Aristóteles: Obra biológica




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Capítulo 2

Algunos148 tratan de alcanzar lo particular mediante la división del género en dos diferencias149. Esto es en algunos casos difícil y en otros, imposible.

Porque en algunos casos bastará una sola diferencia y el resto serán redundantes como, por ejemplo, el estar dotado de pies y el ser bípedo, o bien estar dotado de pies y ser de pie hendido150. La última diferencia es válida por si sola151, pues de otro modo tenemos que repetir lo mismo varias veces.

Además, no conviene escindir los géneros, por ejemplo el de las aves, poniendo unas en una división y otras en otra, como lo hacen las divisiones escritas anteriormente152, en las que ocurre, en efecto, que unas aves figuran en la división de los animales acuáticos y el resto en otra distinta153. Según esta semejanza, a unas se les da el nombre de aves y a otras de peces (otras divisiones no tienen nombre, como la de los sanguíneos y la de los no sanguíneos154; no existe, en efecto, un término común para cada uno de ellos). Si los animales del mismo género no deben separarse, entonces la división binaria sería inútil, pues tal división inevitablemente separa y escinde, por ejemplo, los de varios pies155 en terrestres y acuáticos.

Capítulo 3

Además, serán necesarias las divisiones por privación156, y, de hecho, así dividen los dicotomistas. Pero en una privación, en tanto que privación, no puede haber ninguna diferencia, pues no puede haber especies de lo que no es, por ejemplo, de la privación de pies o de alas, como las hay de la posesión de alas o de pies. Mas, es preciso que haya especies dentro de la diferencia general, si no, ¿en que se distinguiría la diferencia general de la particular? Algunas diferencias son generales y contienen especies, por ejemplo, la posesión de alas, pues éstas pueden ser indivisas o divididas157. Lo mismo sucede con la posesión de pies, éstos pueden presentar varias divisiones, o sólo dos, como en los bisulcos, o ninguna hendidura, indivisos, como en los solípedos.

Por otra parte, incluso en determinadas diferencias que comportan especies, es ya difícil hacer divisiones de modo que cada animal tenga su lugar y que no figure el mismo en varios, por ejemplo, entre los alados y los no alados (pues un mismo animal puede ser ambas cosas, como la hormiga, la luciérnaga158 y algunos otros). Pero más difícil, casi imposible, es distribuirlos según la carencia de sangre159. Pues es preciso que cada diferencia pertenezca a un particular, y, por consiguiente, también la [643a] opuesta. Y si no es posible que una forma de ser única e indivisible se de en lo que difiere en especie, sino que siempre debe ser diferenciable (por ejemplo, es otro y diferente el bipedismo en el hombre160 y en el ave, y si ambos son sanguíneos, entonces su sangre es diferente, de otro modo, su sangre no debe formar parte de su sustancia161, si no, la diferencia única caracterizará a dos seres); pues bien, si es así, entonces es evidente que la privación no puede ser una diferencia.

Las diferencias serán iguales en número a los animales indivisibles162, si es cierto que tanto éstos como las diferencias son indivisibles, y que ninguna diferencia es común. Pero, si puede haber una privación163 no común pero sí indivisible, es evidente que, ciertamente, por cuanto es común, seres distintos formalmente podrían estar en el mismo grupo. Así, es necesario que, si las diferencias bajo las que cae cada ser indivisible son peculiares, ninguna de ellas sea común; de otro modo, distintos seres entrarán en la misma. Pero se requiere que lo idéntico e indivisible no pase de una diferencia a otra en el curso de la división, ni distintos a ser de la misma, y que todos estén incluidos164.

Es evidente, por tanto, que no se pueden obtener especies indivisibles como hacen los dicotomistas con los seres vivos, o incluso con cualquier otro género. Según éstos, las diferencias últimas tienen que igualar en número a todos los animales específicamente indivisibles. Dado, por ejemplo, un cierto género cuya diferencia primera es relativa a la blancura165, en cada una de las dos divisiones se manifiesta de forma diferente, y así sucesivamente hasta llegar a lo indivisible; las diferencias últimas serán cuatro o cualquier otro múltiplo de dos. Ese también será el número de especies.

Pero la diferencia es la forma en la materia166. Pues ninguna parte de animal puede existir sin materia, ni la materia puede existir sola. En efecto, de ningún modo existirá un animal, ni ninguna de sus partes, sin cuerpo, como lo hemos dicho a menudo.

Además, debemos hacer la división siguiendo las diferencias esenciales y no por los accidentes propios, por ejemplo, como si uno dividiese las figuras geométricas porque unas tienen los ángulos iguales a dos rectos y otras a más de dos, pues es un accidente del triángulo el que sus ángulos sumen dos rectos167.

Debemos también hacer la división con los opuestos, pues los opuestos son distintos entre sí, por ejemplo: lo blanco y lo negro, lo recto y lo curvo. Así pues, si son distintos uno de otro, habrá que dividir utilizando el opuesto y no de un lado la natación y de otro el color.

En el caso de los seres animados, no podemos distinguir siguiendo funciones comunes a cuerpo y alma168, por ejemplo, entre los que andan [643b] y los que vuelan, como en las divisiones arriba mencionadas169, pues hay géneros, como el de las hormigas, que tienen ambas funciones, existen como voladores y también sin alas. Tampoco debemos dividir entre salvajes y domésticos170, ya que parecería que escindimos la misma especie171. En efecto, todos los domésticos se pueden encontrar también en estado salvaje, como hombres, caballos, bueyes, perros en la India, cerdos, cabras, ovejas. Si cada uno lleva el mismo nombre es que no han sido divididos, y si son uno formalmente, no es posible que el estado salvaje y doméstico sean una diferencia.

En general, siempre que se divide mediante cualquier diferencia única, ocurre necesariamente esto172. Hay que tratar de tomar los animales por géneros, tal como hace la mayoría173 al distinguir el género ave y el género pez. Cada uno de estos queda delimitado por varias diferencias, no por dicotomía. Pues, de este modo, o bien no obtenemos nada (pues el mismo ser cae bajo varias divisiones y seres opuestos en la misma), o bien habrá sólo una diferencia y ésta, simple o compuesta, constituirá la especie última174.

Por otra parte, si no se obtiene la diferencia de la diferencia175, sólo se consigue una división continua tal como hacen los que dan unidad a su discurso mediante conjunciones176. Me refiero a lo que les sucede a quienes dividen los animales en no alados y alados y, entre los alados, distinguen los domésticos y los salvajes, o bien blancos y negros; pues ni la domesticidad ni la blancura son una diferencia en la posesión de alas, sino el comienzo de nuevas divisiones y aquí resultan accidentales. Por ello, como decimos, hay que dividir inicialmente lo uno mediante varias diferencias. De este modo, también las privaciones177 servirán como diferencias, mientras que en la dicotomía no.

Está claro que no se puede obtener ninguna especie particular por la división binaria del género, como algunos creyeron, y es por lo que sigue: los distintos particulares no pueden tener sólo una diferencia, sea ésta simple o compuesta. LLamo simple a la que no contiene otra diferencia, como el ser de pie hendido178, y compleja a la que sí contiene otra, por ejemplo, el tener varias hendiduras en el pie con relación a tener el pie hendido. Por eso se pretende la continuidad de las diferencias obtenidas por división a partir del género, para que todo sea una unidad; pero por la forma en que se expresa parece que la última diferencia es la única, pues por ejemplo, junto a la posesión de pies con varias hendiduras o de dos pies, la posesión de pies [644a] o de varios pies son características redundantes179. Está claro que no puede haber más de una de tales diferencias, pues si se continúa avanzando se llega a la diferencia extrema (pero no a la final, es decir, la forma). Esta diferencia es, para la división de hombre, o bien solamente el tener el pie hendido, o bien la conjunción compuesta de, por ejemplo, provisto de pies, bípedo, de pie hendido180. Si el hombre fuese simplemente un ser de pie hendido, entonces ésta sería la única diferencia. Ahora bien, como de hecho no es así, es necesario que haya varias diferencias que no estén bajo una sola división. Por otro lado, es imposible que las diversas diferencias de un solo animal se encuentren bajo la misma dicotomía, sino que cada dicotomía debe finalizar con una sola diferencia cada vez.

Por consiguiente, es imposible alcanzar181 ningún animal en particular mediante la división binaria.

Capítulo 4

Podríamos preguntarnos por qué los hombres no designaron, desde un principio, con un mismo nombre ni agruparon en un mismo género a los animales acuáticos y a los que vuelan, ya que tanto éstos como todos los demás animales poseen algunas características comunes182. Sin embargo, quedan correctamente divididos de esta manera. En efecto, todos los géneros que difieren por un exceso, es decir, en el más o el menos, se reúnen bajo un sólo grupo, y todos análogos son separados183. Me refiero a que un ave se diferencia de otra por el más, o mejor, por un exceso (unas tienen alas largas y otras, cortas), mientras que los peces difieren de las aves por analogía (lo que son plumas en éstas, son escamas en aquéllos). Pero no es fácil hacer esto con todos, ya que son muchos los animales caracterizados por analogía.

Como las sustancias, ciertamente, son las formas últimas y éstas son formalmente indivisibles, como Sócrates o Corisco184, debemos, o bien mencionar primero sus atributos generales, o bien repetir muchas veces lo mismo, como ya hemos dicho185 (los rasgos generales son comunes, los llamamos generales porque pertenecen a muchos). La dificultad está en decidir cuál de los dos métodos hay que practicar. Pues, en tanto que la sustancia es lo formalmente indivisible, sería mejor, si fuese posible, estudiar por separado lo particular y formalmente indivisible, como hacemos al tratar sobre el hombre, y también al tratar sobre el ave (género éste que contiene especies), es decir, sobre las indivisibles, como gorrión186, grulla o cualquier otra. Pero en la medida en que habrá que hablar muchas veces de la misma característica, pues muchos la tienen en común, resultará extraño y [644b] prolijo hablar de cada uno por separado.

Así pues, quizás lo correcto sea tratar las características comunes por géneros, bien distinguidos por la gente y que tienen especies no muy distantes y una naturaleza común, como aves, peces o cualquier otro sin nombre pero que, como género, englobe las especies que están en él. Pero todo lo que no sea así, será estudiado según lo particular, como al tratar sobre el hombre u otro similar187.

Los géneros se han establecido, sobre todo, por la forma de las partes188 y del cuerpo entero, cuando presentan semejanzas; por ejemplo: el género de las aves cuando se caracteriza por eso mismo, así como el de los peces, los cefalópodos189 y las conchas190. Las partes difieren, no por analogía, como el hueso del hombre y la espina del pez, sino más bien por las características corporales, como la grandeza o pequeñez, la blandura o la dureza, la lisura o aspereza y otras semejantes; y, en general, difieren por el más y el menos.

Hemos establecido, pues, como debe entenderse el método de la ciencia natural y de qué modo el estudio de estos problemas podría resultar más metódico y fácil. Hemos hablado también de la división y hemos dicho de qué forma se puede aprovechar para el asunto que nos ocupa, y por qué la dicotomía es, o bien imposible o bien ineficaz. Una vez establecidas estas cuestiones y dispuesto este comienzo, hablemos de las que siguen.

Capítulo 5

De los seres constituidos por la naturaleza, unos, inengendrados e incorruptibles, subsisten por toda la eternidad191; otros, en cambio, están sujetos a la generación y la corrupción. Sobre los primeros, que son nobles, incluso divinos, sucede que sabemos menos, pues la observación proporciona a nuestros sentidos escasas evidencias de las que partir para estudiar estos seres y las cuestiones que sobre ellos deseamos saber192. Respecto a las plantas y animales, perecederos, tenemos más medios para su conocimiento, porque convivimos con ellos. Cualquiera que se tomase la molestia podría obtener muchos datos sobre cada género.

Ambos estudios tienen su atractivo. Pues aunque sea poco lo que percibimos de los seres eternos, el valor de este conocimiento hace que resulte más satisfactorio que el de las cosas próximas a nosotros; así como ver lo que amamos, aún casual y parcialmente, es más grato que contemplar en detalle otros seres más numerosos o mayores [645a]. Pero nuestra relación con los seres vivos, como es más profunda y extensa, nos permite un conocimiento aventajado. Además, su proximidad a nosotros y afinidad de naturaleza, restablecen el equilibrio con la filosofía que trata de lo divino.

Como de los seres divinos ya hemos tratado193 y expuesto nuestro parecer, nos resta hablar de la naturaleza de los animales, si fuese posible, sin omitir nada, sea valioso o no194. Pues, incluso en animales poco gratos a nuestros sentidos, la naturaleza, que los construyó, también ofrece a quienes los estudian extraordinario placer, siempre que sean capaces de reconocer las causas y posean una natural inclinación al saber.

Sería ilógico y extraño que, cuando disfrutamos contemplando las imágenes de los seres vivos, porque admiramos el arte que las produjo, sea la pintura o la escultura, no apreciásemos todavía más la observación de los propios seres compuestos por la naturaleza, al menos si podemos advertir sus causas. Por eso, uno no debe sentir una pueril repugnancia al examen de los animales más sencillos, pues en todos los seres naturales hay algo de maravilloso. Así como Heráclito -según cuentan- invitó a pasar a unos visitantes extranjeros, que se detuvieron al verlo calentándose junto al horno, diciendo "aquí también hay dioses"195, así mismo debemos acercarnos sin reparos a la exploración de cada animal, pues en todos hay algo de natural y hermoso.

No es el azar, sino la orientación hacia un fin, lo que en mayor medida se halla en las obras de la naturaleza, y el fin para el que se han constituido o generado ocupa aquí el lugar de la belleza196. Pero, si alguno considera indigna la observación de los demás animales, de igual modo debe considerar también la de sí mismo, pues no se pueden mirar sin gran repugnancia las partes que constituyen el género humano197: sangre, carne, huesos, venas y otras partes semejantes. Asimismo, tenemos que reconocer que, al tratar sobre cualquier parte o instrumento, no hacemos mención de la materia ni la consideramos como el objeto de estudio, sino que hablamos de la forma global, por ejemplo, acerca de una casa, no de los ladrillos, mortero o maderos. Así, respecto a la naturaleza, tratamos del compuesto y la sustancia en su conjunto, y no sobre las partes que jamás se dan separadas de la sustancia a la que pertenecen.

En primer lugar [645b], es necesario distinguir en cada género los atributos que pertenecen esencialmente a todos los animales y, después de esto, intentar precisar sus causas198. Ya hemos dicho anteriormente que muchos atributos son comunes a un gran número de animales; unos sencillamente, como los pies, las alas, las escamas y otras características de este tipo, y otros por analogía. Entiendo por analogía199 el hecho de que unos tienen pulmones y otros no, pero, si los unos tienen pulmones, los otros poseen otra cosa en su lugar. Así, también se da que unos tienen sangre mientras que otros poseen algo análogo, con la misma capacidad que en los sanguíneos la sangre. Pero si tratamos por separado las particularidades de cada uno, sucederá, como hemos dicho anteriormente200, que cuando hablemos de todas las que encontremos, repetiremos muchas veces lo mismo, pues son numerosos los animales que poseen las mismas. Estos son mis puntos de vista sobre la cuestión.

Como todo instrumento201 existe para algo, y cada parte del cuerpo tiene una finalidad, y esta finalidad es una acción, es evidente que el cuerpo en su conjunto también está constituido con vistas a la acción integral202. En efecto, la acción de serrar no se ha producido para la sierra, sino la sierra para serrar, pues serrar es su utilidad. Por consiguiente, también el cuerpo es, de alguna manera, para el alma, así como las partes son para las funciones para las cuales nació cada una. Es preciso, pues, enunciar en primer lugar las acciones comunes a todos y después las de cada género y especie203. Llamo comunes a las que se encuentran en todos animales, y propias de cada género a las que se dan en los que apreciamos diferencias de exceso; por ejemplo: hablo según el género de las aves y según la especie del hombre y, en términos generales, de todo cuanto no presenta ninguna diferencia. Unos, pues, poseen algo en común por analogía, otros según el género y otros según la especie.

En cuanto a las partes cuyas acciones se dan con vistas a otras acciones, es evidente que difieren entre ellas del mismo modo que las propias acciones. Igualmente, si ciertas acciones son prioritarias y constituyen el fin de otras acciones, cada una de las partes a las que corresponden estas acciones será del mismo modo. En tercer lugar, están las que se dan por necesidad204.

Considero afecciones y acciones a la generación, el crecimiento, la cópula, la vigilia, el sueño, la locomoción y otras semejantes que poseen los animales. Llamo partes a la nariz, al ojo, al conjunto del rostro, cada una de las cuales es denominada [646a] miembro, y lo mismo sucede con las otras205.

Queda así expuesto nuestro modo de proceder. Trataremos de enunciar las causas tanto de lo común como de lo peculiar, empezando, como hemos determinado, primero por lo que es primero.
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