Aristóteles: Obra biológica




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Capítulo 8

Hay que examinar el resto de las partes homeómeras y, en primer lugar, la carne, en los animales que la tienen, y la parte análoga en los demás. Esta parte constituye en los animales un principio y lo esencial del cuerpo. Se demuestra también mediante la razón: definimos al animal por el hecho de tener sensibilidad y por tener, en primer lugar, esta sensación: el tacto, cuyo órgano es dicha parte, que, o bien es la primera, como la pupila en el caso de la vista, o bien es la parte que colabora, como en el caso de que a la pupila se sumase todo lo transparente282. Así pues, sería imposible y totalmente inútil para la naturaleza hacer esto con las demás sensaciones, mientras que el tacto es así por necesidad. En efecto, este es el único o el más corporal de los órganos sensoriales283. Y en relación con la sensación, resulta evidente que todas las demás partes existen para ella, me refiero, por ejemplo, a los huesos, la piel, los nervios y las venas, además de los pelos y el tipo de uñas, y cualquier otra semejante. En efecto, el conjunto de los huesos, que son duros por naturaleza, ha sido ideado para preservar las partes blandas, en los que tienen huesos, mientras que en los que no los tienen, lo ha sido la parte análoga, por ejemplo: entre los peces, unos tienen espina y otros, cartílago. Así, unos animales poseen dicho soporte en el interior, mientras que algunos [654a] no sanguíneos en el exterior, como todos los crustáceos, por ejemplo: los cangrejos y el género de las langostas, e igualmente los testáceos, como las llamadas ostras. Todos estos tienen la parte carnosa en el interior, mientras que la parte terrosa que la mantiene y guarda, está en el exterior. En efecto, para asegurar su continuidad, pues su naturaleza, al no tener sangre, contiene poco calor, la concha que lo rodea guarda, como una estufa, el calor producido. La tortuga, sin embargo, y el género de los de los emídidos284 parecen ser como éstos, aunque su género es otro. En cuanto a los insectos y los moluscos, su constitución es contraria a aquellos e incluso opuesta entre sí. Parecen no tener ninguna parte ósea ni de tierra que se distinga, por lo cual merece la pena describirlos285; pues bien, los moluscos son carnosos y blandos casi en su totalidad, y para que su cuerpo no pueda corromperse fácilmente, como las cosas de carne, posee una naturaleza intermedia entre la carne y el tendón. En efecto, es blando como la carne pero tiene elasticidad como el tendón. Su carne no se divide longitudinalmente sino en porciones circulares. Así puede ser de mayor utilidad para hacer fuerza. Pero entre ellos se encuentra también un análogo a las espinas de los peces, el llamado hueso de la sepia286, y el llamado espada en los calamares287. Por el contrario, el género de los pulpos no tiene nada semejante porque lo que llamamos cabeza es una pequeña cavidad, frente a otros cuya cabeza presenta una largura considerable. Por eso, la naturaleza ideó estas partes para que se mantuvieran erguidos e inflexibles, como el hueso de los sanguíneos y la espina de otros. Los insectos, sin embargo, se oponen a éstos y a los sanguíneos, como hemos dicho288. En efecto, no tienen una parte determinada dura y otra blanda, sino que el cuerpo entero es duro, y la dureza es tal que es más carnosa que el hueso y más terrosa que la carne, para que su cuerpo no pueda romperse fácilmente.

Capítulo 9

La naturaleza de los huesos y la de las venas es semejante. Cada una de ellas es continua y parte de un principio único, asimismo, ningún hueso existe por sí y en sí mismo, sino que, o bien existe como parte de uno continuo o bien está unido y sujeto para que la naturaleza lo utilice [654b] ya como uno solo y continuo ya como dos divididos para la flexión. Igualmente, ninguna vena existe por sí misma y en sí misma, sino que todas son parte de una sola. Si existiese un hueso aislado, no podría cumplir la función por la que existe el conjunto de los huesos (no podría ser el causante ni de la flexión ni de ningún tipo de rectitud porque no sería continuo sino discontinuo) y además, podría causar daño a las carnes como una espina o una flecha. Y si existiese una vena aislada y no fuese continua a su principio, no podría conservar la sangre que contiene, pues el calor de aquella le impide coagularse y, por otro lado, es evidente que la sangre aislada se corrompe289. El corazón es el principio de las venas290, y el de los huesos, para todos los que tienen huesos, la llamada columna vertebral, a partir de la cual la naturaleza de los demás huesos es continua. En efecto, la columna vertebral es la que mantiene la largura y la rectitud de los animales. Ahora bien, como es necesario que el cuerpo del animal en movimiento se doble, es única por la continuidad y múltiple por su división en vértebras. En los animales que tienen miembros que parten de ésta y son continuos a ella, sus huesos pertenecen a la clase de las articulaciones: son los miembros que tienen flexión y están unidos entre sí por los tendones, y poseen extremos que se adaptan entre sí porque uno es hueco y otro redondo, o bien los dos son huecos y comprenden en medio, como una clavija, un huesecillo, con el fin de que se produzca la flexión y la extensión (de otra forma o sería totalmente imposible o no se podría realizar tal movimiento correctamente). Algunos, cuando el principio de uno es semejante al término de otro, quedan unidos por los tendones. Además, en éstos, existen partes cartilaginosas en medio de las articulaciones para que, como una almohadilla, impidan que se desgasten mutuamente. En torno a los huesos se desarrollan las carnes, sujetas por hilos finos y fibrosos. Para éstas existe el género de los huesos. Tal como los artistas que modelan una figura de barro o de cualquier otro compuesto húmedo, ponen como soporte un objeto duro y modelan, así, en torno a él; del mismo modo, la naturaleza ha fabricado al animal de carnes. Los huesos se hallan bajo las diferentes partes carnosas: en las partes que se mueven, para favorecer la flexión, y en las inmóviles, para proteger; por ejemplo: las costillas que rodean el pecho sirven para salvaguardar [655a] las vísceras que rodean el corazón. Sin embargo, todos los animales carecen de huesos en la zona del vientre para no impedir la hinchazón que, por necesidad, se produce en los animales después de alimentarse y el crecimiento del embrión en el interior de las hembras. Los animales vivíparos, tanto interior como exteriormente, tienen huesos de parecida fuerza y solidez. Todos estos animales son mucho más grandes que los no vivíparos si hacemos referencia a la proporción de sus cuerpos. En algunos sitios, muchos vivíparos llegan a hacerse de gran tamaño, por ejemplo: en Libia y en lugares cálidos y secos291. Los animales grandes necesitan unos soportes más sólidos, más grandes y más duros, y, en especial, los que poseen un temperamento más violento. Por eso, los huesos de los machos son más duros que los de las hembras, y, más aún, los de los carnívoros (ya que obtienen el alimento mediante la lucha), como es el caso de los del león. Así pues, son de naturaleza tan dura que si se golpean puede salir fuego, como ocurre con las piedras292. En el caso del delfín, no posee espinas sino huesos ya que es un animal vivíparo293. Para los animales sanguíneos no vivíparos la naturaleza establece una ligera diferencia, como por ejemplo: las aves tienen huesos pero son más frágiles294. Entre los peces, los ovíparos tienen espina, y en las serpientes la naturaleza de sus huesos es semejante a la espina, excepto en las que son muy grandes. Estos últimos, por las mismas razones que los vivíparos, necesitan un esqueleto más sólido para tener fuerza. Por otro lado, los llamados selacios tienen una espina de naturaleza cartilaginosa. Su movimiento tiene que ser muy fluido, por consiguiente, la naturaleza de sus soportes no debe ser quebradiza sino muy flexible; además, la naturaleza ha empleado toda la parte terrosa en hacer su piel y no puede distribuir el mismo excedente en diversos lugares a la vez. Existen también muchos huesos cartilaginosos en todos los vivíparos en los que conviene que la parte sólida sea flexible y glutinosa en vista de la carne que lo rodea; se encuentra por ejemplo, en las orejas y en las narices. En efecto, en las partes salientes, lo quebradizo se rompe en seguida. La naturaleza del cartílago y del hueso es la misma, difieren, sin embargo, en el más y el menos295; por eso ninguna de las dos crece después de haber sido cortada. En los animales terrestres, los cartílagos no tienen médula, al menos que se distinga, pues lo que en todo hueso aparece separado es, en este caso, una mezcla y hace que la constitución del cartílago sea blanda y glutinosa. En los selacios, sin embargo, la columna vertebral [655b] es cartilaginosa y contiene médula, pues tiene esta parte en lugar de un hueso. Por el tacto, las siguientes partes se asemejan a los huesos: las uñas, los cascos, las pinzas, los cuernos y los picos de los pájaros296. Los animales poseen todas estas partes para su defensa, pues las partes formadas enteramente del mismo tejido y que tienen el mismo nombre que sus partes, como una uña entera o un cuerno entero, están ideadas para la conservación de cada uno. El conjunto de los dientes también pertenece a este género ; en unos animales tiene como única función la elaboración del alimento y en otros, además, la de luchar, como en todos los de dientes agudos y salientes. Por necesidad, todos éstos son terrosos y de naturaleza sólida ya que tienen la misma potencia que un arma. Por eso, dichas partes se dan más en los cuadrúpedos vivíparos, porque todos ellos tienen una composición más terrosa que la especie humana297. Sobre estas cosas y las siguientes, como la piel, la vejiga, la membrana, los pelos, las plumas, los análogos a éstas y cualquier parte semejante, hay que estudiar sus causas más tarde298, junto a las partes no homeómeras, y por qué se encuentra cada una en los animales. Sería necesario estudiarlas a partir de sus funciones, como las partes no homeómeras. Pero como sus fragmentos reciben el mismo nombre que el todo, han sido ubicadas aquí, entre las partes homeómeras. El hueso y la carne son los principios de todas ellas. Además, respecto al semen y la leche, los hemos dejado aparte en el estudio sobre los humores y las partes homeómeras, ya que tienen su correspondiente consideración en los tratados sobre la generación: el uno es principio de los seres y la otra, la alimentación de los recién nacidos299.

Capítulo 10

Hablemos ahora, como si lo hiciésemos desde el principio otra vez, empezando primero por lo primero. Todos los animales formados poseen dos partes totalmente indispensables: aquella por la que reciben el alimento y aquella por la que evacuan el excremento, pues no pueden existir ni crecer sin alimentación300. Las plantas (consideramos que éstas también viven) no tienen un lugar para la excreción de lo inútil. Toman de la tierra el alimento ya cocido301, y en lugar de excrementos, producen las semillas y los frutos. Existe en todos los animales una tercera parte en medio de esas dos que contiene el principio de la vida302. Las plantas,[656a] que por naturaleza permanecen inmóviles, no presentan gran una gran variedad de partes no homeómeras303: para sus escasas acciones utiliza pocos órganos. Por eso, hay que estudiar su forma propia aparte304. Pero los que, además de vivir, tienen sensibilidad, presentan una forma mucho más variada, y entre éstos, unos más que otros; todavía es mucho más variada en aquellos cuya naturaleza participa no sólo del vivir sino del vivir bien305. Tal es el género humano. Pues es el único de los animales que conocemos que tiene algo de divino, o al menos, el que más de todos306. De modo que por eso, y porque la forma de sus partes externas es la más conocida, hay que hablar primero sobre él307. Pues, francamente, no sólo es el único cuyas partes naturales están dispuestas conforme a la naturaleza, sino que además, su parte superior está dirigida hacia lo alto del universo308. En efecto, entre los animales, sólo el hombre se mantiene derecho. Por consiguiente, resulta necesario a partir de lo que hemos dicho sobre el cerebro309, que su cabeza carezca de carne. No se debe, como algunos dicen310, a que si fuese carnosa, la vida del género sería más larga, ni tampoco, como afirman, a que carece de carne para facilitar la sensación : la sensación se percibe en el cerebro y las partes muy carnosas no dejan llegar la sensibilidad311. Ninguna de estas dos explicaciones es verdadera, pero si la región que rodea al cerebro tuviese mucha carne, el cerebro cumpliría una función contraria a aquella por la que existe en los animales (no podría enfriar porque él mismo estaría muy caliente),por otra parte no es responsable de ninguna sensación, porque él mismo también es insensible, como cualquier excreción. Pero, ellos, al no encontrar la causa de que algunos sentidos estén en la cabeza, y al ver que el cerebro es más apropiado que las demás partes, los relacionan entre sí por suposición. En los tratados sobre la sensación hemos explicado que el principio de las sensaciones312 es la región en torno al corazón, y asimismo por qué hay dos sentidos claramente ligados al corazón; el tacto y el gusto; de los tres restantes, el olfato es intermedio, mientras que el oído y la vista se sitúan principalmente en la cabeza debido a la naturaleza de sus órganos sensoriales, y de éstos, la vista se encuentra ahí en todos los animales. El caso del oído y del olfato de los peces y sus semejantes demuestra claramente lo que hemos dicho. Oyen y huelen, pero no presentan en la cabeza ningún órgano sensorial visible para estos sentidos. La vista, en todos los que la poseen, se sitúa, razonablemente cerca del [656b] cerebro. Éste es, por naturaleza, húmedo y frío, mientras que la vista es acuosa313, ya que el agua es el cuerpo transparente que más protege. Además, las sensaciones más precisas tienen que llegar a serlo necesariamente a través de las partes que contienen sangre muy clara, ya que el movimiento del calor en la sangre obstaculiza el acto de la sensación. Por estas causas, sus órganos sensoriales se sitúan en la cabeza. Sin embargo, no sólo la parte anterior de la cabeza carece de carne, sino también la posterior, porque todos los animales que la poseen deben tenerla lo más derecha posible. En efecto, nada que lleve una carga puede mantenerse derecho, y así sería si la cabeza estuviese bien cubierta de carne. Por lo cual, queda claro que no es para favorecer la sensibilidad del cerebro el que la cabeza carezca de carne. La parte posterior no tiene cerebro y, sin embargo, está igualmente desprovista de carne. Razonablemente también, algunos animales tienen situado el oído en la región que rodea la cabeza314. Lo que denominamos vacío está lleno de aire, y decimos que el órgano del oído es de aire. Los conductos que parten de los ojos llegan hasta las venas que rodean el cerebro. A su vez, un conducto que parte de los oídos enlaza igualmente con la parte posterior. Ninguna parte no sanguínea es capaz de sentir, ni tampoco la sangre, pero sí algunas de las compuestas de ella. Por eso, en los animales sanguíneos ninguna parte no sanguínea tiene la capacidad de sentir, ni la propia sangre, pues no constituye parte alguna de los animales315. El cerebro, en todos los animales que poseen esta parte, se sitúa en la parte anterior de la cabeza, porque es por delante por dónde se reciben las sensaciones, y porque la sensibilidad viene del corazón, y éste se halla delante; y además, porque el proceso de la sensación se produce a través de partes que contienen sangre y la cavidad posterior está desprovista de venas. Los órganos sensoriales han quedado bien dispuestos por la naturaleza del siguiente modo: los oídos, en mitad de la circunferencia de la cabeza (pues no oyen sólo de frente sino desde todas direcciones), la vista delante (pues ve en línea recta, el movimiento se produce hacia delante y es preciso ver delante aquello hacia lo que se dirige el movimiento). El órgano del olfato se sitúa razonablemente, entre los ojos. Cada uno de los órganos sensoriales es doble porque el cuerpo es doble: tiene una derecha y una izquierda. En el caso del tacto, esto no está claro. La causa es que el órgano principal de este sentido no es la carne o la parte análoga, sino algo interior316. Respecto a la lengua317 hay menos claridad pero más que en el caso del tacto. El propio sentido del gusto es como una especie de tacto [657a]. Igualmente queda claro cuando ésta aparece partida en dos318. En los demás órganos sensoriales es mucho más evidente que la sensación es doble. Los oídos y los ojos son dos, y el paso de aire de la nariz también es doble. Si este órgano estuviese situado de otro modo y separado, como el oído, no podría desempeñar su función, ni tampoco la parte en la que se sitúa. En los que tienen nariz, la sensación se produce a través de la respiración, y esta parte se halla en el medio y delante. Por eso, la naturaleza ha llevado al centro de estos tres órganos sensoriales a la nariz y los ha puesto como en un cordel, por el movimiento de la respiración.
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