Resumen las Zoonosis son enfermedades transmisibles entre los animales y el hom­bre. Este documento revisa los determinantes sociales, económicos y cultu­rales que definen los patrones de tenencia y explotación de los animales domésticos,




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títuloResumen las Zoonosis son enfermedades transmisibles entre los animales y el hom­bre. Este documento revisa los determinantes sociales, económicos y cultu­rales que definen los patrones de tenencia y explotación de los animales domésticos,
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La relación hombre-animal en el medio urbano. En la sociedad mo­derna, incluso en el caso de las mascotas y animales de compañía, la re­lación hombre-animal está bien diferenciada entre campo y ciudad, pero hasta hace relativamente poco tiempo esta diferencia no era tan clara, in­cluso se podría agregar que aún hoy día, no son raros los casos de pro­pietarios de animales que viviendo en la ciudad, conservan todo el constructo ideológico que rige la tenencia de los animales tal y como se concibe en el campo. Entender este fenómeno implica apreciar desde una perspectiva global esta relación hombre-animal.

 

Ciertamente que en el medio urbano no se justifica la presencia del recurso pecuario como proveedor de muchos de los servicios y bienes que aporta en el campo. Sin embargo, para el poblador de la ciudad que tiene algún elemento de identidad con el medio rural puede ser un reque­rimiento de uso y costumbre hacer presentes a los animales en el ámbito doméstico de la ciudad, hecho que se hace posible gracias a que no todas los especies animales que forman parte del patrimonio familiar son in­compatibles con la vida citadina, de esta forma se da vigencia y se per­petúa la relación hombre-animal en un medio que en la generalidad de los casos no es el propicio ni para los animales, ni para quien convive con ellos, circunstancia esta, que habrá de reconsiderarse con más deta­lle más adelante.

 

Migración campo-ciudad. Entre los factores importantes de diferen­ciación en la relación hombre-animal, en la ciudad y en el campo, está precisamente el tipo de actividad productiva que le son propios a cada caso, mismo que ha jugado un papel determinante en el fenómeno de la migración campo-ciudad. La generación, aparente o no, de mejores y mayores fuentes de trabajo en la ciudad, ha contribuido de manera real y determinante a la transplantación del campo a la ciudad, no solo del hombre mismo, sino también de su modelo de relación hombre-animal.

 

En México, en la segunda mitad del presente siglo, estas migraciones han determinado una conversión en la proporción de habitantes del me­dio urbano con respecto al rural, pasando de un 35 % y 65 % respecti­vamente en la década de los cuarentas, a la relación 59 % y 43% para 1970, y de 73.5 por 26.5 para 1995 (29-31). Este proceso de urbaniza­ción generalizable a América Latina, ha sido denominado “Ruralización de las ciudades” (5,32), y tiene una relación directa con el fenómeno ur­bano de la posesión de los animales y por lo tanto con la relación implí­cita hombre-animal.

 

Otro proceso aunque diferente en su origen pero semejante en sus consecuencias, se refiere al de aquellas poblaciones del medio rural que, por crecimiento de la mancha urbana quedan a través del tiempo inte­gradas al medio urbano. Así, la tenencia de los animales simplemente es algo que se da como un fenómeno preexistente y normal, pero como re­sultado de esa conurbación, llega un momento en el que los animales quedan fuera de contexto.

 

Por todo lo anterior y en relación a las ciudades, es común ver que numerosas familias poseen y conviven con diferentes especies de ani­males domésticos, circunstancia común en la periferia de grandes y pe­queñas zonas metropolitanas, en cuyo origen se identifica un creci­miento urbano carente de planificación, donde predomina una población con una economía familiar urbana dependiente del sector informal y del subempleo. Esta es una realidad común en muchos países de América Latina (33).

 

La tenencia de algunas especies animales domésticas en éstos secto­res, puede también estar determinada por necesidades muy específicas generadas por las características propias de esas zonas urbanas y semi­urbanas. Es el caso de los perros, que adquieren una particular importan­cia reflejada en un número muchas veces desproporcionado de estos animales en colonias deficientes en servicios de vigilancia y luz en la vía pública. Los perros se convierten entonces en un paliativo, más que en una solución, en cuanto a seguridad personal y protección de bienes.

 

En estrecha relación con lo anterior, la Organización Panamericana de la Salud ha propuesto, cuando no es posible realizar censos de pobla­ción canina, que se utilice como base de estimación de universos y me­tas de trabajo en los programas de control de rabia canina, una pondera­ción de un perro por cada diez habitantes. Sin embargo, es bien sabido por quienes han trabajado en estos programas, que en algunos casos esta relación pueden verse superada, debido al cuantioso número de perros existentes en algunos suburbios que tienen características como las pre­viamente señaladas tal y como sucede en diversas áreas metropolitanas de México.

 

Hay que añadir que fenómenos como los que aquí se señalan, son en parte resultado de un proceso en el que a través de varios años se ha ve­nido acumulando carencias y deterioro en las condiciones de vida de la población, que se traduce en necesidades sociales que se agudizan frente a la incapacidad institucional para darles respuesta, y que para su solución demandan no solo una atención adecuada, sino también y como condición previa, la identificación de sus determinantes. Este es el caso de las zoonosis (4,5, 29-33).

 

TENENCIA DE ANIMALES Y SALUD PÚBLICA

 

Con base en los conceptos previamente expresados, procede hacer ahora una revisión de la importancia que encierra la convivencia con animales por sus implicaciones para la salud humana, como resultado del papel epidemiológico que los animales pueden desempeñar como reservorios o transmisores de enfermedades cuya naturaleza es esencialmente con­tagiosa.

 

Para ello resulta útil la clasificación que identifica a las zoonosis de acuerdo con las características de su ciclo de transmisión en cuatro tipos diferentes: las de ciclo directo, para las que es suficiente con la interven­ción de un vertebrado; las ciclozoonosis, que requieren de la interven­ción de más de un vertebrado; las metazoonosis, que además de un ver­tebrado requieren también de la participación de un invertebrado y las saprozoonosis, que para completar su ciclo demandan la participación de un elemento inerte pero no de un ser vivo (1).

 

Inicialmente se establece para la transmisión de una zoonosis de un animal a un humano, que ésta puede ser por vía directa o indirecta. La relación directa se da cuando se convive circunstancial o sistemática­mente con los animales, caso que se aplica principalmente a las masco­tas o animales de compañía como perros y gatos, pero que también puede tratarse de otras especies domésticas como aves canoras o de or­nato, aves de corral, cerdos, bovinos, equinos, y eventualmente otras menos típicas como primates, roedores, reptiles, aves y mamíferos sil­vestres, especies todas que representan potencialmente, fuentes de con­tagio para el hombre de una gama amplia de zoonosis. Este tipo de zoo­nosis, se relaciona con quienes por una afición o por una necesidad en­marcada en una determinante social, económica o cultural, conviven con los animales y el ámbito común es el medio urbano y en muchos casos el doméstico.

 

Una gran parte de las zoonosis más conocidas corresponden a este tipo, particularizándose en las de etiología viral como la Rabia, Fiebre Hemorrágica; bacterianas como algunas stafilococosis y clostridiasis; micosis y riquetsiosis como la dermatofitosis y la psitacosis; sin excep­tuar a las parasitarias como la Toxoplasmosis y la Sarna (23).

 

La relación de carácter indirecto es atribuible a aquellas zoonosis, cuyo ciclo de transmisión debe integrarse a través de la intervención de diferentes elementos del medio ambiente como suelo, agua, alimentos, materia orgánica proveniente de los animales y vectores que intermedian el contacto, que de acuerdo con lo que previamente ha sido establecido corresponden indistintamente a las categorías de metazoonosis, sapro­zoonosis o ciclozoonosis (1). Estas son abundantes en etiología y versá­tiles en su forma de transmisión como la Leptospirosis, Brucelosis, Hidatidosis, Encefalitis Equina de Venezuela, Filariasis, Chagas, Hidati­dosis, Dipilidiasis, etc.(23).

 

Por último, debe considerarse el caso de aquellas otras zoonosis que pueden ser transmitidas, lo mismo de manera directa que indirecta, in­cluidas en ellas varias de las mencionadas anteriormente (1,23).

 

De las potenciales situaciones de contagio, derivadas de la presencia de los animales en un medio común para animales y humanos, se puede diferenciar entonces aquel contacto que de manera voluntaria se esta­blece, como es el caso de quienes poseen animales como resultado de un interés solo estimativo, y que se ejemplifica en las mascotas o, por una circunstancia en la que media el interés económico y de servicio, corres­pondiendo ésta a animales de trabajo, guardia o proveedores de algún producto de consumo.

 

Debe hacerse énfasis en la circunstancia que implica el contacto in­voluntario e ignorado, resultado de la convivencia con los animales por vecindad o por el uso de espacios comunes, como sucede en patios, ca­lles y los parques públicos, en donde el suelo, al agua y hasta el aire, sir­ven para hacer posible este contagio. Un ejemplo típico de estos casos son las ascaridiasis atribuibles a Toxocara canis, leonina y felis, para las que, a través de estudios realizados en ciudades como la de México, se han encontrado concentraciones significativas de huvecillos de estos pa­rásitos en parque públicos, resultado de la contaminación por heces de perros en áreas verdes, en donde la población más expuesta son los ni­ños (15-17).

 

El resultado final es que, estableciéndose que las zoonosis se pueden transmitir a partir de los mismos animales, otras formas de vida o bien, a través de vehículos y materia inerte, el riesgo de contraer una zoonosis no está definido por la posesión o no de los animales, ni es tampoco una decisión el asumirlo con conocimiento de causa, simplemente se refiere a un hecho epidemiológico de carácter ambiental y por lo tanto, a un evento definible como riesgo, que adquiere características particulares en el contexto urbano.

 

LA SALUD ANIMAL EN EL CONTEXTO URBANO

 

Ha sido descrita ya una realidad de condiciones adversas en la que se encuentra inmerso el complejo hombre-animal, que corresponde a esos sectores urbanos empobrecidos, significándose así como un me­dio que no satisface las condiciones de saneamiento básico para la po­blación humana, y menos aún para sus animales.

 

Es así que la disponibilidad de agua, de alternativas para la disposi­ción de los desechos, de ventilación, espacio e infraestructura de alo­jamiento, son requerimientos que no se satisfacen o están severamente limitados en las ciudades, lo mismo que la posibilidad de producir o disponer de alimentos adecuados para los animales, que generalmente tienden a ser más escasos y más caros en el medio urbano.

 

Todos estos hechos en su conjunto, se traducen en condiciones des­favorables que propician un aumento en la susceptibilidad de los animales para desarrollar y para transmitir, diversas enfermedades zoonóticas y no zoonóticas, muchas de las cuales no se presentan con la misma frecuencia e intensidad en el campo.

 

Lo anterior permite suponer que en la misma medida en que las con­diciones de vida sean más adversas para la población, también lo son para sus animales y en la misma medida en que aumenta el riesgo para la salud humana, aumenta consecuentemente el riesgo para la salud animal, fenómeno este último que se revierte hacia la población en un plano de consideración eminentemente ambiental de incumbencia para la Salud Pública Veterinaria, considerando que no es necesario convivir con un animal para estar en riesgo de contraer una zoonosis, puesto que son condiciones dependientes del ambiente las que definen este riesgo, mismo que puede estar referido a una, o a varias zoonosis diferentes, de­pendiendo de la especie animal y de la forma en que ésta se transmita.

 

APROXIMACIÓN A UNA VISIÓN INTEGRAL

 

Son dos las necesidades concretas en las que los recursos metodológi­cos con que cuentan las ciencias sociales pueden colaborar con la Sa­lud Pública. Una se refiere a la identificación y definición de las razo­nes que subyacen en la relación del hombre con los animales domésti­cos, particularizando en el caso de sectores de la población, en donde este fenómeno se hace complejo por razones sociales y económicas, tal y como sucede en América Latina. La otra se refiere a la identifica­ción, por la propia comunidad, de alternativas de solución que permi­tan atenuar o erradicar el riesgo de las zoonosis y consecuentemente, involucrar a la población en la implementación y ejecución de las mismas.

 

Los estudios etno-antropológicos pueden representar una valiosa ayuda para discernir factores que hasta ahora no han sido identificados en la relación que establece la población con sus animales. El trabajo con grupos focales y la entrevista a profundidad, son estrategias que se presentan también como una excelente opción para conocer el punto de los propietarios de los animales y de sus vecinos, no solo del pro­blema, sino también de sus soluciones.

 

La estrecha convivencia con los animales y los riesgos que ésta im­plica desde el punto de vista sanitario y zoosanitario, son eventos que solo a través de un acercamiento sistemático y sensible, permitirá su identificación, en ese sentido las técnicas de observación, en relación con los patrones implícitos en la tenencia y manutención de los ani­males por parte de la comunidad, son sin duda alguna, un excelente recurso metodológico para conocer las prácticas cotidianas que defi­nen estos riesgos.

 

Se puede decir en síntesis, que los métodos de aproximación a la comunidad con que cuentan las ciencias sociales, están estrechamente vinculados con la posibilidad también de acceder a esos determinan­tes, considerando que hasta ahora, las acciones que vinculan a las au­toridades de salud y sus programas con la población, solo han sido de carácter vertical, a través de emplazamientos y sanciones administra­tivas, que adjudican a las autoridades de salud y a sus programas un carácter ajeno a los intereses de la comunidad y que en el mejor de los casos, como sucede con las campañas intensivas de vacunación antirrábica, si bien plantean una estrategia preventiva, finalmente solo establecen un vínculo temporal de un servicio impersonalizado, que no toca el punto neurálgico del problema, que es el de que la pobla­ción asuma como propia, la necesidad de dar una respuesta integral y permanente a un riesgo para la Salud Pública, basada en la tenencia responsable de sus animales, coadyuvando así con las posibilidades de éxito de los programas, no solo de la atención de las zoonosis, sino también de otros riesgos de salud en donde la relación entre comuni­dad e instituciones y sus programas, definen perspectivas de éxito o fracaso en materia de Salud Pública en general y de la salud ambiental en particular.

 

La necesidad de un cambio en la perspectiva de atención de las zoonosis. La visión que define la atención de las zoonosis considera la esencia del problema, con base en la identificación y definición de una entidad nosológica transmisible, a partir de un animal vertebrado.

 

La atención del problema de salud pública que representan las zoo­nosis, se apoya en actividades como la vacunación, aislamiento, cua­rentena y la eliminación de los animales enfermos y sospechosos.

 

También forman parte de los recursos para su atención, la base le­gal y la regulación sanitaria que se aplica a la propia tenencia y ex­plotación de los animales, a los procesos de industrialización y a la comercialización de sus productos, que finalmente mantienen la misma perspectiva referida a la transmisibilidad a partir de los anima­les o materia orgánica derivada de los mismos.

 

Dentro de toda esta visión se asume que la alternativa esencial de prevención, radica en controlar o prevenir las zoonosis en los anima­les. Sin embargo, en un intento de visualizar de manera diferente este tópico, cabría señalar que, el concepto implícito no ha superado subs­tancialmente la concepción que corresponde a la definición de zoono­sis propuesta por Virchow, hace más de cien años.

 

Es evidente que las zoonosis son solo la manifestación de un pro­blema que más que de salud animal, es de Salud Pública, que no pue­den ser delimitadas al organismo de un animal doméstico o silvestre, pero que en cambio, como fenómeno que atañe a la salud, solo puede ser cabalmente contextualizadas en una perspectiva ambiental.

 

Una zoonosis, más que un caso de enfermedad transmisible, re­quiere ser visto como la manifestación de un complejo, en el que la enfermedad es solo la resultante de un proceso en el que convergen diversos factores, relacionados con las variables epidemiológicas de tiempo, espacio y población, pero también con las de carácter econó­mico, social y específicas de orden cultural.

 

Los animales, en su carácter de organismo huésped, son solo un ámbito mínimo que los convierte en transmisores o portadores de un determinado agente etiológico, y por lo tanto de una enfermedad: Sin embargo esos animales pertenecen a un macroambiente que interrela­ciona por igual clima, flora, fauna y un componente demográfico, su cultura y su organización social. Todo ello conforma un marco epide­miológico en el que presenta no una, sino varias y diferentes zoonosis, como un solo riesgo epidemiológico caracterizable y propio de ese medio físico, económico y social.

 

Desde una visión estrictamente biológica, lo que importa definir es la zoonosis, su etiología y su patogenia. En cambio, desde la perspec­tiva de la Salud Ambiental, lo que importa definir es el riesgo, hecho que a su vez conduce a una necesidad y a un planteamiento diferente de atención, tanto a nivel de control como de prevención, que en forma y en esencia difiere de los contemplados desde la perspectiva puramente infecciosa.

 

De acuerdo con ello, resulta de fundamental importancia que la Salud Pública Veterinaria, que es la parte de la Salud Pública a la que corresponde la atención de las zoonosis, plantee y aborde el tema, ya no desde la perspectiva biologicista, sino desde una perspectiva am­biental, en donde también quedan incluidos los aportes de las ciencias sociales.

 

Además de todo lo anterior, es necesario llegar a la comprensión de la verdadera interdisciplinariedad, para que con las aportaciones integradas sea posible acercarse desde una visión multidisciplinaria a la realidad, en este caso representada por los problemas de salud que afectan a la co­munidad, y así lograr transformarla, que en el correspondiente orden de ideas equivale a aportar alternativas de solución sustentables para la atención de las zoonosis. En tanto salubristas, ese es el reto. Las zoono­sis son sólo un ejemplo para demostrar no sólo la utilidad, sino la nece­sidad de incorporar esa visión interdisciplinaria, que en este caso está re­presentada por las ciencias sociales en el ámbito de la Salud Pública ·

 

 

REFERENCIAS

 

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