Aristóteles: Obra biológica




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De Partibus Animalium
Sobre las partes de los animales

De Partibus Animalium

Sobre las partes de los animales

Libro I

Capítulo 1

[639a] Acerca de todo estudio y de todo método73, tanto de los más sencillos como de los más elevados74, parece haber dos tipos de disposición: a una le conviene el nombre de conocimiento científico del objeto y a la otra, el de una cierta cultura.

Es propio de alguien cultivado el ser capaz de juzgar correctamente que es lo que está bien o mal en una exposición. De hecho, consideramos que el hombre culto es alguien con esta habilidad y el tener cultura consiste precisamente en ser capaz de hacer esto. Pensamos, además, que este hombre, por así decir, culto, puede juzgar por sí mismo sobre cualquier tema y que otro, por el contrario, sólo lo puede hacer sobre una parte determinada de la naturaleza, pues podría tener la misma capacidad que el primero, pero sólo acerca de un dominio concreto75.

Por consiguiente, está claro que también en la investigación76 de la naturaleza es preciso establecer unas normas tales que al hacer referencia a ellas, se apruebe el modo de exposición, con independencia de que ésta sea o no verdadera.

Me refiero a si debemos tomar cada ser en particular para explicarlo separadamente, es decir, tomando de una en una la naturaleza del hombre, la del león, la del buey o la de cualquier otro animal; o si tenemos que partir de los atributos comunes a todos los que comparten alguna característica, ya que en diversos géneros diferentes entre sí numerosas características son iguales, como el sueño, la respiración, el crecimiento, la decadencia, la muerte77 y demás caracteres y estados semejantes. Discutir ahora este asunto no resulta nada claro ni preciso78. Sin embargo, es evidente que si hablamos de los diversos animales separadamente, repetiremos muchas veces lo mismo; ya que tanto los caballos y los perros como los hombres poseen cada una de las características citadas, de tal modo que si nombramos cada uno de sus atributos79 separadamente, nos veremos obligados a hablar muchas veces de todos los atributos que son iguales en animales de distinta especie80 y que no presentan ellos mismos ninguna diferencia81. Por otra parte, hay igualmente otros atributos que, aunque reciben el mismo nombre, sin embargo difieren [639b] según la especie, por ejemplo: la locomoción de los animales. Pues es evidente que no hay una única forma por especie: distinguimos el vuelo, la natación, la marcha y la reptación82.

Así pues, no debemos dejar oculto cómo hacer la investigación, sino explicar si vamos a estudiar primero lo que cada género tiene en común y posteriormente las peculiaridades83, o si debemos empezar directamente por cada especie concreta. Hasta ahora, no hemos determinado nada al respecto84. Ni siquiera hemos establecido si, tal como los matemáticos exponen astronomía, el estudioso de la naturaleza debe estudiar primero los fenómenos que se dan en los animales y las partes de cada uno de ellos, para luego explicar el porqué y las causas, o si debe proceder de otra manera85.

Como, además, observamos más de una causa86 en el devenir natural: la causa "con vistas a la cual" y la causa "a partir de la cual"87 se origina el movimiento88, hay que determinar cuál es por naturaleza la primera y cuál es la segunda. Parece que la primera es la que llamamos causa final, pues ésta es la razón y la razón89 es principio tanto en las creaciones del arte90 como en las de la naturaleza91. Es decir, una vez que el médico ha definido conceptualmente la salud y el constructor, sensiblemente92, la casa, explican las razones y las causas de lo que cada uno hace y por qué deben hacerlo así. Sin embargo hay más belleza y finalidad en las obras de la naturaleza que en las del arte93.

Por otro lado, no en todas las cosas de la naturaleza se manifiesta de la misma manera la necesidad94, aunque casi todos tratan de referir sus explicaciones a ella sin precisar cuantas acepciones tiene dicho concepto. Existe la necesidad absoluta, que se da en los seres eternos, y la necesidad hipotética, que se da tanto en lo que deviene, como en lo artificial, por ejemplo, en una casa o en cualquier otra cosa semejante. Si se pretende construir una casa, o cualquier otro fin, es necesario que exista de antemano un determinado material: primero debe fabricarse tal cosa y ser puesta en movimiento, y luego tal otra, y así sucesivamente hasta el fin, es decir, aquéllo para lo que cada cosa se produce y existe. Lo mismo ocurre con las obras de la naturaleza, [640a] pero el modo de demostración95 y el tipo de necesidad no son los mismos en la ciencia natural que en las ciencias teoréticas96 (acerca de éstas ya hemos hablado en otros libros97), ya que unas tienen como principio lo que es, mientras que las otras lo que será98.

En efecto, debido a que la salud o el hombre son tales, es necesario que tal cosa exista o se produzca, pero no porque tal cosa exista o se haya producido, necesariamente la salud o el hombre existen o van a existir. Tampoco es posible remontar la necesidad hasta el infinito en una demostración así, diciendo que tal cosa existe porque existe tal otra99. Ya hemos tratado en otras obras sobre esto100: a qué cosas se aplica la necesidad, cuáles tienen necesidad recíproca101 y por qué causa.

Otra cuestión que no podemos olvidar es si conviene más hablar sobre la génesis de cada ser, tal como los anteriores102 solían hacerlo, o sobre cómo es, pues hay una gran diferencia entre un procedimiento y otro. Parece que debemos comenzar, como hemos dicho anteriormente103, por tomar primero los fenómenos que se dan en cada género, después sus causas y, a continuación, tratar sobre su génesis. Este es el modo más apropiado en el caso de la edificación: puesto que la forma de la casa o la casa es tal se construye de tal manera. La génesis se debe al ser y no el ser a la génesis104.

Por eso Empédocles estaba equivocado cuando decía que muchas de las características que los animales tienen son debidas a alguna circunstancia durante su generación; por ejemplo, la columna vertebral es así porque fue rota por torsión105. Ignoraba, en primer lugar, que el germen constituido106 debe tener ya esa potencia y, en segundo lugar, que su productor existía con anterioridad, no sólo lógicamente, sino también cronológicamente. En efecto, el hombre engendra un hombre107, de tal modo que, debido a que el progenitor es hombre, el hijo sigue ese proceso de formación.

Ocurre108 lo mismo tanto en los seres que parecen generarse de forma espontánea, como en los artificiales. Ciertas cosas, en efecto, se producen igual de modo espontáneo109 que artificial, por ejemplo, la salud. En las cosas artificiales, como la escultura, el agente preexiste igualmente, la obra no se origina de forma espontánea; pues el arte es la razón de la obra, con independencia de la materia. Y los productos de la suerte110 siguen el mismo proceso que los del arte111.

Así, hay que explicar, si es posible, la constitución del hombre por su esencia, pues no puede ser sin ciertas partes112; en su defecto, es lo que más se acerca: ya porque no puede en absoluto ser de otra forma ya porque que está bien así113; [640b] y así sucesivamente. Y, puesto que el hombre es tal, su génesis es tal, y necesariamente es así. Por eso surge primero una parte y luego otra114, y lo mismo sirve para toda criatura natural.

Los primeros que antiguamente se dedicaron a estudiar la naturaleza, investigaban el principio y la causa materiales, qué eran y cómo eran, y cómo el universo emerge a partir de ésta y si lo que impulsa el movimiento es la discordia, el amor, la inteligencia o el azar, asumiendo que la materia subyacente tiene necesariamente una naturaleza determinada, por ejemplo, caliente en el fuego y fría en la tierra, ligera en el primero y pesada en la segunda. Así es como explican la formación del cosmos. Lo mismo dicen de la generación de los animales y de las plantas; por ejemplo, que la cavidad del estómago y todos los receptáculos de alimentación y de residuos se forman porque el agua fluye por el cuerpo, y que los agujeros de la nariz se abren debido al paso del aliento115.

En efecto, el aire y el agua son la materia de los cuerpos y todos construyen la naturaleza a partir de dichos cuerpos116. Pero si el hombre, los animales y también sus partes existen por naturaleza, entonces también tendríamos que hablar de la carne, del hueso, de la sangre y de todas las partes homeómeras, e igualmente de las no homeómeras117, como el rostro, la mano, el pie, y decir cómo es cada una de ellas y en función de qué potencia se forma118. No es suficiente explicar de qué están hechas (fuego o tierra); como ocurriría si hablásemos de una cama o algún otro objeto semejante; en este caso trataríamos de explicar su forma más que su materia (bronce o madera), o, en todo caso, la materia referida al conjunto119. Pues una cama es tal forma en tal materia, o bien cierta materia con tal forma, de modo que también habría que hablar de su configuración y de cuál es su forma. Pues la naturaleza formal es más importante que la naturaleza material120.

Si cada animal y cada una de sus partes no consisten más que en su configuración y en su color, Demócrito estaría en lo cierto; él parece entenderlo así. Y, según esto, dice que todos tienen claro lo que es el hombre por su forma exterior, puesto que es reconocible por su configuración y por su color121. Pero también un cadáver tiene la misma forma aparente y, sin embargo, no es un hombre. Además, es imposible que exista una mano hecha de cualquier cosa (bronce o madera) si no es por homonimia122, [641a] como ocurre con el dibujo que representa a un médico, ya que la mano no podrá realizar su función, como tampoco las flautas de piedra ni el dibujo de un médico pueden realizar la suya.

Como en los casos anteriores, ninguna de las partes del cadáver, por ejemplo, un ojo, una mano, es ya una parte de un hombre. Por tanto, su explicación es demasiado simple; es lo mismo que si un carpintero hablase de una mano de madera123. Los fisiólogos también hablan así de los procesos de generación y las causas de la configuración. Dicen qué fuerza los produjo. El carpintero dirá que fue el hacha o el trépano y el fisiólogo que el aire y la tierra. Pero aún es mejor la respuesta del carpintero, pues a él no le bastará con decir que un hueco o una superficie lisa fueron creadas por el golpe de su herramienta, sino que dirá la causa por la cual dio precisamente ese golpe, y su propósito: que al final surja tal o cual forma.

Por tanto, es evidente que los fisiólogos procedían erróneamente, pues hay que determinar cómo es el animal y tratar sobre ello, es decir, explicar qué es, sus propiedades y cada una de sus partes, como hicimos al hablar sobre la forma de la cama.

Si esto es el alma124 o una parte del alma o algo que no puede existir sin alma (ya que una vez que ésta se va ya no hay un ser vivo y ninguna de las partes sigue siendo tal, excepto por su configuración, como en aquellos mitos de seres convertidos en piedra125); pues bien, si esto es así, sería propio del estudioso de la naturaleza hablar y obtener conocimiento del alma, si no en su totalidad, al menos de aquella parte por la cual un ser vivo es tal. También debería decir qué es el alma (o esa parte), y hablar sobre los atributos de su sustancia, porque "naturaleza" se dice en dos sentidos distintos: bien como materia, bien como sustancia126 y esta última es también el motor y el fin. Y esto, en el animal, es precisamente el alma entera o alguna parte de ella; de modo que el estudioso de la naturaleza debería tratar más sobre el alma que sobre la materia, por cuanto la materia es naturaleza gracias al alma y no al contrario, pues la madera es cama o trípode sólo en potencia.

Si repasáramos lo dicho anteriormente podrían surgir dudas sobre si el estudio de la naturaleza debe tratar sobre toda el alma o sólo sobre alguna parte, ya que si debe hacerlo sobre toda, no habrá lugar para ninguna otra filosofía fuera de la ciencia natural127. En efecto, la inteligencia se ejerce sobre lo inteligible [641b], de modo que el estudio de la naturaleza sería un conocimiento de todas las cosas, pues a la misma ciencia compete investigar la inteligencia y lo inteligible, porque son correlativos, y todas las cosas correlativas son tratadas por la misma ciencia, tal como ocurre con la sensación y lo sensible128.

Tal vez no toda el alma sea principio de movimiento. Ni siquiera el conjunto de sus partes, sino quizá una parte, precisamente aquélla que también tienen las plantas129, sea principio de crecimiento; otra, la sensitiva, principio de alteración130, y alguna otra131, que no es la intelectual, de locomoción, ya que la locomoción puede darse en otros animales132, pero la inteligencia, no. Así pues, es evidente que no tenemos que hablar de toda alma, porque no toda es naturaleza, sino sólamente una o varias de sus partes133.

Además es imposible que el estudio de la naturaleza se dedique a las abstracciones, porque la naturaleza hace todo con alguna finalidad134. Parece que del mismo modo que el arte está presente en los objetos artificiales, también en las propias cosas existe algún otro principio y causa análogos que captamos, tal como captamos el calor y el frío a partir de todo135. Por eso es más verosimil que el cielo haya sido generado, si es que es generado136, por tal causa, que no que sea tal la causa de que existan seres mortales. Al menos, parece que hay mucho más orden y determinación en los objetos celestes que en los que nos rodean, y que el cambio y el azar se manifiestan más bien entre los mortales.

Algunos dicen que cada uno de los seres vivos existe y llega a ser por naturaleza, y que, sin embargo, el cielo, donde no parece manifestarse ningún tipo de azar ni de desorden, se creó de forma casual y espontánea137.

Pero decimos que algo existe con una finalidad dondequiera que pueda aparecer un término que el movimiento alcanza si nada se lo impide. Por consiguiente, resulta evidente que existe algo así, a lo cual llamamos naturaleza. Pues de cada germen no surge al azar cualquier criatura, sino tal ser de tal germen; y tampoco surge cualquier germen de cualquier cuerpo. Así pues, el germen es principio y agente de lo que surja de él, pues esto ocurre por naturaleza: al menos crece de forma natural138.

Pero aún antes que el germen está aquello de lo cual es germen, pues el germen es un devenir y el fin una sustancia. E incluso antes que ambos está aquello que da lugar al germen. Pues hay dos tipos de germen: germen de aquello de que proviene y germen de aquello a que dará lugar. En efecto, está el germen como producto del ser del cual proviene, por ejemplo de un caballo, y el germen como principio del que surgirá a partir de él, por ejemplo, de un mulo. Se llama igual en los dos casos, pero no es lo mismo. [642a] Además el germen es en potencia algo, y conocemos la relación entre potencia y acto139.

Existen, entonces, dos causas: la finalidad y la necesidad, pues muchas cosas se originan por necesidad. Pero podríamos preguntar a qué necesidad140 se refieren los que hablan de ella, pues ninguna de las dos definiciones de necesidad que se dan en los tratados filosóficos141 sirve aquí. Pero hay una tercera, al menos para los cosas que devienen. Así, no decimos que la alimentación es algo necesario en ninguno de aquellos dos sentidos, sino porque es imposible vivir sin ella. Es decir, es como una necesidad hipotética: así como el hacha, debido a que tiene que partir, debe necesariamente ser dura, y, por ello, de bronce o de hierro; así también, puesto que el cuerpo es un instrumento (pues tanto cada una de sus partes como el cuerpo entero existen con alguna finalidad), es necesario que sea de cierta manera y de cierto material si va a ser tal.

Así pues, está claro que hay dos tipos de causa y debemos en lo posible dar cuenta de ambas, o si no, al menos intentar clarificarlas, y que los que no hablan de ellas, por así decir, no están diciendo nada sobre la naturaleza. Pues la naturaleza es más principio142 que materia.

En algunos pasajes, incluso Empédocles, guiado por la propia evidencia, da con ello y se ve obligado a afirmar que la sustancia y la naturaleza son razón143, como cuando expone qué es el hueso144, porque no dice que es uno de los elementos, ni dos o tres, ni todos ellos, sino que da la proporción de la mezcla. Además, es evidente que es lo mismo tanto para la carne como para las demás partes semejantes.

El motivo de que nuestros predecesores no llegaran a este método es que no disponían del concepto de esencia145 ni de la definición de sustancia. Sin embargo, el primero que hizo mención de ello fue Demócrito; no porque lo creyese necesario para el estudio de la naturaleza, sino obligado por el asunto mismo. Esto progresó en tiempos de Sócrates146, pero se dejó de lado la investigación sobre la naturaleza y los filósofos se ocuparon más de la virtud práctica y la política.

La exposición debe ser así: hay que mostrar, por ejemplo, que la respiración147 existe para determinado fin, y este se produce necesariamente mediante ciertas cosas. En algunas ocasiones la necesidad significa que si la finalidad va a ser aquello, entonces es necesario que esto sea así; otras veces significa que las cosas son así y lo son por naturaleza. Por ejemplo, es necesario que el calor salga y entre de nuevo según la resistencia que encuentre, y que el aire fluya. Esto es inmediatamente necesario [642b]. Además, la entrada del aire exterior se debe a la oposición entre el calor interior y el frío. Este es, pues, el método de investigación y tales son los hechos cuyas causas hay que averiguar.
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