La sociedad del cansancio "El hombre se ha convertido en el explotador de sí mismo por un propio afán desmesurado de competencia, de éxito, vivido como 'realización personal' "




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títuloLa sociedad del cansancio "El hombre se ha convertido en el explotador de sí mismo por un propio afán desmesurado de competencia, de éxito, vivido como 'realización personal' "
fecha de publicación04.08.2016
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Jueves 12 de junio de 2014

La sociedad del cansancio

"El hombre se ha convertido en el explotador de sí mismo por un propio afán desmesurado de competencia, de éxito, vivido como 'realización personal'..."




Cristián Warnken

Se agradece cuando los filósofos bajan de su Olimpo para pensar el mundo. La filosofía no nació para ser un ejercicio académico ni para que sus cultivadores se miraran el ombligo encerrados en sus escritorios o facultades universitarias. Cada cierto tiempo, un heredero de la noble tradición de Heráclito o Platón se da un paseo por nuestras calles, se detiene a observar el devenir de los hombres en su tiempo, a iluminar nuestra cotidianidad fragmentada y muchas veces carente de sentido si alguien no la piensa.

Byung Chul-han es un filósofo de origen coreano, pero escribe y piensa en alemán. Antes de estudiar filosofía fue obrero metalúrgico, un inmigrante más en la masa anónima de los trabajadores que luchan por sobrevivir día a día en la cansada Europa. Un día dejó la fábrica y comenzó a estudiar filosofía. Esas decisiones nos parecen extravagantes en estas latitudes, donde las humanidades son un lujo asiático. De hecho, la filosofía está en retirada de los colegios y las universidades. Dicen que porque es inútil; yo creo que porque es peligrosa. Nadie quiere pensar nada hoy en día, lanzados como estamos en la carrera de un exitismo desenfrenado que no deja espacio para ninguna duda o cuestionamiento de fondo. Ese es el tema de Byung Chul-han: la nueva alienación. El hombre se ha convertido en el explotador de sí mismo por un propio afán desmesurado de competencia, de éxito, vivido como "realización personal". Uno se explota a sí mismo hasta el colapso. El sistema neoliberal ha sido internalizado hasta el punto de que ya no necesita coerción externa para existir. Y, por eso, el síntoma de nuestra época es el cansancio. "La sociedad del cansancio", ese es el título de uno de sus libros. Cansancio y también narcisismo. Porque nuestra relación con los otros es vista solo como competencia. Y la depresión -una epidemia hoy- es la otra cara del narcisismo. El mundo virtual, además, es un camino a la depresión, porque en el mundo virtual el otro no existe.

Ahí está el mayor de los peligros. Con el narcisismo exacerbado comienza la agonía del "eros". Y sin eros, no hay pensar. El pensamiento nace del cultivo de la amistad, del diálogo socrático, de las conversaciones infinitas de Montaigne con Étienne de la Boétie, o de Jesús o Buda con sus discípulos.

Exitismo patológico, narcisismo desenfrenado, depresión y también cáncer -según Byung-, otro síntoma de nuestra época: un cóctel fatal descrito por un obrero metalúrgico salvado de la alienación por la filosofía.

¿Y qué hacer? Salir a la calle a protestar contra el sistema no basta, puesto que nosotros mismos internalizamos la violencia del sistema. Tal vez el gran gesto de rebeldía sea hoy ir en busca del otro, salir de nuestras covachas y cavernas.

Byung Chul-han, además, alerta sobre un mundo donde lo que vale no es el ser, sino el aparecer, donde lo invisible y el secreto han desaparecido. Y el placer exige cierto ocultamiento, lo contrario de esta desnudez y transparencia pornográficas, cuyo ejemplo más evidente sería Facebook. Del capitalismo, donde lo esencial era el tener, pasamos a una sociedad neoliberal exhibicionista, donde lo fundamental es "aparecer".

Acumulamos información como nunca antes en la historia, pero la simple acumulación de información no es capaz de generar verdad. Para eso se necesita un saber hondo, reflexivo, que solo se cultiva en diálogo, en la philia , la amistad a que tanta importancia atribuyó Aristóteles en relación con la construcción de la ciudad y la filosofía, y con razón. Las últimas palabras atribuidas al filósofo griego antes de morir ("¡Amigos, ya no hay amigos!") podrían ser el grito de nuestro tiempo. Y de esa angustia, de la que el filósofo coreano-alemán se hace eco, podría atisbarse un despertar. ¿Pero quién quiere despertar, pensar, sentir a los otros, nuestros prójimos convertidos en competidores o sombras en nuestras pantallas autistas?


Resumen del libro


Byung-Chul Han, una de las voces filosóficas más innovadoras que ha surgido en Alemania recientemente, afirma en este inesperado best seller que la sociedad occidental está sufriendo un silencioso cambio de paradigma: el exceso de positividad está conduciendo a una sociedad del cansancio. Según el autor, toda época tiene sus enfermedades emblemáticas. Así, hay una época bacterial que toca a su fin con la invención del antibiótico. A pesar del manifiesto miedo a la pandemia gripal, actualmente no vivimos en la época viral. La hemos dejado atrás gracias a la técnica inmunológica. El comienzo del siglo XXI, desde un punto de vista patológico, no sería ni bacterial ni viral, sino neuronal. La depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de la personalidad (TLP) o el síndrome de desgaste ocupacional (SDO) definen el panorama patológico de comienzos de este siglo. Estas enfermedades no son infecciones, sino estados patológicos que siguen a su vez una dialéctica, pero no una dialéctica de la negatividad, sino de la positividad, hasta el punto de que cabría atribuirles un exceso de esta última.

La sociedad del cansancio (Byung-Chul Han)


Desde que a primeros del mes de julio ha dado comienzo el baile de las vacaciones de verano, llevo oídas al menos tres noticias de personas cercanas que, en un gimnasio, al orillarse por fin al borde de una piscina o en pleno viaje hacia el lugar de descanso, han sufrido accidentes cardiovasculares de importancia. Vivimos con un grado de aceleración, en unos niveles de stress de tal calibre, que eso es lo menos que nos puede ocurrir. En  otro orden de cosas, los padres que tenemos hijos pequeños o adolescentes, y que tratamos con otros padres, y con los amigos y compañeros de nuestros hijos, sabemos que el número de casos de patologías del aprendizaje (TDH, dislexias, déficits de atención), y otras aún más graves como el trastorno límite de la personalidad, se están disparando. El número de alumnos medicados en cada aula de cada colegio es como mínimo llamativo. Y espérate al resultado del daño psicológico que el uso masivo, descontrolado u obsesivo de los nuevos medios electrónicos puede estar produciendo en el desarrollo de una generación de niños.

Sobre esta realidad enfermiza hablan a diario muchos expertos o no de todo tipo y también, de modo particular, cada cual se hace su opinión, al hilo de la experiencia propia y ajena. A mí particularmente me interesa lo que dicen los filósofos, a los que atribuyo más que ningún otro la capacidad de ver cualquier fenómeno en su conjunto. Y me interesa más lo que dice un libro que lo que se apunta en un puñado de artículos (un viejo profesor mío de periodismo, de esos que se leía siete periódicos al día, me enseñó hace mucho que para estar de verdad informado, y eso que no hablaba propiamente de conocimiento, lo que había que hacer era leer libros). Por eso me precipité, nada más verlo, sobre La sociedad del cansancio (Herder, 2014) de Byung-Chul-Han, que trata el tema de un modo sapiencial. Un pequeño volumen que lleva camino de convertirse, con todo merecimiento, en un best-seller.

De modo resumido, la tesis que el filósofo alemán, de origen coreano, desarrolla con todo rigor y brillantez es la siguiente: en paralelo con el hecho de que, en el plano biológico, la época en la que predominaba la enfermedad bacterial fue superada gracias al desarrollo de sistemas eficaces de inmunología, y le ha sucedido un conjunto de enfermedades de carácter neuronal, a la sociedad que se sustentaba sobre un paradigma “negativo” (que ponía por delante la prohibición, la censura, la limitación externa de todas las actividades humanas) le ha seguido una sociedad conformada sobre la base de la “positividad”. En un plano formal, pero también en cuanto a las posibilidades reales de actuar de cada persona, prevalecen lemas como  “prohibido prohibir” o, aún más a la moda, el “Yes we can” o  el puñetero “Podemos”. Todo está abierto. Todo está al alcance de la mano. No hay límites. Vivan las cigarras y que se mueran las hormigas. ¿Quién da más? Desde la cuna a la caja de pino, en todo, hay que aspirar siempre al plus ultra. El inconformismo generalizado y una creciente inquietud nos agotan, nos acogotan, nos arrumban, nos aislan, sin apenas darnos cuenta nos destrozan. En teoría todos tenemos derecho a todo, aunque en la práctica eso signifique a menudo la constatación del fraude de un aparente e inmenso vacío.

Byung-Chul Han forma parte del profesorado de la Escuela Superior de Arte y Diseño de Karlsruhe. Como Sloterdijk y Thomas Struth, o en el pasado Borys Groys o Hans Belting. Por lo que veo, este centro acabará siendo histórico: desde allí se está produciendo una parte decisiva de la reflexión contemporánea sobre las relaciones del arte, la política y la sociedad.

 

La sociedad del cansancio: “disfruta más y te irá mejor”


3 junio 2014



¿Qué ocurre cuando los esclavos ya no llevan cadenas físicas sino que ellos mismos se fuerzan hasta la extenuación? “
La sociedad del cansancio lo explica y por eso ha sido best-seller en varios países de ciudadanos cansados.

El autor de este librito de 79 páginas es el filósofo Byung-Chul Han, alemán de origen coreano que afirma que la sociedad está sufriendo un silencioso y profundo cambio debido a una razón concreta: el exceso de positividad nos está conduciendo a una sociedad del cansancio porque creemos falsamente que podemos con todo y esa doctrina produce seres agotados, fracasados y depresivos. Byung-Chul Han denuncia que “el esclavo de hoy es el que ha optado por el sometimiento”. Y lo ha hecho a cambio de un modo de vida escasamente interesante, “LA MERA VIDA, frente a la vida buena”, dice, casi pura supervivencia

Uno de sus mensajes es “Disfruta más y te irá mejor. Todos nosotros deberíamos jugar más y trabajar menos. Entonces produciríamos más” porque solo en esta sociedad, el ejecutivo mejor pagado trabaja como un esclavo y aplaza el ocio indefinidamente. Afirma que, hoy en día, carecemos de tiranos que nos exploten, pero los tiranos somos nosotros mismos. Y esta explotación a la que nos sometemos es mucho más nociva que la externa, ya que se ayuda del sentimiento de libertad. Además, también es más eficiente y productiva, porque nosotros mismos decidimos voluntariamente explotarnos hasta la extenuación.

En esta entrevista explica más sus reflexiones y abajo adjuntamos el prólogo del libro:

“Retomando la idea hegeliana de la dialéctica del amo y del esclavo, . A cambio de eso, el hombre cede su soberanía y su libertad. Pero lo más llamativo es que el propio amo ha renunciado también a la libertad al convertirse en explotador de sí mismo. Ha interiorizado la represión y se ve abocado al cansancio y la depresión. Pero el cansancio y la depresión no se pueden interpretar como alienación, en el sentido tradicional marxista. “Solo la coerción o la explotación llevan a la alienación en una relación laboral. En el neoliberalismo desaparece la coerción externa, la explotación ajena. En el neoliberalismo, trabajo significa realización personal u optimización personal. Uno se ve en libertad. Por lo tanto, no llega la alienación, sino el agotamiento. Uno se explota a sí mismo, hasta el colapso. En lugar de la alienación aparece una autoexplotación voluntaria. Por eso, la sociedad del cansancio como sociedad del rendimiento no se puede explicar con Marx. La sociedad que Marx critica, es la sociedad disciplinaria de la explotación ajena. Nosotros, en cambio, vivimos en una sociedad del rendimiento de autoexplotación”. El hombre se ha convertido en un ANIMAL LABORANS, “verdugo y víctima de sí mismo”, lanzado a un horizonte terrible: el fracaso”

El Prometeo cansado


El mito de Prometeo puede reinterpretarse considerándolo una escena del aparato psíquico del sujeto de rendimiento contemporáneo, que se violenta a sí mismo, que está en guerra consigo mismo. En realidad, el sujeto de rendimiento, que se cree en libertad, se halla tan encadenado como Prometeo. El águila que devora su hígado en constante crecimiento es su álter ego, con el cual está en guerra. Así visto, la relación de Prometeo y el águila es una relación consigo mismo, una relación de autoexplotación. El dolor del hígado, que en sí es indoloro, es el cansancio. De esta manera, Prometeo, como sujeto de autoexplotación, se vuelve presa de un cansancio infinito. Es la figura originaria de la sociedad del cansancio.

Kafka emprende una reinterpretación interesante del mito en su críptico relato «Prometeo»: «Los dioses se cansaron; se cansaron las águilas; la herida se cerró de cansancio». Kafka se imagina aquí un cansancio curativo, un cansancio que no abre heridas, sino que las cierra. La herida se cerró de cansancio. Asimismo, el presente ensayo desemboca en la reflexión de un cansancio curativo. Tal cansancio no resulta de un rearme desenfrenado, sino de un amable desarene del Yo.

HAN, Byung-Chul

La sociedad del cansancio
Pensamiento Herder


síntesis ´
Byung-Chul Han, una de las voces filosóficas más innovadoras que ha surgido en Alemania recientemente, afirma en este inesperado best seller, cuya primera tirada se agotó en unas semanas, que la sociedad occidental está sufriendo un silencioso cambio de paradigma: el exceso de positividad está conduciendo a una sociedad del cansancio. Así como la sociedad disciplinaria foucaultiana producía criminales y locos, la sociedad que ha acuñado el eslogan Yes We Can produce individuos agotados, fracasados y depresivos.

Según el autor, la resistencia solo es posible en relación con la coacción externa. La explotación a la que uno mismo se somete es mucho peor que la externa, ya que se ayuda del sentimiento de libertad. Esta forma de explotación resulta, asimismo, mucho más eficiente y productiva debido a que el individuo decide voluntariamente explotarse a sí mismo hasta la extenuación. Hoy en día carecemos de un tirano o de un rey al que oponernos diciendo No. En este sentido, obras como Indignaos, de Stéphane Hessel, no son de gran ayuda, ya que el propio sistema hace desaparecer aquello a lo que uno podría enfrentarse. Resulta muy difícil rebelarse cuando víctima y verdugo, explotador y explotado, son la misma persona.

Han señala que la filosofía debería relajarse y convertirse en un juego productivo, lo que daría lugar a resultados completamente nuevos, que los occidentales deberíamos abandonar conceptos como originalidad, genialidad y creación de la nada y buscar una mayor flexibilidad en el pensamiento: “todos nosotros deberíamos jugar más y trabajar menos, entonces produciríamos más”. ¿O es acaso una coincidencia que los chinos, para quienes originalidad y genialidad son conceptos desconocidos, sean los responsables de casi toda invención –desde la pasta hasta los fuegos artificiales- que ha dejado huella en Occidente? Sin embargo, esto no deja de ser para el autor una utopía inalcanzable para una sociedad en la que todos, incluso el ejecutivo mejor pagado, trabajamos como esclavos aplazando indefinidamente el ocio.

La sociedad del cansancio. Byung-Chul Han


Publicado en 21 noviembre, 2013 por Ana March en Reseñas



El suicidio causa más muertes anuales que las que suman en conjunto las guerras y los homicidios. La Organización Mundial de la Salud estima que para el año 2020 la cifra anual de personas que deciden poner fin drásticamente a su existencia aumente a un millón y medio de personas. Así mismo las enfermedades neuronales, la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, el trastorno límite de la personalidad o el síndrome de desgaste ocupacional, entre otras, se han vuelto el mayor problema de salud de nuestro tiempo, con índices que deben ser entendidos como los de una gran pandemia global.

El filósofo coreano Byung-Chul Han, en su libro
‘La sociedad del cansancio’ (convertido en un inesperado best seller en Alemania, y editado en España por Herder Editorial en 2012), explora la sutil interacción entre el discurso social y el discurso biológico tomando como base la permeabilización que se efectúa entre ambos, para denunciar un cambio de paradigma que, según explica, está pasando inadvertido. Su teoría va más allá del trabajo de filósofos como Peter Sloterdijk, Roberto Espósito o Jean Baudrillard, quienes ya habían explorado esta interconectividad y a quienes Byung-Chul Han refuta, preconizando que ya no vivimos en una sociedad inmunológica, sino que la violencia inmanente al sistema es neuronal y, por tanto, no desarrolla una reacción de rechazo en el cuerpo social.

 



Michael Mozolewski

 

La violencia neuronal

“Toda época tiene sus enfermedades emblemáticas. Así, existe una época bacterial que, sin embargo, toca a su fin con el descubrimiento de los antibióticos. A pesar del manifiesto miedo a la pandemia gripal, actualmente no vivimos una época viral. La hemos dejado atrás gracias a la técnica inmunológica. El comienzo de siglo XXI, desde un punto de vista patológico, no sería ni bacterial ni viral, sino neuronal”, escribe Byung-Chul.

Según se desprende de ‘La sociedad del Cansancio’ el siglo pasado puede definirse desde su propia perspectiva inmunológica: entonces existía una clara división entre el adentro y el afuera, el enemigo y el amigo o entre lo propio y lo extraño. También la guerra fría obedecía a este esquema. El paradigma inmunológico estaba dominado por completo por el vocabulario de la guerra fría, es decir, se regía conforme a un verdadero dispositivo militar. Ataque y defensa determinaban no solo la acción del organismo  en el campo biológico sino también el comportamiento del conjunto de la sociedad. Lo extraño era rechazado aunque no encerrara en sí mismo ninguna intención hostil.  El objeto de resistencia, tanto en lo biológico como en lo social, era la extrañeza.

Con el fin de la guerra fría, explica Byung-Chul Han, paradójicamente, se da también un cambio de paradigma inmunológico en el seno mismo de la biología: la inmunóloga norteamericana Polly Matzinger rehúsa  el concepto de “propio y extraño” y desarrolla un nuevo modelo en el cual define que el comportamiento del organismo diferencia entre “amistoso y peligroso”. Lo que significa que la resistencia inmunológica no se basa en la extrañeza, sino que distingue al intruso que se comporta de manera destructiva en el interior del organismo, y lo rechaza, pero mientras lo extraño no llame la atención en este sentido, la resistencia inmunológica no lo afecta. La idea de Matzinger develó que el sistema inmunitario biológico es más generoso de lo que hasta entonces se pensaba, pues no conoce ninguna xenofobia, manifestando que la antigua concepción de propio y extraño, de ataque y defensa, se correspondía con una reacción exagerada e incluso nociva para el propio desarrollo.

Ahora bien, atendiendo a lo que nos dice Byung-Chul Han, este cambio de paradigma en lo biológico también tuvo su correspondencia en el plano social. Desde el fin de la guerra fría la sociedad se ha sustraído a la idea de la “otredad” sustituyéndola  por la inofensiva “diferencia”. La extrañeza ha desaparecido, el nuevo esquema de organización ha dejado atrás al sujeto inmunológico convirtiendo al individuo en consumidor y turista de lo exótico. Así, la negatividad que era el rasgo fundamental de la inmunidad, de lo otro como negatividad, es reemplazado por la dialéctica de la positividad y su “totalitarismo de lo idéntico”, como lo definió Baudrillard, marcada por la desaparición de la singularidad, la proliferación de la homogenización y la equivalencia, así como por una sobreabundancia de los sistemas de comunicación, información y producción, que no generan una reacción de rechazo inmunológico en la sociedad, así como la obesidad no produce una reacción inmunitaria en el organismo. La diferencia soberana que distinguía lo uno de lo otro ha desaparecido y ahora lo que impera es lo idéntico.

Es en la sobreabundancia de lo idéntico, en ese exceso de positividad que no crea anticuerpos, no genera ningún rechazo ni implica ninguna negatividad, donde Byung-Chul Han encuentra las razones para explicar la proliferación de los estados patológicos neuronales. La violencia hoy ha dejado de responder a los esquemas inmunológicos virales de lo propio y lo extraño, como la planteaba Baudrillard. La violencia hoy es neuronal e inmanente al sistema, sentencia el autor, quien atribuye al “superrendimiento”,  la “supercomunicación” y la “superproducción” actual las razones que generan un colapso del Yo, en lo que denomina “infartos psíquicos”.

Atendiendo a ‘La sociedad del cansancio’ el agotamiento, la fatiga, la sensación de asfixia son manifestaciones de esa violencia neuronal que se ve proyectada  desde el corazón mismo del sistema y se infiltra por todas partes en una sociedad permisiva y pacífica. La positivización del mundo ha permitido esta nueva forma de violencia. Al encontrar el espacio de lo idéntico libre de negatividad, sin ninguna polarización entre amigo y enemigo, entre adentro y afuera, se constituye una forma de terror de la inmanencia.

 



 Más allá de la sociedad disciplinaria

Según explica Byung-Chul Han la sociedad disciplinaria de Foucault, con sus cárceles, hospitales y psiquiátricos ya no se corresponde con la sociedad de hoy en día. Una nueva sociedad de gimnasios, torres de oficina, laboratorios genéticos, bancos y grandes centros comerciales componen lo que el autor denomina la sociedad de rendimiento. El anterior “sujeto de obediencia” ha sido reemplazado por el “sujeto de rendimiento”. Aquellos viejos muros que delimitaban lo normal de lo anormal y toda la negatividad de la dialéctica que encerraba la sociedad disciplinaria han caído, hoy la sociedad positiva de rendimiento ha reemplazado la prohibición por el verbo modal “poder”, con su plural afirmativo “Yes, we can”. Las motivaciones, el emprendimiento, los proyectos y  la iniciativa han reemplazado la prohibición, el mandato o la ley.

Según se explica en el libro la antigua técnica disciplinaria con su esquema de prohibición, después de cierto punto de productividad alcanza un límite bloqueante e impide un crecimiento de la producción. Con afán de maximizar la producción -algo al parecer inherente al inconsciente social-, se ha reemplazado el paradigma disciplinario por el de rendimiento. La positividad de “poder” es más eficiente que la negatividad del “deber”. De este modo el inconsciente social ha pasado del deber al poder, pero sin anularse uno a otro, esto es, como una continuidad: el sujeto de rendimiento sigue disciplinado.

En su trabajo ‘La fatiga de ser uno mismo. Depresión y sociedad’, A. Ehrenberg situó la depresión como consecuencia del paso de una sociedad disciplinaria a una sociedad de rendimiento, esto es, debido a  la desaparición de los roles que otorgaba la sociedad de control y la posterior inducción a la iniciativa personal que obliga a devenir por uno mismo. En este planteamiento Byung-Chul Han ve discutible el que no se haya reparado en la presión por el rendimiento a la que se ve sometido el individuo actualmente, “en realidad, lo que enferma no es el exceso de responsabilidad e iniciativa, sino el imperativo del rendimiento como nuevo mandato de la sociedad de trabajo tardomoderna”, y su libertad paradógica.

 

El sujeto de rendimiento



Michael Mozolewski

El sujeto de rendimiento se encuentra en guerra contra sí mismo, sentencia Byung-Chul. Libre de un dominio externo que lo obligue a trabajar o lo explote, sometido sólo a sí mismo,  “el sujeto de rendimiento se abandona a la libertad obligada o la libre obligación de maximizar su rendimiento. El exceso de trabajo se agudiza y se convierte en autoexplotación.  Esta es mucho más eficaz que la explotación por otros, pues va acompañada de un sentimiento de libertad”.

El exceso de positividad también ha variado la estructura y la economía de la atención, la superabundancia de estímulos e informaciones ha provocado la fragmentación y la dispersión de la percepción. Esta fragmentación o  atención “multitasking” (multitarea) a la que se somete el sujeto contemporáneo es una capacidad que no solo aparece en el ser humano, explica el autor, sino que está ampliamente extendida en los animales salvajes. El multitasking es una técnica de supervivencia vital en la selva: un animal salvaje debe estar atento en todo momento a los diferentes elementos de su entorno para evitar ser devorado por otros depredadores. Esto imposibilita sumergirse en la contemplación. La capacidad de atención profunda y contemplativa, de la cual descienden los grandes logros de la humanidad, está siendo reemplazada progresivamente por la hiperatención y la hiperactividad.

La agitación permanente, la supremacía de la vida activa que es ampliamente alabada en la sociedad de rendimiento no genera nada nuevo, reproduce y acelera lo ya existente, escribe Byung-Chul Han.  La histeria y el nerviosismo imperante de la moderna sociedad activa, necesita a su vez del dopaje para un rendimiento sin fricciones: “La sociedad del rendimiento, como sociedad activa, está convirtiéndose paulatinamente en una sociedad de dopaje”, a lo que agrega que el uso de drogas inteligentes, que posibiliten el funcionamiento sin alteraciones y maximicen el rendimiento, es una tendencia bien argumentada incluso por científicos serios que ven hasta  irresponsable el no hacer uso de tales sustancias. El ser humano en su conjunto, no solo el cuerpo, se está convirtiendo paulatinamente en una “máquina de rendimiento”.

“El cansancio de la sociedad de rendimiento es un cansancio a solas, que aísla y divide” concluye el autor. “Estos cansancios son violencia, porque destruyen toda comunidad, toda cercanía, incluso el mismo lenguaje.” Atormentan con la imposibilidad de mirar y con la mudez. Utilizando el ‘Ensayo sobre el cansancio’ de P. Handke, Byung-Chul Han teoriza sobre el  cansancio del Yo que agotado se convierte en permeable para el mundo y  desarma y afloja la atadura de su identidad. Las cosas se le vuelven más imprecisas, más permeables y pierden algo de determinación. El cansancio de la potencia positiva, por agotamiento, incapacita, confiere indiferencia  y esta especial indiferencia otorga a los cansados un aura de cordialidad. Suprimiendo la rígida delimitación que divide unos de otros, este cansancio hace posible una comunidad que no necesite de pertenencia ni parentesco, unida por una profunda afabilidad, por un cordial levantamiento de hombros. De esta manera, “la sociedad venidera podría denominarse sociedad del cansancio”.

 Sobre el autor: Byung-Chul Han, de origen coreano, estudió filosofía en la Universidad de Friburgo y Literatura Alemana y Teología en la Universidad de Múnich. En 1994 se doctoró por la primera de dichas universidades con una tesis sobre Martin Heidegger. En la actualidad es profesor de Filosofía y Teoría de los medios en la Escuela Superior de Diseño de Karlsruhe. Autor de más de una decena de títulos, ‘La sociedad del cansancio’ es su primera traducción al castellano.




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