Capítulo 1: Aprendizaje y teorías del aprendizaje




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11. Formación (shaping)
Skinner se interesó también por los procesos de aprender conductas más complejas, logrando que una paloma jugase al ping-pong o que una rata presione una palanca y obtenga una bolita, vaya después a otro lado de la jaula, la deje cae en un agujero y corra luego a un tercer lugar para recoger el alimento. Librados a sus propios recursos, ni la paloma ni la rata virtualmente podrían realizar conductas tan complejas para ellos.

La técnica para entrenar animales en conductas complejas se conoce como formación (shaping), y fue ampliamente utilizada por Skinner. La técnica se basa en la idea según la cual la conducta puede formarse a través "de una serie de aproximaciones sucesivas, cada una de las cuales se hace posible al reforzar de manera selectiva ciertas respuestas y no otras. De este modo, la conducta es llevada gradualmente cada vez más cerca de la pauta deseada" (Hill, 1985:87).

Recientemente se aplicó esta misma técnica con seres humanos, siendo designada como 'condicionamiento verbal'.

El primer experimento de este tipo consistió en proponer a las personas que dijeran simplemente las palabras que se les ocurrieran. Cuando pronunciaban un sustantivo en plural, el investigador reaccionaba diciendo 'mmhm' (reforzador), y lo que se vio fue que poco a poco fue aumentando la frecuencia de sustantivos en plural.

Podría interesar estudiar aquí si las personas advirtieron o no que el investigador respondía con 'mmhm' ante ciertas palabras, pero para Skinner esto no habría tenido importancia. Como hemos dicho, sólo se interesaba lo que era directamente observable, no en las suposiciones acerca de procesos mentales internos.

Como dato interesante, consignemos que pueden producirse por refuerzo conductas operantes desconocidas. Es lo que sucede cuando cada tanto se introduce un reforzador mientras el sujeto se comporta libremente. Poco a poco irá reforzando aquellas conductas espontáneas que son reforzadas, sean cuales fueren.

Para Skinner, es este tipo de aprendizaje no planeado el que permite la adquisición de conductas supersticiosas. Por ejemplo, si un estudiante lleva un saco negro a un examen y le va bien en el examen, esta experiencia hará más probable que vuelva a llevar dicho saco la vez siguiente.
12. Algunas aplicaciones
Las aplicaciones prácticas del sistema de Skinner se centraron en la psicoterapia y en la educación.

a) Psicoterapia.- En vez de ocuparse del pasado del paciente, de sus proceso psíquicos o de sus problemas orgánicos, la psicoterapia skinneriana busca modificar conductas indeseables y promover conductas deseables sobre la base de cambiar las llamadas 'contingencias del refuerzo', o sea, de las relaciones según las cuales el refuerzo depende de una u otra conducta.

Por ejemplo Hart y otros (1964, citado por Hill, 1985) utilizaron el sistema para hacer que un niño no llore. Comenzaron por diferenciar el llanto debido a molestias físicas (conducta respondiente) del llanto debido a la actitud frente a dicho llanto por parte de los adultos (conducta operante). Actuando sobre esta última, instruyeron a las enfermeras a que, cada vez que el niño lloraba, ellas lo desatendieran (cambio en las contingencias del refuerzo), con lo cual el niño aprendió a no llorar (para no ser desatendido).

Se ha criticado esta terapia diciendo que sus resultados duran mientras duren las contingencias del refuerzo, pero por otro lado, no es probable que los partidarios de Skinner sientan esto como una crítica, mientras puedan invocar cambios de conducta rápidos, mesurables y a veces incluso llamativamente amplios.

Rachlin (1985) refiere algunas aplicaciones del modelo de Skinner en terapia humana. Aplicando al ser humano los principios anteriores, se ha tenido éxito. La base de estos tratamientos reside en que, si se quiere modificar una conducta disfuncional, se debe cambiar gradualmente el ambiente hasta conseguir el comportamiento deseado (por el mismo paciente o por la sociedad). A veces la misma institución psiquiátrica refuerza la conducta indeseada, como cuando el hecho de atender y cuidar a los más ‘locos’ o graves hace que los pacientes agraven su enfermedad para ser más cuidados. Por tanto se impone una revisión de los programas de refuerzo.

Otro ejemplo es el modelamiento gradual de una respuesta, o sea ir transformándose de a poco de respuesta indeseada en conducta deseada. Esto fue criticado porque no ataca la base del problema: se sustituye un síntoma por otro menos disfuncional. La cuestión está en, si una vez lograda la conducta deseable, el paciente seguirá teniéndola una vez fuera del hospital (pues cambió el ambiente). Para ello debe seguir siendo reforzada con otros premios.

Otra cuestión son algunos síntomas clínicos de la depresión: muchos supusieron que ellos se deben a una forma de extinción (falta de premio en el medio). Algunos han centrado la terapia de la depresión tratando de inducir al paciente mostrándole que puede controlar refuerzos importantes por medio de sus propias acciones (puede comportarse de tal modo de recibir premios) (Rachlin, 1985).
b) Educación.- Aunque no fue el primero en hacerlo, Skinner sugirió en este campo al aprendizaje programado como método de enseñanza, orientado principalmente hacia el aprendizaje de conductas verbales.

"El estudiante debe progresar gradualmente desde el material familiar hasta el que no lo es, debe tener la oportunidad de aprender las discriminaciones necesarias y debe ser reforzado" (Hill, 1985:94). El problema es que no todos los alumnos del aula tienen el mismo ritmo, razón por la cual Skinner propuso su 'máquina' de enseñar, es decir, un programa que refuerza las respuestas correctas. Por ejemplo, el alumno debe contestar una pregunta y luego cotejar su contestación con la respuesta correcta: si coincide, habrá reforzado su conducta verbal de contestar correctamente, y si no, fijará la respuesta correcta para aumentar su probabilidad de ser reforzado la próxima vez. Las diferencias individuales entre los alumnos aparecen en la velocidad con que cada estudiante prosigue adelante con el programa.

Este procedimiento difiere del ya conocido método de ejercicios en que el hacer preguntas y verificar respuestas es 'todo' el contenido del material de enseñanza, es decir, no hay primero lecciones y luego ejercicios para resolver.

El empleo de computadoras en la enseñanza ha introducido variantes en este programa. Aunque Skinner es partidario de los programas 'lineales', donde todos los alumnos pasan por las mismas etapas y estas son tan graduales que pocas veces se cometen errores, con la difusión de la computadora han aparecido los programas 'ramificados', donde las respuestas del alumno determinan el material que les será presentado a continuación.
Skinner dio mucha importancia a las aplicaciones prácticas de su sistema: consideró al lenguaje como un sistema de respuestas operantes, indicó las diversas formas de refuerzo de la conducta en los sistemas políticos, sociales y económicos (por ejemplo los salarios reforzadores en programas de intervalo fijo), y hasta imaginó una sociedad ideal (que llamó Walden II) donde se utilizaría sus principios del aprendizaje para construir una sociedad mejor.

Skinner exponer de qué manera es posible aplicar sus principios a los cambios sociales en los dos primeros capítulos de su texto “Sociedad y conducta”.

Comienza diciendo que hay dos maneras de gobernar: castigando a la gente cuando se porta mal (gobiernos aversivos, empleo de reforzamientos negativos), y recompensando a los que se portan bien, es decir, utilizando un reforzamiento positivo.

Si bien el castigo tiene efectos rápidos, tiene sus desventajas, lo cual no ayuda al establecimiento de una democracia real, que por otro lado son pocas. Algunas democracias tienen apariencia de reales, como el caso de aquellas donde hay seguridad social, pero esto es un gobierno aversivo porque se basa en la amenaza de castigo no si no se pagan los impuestos, hay coerción para trabajar, etc. Hay una distribución de bienes, pero esto sirve mas bien para reducir el contracontrol (control que ejerce el pueblo para controlar a los gobernantes).

El reforzamiento positivo es fortificante y carece de los efectos agresivos y represivos del castigo, así como de los efectos del reforzamiento negativo de la ansiedad y el temor. Cuando nuestra conducta está reforzada positivamente disfrutamos de lo que hacemos, y esta debiera ser la meta de los gobiernos.

El reforzamiento negativo sirvió antaño por una razón de supervivencia física ya que esta implicaba luchar, sufrir. Pero ahora estos reforzamientos negativos ya no tienen sentido: la sociedad ha resuelto estos problemas de supervivencia con las comodidades, el bienestar, etc., aunque también esto es una desventaja. El reforzamiento positivo tiene su desventaja en el sentido que ha hecho acentuar las diferencias sociales: no sólo llevó a una gran riqueza sino también a una gran pobreza. Lo ideal sería un balance entre riqueza y pobreza donde todas las personas estuviesen más o menos niveladas. Este equilibrio podría lograrse con reforzamiento negativo (por ejemplo aplicando impuestos a los que más tengan), pero el ideal es utilizar el reforzamiento positivo, que tiende a crear un estado donde la gente obre por gusto y no por obligación. Es algo más cercano a una democracia (entendida como gobierno del pueblo).

Lo ideal sería también que el poder estuviese distribuido homogéneamente, pero ello casi nunca se cumple: siempre hay alguien que ejerce más poder y controla a los demás, por más que el contracontrol funcione bien. El riesgo es el autoritarismo, el abuso de poder, la dictadura.

La conductas se desarrollan en un medio ambiente social, el cual puede ser dividido en tres partes: político (ejerce el control aversivo), económico (produce e intercambia bienes reforzantes), y cultural (incluye otras contingencias de reforzamiento como prácticas familiares, religiosas, etc). Reforzamientos contingentes son aquellos no mantenidos por el poder centralizado, y pueden o no existir.

Cuando el poder está en manos del medio político o económico se centraliza, deja de ser un poder ‘frente a frente’, de la gente por la gente, y pasa a ser el de un líder o usurpador que controla al resto. Una mejor estrategia sería fortalecer el control ‘frente a frente’, lo que posibilitaría modificar conductas mediante un reforzamiento positivo, que es lo ideal. Los medios coercitivos, tan frecuentes, no son recomendables para modificar conductas. La sustitución del control aversivo por el reforzamiento positivo alienta la libertad humana.

Podemos enunciar algunos principios para gobernar democráticamente basándonos en la teoría del reforzamiento positivo:

Alentar el control frente a frente con refuerzos positivos (evitando el monopolio del poder controlador en manos de una persona o de unas pocas).

Evitar reforzadores artificiales. El reforzador artificial típico es el dinero, y por tanto, la recompensa no debe ser dinero (por ejemplo un salario) sino algo más natural, menos alienado diría Marx, a saber, el producto mismo que se fabrica. El dinero sólo sirve como medio, no como fin en sí mísmo, y la educación debe concluir en la recompensa del propio trabajo y la propia obra, no en el dinero.

Educar correctamente la conducta no significa seguir reglas fijas y estereotipadas (del tipo ‘hay que portarse así siempre’) sino adaptar las conductas a las contingencias del medio social; de esta última manera vamos adaptando nuestra conducta según las recompensas (o censuras) que resultan de nuestro obrar.

Deben evitarse los llamados reforzadores no contingentes, o sea los que aparecen por azar (un golpe de suerte, un clima benigno, etc) pues evitan el desarrollo pleno de las capacidades de las personas, amenazan la cultura y la oportunidad de sobrevivir ya que tienden a anular a los reforzadores más naturales.

La cultura debe preparar a la persona que nace y adiestrarla para enfrentarse con los reforzamientos positivos propios de esa cultura, o sea, adiestrarlos para enfrentar y aprender los ‘mecanismos para la vida en común’ (la cultura misma), por oposición a los controles políticos y económicos.

El control no debe servir como fin en sí mísmo sin para mejorar el medio ambiente social. Para que haya un control debe haber controladores, pero éstos deben a su vez ser controlados por la misma cultura donde ellos ejercen el control, o sea, en las personas, productoras de la cultura. El control ideal es entonces aquel en el cual las personas controlan directamente a las personas, y no hay un poder por encima de todos que controla a los demás.
Muchas de las conclusiones obtenidas en experimentos con animales pueden extenderse también a los humanos, pues en todo proceso de aprendizaje ejerce muchísima influencia el medio ambiente.

El problema central de la conducta humana es cómo educar la conducta del hombre para que tome en cuenta su futuro, ya que a diario puede verse que las personas no cuidan su futuro: gastan mucha energía, contaminan el ambiente, agotan alegremente los recursos naturales, etc.

Skinner responde que puede influirse sobre las personas para que cambien su conducta de forma tal de cuidar el futuro de la especie (ahorrando recursos, etc). Lo importante es modificar la conducta y no tanto hacer tomar conciencia o hacer pensar en el futuro y en las consecuencias (de hecho según los mentalistas es esto lo que distingue al hombre de los animales: la posibilidad de prever el futuro, de pensar en las consecuencias de sus actos), pues con la toma de conciencia no basta: muchos pueden saber qué ocurrirá pero no hacen nada para impedirlo.

Y si el medio ambiente es muy importante para la conducta, lo que debe cambiarse son las circunstancias en las que viven las personas para que ellas se comporten de forma diferente.

Algunos procesos biológicos como las mutaciones tienen un ‘efecto sobre el futuro’, pues tienen como finalidad lograr una mejor adaptación al ambiente, o sea un futuro mejor, más aptitud para sobrevivir. Los experimentos sobre condicionamiento operante mostraron algo similar: la conducta misma está influenciada por sus consecuencias futuras, o sea, si a cierta conducta le sigue luego un reforzador, el organismo tenderá a repetir de nuevo esa conducta. El sujeto toma en cuenta un futuro que se asemeja al pasado: toma en cuenta un futuro pues el reforzador viene después de la conducta, y se asemeja al pasado porque se tiende a repetir la conducta anterior que fue reforzada.

Entre la conducta y su reforzador (por ejemplo trabajar y luego recibir un premio) no hay necesaria ni fundamentalmente una relación causal, en el sentido que el reforzador sea una consecuencia natural de la conducta (como pensaban los hedonistas o la ley del ejercicio de Thorndike). Al analizar la conducta operante vemos que el reforzador no es consecuencia, sino que simplemente sigue a la conducta temporalmente: simplemente está después de la conducta. Por ejemplo la conducta supersticiosa: ‘hago tal cosa porque tendré luego suerte’, cuando en rigor la relación entre lo que hago y la suerte no es real. Pero, mientras más inmediata sea la consecuencia, es más probable que haya sido efectivamente producida por la conducta a la que sigue. Así, el reforzador debe ser rápido, debe aparecer inmediatamente después de la conducta para que sea eficaz.

Skinner distingue el condicionamiento respondiente del condicionamiento operante. En el primero la conducta o respuesta es producida por un estímulo concreto (salivar en presencia de comida). En el segundo la conducta se produce por variadas influencias del medio ambiente y tienen cierta probabilidad de ocurrir (puede salivar en presencia de comidas dulces de cierta clase, por ejemplo). Esta última conducta, operante, tiene más probabilidad de ocurrir si en el medio ambiente aparece un reforzador. Este reforzador, para ser eficaz, no necesariamente debe ser inmediato a la conducta; por ejemplo en el reforzamiento intermitente (administrar un reforzador cada 5000 conductas), el organismo actúa en función de un reforzador lejano en el tiempo (‘me faltan 4999 conductas para llegar a él’).

Si bien mucha gente actúa previendo el futuro lejano donde hay un reforzador (‘siembro ahora y el año que viene tendré buena cosecha’), Skinner dice que muchas conductas se adoptan por imitación y no necesariamente para prever una recompensa, y puesto que el medio ambiente es bastante estable, igual para todos, quienes imiten la conducta del vecino es probable que también obtengan la recompensa, aunque sin habérselo propuesto.

Otros reforzadores tienen también en cuenta el futuro: son los reforzadores artificiales creados por el gobierno (castigar o encarcelar como reforzador negativo, condecorar o premiar como reforzador positivo). Quizá el más importante reforzador condicionado sea el dinero, que si bien en sí mísmo no tiene valor (es papel), es útil para intercambiarlo por reforzadores positivos. El dinero da beneficios inmediatos, pero también se buscan beneficios más alejados en el futuro como la paz, la seguridad, la estabilidad, etc., pero estas consecuencias más alejadas no tienen tanto valor como reforzadores, siendo simplemente derivaciones incidentales. No obstante, muchas medidas gubernamentales se toman teniendo en cuenta consecuencias remotas (no usar naftas contaminantes pues en el futuro el sistema ecológico se alterará), pero es difícil reforzar dichas conductas con reforzadores inmediatos. El trabajo trae a la larga prosperidad, pero si falta el reforzador inmediato, el cobro del salario, la gente tenderá a no trabajar pues es más susceptible a las consecuencias inmediatas (‘si ahora tengo bienestar, para qué voy a trabajar?’). Skinner resalta la importancia de las gratificaciones inmediatas siempre y cuando la conducta que se espera producir tenga a la larga también gratificaciones, aunque más remotas, y que tienen que ver con la supervivencia y el bienestar de la humanidad. Dice que no podemos dejar el futuro a los ocasionalmente benéficos efectos laterales de un fuerte interés en el presente.

Skinner da el ejemplo de Frazier, un personaje de “Walden II”, quien no utiliza controles aversivos y sin embargo logra el mismo efecto que los gobernantes pues promueve el desarrollo y mejoramiento del medio social desde su humilde posición, introduciendo reforzadores inmediatos pero con vistas a objetivos más a largo plazo. Como esos reforzadores son positivos, las personas se sienten libres. Cuando actuamos porque hemos sido reforzados positivamente nos sentimos libres y no tratamos de escapar del control o de crear un contracontrol. Pero debe tenerse en cuenta que la libertad no es hacer lo que uno quiere (libertad en realidad aparente): la libertad depende de las razones que uno tenga para comportarse de tal o cual modo: si hago algo para evitar un castigo –refuerzo negativo- entonces no me siento libre.
Skinner estudió fundamentalmente animales, pero pensó que podía extenderse muchas conclusiones al ser humano, cosa que actualmente se está investigando. La aplicación del condicionamiento operante aparece, según Hilgard y Bower (1983) en cuatro áreas:

Tecnología de laboratorio.- Los métodos de condicionamiento operante de la psicología pueden llevarse también a la psicofísica animal (con los condicionamientos operantes se pueden producir curvas de sensibilidad visual de las palomas para ver la adaptación a la oscuridad), a la farmacología (para calibrar drogas), etc.

Instrucción programada.- Para incrementar la eficiencia de la enseñanza de temas escolares, Skinner hizo una máquina o dispositivo de autoinstrucción donde el niño marcaba su respuesta, y si esta era correcta ocurría el reforzamiento, consistente en que la máquina daba paso al siguiente problema.

Conducta verbal.- Los sonidos del habla son emitidos y reforzados por una respuesta por parte de quien escucha (por ejemplo, accede a escuchar). Hay un reforzamiento mutuo entre las dos personas que hablan, y esto es susceptible de analizar a partir del condicionamiento operante.

Psicoterapia.- Si la terapia existe, dice Skinner, es porque las demás gentes controlan excesivamente a las otras, sobre todo con el castigo, y entonces quien es controlado pierde sus facultades o se vuelve peligroso para los demás y él mísmo. El terapeuta es un auditorio que no castiga, con lo cual las respuestas reprimidas vuelven a aflorar, la experiencia olvidada puede recordarse, y puede mostrar emociones intensas. La psicoterapia permite manifestar la conducta antes castigada.
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