Capítulo 1: Aprendizaje y teorías del aprendizaje




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4. La explicación del reflejo condicionado
La hipótesis pavloviana acerca de los mecanismos de excitación, inhibición, irradiación y concentración intentó suministrar una explicación teórica acerca del proceso de formación de los reflejos condicionados, la hipnosis, el sueño y los estados patológicos como las neurosis y las psicosis. A partir del siguiente ejemplo (Garrett H, 1966) veremos cómo es posible la explicación referente a los reflejos condicionados.

Sabemos que un perro saliva cuando ve comida. Sabemos también que podemos condicionar a un perro para que salive en presencia de otro estímulo, como por ejemplo una estimulación acústica o visual.

Elegiremos, sin embargo, un estímulo táctil aplicado sobre la piel porque, como dicen acertadamente Woodworth y Schlosberg (1971:569), la piel y la corteza cerebral son superficies constituidas por puntos (periféricos en la piel y centrales en la corteza, como hemos visto), y entonces puede hacerse más fácilmente una comparación entre ambas superficies en lo que respecta a los procesos de excitación e inhibición, que ocurren tanto en la superficie cortical como en la dérmica.

Vamos a partir del esquema 7. El perro en cuestión fue condicionado para salivar cuando era estimulado en los puntos A1, A2, A3 y A4 de la pata trasera. Así, si tocamos alguno de esos puntos, el perro saliva, y por ello son puntos periféricos positivos o puntos de excitación. Son periféricos porque están en la piel, y son positivos o excitatorios porque su estimulación provoca una respuesta.
Esquema 7


Una vez formados estos reflejos condicionados, se procedió a elegir otro punto B tal como lo vemos en el esquema. Cuando ese punto B fue estimulado, se produjo salivación, a pesar de que el reflejo condicionado se había formado solamente a partir de los puntos A1, A2, A3 y A4. ¿Qué sucedió? Aquí ocurrió lo que Pavlov llama una generalización: los cuatro puntos A estimulados se generalizaron a las zonas vecinas de la piel, o también, la excitación se propagó, se generalizó hacia las zonas vecinas, afectando así al punto B. Esta generalización que se da a nivel de puntos periféricos es correlativa de la irradiación de la excitación, que se da en el nivel de los puntos centrales de la corteza, e incluso más: la irradiación, que es cortical, es lo que permite explicar la generalización, que es periférica.

Hasta aquí podemos ir sacando nuestra primera conclusión: los puntos de excitación o positivos irradian (o se generalizan) hacia zonas vecinas, convirtiendo los puntos vecinos también en puntos de excitación.

Pero el experimento siguió. A continuación, se procedió a estimular repetidamente el punto B pero SIN presentarle al perro la comida, hasta que finalmente, como dicha estimulación táctil no estaba asociada con comida, el perro dejó de salivar (es lo que Pavlov llamaba extinción experimental). Podemos describir esta situación diciendo que el punto B dejó de ser un punto de excitación o positivo, generador de respuesta, y pasó a ser un punto de inhibición o negativo, porque su estimulación dejó de producir la respuesta de salivación. En una siguiente etapa, se estimuló el punto negativo B y a continuación el punto positivo A4, comprobándose con sorpresa que el perro no salivaba (uno hubiese esperado que salive porque se estimuló el punto A4). Asimismo, cuando se estimuló el punto B y luego el A3 el perro segregaba la mitad de la saliva, mientras que cuando se estimuló el punto B y luego los puntos más alejados A2 y A1 el perro salivaba como siempre. Este interesante efecto podemos calificarlo como una generalización de la inhibición (del punto B hacia los puntos A), y Pavlov lo atribuyó a la irradiación de la inhibición, a nivel cortical.

Obtenemos así una segunda conclusión: los puntos de inhibición o negativos irradian (o se generalizan) hacia las zonas vecinas, convirtiendo los puntos vecinos también en puntos de inhibición. Pero, al irradiarse la inhibición, se produce como consecuencia de ello una concentración de la excitación: el perro ya no saliva plenamente ante la estimulación de los cuatro puntos A, sino sólo de los puntos A1 y A2. Esto nos lleva a la tercera conclusión: la irradiación de la inhibición lleva a una concentración de la excitación. Y al revés, también sucede que la irradiación de la excitación produce una concentración de la inhibición, que resulta ser nuestra cuarta conclusión.

Estas dos últimas conclusiones nos revelan que los procesos de excitación e inhibición se influyen recíprocamente, situación que ha sido descripta por Pavlov como inducción recíproca: al irradiarse, la excitación influye sobre la inhibición (inducción positiva), y la inhibición, la irradiarse, influye sobre la excitación (inducción negativa). Nuestra conclusión general será entonces la siguiente: los reflejos condicionados pueden ser explicados a partir del juego recíproco de la excitación y la inhibición, a través de la irradiación, la concentración y la inducción recíproca.

Una objeción posible a estos procedimientos descritos es la siguiente: no podemos sacar semejantes conclusiones generales a partir de haber examinado un solo caso experimental, de la misma forma en que no podemos sacar la conclusión general de que todos los ingleses son altos a partir de haber visto un solo inglés que lo era.

Respondemos a esta objeción: el caso que hemos examinado reúne, en realidad, las características de 'cualquier' caso de formación de reflejo condicionado, sea provocado experimentalmente, sea que se haya establecido naturalmente en la vida. En efecto, en todos esos casos, siempre ocurre que: a) hay cierto estímulo que provocará una excitación, generando una respuesta, como sería la estimulación de los puntos A para provocar salivación. Pero sobre todo b) además del estímulo que provoca la respuesta, en el ambiente siempre hay toda una serie de estímulos, cuya influencia no podemos evitar y que actúan, al igual que el punto B, como estímulos inhibitorios, ya que esos estímulos accidentales no están asociados para producir la respuesta.

Por ejemplo, cuando entrenamos a un perro para venir al grito de "¡Venga!", este grito funciona como estímulo excitatorio porque a él el perro responderá viniendo hacia nosotros, por haber asociado repetidamente el sonido "¡Venga!" con el acto de alimentarlo, pero mientras entrenamos al perro influyen sobre él toda otra serie de estímulos que también se dan mientras el animal come, como los gritos de nuestro hijo que anda cerca, los truenos, los relámpagos y el ruido de los colectivos que pasan. El perro no aprende solamente a venir al grito de "Venga" sino que también aprende a no venir cuando ocurren los otros ruidos, estando ambos fenómenos relacionados, respectivamente, con la excitación y la inhibición, e interinfluenciándose entre sí a a través de la inducción recíproca.
5. Neurosis experimentales
La inducción recíproca fue considerada por Pavlov como un principio fundamental que regía el funcionamiento del sistema nervioso, junto con los procesos de excitación e inhibición. Pavlov enunciaba el principio de la inducción recíproca en los siguientes términos (Pavlov I, 1972): si un proceso de excitación se propaga desde un punto dado (punto A del esquema 7) y un proceso de inhibición lo hace desde otro (punto B del mismo esquema), ambos se limitarán, se encerrarán recíprocamente en los límites de una zona determinada.

Tal vez la consecuencia más importante que puede inferirse de este principio es el hecho de que el organismo puede así 'discriminar' estímulos. Discriminar un estímulo significa 'saber' cómo responder a él: cuando el perro responde salivando a la estimulación en A1 es que ha discriminado, ha identificado claramente ese estímulo como positivo o excitatorio, porque ha respondido salivando. Del mismo modo, cuando el perro NO responde al estímulo en B también lo ha discriminado como negativo o inhibitorio.

Ahora bien, el lector habrá advertido que hay ciertos puntos de estimulación, como el A4, donde el perro responde con la mitad de la producción de saliva, porque está en el límite entre la onda excitatoria proveniente de A y la onda inhibitoria proveniente de B. El hecho de que haya salivado la mitad nos induce a suponer que el perro no ha podido discriminar bien el estímulo como excitatorio o como inhibitorio, al haber producido una respuesta ambigua. Esta dificultad para discriminar estímulos está en la base de las neurosis. En un comienzo, eran fenómenos que ocurrían sin control en los experimentos, hasta que a Pavlov se le ocurrió estudiarlos en detalle por parecerles muy significativos. Produjo entonces ciertas situaciones en las cuales el perro no podía discriminar estímulos, es decir, no sabía si responder o no a la estimulación. Estas neurosis provocadas fueron llamadas neurosis experimentales.

Tomemos un ejemplo típico. Se condicionó a un perro a salivar ante la vista de un círculo. Luego, fue condicionado a NO salivar frente a una elipse (es decir, se le presentaba la elipse sin la presencia de comida). Después, al perro se le fueron mostrando figuras cada vez más parecidas a un círculo y a una elipse, como por ejemplo un círculo ligeramente achatado. En este punto el perro no pudo discriminar si al círculo achatado debía responder salivando o no, y entonces empezó a llorar, morder todo lo que tenía alrededor e incluso intentó saltar de la mesa de experimentación. Mientras tanto, la saliva fluía ante 'cualquier' estímulo indistintamente: había perdido la capacidad discriminativa.

Para Pavlov, a grandes rasgos encontramos el mismo mecanismo en las personas neuróticas. Por ejemplo, en las fobias no pueden discriminar entre los estímulos peligrosos y los no peligrosos, y en las neurosis obsesivas no pueden discriminar entre tareas importantes y tareas inútiles, como lavarse las manos compulsivamente.

Y hablando de lavarse las manos, podemos fantasear con el siguiente experimento imaginario. Un policía ha sido adiestrado para discriminar estímulos. Por ejemplo, frente al estímulo "persona que afirma que hay marcianos" responde llevándolo al manicomio, y frente al estímulo "persona con delantal blanco" responde dejándolo tranquilo porque seguramente es el médico. De idéntica forma, deja tranquilo a la persona que dice que los marcianos no existen, pero se lleva al manicomio al que luce un chaleco de fuerza.

El problema se produciría cuando el policía no puede discriminar estímulos, es decir, no sabe si llevárselo o no, como por ejemplo frente a una persona con delantal blanco que dice que los marcianos existen, o bien frente a una persona con chaleco de fuerza que dice que los marcianos no existen. Si este policía se encuentra a estas dos últimas personas, ¿a quién se lleva? No creemos que se desate en el policía una neurosis experimental y empiece a llorar y patalear. Muy probablemente delegará la responsabilidad en su superior inmediato, lo que viene a probar que, a diferencia del animal, el hombre es capaz de lavarse las manos. Pero hablando en serio, lo que intentamos mostrar con este imaginario experimento es que el mecanismo de la neurosis en el hombre es bastante más complicado y no puede ser reducido a una simple cuestión de reflejos condicionados.
6. Hacia una tipología del sistema nervioso
Hemos visto hasta aquí que hay varios estereotipos posibles según las características que tengan los puntos de excitación o de inhibición (esquema 3). Algunas de estas configuraciones posibles son muy estables en el tiempo, lo que justificó la idea de considerarlas como tipologías (casos típicos) del sistema nervioso. Sobre esta base, Pavlov (1972) clasificó los estados del sistema nervioso en cuatro tipos bien diferenciados, como podemos ver en el esquema 8, utilizando como criterios de clasificación la intensidad, el equilibrio y la movilidad.
Esquema 8


Sistema nervioso fuerte

Desequilibrado

Móvil o lábil

Sanguíneo según Hipócrates

Inerte o lento

Flemático según Hipócrates

Desequilibrado




Colérico según Hipócrates

Sistema nervioso débil







Melancólico según Hipócrates


En primer lugar, el sistema nervioso puede ser fuerte o débil. Los sistemas nerviosos fuertes son aquellos donde tanto la excitación como la inhibición son ambos procesos muy intensos. Debemos pensar que esto no significa que haya mayor cantidad de puntos de excitación o de inhibición, sino que alude a la intensidad con que dichos puntos se excitan o inhiben, lo cual depende de la capacidad funcional de las células corticales. Los sistemas nerviosos débiles, en cambio, se caracterizan porque los procesos de excitación e inhibición tienen menor intensidad. El sistema nervioso débil NO ES aquel donde predomina la inhibición, sino aquel, reiteramos, donde tanto la excitación como la inhibición son pobres.

Los sistemas nerviosos fuertes pueden a su vez estar equilibrados o desequilibrados. En los sistemas equilibrados no hay ningún predominio de la excitación o de la inhibición, y en el sistema desequilibrado hay un neto predominio de la excitación, típico de los individuos excitables e impulsivos.

Finalmente, los sistemas nerviosos equilibrados pueden ser móviles o inertes, según el grado de movilidad de los puntos excitatorios e inhibitorios: en un sistema móvil, por ejemplo, existe mayor facilidad para pasar de un estado de excitación a uno de inhibición, o viceversa. En un sistema inerte, en cambio, hay precisamente una inercia: un estado excitatorio tiende a mantenerse como tal, y uno inhibitorio también.

Los cuatro tipos de sistema nerviosos son aplicables tanto a los animales como a los seres humanos. Pero como veremos más adelante a propósito de las neurosis y psicosis, existen ciertos otros tipos que son específicamente humanos. Como vemos en el esquema 7, Pavlov relacionó sus cuatro tipologías con los temperamentos identificados mucho tiempo antes por Hipócrates. Estaba, entonces, de acuerdo en este punto con el famoso médico de la antigüedad, pero no lo estaba con la más moderna clasificación de Kretschmer, por ejemplo. Para Pavlov se trataba de una clasificación demasiado simple (Hilgard E, y Bower G, 1983), se basaba en la consideración de estados patológicos, y además no distinguía genotipo de fenotipo.

Respecto de este último punto, aclaremos que para Pavlov el carácter real (fenotípico) de una persona está determinado tanto por factores genéticos (genotipo) y por factores ambientales. El factor genético está dado por las características ya indicadas del sistema nervioso (intensidad, equilibrio, movilidad), y el factor externo por las experiencias vividas por el organismo en su contacto con el medio externo.
Pavlov desarrolló también los tipos patológicos de la siguiente manera:


Patología

Tipo de S.N.

Tipo de señal

PSICOSIS

Psicosis maníaco-depresiva

Fuerte

-------------

Esquizofrenia

Débil

-------------

NEUROSIS

Neurastenia

Débil

Intermedio

Histeria

Débil

Artístico

Psicastenia (obsesiones – fobias)

Débil

Meditativo


Como se ve, las dos psicosis de Kretzmer se corresponden con una alteración de sistemas nerviosos fuertes (o impetuosos) y débiles.

Asimismo, por ejemplo en la histeria encontramos debilitado el segundo sistema de señalización (por ello predomina el primero, el artístico), ocurriendo lo contrario en la patología neurótica de Janet: la psicastenia.

En función de los mismos criterios se pueden también explicar los síntomas específicos de las patologías, como así también sus diversas manifestaciones clínicas. Así, un debilitamiento de la excitación es lo que explica la narcolepsia, la cataplexia, la catalepsia, les sentiments d’emprise (Janet), la inversión (Kretzmer), la catatonía, etc.

Existen también patologías derivadas de la movilidad del S.N. (sistema nervioso), que básicamente son dos: 1) debilidad patológica o irritativa, donde luego de una gran intensificación de la excitación, viene enseguida su rápido agotamiento; 2) inercia patológica: al revés, el estado de sobreexcitación persiste aún cuando se creen las condiciones que normalmente transforman la excitación en inhibición. Esto se ve en los fenómenos de estereotipia, obsesión, paranoia y otros.

Los casos 1) y 2) se refieren a la excitación, pero también puede estar afectada la inhibición, por ejemplo cuando se debilita la inhibición, lo cual lleva a un excesivo predominio de la excitación, por ejemplo agitación, impaciencia, violencia, etc, y en el hombre, como estados maníacos o sub-maníacos. La debilidad enfermiza del proceso de inhibición explica los síntomas fóbicos en los perros (reacciona exageradamente a un peligro que no justifica la intensidad de la reacción), y además explica los delirios de persecución en la patología humana. Además de la debilidad del proceso de inhibición (que como vimos aumenta mucho la excitación), existe también la patología inversa de la inhibición: la inercia patológica de la inhibición. En síntesis, tenemos como patologías de la movilidad:
1. Debilidad de la excitación

2. Inercia de la excitación

3. Debilidad de la inhibición

4. Inercia de la inhibición
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