quien llegó enseguida junto con mi suegra. Mientras estaba ahí, vi a Horacio con un cuchillo en sus manos, con el cual acuchilló al perro. González vivía terreno de por medio a mi casa y por lo que vi, el perro estaba atado en el volante de un Fiat rojo 147 en la vereda frente a la casa de Horacio. El auto no lo usaban, ahí jugaban a veces los nenes con la nieta de Horacio”.

Agregó en el debate asimismo que: “Horacio tenía varios perros pitbull, alrededor de ocho, tenía algunos en los costados de la casa, en el hall, en la galería de la casa, en el campo de enfrente, todos atados. Veía que González salía con los perros a la calle, los sacaba con cadena, sin bozales. Varios vecinos tuvieron problemas con él por los perros, ya que estos atacaban gente o por ejemplo le mataron chivos a mi mamá. Sé que le reclamaban que hiciera algo, pero nunca hizo nada. Horacio a veces insultaba cuando le reclamaban por los perros. Decía que los perros no hacían nada, insultaba diciendo “arreglátela vos, si mis perros no hacen nada, pelotuda, conchuda y esas cosas”. Nunca los sacaba con bozales”.

Prosiguió diciendo: “los perros a veces se escapaban y mataban a otros perros, que yo sepa, mataron al perro de la vecina de la esquina y le hicieron la denuncia. Uno de los perros de González mordió al marido de una vecina de nombre Estela”.

En cuanto al auto Fiat 147 donde fue hallado finalmente el perro dijo que: “no quise mirar mucho para ese lado, porque estaba toda mi atención en el nene. Vi un balde con agua justo afuera del vehículo, la puerta estaba abierta, vi que estaba atado con una soga pero no alcancé a ver si era corta o larga, tenía un margen para moverse ya que llegaba hasta el terreno baldío donde estábamos parados nosotros”.

Finalmente, se le exhibieron las fotografías obrantes a fs. 15/20 y 66/82 y la planimétrica de fs. 83 (piezas incorporadas para su exhibición al juicio), señalando e identificando en las piezas mencionadas las diferentes secuencias y lugares puntualizados en su deposición. Asimismo en esa ocasión al ver una de las fotografías del automóvil en cuestión la testigo dijo: “el auto generalmente tenía las puertas abiertas, por eso los chicos jugaban adentro”.

Complementarios y concordantes resultan los dichos de CLAUDIA ALEJANDRA SAVONA, madre de la anterior testigo y abuela de la víctima de autos.

Expresó en la audiencia de debate que: “ese día mi hija había ido a lavar ropa a mi casa, serían alrededor de las 09.30 o 10.00 horas. El fondo de mi casa da con el fondo de la casa de mi hija. Lavamos la ropa y tomamos mate, estaban también mi papá Pedro y los chicos de Gabriela”.

Continuó su relato diciendo: “Gabriela salió con la ropa para ir a tenderla a su casa y al rato, escuché los gritos de mi hija que me llamaba; salí y vi a González arrodillado en el piso con Santiago en brazos. Salió también mi papá que le decía: “¿qué hiciste Horacio?”, y él le decía “ya no se puede hacer nada”, mientras yo le decía que me lo dé, viendo al nene todo ensangrentado, sabiendo que ya estaba muerto puesto que estaba cianótico. Eso lo sé porque soy policía”.

Prosiguió diciendo: “fui hasta lo de mi primo Hugo para que me llevara al hospital porque no quería que Gabriela vea cómo había quedado Santiago, volvimos con mi primo, quien traía consigo una escopeta y el perro se nos acercó unos tres metros, mientras que González le dijo a Hugo: “no le dispares al perro porque vas a tener problemas”, yo le dije “déjalo!” y nos fuimos al hospital”.

Recordó que el perro pitbull se encontraba dentro del auto rojo que estaba en la vereda de González, manifestando que anteriormente al hecho: “vi perros ahí…”; calculando que: “yo los vi una semana antes, pero no sé decir si son los mismos”.

En cuanto al momento en que salió de su vivienda al escuchar los gritos de Gabriela, expresó: “yo lo vi afuera del auto, con la cabeza ensangrentada, con la puerta abierta, estaba atado con una soga de unos tres metros al volante permitiéndole salir del auto. Afuera del auto había un balde del albañil con agua. Mis nietos Melody y Santiago jugaban en ese auto con la nieta de González, pero no dejábamos que estén ahí cuando había perros”.

Respecto a diferentes episodios que se suscitaron en el lugar antes de que ocurriera el hecho en análisis, depuso Claudia Savona en el juicio que: “en el año 2012, González empezó a traer los perros; los tenía en el fondo, en el baldío, en el pasillo, en el terreno de enfrente, no tenía ninguna protección, como ser una reja, alambres o seguridad alguna. Una vez yo le reclamé para que pusiera seguridad hacia el lado de la casa de mi hija, González me dijo que iba a poner alambre olímpico pero no hizo nada, entonces yo puse alambres y chapas para que no pasaran los perros. En ese año 2012, los perros de Horacio me mataron unos quince o dieciséis chivos porque los perros se escapaban; yo le reclamé por eso pero no hizo nada, entonces fui a ver al Director de Zoonosis de la Municipalidad de apellido Basile e hice la denuncia. En otra oportunidad le dije a González que se fijara porque los perros podrían agarrar a un chico y me dijo que sus perros no le iban a hacer nada a un chico porque querían a los chicos, pero la gente del barrio no pasaba por la vereda por temor a los perros; con la puerta cerrada del auto, quedaba un metro con veinte centímetros de vereda para pasar, y si la puerta estaba abierta, unos treinta centímetros, aunque el perro podía alcanzar perfectamente la vereda porque tenía la soga larga. Yo sé que González tenía los perros para la cría, pero la gente decía que los tenía para pelea también, incluso sé que entre los mismos perros de González se peleaban entre sí. En una oportunidad una perra negra también pitbull que él tenía, mató a los cachorros que había tenía otra de las perras, lastimando también a este animal. Además atacaron a perros de otros vecinos, por ejemplo tuvo problemas con Verónica Sosa y un vecino que es un señor mayor de nombre Albert”.

Finalmente dijo en el debate que el aquí imputado después del hecho, no se acercó a los padres de Santiago ni a ellos.

Con alcance ratificatorio de los dos testimonios antes computados, declaro también en el juicio HÉCTOR HUGO SAVONA quien sostuvo: “ese día yo había viajado a Buenos Aires a llevar a mi madre al médico y cuando volví alrededor de las 14.00 horas, me acosté un rato. Estaba acostado y empecé a escuchar gritos, recociendo las voces como de familiares míos y lo primero que pensé es que algo había pasado con los perros de Horacio. Yo siempre estaba atento por los perros esos, estaba tensionado por la presencia en la cuadra; me levanté y agarré una escopeta vieja que había en mi casa porque seguro había problemas con los perros. Salí corriendo hacia afuera y no recuerdo si mi hermana o mi esposa gritaba “el bebé, el bebé” y veo a González con Santiago en brazos ensangrentado, tenía toda la cara destrozada y veo uno de los perros de González atado en el auto Fiat 147 que estaba en la puerta de la casa de Horacio. No recuerdo si el perro estaba atado con una soga o con una cadena”.

Continuó relatando el testigo: “ese perro estaba atado en el auto hacía un tiempo, yo creo que unos dos meses, el perro vivía ahí; por la vereda no se podía pasar, había que pasar por la calle, el perro llegaba con la cadena o soga hasta la reja de la casa de Horacio y la puerta del auto del lado del chofer estaba abierta. Ya le habíamos advertido a los hijos de González, que iban siempre a mi casa, que tuvieran cuidado porque varias veces los perros se habían agarrado entre sí, y si bien tenían sogas o cadenas, nunca tenían bozales. Incluso le hemos dicho a Horacio del peligro de tener esos perros pero, como es de carácter fuerte, nunca le dio bolilla a nadie, enseguida saltaba diciendo que eran mansos y no hacían nada. Sé que González ha vendido algún perro y por comentarios era que los tenía para pelear. También sé que mataron un perro de la esquina que era de una vecina de nombre Verónica”.

Continuó diciendo el testigo en su declaración en el debate que: “al animal que atacó a Santiago, lo terminó de matar González con un cuchillo. Yo le disparé primero; inmediatamente después que ocurrió lo de Santiago y salí afuera por los gritos, vi que había sangre en el piso, había un charco grande. Cuando pasé con la escopeta por al lado de González, él me dijo que me iba a meter en problemas si mataba al perro. Yo pasé muy mal, muy nervioso, teniendo el bebé en brazos me dice eso, me dio mucha bronca y seguí, le disparé pero creo no lo maté. En ese momento el perro estaba enloquecido. Inmediatamente, volví corriendo y nos fuimos con Claudia al hospital que llevaba a Santiago en brazos. Estuve mucho ahí, me quedé hasta que la familia del nene se calmó un poco y entonces volví para mi casa”.

Sostuvo asimismo en la audiencia que: “los chicos de Gabriela iban a la casa de González y jugaban en la vereda, en el auto. Siempre tuve miedo que algo pasara con los perros, incluso yo doy clases de folklore y he advertido a los chicos y a los padres. Antes yo iba a la casa de González, pero cuando empezó a traer los perros, ya no se podía entrar”.

También compareció al debate el testigo THIERRY JOEL SAVONA quien sostuvo: “estaba adentro de mi casa en calle Bompland 953, era alrededor de las 14.20 horas, estudiando y empecé a escuchar gritos en la calle. Salí y lo primero que vi fue el perro con sangre en la trompa, vi a Gabriela, Horacio y el nene todo ensangrentado; entré a llamar a mi papá y volvimos a salir y ya estaba Claudia (la abuela de Santiago) y lo llevaron al hospital”.

Continuó diciendo: “a mí me mandaron a la Comisaría porque no se podían comunicar. No sé si mi papá le disparó al perro, sí vi que Fernando lo apuñaló con un cuchillo, y no dijo nada. Yo siempre pasaba por la calle (en el sentido de no hacerlo por la vereda), porque como estaba un perro atado en el auto Fiat 147, me daba miedo”.

Precisó asimismo que: “el perro estaba atado ahí hacía como un mes, la puerta del chofer estaba abierta y podía salir, estaba atado al volante, podía salir afuera hasta un metro y pico”.

Recordó: “yo lo vi una noche cuando fui a comprar y cuando pasé, el perro se asomó por la ventanilla pero tenía el vidrio levantado, por eso después tenía cuidado”.

Depuso en el juicio que ha visto a los chicos del barrio jugar cerca del auto, el cual se ubicaba parte en la vereda y parte en la calle en la puerta de la casa de Horacio González y que: “con mi familia siempre decíamos qué locura que la nieta de Horacio ande con todos los perros ahí, sin ninguna seguridad. A mí me daba temor, porque no sabía si los perros eran buenos o malos y tenía miedo que me ataquen, ya que se escapaban bastante seguido; podrían haber atacado a cualquier persona. Los perros atacaban a mis animales (caballos y ovejas), los que estaban atados enfrente (cerrado con alambre pero está todo roto, sin ninguna reja o protección), cuando se escapaban, corrían animales. Una vez mató una chiva. Siempre le reclamaron a Horacio que los pusiera a resguardo. Incluso se peleaban entre los mismos perros de ellos. Nunca vi que los sacaran con bozales”.

Agregó el testigo que: “escuchó que González hacía pelear a los perros; se enteró de ello por comentarios de vecinos y un chico de nombre Marcelo Godoy, conocido o amigo del hijo de González, de nombre Thiago”.

Por fin, exhibidas que le fueron las fotografías obrantes a fs. 15/20 y 66/82 (incorporadas por su lectura y/o exhibición), señaló el testigo y dio referencias de lo que depusiera con anterioridad, agregando al ver las fotografías del vehículo marca Fiat 147 rojo, escenario de los hechos, que: “se podía pasar por la vereda, pero yo por las dudas nunca pasaba porque el perro podía salir, yo siempre pasaba por la calle. Se ve que el nene quiso pasar...”.

Visiblemente conmocionado y en sentido coincidente con el de los testigos antes reseñados, declaró en el juicio el bisabuelo del niño víctima, me refiero al Sr. PEDRO MANUEL SAVONA.

Tan auténtica resultó su congoja a ojos de todos los presentes en la sala que, pese a tratarse de un testigo importante, ambas partes acotaron al mínimo sus preguntas pues la declaración resultaba notoriamente dolorosa para el testigo quien, entre llantos, elaboró con dificultad apenas unas pocas palabras: “estaba en la casa de mi hija Claudia, estaba también mi nieta Gabriela que estaba lavando en el lavarropas y los chicos de ella. Yo había estado jugando con Santiago y se ve que en un descuido, el nene se fue atrás de la mamá y no nos dimos cuenta ninguno y pasó esto. Estábamos adentro de la casa y escuchamos los gritos de Gabriela, salimos con Claudia y vimos que González estaba con el nene en brazos todo ensangrentado, al que llevaron al hospital y ya no recuerdo nada más”.

Hasta allí los testimonios de todos aquellos que tomaron contacto con lo dolorosa escena inmediatamente después de producido el ataque.

Todos los testigos hasta aquí citados, con las variaciones lógicas vinculadas con el momento en que se hicieron presentes, la posición adoptada en el lugar o su memoria, contribuyen a reconstruir un mismo cuadro de situación que informa acerca de la presencia de una persona del sexo masculino sosteniendo en sus brazos al pequeño SANTIAGO ALEJANDRO VEER ya muerto y con su cuerpo desgarrado y un perro de raza pitbull atado al volante de un automóvil estacionado cuya puerta permanecía abierta, con una soga que le daba un buen margen de movimientos, sin bozal, con un balde de agua sobre la vereda. Ello además de otras circunstancias también referidas por los testigos y a las que, más adelante, me referiré en extenso.

En cuanto a episodios anteriores con perros pitbull que se hallaban en la vivienda que habitaba por entonces el ahora imputado, depusieron en el debate, ALDO DARÍO PÉREZ, MARGARITA DEL CÁRMEN FIGUEROA y VERÓNICA ALEJANDRA SOSA.

El primero de los nombrados manifestó: “nunca denuncié a González por los perros pitbull, pero eran realmente peligrosos. Tenía seis o siete, por lo que Horacio me comentaba eran para pelea; no sé si además los tenía para venta. Por lo que él me ha contado, aproximadamente unos tres años anteriores al hecho en tratamiento, iba a las provincias de Córdoba o Santa Fe a llevar los perros para pelea y era por plata”.

Continuó relatando: “Antes que ocurriera lo de Santiago, una noche estaba en mi casa y escuché gritar a la hija de González, de nombre Eliana, y cuando salí, veo que un perro pitbull negro estaba atacando a unos cachorros de la misma raza y a la madre, todos propiedad de González. Eliana estaba con su nena chiquita y le gritaba que saque al perro. En un momento dado, cuando el perro dejó de morder a la perra, encaró a la nena de Eliana, entonces yo salté un paredón de un metro más o menos y le pegué con un caño de gas. El perro ahí intentó atacarme a mí, aprovechando Eliana para meterse adentro con la nena, le volví a pegar en la cabeza, y el perro salió corriendo. Después González me fue a preguntar si pude ver para qué lado había salido corriendo para ir a buscarlo, pero me parece que no lo encontró porque a ese perro no lo vi más. Ahí Horacio me dijo que ese perro negro era bueno para pelea”.

La testigo ya mencionada, MARGARITA DEL CARMEN FIGUEROA, sostuvo a su turno: “llegué cuando ya había pasado todo y vi a Gabriela muy mal, tirada en el piso. Después llegó el esposo y trataron de calmarla, enseguida vino la policía. Vi al perro con el dueño, González sería el dueño porque es él quien lo degüella, yo lo vi”.

Agregó en declaración en el debate: “otras veces he visto un perro atado en ese auto. Antes de lo Santiago, alrededor de dos o tres semanas anteriores, las pocas veces que pasé por ahí lo vi atado en el auto, a mí me dio miedo por temor a que se soltara, aparte podía salir del auto porque la puerta estaba abierta y no tenía bozal. Mi hija tuvo problemas con los perros de González, porque le mató un perro e hirió a otro y le hizo una denuncia; incluso mi esposo una vez que estaba podando la ligustrina, le recriminó que los sacara con bozal y González le contestó: “¿quién sos vos para decirme como tengo que salir con el perro a la calle?”.

Para concluir expresó la testigo en el juicio: “después de lo que pasó González se fue del barrio, los perros no están más y no hubo más problemas”.

Por fin, compareció VERÓNICA ALEJANDRA SOSA quien depuso en la audiencia de debate: “yo no presencié nada de este hecho porque no estaba en mi casa cuando pasó, pero alrededor de dos años antes del hecho, yo denuncié penalmente a González porque perros de él atacaron a dos perros míos, hiriendo a uno y matando al otro; la primera vez no lo denuncié, intenté dialogar porque éramos vecinos, pero fue imposible, pero la segunda vez le hice la denuncia (ver al respecto, copia certificada de denuncia obrante a fs. 31/32, incorporada por su lectura al juicio y ratificada por la mencionada SOSA en el debate). Muchas veces le hice reclamos a González para concientizar que iba a pasar algo grave y pasó esto después de dos años. Yo le decía que tenía que tener los perros con bozal, pero él no me daba bolilla, incluso me ha chumbado con los perros, como para que se me fueran encima, como una amenaza; esto me lo hizo tanto a mí como a mi hijo que en aquél momento tenía 13 o 14 años. He visto que por la cuadra donde vivía González pasaban perros comunes con sus dueños y sus perros los atacaban y mataban. La vez que uno de ellos atacó al mío, entró a mi casa y atacó a mi perro, intentamos separarlo entre mi hermana y yo; ellos ni se metieron...”.

Continuó relatando: “últimamente la gente del barrio no pasaba por la cuadra por miedo a los perros y preferían dar la vuelta a la manzana, se que varios vecinos, en reiteradas oportunidades, intentaron hablar con González pero no hubo una buena respuesta. Los perros eran totalmente agresivos. Creo que los comercializaba, mucha gente decía que González tenía los perros para pelea. Por lo que escuché, hacían el entrenamiento en la casa de él y se los llevaban a pelear a las provincias”.

En cuanto a la existencia de perros dentro del rodado marca Fiat 147 color rojo ubicado en la puerta del aquí imputado, manifestó la testigo que: “vi desde hacía meses anteriores a que pasara lo de Santiago, que en el auto ataban perros. Mayormente estaban adentro del auto, pero tenían posibilidad de salir, porque las ventanillas estaban abiertas”.

La última declaración que se escuchó en el debate fue la prestada, una vez concluida la prueba, por el propio imputado FERNANDO HORACIO GONZALEZ.

Transcribiré sus pasajes centrales sin detenerme en este apartado en su valoración que se irá desarrollando a lo largo de las siguientes cuestiones.

Dijo el imputado en el juicio: “Nosotros teníamos ocho perros pitbull, los sacábamos siempre con bozal, collar de ahorque y cadena, únicamente lo hacíamos yo y mi mujer; paseábamos a cada uno una hora”.

En la relación al hecho declaró: “era el tercer día que el animal venía a mi casa, ese jueves Moreno lo trajo exactamente a las 13.30 hs y me dijo que lo llamara porque no se podía llevar enseguida al animal. Pusimos al animal en un pasillo al costado de mi casa donde estaba la perra en celo y como tenía casi dos años, se puso a jugar y no pudo servirla. Entonces con mi señora pusimos la perra en el terreno de enfrente, mientras el perro quedó adentro de mi casa. Como tenía que limpiar un canil del fondo para ponerlo hasta que Moreno lo pasara a buscar, tenía que pasar por un pasillo donde tenía atados otros tres perros y no sabía si se iba a enfrentar con ellos; además mi mujer se tenía que ir a buscar a mi hija a la casa de unos amigos, entonces tomé la determinación de dejarlo en el auto hasta preparar el canil. Agarré el balde de color negro y le puse agua, lo metí provisoriamente, quedó con una soga de 1,50 mts. adentro del auto y cerré la puerta. La puerta estaba bien, solo se abría de afuera, las ventanillas estaban cerradas porque estaban rotas. Entré a buscar un collar de ahorque, una cadena y una pala para limpiar; es peligroso atarlo con soga porque esos perros la mastican”.

Siguiendo con su relato, manifestó el imputado de autos en su declaración: “enseguida que entré a buscar esas cosas a mi casa, escuché una perra bóxer que toreaba y al mirar, veo que la puerta del auto estaba abierta, salí corriendo y veo que el perro tenía algo, le grité, lo soltó y al llegar, veo los piecitos de la criatura; agarré al nene y empecé a llamar a Gabriela, la mamá. Lo abracé y lo tenía, no es cierto que no se los quería dar, yo lo abrazaba y se lo di a la abuela, daría lo que no tengo para que el nene viva, le pido mil disculpas a la familia Savona y Veer. El perro se subió al asiento y se quedó adentro del auto. Salió Savona con una escopeta y la abuela del nene; Savona me empezó a insultar y me dijo yo te voy a matar a vos y al perro; le disparó al animal, yo me metí adentro de mi casa, agarré una cuchilla de carnicero, salí, ejecuté al perro, me senté en una columna y me quedé ahí hasta que llegó la policía y me llevó”.

Agregó que: “jamás até un perro ahí porque yo sabía que esto podía pasar. Pude haber dejado mal cerrada la puerta. En el momento que salí a poner el perro, no vi ningún otro nene ahí. Los nenes de Gabriela jugaban en el auto con mi nieta. Yo tenía los perros para belleza, he vendido alguno para comprarle la comida a otros perros, para pagar al veterinario. Empecé con la cría de esta raza una vez que fui a una plaza en Burzaco y vi que los perros de esa raza hacían una exhibición y me interesé; después conseguí una cachorra en un campo que la maltrataban y me la llevé. Todos los animales son descendencia de esa perra”.

Finalmente expresó en su declaración brindada en el juicio en los términos del art. 358 del CPPBA que: “mis perros se han escapado, han cortado las cadenas y se han peleado con algunos perros pero nunca desoí lo que dijeron los vecinos. Yo puedo entender el miedo de la gente pero nadie me denunció a mí”.
Valoro asimismo –de modo complementario a los testimonios antes computados y transcriptos– distintas piezas que han sido incorporadas por su lectura o exhibición al juicio. Me refiero a:
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