Aristóteles: Obra biológica




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El tratado Sobre la locomoción de los animales67
El tratado Sobre la locomoción de los animales es una pequeña monografía cuya autenticidad nunca ha sido puesta en duda. De hecho, los escritos breves sobre temas específicos no son extraños en la obra de Aristóteles; varios de ellos se encuentran agrupados bajo el título común de Parva Naturalia y, al igual que el que aquí nos ocupa, están conectados con los grandes tratados biológicos como el PA o el DA. Existen varias referencias claras a IA a lo largo de PA y MA que garantizan la autenticidad del primero y nos indican sus conexiones68. IA, por añadidura, nos ha sido legado por un número relativamente alto de manuscritos69.

El objeto de estudio del tratado IA es la locomoción de los animales en sus diversos modos. Este tópico, junto con el del movimiento en general, que se aborda en MA, y el de la percepción, presente en PN, son de especial importancia y por ello merecen tratados monográficos, ya que definen el modo de ser propio del animal, es decir, su modo de vida, que incluye casi siempre el desplazamiento y siempre la percepción.

A lo largo de IA se exponen los diferentes mecanismos de natación, vuelo, reptación, marcha, carrera o salto que emplean los animales para desplazarse. Pero no se trata sólo de distinguir los varios modos de locomoción y de describir sus mecanismos: al igual que en PA, encontramos en esta pequeña monografía un intento continuado de explicación causal del fenómeno que estudia. También, pues, en cuanto al enfoque nos hallamos ante un texto claramente relacionado con PA.

En cuanto a la cronología, existe cierto acuerdo en que IA es aproximadamente contemporáneo de PA, que su redacción precedió en el tiempo a la de MA y el resto de los tratados biológicos, como DA y los contenidos en PN, a excepción de HA que habría sido anterior incluso a PA. De todos modos, como ya se ha sugerido más arriba, el orden en que fueron redactados los tratados está sometido a discusión y el interés de establecer el mismo creo que es limitado, ya que, como demuestran las referencias cruzadas, fueron revisados en varias ocasiones.

Por lo que hace al contenido, encontramos en los primeros capítulos del único libro que constituye el tratado una exposición de las cuestiones que se propone abordar y del método que se va a seguir. Esta anticipación de las materias que serán estudidas y del procedimiento es típica de las obras de Aristóteles. Nos adelanta en los tres primeros capítulos que se va a emprender un estudio comparativo de los diferentes modos de desplazamiento en los animales, una descripción del modo de funcionamiento de los órganos y miembros que interviene en dicha función y una explicación causal de la misma.

Los principios generales que hemos visto en otros textos del autor vuelven aquí a desmpeñar un importante papel: las estructuras que observamos en los animales tienen una finalidad y la identificación de la misma constituye ya una explicación de su presencia. Hay que señalar que la función última de toda la estructura del animal es su vida y, por ello, será la forma de vida propia de cada animal la que explique su configuración. Dicho de otro modo, la explicación funcional remite a la forma del animal y toda forma es, a la postre, no una figura, sino una forma de vida. Por otra parte, el movimiento se produce según las seis direcciones espaciales, cada una de ellas cargada axiológica y funcionalmente. Es decir, el espacio biológico para Aristóteles es -digámoslo así- anisótropo, cada dirección se relaciona con una determinada función y tiene una valoración distinta. Además, añade un principio de carácter mecánico, a saber, que en cuanto a la causa eficiente el desplazamiento sólo puede ser efecto del empuje o de la tracción.

A partir de ahí, ya en el capítulo tres comienza el estudio de la locomoción en general que se extiende hasta el capítulo seis. Tras ello, los capítulos siete al dieciocho tienen por objeto la exposición de los diversos modos de locomoción presentes en el mundo animal. En cuanto a la locomoción en general afirma que ésta requiere un punto de apoyo inmóvil. Los sanguíneos (aproximadamente equivalente a lo que nosostros llamamos vertebrados) disponen como máximo de cuatro puntos de apoyo, a diferencia de los no sanguíneos que pueden tener más. Tanto unos como otros los tienen siempre en número par.

Los miembros que llevan a cabo la locomoción pueden hacerlo gracias a que pueden flexionarse. La flexión, insiste Aristóteles, es condición necesaria para la locomoción. La flexión de cada articulación puede ser cóncava o convexa, y se puede establecer, como hace aquí el autor, un estudio comparativo de los distintos tipos de flexión en diferentes animales.

Otra diferencia en cuanto a la locomoción entre sanguíneos y no sanguíneos observada por Aristóteles es que sólo los últimos son capaces de mantener el movimiento local cuando son partidos, lo cual indica que el animal sanguíneo es un todo más integrado, en sentido ontológico es más uno y, por tanto, es, en términos absolutos, más. Algunos animales no sanguíneos pueden ser escindidos sin que de ello se siga la muerte de las partes resultantes, lo que muestra su grado de desintegración funcional: cada uno es, de algún modo, plural. Nosotros podemos atribuir estas peculiaridades al grado de centralización del sistema nervioso, pero la observación de las mismas por Aristóteles y la reflexión ontológica a que se ve conducido parecen de sumo interés para debates como el del progreso biológico70.

En especial, sobre la aves, es digna de mención la observación de que les son tan necesarias las patas para volar como las alas para desplazarse en tierra. Al tópico de los animales que vuelan dedica Aristóteles los capítulos diez al doce. También menciona el aspecto aerodinámico del cuerpo de los animales voladores. El capítulo doce expone la locomoción en otro bípedo, esta vez no volador, el hombre. El catorce nos lleva al caso de los que disponen de cuatro puntos de apoyo, los cuadrúpedos, de los cuales los vivíparos presentan diferencias respecto a los ovíparos, ya que en estos últimos las patas salen hacia los lados del cuerpo, mientras que en los vivíparos descienden siguiendo aproximandamente la vertical del mismo. Este rasgo lo relaciona Aristóteles con el modo de reproducción: en el caso de los ovíparos, la posición de sus miembros les facilita la incubación.

Las diferencias más finas dentro de cada grupo de animales se pueden establecer por la peculiar combinación de flexiones cóncavas y convexas que presenten en extremidades anteriores y posteriores, así como por el orden en que las extremidades se mueven; hay animales que desplazan simultáneamente las dos patas del mismo lado, mientras que otros mueven a un tiempo las que están en diagonal.

En el capítulo quince el autor vuelve sobre las aves, pero esta vez en cuanto animales capaces de andar y correr. El capítulo dieciseis se centra ya en los animales con más de cuatro puntos de apoyo, es decir, los no sanguíneos. El capítulo diecisiete torna sobre las aves, ahora en tanto que nadadoras. El hecho de que trate de las aves en tres puntos distintos de la obra nos indica bien a las claras que el objetivo de la biología de Aristóteles no es prioritariamente taxonómico, no le interesan las clases de animales, sino su forma de vida, sus funciones, y aquí en especial la locomoción de la cual estudia sus variedades. Por último, el capítulo dieciocho nos habla de los animales cuyo modo principal de locomoción es la natación.

Como es también costumbre en Aristótes, concluye el tratado con una alusión a lo explicado hasta el momento y al trabajo que queda para futuras obras. Concretamente, afirma que después de este estudio viene el del alma.
El pensamiento de Aristóteles y la obra biológica
A partir de la traducción y difusión de los textos biológicos de Aristóteles la lectura de otras zonas de su amplia obra no puede seguir realizándose al margen de los mismos. Las implicaciones que poseen para la correcta interpretación de la metafísica, de la metodología de la ciencia, de la filosofía práctica o del resto de las obras físicas son de enorme calado. Hay que decir que una buena parte de estas conexiones están aún por explorar e irán apareciendo previsiblemente en un futuro. No obstante, un gran trabajo en esta dirección ha sido ya realizado por autores como P. Pellegrin, D. Balme, G.E.R. Lloyd, M.Grene, J. Lennox o A. Gotthelf71.

En lo que sigue trataré de apuntar, casi a modo de ilustración, algunas de las implicaciones que tiene la lectura de la obra biológica para la correcta interpretación del pensamiento de Aristóteles en otras áreas:

-La conexión más obvia es la que mantiene la obra biológica con el resto de los escritos sobre ciencia natural, desde los Meteorológicos hasta la Física o el tratado Sobre la generación y la corrupción, pues todos ellos pertenecen al mismo grupo de tratados, utilizan un utillaje conceptual común y los resultados obtenidos en unos se emplean como principios en otros.

-La distancia que tradicionalmente se establece entre la obra biológica de Aristóteles y sus prescripciones metodológicas contenidas en el Organon puede ser acortada revisando los objetivos que veníamos atribuyendo al autor. En relación al supuesto objetivo taxonómico, hay que señalar que el autor, en PA I, hace una dura crítica al sistema clasificatorio por dicotomía seguido en la Academia, y emprende una reforma del método de división (diai¿resij). Tras ello Aristóteles presenta, no una, sino varias clasificaciones distintas de los vivientes. Cada clasificación responde a un contexto de investigación diferente. Todo indica que las clasificaciones no son sino instrumentos al servicio de un fin ulterior, la comprensión y explicación de los seres vivos.

Así pues, los conceptos de género (ge¿noj) y especie (eiådoj), tal y como se usan en la obra biológica, quedan liberados de su carga estrictamente taxonómica, ya que no corresponden a niveles taxonómicos fijos. Son relativos, como en la Metafísica. Al descartar el objetivo taxonómico como prioritario acercamos la obra biológica al resto de la producción de Aristóteles y favorecemos la lectura no taxonómica de otros escritos, como por ejemplo Categorías.

Se puede, por tanto, entender la biología de Aristóteles más como un intento de definir que de clasificar. Y aún la definición ha de concebirse como un instrumento flexible al servicio de la explicación. Mediante definiciones en que figuren rasgos relativamente básicos de las distintas formas de vida animal, se pueden construir explicaciones de otros rasgos (o diferencias). La explicación adquiere fuerza si se pueden poner de manifiesto conexiones causales entre los rasgos explicados y aquellos que explican. Este tipo de explicaciones admiten incluso su reconstrucción en forma explícitamente deductiva, silogística. Todo ello remite a las ideas metacientíficas defendidas en los Analíticos; si bien, a la luz de los escritos biológicos, éstas han de ser entendidas de un modo muy flexible.

-La forma expositiva y los recursos explicativos desplegados en la biología no conectan sólo con los Analíticos, también nos remiten a textos como Retórica o Poética, ya que aparecen en la biología de Aristóteles otros recursos explicativos distintos de la estricta definición seguida de deducción. Se trata de la analogía, la metáfora y la comparación, que son ubicuas en la obra biológica. Se puede leer la teoría aristotélica de la metáfora de manera que se rehabilite ésta como instrumento de extensión del lenguaje y el conocimiento. La metáfora es un fenómeno cognoscitivo mucho más que una figura retórica, es imprescindible en la economía explicativa de la obra biológica. La buena metáfora constituye lo que podemos denominar un descubrimiento creativo, puede contener, por tanto, información acerca de la realidad objetiva, pero esta información sólo puede adquirirla el sujeto de modo activo, captando creativamente, poéticamente, la semejanza.

Por otra parte, la controvertida cuestión de la base empírica de la biología aristotélica nos lleva hasta las conexiones de la misma con escritos como Tópicos, a la relación entre la dialéctica y la investigación empírica: el método de investigación no puede ser simplemente el dialéctico, pero este método, sometido a control crítico, tiene una cierta función en la biología, a saber, dirige la discusión previa con las opiniones más establecidas.

-También se pueden establecer las relaciones entre la obra biológica y la metafísica de Aristóteles. Las nociones de sustancia, forma, esencia, materia y fin, se emplean en la biología y la lectura de la obra biológica puede contribuir a la interpretación adecuada de las mismas. Las sustancias propiamente dichas son, en Aristóteles, los seres vivos, de modo que la comprensión del ser en general tiene sus raíces en la comprensión del ser vivo.

En la Metafísica, Aristóteles adopta sucesivamente el punto de vista del logos, según el cual se capta la realidad a través de las categorías lingüísticas, y el punto de vista de la physis. En esta segunda perspectiva se hace un esfuerzo por captar la naturaleza en sí misma y adecuar el lenguaje a la expresión de la realidad, siempre con la conciencia de que existe una cierta distancia entre ambos. La realidad aquí consta de individuos y procesos concretos72.

Desde la perspectiva física, los rasgos formales heredados por el individuo, la especie y la esencia, son nociones todas ellas referidas a aspectos formales de la realidad, pero que deben ser distinguidas cuidadosamente, pues son diferentes en cuanto a su generalidad, a su realidad física y al marco teórico en el que cada una funciona.

Por lo que hace a la esencia, ésta puede ser distinguida tanto de la especie como de los rasgos formales heredados, y que la posibilidad de que Aristóteles considerase la esencia, no sólo en sentido lógico, es decir, como correlato de la definición, sino también en sentido físico, no debe ser excluida. En este sentido, queda abierta la lectura según la cual la esencia puede ser numérica y cualitativamente propia de cada viviente individual. Además se puede aceptar una gradación en las diferencias relativas entre individuos de un grupo dado, como sugieren los textos biológicos.

Por otra parte, aunque la línea que separa los rasgos heredables de aquellos otros que son fruto de la interacción con el entorno no es nítida en los textos de Aristóteles, sí parece claro que los rasgos formales heredados incluyen los estrictamente esenciales y algunos otros accidentales para la vida del individuo. Los rasgos formales heredados son un resultado de combinar los rasgos formales de los progenitores concretos según las leyes combinatorias establecidas en GA y, muy particularmente en GA IV 3. En cualquier caso, el desarrollo del individuo tiende a la realización plena de su forma, resultado de la combinación de rasgos heredada de sus progenitores y ancestros, y no de la forma específica, que es un universal cuya capacidad causal sería difícilmente explicable.

La especie es, por tanto, más un resultado que una causa. Un resultado estable en la medida en que permanecen en equilibrio las fuerzas actuantes de cuya tensión resulta, a saber, la tendencia al bien del individuo concreto en su circunstancia medioambiental concreta y las restricciones hereditarias.

El alma del ser vivo es su esencia, es también su sustancia y el propio ser vivo. La relación entre alma y cuerpo es un caso especial de la relación entre materia y forma, entre acto y potencia. En el caso de los seres vivos es una relación de identidad.

En cuanto al aspecto material de los seres vivo, se puede señalar que el concepto de materia es relativo al nivel y contexto en que nos movamos. Que también hay que distinguir entre la materia de que consta un ser y la materia a partir de la cual deviene. Según estas distinciones, podemos considerar el cuerpo como materia en relación al alma del viviente, la sangre procedente de la madre como materia a partir de la cual se produce la generación del viviente, la sangre procedente de la nutrición como materia a partir de la cual se produce el desarrollo y crecimiento del mismo, y el género como materia en relación a la diferencia específica.

El concepto de fin (te¿loj) es también clave en la biología y filosofía de Aristóteles. La teleología aristotélica no es vitalista, ni externalista, no es psicologista, ni esencialista y no es reductible a la causa eficiente. Si se busca un calificativo, éste sería el de sustancialista, pues el fin del desarrollo y la acción es la propia sustancia. La actuación de la causa final y su conexión con la causa efiente durante la la generación y el desarrollo, dependen de los movimientos presentes en la sangre. La acción comportamental se concreta en la alteración del corazón, centro de conexión senso-motora, bajo el efecto del calor y el frío. Estos cambios en el corazón se transforman en movimiento local a través de tendones, huesos y articulaciones.

-Por último, podemos señalar algunos puntos de contacto entre los escritos sobre filosofía práctica y sobre biología. Por ejemplo, en la discusión acerca de la virtud de la prudencia no podemos olvidar que también los animales son llamados prudentes por Aristóteles. Por otra parte, el discurso metodológico más amplio que podemos encontrar en obra del griego es el libro VI de la Ética a Nicómaco, pues en él se trata acerca de la acción humana correcta, guiada por la prudencia, y cualquier proceso de investigación científica es parte de dicha acción. La obtención y aplicación correcta de directrices metodológicas, así como la interpretación de los términos teóricos y metodológicos, se rigen por lo que podríamos llamar prudencia metodológica. Por añadidura, la biología puede ser caracterizada, al menos en parte, como un cierto tipo de conocimiento prudencial, a saber, entendimiento.

La Política también está conectada con la ciencia natural de múltiples formas. La sociedad y la polis son, para Aristóteles, realidades naturales, el hombre mismo es un animal político, y para la dilucidación del concepto de naturaleza hay que acudir, sin duda, a los escritos de historia natural. De otro lado, las instituciones judiciales y políticas atenienses han contribuido a moldear el tipo de ciencia peculiar de los griegos. Aparte de este doble puente entre pensamiento científico y político, Aristóteles utiliza en varias partes de su obra la comparación de la sociedad política con un organismo vivo, y el organismo con una ciudad bien dirigida. Esta analogía tiene sus límites, de modo que la lectura totalitaria de la misma no es la única posible, ni siquiera la más adecuada.

La traducción de la obra biológica completa la imagen que teníamos del pensamiento de Aristóteles y que hasta hace muy poco no tomaba en consideración esta parte de su obra. Desde el punto de vista filosófico, en la comprensión profunda de la realidad, de los seres vivos y de la naturaleza del hombre, Aristóteles tiene -no aún, sino cada vez más- mucho que decirnos. Sucede, no obstante, que su pensamiento es difícil, poco explícito las más de las veces, y siempre en tensión por hacer justicia a todos los matices de la realidad, del ser y del devenir. Ante tal dificultad siempre ha existido una tendencia a refugiarse en el más cómodo platonismo, en una filosofía de fondo más sistemática, menos dependiente de la experiencia vivida, de la memoria y de la reflexión, más fácilmente enseñable por moverse en el plano del logos. Pero muerta. La otra opción, hoy muy acusada, ha consistido en tirarlo todo por la borda y acogerse al también cómodo irracionalismo. Los que pensamos que siempre es mejor un pensamiento vívido y difícil que un andamiaje conceptual herrumbroso o una arbitraria renuncia a la intelección de la realidad tenemos un compromiso continuo de carácter didáctico: Aristóteles ha de ser explicado. En esta tarea conviene -nos conviene a todos- poner el más intenso de los esfuerzos. A esta terea esperamos que pueda modestamente servir el presente volumen.
Advertencias sobre la presente edición
El escrito que se presenta a la consideración del lector es fruto de un trabajo de colaboración. Pensamos que quizá ésta sea la mejor forma de abordar textos como los de Aristóteles, ante los que se requiere conocimiento de la lengua griega y un cierto grado de especialización en los contenidos filosóficos y científicos que el autor aborda. La responsabilidad de la traducción es de Rosana Bartolomé, así como la de los índices y las notas de carácter filológico; la introducción y las notas no estrictamente filológicas, en las que se ha intentado facilitar la intelección del texto en los pasajes difíciles y el establecimiento de referencias cruzadas, han sido escritas por Alfredo Marcos.

Los índices recogen los nombres de animales, de partes anatómicas y los nombres propios de personas y lugares que aparecen en los textos de Aristóteles. Las referencias en los mismos se ofrecen siguiendo la numeración habitual de las obras de Aristóteles, según la edición de Bekker.

Para la traducción se han tenido en cuenta las ediciones del textos griego de Harvard University Press (en su Loeb Classical Library), de Les Belles Lettres, de Teubner y de Oxford University Press. Para el De Motu Animalium se ha tenido en cuenta también la edición a cargo de Martha Nussbaum. Por supuesto han resultado de gran ayuda para el presente trabajo las traducciones ya realizadas a lenguas próximas por Lanza y Vegetti, Peck, Louis y Nussbaum y las traducciones de otras obras biológicas de Aristóteles a nuestra lengua, como las de Vara, Calvo, Sánchez y Pallí.

El orden relativo de los tratados contenidos en esta edición responde al orden de los mismos en la edición de Bekker y al que se estima como más probable desde el punto de vista cronológico. PA, el tratado más extenso, es también el primero, entre otros motivos porque su libro I constituye una introducción metodológica a toda la obra biológica del autor. A éste le siguen, por este orden, IA y MA.
Selección bibliográfica relativa a la obra biológica de Aristóteles
Algunas ediciones y traducciones de las obras de Aristóteles

(Se ofrece una selección amplia de ediciones o traducciones de las obras biológicas y una escueta selección de versiones accesibles del resto del corpus)
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Otras referencias bibliográficas

(Se ofrece la referencia de aquellos títulos citados en la introducción o en las notas más algunos que se han considerado de interés para la intelección de la obra biológica de Aristóteles)

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