Teorías del desarrollo humano: una introducción




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DESARROLLO PSICOLOGICO

Teorías del desarrollo humano: una introducción
¿Qué es lo básico de la naturaleza humana? ¿Somos esencialmente seres racionales o estamos orientados a una meta? ¿Nos impulsan las pasiones? ¿Cómo aprendemos (por descubrimiento, comprensión súbita o por pequeños pasos secuenciales de creciente complejidad)? ¿Qué nos motiva (premios, dolor, curiosidad o impulsos internos)? ¿Qué es la conciencia y cómo se desarrolla? ¿Tenemos control sobre ella? ¿O la moldean fuerza internas y externas que están fuera de nuestro control? Algunas veces estudiamos la psicología del desarrollo para buscar una respuesta a esas preguntas básicas. La respuesta que encontremos se basará en una teoría particular, o sea un conjunto de superposiciones o principios relativos al comportamiento humano.

Las teorías dan forma a lo que de otra manera sería una masa incontrolable de datos. Los psicólogos se valen de las teorías para formular cuestiones significativas, para seleccionar y organizar sus datos para entenderlos dentro de un marco de referencia más amplio. El resultante cuerpo de información, junto con una teoría más general, le permite hacer nuevas predicciones respecto a la futura conducta del hombre.

¿Cómo reacciona usted al ver miembros de una pandilla callejera? ¿Piensa que son delincuentes o víctimas de la sociedad? ¿Deben ser temidos, respetados o despreciados? ¿Por qué las personas se unen a esas pandillas? ¿Acaso lo hacen por amistad? ¿Por presiones de los compañeros? ¿Para luchar contra otras pandillas callejeras? La respuesta que dé a estas preguntas, la información que busca cuando las examina y las soluciones que proponga al problema (si es que existe un problema) depende de sus teorías personales referentes a lo que ocasiona y motiva el comportamiento humano.
Si reflexiona sobre las preguntas formuladas en la introducción del presente capítulo, seguramente advertirá que usted tiene sus propias “teorías” acerca de las respuestas más adecuadas. Tiende a una u otra explicación de un problema concreto, y las suposiciones implícitas en su explicación tienen que ver mucho con lo que piensa de las otras personas. Por ejemplo, quizá opine que los delincuentes juveniles son responsables de sus actos o víctimas del ambiente o formación de sus primeros años. Puede creer que los niños de 6 años son capaces de decidir por sí mismos lo que deben estudiar en la escuela o quizá piense que no saben realmente lo que quieren. Seguramente tiene sus ideas sobe el grado en que cada persona es responsable por sus actos y el grado en que puede esperarse que la razón humana dirija acertadamente los actos del hombre.

¿Por qué es importante entender las teorías del comportamiento humano? Un buen conocimiento de las que existen nos dan la objetividad necesaria para evaluar nuestras ideas, actos y reacciones. Es importante que reexaminemos las suposiciones en que se fundan nuestras creencias para comprobar si tienen sentido, si corresponden a los hechos y lo que se deduce de ellas. Así pues, si estamos familiarizados con las principales teorías podemos analizar, evaluar y corregir nuestras intuiciones y nuestras propias “teorías” referentes a la conducta humana.

Además de ayudarnos a comprender nuestras formas de pensar, el conocimiento de las principales teorías nos hace más eclécticos. Nos familiarizaremos, pues, con varias teorías que nos ayudan a explicar el desarrollo humano. Siempre conviene estudiar el comportamiento con otro “par de anteojos”, abandonar nuestro marco de referencia habitual con objeto de percibir el valor de otras explicaciones.

También muchos psicólogos son eclécticos. Escogen de las múltiples teorías los aspectos que les ayuden en su trabajo. Casi todos ellos han recibido el influjo de teorías propuestas por otros. Por consiguiente, al describir las que se incluyen en el presente capítulo, nos pretendemos imponer una etiqueta a los psicólogos, sino tan solo presentar los lineamientos básicos de algunas de las concepciones más comunes.


Teorías del aprendizaje
Estas teorías encuentran la clave de la naturaleza de cada individuo en la forma en que lo moldea el ambiente. Conforme a este punto de vista, en general todo comportamiento se adquiere y ello se logra mediante el aprendizaje. El aprendizaje es un proceso generalizado. No se limita únicamente a la enseñanza formal; también comprende la adquisición de la moral, los prejuicios y los manierismos como los gestos y hasta el tartamudeo. Abarca un amplio espectro de conductas. Los teóricos del aprendizaje conciben el desarrollo a través de la vida como una acumulación gradual del conocimiento, destrezas, memorias y competencias. El niño se convierte en adolescente y luego en adulto primordialmente por la adicción de experiencias y aprendizaje gradual y constante, cual a su vez da origen a más habilidades y conocimientos.

Suposiciones sobre la naturaleza humana
Seres reactivos. Las teorías del aprendizaje establece que el hombre no es bueno ni malo, si no un ser reactivo: se limita a reaccionar y responder ante su ambiente. Cada persona es formada y moldeada por el proceso de asociación de estímulos y sus respuestas o por la asociación de comportamiento y sus consecuencias. El proceso de aprendizaje se realiza en forma más bien automática. Algunos califican de mecanicista a esta explicación. En efecto, para ella el hombre es una máquina que es puesta en marcha por una entrada (estímulo) y que después produce una salida (respuesta). A las teorías del aprendizaje no les interesa analizar lo que ocurre entre el estímulo y la respuesta. La mente, y en particular sus estados internos, no pueden ser observados ni descritos fácilmente desde el exterior. Los teóricos del aprendizaje no confían en que la gente puede proporcionar informes exactos sobre sus pensamientos y sentimientos. En consecuencia, no prestan mucha atención a la mente.

Este modelo de aprendizaje ha sido llamado también determinista. Se piensa que toda la conducta del individuo, de la cual forman parte los valores, actitudes y respuestas emocionales, está determinada por el ambiente pasado o actual. De ahí que se juzguen irrelevantes conceptos como culpa, respeto o dignidad. De acuerdo con ésta teoría, las personas son producto de su historial de aprendizaje y por eso sus actos no deben condenarse ni elogiarse. El título de un libro escrito por uno de los teóricos modernos de esta tendencia expresa lo anterior muy elocuentemente: Beyond Freedom and Dignity, obra de B. F. Skinner (1971), implica que la conducta humana está programada y, por ello, escapa al control del sujeto.
Una ciencia de la conducta humana. Los psicólogos pertenecientes a la tradición de la teoría del aprendizaje se han propuesto desarrollar una “ciencia en la conducta humana”. Sus suposiciones las fundan en una base de datos empíricos, es decir, reúnen sus “hechos” observando lo que realmente ocurre en la naturaleza o en el laboratorio, sin importar lo que establezca la teoría que habrá de suceder. Estudian la conducta humana en forma muy parecida a como otros estudian la biología o la física. Los investigadores definen y controlan con mucho rigor los estímulos presentes en la situación experimental y luego observan y registran las respuestas conductuales de los sujetos frente a dichos estímulos. El método trata de ser lo más objetivo posible, generalmente sirviéndose de un “enfoque inductivo”. Ello significa que los investigadores no comienzan con un “gran diseño” como hacen algunos teóricos. Por el contrario, construyen su teoría poco a poco, parte por parte, partiendo de experimentos sencillos y pasando luego a otros más intrincados. Gradualmente aplican al comportamiento humano los principios básicos del comportamiento animal que han descubierto en el laboratorio.

En los últimos 50 a 75 años, muchos teóricos del aprendizaje confiaban reducir toda la conducta humana a una cadena de unidades simples. La unidad básica, o estructura primaria, del comportamiento era el binomio estímulo-respuesta, o sea la unidad E-R. La meta de la psicología del aprendizaje consistía en describir en forma precisa y exacta cómo se adquieren o se “aprenden” dichas unidades, cómo se retienen o recuerdan, en qué condiciones desaparecen, cómo se enlazaron en cadenas, etcétera. Esta forma de estudiar el comportamiento a partir de una “estructura fundamental” dio origen a muchísimas investigaciones y culminó en algunos descubrimientos de gran interés. Sin embargo, según veremos al evaluar las teorías del aprendizaje, ciertos aspectos del comportamiento no pueden ser explicados por este modelo.


Procesos del aprendizaje
Pese a que la expresión proceso del aprendizaje se utiliza generalmente en todas las teorías del desarrollo humano para describir cómo aprenden los seres humanos, los teóricos de ésta tendencia han creado un significado especial para tal designación. Han puesto la conducta humana en dos categorías generales. O actuamos en respuesta automática ante los estímulos (la pupila se contrae ante la luz brillante; el recién nacido succiona al meterle un dedo en la boca) o actuamos voluntariamente (un niño patea un balón; una mujer pinta un cuadro). Con los calificativos respondiente y operante se designan dos tipos de comportamiento. En el comportamiento respondiente, un estímulo o un conjunto de condiciones suscita una respuesta particular. En el comportamiento operante, el individuo actúa sobre el ambiente o emite una acción.

Algunas veces el mismo comportamiento puede ser a la vez respondiente y operante. Meter un dedo en la boca de un recién nacido provoca una reacción de succión; pero los lactantes mayores tienen cierto grado de control voluntario sobre la succión: pueden iniciarla, interrumpirla, aminorarla o acelerarla a discreción. El reflejo rotuliano puede ser respondiente y operante al mismo tiempo. Al golpear el médico la pierna del paciente, éste reacciona con un puntapié; pero el paciente puede patear el cualquier otro momento.
Condicionamiento clásico. El proceso de aprendizaje por condicionamiento varía según se aplique al comportamiento respondiente u operante. El condicionamiento clásico toma un comportamiento respondiente y lo somete al control de un estímulo previamente neutral. Los experimentos de Iván Pavlov (1928) figuran entre los ejemplos más famosos. Pavlov observó que los perros salivaban cuando les ofrecían comida. Comenzó al golpear un diapasón al momento de darle comida a un perro. Y varias veces repitió el apareamiento del estímulo neutral (el diapasón) con el alimento. Poco después bastaba hacer sonar el diapasón para que el animal salivara, aún cuando no podía ver ni oler la comida. El diapasón había llegado a suscitar con el tiempo la misma respuesta que la comida había siempre producido en el perro. El diapasón se había convertido en un estímulo condicionado.

Se considera que también las reacciones emocionales son fáciles de condicionar. Un famoso experimento referente al condicionamiento clásico del temor fue efectuado por John B. Watson, el creador de la escuela conductista de la cual proviene gran parte de la teoría del aprendizaje. Un niño de 11 meses, Albert, fue el sujeto del experimento de Watson y Rayner (1920). A Albert le pusieron enfrente una rata blanca. Al principio no mostró temor alguno ante el animal, pero luego los experimentadores produjeron un fuerte ruido metálico cada vez que le mostraban la rata, haciendo que el niño llorara y se alejara gateando. Unos cuantos apareamientos del estímulo previamente neutral con el ruido desagradable hicieron que Albert manifestara ansiedad y miedo ante la rata sola. Se sabe que el niño pronto adquirió un verdadero terror frente a otros objetos blancos o afelpados; incluso la barba de Santa Claus le provocaba miedo. La difusión de una respuesta a otros estímulos semejantes recibe el nombre de generalización del estímulo.

El caso de Albert constituye un ejemplo impresionante del condicionamiento mediante la generalización de estímulos, aunque el experimento fue bastante cruel y poco preciso desde el punto de vista experimental (Harris, 1979). Podemos ver un paralelo evidente en la vida cotidiana de los niños.

Les causan miedo los uniformes blancos de los médicos o los olores a medicamentos porque asocian esas cosas con experiencias desagradables; por ejemplo, con las inyecciones dolorosas. Las reacciones emocionales positivas pueden ser condicionadas al mismo modo que las negativas. Las reacciones de relajación o placer son asociadas fácilmente a estímulos anteriormente neutrales, como una vieja canción de evoca el recuerdo de un hermoso día en la playa o la emoción de un baile de graduación.

Si alguien llega a asociar un estímulo previamente neutral, como la rata en el caso de Albert, con un estado emocional desagradable, ¿qué puede hacerse para invertir esa respuesta condicionada? En el contracondicionamiento, al sujeto se le introduce poco a poco al estímulo previamente neutral en presencia de un estímulo condicionante fuerte y contrario al anterior (por ejemplo, se presenta a cierta distancia una rata enjaulada). Con ello pronto se invierte el patrón de respuesta condicionada negativa.

Wolpe, Salter y Reyna (1964) han aplicado el contracondicionamiento para tratar fobias comunes como el miedo a volar o conducir, el temor a las figuras de autoridad y a los hospitales, fobias en las cuales los estímulos condicionados son cosas como la altura, los uniformes, los olores de hospitales y “el jefe”. La técnica más común de contracondicionamiento es el adiestramiento en la relajación o desensibilización. Al cliente se le enseña a relajarse profundamente, y en ese estado se le dice que imagine que está acercándose a la situación que le causa miedo. Cada vez que siente tensión, de inmediato se le indica interrumpir la imagen y volver al estado de relajación. Al repetir varias veces el apareamiento, la respuesta de relajación reemplaza a la anterior respuesta de ansiedad, primero la imagen y finalmente el acontecimiento u objeto real. Dos procesos intervienen al mismo tiempo en el contracondicionamiento: la antigua respuesta desaparece poco a poco porque no es reforzada activamente; mientras tanto, el cliente aprende una nueva respuesta apuesta mediante el proceso de condicionamiento clásico.
Condicionamiento operante. Los ejemplos anteriores han ilustrado el comportamiento respondiente y el condicionamiento clásico. Pero tales procedimientos no se aplican muy bien a la conducta más compleja, como aprender a conducir un automóvil, jugar al béisbol o recitar poemas. Estos son ejemplos de comportamiento operante principalmente. El condicionamiento operante difiere en un aspecto muy importante del condicionamiento clásico: no es posible suscitar automáticamente la conducta. Esta debe ocurrir antes de poder ser fortalecida por el condicionamiento operante, las conductas reforzadas o premiadas tienen mayores probabilidades de ocurrir.

Edward Thorndike (1911) efectuó experimentos sobre ese comportamiento voluntario con gatos. Estos eran metidos en una caja con laberinto y aprendían por sí mismos a escapar de ella o conseguir alimento al manipular el pasador que abría la puerta. En este fenómeno de aprendizaje Thorndike vio lo que llamó ley del efecto: las consecuencias de un comportamiento determinan la probabilidad de que se repetido. Al ser colocados por primera vez dentro de la caja, los gatos solían explorar el interior y por mera casualidad oprimían el pasador. Pero el reforzamiento por medio de la comida fortaleció esa acción hasta que los animales abrían la puerta inmediatamente después de ser metidos en la caja. Años más tarde, en su trabajo con ratas y pichones, B. F. Skinner dio el nombre de condicionamiento operante a esta clase de aprendizaje. En sus experimentos Thorndike (y después Skinner) utilizó el reforzamiento positivo en forma de alimento para consolidar las respuestas deseadas. Pero en la vida real el reforzamiento positivo puede ser además un gesto de aprobación o un obsequio.

El comportamiento operante también puede aprenderse por medio del condicionamiento de evitación, en el cual el reforzamiento consiste en poner fin a un estímulo desagradable. Por ejemplo, se apaga una luz brillante, se interrumpe un ruido fuerte o se tranquiliza a un progenitor irritado. En el condicionamiento operante se aprende una respuesta a determinado estímulo (o conjunto de estímulos) al aparearla varias veces con un reforzamiento positivo.

¿Cómo puede utilizarse el condicionamiento operante para enseñar una acción compleja? Con mucha frecuencia la conducta final debe construirse o moldearse paso por paso. En el moldeamiento, se premian las aproximaciones sucesivas de la tarea final. Por ejemplo, supongamos que un niño está aprendiendo a ponerse los calcetines. Al inicio uno de sus padres le pone casi todo el calcetín, deja que el niño acabe la maniobra y luego lo elogia. Al día siguiente le pone el calcetín hasta la mitad y deja que el niño realice un poco más la maniobra. Al cabo de poco tiempo el niño sabrá ponerse los calcetines sin ayuda. Las máquinas de enseñanza, inventados por Skinner, aplican el principio del moldeamiento (Skinner, 1968). Con esas máquinas, los estudiantes aprenden en pequeños pasos sucesivos, comenzando con la solución de problemas sencillos y pasando paulatinamente a tareas de mayor complejidad. La respuesta o conducta deseada es reforzada en cada paso por retroalimentación (alguna forma de precio o reconocimiento) proveniente de la máquina o por la aparición de un nuevo problema bastante intrincado. En la actualidad algunos programas de computadora aplican los principios de moldeamiento.

Los teóricos del aprendizaje han ideado asimismo métodos de condicionamiento más complejos que utilizan diferentes programas (patrones) de reforzamiento y el encadenamiento (concatenación) de varias asociaciones o respuestas para producir el cambio de conducta.
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