La metáfora semiótica en biología




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El lenguaje de la Naturaleza

La metáfora semiótica en biología.

FROM LANGUAGE TO NATURE
fredag 29. mercados 1996 15:49

Claus Emmeche y Jesper Hoffmeyer

http://www.nbi.dk/~emmeche/Welcome.html

http://www.molbio.ku.dk/MolBioPages/abk/PersonalPages/Jesper/Hoffmeyer.html

http://www.nbi.dk/~emmeche/cePubl/91a.frolan.html

Fuente:http://www.cil-nardi.com.ar/ling/ling.php?pr=naturlang.htm

En este trabajo está el núcleo concreto y potencial de lo que se discute hoy sobre la naturaleza humana y es la emergencia abrumadora del área biológica como base de todo, reduciendo en forma proporcional correlativa la parte tradicionalmente atribuida en Occidente a la psicología (incluyendo en ella las descripciones representacionales del mundo: lengua, filosofía, teología, y la más execrable de todas: la(s) ideología(s), que por supuesto, no desaparecerán del todo —y hasta pueden ser instrumentalmente útiles—, pero jerárquicamente subordinadas). Considero que su traducción, controlada por un biólogo con énfasis en semiótica, podría mejorarse, para finalmente ponerla verdaderamente al alcance del/la lectora/r común ¡y de nosotros mismos!

(de la Presentación de Rumi)

Nota: Este documento ha sido clasificado para integrar el Proyecto de Curso de Lenguas en Contacto 2005—2007 del Centro de Investigaciones Lingüísticas Ricardo L. J. Nardi.

 

Una versión prueba-chequeada de este manuscrito se publicó en Semiótica 84: 1-42, 1991.

Resumen. El desarrollo de la forma de los organismos vivos sigue desafiando a la investigación biológica. El concepto de información biológica codificada en el programa genético que controla ese desarrollo constituye una parte principal de la metáfora semiótica en biología. Aquí se lo trata como analogía a la ejecución de un programa escrito en un lenguaje formal de computadora. Otras versiones de la semiótica o «metáfora-de-la-naturaleza-como-lenguaje», emplean aspectos formales o informales del lenguaje para entender las relaciones estructurales específicas en la naturaleza, p.e. la exploración en biología molecular y evolutiva. Se revisa con mirada crítica este relevante complejo de ideas, intuitivamente relacionadas, protagonistas de un largo historial en filosofía de la naturaleza y en biología. Se presta atención a la naturaleza general de la metáfora en ciencias y distinguen diversos niveles donde ocurre un traslado metafórico del significado. Se atribuye gran valor a la metáfora, no sólo heurístico, sino también instrumental, para entender la naturaleza irreducible de los organismos vivos. La discusión de una perspectiva semiótica para tratar la naturaleza viva difiere de manera más o menos marcada, según se siga la tradición lingüística estructural de F. de Saussure, o la semiótica general de C. S. Peirce. Esta es una agenda abierta en la perspectiva peirceana de la semiótica de la naturaleza.

CONTENIDO:

Introducción

1. La metáfora en ciencia; la ciencia como metáfora

La metáfora de Darwin

La cultura como analogía de la naturaleza

La naturaleza de la metáfora y la analogía

2. La naturaleza como metáfora del lenguaje en acción

La naturaleza como metáfora del lenguaje; ejemplos.

La naturaleza como el Gran Libro

Usos generales

La vida como aprender y pensar

La vida como sistema memorístico

El organismo como sistema cognitivo

Sistemas de Vida/organismos/genéticos como computadoras

La vida como sistema lingüístico/semiótico

Conclusión; ejemplos.

3. Una crítica al acercamiento de Saussure: la vida como metáfora del lenguaje de G. Forti

4. Metáforas y genes: una perspectiva peirceana.

Referencias.

Introducción.

El carácter teleonómico de los sistemas vivos sigue enfrentado las concepciones dominantes en biología. No bastaron las veces en que las explicaciones vitalista y finalista fueron derrotadas con energía en la evolución de la biología experimental para que desaparecieran del todo, incluso entre biólogos profesionales. Más bien reaparecen bajo nuevas formas en cada generación.

En la historia de la ciencia que ya lleva siglos, pocas veces, si alguna, este tipo de controversia acabó con el triunfo inequívoco de uno de los bandos. Sin embargo, en las primeras décadas posteriores a la síntesis neo-darwinista de 1940, la mayoría de los biólogos consideraba esta cuestión definitivamente resuelta. El carácter predeterminado de los organismos vivos se vio como una consecuencia necesaria de la evolución explicada por el mecanismo de la selección natural que favorece la dispersión de mutaciones causal y gradualmente adaptadas a las poblaciones.

Sin embargo, aquel provisorio cese del fuego, terminó en 1970 con una severa crítica desarrollada en áreas que van desde la paleontología a la embriología y a la biología molecular, exitosas promotoras de un renovado debate teórico sobre el papel de la selección natural en la evolución y, así, sobre el carácter gradual y adaptable de este proceso (Gould 1982, 1985, Vrba y Eldredge, 1984, Webster y Goodwin 1982, Goodwin 1984, L'ovtrup 1987, Ho y Saunders 1979, Dover 1982).

La crítica sobre la forma biológica, vemos, retomó impulso en un nivel más profundo. ¿El desarrollo de la forma se explica simplemente como gradual mejoría funcional? ¿La funcionalidad (el éxito) constituye el propósito buscado en el desarrollo de la forma de los organismos o sus partes?

Era en suma volver al viejo asunto de la relación forma /sustancia? Recuperando una famosa proposición de Korzybski, Gregory Bateson rastreó el asunto hasta Pitágoras y dice:

'Esta aserción salió de una muy extensa gama de pensar filosófico, retornando a Grecia, y viborea por la historia del pensamiento europeo los últimos 2000 años... Todo eso se inicia, supongo, con los pitagóricos contra sus antecesores y la discusión tomó la forma de «usted pregunta ¿de qué se ha hecha la tierra, el fuego, el agua, etc.?» O pregunta, ¿»cuál es su modelo?». Pitágoras representó la pregunta en el modelo más que la pregunta en la sustancia. Esa controversia atravesó las edades y en general hasta hace poco su mitad pitagórica ha sido la mitad sumergida.' (Bateson 1972: 449).

Según la hipótesis neo-darwiniana —versión moderna de la antigua preferencia por la sustancia—, la funcionalidad (p.e., la reproducción exitosa) es la clave de la creación de la forma. Concibe la forma como una secuencia en serie de pasos evolutivos capaces cada uno de superar por sí solo el examen de funcionalidad. El cambio evolutivo de la forma se interpreta como una división en 'átomos de cambio', similar quizás a la división de la sustancia en moléculas. O de otro modo, la forma como fenómeno 'cuantitativo', no como generación de modelos cualitativamente distintos.

Se objetará que las formas no son reducibles únicamente a esos pasos; por ejemplo, que la cara de cuatro puntos de una dado no se hace agregando un punto a la de tres, sino construyendo otro modelo completo. Los pasos intermedios entre dos modelos formales distintos no son garantía de funcionalidad —lo contrario parece más creíble. Según este supuesto, la forma constituye un factor autónomo de la evolución histórica (y/e filogenética), se refleja en verdaderas formas de restricción arquitectónica y embriológica adquiridas por los sistemas vivos en el planeta, y las reglas que rigen tales restricciones se tienen por mucho más elocuentes que la evolución por selección natural, la cual sólo donde ocurre modifica los modelos dados.

Cuesta admitir que la energía desplegada en sostener la imagen funcional de la evolución acabe postulando hoy su extremo opuesto, un mecanismo de evolución causal. Desde William Paley, el argumento de la forma se asoció a las concepciones religiosas, sea postulando un 'Plan Divino' o la existencia de fuerzas vitales o finalistas. Jerarquizar la selección natural como principal motor de las especies vivas equivale a ceder a la ciencia el sostén de este extraño aspecto teleonómico de la vida. Explica la última tentación de los biólogos de sustituir, en la consideración de la vida, el clásico punto de vista físico y químico por la comunicación o teoría informática. Por fin, la fuente de los modelos de comportamiento premeditados radicaría en la esfera cultural, y cualesquiera fueran las causas de esa conducta en los sistemas vivos, sólo una descripción más apropiada podría formular la explicación científica. La opción necesaria no gira entre selección natural o fuerza vital; quizás una tercera vía pueda encontrarse.

Probablemente, por supuesto, esta idea no hubiera sido tan atractiva a no ser, hacia 1950, la introducción en la biología de un conjunto de términos de la teoría informática. Pareció que una descripción plena de sentido de los procesos genéticos que afectan el nivel molecular de la célula requería términos como 'código genético', 'mensaje RNA', 'regeneración', 'información', etc.

Lamentablemente, pese a su gran difusión, son conceptos muy dudosos. Así, la teoría de la información se asumió como una entidad objetiva cuantificable (p.e., Shannon 1949); la información contenida en el mensaje no equivale a su probabilidad o improbabilidad. Esta definición facilita la comprensión de la teoría, pero, a su vez, impide el uso del concepto de información en las situaciones de la vida real. Por razones teóricas, en la comunicación humana no es factible ni posible el análisis estadístico de probabilidades atribuible a cada declaración definida. Hechos del todo imprevistos llegan a ser componentes esenciales de la vida y, obviamente, la apariencia eventual de esos hechos hace imposible atribuirles probabilidades previsibles. Así, con frecuencia sentimos que nuestra información se originó en conversaciones. La mera probabilidad no cubre el significado real de la información.

En la comunicación humana la mayoría de las declaraciones sólo se entienden en un nivel de análisis semántico. Con toda evidencia, en teoría matemática de la información, la 'información' es una categoría menos completa que la que se intercambia al hablar.

La transferencia de este concepto de información a la biología, también le trajo esas sofisticadas cuestiones. Sin embargo, la biología carece de una tradición que le permita evitarlas. De hecho, un fragmento de ADN se identifica con la sustancia del gen en la praxis diaria de información de laboratorio, simplemente.

En la nueva terminología de la genética molecular esta confusión automática de información con sustancia, acaba reforzando la teoría funcionalista neo-darwinista. No aceptamos basar la comprensión científica del carácter teleonómico de los sistemas vivos en tan restringido concepto de información. Más bien proponemos que la información biológica se caracterice de manera semejante a la situación semántica expuesta de intercambio de información en comunicación humana. Y abandonando la creencia de que la información sea una entidad objetiva mensurable en unidades de fragmentos (o genes). (Para una discusión más detallada, ver Hoffmeyer y Emmeche, en prensa).

Por eso, toda teoría que intente describir la dinámica de los sistemas vivos desde una perspectiva de comunicación o intercambio de signos, p.e. semióticos (del griego: semeion =signo), debiera asumir el concepto de información como categoría subjetiva. Gregory Bateson, de quien tomamos la información acerca de significar, sigue: 'diferencia, que le hace una diferencia a alguien' (Bateson 1972, 1979). Se sigue que la información es inseparable de un sujeto para quien esta información tiene sentido. Nuestra tesis postula que los sistemas vivos son intérpretes fidedignos de la información: responden a 'diferencias selectivas' ubicadas en su contexto. Sólo sobre la base de esta premisa, pueden admitirse analogías con la esfera de servicio de la comunicación humana como herramienta explicativa del comportamiento premeditado de los sistemas vivos.

Más después expondremos un modelo más detallado para aplicar estos principios al estudio del período prebiótico y biótico (Hoffmeyer y Emmeche, en prensa). En este trabajo analizaremos los requisitos para el uso de la metáfora y la analogía en el área lingüística y la semiótica en biología.

Esto plantea la cuestión de la importancia de la metáfora en ciencia. Por lo tanto, primero consideramos la naturaleza de la metáfora en la ciencia a fin de diferenciar, según distintas teorías, varios niveles de transferencia metafórica de significado. En segundo término, con el propósito de dar una impresión generalizada y una apelación cognitiva de esta metáfora, enfocamos varias versiones de la 'metáfora de la naturaleza como lenguaje', criticando de paso algunos de sus modelos. De hecho, la naturaleza percibida como lenguaje, o el lenguaje como sistema, suponen un complejo tejido de ideas con valores heurísticos cognados.

La vía semiótica para el tratamiento de la naturaleza viva ha seguido por lo menos 'dos tradiciones':

el estructuralismo lingüístico de Ferdinand de Saussure y la teoría de los signos de Charles S. Peirce-, las cuales pueden generar una nueva concepción de la naturaleza.

Sin embargo, en tercer lugar sostenemos que la teoría de Saussure, tal como se la aplicó a los sistemas vivos, enfrenta obstáculos cruciales para explicar los procesos codificadores de información biológica aplicados a la evolución y desarrollo de los seres vivos en ecosistemas. Al explicar estas cuestiones, criticamos la analogía entre lenguaje y especie viva propuesta por Forti.

Cuarto, en la última sección, mostramos que los conceptos básicos de la semiótica de C. S. Peirce satisfacen muy bien los requisitos de una categoría 'subjetiva' de información biológica (aquí, subjetiva se debe tomar en sentido epistemológico y no como equivalente a irracional o no científico).

Las estructuras biológicas en general y el gen en particular se pueden entender como formación de signos de una red de relaciones semióticas triádicas a través del espacio y el tiempo.
1. La metáfora en ciencia; la ciencia como metáfora.

La metáfora de Darwin. La teoría de la evolución por selección natural ejemplifica de manera contundente el papel de la metáfora en la ciencia, aunque todavía se siga debatiendo la justificación de su metáfora central. En 'Interacción vista desde la metáfora' (Black 1979) define la metáfora como creación eficaz de similitudes; hace pensar en posibles relaciones y analogías, ninguna claramente 'positiva' o 'negativa', y abiertas a más extensa investigación. A raíz de las reflexiones de Darwin de que las carreras deportivas de perros y otras especies domésticas constituyen adaptaciones a la naturaleza y no meras monstruosidades, adquiere consistencia la analogía entre naturaleza y selección natural. Como se sabe, utilizó el principio de analogía para construir un nuevo concepto sobre el mecanismo de evolución por selección 'natural'. En el contexto dado por el descubrimiento del mecanismo de la evolución, la analogía fue una circunstancia accidental, más bien implicó un caché 'tecnológico', una perspectiva hacia la naturaleza (no parece fácil concebir la crianza de animales como tecnología, aunque de fijo lo sea). Tal analogía llevó a encarar el problema de la evolución desde un punto de vista tecnológico: por un lado, la imagen del hombre como agente ajeno a la naturaleza y, por otro, como producto de fuerzas externas, p.e. organismos modificados por la crianza del ganado. Justificaría abandonar las hipótesis fundadas en la ontogénesis, que atribuyen los cambios y variaciones a causas internas. Así, según J. F. Cornell, su creación de la analogía con 'criar' lo llevó a Darwin al convencimiento de que, de hecho, había descubierto el mecanismo generador de la diversidad natural. Subraya también su implícita creencia de que la comprensión de la naturaleza presupone adquirir dominio técnico sobre ella. (Cornell 1984: 325).

Además, la analogía se establece a partir de un voluminoso poder causal general contenido en la naturaleza, que llamó 'selección' (semejante a preservar algunos individuos como hacen los criadores), aunque de magnitud incierta y diferente operación en circunstancias también distintas. El criador busca contribuir a la diversidad orgánica (la cría de un nuevo perro de carrera p.e.); la naturaleza no. Esta analogía no ayuda a resolver la cuestión fundamental que presenta la explicación evolucionista de Darwin: que la selección natural sea causa suficientemente poderosa para generar la diversidad evolutiva. En un nuevo paradigma, el empleo de la analogía metafórica (ver abajo la distinción), puede ser heurísticamente decisivo, aunque, a su vez, significar algunas cuestiones teóricas más profundas.
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