Colosenses 2,8 Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo




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LOS COMIENZOS DE BABILONIA
Génesis capítulos 10 y 11
En esta lección estudiaremos fundamentalmente a uno de los descendientes de Cam —Nimrod–, y la construcción de Babel, que es el principio de Babilonia en las Escrituras. De ahí nos extenderemos con mayor amplitud hacia lo que significa Babilonia.

Los descendientes de Noé

En el capítulo 10 se pasa revista a los descendientes de los hijos de Noé comenzando con Jafet (vv.1-5), y siguiendo con Cam (vv. 6-20), para luego llegar y detenerse en la rama principal: Sem (vv. 21-32). La rama de Sem es la más importante, porque de ahí saldrá el pueblo escogido: Israel. (Las líneas de Jafet y Cam se extienden hasta la tercera generación; en cambio, la de Sem hasta la sexta).

No obstante, en este capítulo, nuestra atención estará centrada en los descendientes de Cam, específicamente en Nimrod, y en su mayor obra: Babel, que es prototipo de las construcciones humanas que se oponen a Dios.1

En este capítulo hay un marcado énfasis sobre el número 7. Por ejemplo, se mencionan siete hijos de Jafet (10:2); sus nietos son siete (10:3-4). Mizraim tiene también siete hijos (10:13-14). En total, se mencionan 70 pueblos (14 jafetitas, 30 camitas y 26 semitas). Estos 70 proceden de un mismo tronco: Noé.2

El capítulo 11 es una explicación, entre otras cosas, de lo que vemos en el capítulo 10: el porqué la humanidad se dividió en tantos pueblos con tantas lenguas diferentes.

Nimrod

El relato del capítulo 10 hace una pausa en el desarrollo de las genealogías para narrar, entre los versículos 8 y 12, un episodio en torno a una persona: Nimrod. Esto le confiere una especial importancia.

El significado de la palabra «nimrod» se asocia con el verbo ‘marad’, «rebelar», lo cual anticipa los principales sucesos en que se vio involucrado este personaje. Nimrod llegó a ser «el primer poderoso en la tierra». La palabra poderoso (‘gibbor’ en hebreo) indica violencia, poder tiránico, lo cual sugiere que Nimrod se convirtió en un déspota. (La Biblia de Jerusalén traduce «gibbor» como «prepotente»).

El poder político de Nimrod se extendió por varias ciudades de gran importancia histórica como Erec, Acad, Asiria, Nínive y Cala. Se cree que fundó Nínive después del fracaso de la torre de Babel.

La frase «vigoroso cazador delante de Jehová» (10:9), no significa que Dios aprobara a Nimrod. La frase indica simplemente que la actividad de Nimrod llama la atención de Dios. (La versión griega del Antiguo Testamento –la Septuaginta– traduce «contra Jehová», en vez de «delante de Jehová»).

Nimrod puede ser estudiado también como tipo del anticristo.3

Babel

«Babel» significa, en idioma babilónico, «la puerta del dios», y en hebreo, «confusión». Esto sugiere que Nimrod, su mentor, quería presentarse ante la gente como si fuera un dios.

Babel fue edificada en una llanura. En la extensa llanura que hay al sur de Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Eufrates. Como en Mesopotamia escasea la piedra, construyeron con ladrillo (hecho de arcilla cocida, endurecida). Con estos materiales levantaron Babel, y más tarde construyeron otros enormes monumentos arquitectónicos. (Nota interesante: En Palestina, a diferencia de Babilonia, escasea la arcilla pero abunda la piedra).

La ciudad de Babel y la torre construida (v. 4) hacen pensar en los ziggurats, que eran estructuras sagradas babilónicas.4 Los hombres querían lograr dos objetivos: querían hacerse un nombre, y llegar al cielo. Se llenaron de ambición de poder, de orgullo y rebelión. Pero «cuando los hombres rechazan en su escarnio las leyes y la gracia de Dios, y se exaltan a sí mismos, la catástrofe cae inevitablemente sobre ellos.» (Ch. Pfeiffer).

Dios descendió para ver lo que los hombres estaban haciendo. (El «he aquí» del versículo 11:6 es similar al de 3:22; ambas frases expresan la preocupación de Dios por prevenir algo calamitoso).

Y Dios confundió sus lenguas (el «vamos» de los hombres en 11:4 encuentra eco en la expresión «vamos» de Dios, en 11:7 –así lo traduce la Versión Moderna; Reina-Valera traduce como «descendamos»). Esto es el juicio de Dios, que indica que Dios no estaba en ello, ni podía estar de acuerdo. («Quienes ambicionan un gran nombre, salen ordinariamente con un mal nombre», M. Henry).5

Sin embargo, el juicio de Dios es misericordioso, porque no guarda relación con la gravedad de la ofensa. Dios no descendió con muerte, sino con la confusión de lenguas y con la consecuente dispersión de los hombres. La multiplicidad de idiomas que hay en el mundo no es un monumento al genio humano, sino a la arrogancia del hombre.6 Es un testimonio de la ambición del hombre de querer alcanzar el cielo. Los hechos relacionados con la torre de Babel ocurrieron, al parecer, en días de Peleg (10:25), o sea, en la cuarta generación, unos 100 años después del diluvio, y 320 años antes del llamamiento de Abraham.

Tal fue la suerte de la primera gran asociación de los hombres, y así será hasta el fin.7 Pero Babilonia tiene aún mayores alcances y significaciones que las que hemos visto hasta aquí.

La madre de las religiones

Babel es el comienzo de Babilonia, y como tal, Babel representa el verdadero carácter, objeto y resultado de todas las asociaciones humanas, y de las religiones humanas. Es el prototipo de todas ellas. A la muerte de Nimrod, su figura fue deificada, bajo el nombre de Marduk (o Merodac), junto a la de su esposa, Semi-ramis y a la de su hijo, Tamuz. Esta tríada de dioses (el padre, la mujer y el niño) pasó a todas las culturas, donde adquirió algunos rasgos y nombres distintos 8.

Babilonia es un nombre muy conocido, y de una influencia muy notoria en las Escrituras. Desde el capítulo 10 de Génesis y hasta el capítulo 18 de Apocalipsis, Babilonia siempre se identifica con las fuerzas que se oponen a Dios, a la obra de Dios, y al testimonio de los siervos de Dios. Cada vez que Dios se levanta un testimonio sobre la tierra, Satanás tiene una Babilonia para dañar ese testimonio. En el Antiguo Testamento, Babilonia se opone a Israel; en el Nuevo, Babilonia se opone a la Iglesia. Ella nace en Génesis 11, y muere en Apocalipsis 18 (Ver Anexo).

***

1 «Por largo tiempo Babilonia fue conocida como la «Tierra de Nimrod». Después se identificó a Nimrod como dios de Babilonia, siendo su nombre idéntico con Merodac.» (Halley, op. cit.).

2 A. B. Simpson señala, comentando este pasaje: «Los judíos solían hablar de las setenta naciones de que se componía la familia humana». Es interesante observar, además, que Dios distribuyó los límites de estos pueblos según el número de los hijos de Israel –¡aunque éstos no aún no habían nacido! (Deut. 32:8).

3 Como tipo del anticristo, Nimrod presenta los siguientes rasgos: a) Nimrod, descrito como «poderoso», significa «rebelde». El anticristo vendrá con gran poder y va a desafiar a Dios (2ª Tes. 2:3-4) b) Nimrod era cazador, no tanto de animales, como de hombres «Cazador» es usado en este sentido en 1 Samuel 11:24 b; Jeremías 16:16-17; Proverbios 6:26. c) Mostró gran orgullo: «Por lo cual se dice: Así como Nimrod». El anticristo «se hará pasar por Dios» (2ª Tes. 2:4), y recibirá el culto de la gente (Apoc. 13:4). d) Nimrod era jefe de muchas naciones. El anticristo controlará a todo el mundo (Apoc. 13:7); y tal como la ambición de Nimrod fue juzgada, el anticristo será juzgado (Apoc. 19:20). (Truman, op. cit.).

4 Los ziggurats eran torres escalonadas cuadradas o rectangulares, con una especie de capilla en la parte más alta. Estos ziggurats sobreviven hasta el día de hoy en Mesopotamia. El propósito de estos monumentos era simbolizar una montaña arraigada en la tierra, cuya cabeza alcanzaba las nubes. La cabeza era considerada el punto de unión entre el cielo y la tierra, y abría la posibilidad de comunicación entre lo humano y lo divino.» (Voth, op.cit.). «Entre las ruinas de la antigua Babilonia se encuentran los restos de un edificio de 51 m. de alto por 133 de base. Fue construido de ladrillos secos, en siete platamanera o proceders, correspondiendo a los siete planetas conocidos a los que estaba dedicado. La más baja era de color negro, el color de Saturno; la siguiente era naranja, por Júpiter; la tercera de rojo, por Marte; y así sucesivamente. Estas platamanera o proceders estaban coronadas por una torre alta, en cuya cúspide aparecían los signos del zodíaco.» (H. Willmington, op. cit.).

5 El arqueólogo G. Smith halló en las ruinas de Babilonia una tablilla antigua con la leyenda que parece ser una tradición de Babel: «La construcción de esta ilustre torre ofendió a los dioses. En una noche derribaron lo que se había edificado. Los esparcieron lejos, e hicieron extraño su lenguaje. Impidieron su progreso. Lloraron lágrimas ardientes sobre Babilonia.» (H. Halley, op. cit).

6 Un resultado del pecado de Babel fue la confusión de lenguas que produjo las tres divisiones de la raza humana, los semitas, los camitas y los jafetitas. Pero en la cruz del calvario, estas tres divisiones se reúnen otra vez, (Gál.3:28). En el libro de los Hechos vemos cómo la salvación de Dios llega a descendientes de las tres ramas raciales: a los judíos descendientes de Sem, en Hechos 2:41; a un etíope africano, descendiente de Cam, en Hechos 8:26-39, y a un centurión romano descendiente de Jafet, en Hechos 10. (Truman, op. cit.).

7 «Es interesante hacer una asociación entre Génesis 11, Hechos 2 y Apocalipsis 7. En Génesis 11 la diversidad de lenguas es la expresión del juicio de Dios; en Hechos 2 las lenguas son la dádiva de su gracia; y en Apocalipsis 7 todas estas lenguas están reunidas alrededor del Cordero rindiéndole tributo de gloria. La asociación de Dios culmina en gloria; la del hombre en confusión.» (C. H. Mackintosh, en Estudio sobre el libro del Génesis). Al respecto, Alan Richardson afirma: «Cuando los hombres en su soberbia se jactan de sus propios logros, lo único que resulta es división, confusión, y falta de entendimiento; pero cuando se proclaman las maravillosas obras de Dios, entonces cada persona puede oír el evangelio apostólico en su propia lengua». (Comentario Bíblico Moody).

8 Recomendamos la lectura del libro «Babilonia, misterio religioso», por Ralph Woodrow, que abunda en detalles al respecto.

Cuestionario

1. ¿Cuáles son los dos principales rasgos de Nimrod?
2. ¿Cómo traduce la Septuaginta la expresión «vigoroso cazador delante de Jehová»?
3. ¿Qué significados tiene la palabra «Babel»? ¿Por qué estos significados son tan distintos? ¿Tiene alguna explicación espiritual?
4. ¿Qué demuestra la diversidad de idiomas que hay en el mundo?
5. Espiritualmente, ¿qué lugar tiene Babilonia con respecto a Dios y a la obra de Dios?

 




ANEXO: Babilonia y Jerusalén

 

 

Babilonia y Jerusalén son dos ciudades, dos principios y dos desenlaces distintos en la consumación de los siglos. Desde el Génesis al Apocalipsis está Babilonia. Sus comienzos son débiles –con la torre de Babel– pero al final llega a tener el mundo en sus manos.

¿Por qué ha de interesarnos conocer lo que Dios dice respecto de estas dos ciudades? Hay mucho provecho espiritual en ello. Una ciudad –Babilonia– es terrena y aparece descrita como «la gran ciudad» en Apocalipsis 17:18; la otra –Jerusalén– es celestial, y de ella se dice que es la «ciudad santa» (Ap. 21:2). La una muestra la grandeza humana (como también su miseria), y la otra luce la gloria de Dios. ¿Cómo diferenciamos una ciudad de la otra? Vayamos a la Escritura.

 

La torre de Babel

Babel fue edificada sobre una llanura en la tierra de Sinar. Una tierra llana, muy agradable a la vista. Lot escogió para él la llanura del Jordán, y se extendió hasta Sodoma (Gén. 13:12). Luego tuvo consecuencias (Gén. 19). Todo lo que está edificado sobre una llanura, en la Biblia, tiene que ver con juicio; en cambio, Jerusalén está levantada sobre un monte (Salmo 125:1, Heb. 12:22), y goza del favor de Dios.

El monte de Jehová es el monte de Santidad (Zac. 8:3). De ese monte sale la ley de Dios, su Palabra. (Is. 2:3). El Señor subía al monte para orar (Mar. 6:46), y para enseñar (Mat. 5:1). El Señor se transfiguró delante de tres de sus discípulos en un monte (Mat. 17:1). Desde un monte ascendió a los cielos (Hch. 1:12). El Espíritu llevó a Ezequiel y a Juan en Patmos sobre un monte alto para mostrarles una ciudad: Jerusalén. (Ez. 40:2; Ap. 21:10). Las más altas revelaciones, las más gloriosas visiones se tienen siempre sobre un monte.

Babel fue construida, sin embargo, en una llanura. Y para levantarla, los hombres usaron ladrillo. Por primera vez en la historia, aparecía un elemento nuevo para construir, fruto de la industria del hombre. Babilonia siempre deja de lado lo que es de Dios, para crear su propia obra, y trazarse su propio camino.

El propósito de ellos era doble: llegar al cielo; y hacerse un nombre. En Isaías 14 encontramos un pasaje muy parecido a éste. Allí vemos a Satanás diciendo: «Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono ... y seré semejante al Altísimo» (vers. 13-14). Satanás decía: «Subiré al cielo». Aquí los hombres dicen: «Edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo.» Satanás siempre siembra en el corazón del hombre la misma cizaña: ese mismo propósito frustrado suyo de ocupar el trono de Dios.

Satanás le dijo a Eva en el Edén: «El día que comáis del árbol, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios.» A todo el mundo le dice lo mismo: «Si hacen lo que yo les digo, ustedes van a ser como Dios.» Satanás siembra en el hombre la aspiración a la grandeza, al poder, al señorío, que es una característica de Babilonia. En cambio, y por el contrario, vemos al Señor Jesucristo dejando su manera o proceder de Dios, despojándose a sí mismo, tomando manera o proceder de siervo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Mientras Satanás pretende subir siempre, el Señor Jesús descendió hasta los lugares más bajos. «Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo y le dio un nombre que es sobre todo nombre» (Fil. 2:9-10).

El principio de exaltarse a sí mismo también está presente en la cristiandad hoy, y causa muchos sufrimientos y divisiones en el cuerpo de Cristo. «Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor»– dijo el Señor. (Mat. 20:26).

Ellos dijeron: «Hagámonos un nombre.» Esto también es algo muy vigente hoy. Muchos buscan hacerse un nombre. Y esto también ha entrado en la cristiandad. ¿Los que amamos al Señor buscaremos lo mismo? ¿O más bien esperaremos a que el Señor nos dé a conocer el nombre nuevo que Él nos tiene reservado? (Ap. 2:17; 3:5). Entonces Dios descendió y confundió la lengua de ellos. Esto nos habla de juicio. En las Escrituras, vemos que siempre caen sobre Babilonia los juicios de Dios. Y el propósito que tienen estos juicios es vindicar la gloria de Dios. Babel es confusión. Muchas voces, distintos pareceres. Allí no hay acuerdo, no hay un solo sentir, no hay un mismo parecer. El resultado: la atomización. Cada uno por su lado, buscando su propia gloria y destacarse a su manera. En la ciudad de Dios, en cambio, hay una sola opinión: la de Cristo. Un solo nombre: el nombre de Jesús. Un solo pueblo: la iglesia. Un solo Espíritu: el Espíritu Santo. Una esperanza: la esperanza de vida eterna. Un Señor: el Señor Jesucristo. Una fe: la fe bendita del Hijo de Dios. Un bautismo, un Dios y Padre de todos. (Ef. 4:4-6).

 

El manto babilónico

Josué capítulo 6. Antes de tomar la ciudad de Jericó, Dios le había advertido al pueblo que no tomara del anatema (17-19). Pese a ello, Acán lo hizo. Tomó el oro y también un manto babilónico muy bueno. ¿Cuál fue la consecuencia de ello? En la próxima batalla que libró el pueblo de Israel sufrió una vergonzosa derrota. Sabemos el resto de la historia. Acán fue seducido por el manto babilónico. Era espléndido, llamativo, muy superior a los toscos atuendos que ellos traían. Ellos venían saliendo de cuarenta años de vagar por el desierto. Pero he aquí aparece ante sus ojos algo atractivo. ¿No sería admirado con él?
De nuevo tenemos aquí a Babilonia provocando un juicio de parte de Dios.

 

Ananías y Safira

Hechos, capítulo 5. ¿Qué encontramos aquí? Un matrimonio mintió al Espíritu Santo, después de que ellos habían ofrecido algo al Señor. Ellos quisieron aparecer como espirituales ante la iglesia. Cayeron en la hipocresía y el engaño. Se escudaron –lo mismo que Acán– en un principio espiritual, esto es, consagrar algo para Dios. Las circunstancias pueden cambiar entre Babel, Acán y Ananías y Safira, pero los principios son los mismos. El principio de Babilonia es la hipocresía, la grandiosidad, el ropaje externo, la espectacularidad, el nombre, la apariencia.

 

El pecado de Ezequías

En la Escritura se nos cuenta de un rey llamado Ezequías. Su historia se halla en tres libros de la Biblia: Crónicas, Reyes e Isaías.
En Isaías 39 tenemos al rey Ezequías. Éste había enfermado de muerte, pero oró al Señor, y el Señor le concedió quince años más de vida. Y, junto con ello, le dio riquezas y gloria. En ese tiempo, el rey de Babilonia, envió cartas y presentes al rey, porque supo que había estado enfermo. Ezequías recibió a los embajadores, y se alegró con ellos. Luego les mostró la casa de su tesoro, toda su casa de armas, y todo lo que se hallaba en ellas. No hubo cosa en su casa y en todos sus dominios que no les mostrase.

Entonces Isaías vino al rey y le trajo una palabra de juicio de parte de Dios: Sus hijos serían llevados cautivos a Babilonia (5-8). Aquí está presente de nuevo Babilonia y también el juicio de Dios.

En 2 Crónicas 32:31 se nos aclaran dos cosas respecto de este asunto. Primero, que el propósito por el cual el príncipe babilonio mandó estos mensajeros a Ezequías era estratégico. Y lo segundo, que Dios había querido probar lo que había en el corazón del rey.
Sabiendo lo que significaba Babilonia, y conociendo el principio que operaba en esa nación, les mostró todos sus secretos. Babilonia se metió así dentro de todas las casas de Jerusalén. Más tarde, todo lo que Ezequías mostró a los enviados de Babilonia fue llevado cautivo, tanto los hombres como los objetos sagrados del templo.

 

Grandeza y miseria de Babilonia

Daniel 4:29-30. Nabucodonosor, el rey de Babilonia, tuvo un sueño que Daniel interpretó. En ese sueño, Nabucodonosor aparecía siendo probado en gran manera. «Al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: ¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?». Aquí tenemos al rey, lleno de soberbia, usando la primera persona en manera o proceder reiterativa. Todo centrado en el hombre, en su grandeza, en su poder. Este es el principio de Babilonia.
El pueblo de Dios fue llevado cautivo a Babilonia. Allí es maltratado y afligido. Allí no hay canción, las arpas están colgadas en los sauces. (Salmo 137).

Babilonia tiene el poder. Dios permite que el pueblo sea llevado cautivo a Babilonia; sin embargo, Babilonia abusa de ese poder, se goza destruyendo la heredad de Dios, así que se desatan los juicios contra ella. (Is. 47:6-7; Jeremías cap. 50 y 51:24, 34-35, 49)
Hay quienes piensan que Babilonia es recuperable, que puede sanarse, pero ella no tiene remedio. (Jeremías 51:8-9). En el pasado hubo quienes pretendieron poner bálsamo sobre ella para que sanara, pero ante la imposibilidad de eso, exclamaron: «Vámonos, porque ha llegado hasta el cielo su juicio». Es el Señor quien la juzga. Hay quienes piensan que Babilonia puede llegar a ser Jerusalén. Que puede sufrir una metamorfosis. Pero es imposible, porque «lo que es nacido de la carne, carne es».

 

Babilonia, hoy

¿Cuál es el panorama hoy en día? La Babilonia político-religiosa es la expresión de un cristianismo amalgamado y corrompido, que mezcla lo divino y lo humano. Que falsifica y desfigura la palabra de Cristo. Babilonia es el cristianismo que mezcla la gracia y las obras, la palabra de Dios y las tradiciones humanas; que intenta llegar a Dios por los méritos del hombre.

Hay una mente diabólica detrás de la grandeza aparente de Babilonia. Hay una mentalidad maquiavélica detrás de todo este sistema que gobierna el mundo en materia político-religiosa. Cuando vamos a Apocalipsis, nos damos cuenta de que Babilonia llega a su culminación en cuanto a su maldad. En los versículos 12 y 13 del capítulo 18, cuando se enumera el tipo de mercaderías que comercia con los mercaderes de la tierra, se menciona el oro, la plata, las piedras preciosas, etc., y al final del versículo 13 dice: «esclavos, almas de hombres.» Babilonia comercia con esclavos. La Biblia de Jerusalén dice «mercancía humana». Babilonia es la iglesia corrupta que admite homosexuales y lesbianas en sus filas. Es la iglesia apóstata que acepta en su seno las manera o proceders más grotescas de superstición y la brujería, en nombre de Dios. Es la madre de las rameras, porque fornica con el mundo, habiéndose apartado de la sincera fidelidad a Cristo.

El Señor Jesús dijo: «Mi reino no es de este mundo.» Pero Babilonia, en Apoc. 17 y 18 es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra. ¡Qué contraste! Vemos que ella vive en deleites, y llega a ser guarida de demonios y albergue de toda ave inmunda y aborrecible. Sus pecados han llegado hasta el cielo y Dios se ha acordado de sus maldades.

Hoy como ayer resuena la trompeta de Dios que dice: «Huid de en medio de Babilonia y salid de la tierra de los caldeos, y sed como machos cabríos que van delante del rebaño.» Así exclamaba Jeremías en 50:8, y también Pablo, en 2ª Corintios 6:17-18. Lo mismo dice en Apocalipsis 18:4-5. Y más adelante, en este último libro, dice: «Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apóstoles y profetas; porque Dios os ha hecho justicia en ella» (18:20).

 

Permaneciendo en Jerusalén

 

¿Podemos ver la absoluta disociación que hay entre los hijos de Dios y Babilonia? ¿Podemos percibir lo inmundo y pecaminoso que proviene de ella? ¿No hemos recibido acaso el Espíritu de Dios para hacer diferencia entre lo santo y lo profano? (Ezequiel 44:23).

Que nuestros ojos sean cada vez más alumbrados para valorar el lugar donde estamos los hijos de Dios, y cómo no nos conviene –y al Señor no le sirve– que busquemos las riquezas de Babilonia, ni su gloria, ni su esplendidez, ni sus vestidos de lino, de púrpura y escarlata, sino que permanezcamos en la sencillez y en la gloria de su casa, de Jerusalén la celestial, el lugar donde Dios habita (Heb. 12:22-24).

 

CUESTIONARIO

1. ¿Con qué frase se describe en Apocalipsis a Babilonia y a Jerusalén?
2. ¿Qué semejanza se puede observar entre las motivaciones de Lucifer y las de los hombres al emprender la construcción de Babel?
3. ¿Qué diferencias hay entre Babel y la ciudad de Dios a la luz de Génesis 11 y Efesios 4?
4. ¿Qué rasgos de Babilonia se pueden extraer de los episodios de Babel, Acán, Ananías y Safira, Ezequías, y Nabucodonosor?
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