¿Tienen las prácticas científicas una limitación moral o es lícito tratar de obtener conocimiento a cualquier precio? Si tomamos en cuenta el caso del libro de




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fecha de publicación07.08.2016
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      ¿Tienen las prácticas científicas una limitación moral o es lícito tratar de obtener conocimiento a cualquier precio? Si tomamos en cuenta el caso del libro de H. G. Wells, La isla del doctor Moreau, tendríamos de responder la pregunta que él mismo nos formula: ¿deberíamos tener el dolor (ajeno o propio) en consideración moral, es decir, como algo moralmente indeseable? Él nos muestra el dolor como algo innecesario, un mecanismo de supervivencia otorgado por la evolución (lo mismo sucedería con el placer), que ha quedado obsoleto y por lo tanto ha de ser suprimido de la raza humana; dada su inutilidad no puede ser establecido como bueno o malo moralmente, por lo que ha de ser ignorado hasta que la evolución lo destierre de nosotros con el paso de los años. Por otro lado, la facultad de sentir compasión no es otra cosa que la de hacer propio el dolor ajeno, por lo que la compasión debe ser también rechazada. Las consecuencias de aceptar ésta máxima y extrapolarla a todos los ámbitos de la moral son nefastas, ya que el dolor y el sufrimiento son indeseables para todos los seres humanos. Sin embargo, sí es posible establecer una moral más allá del bien y del mal en la que el papel de la compasión no sería del todo lícito, ya que si padecer dolor es indeseable, está también (la moral) lo es por la amargura que conlleva. De ésta forma gozaríamos de vía libre para todo tipo de prácticas por monstruosas que parezcan, incluso podríamos estar abiertos a la experimentación con humanos, por lo que habríamos de establecer una serie de límites que nos impidan volver a cometer atrocidades tales como las cometidas en Auswitch a manos de Mengele, entre tantos otros. No obstante ¿sobre qué otra cosa sino sobre la compasión o la simpatía podríamos fundar dichos límites? No hay una forma, hasta el momento, para poder juzgar ello.

Lo relevante y actual de la novela es que en este caso se trata de una crítica a la vivisección, práctica muy en boga en aquel momento y muy discutida. Hoy parece obvio que la vivisección se considera una barbaridad que se sigue aplicando aunque de forma más controlada en algunos campos de la investigación farmacéutica. Sin embargo ¿que tal si lo relacionamos con algo aun no tan “claro” como es el caso de la ingeniería genética?. Esto se reflejó en una película no demasiado buena de Marlon Brando.

Lo que Wells critica aquí es la falta de ética en nombre de la ciencia y eso hablando de experimentar con Animales… poco sospechaba Wells que posteriormente los Alemanes y los Japoneses utilizarían sujetos humanos para sus experimentos de vivisección.

También se habla de seguir los impulsos animales y de la libertad de seguir estos impulsos frente a la ley represora (¿la sociedad? ¿la moral? ¿la ética?) que algunos autores han relacionado con la homosexualidad reprimida, también por el hecho de que una vez enfrentado al “Bestialismo” no podía volver a sentirse “normal” con el resto de la gente. No voy a juzgar estas tesis que están documentadas en libros muy sesudos pero tampoco es que les de demasiado crédito.

En general lo valoro como lo que es: un libro del siglo XIX con vigencia hoy, un pionero en estos temas, sin embargo no lo pongo mejor por una sencilla razón: Al principio el prota parece bobo, se tiene que dar de bruces con la verdad y aún así le cuesta creerla. Pese a este detalle sigue siendo inquietante.

Este no es un librito para entretenerse, y si alguien vió los horrores que hollywood hizo basándose en este libro, seguramente ni se animarán a leerlo. Por ese lado lo entiendo, pero en realidad, Wells nunca imaginó que este libro fuera convertido en la bazofia que se hizo en cine, sino más bien, creo yo, es la de desnudar la estúpida ambición del hombre, que juega a ser Dios; en este caso, es el Dr. Moreau, quién valiendose de actos tremendamente crueles contra los animales y personas, decidió crear seres deformes, híbridos, mezcla de animales con partes humanas, mediante un repugnante método de tortura a esas pobres criaturas. Nunca olvidaré el aullido del leopardo, los gritos angustiantes de dolor producto de la vivisección. Se dice que Wells fue un gran amante de los animales, creo que en este caso, como así también en la "Guerra de los mundos", en donde la supremacía del hombre se ven aplastada por una fuerza superior extraterrestre, e irónicamente los que salvan a la humanidad, luego de ser casi destruida por completo, son unas bacterias que se filtran en el organismo de los extraterrestres, que ni los cañones, ni las balas ni toda la patética artillería que se emplea para destruir ciudades, que matan niños, mujeres, enfermos, ancianos y animales, pudieron vencer.rnEn fin, Wells va más allá, pero el cine destruye esa capacidad de análisis que tienen los libros, y que en este caso en particular me parece que es un detalle de vital importancia para la absoluta apreciación del libro y su mensaje.

Debido a este hecho, la complejidad filosófica de la novela queda reducida a poco más que presentar el arquetipo del científico loco (en la variante más pura, que no reconoce límites morales a sus investigaciones), aunque lo cierto es que hay mucho más en la (breve) narración original que queda eclipsado. En parte, también, cabe achacar esta circunstancia a ciertos problemas inherentes a la estructura de la propia obra, que parece dar bandazos al adentrarse por territorios ideológicos sensibles (no cabe descartar cierto oscurantismo premeditado para evitar una confrontación demasiado directa con la sociedad victoriana).

La idea de base, en contraposición con el resto de sus romances científicos más famosos, puede adscribirse con facilidad a una tradición literaria previa: el mito prometeico, cuya más temprana manifestación en la ciencia ficción (o protociencia ficción) es “Frankenstein o el moderno Prometeo” (1818), de Mary Shelley, y que desde entonces ha dejado una ingente prole de robots, productos de ingeniería genética y posthumanos de diversa índole. Eso sí, Wells lo actualiza a su época, yuxtaponiéndolo con una polémica muy viva, la de la cualidad moral de la vivisección de animales como método de investigación y formación médica.

Moreau, posiblemente, esté basado lejanamente en Claude Bernard, fisiólogo francés y principal defensor de la vivisección en Europa hasta su muerte en 1878 (lo que le costó, entre otros sinsabores, la ruptura de su matrimonio y la furibunda oposición de su exmujer y su hija), aunque Wells lleva la polémica un paso más allá. Para su doctor, la vivisección no sólo es un medio desagradable aunque necesario para obtener un fin deseable (el bienestar del ser humano), sino un proceso justificable por la obtención de un conocimiento puro (básicamente, comprobar hasta dónde es posible llegar). Al disociar la práctica viviseccionista de su justificación moral, Wells parece trazar los límites éticos de la experimentación científica, aunque en realidad deja el tema un poco en el aire, con una resolución maníquea que se apoya más en consecuencias circunstanciales que en un análisis profundo de la cuestión.

Al parecer, otros temas reclaman su atención, y no hay mucho espacio en una obra tan corta para desarrollarlos todos.

Por ejemplo, está la consideración del hombre como animal, que parte de las ideas evolucionistas de Darwin, transmitidas a Wells por mediación de Thomas Henry Huxley (a quien se menciona específicamente en la novela como mentor de Prendick). Si mediante el uso de la cirugía es posible humanizar a un animal (alterando su laringe para permitirle hablar, modificando sus articulaciones para permitirle erguirse, dotándolo de manos, cortando y pegando un poco por el cerebro…), entonces la diferencia entre ambos se difumina hasta convertirse en poco más que una convención artificial.

Cabe recordar que a finales del siglo XIX la teoría de la evolución estaba aún lejos de constituir un corpus conceptual maduro y universalmente admitido. El hecho de que el hombre y los animales poseían un ancestro común era todavía polémico, así que el paso adicional de Wells de borrar la distinción constituye todo un desafío. Y no contento con ello, sube la apuesta introduciendo la posibilidad de la degeneración. Los animales modificados de Moreau, ante el estímulo adecuado, revierten a comportamientos atávicos bestiales, un destino que podría no ser ajeno a los hombres que, después de todo, no son sino animales modificados por la evolución (el concepto de “degeneración” en un contexto darwinista proviene de la obra del zoólogo Ray Lankester).

A partir de aquí entra de lleno en la crítica social, y lo hace, como no podía ser de otra forma, con una base filosófica sólida. Una degeneración espontánea no es científica. Hace falta un disparador. Por ejemplo la muerte de Dios.

La verdad es que no he encontrado análisis que apoyen las reflexiones que voy a intentar exponer a continuación (es sorprendente cuan poco se puede encontrar en internet sobre la novela), pero se me antoja una interpretación bastante sólida.

El papel de Moreau en su isla es doble. Por una parte es el Creador, por otra es quien imparte justicia, castigando a quienes infringen la ley (ambas facetas se llevan a cabo en la Casa del Dolor, que es como los animales denominan a su laboratorio). La moral transmitida a través de mandatos (no comer carne ni pescado, no andar a cuatro patas, no utililzar las garras…) se sustentan en el conocimiento superior y en la promesa de castigo. No surge del interior, sino que es impuesta. Cuando Moreau muere (existe una rebelión, instigada en cierta medida por Prendick al sembrar la duda sobre la omnisciencia del doctor, pero el funesto resultado tiene mucho de accidental), el pilar sobre el que se asienta el sistema de valores se desmorona y, pese al desesperado intento de Prendick por apuntalarlo (afirmando que Moreau no ha muerto, sino que sólo ha dejado atrás su cuerpo y aún observa a sus creaciones desde los cielos), la pérdida del referente moral supone un golpe definitivo para la humanidad de los animales.

Todo ello parece inspirado en las ideas de Nietzsche. En particular, en su crítica a la cultura occidental que caracteriza su primer período, donde expone las consecuencias de la secularización de la sociedad ante el declive del cristianismo (es decir, ante la muerte de Dios). El proceso que se vive en la isla (incluyendo la formulación de la famosa frase en referencia a Moreau) es similar al esbozado por el filósofo hasta “La gaya ciencia”, sin incluir la reconstrucción nihilista que se inicia con “Así habló Zaratustra” (que no se tradujo al inglés hasta 1896). De hecho, aunque Wells, como ateo convencido, pudiera coincidir con el autor alemán en su juicio sobre la pervivencia de los valores tradicionales de la cultura occidental en el nuevo contexto intelectual, su idealismo socialista a buen seguro le hizo rechazar la evolución posterior del pensamiento nietzschiano.

La necesidad de mantener los paralelismos más o menos disimulados (aunque no se corta en comparar la palabrería grandilocuente y sin sentido de un mono modificado con los sermones del cura de su pueblo), así como, sobre todo, la carencia de una resolución satisfactoria (se apunta a que Prendick encuentra consuelo a la angustia metafísica que le deja como secuela su estancia en la isla en la ciencia, pero esto apenas ocupa unas líneas en el epílogo), trunca un tanto la evolución filosófica de la novela, dejándola en un terreno ambiguo que podría explicar su consideración como la “menos buena” de entre sus grandes obras (el estilo llano y expositivo, muy victoriano, de Wells, que no casa bien con las necesidades de la obra en las abundantes escenas de acción y tensión, juega también en su contra).

En una isla hermosa engañosamente en los Mares del Sur existe el reino de siniestros del doctor Moreau. Náufragos en este aparente paraíso, el infortunado Edward Prendick tropieza con las creaciones salvajes bestiales del médico sádico y entra en un mundo extraño y aterrador de un médico que interpreta a un Dios malo y cruel crea monstruosidades de los seres vivos.

La isla del doctor moreau es una novela de ciencia ficcion de 1896 escrita por h,g wells. Es contada desde el punto de vista de un hombre llamado Edward Prendick que naufraga, rescatado por un barco que pasaba, y luego a la izquierda en la nave de destino s por la tripulación de la nave, junto con la carga de animales exóticos. La isla es el hogar de un científico llamado Dr. Moreau, que está llevando a cabo experimentos extraños y crueles sobre los animales que ha importado, tratando de crear seres sintientes de los animales. La novela trata de varios temas filosóficos, como la necesidad de asumir la responsabilidad de las cosas que creamos, la pregunta de qué hace a un hombre un hombre, la crueldad de la naturaleza y del hombre, y los peligros de tratar de controlar la naturaleza.
Por lo tanto la novela Cuando fue escrita en 1896, la sociedad europea fue absorbido con la preocupación por la degeneración y la comunidad británica el científico se vio envuelto por los debates sobre la vivisección de animales. Los grupos de interés se formaron incluso a abordar la cuestión: la Unión Británica para la Abolición de la Vivisección se formaron dos años después de la publicación de la novela. Se comienza con el protagonista, un caballero de clase alta llamado Edward Prendick, que se vio naufragar en el océano. Un barco que pasaba lo lleva a bordo, y un hombre llamado Montgomery lo revive. Él explica a Prendick que se dirigen a una isla sin nombre donde trabaja, y que los animales a bordo de la nave viaja con él. Prendick también conoce a un nativo grotesco y bestial llamado m'ling, que parece ser Montgomery  sirviente. Cuando llegan a la isla, sin embargo, tanto el capitán de la nave y Montgomery se niegan a tomar Prendick con ellos, dejando en él entre el barco y la isla. La tripulación, le empuja de nuevo en el bote salvavidas de los que lo rescató. Cuando ven que el barco realmente tiene la intención de abandonarlo, los isleños se apiadan y terminan volviendo para él. Cuando llegan a la isla, Montgomery presenta Prendick al doctor Moreau, un hombre frío y preciso, que lleva a cabo investigaciones en la isla. Después de la descarga de los animales desde el barco, deciden Prendick casa en una habitación exterior del recinto en el que viven. Prendick es sumamente curioso acerca de lo que Moreau investigaciones en la isla, especialmente después de que cierra la parte interior del recinto sin explicar por qué. Prendick de repente recuerda que él ha oído hablar de Moreau, y que había sido un eminente fisiólogo en londres antes de que un periodista expone sus experimentos horribles en la vivisección.

 Al día siguiente, Moreau comienza a trabajar en un puma, y ​​sus gritos desesperados de unidad Prendick a la selva. A medida que se pasea, se encuentra con un grupo de personas que parecen humanos pero tienen un parecido inconfundible con los cerdos. Mientras camina de vuelta a la caja, de repente se da cuenta de que se está siguiendo. Entra en pánico y huye, y, en un intento desesperado de la defensa, se las arregla para aturdir a su atacante, un monstruoso híbrido de animal y el hombre. Cuando regresa a la caja y preguntas Montgomery, Montgomery se niega a ser abierto con él. Después de no poder obtener una explicación, Prendick finalmente cede y toma un somnífero.

Prendick despierta a la mañana siguiente con la noche anterior de nuevas actividades en su mente. Al ver que la puerta interior se ha dejado abierta, camina en encontrar una forma humanoide acostado en vendas en la mesa antes de que sea expulsado por un sorprendido y enojado Moreau. Él cree que Moreau ha sido vivisección los seres humanos y que él es el sujeto de la prueba siguiente. Huye a la selva, donde conoce a un hombre mono que le lleva a una colonia de criaturas similar half-human/half-animal. El líder, una cosa grande gris llamado la sayer de la ley, le ha recitar una letanía extraña llamada la ley que implica prohibiciones contra el comportamiento bestial y elogios a Moreau. De repente, moreau irrumpe en la colonia, y Prendick escapa por la parte trasera en la selva.que hace por el océano, donde los planes para ahogarse en lugar de permitir que Moreau de experimentar con él. moreau y montgomery lo enfrentan, sin embargo, y moreau explica que las criaturas, los Salvajes, son animales que ha vivisección a parecerse a los seres humanos. Prendick se remonta a la caja, donde moreau le explica que ha estado en la isla desde hace once años, tratando de hacer una transformación completa del animal al hombre. Al parecer, su única razon para el dolor que inflige es la curiosidad científica. Prendick acepta la explicación de que es y comienza su vida en la isla.

The work of Wells, The Island of Dr. Moreau is supported in the fact of following the animal impulses and freedom to follow these impulses against repressive law (does the society? Morality? Ethics?) which some authors have related with repressed homosexuality, by the fact that once faced the "Bestiality" could not get back to feeling "normal" with other people. We do not want us to judge this, but our interest in the work is another.

Existing scientific practices have a moral limitation, or is permissible trying to get knowledge at whatever cost? Considering the case of the book, we would have to answer the question that he himself made: should have pain (foreign or self) in moral character that is, as something morally undesirable? He shows us the pain as unnecessary, given a survival mechanism for evolution (same would happen with pleasure), which has become obsolete and hence must be removed from the human race, given its futility, this cannot be established as morally good or bad, so it must be ignored until evolution banish it from us over the years. Furthermore, the ability to feel compassion is nothing more than to make himself the pain of others, so that compassion must also be rejected.

The consequences of accepting this declaration and extrapolate it to all areas of morality are devastating because pain and suffering are undesirable for all human beings. However, it is possible to establish a morality beyond good and evil in which the role of compassion would not be entirely lawful since if suffering pain is undesirable, it is also involved in bitterness. That way it would enjoy a free hand for all types of practices that seem monstrous, we might even be open to experimenting with humans, so we would have to establish a number of limitations that prevent us from committing atrocities such as those committed in Auswitch at the hands of Mengele, among many others. But on what else, but on compassion or sympathy could establish such limits? There is no way, so far, to judge it.

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