Colosenses 2,8 Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo




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títuloColosenses 2,8 Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo
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LA HUMANIDAD PROCLAMA SU INDEPENDENCIA
Génesis cap. 3
Este capítulo es uno de los más importantes de todas las Escrituras. Siendo tan rico y sugerente, deberemos esforzarnos para abreviar y abocarnos a su principal tema que es la caída del hombre y sus consecuencias.

LA TENTACIÓN

El tentador, o engañador. La serpiente que aparece en este capítulo no es un mero símbolo del mal, sino que es una personificación de Satanás, el diablo. ¿Su oficio? Engañar. (Ver 2ª Corintios 11:3 y Apocalipsis 12:9.). Aquí tenemos en acción el peligro que justificaba la orden de Dios a Adán de «guardar» el huerto. «Habiendo sido echado del cielo (Is. 14:12-15; Ez. 28:13-16), enojado y envidioso, va a desafiar la autoridad de Dios por cualquier método (2ª Cor. 2:11).» (Cliff Truman). «La raza humana entera tenía aquí (en Edén), por decirlo así, un solo cuello, y a este cuello asestó (el enemigo) el golpe.» (M. Henry).

La víctima, un vaso frágil. La tentación tuvo como blanco a Eva, el vaso más frágil (1ª Pedro 3:7). Sin duda, Eva se hallaba en el lugar inadecuado, bajo el árbol que no debía, y, además, sola. Hallada la ocasión propicia, la serpiente entra con una pregunta atrevida acerca de la revelación divina: «¿Con que Dios os ha dicho: no comáis de todo árbol del huerto?».

La estrategia, un diálogo plagado de astucia y medias verdades. Aquí comienza un diálogo lleno de astucia, de verdades engañosas o medias verdades. Esta pregunta pretende despertar en la mente de Eva la duda acerca del mandato divino, de si era pecado o no comer del árbol prohibido. Con este fin lo suaviza diciendo «os ha dicho» en vez de «os ha mandado», y, además, lo exagera al decir «todo» árbol».

Esta pregunta ha sido modelo y precursora de toda la caterva de escépticos que han querido poner en duda la verdad de Dios. Todos éstos han servido fielmente a la serpiente y han promovido su causa en el mundo por medio de preguntas vanas, las que realmente no deben ser contestadas sino con una firme contra-declaración acerca de la majestuosa autoridad de la Santa Escritura. Aquí entramos en un asunto esencial para todo hijo de Dios. El diablo puso en duda la Palabra de Dios. ¿Qué diremos nosotros? ¿No es Dios veraz? ¿No es la Palabra de Dios digna de confianza? (Ver Anexo Nº 2)

Eva defiende a Dios, pero muy mal, pues omite la palabra «todo», y dice «los árboles»; también exagera la prohibición de Dios, agregando «ni le tocaréis». La mujer sigue el lenguaje de la serpiente, refiriéndose al Creador como «Dios» y no con el vocablo más afectivo y personal «Jehová Dios» propio de este capítulo. La mujer ya se ha inclinado hacia la serpiente. Comienza a surgir también la duda acerca del amor de Dios: «¿Será cierto que Dios desea lo mejor para mí?»

En estos versículos hay varias verdades a medias. Al decir la serpiente: «No moriréis» dice una verdad a medias, porque el hombre no murió físicamente de inmediato. Luego, al decir: «Seréis como Dios» también está diciendo otra verdad parcial, porque el hombre llegó a ser como Dios en un aspecto, conociendo el bien y el mal, pero llegar a ser como Dios no es lo mismo que ser Dios. Conocer el bien y el mal no le habría de ser ninguna ventaja, porque «conoció el bien sin poder hacerlo, y el mal sin poder evitarlo» (C. H. M.).

La estocada, hacer dudar de la bondad de Dios. El ataque de Satanás fue venenoso, porque procuró destruir la confianza de Eva en lo que Dios había dicho, haciéndole creer que Él no obraba con amor. Es como si le hubiese dicho: «Hay una gran ventaja en comer de este árbol, de la cual Dios os quiere privar. Si Dios os amara y quisiera vuestra felicidad, no trataría de evitar que gocen ustedes del privilegio de conocer el bien y el mal».

A Satanás no le convenía que el hombre tuviera un conocimiento del verdadero Dios. Aun hoy Satanás le hace creer el hombre que Dios no le ama y que no quiere su bien. Lo trata de mostrar como injusto y lejano. Cuando el hombre conoce a Dios como verdaderamente es, alcanza vida eterna (Juan 17:3).

Si aquí Eva hubiese resistido firme al diablo expresando su confianza en el amor y la buena voluntad de Dios habría evitado todo el mal posterior.

LA TRANSGRESIÓN

Las tres tentaciones, ayer y hoy. El versículo 6 enumera tres tentaciones. Ellas abarcan todo cuanto hay en el mundo: lo que es agradable para comer (la «concupiscencia de la carne»); lo agradable a los ojos («concupiscencia de los ojos»); y lo codiciable para alcanzar sabiduría («la vanagloria de la vida») (Ver. 1ª Juan 2:16) 1. Con estas mismas tentaciones con que Adán y Eva cayeron, el diablo procuró la derrota del Segundo Hombre, Jesús, en el desierto. (Lucas 4:1-13). El objetivo de cada una de ellas era persuadir al Hijo del Hombre a que se separara de su actitud de dependencia y de sumisión absoluta al Padre; pero fue en vano. «Escrito está» fue el arma con la cual este bendito Hombre se defendió de cada ataque. Jesús no se apartó de las Escrituras, y en esto consistió el secreto de su triunfo.

¡Qué triste fue la respuesta de Adán y Eva comparada a la de Jesús, aunque ellos no estaban en el desierto, sino en el fértil huerto; ni estaban hambrientos por ayuno alguno, sino en medio de los frutos más deleitosos! Eva fue engañada (1ª Timoteo 2:14), y Adán fue convencido por su mujer para comer también.

El triste protagonismo de Eva. En este punto tan crucial de la historia, la mujer asumió un protagonismo fatal. Ella fue el objeto directo de la tentación, en vez de esconderse en la autoridad que tenía sobre su cabeza –su marido–, actuó de sí misma, y sin sujetarse. Por eso, la Escritura claramente registra: «Y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión» (1ª Tim. 2:14). Sin embargo, judicialmente, otro habrá de asumir la responsabilidad.

El pecado es imputado a Adán. La caída, con tan nefastas consecuencias, no fue, sin embargo, por el pecado de Eva, sino por el de Adán (entre uno y otro pecado no hubo consecuencias). Por eso la Escritura contiene: «Reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir» (Rom. 5:14). Dios había hecho un pacto con Adán, a quien había encomendado el cuidado del huerto. Después que Eva cedió, él podía aún evitar la gran caída, si se hubiese puesto del lado de Dios. El pecado de Adán no ocurrió por engaño, como el de Eva, sino que fue deliberado y consciente. Él «obedeció» a su mujer. «Es imposible para nosotros penetrar los motivos que obraron con Adán para que hiciera con ojos despejados lo que hizo la mujer engañada.» (H. B. Pratt).

Aunque corporalmente todavía vivió, la muerte alcanzó a Adán. Llegó a vivir 930 años, pero el día que comió del árbol prohibido, murió. La verdadera muerte, por tanto, no es la muerte física, sino la espiritual, que significa una separación de Dios «Porque así como en Adán todos mueren ...» (1ª Cor. 15:22). «Y él os dio a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados» (Ef. 2:1).

El pecado produce una múltiple ruptura. Primero, del hombre consigo mismo (3:7), luego con Dios (3:8), con la mujer (3:12), con la tierra (3:18), con su hermano (4:8); más adelante viene la ruptura entre padre e hijo (9:24-25), y entre las naciones (11:8-9).

Pero no menos importantes son las consecuencias que produjo la caída en la sicología del hombre. Este asunto es de capital importancia para entender, entre otras cosas, el papel del alma en la obra de Dios. (Vea Anexo).

LA CONSECUENCIA

El despertar de la conciencia

Luego de la caída, el hombre tiene miedo de Dios y se esconde. La presencia de Dios, que antes era para ellos una delicia, ahora les llena de espanto.

¿Qué ha pasado? «Fueron abiertos los ojos de ambos», no los ojos físicos, sino los de la conciencia. Como consecuencia, se han llenado de temor. La conciencia hace al hombre cobarde. Satanás había dicho a Adán y Eva que serían abiertos sus ojos, y efectivamente fue así, pero ¿qué vieron? Vieron una situación lastimosa: su desnudez. La conciencia, cuando despierta, nos muestra nuestra miseria ante Dios, y eso significa vergüenza, remordimiento, angustia. Si en esa condición, intenta el hombre justificarse a sí mismo, echando mano a sus vanos recursos para cubrirse, ha equivocado el camino (3:7), porque su delantal no le oculta de Dios ni trae paz a la conciencia. Antes bien, el temor le aterroriza, y huye a esconderse. La duda que le había puesto la serpiente en el corazón respecto de la bondad de Dios, dio fruto. Si hubiese conocido que Dios es amor habría corrido a buscarle, porque en el amor no hay temor (1ª Juan 4:17-18). Sólo después, cuando reconozca su incapacidad, Dios podrá cubrirle. (3:21).

Cómo cubrir la desnudez. Estas dos maneras de cubrir la desnudez del hombre marcan la diferencia entre las religiones del mundo y la fe cristiana. Aquéllas enseñan que el hombre ha de cubrir o disfrazar su desnudez. La fe cristiana reviste al hombre, lo cubre perfectamente por el sacrificio de Jesucristo. ¡Maravilla de Dios! Cuando la conciencia es despertada no podrá conmanera o procederrse con menos que con la justicia del sacrificio perfecto del Hijo de Dios. Todo esfuerzo humano por ayudar a Dios en la obra de la redención es inútil y vano, tan inútil y vano como el delantal de hojas para cubrir su desnudez ante Dios.

EN BUSCA DEL HOMBRE PERDIDO

Dios sale en busca del hombre con la misma actitud que observamos en las dos primeras historias de Lucas 15. Dios muestra aquí un nuevo y precioso acento de su Persona: su misericordia y su gracia para salvar. (El Dios-Creador es ahora Dios-Salvador). «Crear al hombre del polvo era una cuestión de poder; buscar al hombre en su estado de perdición y salvarlo era una obra de gracia.» (C. H. M.). Aquí vemos cómo, aun el pecado del hombre es ocasión para que Dios muestre las abundantes riquezas de su gracia. Esto es así en toda la fracasada historia del hombre. La mera creación nunca hubiera podido mostrar cabalmente la belleza del Dios que se demostró después de la caída del hombre. «La conciencia íntima de su estado de desgracia le llenó de terror; el conocimiento de los propósitos de Dios le tranquilizó. Éste es el único consuelo que puede traer paz a un corazón cargado de pecados. La comprensión desconcertante de lo que yo soy halla su respuesta de paz en la hermosa revelación de lo que Dios es, y ésta es la salvación ... Hay dos lugares en los que Dios y el hombre tienen que hallarse cara a cara. Uno de estos lugares se encuentra en el terreno de la gracia y el otro en el del juicio ... ¡Felices aquellos que lleguen a ese punto en el terreno de la gracia! ¡Ay de aquellos que tengan que venir a ese encuentro bajo las negras sombras del día del juicio!» (C. H. M.)

Múltiples rupturas. De aquí en adelante, como consecuencia del pecado, se introducen múltiples rupturas en la escena humana, que se irán manifestando en el tiempo. El hombre pierde su paz interior, se convierte en un fugitivo que huye de sí mismo y de Dios, que rompe con la mujer («la mujer que me diste ...»), con su hábitat, porque la tierra le producirá cardos y espinas. Se rompe la paz entre los hermanos (Caín mata a Abel), entre padre e hijo (Noé maldice a Cam), entre los pueblos (la confusión con motivo de la torre de Babel).

Excusas. La excusa de Adán (3:12) revela la condición del hombre no regenerado. Culpa a todos, menos a sí mismo. Es un pecador perdido, pero todavía está lleno de excusas injustas.

La excusa de Adán contiene una acusación contra Dios («La mujer que me diste por compañera –o, «que pusiste aquí conmigo», Versión Moderna– me dio del árbol, y yo comí»), y contra la mujer.

La mujer, a su vez, culpa a la serpiente. Sin embargo, Dios castiga a cada uno, porque, en su medida, son responsables. La astucia del tentador no nos justifica en nuestro pecado; nosotros somos los pecadores.2

Los misericordiosos juicios de Dios. Sin embargo, los juicios de Dios son misericordiosos, y su objetivo es llevarnos al arrepentimiento. La ira está moderada por la misericordia: En Adán, porque la maldición no vino sobre él directamente, sino sobre la tierra; en Eva, porque su simiente la vindicaría de su caída y el dolor de sus preñeces vendría seguido de gozo. (Juan 16:21).3

La primera promesa gloriosa («Protoevangelio»). Dios hace aquí una promesa que es la primera y el germen que encierra en sí todas las demás: «Ésta (la simiente de la mujer) te herirá (dará «un golpe de muerte») en la cabeza» 4. Es una promesa de victoria en medio de la derrota; de vida en medio de la muerte, es una promesa que mira al Segundo Hombre, porque el primero ha fallado: Es la simiente de la mujer (la simiente es Cristo, Gál. 3:16), que herirá de muerte a la serpiente 5. Adán cree esta promesa, por eso tiene fe para llamar a Eva «madre de todos los vivientes» (si no, habría dicho, de los muertos o moribundos). Este es el primer fruto precioso de la revelación divina en Adán. Si no hubiese creído, no habría podido soportar los efectos de su propio pecado. Creyó que de Eva nacería uno que le vengaría perfectamente del enemigo que le hizo caer. Lo cual, en efecto, sucedió en la Cruz (Hebreos 2:9-15; Colosenses 2:15).

La iglesia, como el cuerpo de Cristo, participa también de esta promesa, porque siendo la expresión de Cristo sobre la tierra, sostiene la victoria de Cristo profetizada en el huerto sobre Satanás.

Un tipo de la justicia imputada. En el versículo 21 tenemos tipificada la gran doctrina de la justicia divina. Este vestido que Dios les proveyó, a diferencia del que ellos se hicieron, resultó del sacrificio de un animal, con derramamiento de sangre. Dios mismo muestra al hombre cuál habrá de ser el medio para alcanzar paz con Dios. Este es el modelo que habría de seguir más tarde Abel. (Hebreos 11:4), y todos los que alcanzan la justicia de Dios por medio de un sustituto.

La justicia de Dios habrá de venir necesariamente de un sacrificio, que mira a aquel único y suficiente sacrificio por los pecados, el de Cristo en la cruz. Luego, el pecador puede estar en paz si por la fe puede decir que Dios lo ha vestido.

LA EXPULSIÓN DEL HUERTO

Un favor divino. Aparentemente el destierro del huerto fue una manifestación de la ira de Dios, que les quitaba un bien, pero en verdad fue todo lo contrario. El hombre caído tenía que ser privado del árbol de la vida, porque el comerlo no haría más que prolongar el sufrimiento de los males introducidos por el pecado. Habría significado vivir para siempre en un cuerpo corrompido por la maldad. Así que, por su bien, fue echado del huerto. Por otro lado, Dios tenía que poner resguardos en la creación, porque, como dice M. Henry, «un pecador rebelde, si hubiese logrado hacerse inmortal, habría sido un monstruo y el permanente terror del Universo.»

Otro mejor árbol de vida. El árbol de la vida le fue privado allí; pero hoy los creyentes, no sólo comemos del verdadero Árbol de la Vida, que es Cristo, sino que somos parte de Él. (Juan 15:4-5; Efesios 5:30). Más adelante, en el cielo y tierra nuevos, el árbol perdido en el huerto estará en medio de la nueva Jerusalén. (Apocalipsis 22:2). No habrá motivos para temer una nueva calamidad, porque Satanás ya nunca más estará al acecho.

ADÁN Y CRISTO

Al finalizar el estudio de este capítulo, uno de los más tristes de las Sagradas Escrituras, no podemos dejar de considerar dos pasajes del Nuevo Testamento íntimamente relacionados, y que alientan el corazón creyente. En realidad, Génesis capítulo 3 termina en el Nuevo Testamento; ahí está el final de la historia:

a) Romanos 5:12 al 19, que contrapone hermosamente a Adán y Cristo. Adán introdujo el pecado, y con él la muerte; pero Cristo, con su obediencia, nos trajo la justicia de Dios. En Adán pecamos y morimos, por él reina el pecado y la muerte; pero Dios nos ha trasladado por su gracia de Adán a Cristo, en quien encontramos la vida y la justicia, de manera que somos constituidos justos. Ya no estamos en Adán, sino que estamos en Cristo.

b) 1ª Corintios 15:45-47, en que se nos dice que Cristo es el postrer Adán (no el segundo, lo cual sugeriría una nueva caída, ni como si pudiera haber un tercero), porque con su muerte se sepultó la vieja creación; y es también el Segundo Hombre, celestial, que inicia una nueva. La antigua creación (de Adanes) vive por su alma; en cambio la nueva creación (conmanera o procederda por hombres conmanera o proceder a la imagen de Cristo) ha sido vivificada por el Espíritu de Cristo.

¡Bienaventurados quienes han sido alcanzados por la gracia de Dios en Cristo Jesús!

***

1 «Los peldaños de la transgresión (no son) hacia arriba, sino hacia abajo: Vio, tomó y comió. El camino del pecado es hacia abajo; una persona no puede pararse en él cuando quiere.» (Henry, op.cit).

2 El Señor Jesús asumió como hombre las consecuencias del pecado en el huerto, aunque Él no cometió pecado. ¿Hubo dolores de parto? El los sufrió (Is. 53:11) ¿Vino la sujeción? Él fue puesto bajo la Ley (Gál. 4:4) ¿Llegó la maldición? Él fue hecho por nosotros maldición (Gál. 3:13); ¿Hubo espinas? Él fue coronado de espinas por nosotros. ¿Entró el sudor? Él sudó como grandes gotas de sangre. ¿Vino el dolor? Él fue varón de dolores. ¿Entró la muerte? Él se hizo obediente hasta la muerte. (Henry, op. cit.).

3 El sentido del versículo 16a no es que los dolores de la mujer serían aumentados, como si antes de la caída ya los hubiese tenido. Los dolores surgieron con la caída. H. B. Pratt, en la Versión Moderna, traduce: «Haré que sean muchos los trabajos de tus preñeces; con dolor parirás los hijos ...» La realidad del versículo 16 (b) no era la perfecta voluntad de Dios. La tiranía del hombre sobre la mujer es consecuencia del pecado. En cambio, en Cristo, la mujer es dignificada. Lo anterior, sin embargo, sigue siendo una dolorosa realidad vivida en el mundo musulmán, por ejemplo, donde la mujer es objeto de degradación y servidumbre por parte del hombre.

4 A. B. Simpson señala que aquí surgen tres conflictos: entre la mujer y la serpiente, entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente, y entre la Simiente Divina, Cristo, y la Serpiente, el diablo.

5 Tres importantes cosas se infieren del versículo 15 con respecto a Cristo:
a) Su encarnación, pues habría de ser la simiente de la mujer.
b) Sus padecimientos y su muerte, indicados por la herida producida en su talón por Satanás.
c) Su consiguiente victoria sobre Satanás, porque le herirá en la cabeza. (Henry, op. cit.).

Cuestionario

1. Examinemos el valor de la Palabra de Dios. ¿Cuál fue la actitud hacia ella de parte de Adán y Eva, y de parte de Cristo en el desierto? ¿Qué consecuencias trajo en ambos casos?
2. ¿Por qué conocer el bien y el mal no fue ninguna ventaja para el hombre?
3. Aunque el pecado de Eva fue primero que el de Adán, ¿Por qué el de Adán fue más grave? Dé dos razones
4. ¿De qué manera alcanzó la muerte a Adán y Eva, y qué «rupturas» trajo consigo?
5. Cuando se despierta la conciencia, ¿qué manera o proceders existen para acallarla? ¿Cuál de ellas es aprobada por Dios?
6. ¿Qué aspecto del carácter de Dios se mostró después de la caída?
7. ¿Cuál es la primera gran promesa de Génesis 3:15, y en quién se cumple?
8. ¿Qué importancia simbólica tiene el vestido que Dios proveyó a Adán y Eva?
9. A la luz de Romanos 5:12-19 y 1ª Cor. 15:45-47 explique de qué manera Cristo nos vindicó de la caída de Adán




ANEXO Nº 1: Sicología del hombre caído

 

El hombre que Dios formó era notablemente diferente de todos los demás seres creados. Su espíritu era similar al de los ángeles, y su alma era parecida a la de los animales inferiores. Originariamente el espíritu del hombre era la parte más noble de todo su ser, y el alma y el cuerpo le estaban sujetos. En condiciones normales el espíritu es como un amo, el alma es como un mayordomo y el cuerpo es como un criado. El amo encarga asuntos al mayordomo, quien a su vez ordena al criado que los lleve a cabo. El amo da órdenes al mayordomo en privado. El mayordomo parece ser el dueño de todo, pero en realidad el dueño de todo es el amo. Por desgracia, el hombre ha caído, ha sido derrotado y ha pecado, y con ello se ha tergiversado el orden correcto del espíritu, el alma y el cuerpo.

Si Adán hubiera decidido en su voluntad tomar y comer del fruto de la vida, la propia vida de Dios hubiera entrado en su espíritu, habría impregnado su alma y habría pasado su cuerpo a la incorruptibilidad. Sin embargo, al tomar del árbol del conocimiento del bien y del mal, se elevó su alma y se suprimió el espíritu. Dios no prohibió al hombre que comiera de ese árbol sólo para probarlo, sino porque sabía que la vida del alma sería tan estimulada que la vida de su espíritu quedaría ahogada.

El conocimiento del bien y del mal surge del intelecto del alma humana. Hincha la vida del alma y por consiguiente rebaja la vida del espíritu hasta el punto que ésta pierde todo conocimiento de Dios y queda como muerto.

El valor que tiene el alma es realmente grande si mantiene su papel de mayordomo y permite que el espíritu sea el amo. El hombre puede entonces recibir la vida de Dios y estar en conexión con Dios. Si, en cambio, este mundo anímico (es decir, del alma) se hincha, consecuentemente el espíritu queda reprimido. El hombre original sucumbió a la muerte porque comió de la fruta del conocimiento del bien y del mal, desarrollando así de manera anormal su vida anímica.

En la tentación, Satanás utilizó la necesidad física de Eva como primer objetivo a atacar. A continuación intentó seducir el alma, dándole a entender que haciendo lo que él le decía se le abrirían los ojos para conocer el bien y el mal. Aunque esta búsqueda de conocimiento era totalmente legítima, su consumación llevó a su espíritu a una abierta rebeldía contra Dios.

Cuando Dios habló con Adán, antes que nada le dijo: «El día que comieres, ciertamente morirás.» Aun así, Adán y Eva vivieron cientos de años después de haber comido la fruta prohibida, lo cual indica que la muerte que Dios había anunciado no era física. La muerte de Adán empezó en su espíritu.

¿Qué es realmente la muerte? Según la definición científica, la muerte es «el cese de la comunicación con el medio ambiente». La muerte del espíritu es el cese de su comunicación con Dios. Así pues, cuando decimos que el espíritu está muerto no implica que ya no haya espíritu; sólo queremos decir que el espíritu ha perdido su sensibilidad hacia Dios y por eso está muerto para Él. La situación exacta es que el espíritu está incapacitado para tener comunión íntima con Dios. Puede un hombre ser religioso, moral, erudito, capaz, fuerte y sabio, pero está muerto para Dios. Incluso puede hablar de Dios, razonar acerca de Dios y predicar a Dios, pero sigue estando muerto para él. El hombre no puede oír o percibir la voz del Espíritu de Dios.

Desde la caída, el espíritu de Adán (así como el de todos sus descendientes) cayó bajo la opresión del alma, hasta que poco a poco se fusionó con el alma y las dos partes quedaron fuertemente unidas. El escritor de Hebreos afirma en 4:12 que la Palabra de Dios traspasará y separará el alma y el espíritu. La separación es necesaria porque el espíritu y el alma se han vuelto uno. Mientras están íntimamente unidos, sumergen al hombre en un mundo físico. Todo se hace siguiendo los dictados del intelecto o del sentimiento. El espíritu ha perdido su poder y su sensibilidad, como si estuviera totalmente dormido.

Al ceder a las exigencias de sus pasiones y deseos carnales, el alma se ha convertido en esclava del cuerpo, de manera que el Espíritu Santo no tiene oportunidades para luchar con miras a recuperarla para Dios. La Biblia dice de la carne que es el compuesto del alma no regenerada y de la vida física aunque la mayoría de las veces señala al pecado que está en la carne. Una vez que el hombre está bajo el dominio de la carne no tiene ninguna posibilidad de liberarse. El alma ha sustituido a la autoridad del espíritu. Todo se hace independientemente y según los dictados de su mente. Incluso en asuntos religiosos, en la más apasionada búsqueda de Dios, todo se lleva a cabo con la fuerza y la voluntad del alma del hombre, carente de la revelación del Espíritu Santo.

Al hombre carnal lo puede controlar, además del alma, el cuerpo, porque cuerpo y alma están fuertemente entrelazados. Como el cuerpo de pecado abunda en deseos y pasiones, el hombre puede cometer los pecados más espantosos. El cuerpo está hecho del polvo de la tierra y por eso su tendencia natural es hacia la tierra. La introducción del veneno de la serpiente en el cuerpo del hombre convierte todos sus deseos legítimos en deseos carnales. El poder del cuerpo se vuelve tan abrumador que el alma no puede hacer otra cosa que convertirse en una esclava obediente.

El plan de Dios para el espíritu era que tuviese la preeminencia, que gobernase nuestra alma. Pero una vez que el hombre se vuelve carnal, su espíritu queda esclavizado al alma. La degradación aumenta cuando el hombre se vuelve «corporal» (del cuerpo), porque el cuerpo, que es más bajo que el alma, llega a ser el soberano. Entonces el hombre ha descendido del «control del espíritu» al «control del alma», y del control del alma» al «control del cuerpo». Cada vez se hunde más y más. Qué lamentable es cuando la carne consigue el dominio.

Sin embargo, gracias a Dios, este oscuro panorama cambia radicalmente, cuando vemos lo que Dios ha hecho en los creyentes. Mediante la regeneración (o nuevo nacimiento, Juan cap. 3) la vida de Dios es transmitida al espíritu del hombre, por lo cual viene a ser un hijo de Dios. (Nadie podría serlo sin nacer del espíritu, porque Dios es espíritu).

Así, aunque antes de la regeneración el alma del hombre controlaba a su espíritu (y el «yo» gobernaba a su alma y su pasión gobernaba a su cuerpo), ahora, a partir de la regeneración, el Espíritu Santo gobierna el espíritu del hombre, el que, a su vez, es equipado para recuperar el control sobre su alma y, por medio del alma, gobernar su cuerpo. ¡Gloria a Dios por su obra perfecta!

(Watchman Nee, en El hombre espiritual, Tomo I, cap.3 y 4 (resumido).

 

CUESTIONARIO

1. Explique la alegoría del amo, el mayordomo y el criado
2. ¿Qué alteración sicológica se produjo en el alma y el espíritu del hombre después de la caída?
3. ¿Qué significa decir que «el espíritu del hombre está muerto»?
4. ¿Puede el hombre tener comunión con Dios con su alma, sin su espíritu? Explique
5. ¿Qué importancia tiene para el creyente la separación del alma y el espíritu por la Palabra? (Hebreos 4:12)
6. ¿Quién(es) tiene(n) el control de la vida de un hombre cuando no anda en el Espíritu?
7. ¿Cuál es la importancia de la «regeneración»?

 




ANEXO 2: El valor de la Palabra de Dios (C. H. Mackintosh).

 

«No hay otra cosa que nos llame más la atención que la Escritura nos señala que ella es digna de la más profunda reverencia y de la obediencia más exacta. Debemos obedecer la Palabra de Dios simplemente porque es su Palabra. Dudar de ella (...) es lo mismo que blasfemar su nombre. Nosotros somos criaturas de su mano y él es el Creador. ¿Quién mejor que él tiene derecho a demandar obediencia?

El escéptico puede decir, si quiere, que prestamos una obediencia ciega cuando no dudamos ni preguntamos, pero nosotros llamamos a eso obediencia inteligente, por cuanto se funda en un conocimiento seguro de que es la Palabra de Dios. Si no tuviéramos esa Palabra, andaríamos en medio de la oscuridad más densa, porque no hay ningún rayo de luz en nuestro corazón ni en el mundo que nos rodea que no emane directamente de esa Palabra pura y eterna. Lo más importante es preguntarnos: ¿Ha hablado Dios? Entonces la obediencia sin reservas se convierte en el acto de la más elevada categoría (...) En la esfera de las relaciones entre Dios y el hombre, ningún hombre o ningún cuerpo de hombres podrá legítimamente arrogarse una autoridad para imponer obediencia a sus decretos alegando como razón la eminencia de su índole personal ... Cuando Dios habla, no le resta al hombre más que obedecer. ¡Dichoso si lo hace!, pues la incredulidad se esconde detrás de la duda con respecto al carácter de la Biblia como Palabra divina. La superstición se vale de la ignorancia acerca de la autoridad que se atribuye el hombre para esclavizar la conciencia. Las dos procuran quitar de la Palabra divina su derecho a servir al hombre como antorcha segura para dirigirle en el sendero de la obediencia (...)

La única protección adecuada (contra el peligro del racionalismo de nuestros tiempos) es una fe inamovible en la inspiración plena y la autoridad suprema de TODA ESCRITURA. El alma que se refugia detrás de este baluarte tiene una respuesta para toda clase de objeción (...)
Lo único que necesita saber el hombre de fe es que Dios ha hablado (...) Una sola frase de la Palabra de Dios es una respuesta amplia a todos los razonamientos y las especulaciones de la mente humana. Cuando las convicciones del corazón tienen su base en las declaraciones de la Escritura, no le es difícil resistir toda la corriente de las opiniones y de los prejuicios contrarios de sus semejantes (...). Sin ella todo nos parecería oscuro e incierto; con ella todo es luz y paz. Donde brilla esta lámpara se distingue claramente el sendero seguro; donde no le es permitido arder, el alma se ve obligada a vagar entre el laberinto de las tradiciones humanas.

Querido lector cristiano: pensemos bien si hay otra cosa con la que podamos defendernos, en el servicio que prestamos a Cristo, contra los elementos de esta generación perversa. No la hay, ni la necesitamos. La Palabra de Dios, juntamente con el Espíritu Santo –el único que sabe interpretar esa Palabra y aplicarla a nuestra condición diaria– es todo lo que necesitamos para nuestro equipo completo, «a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra», bajo cualquiera manera o proceder que se nos presente (2ª Timoteo 3:16-17). ¡Qué consolador es esto y qué descanso proporciona al corazón! Estamos seguros contra todas las asechanzas de Satanás y todas las perplejidades que causan las imaginaciones del hombre. ¡La pura e incorruptible Palabra de Dios que vive y permanece para siempre! Adoremos a Dios por este don inconmensurable.»
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«la cosa en sí misma» (Das Ding an sich). Según Kant, el ser humano no puede conocer las cosas-en-sí-mismas, sino solamente las cosas...

Colosenses 2,8 Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo iconUn estudio prueba que a partir de 50 microgramos por litro crecen...

Colosenses 2,8 Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo iconA) Indique si el carácter mostrado en la genealogía por los símbolos...

Colosenses 2,8 Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo iconSegún los expertos reunidos para exponer y debatir los últimos avances...

Colosenses 2,8 Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo iconUna Introducción Serena y Profunda de las “perlas de sabiduríA” Derramadas...

Colosenses 2,8 Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo iconResumen de sus cualidades 36 Leyes del Cosmos 39 4 41 Cómo se manifiestan...
«En tiempos pasados los hombres estaban siempre en busca de dioses a quienes adorar. En el futuro, los hombres vamos a tener que...




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