Resumen los grandes problemas que enfrenta la globalización, se asocian al fenómeno de la ingobernabilidad el cual está directamente vinculado a la ley económica fundamental del capitalismo que genera,




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ASOCIACIÓN NACIONAL DE ECONOMISTAS Y CONTADORES DE CUBA.

Evento:

Globalización y problemas del desarrollo.



La crisis global y el lugar de la tecnología

en la solución del problema alimentario.


Autores :
MSc. Jorge Luis Russiel Infante

MSc. Clara María Trujillo Rodríguez

MSc. Michel Martínez Cruz

Lic. Alfredo de Jesús Roque Valls

Lic. Yuselys Valé Fernández

TM. Carmen M. Suárez
jrussiel@unah.edu.cu
La Habana, 2009
RESUMEN


Los grandes problemas que enfrenta la globalización, se asocian al fenómeno de la ingobernabilidad el cual está directamente vinculado a la ley económica fundamental del capitalismo que genera, por sus propias características, el efecto de la anarquía bajo la apariencia de orden y control sobre todo. Esta es la primera sociedad, realmente, totalitaria que produce la crisis económica, financiera, ambiental, social, política, energética que afecta a todos y que puede provocar la extinción del medio ambiente necesario para la vida en el planeta Tierra donde ya ninguno de los problemas globales pueden ser resueltos de manera aislada. El presente trabajo valora, el impacto de los OGM para la producción de alimentos en el mundo globalizado como parte de la ideología neoliberal y las consecuencias ambientales y éticas de su imposición a los países del tercer mundo. Se emplearon como métodos principales de investigación científica el Lógico Abstracto con sus procedimientos de análisis y síntesis, inducción y deducción, y el Análisis documental en la consulta de los documentos relativos al tema. Se analizó el criterio de especialistas que aclaman a favor y en contra respectivamente del desarrollo de los (Organismos genéticamente modificados (OGM) mediante el estudio de diversos artículos publicados en revistas y sitios de Internet que se refieren a lo largo del cuerpo del trabajo y en referencias.

INTRODUCCIÓN
Los grandes problemas que enfrenta la globalización, se asocian al fenómeno de la ingobernabilidad el cual está directamente vinculado a la ley económica fundamental del capitalismo que genera, por sus propias características, el efecto de la anarquía bajo la apariencia de orden y control sobre todo. Esta es la primera sociedad, realmente, totalitaria que produce la crisis económica, financiera, ambiental, social, política, energética que afecta a todos y que puede provocar la extinción del medio ambiente necesario para la vida en el planeta Tierra donde ya ninguno de los problemas globales pueden ser resueltos de manera aislada. Bajo este criterio los problemas de desnutrición, malos hábitos alimentarios, malas políticas en la producción, distribución, comercialización y consumo de los alimentos merecen iniciar una concienciación global que involucre al ciudadano común en los conceptos y las prácticas económico-políticas para solucionar un flagelo que, aunque anunciado durante siglos, no parece tener solución ni siquiera a mediano plazo.
Los paradigmás sobre los cuales se mueve el pensamiento y las producciones científico-tecnológicas, exigen que cada ciudadano, insospechadamente invadido por la ideología de la ciencia, asuma la postura recomendada por el filósofo del milenio cuando afirmó “ponlo todo en duda”, incluso cuando le presentan una pecera con bellos e inofensivos pececitos1 o una pareja de cerditos con colores diferentes en sus hocicos y orejas.
Un componente fundamental del medio ambiente humano es el alimento que permite satisfacer una necesidad elemental para estar vivo; sin embargo, sabemos que la cadena alimentaria continúa y que del hombre como “ser esencial” “universal” y “libre” que hace de la naturaleza su trabajo (Marx, 1973) depende la sobrevivencia de muchas otras especies, por lo que cada transformación provocada por nuestras acciones obliga a pensar en la responsabilidad universal del ser humano por el alcance de su obra sobre la naturaleza. Es así que en materia de la búsqueda de alternativas para garantizar la satisfacción de sus necesidades, aunque lleven el sello de las mejores intenciones y de la garantía que da su inteligencia debemos seguir preguntándonos: qué tanto es así, a juzgar por los enormes problemas que vive el mundo en el siglo XXI, cuando contamos con la mayor cantidad de científicos2 e instituciones científicas y de todo tipo cuya misión fundamental es producir bienestar.
Con la revolución industrial, la ganadería y la agricultura científica (Audakov y Polianski, 1977) las mejoras genéticas de animales y plantas y la dieta del ser humano también se revolucionaron; desde entonces, la introducción de logros científico-tecnológico para la producción de alimentos supone la confianza en que la ciencia y la tecnología pueden resolver el problema del hambre. Sin embargo ¿Resolvió la agricultura y la ganadería “científica” el problema alimentario? ¿Podrá el ser humano resolver el problema alimentario apelando a los transgénicos? ¿Qué relación existe entre las empresas productoras de alimentos, las instituciones científicas y políticas en el mundo globalizado? ¿Cuál es el lugar del ciudadano común en la concepción y toma de decisiones para la solución del problema alimentario?
A partir de estas premisas el presente trabajo tiene como objetivo central valorar el impacto de los OGM para la producción de alimentos en el mundo globalizado como parte de la ideología neoliberal y las consecuencias ambientales y éticas de su imposición a los países del tercer mundo.
Se emplearon como métodos principales de investigación científica el Lógico Abstracto con sus procedimientos de análisis y síntesis, inducción y deducción, y el Análisis documental en la consulta de los documentos relativos al tema. Se analizó el criterio de especialistas que aclaman a favor y en contra respectivamente del desarrollo de los Organismos genéticamente modificados (OGM) mediante el estudio de diversos artículos publicados en revistas y sitios de Internet que se refieren a lo largo del cuerpo del trabajo y en referencias.


  1. Los Organismos Genéticamente Modificados y la solución al problema alimentario en el mundo globalizado.


Un problema evidente a resolver sería cómo proponer, conociendo las prácticas científico-tecnológicas, una comprensión del impacto y los condicionamientos que se crean con el uso de los OGM, más allá del SABER ES PODER y proponiendo, entonces, que es en el DEBER donde reside el verdadero PODER, al menos con un carácter más universal, de manera que lo asociamos no solo a la preocupación antropológica sino a la ecológica, porque el deber emplaza al hombre a pensar no solo en sí mismo y en su presente, sino en el mundo más allá de aquel en que vive: su futuro.
Desde que en 1983 se creó la primera planta transgénica, los cultivos transgénicos, impulsados por unas pocas multinacionales, pasaron de la nada a más de 67,7 millones de hectáreas en el año 2003, Los OGM evidencia que “desde su aparición comercial en 1994 los OGM o también conocidos como transgénicos, han registrado significativos crecimientos en cuanto a las áreas dedicadas a la producción de dichos tipo de alimentos, volúmenes producidos y a la vez amplias interrogantes y cuestionamientos sobre los mismos. En 1985 la empresa europea Plant Genetic Systems obtuvo la primera planta transgénica en tabaco. En 1986 la empresa Monsanto y Calgene lograron sus primeras semillas de tranngénicos y en 1989 Monsanto realizó la primera prueba de campo con soya OGM. Las mismás se realizaron en los EEUU, Puerto Rico, Argentina, Costa Rica y República Dominicana. El 18 de mayo de 1994 la Food and Drug Administration de Estados Unidos autorizó la comercialización del primer alimento con gen introducido que evita la producción de enzimás causantes del deterioro (maduración), dando lugar al tomate “Flavr-Savr”, obtenido por la empresa Calgene, abriendo la era de los denominados alimentos transgénicos. (Nova 2009)
La situación del mundo muestra datos asombrosos “2000 millones de personas viven en umbral de la pobreza y “las cifras del hambre por áreas geográficas reflejan que en Asia hay 642 millones de personas desnutridas, en África Subsahariana 245 millones, en África del Norte y Oriente Medio 42 millones y en los países desarrollados alrededor de 15 millones”. En Latinoamérica creció de 47 a 53 millones del 2008 al 2009 situación que no va cambiar con la convocatoria que hizo la FAO para un ayuno el sábado 14 y domingo 15 de noviembre, según se publicó en el períodico Granma del 14/11/2009, sin embargo, estas situaciones están siendo tratadas desde hace mucho tiempo como preocupación planetaria como lo hizo Fidel Castro en la Cumbre de Río donde alertó que había una especie en peligro de extinción: el hombre3.
Si el debate con Malthus, economista inglés del siglo XVIII (1766-1834) por su “Ensayo sobre el principio de la población” de 1798 continúa hoy, se debe más que todo a lo acertado del planteamiento, aunque no por la solución, que piensa él debe darse, a la contradicción entre el crecimiento “geométrico” de la población y el lento crecimiento “aritmético” de la producción de bienes y, por supuesto, la de alimentos. Marx y Engels, dejaban clara la idea de hacer de la ciencia y la tecnología “fuerzas productivas directas”, o sea, aplicadas ya en nuestras vidas con la urgencia y la pertinencia que la necesidad social le impone. Si la propuesta maltusiana nos parece hoy maquiavélica o, peor aún, fascista, porque suponía eliminar las poblaciones que no podían satisfacer sus necesidades y morirían por enfermedades o por la guerras planteadas con tales objetivos, no es eso diferente del pensamiento que sostiene el uso de la ciencia y la tecnología para hacer lo que la ciencia puede hacer y bajo los criterios de aprobación que la ciencia universaliza como único criterio sin tener en cuenta el resto de los criterios de aprobación.
La Royal Society of London, surgida en el siglo XVII, no admitía otro tipo de discusión en esa sociedad que no fueran las científicas. Como parte de sus estatutos se declararía que en ella no se hablaría de religión, moral o política, simplemente se haría ciencia con los métodos y las concepciones del mundo que la ciencia necesita para cumplir su función social, aquélla que le ha sido reconocida y por la que tiene que responder el hombre de ciencia. Tal postura fue y es criticada, pues suponemos que las condiciones bajo las cuales hicieran aquella declaración se justificaba sin lugar a dudas, aunque la evolución de la sociedad a casi 4 siglos de distancia en el tiempo, supone también un mejor entendimiento sobre el lugar de la ciencia y el científico en la sociedad. Sin embargo, hoy las instituciones científicas se encierran en sus propios paradigmás y ofrecen de “buena fe” sus soluciones, limitadas en los mismos y atrapadas, a su vez, por las disposiciones superestructurales que le obligan a dar respuestas sobre temás en los que ni tienen jurisdicción ni tienen instrumentales conceptuales fundamentales para hacerlo. Se les exige por aquello en que no tienen preparación, ni disposición, ni responsabilidad social reconocida. Esto está sucediendo cuando los políticos, también parcializados e incompetentes, hacen responsables a los científicos de no darle solución a los graves problemas creados por el hombre con el auxilio de la ciencia y la tecnología a las que se tiene que acudir inevitablemente, mientras una buena parte de los intelectuales se conforman con la descripción del mundo o su recreación artística, exagerada ó no, para llamar tenuemente la atención sobre asuntos banalmente comprendidos o apologéticamente denunciados para luego culpar a otros en vez de juzgar los impactos y el condicionamiento de las propias acciones e ideales que devienen en la realidad construida.
En tal sentido tiene un gran valor metodológico realizar una mirada alternativa a la ciencia como es la propuesta de que “es urgente entonces disponer de un marco teórico de comprensión que sea lo suficientemente amplio y abarcador que impida caer en maniqueísmos y haga posible lo fundamental: tomar decisiones responsables. Para ello, es imprescindible considerar el estado del conocimiento, los modelos conceptuales —las filosofías—, que gobiernan los modos de pensar y las estrategias de indagación científica; comprender qué es la tecnología y cuáles son sus fronteras.”(Delgado inédito)
Otra posición alternativa es la de Derrick Kerckhove, investigador y filósofo canadiense, cuando tratara acerca de las nuevas tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en “La piel de la cultura” que tampoco se aferra al modo de explicar los tecnólogos y científicos de las TIC y plantea una vuelta al asunto al que nunca renuncia el ser humano por sofisticado y novedoso que sea el mundo de objetos que crea “….todos nosotros somos más o menos programables, incluso mutantes genéticos. Esto no debería ser motivo de alarma, sino de una invitación a una mayor precisión en el conocimiento de quiénes somos.” (Kerckhove, 1999)4.
De este modo, se replantea el fundamento kantiano de la relación entre lo público y lo privado. El reto es grande ante tanta avalancha, sobre todo “artefactual”, pero insospechadamente ideológico, que el desarrollo científico-tecnológico provoca, por lo tanto, la postura dubitativa merece el espacio, tanto como aquélla crédula y apabullante, sostenida siempre sobre relaciones de poder exclusivistas y totalitarias; por eso es válido el argumento de que “necesitamos una perspectiva de análisis que gane claridad sin excluir la ciencia, pero sin sobredimensionarla” (Delgado, inédito)
Parece inevitable diversificar los criterios y los espacios para garantizar la unidad sobre argumentos no hegemónicos; o sea, hay que llegar hasta la gente, hasta el ciudadano común y mientras más complicado y apoderante sea el asunto más ha de llegarse hasta él para consultarle. Hay asuntos vitales sobre los cuales no pueden decidir ni los políticos ni los científicos sino la gente; por otra parte, como resultado de las acciones humanas también se afecta el medio ambiente, que va más allá de los límites sociales y naturales conocidos por el hombre, el cual también tiene que ser consultado.
El arte transgénico muestra de la confianza y el dominio que tiene el hombre de sí mismo, sin embargo, debería representarse como la imagen lúdica de un niño que juega con un arma de destrucción másiva biológica. Como la amenaza real continúa, pero se manipula, es obvio que los interesados en mantener la ideología neoliberal y el poder de las grandes empresas transnacionales mostraran las buenas dotes de los productos transgénicos como, por ejemplo, la soya y el maíz hasta el arte transgénico que resuelve el viejo sueño de la Rosa Azul (Lino Mina 2009) acariciado por los floristas. Según la fábula china las rosas “azules encarnan la esperanza para realizar los amores imposibles” y ya es una realidad que los ciudadanos tendrán en sus manos por solo 23 dólares gracias a una compañía que venderá en Japón el producto.
Otra flor transgénica podría provocar inmenso placer al contemplarla, pero también estupor al pensar en cómo fue concebida, pues es un “plantimal”, una nueva forma de vida creada por Eduardo Kac, a la que llamó “Edunia”, una flor genéticamente manipulada, un híbrido del artista y una Petunia. La historia de los transgénicos merece volver a consultar libros como un “Un mundo feliz” de Huxley donde se avizoraba la posible creación en laboratorio de seres humanos. (Huxley 1991)
Los impactos y condicionamientos por el uso de la ciencia y la tecnología se dispersan más allá de lo humano. ¿Hacia dónde nos conducen los defensores de implantar aquellas tecnologías que rebasan el control que el hombre puede ejercer sobre ellas, qué soberanía puede ejercerse allí y cuánta responsabilidad nos compete, si no hemos sido consultados y recibimos información “preparada” sobre “hechos consumados” inconsultamente” con relación al soberano: el pueblo, los ciudadanos.
La crisis alimentaria no se resuelve solo con políticas que absolutizan el financiamiento para la producción, las tecnologías novedosas o los métodos tradicionales por separado. Probablemente se necesite introducir elementos alternativos en los presupuestos para la toma de decisiones locales y también globales que no reducen los criterios de validez a los que en la ciencia y la tecnología instrumentales e infalibles se aceptan. Como bien afirma (Delgado, 2009) “de lo que se trata por tanto, no es de tomar decisiones a favor o en contra de las nuevas tecnologías, basados en certezas, sino tomar decisiones responsables en condiciones de incertidumbre
El precio5 de los alimentos es uno de los argumentos para justificar la introducción másiva de cultivos transgénicos en el mundo, pero como bien han afirmado Fidel Castro y otros líderes como Hugo Chávez o el propio presidente de Brasil, Luis Ignacio Lula Da Silva en la reciente Cumbre sobre Seguridad Alimentaria de la ONU, convocada por la FAO en noviembre 2009, es una cuestión voluntad política; sin embargo, la sola voluntad política no resuelve el problema porque puede estar cimentada en conceptos tecnologicistas y no de organización de la vida humana, de replanteamientos conceptuales de cómo producir, distribuir, intercambiar y consumir los alimentos, particularmente, los cultivados en la tierra como el medio de producción determinante en la producción y reproducción de la especie y con ella de buena parte de la naturaleza.
En la propia Cumbre de la FAO, Jacques Diouf, director de esa institución, afirma (Granma/17/11/2009) un día después de Lula, presidente brasileño, que “faltan prioridades, no recursos” pues los países industrializados “gastan 375 000 millones de dólares en subsidios para los productos agropecuarios…” y se sabe que compran a bajos precios los productos procedentes del tercer mundo. La solución parece estar vinculada a múltiples factores entre los cuales se encuentran elementos de políticas agrarias, económicas, sociales y particularmente científico-tecnológicas.
Proyectos como los de la Alternativa Bolivariana para los pueblos de América (ALBA) pueden convertirse en verdaderas oportunidades para resolver los problemas de nuestros pueblos hambrientos y enfermos de América Latina y en él jugarán un papel relevante los profesionales de la ciencia agrarias para el logro de la seguridad alimentaria.
1.2 Las transnacionales, los Estados Nacionales, los pueblos y el ciudadano común.
La Corporación Monsanto, convertida en la gran defensora de los transgénicos se auxilia también de los medios y especialmente de Internet para vender y construye todo un paquete que engullirán las mayorías hambrientas. Las personas con necesidades primarias no tienen proyección alguna por las cuestiones ambientales, porque “la mayor parte de los consumidores, elegirá la comodidad y la solución más rápida frente a su preocupación por la salud y el medio ambiente,” del mismo modo “cuando se trata de productos que realzan la imagen de uno mismo los consumidores parecen bastante indiferentes ante los problemas medio ambientales.” (Kotler 2000)6

Cuando se conoce que fue la Corporación Monsanto una gran productora y líder de productos químicos y luego se nos aparece como el paladín de los transgénicos, entonces, algo bien capitalista debe estar pasando y lo que nunca podría dejar de ser es que está vendiendo una imagen con las mejores y hegemónicas tecnologías de la informática y las comunicaciones, así como con las mejores tecnologías del marketing7 para someter sin apenas encontrar resistencia.
Recientemente Silvia Wú Guin y Fernando Alvarado de la Fuente se pronunciaban en contra de la Monsanto, por ejemplo, con el etiquetado.

Entrevistado para el Proyecto Iberoamericano de Divulgación Científica el Doctor en Ciencia Filosóficas Jorge E. Linares Salgado plantea que “el debate social en los medios se ha politizado, por un lado está la posición muy clara que tiene la industria que tiene toda una estrategia de medios, de Marketing, que es una opinión muy favorable, muy neutra aparentemente y muy científica entre comillas” lo “que incluso tiene que ver con el manejo de la ciencia que está un poco manipulado, un poco velado” y que “esa información científica no está siendo suficientemente difundida y lo que aparece en los medios es un debate muy polarizado.”– (Zabala Núñez 2009) Pero los científicos que no se presten para el “timo con respaldo científico” pondrán de manifiesto el viejo problema que tiene que enfrentar el hombre de ciencia (Bernal 1986) “ganarse el sustento” porque son presionados y puestos en evidencia ante los demás científicos como es el caso de A. Wakfield al hablar en la prensa acerca de los efectos adversos de sus ratas alimentadas con papa transgénica. Cuando estudios realizados indican, según Wú Guin, S y Alvarado de la Fuente (2009) un grupo de sustancias presentes en los OGM que le sirven para demostrar la farsa de que venden al mundo las transnacionales pues en realidad afirma el Dr Jorge Kaczewer que el “glifosato ha sido erróneamente calificado como toxicológicamente benigno". (Ver anexo )
El propio trabajo añade que "En la década de 1960, casi la totalidad de las semillas estaban en manos de agricultores o instituciones públicas. Hoy, 82%del mercado comercial de semillas está bajo propiedad intelectual y diez empresas controlan 67 por ciento de ese rubro. Estas grandes semilleras (Monsanto, Syngenta, DuPont, Bayer, etc) son en su mayoría propiedad de fabricantes de agrotóxicos, rubro en el cual las diez mayores empresas controlan el 89 por ciento del mercado global, que a su vez están representadas entre las diez empresas más grandes en farmacéutica veterinaria, que controlan 63 por ciento de ese rubro". En el mundo de hoy no hay competencia, no hay mercado sino para una décima parte de los productos porque el resto ya está contratado a causa de que éstas empresas han secuestrado ese mercado. Este trabajo revela que “los 10 mayores procesadores de alimentos (Nestlé, PepsiCo, Kraft Foods, CocaCola, Unilever, Tyson Foods, Cargill, Mars, ADM, Danone) controlan el 26 por ciento del mercado, y 100 cadenas de ventas directas al consumidor controlan el 40 por ciento del mercado global.
Vandana Shiva, activista ecológica, filósofa y física y premio novel alternativos por su labor como ecofeminista, es defensora, además, de la postura prudente, bajo principios precautorios8 (ver entrevista a Freyre citada) que demandan gran parte de los que toman conciencia sobre los impactos y condicionamientos que la ciencia y la tecnología implican. Conocedora del mundo del átomo y de la energía nuclear sostiene que “lo nuclear supone para el desarrollo de la energía lo que los transgénicos para los alimentos. Ambos nos roban futuro”9 y en el caso particular de los transgénicos plantea que “son una falsa solución” la cual trasciende la elección de los ciudadanos pues “la experiencia nos ha enseñado que los transgénicos son una opción equivocada, especialmente aquellos con la toxina BT, porque son muy destructivos. Si empobrecemos la tierra y la convertimos en una superficie infértil estaremos más indefenso ante el cambio climático” añade.
Marc van Montagu considerado uno de los padres de la biotecnología aplicada a la mejora de las cosechas, fundador del Instituto de Biotecnología de Plantas para los Países en Desarrollo y actual presidente de la Federación Europea de Biotecnología, afirma que "en la antigüedad ya se alteraban genéticamente las semillas sin saberlo", explica que “los transgénicos aumentan la productividad10” que “la urgencia ahora es que haya alimentos para todo el mundo, y la biotecnología puede ser una pieza clave” y que el rechazo a los transgénicos “viene de la mala información. Y eso es porque los científicos, tradicionalmente, no explicamos lo que hacemos, y debemos hacerlo” (Montagu 2009) lo cual produce un efecto, sobre el ciudadano común, engañoso porque minimiza el alcance real de la manipulación que se hace con las tecnologías actuales y que el solo hecho de informar es sinónimo de aprobación. Mientras al Dr. Gilles-Eric Séralini, experto de la Comisión Europea en transgénicos y catedrático de Biología Molecular le “preocupan el medio ambiente y la salud a largo plazo,… “los transgénicos son tóxicos para la salud humana”(…) “¿En qué dosis son peligrosos?” (Pilles-Eric 2009) Sugerimos una reflexión sobre asuntos que si bien pudieran no ser considerados relevantes para el hombre de ciencia, incluso, para los políticos, sí lo son para otros hombres que están deseosos y que tienen el derecho de hacer “pública su razón” como continuamente sucede en el mundo.
Las actuales prácticas conducen al desgobierno y la anarquía como resultado de la desmoralización y vulgarización de la actividad científico-tecnológica, únicamente controlada por la propia comunidad científica, con el consentimiento de las transnacionales y gobernantes, mientras contribuya a la relación del poder totalitaria que globalizan sus producciones, una relación de poder exclusivista y burguesa que nos conducirán al abismo en el mismo sentido que Zea nos alertó11.
Como afirma Delgado (2009) “el modelo predominante en el mundo continua siendo el de una toma de decisiones directamente subordinada a los criterios que la ciencia aporta, lo que convierte la toma de decisiones en un asunto técnico en el que participan los especialistas de las áreas involucradas, por lo general los científicos y los políticos. Es el conocido modelo de delegación de la toma de decisiones en manos de la tecnocracia, sustentada en la alianza saber-poder. Este modelo reconoce el valor del conocimiento científico por encima de otros conocimientos humanos, y ejerce una sobrepresión social y política que genera procesos de toma de decisiones donde los argumentos científicos y la ciencia se utilizan para favorecer posicionamientos políticos e intereses económicos, con lo cual se propician procesos de toma de decisiones irresponsables, centrados en los expertos y de espaldas a la comunidad social, no exentos incluso de manifestaciones de corrupción. Para los asuntos que nos plantea la ciencia contemporánea es imposible mantener este esquema, se necesita avanzar hacia una democracia cognoscitiva que devuelva el poder del conocimiento al ciudadano”.
Entonces, los gobernantes hacen la vista gorda y dejan que los científicos realicen sus investigaciones pero, más aún, que apliquen sus logros con el único referente de la propia comunidad científica, lo que puede devenir en una práctica de incalculable consecuencias. Así se deja al científico libre de asumir la postura muy cómoda del “efecto Pilatos”, como ha dado en llamar Dr. Freyre, porque si ya él explicó y demostró, bajo los referentes con que cotidianamente lo hacen en la comunidad científica, qué más se le puede pedir si ese es el criterio que tiene absoluta credibilidad; éste científico le viene muy a la transnacional mientras los pueblos quedan a espaldas de la información y de la toma de decisiones.
La reconocida investigadora Silvia Ribeiro declara que estudios realizados por varias universidades demuestran la farsa montada por los representantes de las empresas transnacionales porque para “definitivamente, los transgénicos no son más productivos.”(Riveiro 2008) Y si tiene lugar alguna contaminación con otros cultivos y crías la responsabilidad recae sobre quien no haya tomado las medidas para evitarlo, so pena de ser juzgado por estar usando una patente que no compró. Por lo tanto, “con los transgénicos, la contaminación es un delito imputable a las víctimás” y no responsabilidad de la transnacional que es quien cuenta con todo el paquete tecnológico para vender su mito.
En Cuba no estamos liberados de ese mito del rendimiento como lo demuestran las palabras de una personalidad entendida en estos asuntos: “Nosotros somos una de las pocas naciones que en el sector público dominamos la tecnología y tenemos las posibilidades de llegar hasta el final del proceso con un resultado importante para el país…Estamos enfrascados en ello de una manera seria, segura. El cultivo más adelantado en este momento es el de un maíz con dos caracteres modificados: será resistente al insecto denominado comúnmente “palomilla”, el cual constituye la plaga más importante para este grano en Cuba, y además a un herbicida» declaró a Juventud Rebelde (Pérez 2008) el director del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba (CIGB) Carlos Borroto12 que ya en septiembre del 2009 afirmaba en el Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas INCA, durante un taller sobre el maíz transgénico en Cuba, que podrían sembrarse, bajo determinadas condiciones y controles 40 000 hectáreas entre Pinar del Río y las provincias orientales. Ya antes había declarado: “Las orientaciones que tenemos (...) del más alto nivel, primero es hacer las cosas bien, demostrar hasta la saciedad (...) que tenemos un producto que es sano para la alimentación humana y animal, y que es tan bueno como el otro desde el punto de vista ambiental" y “calificó de "tonto" y "suicida" no aprovechar las herramientas que posee la ciencia cubana para hacer frente a esa situación, siempre y cuando se demuestre "que es seguro". "El riesgo de no utilizar la tecnología es quedarnos atrás en la producción de alimentos, ser ineficaces en la producción de alimentos, tener inseguridad alimentaria, tener que importar cada vez más alimentos", dijo; sin embargo, no se trata de no utilizar la tecnología, sino de reevaluar los presupuestos lógicos, ético-morales, ecológicos y sociales del modo y las dimensiones en que son usadas la ciencia y la tecnología probablemente una aspiración de muchos que se expresan en la propuesta de Núñez de poner primero a la sociedad y luego a la ciencia y la tecnología. (Núñez 1999)
Entre las plantas cultivadas hoy en día, el maíz es la planta más estudiada por el hombre, la de mayor diversidad no solo genética sino también de usos. Sin embargo a diferencia de otras especies cultivadas el maíz no es un resultado típico de la evolución, fue creado por las etnias de México y sigue construyéndose por los actuales productores y mejoradores (Muñoz, 2003).
Las compañías biotecnológicas afirman que los organismos genéticamente modificados (OGM) son descubrimientos indispensables para alimentar al mundo, proteger el ambiente y reducir la pobreza en los países en desarrollo. Esta opinión se apoya en dos suposiciones muy cuestionables. La primera es que el hambre se debe a una brecha entre la producción de alimentos y la densidad de la población. La segunda es que la ingeniería genética es la mejor forma de incrementar la producción agrícola y, por tanto, de satisfacer las necesidades futuras de alimentos. No hay relación de condicionamiento entre la existencia de hambre en un país y su población. Por cada nación densamente poblada y hambrienta como Bangladesh o Haití, existe una nación escasamente poblada y hambrienta como Brasil e Indonesia.
La introducción del maíz transgénico “lamentablemente, para la mayoría de la población ha pasado inadvertida” (monzote 2009) pero es algo en lo que tienen una enorme responsabilidad las instituciones científicas, los gobernantes, la sociedad civil y las universidades, en cualquier lugar del mundo, donde se introduzcan. Linares afirma que ”divulgar las ciencias es necesario y con un lenguaje claro que todos entiendan, a veces no es fácil hacerlo pero es posible, se debe demandar información y crear un debate público, extendido, con suficiente tiempo, con todos los medios posibles y en este sentido la participación de la Universidad es muy importante porque permite difundir información a la sociedad”(Linares 2009)
Es sorprendente cómo se podría perder en cuestiones de años la diversidad del banco de semillas de los pueblos con sus campesinos y sus tradiciones que han conservado durante milenios los cuales constituyen como en el caso de México13 y, también Cuba, el banco de semillas de maíz. La pérdida de biodiversidad, aumenta el riesgo de contraer enfermedades nuevas y más agresivas, pues encontraran mejores condiciones para su desarrollo por caminos que no pueden detener ni prever los científicos y menos las transnacionales productoras de los transgénicos: una especie de Maltusianismo solapado.

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