Escuela de Psicología Prof. Pablo Andueza




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Universidad de Valparaíso

Facultad de Medicina

Escuela de Psicología Prof. Pablo Andueza

2011
CLASE 6

UNIDAD DOS: ASPECTOS BIOEVOLUTIVOS IMPLICADOS

EN EL FENÓMENO HUMANO (3)

  1. El estudio de comportamiento primate

Las características que distinguen a nuestra especie de todas las demás, tanto en su anatomía como en su conducta, deben seguramente provenir de nuestra historia evolutiva. Pero a diferencia de la anatomía que se ve con facilidad y ha sido aceptada desde hace mucho, "las cosas se dificultan cuando se interna uno en el sustrato físico, blando y correlacionado con nuestra conducta" (Robin Fox, p. 106). Para conocer el origen de nuestras conductas, ¿a qué evidencias (empíricas) podremos recurrir?¿cómo se presentaron estas diferencias?. O, lo que es lo mismo, ¿qué presiones de selección se debió a que ocurrieran estas diferencias y que se mantuvieron?

Para cumplir su tarea, desde luego se recurre a los fósiles y la genética de poblaciones. Pero se sabe que éstos hablan de manera muy parcial de los comportamientos. La antropología cree encontrar en la etología y la ecología a dos grandes aliados en la búsqueda de nuestros orígenes. La etología es la disciplina científica que se ocupa del estudio del carácter y comportamiento de los animales en su medio natural aunque también se incluyen experiencias de laboratorio; la ecología, en las interacciones de los organismos con el medio ambiente.



  1. La sociedad chimpancé


De acuerdo con estudios genéticos realizados en los últimos años, los chimpancés comparten el 97% de nuestro patrimonio genético, lo que les hace estar más cerca, a lo menos genéticamente, de los seres humanos que, por ejemplo, de los gorilas. Anatómicamente, el chimpancé es un bípedo en potencia sobre todo por la forma de su pelvis que es adecuada por el tamaño y capacidad de girar a la amortiguación del contrapeso propia de la locomoción erguida.
Sin embargo, por alguna razón que desconocemos, los chimpancés nunca dejaron los bosques tropicales como, en cambio, sí lo hicieron los homínidos. A lo mejor los antepasados de los chimpancés forzaron de alguna manera la huida de los homínidos a las sabanas. En todo caso, advertimos que más allá de la enorme familiaridad genética actual entre chimpancé y hombre, la circunstancia que ambos hayan continuado existiendo en hábitats muy diversos desde su separación hace cinco millones de años debe hacernos tomar con cuidado y distancia analogías demasiado rápidas entre ambas especies.
Hallamos a los chimpancés viviendo en el suelo del bosque dispuestos en grupos al parecer estructurados de manera suelta. El grupo en total puede estar compuesto de hasta 80 especímenes, con más hembras que machos como es recurrente en los primates. En la organización se aprecian dos fenómenos interesantes. Por una parte, encontramos grupos basados en hembras que tienen territorios por donde transitan en busca de comida. Lo común es que haya una hembra vieja con su descendencia femenina e incluso la descendencia femenina de ésta, con los machos jóvenes aun dependientes. Los machos (hijos/hermanos) crecidos en familia la abandonan y constituyen bandas de varones a pesar que regresan a la familia de origen para gran alegría de todos. Hay una tendencia a no apareamiento en estos grupos: la relación con la matriarca es inviable y las hermanas rechazan a sus hermanos o sobrinos aun en época de celo. Muchas hembras chimpancés hacen algo único en el reino de los primates (con excepción de los humanos): dejan por períodos a su banda, se acercan a otra para quedar embarazadas y luego regresan a su banda original con su cría.
Por otra parte, encontramos a los machos jóvenes (desde 5 o 6 años en adelante, es decir se quedan con sus madres durante más tiempo que los otros primates) reunidos en bandas merodeadoras -de amplios territorios de un bosque- compuestas por machos adultos que hasta ahora fueron más bien hostiles con ellos. Es interesante observar que los machos no son particularmente entusiastas con las crías (con excepción de sus parientes matrilineales) y, de hecho, ingresarán a la banda en un lugar bastante bajo en la jerarquía. Los machos adultos harán valer sistemáticamente su predominio sobre los jóvenes. Sin embargo, la jerarquía es flexible de manera que un joven podrá subir en la escala jerárquica mediante agresiones, ataques o, simplemente, fanfarronerías. Por esta vía, tendrá privilegios a la hora de elegir comida, lugares para dormir, etc. Los grupos de machos buscan buenas fuentes de comida e incluso van a menudo de cacería, mostrando una discreción inusitada para ellos y una cooperación admirable.
La interacción entre los dos grupos se produce por la visita que los machos hacen al espacio de las hembras. Comparten comida y, si alguna de ellas está en celo, se aparearán todos con ella. Los viejos y establecidos van primero que los jóvenes. Se han observado regularidad en el apareamiento entre ciertos especímenes lo que habla de ciertas preferencias en el mundo de los chimpancés. Las hembras chimpancés que vienen a otros grupos en época de apareamiento serán víctimas de una verdadera violación colectiva.
En síntesis, Robin Fox (p.117) sostiene que las características de la sociedad chimpancé pueden resumirse en lo siguiente:


  1. La división fundamental es entre los machos (emparentados entre sí) que conforman un grupo exclusivo y las hembras con sus familias.




  1. Los machos jóvenes se tienen que abrir paso gradualmente entre la jerarquía de machos, la que está organizada sobre la base de la jerarquía.




  1. Las hembras están organizadas en familias maternas y las vinculaciones perduran relativamente en el tiempo.




  1. Las bandas de machos son territoriales son hostiles con las hembras y los jóvenes, y en ocasiones se entregan a la caza y al canibalismo.




  1. Aunque promiscuo, el apareamiento está regido por consideraciones de situación relativa y hay pruebas de la existencia de "consortes" con quienes se da regularidad en la cópula.




  1. Con frecuencia las hembras irán a otras bandas para quedar embarazadas; machos y hembras de un mismo origen no suelen aparearse.



  1. La sociedad de monos

Si bien filogenéticamente la distancia entre monos y nuestra especie es enormemente mayor que la que poseemos con los chimpancés, es importante destacar el paralelismo evolutivo que ha existido entre los primeros, especialmente porque ambas especies se las ingeniaron para salir del bosque y adaptarse a áreas diversas, semi-boscosas y las sabanas.

A pesar de las variaciones entre sus diversas especies, el denominador común entre ellas consiste en una organización social que se ha descrito como de "círculos concéntricos". En el centro del círculo se encontrará un grupo de machos maduros (uno en circunstancias extremas; y seis o más en otros momentos). En la periferia se encontrarán bandas compuesta sólo machos jóvenes que aun no entran en los lugares de privilegio de los machos adultos. Entre los machos maduros y los machos jóvenes de la periferia se encuentran las hembras en sus familias con sus hijos dependientes. Por muchos machos que hayan, siempre habrá proporcionalmente más hembras (4 a 1). El número total de especímenes de ambos sexos puede fluctuar entre una decena y varios centenares.

Si se observa bien, los elementos de la organización de "círculos concéntricos" de los monos no es significativamente diferente a la de los chimpancés a pesar que entre los monos las cosas (jerarquía, sexo, acceso a alimento) están ordenadas con mayor rigidez. La diferencia entre chimpacés y monos es evidente: mientras en los chimpancés la división fundamental es entre machos y hembras (en los cuales los machos jóvenes deben abrirse camino en el primer grupo), entre los monos la división más neta es entre machos jóvenes y machos viejos. Es curioso lo que observan los etólogos. Cuando los chimpancés se desplazan hacia la sabana abierta, "tienden a una formación como los babuinos (monos de sabanas), con los grandes machos en el centro, las hembras y los jóvenes alrededor de ellos y los machos jóvenes en los extremos" (p. 120). Todo parece indicar que "en cuanto se interna uno en la sabana, las cosas son diferentes. Ya no se cuenta con la protección de los árboles, por una parte que protege de los depredadores, y que, por otra, dispersa y resta formalidad a la conducta de apareamiento" (p. 120).

En efecto, la sabana hace más visible la vida social lo que provoca presiones inconvenientes a la convivencia interna; quizás por lo mismo, la jerarquía de dominio entre los monos de las sabanas se hace más severa; la conducta de los consortes se vuelve más formal: los machos "cuidan" a sus parejas durante el estro (antes y después del estro tienden a compartirla); la expulsión de los machos se hace más organizada pues apenas aparecen signos de madurez salen a la periferia. A diferencia de los chimpancés, los monos jóvenes son proscritos y los adultos no vagabundean; se unen con las hembras, los jóvenes y las crías y cumplen la función de protectores y proveedores. En abierto contraste con las chimpancés, las monas no abandonan el grupo en busca del apareamiento. Literalmente, viven toda su existencia dentro de su grupo. En cambio, los machos son inquietos y suelen salir del grupo aun cuando hayan llegado a ser dominantes.

Hagamos una síntesis de la organización promedio de los monos:

  1. Existe una división fundamental entre los machos adultos que conforman un grupo exclusivo y los machos jóvenes excluidos de los privilegios.




  1. Los machos adultos dominantes están dispuestos en jerarquía y cohabitan con las familias de hembras. Se trata de una relación de poder muy ritualizada. Tienen a su cargo la protección del grupo y de sus desplazamientos.




  1. Los machos jóvenes podrán derribar a un macho adulto tirano pero las más de las veces solamente podrán reemplazarlo con la edad (no por fuerza ni tamaño).




  1. Las familias de hembras (mejor definidas que sus análogas chimpancés y perduran de por vida) están bajo el control de los machos dominantes (las que -por su parte- persiguen también sus propias estrategias de reproducción.




  1. Los machos jóvenes abandonan el grupo hembras irán a otras bandas para quedar embarazadas; machos y hembras de un mismo origen no suelen aparearse.

Entre los monos se observan dos variaciones importantes. Una grupo con muchos machos en el centro y otros con uno solo. Según Robin Fox, la presión del ambiente determinará la organización. En ambientes que escasea la comida, el grupo debe "ahorrar" eliminando los machos (un solo macho sirve para la reproducción); en ambientes de abundancia, los monos pueden darse el lujo de tener varios machos. La familia nuclear (en los babuinos por ejemplo) podría explicarse como resultado de ambientes de privación extremos.


  1. El desarrollo del cerebro


Si algo podemos concluir a partir del estudio de las sociedades de primates respecto a la vida de los primeros homínidos es que han de haber tenido una característica social muy particular para echar a andar el mecanismo de selección sexual entre machos y hembras (que no pesó tan radicalmente en otros mamíferos). Nos referimos a que entre los primates (incluidos los homínidos) la relación entre machos y hembras es duradera así como la actividad sexual también lo es. Esta sexualidad continua tiene un alto valor adaptativo, como son: a) interacción entre ambos sexos es estable; b) permite la permanente proximidad de los machos adultos para la defensa del grupo y el cuidado de las crías; c) aumenta el número de hembras disponibles para la cópula y, consecuentemente, crece el número de crías; y d) mayores oportunidades de reproducción. Sin embargo, tiene una desventaja muy clara cual es que se instala en el seno de la organización la competencia entre los machos durante todo el año y sabemos que de esta lucha solamente algunos salen victoriosos. Por su parte, las hembras se organizan en linajes en los cuales se dan relaciones de jerarquía que también pueden transformarse en un potencial peligro de competencia, claro que por cierto en mucho menor grado que en los machos: finalmente todas las hembras se reproducirán, suerte en cambio que no todos los machos poseen.
En resumen, la situación de los primates no será fácil, sobre todo para los primates que salieron del bosque, que deberán sortear los peligros inherentes a la selección sexual en una organización social con lazos estables y duraderos entre los congéneres, y, por otra parte, en un medio con comida relativamente escasa y poblado de feroces depredadores. Ya vimos que los homínidos para contrarrestar las desventajas de la sabana se aprovecharon de su marcha erguida. Pero por sobre todo, creen autores como M. Chance y Robin Fox (p. 142 y ss.), la clave de la sobrevivencia homínida en la sabana debe haber estado en el desarrollo cerebral. "Cuanto más compleja y fundamental sea la información que el animal deba tratar, es decir, cuanto más compleja y peligrosa sea la situación social en que se encuentre, más tendrá que desarrollar la capacidad de equilibrio para poder sobrevivir" (p. 144). En el caso de nuestra especie, ese equilibrio se obtiene con el crecimiento de las regiones cerebrales inhibidoras y de control de manera que los impulsos: a) estén sujetos a información del medio en la forma de; y b) control e inhibición que permite al animal demorar y sincronizar respuestas emocionales. Desde esta perspectiva, parece entendible esperar lo que tendría que haber sucedido: los individuos más equilibrados fueron los que más se reprodujeron. "Los más listos, los más astutos, los más previsores, no por fuerza los más sexuales ni los más agresivos, sino aquellos que mejor sabían cómo sincronizar y usar su sexualidad y agresión".
Hemos mencionado la tensión que debe haberse instalado en el seno de nuestros antepasados. La competencia entre machos en la selección sexual debe haber potenciado pulsiones agresivas en los jóvenes, situación que se agrava con el desarrollo tecnológico en especial la fabricación de armas. En un momento de la evolución coetánea a la caza de animales de mayor tamaño, los jóvenes pudieron haber tenido disponibles armas…lo que obligó a los machos viejos a establecer mayores cuidados.
Pero sigamos con las asociaciones. Debemos comprender los factores concomitantes al desarrollo cerebral (y a la postura erguida):


  1. Número de hijos: Un animal puede funcionar sexualmente de dos maneras diversas. Puede producir una gran cantidad de huevos, invirtiendo muy poca energía en cada huevo (estrategia “r”). O bien puede producir pocos huevos, pero invirtiendo en ellos mucha energía (estrategia “K”). La estrategia común de los mamíferos apuntó en la segunda dirección. A nivel de los antropoides, un extremo es el gorila que al tener crías cada cuatro años arriesga la desaparición de la especie; y el otro es la estrategia del mono que tiende más a “r”. Los homínidos, como el resto de los antropoides, tendió a “K” pero sin caer en el extremo de los gorilas. Debía hacerse capaz de criar más de un hijo cada vez.




  1. Cuidados paternos: A medida que las madres de los antropoides evolucionaban y podían ofrecer mejores cuidados paternos, el porcentaje de supervivencia de sus hijos con relación al de los hijos de madres menos solícitas tenía que aumentar. Sin embargo, los mayores cuidados paternos exigen también otras cosas, como el coeficiente intelectual mayor.




  1. Coeficiente intelectual: El aumento de cuidados sólo es posible si los padres (u otros adultos) están capacitados intelectualmente para hacerlo.




  1. Desarrollo del cerebro: Esto supone una estructura cerebral para ello. Dar a luz un niño de cerebro grande exige mucho oxígeno y el paso de una carga de energía a través de la placenta, es decir una gran inversión por parte de la madre.




  1. Niñez prolongada: Si un primate ha de tener un cerebro grande y desarrollado, hay que darle tiempo para que utilice este cerebro antes de que tenga que enfrentarse solo al mundo. Debe tener tiempo para aprender.




  1. Juego: La mejor manera de aprender en la niñez es jugando.




  1. Grupo: El juego supone tener compañeros de juegos, lo que a su vez supone un sistema de grupos sociales que proporcionen estos compañeros. En la fuerza del grupo los homínidos deben haber encontrado un extraordinario recurso adaptativo, por ejemplo para cazar animales más voluminosos.




  1. Comportamiento social: Para poder vivir en un grupo así hay que aprender un comportamiento social aceptable, que sólo es posible con un mayor nivel de inteligencia, que sólo se logra con un celebro desarrollado.


La superposición de niños sólo podía lograrse trasladándose menos de lugar para evitar riesgos. Ahora bien, la superposición de niños por la acentuación de la tendencia “r” genera por cierto mayores necesidades alimenticias. Esto podría haber sido posible con una división del trabajo: para que la hembra pueda disponer de ayuda ha de haber un nivel importante de cooperación en el grupo.
Conceptos: jerarquización, ritualización, simbolización, selección sexual.

Robin Fox (1934, Haworth, Yorkshire, EE.UU.) Es un antropólogo angloamericano que ha escrito sobre temas como el matrimonio, sistemas humanos de parentesco y sobre antropología evolutiva y sociología. Fundó el departamento de antropología en la Universidad Rutgers en 1967 y permaneció como profesor allí por el resto de su carrera. Fox publicó ocho libros, entre los que se incluye un trabajo, El animal imperial, con Lionel Tiger en 1972, que defendía la teoría de los carnívoros sociales en la evolución humana. Su hija Kate Fox también es una antropóloga, mejor conocida por Mirando a los ingleses. En esta clase fue su libro “La roja lámpara del incesto” que nos sirvió de punto de partida.

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