Algo va a cambiar para siempre en la manera en la que nos alimentaremos en el futuro los europeos. Y la receta no se está cocinando precisamente en los mejores






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Alimentos transgénicos

alimentos transgénicos

Algo va a cambiar para siempre en la manera en la que nos alimentaremos en el futuro los europeos. Y la receta no se está cocinando precisamente en los mejores restaurantes del continente ni en los laboratorios de las grandes empresas de alimentación. Los chefs que tienen la última palabra son los políticos que debaten sin descanso, en el seno de la Unión Europea, sobre la conveniencia o no de autorizar el uso generalizado en agricultura de organismos modificados genéticamente, los vulgarmente conocidos como alimentos transgénicos. Hasta ahora, en Europa sólo existe autorización para cultivar un puñado de especies, entre ellas una modalidad de maíz que se planta en España. La batalla parece que llega a su fin. En los próximos meses (quizás semanas) la UE deberá haber adoptado una decisión definitiva tras más de una década de debate y, por ende, de retraso respecto a otras regiones como Estados Unidos o Asia donde los transgénicos son ya una realidad consolidada. Y ante tal perspectiva, la polémica se aviva. Desde organizaciones ecologistas como Greenpeace, se solicita la prohibición total de cualquier tipo de producción transgénica en Europa. Esta ONG defiende la aplicación del "principio de precaución" ante "los probables riesgos de esta tecnología" y se opone a la liberación de organismos modificados genéticamente en el medio ambiente. Sin embargo, no es contraria a la experimentación biotecnológica en laboratorio ni a sus aplicaciones médicas. Por otro lado, innumerables organizaciones científicas, entidades internacionales de investigación y empresas biotecnológicas se esfuerzan en demostrar que este tipo de cultivos no sólo no ofrece ningún riesgo grave sino que presenta ventajas para el agricultor y el consumidor.



Al final, triunfará la cordura para ambos bandos

Juan Ramón La cadena, director del Departamento de Genética de la Facultad de Ciencias Biológicas en la Universidad Complutense de Madrid, cree también que estamos ante el final de la batalla transgénica y vaticina que ?se impondrá la cordura para ambos bandos y que, con las debidas precauciones tomadas caso por caso, las plantas y los alimentos transgénicos llegarán a ser aceptados como una realidad del avance biotecnológico para el beneficio de la humanidad?.

Puede que ese futuro esté cercano pero, ¿en qué situación nos encontramos hoy en día? El último informe del International Service for the Acquisition of Agri-biotech Applications (ISAAA) fue publicado el año pasado y recoge datos de producción transgénica hasta enero de 2003. Según esta fuente, entre 5,5 y 6 millones de agricultores repartidos en 16 países cultivaron variedades transgénicas en 2002. El total de hectáreas dedicadas a estas especies fue de 58,7 millones, lo que supone un aumento de más de 6 millones de hectáreas respecto a 2001. Aun así, las cifras están muy lejos de los 271 millones de hectáreas dedicadas a las variedades convencionales de las mismas semillas. La agricultura transgénica sigue siendo minoritaria (ver mapa de la página anterior). Sólo en un caso, el de la soja, el cultivo de la semilla modificada genéticamente se está acercando al de la semilla convencional. Es importante tener en cuenta que la inmensa mayoría de los productos modificados genéticamente que se cultivan no llegan de manera directa al consumidor sino que son utilizados para alimentar animales o como parte de un producto alimentario elaborado. Sin embargo, la peculiaridad de la tecnología obliga a establecer férreos controles "caso por caso" en aquellos países en los que se utiliza. En la valoración de los posibles riesgos humanos y ambientales de esta práctica reside buena parte de la polémica sobre los transgénicos y la precaución con la que las autoridades europeas se están tomando el asunto. Aunque algunos expertos no ven motivos para tanta parsimonia. En palabras de Francisco García Olmedo, catedrático de Bioquímica de la Universidad Politécnica de Madrid, "los europeos pagarán caro su actitud de dejar que el resto del mundo adopte antes que ellos esta tecnología".

Más controles que para algunos fármacos

transgénicos

Durante la última década se han realizado cientos de estudios para aclarar la viabilidad de estos productos, entre ellos 81 financiados con fondos de la Unión Europea. Todos han llegado a la conclusión de que la seguridad de las nuevas plantas es similar a la de las tradicionales. Pero, por si fuera poco, los controles a los que se somete a este tipo de cultivos son muchos mayores que los que han de pasar las especies convencionales. Hasta tal punto que, en algunos casos, los plazos para conseguir una licencia se asemejan a los que rigen para los medicamentos de nuevo cuño.

Se puede tardar entre 10 y 15 años desde la obtención de un nuevo alimento modificado hasta que se autoriza su comercialización con todas las garantías pertinentes. En los países en los que el cultivo comercial se realiza de forma sistemática desde hace casi una década, no se han registrado, para colmo, problemas de seguridad alimentaria ni medioambiental.

Consecuencias que nadie puede calibrar

¿De dónde proceden, entonces, las pegas? Según fuentes de la organización Greenpeace, "nadie, ni siquiera los expertos en genética pueden prever las consecuencias a largo plazo de la introducción de nuevos genes en el medio ambiente". Los contrarios a la agricultura biotecnológica creen que la introducción de especies modificadas amenazará la diversidad genética natural, pondrá en riesgo los cultivos no transgénicos y será una fuente de posibles daños para la salud, como alergias. Aunque la lectura de las toneladas de informes científicos al respecto no da pie, precisamente, a la alarma. Uno de los más recientes es un trabajo de campo realizado por la Royal Society de Londres y encargado por el Gobierno del Reino Unido antes de tomar una decisión legislativa sobre el tema. Dicho estudio analizaba los efectos del cultivo de colza, remolacha azucarera y maíz resistentes a los herbicidas. Según los datos, en el caso de la colza y la remolacha se pudieron apreciar más daños para el entorno cuando el cultivo era transgénico. Sin embargo, el maíz modificado demostró ser mucho menos dañino que el tradicional. En otras palabras, la Royal Society reconoce que la transgénesis no tiene por qué ser un problema ambiental por sí, sino que su inocuidad o agresividad depende del uso que se hace de ella. De ahí que se justifique su uso, se desaconseje su prohibición y se inste a una regulación correcta. Algo similar ha ocurrido con las alertas sobre los peligros para la salud humana que podrían derivarse de este consumo. En concreto, suelen citarse algunos casos de alergia demostrada por contacto con un tipo de soja transgénica en Estados Unidos. El caso más utilizado por los expertos "antitransgénicos" es el de las reacciones alérgicas provocadas a un grupo de personas sensibles a la nuez de Brasil, cuyo material genético se había incluido en dicha soja.

Alergias que arrastran mucha polémica

Lo cierto es que la soja estaba destinada a la alimentación de pollos y que las reacciones alérgicas se descubrieron durante las fases de ensayos previos a la comercialización. A pesar de que la incidencia era muy baja y de que el ser humano no iba a ser destinatario de aquel producto, la empresa Pioneer, creadora de la modificación, no obtuvo la licencia para comercializarlo. Se trata de un ejemplo significativo de hasta qué punto los organismos modificados genéticamente están sometidos a controles de seguridad mucho más estrictos que los no modificados. Aunque en términos científicos parece acreditada de sobra la idoneidad de estos nuevos productos, los argumentos en contra han ganado altas dosis de peso político. De hecho, los países miembros de la Unión Europea parecen haber entrado en una fase de "empate técnico" al respecto. El pasado 8 de diciembre, el Comité Permanente para la Cadena Alimentaria de la UE debatió la autorización de una nueva variedad de maíz, el Bt-11, modificado genéticamente para producir sus propios insecticidas. La votación terminó con seis votos a favor (Reino Unido, España, Holanda, Suecia, Finlandia e Irlanda), seis en contra (Austria, Francia, Dinamarca, Grecia, Luxemburgo y Portugal) y tres abstenciones (Alemania, Italia y Bélgica). El empate obligó a posponer la decisión que habría supuesto, de facto, el fin de la moratoria transgénica en Europa y el cierre definitivo de la batalla por los alimentos modificados. Habrá que esperar un poco más, aunque todo parece indicar que no mucho. Mientras, lo mejor será estar bien informado para consumir sin miedo lo que a buen seguro va estar muy pronto en las estanterías de nuestros mercados.

¿Qué es un transgénico?

Un organismo transgénico es aquel cuyo material genético ha sido modificado en laboratorio de un modo distinto al que lo modifica la naturaleza habitualmente. La biotecnología permite transferir de manera segura un gen de un organismo a otro para dotar al receptor de alguna cualidad de la que carece. Por ejemplo, hacerle resistir mejor un tipo de plaga. ¿Para qué sirve? Las modificaciones realizadas en el producto le confieren características de gran interés. Puede ofrecerle resistencia a insectos, como el caso del maíz Bt que genera una toxina de origen bacteriano contra el taladro, un parásito que infecta las plantaciones. Gracias a la modificación, la plaga puede controlarse con menor uso de insecticidas. Existen también manipulaciones que convierten a la planta en un organismo resistente a los herbicidas, lo que facilita la aplicación, incluso en fase de germinación de la semilla, de estos compuestos fundamentales para el cultivo. En el futuro se generalizará el uso de estas modificaciones para potenciar la resistencia a virus o para reducir los procesos de oxidación que hacen que la planta se deteriore una vez cortada. ¿Cuántos hay? Hoy en día, en Europa no se pueden cultivar libremente estos productos. Sólo existen 18 modalidades autorizadas. Se trata de varias especies de colza, endibia, maíz, tabaco y clavel. Ninguna de ellas se produce para el consumo directo humano. En otras regiones como Estados Unidos, China e Iberoamérica se cultivan otras especies entre las que destacan la soja, la remolacha y el algodón.

http://www.muyinteresante.es/innovacion/articulo/alimentos-transgenicos

¿Un coche basado en torio con combustible para toda su vida útil?

coche basado en torio

Un futuro coche basado en torio podría revolucionar el mercado de la automoción, pero las perspectivas actuales están lejos de que esto ocurra.

Si se construyera, tal y como está reflejado en la teoría, el coche basado en torio (un elemento radioactivo que se encuentra de forma natural en el medio ambiente) necesitaría solo ocho gramos de combustible para toda su vida útil. Con esta cantidad de torio el vehículo podría recorrer las carreteras durante 100 años, según la compañía Laser Power Systems, impulsora de la iniciativa. La fuente de energía sería la nuclear, pero el concepto tiene algunas fallas en su planteamiento.

La idea de Laser Power Systems de un coche basado en torio resulta atractiva. Significaría una alternativa al petróleo e incluso a los vehículos eléctricos, pues la comodidad sería mayor incluso. Repostar no volvería a ser necesario y todo esto lo agradecerían no solo los conductores sino también el medio ambiente.

El proyectado coche basado en torio obtendría la potencia gracias a la densidad de la energía, que impulsaría a las moléculas a generar energía. En la web de Laser Power Systems no se aclara el concepto y desde el sitio Energyfromthorium.com se asegura que no es posible usar este material de forma de unidad individual para propulsar un coche.

Y es que el torio como combustible para coches presenta múltiples dificultades. Desde Energyfromthorium desmienten que la densidad del torio tenga que ver con su capacidad para generar potencia. La única ventaja es que ocupa un volumen menor, pues la materia física es la misma. Además, para que funcionara sería necesario contar en el vehículo con las partes básicas de una central nuclear, que serían un reactor de torio, un generador y una turbina entre otras.

coche basado en torio

La investigación en torno al torio como combustible viene de lejos. El elemento se aisló por primera vez en 1828 y a finales del siglo XIX Pierre y Marie Curie descubrieron su radiactividad. Centros de investigación de todo el mundo han profundizado en las características de este material para buscar una posible alternativa energética. El científico nuclear chino, Fang Jinqing, que trabajó en el Instituto de Energía Atómica de China, señala que la tecnología funciona teóricamente y ofrece la oportunidad de rediseñar el escenario nuclear. Sin embargo, reconoce que existen grandes retos aún por solventar en lo que respecta al torio.

Las 10 principales son:

1. Vehículos de pila de combustible



Las pilas de combustible generan electricidad a partir de combustibles como el hidrógeno o el gas natural. Así, a diferencia de los vehículos eléctricos tradicionales, que funcionan con baterías y necesitan recargarse con energía de una fuente externa, los vehículos de pila de combustible generan su propia electricidad y la almacenan en una batería hasta que sea necesario su uso.

Las principales ventajas de estos vehículos son:


  • Su amplio rango de autonomía, de hasta 650 kilómetros por depósito (por lo general, de gas hidrógeno comprimido).




  • Su rapidez de recarga: apenas se tardan unos tres minutos en llenar el depósito de combustible de hidrógeno.




  • No producen emisiones a la atmósfera: el hidrógeno es de combustión limpia, por los vehículos de pila de combustible que funcionan con hidrógeno sólo producirán vapor de agua como residuo, un factor importante dada la necesidad de reducir la contaminación del aire


La tecnología está a punto de salir al mercado. Los precios iniciales podrían rondar los 70.000 dólares, pero se espera que bajen significativamente a medida que aumenten los volúmenes en un par de años.


2. Robótica de última generación


Las mejoras y el abaratamiento de los sensores están haciendo que los robots:


  • Entiendan y respondan cada vez mejor a su entorno.




  • Sus cuerpos sean más adaptables y flexibles.




  • Estén mejor conectados entre sí, gracias a la revolución de la computación en la nube, pudiendo recibir instrucciones e información de forma remota en lugar de tener que ser programados como una unidad autónoma.



robot nao de aldebaran robotics

Esto hará que la nueva era de la robótica ya no se limite a las cadenas de montaje y fabricación, sino que se introducirá en una amplia variedad de tareas, especialmente las que resultanlaboriosas o incómodas o bien son demasiado repetitivas o peligrosas para los trabajadores humanos.

Los robots pueden trabajar las 24 horas del día sin cansarse y a un coste más bajo que los trabajadores humanos, por lo que existe el riesgo de que acaben por desplazar a los trabajadores humanos de sus puestos de trabajo.

3. Plásticos termoestables reciclables

Hay dos tipos de plásticos:

  • , Termoplásticos: se pueden fundir y remodelar, por lo que suelen ser reciclables. Están por todas partes, desde los juguetes de los niños a las tapas de váter.

  • Plásticos termoestables: sólo es posible calentarlos y darles forma una única vez. Debido a su gran durabilidad, son vitales para el mundo moderno y se utilizan prácticamente en todo, desde teléfonos móviles a tarjetas de circuitos para la industria aeroespacial, pero también son imposibles de reciclar. Como resultado, la mayoría de los polímeros termoestables acaban en los vertederos.


Sin embargo, en 2014 se descubrieron los PHT, una nueva clase de polímeros termoestables reciclables. Se espera que estos polímeros puedan sustituir a los materiales termoestables no reciclables dentro de cinco años y sean omnipresentes en los artículos de nueva fabricación para el año 2025.

4. Técnicas de ingeniería genética más precisas


La ingeniería genética convencional ha originado mucha controversia. Sin embargo, están surgiendo nuevas técnicas que permiten "editar" directamente el código genético de las plantas para hacerlas, por ejemplo, más nutritivas o más resistentes a un clima cambiante. Entre estas nuevas técnicas se incluyen las ZFN, TALENS y, más recientemente, el sistema CRISPR-Cas9. También se esperan grandes avances en el uso del ARN de interferencia (ARNi) en los cultivos.

Una edición del genoma más precisa podría disipar los temores de los consumidores, especialmente si la planta o animal resultante no se considera transgénico porque no se introduce material genético extraño. Además, en conjunto, estas técnicas prometen avanzar en la sostenibilidad agrícola, reduciendo el uso de insumos en múltiples áreas, desde el agua y la tierra a los fertilizantes, y ayudando a los cultivos a adaptarse al cambio climático. 

5. Fabricación aditiva


Tradicionalmente la fabricación, ha partido de una pieza grande de material (madera, metal, piedra, etc.) y ha ido retirando capas hasta obtener la forma deseada. La fabricación aditiva consiste precisamente en lo contrario: a partir de partículas sueltas de material, ya sea líquido o en polvo, se construye una forma en 3D siguiendo una plantilla digital.

A diferencia de las técnicas de producción en masa, las de fabricación aditiva como la impresión en 3D, permiten crear productos altamente personalizados para el cliente final y se pueden utilizar en campos muy diversos. Por ejemplo:


  • Hacer aparatos casi invisibles a la medida de la boca de un cliente a partir de imágenes computerizadas de sus dientes.

  • Imprimir células humanas para crear tejido vivo que se podría utilizar para estudiar la seguridad de los medicamentos, para la reparación y regeneración de tejidos o, en última instancia, para crear órganos para trasplantes. La bioimpresión ya se ha utilizado para crear cartílago, piel y hueso, así como tejido coronario y vascular.

6. Inteligencia artificial emergente



La inteligencia artificial (IA), a diferencia del hardware y el software normales, permite a una máquina percibir y responder al entorno cambiante que la rodea. La IA emergente lleva esto un paso más allá, dando lugar a máquinas que aprenden automáticamente asimilando grandes volúmenes de información.

inteligencia artificial (ia)

Al igual que la robótica de última generación, la IA mejorada aumentará considerablemente la productividad, a medida que las máquinas se vayan haciendo cargo de algunas tareas que tradicionalmente realizan los humanos (incluso con un mejor rendimiento). Por ejemplo, las pruebas indican que los coches autónomos reducirán el número de colisiones; y es probable que las máquinas inteligentes, al tener acceso a un almacén mucho mayor de información y responder sin el sesgo emocional humano, puedan diagnosticar enfermedades mucho mejor que los profesionales médicos. De hecho, el sistema Watson de IBM ya se está utilizando actualmente en el campo de la oncología para ayudar a diagnosticar y establecer tratamientos personalizados.

Sin embargo, la IA también tiene sus riesgos. Los más evidentes:


  • Esa pesadilla tan recurrente en obras de ciencia ficción en las que las máquinas superinteligentes superan y esclavizan a los humanos. Aunque todavía estamos a varias décadas de que pueda hacerse realidad, los expertos ya están empezando a tomárselo en serio.

  • El reemplazo de los trabajadores humanos por computadoras producirá cambios económicos que podrían incrementar las desigualdades sociales y amenazar los empleos existentes.

7. Fabricación distribuida



En la fabricación tradicional, se reúnen las materias primas en grandes fábricas centralizadas para ensamblarlas y fabricar con ellas productos con acabados idénticos que luego se distribuyen a los clientes. En cambio, en la fabricación distribuida, las materias primas y los métodos de fabricación están descentralizados y el producto definitivo se fabrica muy cerca del cliente final. 

A corto plazo, se espera que la fabricación distribuida:


  • Permita un uso más eficiente de los recursos, reduciendo la generación de residuos en las fábricas centralizadas.

  • Reduzca las barreras para acceder a los mercados, al disminuir la cantidad de capital necesario para construir los primeros prototipos y productos.

  • Reduzca el impacto medioambiental global de la fabricación, al disminuir la cantidad de energía requerida para el transporte.


También podría:


  • Fomentar una mayor diversidad en objetos que hoy en día están estandarizados, como los teléfonos inteligentes o los automóviles.

  • Dar lugar a una rápida proliferación de bienes y servicios en regiones del mundo que no están bien abastecidas por la fabricación tradicional. 

8. Drones completamente autónomos



Los vehículos aéreos no tripulados o drones ya se utilizan actualmente con fines militares y en otros campos como la agricultura o el rodaje de películas, pero por el momento siempre han sido pilotados por humanos, aunque de forma remota.

drones


El siguiente paso, será desarrollar máquinas que vuelen por sí solas, ampliando mucho más el abanico de aplicaciones. Para que esto sea posible, los drones deberán ser capaces de detectar y responder a su entorno local, alterando su altura y trayectoria de vuelo para evitar chocarcon otros objetos en su camino. 
  
Si logran una autonomía fiable y evitar las colisiones, los drones podrían empezar a asumir tareas demasiado peligrosas o lejanas para los humanos, como por ejemplo: 


  • Comprobar las líneas de energía eléctrica.




  • Entregar suministros médicos en casos de emergencia.




  • En el campo de la agricultura, recoger y procesar grandes cantidades de datos visuales desde el aire para permitir un uso preciso y eficiente de los insumos, como los fertilizantes y el riego.

Básicamente, los drones son robots que operan en tres dimensiones, en lugar de dos, por lo que los avances en tecnología robótica de última generación acelerarán su llegada.


9. La tecnología neuromórfica



Ni los mejores superordenadores actuales pueden competir con la sofisticación del cerebro humano. Los ordenadores tradicionales son lineales; se limitan a mover datos entre los procesadores de memoria y el procesador central a través de una red de alta velocidad.


tecnología neuromórfica y redes neuronales artificiales


En cambio, los procesadores neuromórficos tratan de procesar la información imitando la arquitectura del cerebro humano con el fin de incrementar considerablemente la capacidad de pensamiento y respuesta de un ordenador. Combinando partes de almacenamiento y de procesamiento de datos en los mismos módulos interconectados entre sí, los procesadores neuromórficos ofrecen mayor potencia y mejor eficiencia energética. Un ejemplo es el procesador neuromórfico TrueNorth de IBM, presentado como prototipo en agosto de 2014.

Esta mayor capacidad de cómputo con mucha menos energía y volumen, permitirá la creación de máquinas más inteligentes a pequeña escala y nos conducirá a la siguiente etapa en miniaturización e inteligencia artificial. 

Los ordenadores podrán anticipar y aprender, en lugar de simplemente responder de formas preprogramadas.  

10. Genoma digital


Hoy en día, es posible secuenciar y digitalizar un genoma en pocos minutos y por apenas unos pocos cientos de euros; y los resultados se pueden entregar en una memoria USB y compartirlos fácilmente a través de Internet. Esto promete una revolución en la asistencia sanitaria, al permitir una atención más personalizada y eficaz. 

Muchas de las enfermedades más difíciles de tratar, como las enfermedades del corazón o el cáncer, tienen un componente genético y esta digitalización permite a los médicos tomar decisiones informadas sobre el tratamiento de sus pacientes y personalizarlos en función de su información genética.

Como toda información personal, el genoma digital de una persona tendrá que ser salvaguardado por razones de privacidad. De lo contrario, otras personas, como un jefe o una compañía de seguros, podrían  intentar acceder a la información y usarla de forma malintencionada.

Por otra parte, tampoco está claro cómo puede reaccionar la propia persona al ser consciente de su riesgo genético de enfermedad. 
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