SÍntesis de los principios básicos de la psicología religiosa




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fecha de publicación03.08.2016
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SÍNTESIS DE LOS PRINCIPIOS BÁSICOS DE LA PSICOLOGÍA RELIGIOSA


1.- EL PENSAMIENTRO RELIGIOSO EN LA ETAPA DE EDUCACIÓN INFANTIL

Con este tema nos situamos en el aspecto psicológico de la educación infantil.

No se puede abordar directamente una didáctica, si no se conoce a fondo las características psicológicas del sujeto. Tengamos en cuenta que la didáctica sienta sus bases de manera muy explícita sobre el individuo y las condiciones que le rodean.
Hasta hace relativamente poco tiempo, el pensamiento religioso en la edad de cero a seis años había sido descartado, pues Rousseau se había definido con fuerza contra un pensamiento religioso en esta etapa. Veremos como hoy en día esta idea está descartada, y los propios psicólogos de la religión admiten, sin duda, la existencia de unos elementos religioso del niño desde el principio.
Características psicológicas de los niños en educación infantil
Antes de ponernos a hablar del pensamiento religioso en la etapa de cero a seis años, es preciso que conozcamos las características psicológicas del niño en esta etapa. De esta forma, será más fácil comprender las estructuras y el contenido del propio pensamiento religioso.
Para ello partiremos de dos etapas muy diferentes que dividen el período por la mitad dando lugar a la aparición de dos grades bloques: de 0 a 3 años y de 3 a 6 años.
La personalidad se construye como consecuencia de una dotación genética y de la influencia ambiental.
El enfoque correcto de las relaciones padres-hijos, familia-escuela, relación de iguales, profesor-alumno, presenta una gran importancia por la especial incidencia que las experiencias de los seis primeros años tienen en el desarrollo de la personalidad durante todo el curso de la vida.
De la naturaleza y del modo de desarrollarse esas relaciones dependen, en gran medida, las características fundamentales de la futura existencia individual y social, y en particular el nivel y la calidad de la vida intelectual, los sentimientos, las actitudes y poscomportamientos que se manifiestan en la vida adulta.
Para ayudar al niño a desarrollar de modo autónomo sus condiciones genéticas y a fin de disponer condiciones ambientales favorables, el educador debe tener bien presente las características fundamentales del desarrollo de la personalidad del niño estos dos períodos y los siguientes.

Características del niño de 0 a 3 años



El niño se presenta como sujeto en desarrollo que va estabilizándose a medida que se acerca a los tres años. Antes de esta etapa, prácticamente no nos interesa su estudio a nivel didáctico.
Ser sujeto en desarrollo.
El niño, a los tres años se puede decir que ha adquirido ya una cierta autonomía: sabe caminar con seguridad, es capaz de subir y bajar las escaleras, sabe adaptarse a ciertos objetos y manipular otros; es capaz de reconocer y diferenciar perceptivamente los diversos elementos del ambiente circundante, posee condiciones para desarrollar una actividad representativa que se manifiesta como capacidad de evocar acontecimientos relativos al próximo futuro, y de desarrollar fantasías de diverso tipo; si bien le falta aún un claro sentido de la distinción entre el plano de la realidad y el plano de lo irreal.
Conoce los nombres de muchas cosas y desea conocer los que aún ignora, sabe expresar verbalmente sus deseos y sus necesidades básicas, sabe entrar aunque imperfectamente en comunicación verbal con los otros, acompaña y subraya con lenguaje verbal sus actividades lúdicas.
Vive ya en su sistema de relaciones afectivas suficientemente definidas, relativas todas al ámbito familiar, y se dispone a adquirir una cierta capacidad de control de sus impulsos y emociones propias. Posee un cierto sentido de seguridad, si en la familia hay armonía y solidaridad.
Hacia los tres años el niño toma conciencia de que su persona constituye una individualidad distinta de las otras. De ello se sigue un deseo de independencia, que se manifiesta inicialmente, por un período que puede durar entre algún mes y más de un año, a través también de actitudes caracterizadas por negativismo, obstinación y una cierta agresividad (crisis de oposición y edad del no). Tales actitudes son interpretadas, a menudo erróneamente, por los adultos como indicios de maldad o de capricho, y tratadas con excesiva severidad.

Características del niño de 3 a 6 años



En el plano de la psicomotricidad el niño va realizando poco a poco coordinaciones perceptivo-motoras cada vez más fina: empleo de la mano y de los dedos en el uso, cada vez más seguro, preciso y diferenciado, de objetos, instrumentos y material para actividades constructivas, expresivas y lúdicas; capacidad de moverse siguiendo cierto ritmo; de correr de modo diferenciado, adquisición de hábitos motores relativos a la limpieza, a vestirse, a la alimentación…
El sujeto analizador
En el plano de la percepción se va desarrollando la capacidad de análisis (de captar en objetos y situaciones, además de ciertos aspectos llamativos, también otros aspectos menos evidentes de modo inmediato. Se intensifica el interés por las formas, los colores y las dimensiones de los objetos, por el material de que están hechos, y por sus varias posibilidades de uso. Aparece el ritmo, y la capacidad de coordinar con ese ritmo los movimientos propios.
Es sobre todo en el plano de la actividad representativa, donde el niño realiza os progresos más notables. Progresa su capacidad de evocar situaciones y acontecimientos o de anticiparlos mentalmente, ampliándose en la dirección de pasado y en la del futuro .Esto no basta aún para atenuar en el niño las tensiones emotivas del momento.
En las representaciones, la presencia persistente de tendencias egocéntricas y de creencias animistas, así como de cierta inclinación a la fabulación puede producir distorsiones de la verdad. Se da , por todo lo anterior, una viva actividad del pensamiento dejando un gran espacio para elementos de carácter intuitivo y afectivo. Esta actividad de pensamiento se manifiesta en forma de una viva y persistente curiosidad, relativa a los diversos fenómenos de la naturaleza y del mundo humano (edad del porqué, curiosidad relativa a la edad, el sexo, el origen de las cosas, etc.)
El desarrollo afectivo. Si en la edad precedente se habían constituido relaciones afectivas, de carácter positivo o negativo, respecto a las figura familiares, en esta edad se constituyen otras relaciones afectivas en relación con el profesor y los iguales. Con frecuencia, se reproducen situaciones problemáticas a nivel afectivo, similares a las del ámbito familiar. Esto complica la vida afectiva del niño, e introduce nueva experiencias que hacen madurar su personalidad
La exigencia de una interpretación cierta, y por tanto tranquilizadora, de las cosas y del mundo, así como la necesidad de estabilidad y protección en el plano afectivo, pueden traducirse en una primera forma de sensibilidad religiosa

Buscando la autonomía
La incorporación a la comunidad escolar hace posible el establecimiento de relaciones sociales de diverso significado con sus iguales, favoreciendo en el niño el desarrollo del sentido de las diferencias entre él y los demás, y la progresiva toma de conciencia de las existencia de puntos de vista y de intereses distintos de los suyos, así como de la consiguiente necesidad de liberar sus impulsos de los aspectos posesivos y agresivos. Esto constituye la premisa para la gradual comprensión de la necesidad de reglas sociales y de normas morales, que presentadas primero por los adultos serán luego gradualmente interiorizadas, dando origen, sobre todo en los años siguientes de la escuela infantil, a una moralidad más autónoma.
Este período de tres a seis años se caracteriza además por un considerable desarrollo del lenguaje y por una amplia presencia de las actividades lúdicas.
Los elementos que influyen en la religiosidad del niño
Aunque existen algunas opiniones en contra de una religiosidad en las primeras etapas de la vida, hoy en día la mayoría de los psicólogos y pedagogos admiten la existencia de una manifestación religiosa que debe ser considerada a nivel didáctico.
Desde los cero años se da un pensamiento religioso que se desarrolla a la vez que va evolucionando el niño.
La religiosidad natural
El niño posee una disponibilidad religiosa muy grande, que se va desarrollando con la contribución cultural que lo rodea. La precocidad del sentimientos religioso posee una predisposición genética, pero se ve plenamente condicionada por la educación que recibe el propio sujeto.
El pensamiento religioso como consecuencia de la influencia familiar
La familia es sin duda la primera estructura socializadora del sujeto. La dimensión religiosa, que pertenece constitutivamente al propio sujeto, no escapa a esta influencia precoz.
Muyphy establece una simbiosis perfecta entre la estructura familiar y la creencia religiosa. La relación entre la familia y la actitud religiosa es tan estrecha, porque no sólo se transmiten valores religiosos sino que éstos se rodean de una experiencia afectiva y de una participación familiar tales, que le hacen al niño sentirse miembro de la primera comunidad. En las celebraciones religiosas el niño, en efecto, ve una fuerte cohesión así como un vínculo de pertenencia.
El niño tiene necesidad vital de un mundo bien hecho, feliz, tranquilizador y estable. Lo sagrado se sitúa para él en una perspectiva de crecimiento vital, y junto a la familia le ofrece una satisfacción de sus propios deseos.
El pensamiento religioso en el niño
En cada una de las etapas de la vida nos encontramos, en el pensamiento religioso del sujeto, una concepción de Dios, un sentimiento de lo Sagrado y un comportamiento religioso:
Concepción de Dios
Ante de los tres años, a pesar de existir el pensamiento religioso, su aplicación didáctica y su imagen de Dios es difícil de determinar, pues la escasa expresividad en el niño no nos permite comprobar cuál es realmente su imagen religiosa.
A los tres años, observamos que el niño manifiesta frente a lo sagrado un respeto y temor. Su imagen de Dios aparece bajo la idea de un padre protector que está a su servicio. Se produce una paternalización de lo divino que proviene de los sentimientos que el niño va desarrollando realmente frente a su propio padre.
A los cuatro años, la imagen de Dios es la más clara de todo el período infantil. Es considerado este tiempo como la edad de oro.
Hacia los cinco años, el niño comienza a distinguir a Dios de los padres como consecuencia del descubrimiento que va haciendo de la propia figura paterna.
Edad/ Imagen de Dios
3 años: padre protector

4 años: fantástico

5-6 años: distinta de la figura parental.
Sentimiento de lo sagrado
La actitud del hombre frente al misterio cambia con la edad.

Hacia los tres años, el niño posee un sentimiento de temor frente a las maravillas que observa en el mundo de lo sagrado.
Posteriormente, de los tres a los siete años, va disminuyendo el sentimiento de confianza absoluta a medida que el sujeto empieza a descubrir su relación con la Trascendencia. En esta etapa observamos un cambio progresivo desde la confianza ingenua hasta la aceptación, desde el temor religioso, de la Trascendencia.
Comportamiento religioso
Durante el período de la educación infantil se produce una etapa de egocentrismo afectivo donde las creencias y los comportamientos son de carácter mágico.
El niño de tres años piensa que las personas y los objetos que le rodean piensan y sienten como él mismo. El niño está plenamente volcado al exterior, hasta tal punto que su propio yo forma parte de la realidad objetiva. Como el niño no tiene conciencia de sí mismo, él y su mundo aparecen indiferenciados, de manera que el niño atribuye al exterior lo que experimenta dentro de sí.
A medida que el sujeto se socializa, adquiere un lenguaje y supera el complejo de Edipo, va descubriendo la realidad, se descentraliza y empieza a reconocer la diferencia entre sujeto y objeto. Todo este proceso, lento y constante, hace que la imagen de Dios quede sometida al egocentrismo religioso, y que las relaciones con Él estén condicionadas a las relaciones paternales.
La dependencia respecto a Dios podrá vivirse como obediencia pasiva, y Éste será el garante de la verdadera seguridad.
Resumiendo la etapa de tres a seis años podemos destacar:

el egocentrismo o narcisismo afectivo, fuente de los rasgos mágicos de la religiosidad infantil , y el animismo intencional, que relaciona el acto que se realiza con una justicia inmanente que puede ser atribuida a la Providencia.
Conclusión
Existe una interrelación directa entre el desarrollo psicológico del niño y su desarrollo del pensamiento religioso.
La religiosidad del niño viene condicionada, en la etapa infantil, por la concepción de la realidad que rodea al sujeto.
A medida que descubre la distinción entre objeto y sujeto, así como a medida que adquiere un lenguaje, establece relaciones religiosas con Dios similares a las que establece con las figuras parentales.
Dios es un mago capaz e solucionar todo.

2.- EL CONTENIDO RELIGIOSO DE LA ETAPA DE EDUCACIÓN INFANTIL.

Elementos previos al análisis del contenido
La experiencia religiosa no es una actividad espontánea, sino que requiere de una intervención educativa sistemática que nos fija desde el principio un contenido.
La escuela comparte con los padres la responsabilidad del despertar religioso de sus hijos. Este despertar va unido al testimonio y a la actitud que el niño va descubriendo al contacto con los adultos creyentes.
El sentido religioso madura a la vez que lo hace el sujeto, pues sólo así es posible la asimilación de una serie de valores que se Van haciendo propios a lo largo de la vida.

Contribución de la religión al desarrollo del niño en la etapa infantil



El objetivo prioritario que nos marca la ley educativa en educación infantil es “contribución al desarrollo físico, afectivo, social y moral de los niños”. El desarrollo d todas estas dimensiones busca un equilibrio personal y social en el sujeto, equilibrio que sólo es integral si se abre a la dimensión trascendente.
Debido a la gran diferencia entre los dos ciclos, nos es necesario separar aportaciones de la religión en ambos períodos, para remarcar de una forma más precisa la contribución del área.
Primer ciclo
El niño empieza a percibir el mundo que le rodea, descubre el cambio y la variedad del mundo externo.
La religión, en este tiempo, no aparece sistematizada en el campo educativo; por ello es preciso incluir a la acción educativa una serie de actividades en casa, o en la escuela, que hagan impregnar las actividades cotidianas de la presencia de Dios.
Segundo ciclo
La acción educativa en este período se dirige al despertar de las capacidades religiosas. Al afianzarse los ámbitos de desarrollo del niño, es necesario que cada uno de ellos permita la relación con Dios Padre.
La experiencia religiosa del niño no es algo aislado y no puede separarse de la experiencia general que éste va desarrollando. Es necesario que esta experiencia religiosa esté entroncada con la identidad y autonomía personal, con el descubrimiento del medio físico y social y con la comunicación con la propia realidad.

El contenido religioso de 0 a 6 años
El contenido religioso en esta etapa es globalizado y gira en torno al niño, a su medio con el que establece relación mediante la observación de las cosas , y a la comunicación que establece con el mundo externo.
Primero el niño va descubriendo el cuerpo con todas sus partes, así como las capacidades que éste le permite en relación a su actividad diaria.

El contenido religioso solamente debe poner un valor trascendente a ese cuerpo como obra de Dios.
El CUERPO como Creación de Dios

para expresar el hecho cristiano a través de las habilidades

en las cosas que hacemos cada día

es regalo de Dios
El niño descubre su capacidad, y con ella la posibilidad de establecer relaciones sociales. Observa el mundo que le rodea y es capaz de intuir la acción de Dios
plantas

DIOS hace animales para ti

cosas
En el contenido es importante tener en cuenta la comunicación y representación que el niño establece con lo que le rodea. El contenido religioso que debemos considerar como expresión de esta comunicación es la Fe.
LA FE se expresa en palabras : oraciones

en escritura : Biblia

de forma : plástica

en el canto

en el movimiento


Por último es necesario acercar al niño el contenido de Dios a través de las personas, los objetos, los símbolos y los lugares sagrados:
DIOS crea las cosas

el cuerpo que tiene ojos para mirar

oídos escuchar

boca cantar

que sirve para moverse

saltar

jugar

da salud

amor

felicidad

es mi Padre que me quiere

me perdona
El último gran contenido nos presenta el conocimiento elemental de la vida de Jesús
JESUS es mi amigo

me ama

tiene una Madre.
Estos elementos (cosas, padre, animales) aparecen en la vida del niño; él va descubriendo sus funciones, e incorpora a cada una de estas cosas a su propia realidad.
Estos contenidos nos servirán de substrato para la consecución de los objetivos generales de esta etapa infantil, que abrirán al niño a la trascendencia incorporando a Dios en su vida.

Conclusión
El contenido religioso de la educación infantil se dirige hacia el mundo de los elementos religiosos que rodean al niño. Desde una perspectiva sencilla se le presenta la fe cristiana, la figura de Jesús y su propia persona como obra de Dios.
En este período el contenido pretende que, a medida que el niño descubre su cuerpo y el entorno natural que le rodea, le atribuya a estos un valor simple de trascendencia.
Se trata de descubrir mediante el canto, el juego y la actividad el mundo religioso que lo envuelve.

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