La dimensión moral en el hombre: el hombre como persona




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IV.3. Organización de los valores.
Para Scheler los valores se organizan en una jerarquía de valores. Según este autor, algunos de los criterios que fijan la posición de un valor determinado en la jerarquía son:
- La durabilidad del valor. Se prefieren los bienes durables a los efímeros o cambiantes. La salud y el conocimiento, por ejemplo, se consideran valores durables, mientras que los placeres sensoriales: comer, beber... son breves y efímeros.
- La mayor o menor divisibilidad que posee. Los valores superiores son amplios e indivisibles; los ínferíores se pueden diluir y satisfacer fácilmente en varidos intereses concretos. El afán de dinero, por ejemplo, puede sustituirse por la obtención de cada una de las cosas que se desean conseguir con el dinero. Por otra parte, los valores superiores, como la justicia, la libertad, la belleza... unen a las personas, mientras que los valores materiales, como el dinero o el éxito, separan a las personas porque crean conflictos entre ellas.
- La fundación que se le da. Muchos valores personales se fundamentan en ideales supremos que provienen del ámbito religioso, de la tradición...
- La profundidad de la satisfacción que conlleva su cumplimiento. La intensidad de la vivencia de los valores es también un factor que puede influir en la posición jerárquica que le dé cada persona. Así, un avaro pondrá en primer lugar la usura por la satisfacción que obtiene con la acumulación de dinero.
En general, los valores que posee una persona o toda una comunidad se organizan jerárquicamente, es decir, forman un conjunto ordenado que suele llamarse escala de valores. Es gracias a estas escalas o tablas de valores que nuestras actitudes tienen cierta coherencia. Así, la personalidad intelectual y sentimental un individuo, que influye en todas sus actuaciones, depende de la composición y organización interna de la escala de valores que posee.
Continuando con el ejemplo del avaro, vemos que su valor prioritario, la acumulación y obtención de dinero a través de cualquier medio, estará presente en todas sus actuaciones: los objetos que compre, las relaciones personales que establezca...


IV.4. Cambio de valores



Valorar no es una actividad fija y rígida. La intervención de los valores en nuestras actuaciones, y así la importancia relativa de unos u otros, está sujeta a cambios. Por ejemplo, solemos hacer una valoración diferente de las cosas según la poca de nuestra vida: niñez, adolescencia, madurez...
Sin embargo, este cambio en la escala de valores no significa siempre la destrucción de unos valores o el reemplazo directo de unos por otros, sino más bien una nueva ordenación jerárquica del conjunto de valores. A menudo, estos cambios los son lentos y sutiles. Por ello, los cambios se detectan más fácilmente estudiando la evolución histórica de las costumbres e ideas de una sociedad.
Un ejemplo de esto podría ser el paso de una sociedad industrial de gran impacto medioambiental a una concepción de la industria que, de acuerdo con la naturaleza, fomente los auténticos intereses y necesidades del ser humano.


IV.5. Valores morales y valores no morales.
En una naranja o en un animal podemos encontrar valores útiles, en tanto en cuanto nos refiramos a los precios del mercado; valores vitales, en tanto los relacionemos con nuestra alimentación; valores estéticos, en tanto en cuanto contemplemos sus formas y colores, o valores científicos, en tanto en cuanto los hagamos objetos de ciencia. Por consiguiente, un mismo objeto puede ser susceptible de poseer valores cualitativamente distintos.
No obstante, por una parte, en modo alguno todo objeto puede poseer cualquier tipo de valor y, por otra, cada objeto posee un valor adecuado y propio, con respecto al cual el resto de los valores son impropios y secundarios. Por ejemplo, el valor específico y determinante de una naranja es el vital, el de un automóvil el útil, el de una escultura el estético, etc.
Ahora bien, ¿qué clase de seres pueden realizar el valor moral?. En sentido estricto, ni la naranja, ni el automóvil, ni la escultura pueden realizar esta clase de valores; sólo la persona puede ser sujeto de valores morales. Y esto es así por las razones siguientes:
1. La persona es el único ser consciente y libre y, por tanto, responsable de su actividad.

2. Sólo para la persona pueden poseer sentido normativo tanto los valores como su ordenación jerárquica; por ejemplo, sólo para la persona posee sentido la norma que nos exige sacrificar el valor útil a los valores superiores, o el deber de realizar el valor así corno la obligación de evitar el contravalor o disvalor.

3. La realización de los valores, sobre todo de los valores religiosos, intelectuales y estéticos, puede contribuir a nuestra formación; y nuestra formación es una obligación moral.

4. La orientación moral de la conducta puede hacer variar el sentido propio y positivo del resto de los valores; por ejemplo, la utilidad es el valor propio y positivo de un martillo, mas con la utilidad de un martillo puede realizarse un asesinato. En este caso, tenemos un uso moralmente inadecuado del valor útil de un objeto.

IV.6. Valor moral y obligación.

Cada clase de valores posee un modo propio y determinante de presentarse. Los valores intelectuales se presentan como verdad (o como falsedad), como acierto (o error). Lo bello nos embelesa y seduce. Lo útil nos sirve para nuestros fines. Los valores morales se nos imponen como deberes u obligaciones.
Ahora bien, los valores morales, en tanto en cuanto deberes u obligaciones, exigen una doble fundamentación:
1. Fundamentación en el sujeto. Desde este punto de vista, la obligación se encuentra fundamentada en la propia libertad de las personas. Sólo porque las personas somos libres, podemos poseer algún tipo de obligación. Sólo porque somos libres, y en tanto en cuanto lo somos, puede cobrar su auténtico significado el mundo del valor, su orden y su jerarquía.

2. Fundamentación objetiva. Desde el punto de vista objetivo, la obligación se encuentra fundamentada en las propias exigencias de los valores. Los valores, sus propiedades y sus relaciones nos indican nuestros deberes.
Vemos, pues, que el mundo de los valores posee un significado intrínsecamente moral. Sólo en vista de ellos podemos sentirnos obligados a determinadas conductas.
IV.7. Evolución histórica de los valores.
Los valores, en tanto en cuanto realidades objetivas, poseen una existencia atemporal, valen para todas las personas y para todos los tiempos. Sin embargo, su descubrimiento y su apreciación por los seres humanos les proporcionan un aspecto temporal; los valores son descubiertos en una determinada época y por unas personas concretas, y pueden ser conocidos por unos pueblos e ignorados por otros. Es decir, los valores parecen temporales en tanto en cuanto son aprehendidos, descubiertos y apreciados en una fecha concreta y por cierto grupo humano.
Durante la mayor parte de la Historia, los europeos se han creído en posesión de la auténtica civilización, de la auténtica cultura y de las auténticas ciencias y, por ello han tendido a descalificar y a rechazar todas las aportaciones de los restantes y razas.
Mas, en los últimos tiempos, gracias al desarrollo de las Ciencias Humanas (Antropología, Etnología, Paleografía, etc.), se ha generado una nueva conciencia histórica, una mentalidad más abierta y comprensiva y un espíritu más ecuménico.
De esta manera, se nos invita a descubrir y comprender los verdaderos valores y las auténticas realizaciones culturales de los otros pueblos y de las demás civilizaciones. Con esto no queremos negar la existencia de unas culturas más valiosas que otras, sino que, simplemente, pretendemos poner de relieve los siguientes hechos:


  • La Historia de casi todos los pueblos y de casi todas las civilizaciones constituye un proceso de descubrimiento y realización de valores.

  • En casi todas las culturas, junto con aportaciones positivas, también encontramos errores y aberraciones. Ni todas las genialidades son actuales, ni todos los disparates pertenecen al pasado; ni todo lo valioso surgió en Europa, ni todas las creaciones de las otras culturas fueron negativas.

  • Las culturas y civilizaciones actuales, en modo alguno pueden ser juzgadas como definitivas. Es decir, es necesario continuar revisando y mejorando sus realizaciones.

  • Por tanto, las personas han de esforzarse por conocer y comprender la tradición. La Historia, como maestra de la vida, por paradójico que pueda parecer, ha de servirnos de guía para nuestro futuro.


Ya dijimos que el descubrimiento de los valores morales se ha encontrado sometido a múltiples vicisitudes históricas. Refiriéndonos a nuestros ámbitos culturales, de manera general, y aun a riesgo de no ser del todo exactos, podemos decir que el progreso histórico ha ido evolucionando desde una fundamentación teológica (es decir, basada en Dios) de los valores hacia una fundamentación antropológica (esto es, basada en los seres humanos).
En este sentido, a lo largo de la Historia europea podemos distinguir los momentos siguientes:

a) La Edad Antigua
Frente a la concepción teocrática y absolutista de las morales religiosas de los pueblos del Próximo Oriente, Grecia y Roma desarrollaron una moral de claros rasgos humanistas. En la Grecia clásica, encontramos pensadores como Sócrates, Platón, Aristóteles, que, expresamente, afrontaron el problema moral desde los valores humanos.
Platón descubrió las virtudes morales: prudencia, fortaleza, templaza y justicia. Aristóteles insistió en el valor de la virtud como término medio y como constante esfuerzo hacia la perfección y hacia la felicidad.

En Roma, como genuino descubrimiento del pueblo romano, adquirieron notable vigencia los valores jurídicos, derivados y fundamentados en los valores morales tradicionales (mos maiorum).
Por otra parte, tanto en Grecia como en Roma, surgieron algunos grupos culturales que acertaron a vislunbrar ciertos rasgos comunes y universales de los valores humanos. Algunos sofistas, la escuela cínica, los epicúreos y los estoicos tendieron a resaltar la igualdad natural de los seres humanos. Pero, en estos pueblos, salvo en casos muy aislados, los rasgos humanísticos de sus hallazgos morales se encontraron limitados por la plena aceptación de la esclavitud y por sus concepciones tremendamente etnocentristas.

b) Edad Media
El Cristianismo supuso una concepción completa del ser humano y del mundo. En ella ocupaban un lugar central las ideas teológicas o religiosas. Según éstas, todos los seres humanos son hijos de Dios; lo humano se encuentra subordinado a lo divino; las virtudes religiosas hacen posible y sostienen el desarrollo de las virtudes morales; desde este punto de vista, el Cristianismo insistía en los valores de igualdad, de libertad y de responsabilidad de todos los seres humanos ante Dios.

c) Edad Moderna e Ilustración
Durante los siglos XVII y XVIII, el racionalismo, como concepción filosófica, tendió a exaltar la validez universal de la razón, afirmando que ésta es una e idéntica para todos los seres humanos.
Esta concepción, con algunas significativas modificaciones, se plasmó en las ideas de la Ilustración, originando una corriente que tendió a desligar los valores morales de todo fundamento religioso, para intentar, fundamentarlos, exclusivamente, en la propia naturaleza humana. Según esto, todos los seres humanos poseen, por naturaleza, idénticos derechos. Nos hallamos, pues, a las puertas de las concepciones liberales y democráticas modernas.
d) Edad Contemporánea
Los ideales liberales y democráticos de la Ilustración, se distorsionaron en beneficio y provecho de determinados grupos. De esta manera, durante casi la totalidad del siglo XIX, en nombre de la libertad se produjo una explotación de unos seres humanos por otros.
Frente a esta situación, fueron surgiendo nuevas concepciones que tendieron a poner de relieve los valores morales de la auténtica libertad, y de la auténtica solidaridad entre los seres humanos y entre los pueblos. En este sentido, frente al desarrollo de una moral individualista, egoísta y privada, propia de la mentalidad liberal-burguesa, que en nombre de la libertad defendían exclusivamente sus privilegios, los movimientos sociales de esta época trataron de resaltar el valor del compromiso y de la lucha por la justicia social y por la igualdad de oportunidades.
e) Situación actual
La situación actual cobra una enorme complejidad debido, sobre todo, a los siguientes factores:


  • Frente a la prosperidad, el lujo y la riqueza de Europa y de América del Norte (El Norte), una gran parte del Tercer Mundo (El Sur) se encuentra en la más profunda miseria; incluso en las propias naciones ricas, existen capas de población carentes de los bienes más elementales. Ante estas situaciones, cada vez han de cobrar mayor vigencia los valores de comunidad universal y de solidaridad entre los seres humanos y entre los pueblos.

  • Tras las tremendas consecuencias de las dos Guerras Mundiales, y dado el actual desarrollo de las armas nucleares, va cobrando especial relieve moral la lucha por la paz y el desarme y, consecuentemente, cobran significado positivo los movimientos pacifistas y los grupos objetores de conciencia contra el servicio de las armas y la instrucción militar.

  • Ante la terrible erosión y contaminación que viene sufriendo nuestro Planeta, adquiere pujanza la idea de una moral ecológica.

  • Dado el tremendo poder de seducción y de control social de los sistemas mass-media (es decir, de los medios de comunicación), de la propaganda y de la informática, cobran significado especial los valores de libertad de opinión, honestidad crítica y derecho a la información objetiva, a la intimidad personal y a la vida privada.

  • Con el aumento del tiempo de ocio, el mayor acceso a los bienes de consumo y placer, y a los medios de desplazamiento rápido, se están desarrollando conductas crasamente hedonistas, egoístas e irresponsables, a saber, exclusivo interés por el lujo y el propio placer, uso de estimulantes y drogas, desarraigo familiar y social, velocidad desmedida, conductas agresivas, etc. En estas circunstancias, cobra mayor importancia moral los valores dirigidos a resaltar la moderación, la templanza y la prudencia, los lazos familiares, el significado del esfuerzo altruista y la conducta desinteresada y auténticamente deportiva.


De esta manera, parece que en la actualidad se tiende a asumir los valores de la paz, la tolerancia, la democracia, la libertad y la pluralidad religiosas, la defensa de la vida y la función social de la riqueza.
No obstante, los esfuerzos de las entidades públicas y de las personas privadas, tendentes a promocionar estos valores, encuentran, con frecuencia, numerosas trabas, debido al surgimiento de nuevas guerras, al progreso de cierto fanatismo ideológico, a la existencia de numerosas injusticias y discriminaciones, al desarrollo de una economía internacional tremendamente individualista, etc.


V. LOS VALORES SE APRENDEN: EL PROCESO DE SOCIALIZACIÓN.

Es el proceso por el que a) aprendes, b) interiorizas, e) integras en tu personalidad los valores de la sociedad a la que perteneces. Es un proceso largo que comienza desde que naces, y que se desarrolla intensamente en la primera infancia. En ella aprendes porque adquieres los valores dominantes en tu medio ambiente y terminas aceptándolos como si fueran tuyos. Cuando usas tenedor y cuchillo no lo haces ya forzado por nadie (supongo); muchos orientales, sin embargo, no piensan como nosotros en este punto y se desenvuelven más cómodamente con palillos. Otros pueblos no ven mal el uso directo de las manos.
La aceptación gradual de los valores que dominan en la sociedad termina integrándote en ella de tal forma que no suelen existir contradicciones muy fuertes entre la sociedad y la persona.
Claro que eso puede verse como un arma de doble filo. Por una parte vives seguro y vas adquiriendo una personalidad integrada, pero por otra parte no vas a querer terminar siendo sólo reflejo de lo que hay a tu alrededor. Eso de “¿dónde va Vicente?, donde va la gente", no cuadra mucho con la visión ética que te proponíamos al principio. Si una sociedad comunica una visión machista, pongamos por caso, o totalitaria, o racista, no significa que terminemos aceptándolo. Debemos mantener una actividad crítica. Pero esa actividad crítica debe empezar reconociendo la importancia de los procesos de socialización.

V.1. Mecanismos de socialización
Existen muchas formas de interiorizar los valores que priman en una determinada sociedad. Brevemente nos gustaría que pensases en dos muy importantes.
a) aprendizaje

b) interiorización a través del "otro"
a) Por el aprendizaje adquirimos las actitudes, los hábitos, las normas sociales. El aprendizaje de las normas es básico para la aceptación de los valores. Las normas guían la acción en circunstancias precisas. Son aplicaciones específicas de los valores.
Existen normas para todo. Normas de urbanidad, de circulación, normas de disciplina, normas de higiene, normas jurídicas, normas éticas, religiosas, etc.
Todas ellas dictan lo que debes hacer y omitir en un determinado contexto social. Naturalmente aparecen como aplicaciones de los valores de esa sociedad. Si te quedas con la norma sin vincularla a ningún valor, te quedas sin entender nada. Por ejemplo las normas de urbanidad en sí mismas no dicen nada, pero expresan el valor del respeto a los demás. Las normas jurídicas, que se refieren a los miembros de una comunidad política, tienen sentido desde los valores de justicia, etc.
El problema que frecuentemente surge es el de la desconexión entre la norma y el valor; mucha gente no la percibe o a veces incluso ciertas normas han perdido su relación histórica con unos valores determinados y se convierten en ritos sociales desprovistos de significado racional.
El aprendizaje se cumple por repetición, por imitaciones, por procedimientos de castigo o recompensas y por actividades de ensayo y error.
b) Interiorización a través del "otro". Es lo que Cooley llamó imagen "reflejada en el espejo". Todos terminamos adoptando los valores que contemplamos en la mirada de los demás sobre nosotros. Tendemos a vemos en las observaciones de los demás, en un gesto aprobatorio o reprobatorio, en lo que esperan de nuestra conducta, etc.

V.2. Algunas teorías sobre el origen de las normas
Hasta ahora has podido reflexionar sobre el poder que tiene el aprendizaje social en tu conducta, pero también puedes preguntarte si está todo ahí. Para responder a esta pregunta han surgido muchas respuestas que van desde una posición ambientalista hasta una visión subjetiva y hasta innatista. Los grandes extremos podrían resumirse, exagerando un poco, en que las normas vienen de fuera o las normas vienen de dentro.
Watson (1878-1958) afirmó con toda claridad que la conducta, y con ello la moralidad, se aprendía por condicionamientos medio-ambientales. Terminábamos siendo un producto moral de la socialización.
Skinner ( 1904-1990), del que ya hemos hablado se apoyó en el estudio de los reflejos condicionados de Pavlov para pasar a la idea de refuerzo. La sociedad experimenta conductas y selecciona aquéllas que quedan reforzadas, gratificadas. Los valores terminan siendo los refuerzos y los contra-valores son las conductas que, a la larga, no producen gratificación. Con ello hay que darse cuenta que las normas morales surgen después de la conducta, como refuerzos. Eso permitirá construir ciudades laboratorios donde podemos ir, como él dice, más allá de la libertad y la "dignidad humana" para racionalizar y construir conductas que no sean nocivas. La sociedad se termina convirtiendo en un gran laboratorio.
George H. Mead (1836-1931) reaccionó contra los límites casi biológicos de las teorías anteriores, pero acentuó el carácter esencialmente social de las normas. Analizando el comportamiento del lenguaje y de las partidas ("game": distintas del "simple juego"), dedujo que el niño se socializa jugando. Aprende a aceptarse como miembro de un grupo y al mismo tiempo como ser diferente. Aprende las reglas y se familiariza con las actitudes que las inspiran.
Piaget (1896-1980) sin embargo se desprendió bastante de las consideraciones ambientalistas y las conjugó con el proceso interno de un desarrollo cognoscitivo. Traza Piaget un itinerario, un camino, a través del cual evolucionan las ideas morales. Esas ideas no aparecen determinadas claramente, y de una vez por todas, desde la sociedad, sino que sufren una maduración con la evolución de la inteligencia en el ser humano. Esa maduración intelectual y moral la descubrió Piaget analizando cómo los niños jugaban y el cambio que sufría la forma de jugar según las etapas de crecimiento.
Piaget puso de manifiesto tres etapas fundamentales:
a) Moral de la obligación. El niño percibe las normas y la moralidad como puro cumplimiento y es que hasta los 7 años aproximadamente, en los niños prima la relación social con los adultos, sobre todo con los padres, o con aquellos que ocupan su lugar. Es bueno entonces, lo que mandan, y es malo lo que prohíben. La conciencia moral es en esta época externa al niño. Se empieza por la heteronomía moral.
b) Moral de la cooperación. Los juegos y sus reglas reflejan el cambio sufrido en el niño a partir de los 7 años. La cooperación permite la discusión y los distintos puntos de vista. El juego se hace colectivo y surge una visión horizontal nueva: la visión entre iguales. La cooperación lleva a la conciencia moral solidaria y los contenidos, las normas, se interiorizan asumiendo un carácter personal, al pasar por la criba de la discusión, que incita a reflexionar.
e) Se termina descubriendo una serie de valores abstractos que posibilitan una moral autónoma plena con la búsqueda de valores como la equidad, y la racionalidad absoluta, que no están condicionados por el medio ambiente y que se apoyan en la madurez plena del entendimiento.

Kohlberg y el cognitivismo. Kohlberg acentuó el desarrollo cognitivo frente a las relaciones sociales. Además los cambios que se producen en el desarrollo, son cambios de la estructura personal que no se limitan meramente a interiorizar el medio por aprendizaje social. Habla, como Piaget de etapas que se cumplen universalmente, pero examina 6 etapas o estadios. Estos 6 estadios surgen de distinguir tres niveles fundamentales: preconvencional, convencional y de principios.
Estadio 1: castigo y obediencia: Se obedece para evitar los castigos

Estadio 2: intercambios: Se reconoce que todos tienen interés y se busca un intercambio que pueda satisfacer a todos.

Estadio 3: expectativas: Se hace lo que se espera de su papel de hijo, hermano/a. Hace falta ser bueno ante uno mismo y ante los demás.

Estadio 4: mantenimiento del orden social. Hay que cumplir los deberes a no ser que choquen con otros deberes.

Estadio 5: contrato social que procura el mayor bien para el mayor número.

Estadio 6: principios éticos universales que reconoce a las personas como fines y no como medios.
Entre el estadio convencional y el de principios existe un nivel intermedio. El estadio 4.5 donde las elecciones obedecen más a las emociones personales que hace que las decisiones surjan sin tener en cuenta principios generales. Es un nivel ya pos convencional (surgen personalmente) pero no está todavía situado en el nivel de los principios. Ese estadio surgió de la observación de que los adolescentes parecían regresar a estadios anteriores al empezar los estudios universitarios.

Sigmund Freud (1856-1939). Sin duda has oído hablar de Freud. Muchas de sus ideas se han divulgado en el cine y en la literatura. Freud revolucionó la visión que la sociedad tenía del hombre y de su conducta. Ya el Renacimiento (Bruno, Copémico, Kepler, Galileo) había quitado al hombre del centro del universo. ¡Qué se le iba a hacer!. La humanidad lo fue aceptando con resignación. Más tarde Darwin (1809-1882) había unido al hombre con el resto de los animales y eso era bastante peor. Freud profundizó la herida y escandalizó a su época. La conducta humana no se explica sólo desde el entendimiento, la voluntad y los sentimientos. El hombre pensaba que sabía lo que hacía, quería hacerlo, y se daba cuenta de los sentimientos que le embargaban. Era lo lógico, el hombre se definía por ser consciente. Pero Freud pensaba que lo que guía la actividad humana principalmente deriva de unos ciertos impulsos. Las dos pulsiones principales que surgen del inconsciente son Eros (amor) y Thánatos (muerte). La pulsión erótica busca el placer (autoconservación, sexualidad en sentido amplio) y Thánatos busca la destrucción, la agresividad hacia el exterior y hacia el propio individuo.
A ese estrato de la personalidad le dio el nombre de Id, (Ello). Su fuerza está en la búsqueda del placer.
El segundo estrato es el Ego (yo) y se refiere a lo que siempre se había pensado sobre el hombre identificándolo con su parte consciente (entendimiento, memoria, voluntad, etc.). El yo intenta con todos esos mecanismos adaptarse a la realidad, pero se ve envuelto en una lucha que le viene de dos flancos: sus pulsiones y el mundo exterior.
De esta lucha emerge el Super Ego (super Yo) (yo ideal) y con este tercer estrato la conciencia moral. Todas las normas, la figura de los padres, la cultura en general, se terminan asumiendo para poder acomodarse a la realidad que nos rodea y ejercerán un control (represión) sobre la zona inconsciente.
Por tanto la moral termina siendo una consecuencia de la represión. De ahí que se caracterice por sus prohibiciones (la moral dice lo que debes y lo que no debes hacer).
Todo ese proceso lo coloca Freud sobre el desarrollo de la libido que es la que dirige todo el proceso constructivo personal. La sexualidad se convertía así en protagonista para explicar la evolución humana. La conciencia moral surgiría hacia los 6 años como consecuencia de la cristalización del super-yo represivo. Ni que decir tiene que la visión de Freud desconcertó e indignó a sus coetáneos, pero muchas de sus ideas se han incorporado incluso a la cultura popular.


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