Ojalá que las presentes líneas sean de alguna utilidad para alguien que tenga problemas con el alcohol




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fecha de publicación29.01.2016
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Granito de arena.-
Ojalá que las presentes líneas sean de alguna utilidad para alguien que tenga problemas con el alcohol.

Son resultado de mi personal experiencia , de mis desesperadas y confusas reflexiones y desde luego no intentan parecer una teoría ni mucho menos un dogma.

De niño escuché que algunas personas no podían dominar el licor, que eran borrachos consetudinarios, hombres sin voluntad, irresponsables , degenerados y finalmente locos.

En el transcurso de mis estudios universitarios pude constatar la veracidad de esas palabras, y luego, en el transcurso de mi vida, las experimenté en carne propia. Son ciertas.

Sin embargo siempre me rebelé contra mi incapacidad para dominar el ansia de ingerir licor, y en la medida en la cual perdía la medida en emborracharme, algo pugnaba dentro de mi.

Desde luego, ante el alcohol soy un derrotado.

Pero mis dudas de que los demás tuvieran la razón, en especial cuando me juzgaban, permaneció alentándo el dar vueltas de un torbellino interno, en medio de tanto malestar y perjuicios.

Poco a poco, y gracias a la conjunción de varias circunstancias, pude salir del ciclo compulsivo que me arrastraba a embriagarme como un tonto. No fue cosa mia, yo estaba perdido, entre otros motivos, porque estaba solo.

Pero la comprensiva ayuda de un amigo psiquiatra, el perenme amor de mi padre, y la fortuna, la fortuna de tener dos hijos que le dieron sentido a mi vida, entre otros tantos motivos, me sacaron de la avalancha que me ahogaba.

Unicamente después pude atar cabos y encontrar una , para mi, explicación válida.

Claro está que fué menester madurar emocionalmente , porque fui un hijo único sobreprotegido. Pero eso no era todo, porque la realidad se encarga de aterrizarlo a uno, asi uno la rechace refugiándose en nihilismos, seudo-filosofías y otras autojustificaciones. Claro está que por las circunstancias del nacimiento de mis hijos me ví casi obligado a literalmente arrancarme del medio social y cultural de alcahuetería con la parranda y la farsa de alegría y juerga de los amigotes, al cual uno está casi condenado y que no hace sino colaborar en el propio naufragio.

Claro está, también que fue menester salirme de ciertas teorías cientifistas y explicaciones unicausales, inclusive médicas, como por ejemplo, en mi caso, de una herencia genéticamente determinada de alcoholismo, que simplemente me condenaba a beber alcohol como un caballo beodo.

Y quisiera empezar por esto, pues en parte tiene razón la genética, pero no como culturalmente la entiende la mayoría de la gente. Me refiero a la supuesta capacidad de aguantar y aguantar grandes cantidades de alcohol, considerando ésta resistencia a ingerir e ingerir alcohol como una prueba de que se es sano, o fuerte , o superior a quien no aguanta el ritmo de bebida y se embriaga pronto, o se duerme o presenta reacciones alérgicas, como brotes en la piel, o reacciones de sudoración, ahogos , tos, y enrojecimientos de la piel ante un solo trago. Porque he aquí una de las falacias culturales al respecto, pues es precisamente éste organismo, ésta persona que reacciona tan exageradamente ante el alcohol quien precisamente es fuerte genéticamente ante el alcohol, pues su cuerpo presenta reacciones en contra del alcohol, reacciones inmediatas que le impiden beber más, o sea, que lo defiénden del alcohol. Mientras que la persona que bebe y bebe sin presentar esas reacciones de rechazo al tóxico que ingiere, está demostrándo que su cuerpo no reacciona en contra, que no tiene defensas contra ese agente externo y simplemente sigue ingresando, indefenso biológicamente.

Y esa impresión la tenemos todos ante el borrachito, la impresión de que está indefenso. Pero lo negamos porque criticamos o nos consideramos superiores.

Debo aclarar que me refiero al beodo incapaz de controlar el trago, no me refiero al sinverguenza vividor que no sólo lo controla sino que lo explota, no me refiero al oportunista. Tengo en mente a aquel ser desvalido ante el alcohol que quiere parar de tomar y no puede, como por ejemplo, yo.
Debo comentar que la lectura, en mi juventud, de un libro intitulado “Cuerpos y almas” en el cual relatan experiencias de tipo médico, y en especial la parte que narraba el cómo en esa época de los albores del siglo XIX, cuando la psiquiatria empezaba a tomar forma, a los pacientes con depresiones psicóticas los trataban con inyecciones de insulina para provocarles comas diabéticos que los llevaban a crisis convulsivas en las cuales inclusive por las fuertes contracciones se producían fracturas, esas escenas narradas en dicho libro quedaron guardadas en mi mente, porque después vi aplicar la terapia electroconvulsivo (de electroshoques), y el cuadro era bastante impactante. Los efectos en el organismo, tanto por la descarga eléctrica como por la inyección de insulina eran tan tremendos que no sólo producían desmayo sino que el cuerpo aprendía a temerles y literalmente el cuerpo conservaba un tan grande pavor que eliminaba inconcientemente los síntomas por los cuales les era aplicado tal “tratamiento”. Es decir, se curaba atraves del miedo inconciente del cuerpo. Tan terrible era.

También estuvo rondando por mi cabeza aquello que aprendí en clase de psicofisiología, que el centro del placer se localiza especialmente en el hipotálamo, ( el núcleo ventro medial del hipotálamo, rezaba la frase del profesor), y que éste era muy sensible al azúcar, y que éste punto dentro de nuestro cerebro era “tocado” muy eficazmente por algunas sustancias, sobretodo por algunos agentes del denominado Bazuco, y por ello, las adicciones a esos tóxicos eran tan rápidas y tan desastrosas.

Bueno, como yo nunca pasé del licor, me fijé con atención en lo del azúcar, porque el alcohol es una forma de azúcar, y cuando estuve en la introducción a mi propio tratamiento psiquiátrico, introducción digo porque en realidad nunca estuve en tratamiento pues acudí muy poco a terapia y lo suspendí demasiado pronto, pues le expliqué al terapeuta que yo andaba consumiendo muchos bizcochos pensando en aquello del núcleo ventromedial del hipotálamo y su relación con el placer y el psiquiatra me dijo que era un buen cambio, bizcochos por trago, y que no importaba que engordara un poco con tal que me emborrachara menos.

Y eso en parte sirvió, sin duda.

Asi que vayamos acumulando sin dejar de lado eso de choques eléctricos, shoques insulínicos y azúcar.

La muerte de mi padre me lanzó al ruedo de la vida y ya no tuve nadie que me sobreprotegiera, al contrario, estaba vulnerable ante la rapacidad de los demás. Pero uno aprende.

Entonces fue cuando me dió por tener un hijo, y yo seguía con mi traguito como si nada; por ejemplo guardaba una botella debajo de la cuna del bebecito y cada vez que iva a darle la vuelta me pegaba mi trago.

Solo que no conté con varias cosas, Una de ellas que en medio de una tremenda borrachera fui a buscar mi botella escondida y me antojé por también levantar a mi bebecito y borracho me fui de cara contra una pared. Pero uno es conciente en medio de todo, alcancé a librarlo del golpe contra una esquina de la habitación, y el que se golpeó fui yo. Luego cai con mi bebecito sano entre mis brazos, y quedé sentado en el suelo. De allí fue a quitármelo la mamá. Y yo, al otro día juré no beber más. Y lo hice, con ayuda de los alcohólicos anónimos (aunque con muchos problemas con ellos) , del psiquiatra y de fuerzas superiores, sin duda.

Pero el asunto no paró ahí.

Tampoco contaba con que en mi afán de ser buen padre, la mamá de mi hijo me fuera dejando la crianza del bebecito cada vez más a mi. Y uno no puede criar un hijo estando borracho. Al menos yo no pude. Eso también ayudó y que luego nos llegara una bebecita, lo cual duplicó mi trabajo de niñero, lo cual, me salvó. Porque en donde la mamá hubiera sido otra, yo sigo recostándome en que ella atendiera las criaturas mientras yo conseguía el dinero y justificaba mis borracheras. Pero la naturaleza es sabia..y no hay mal que por bien no venga.

Pero esas son circunstancias que rodearon el asunto y que las cito porque fueron ayudas designadas por el implacable dedo del destino que uno mismo se busca.

¿Es esto científicamente relevante? Opino que si, pués el hecho de que mis hijos tuvieran en su crianza una madre casi abandónica,( aunque ella es incapaz de reconocerlo), se asemejó mucho a la madre que me tocó en suerte a mi, pues mis padres se separaron cuando yo tenía cuatro años de edad y nunca más volví a tener mamá.

A estas alturas del escrito algunas personas estarán echando en menos que no menciono la palabra Dios por ningún lado, pero yo creo que está en medio de todo el proceso y que tuvo misericordia de mi: Del engreído borracho y fracasado farsante que era yo, aunque también hice cosas buenas, quién no?

Pero en fin, regresemos a los hechos.

En alguna ocasión un hijo político me explicó el funcionamiento de los marcapasos. El marcapasos es una minicomputadora que se inserta dentro del pecho del paciente y se conecta a los músculos cardiacos del mismo , y que mide el nivel eléctrico de dichos músculos de tal modo que cuando este nivel empieza a disminuir el marcapasos se va activando, recargando atraves de una pila que tiene, y cuando registra un nivel peligroso de debilitamiento del corazón, le envía una descarga al músculo para hacerlo reaccionar y si esto no es suficiente le envía otra descarga y otra, hasta hacerlo reaccionar. “Es tal la intensidad, me decía, que inclusive personas que se accidentan y sufren lesiones por ejemplo cerebrales, al marcapasos no le importa y continúa dándo descargas que sacuden el cuerpo de la persona inconciente”
Fue una descripción bastante clara del trabajo de un aparatico que detecta una señal y descarga inmediatamente un corrientazo.

Por esa época ya yo llevaba trece años sin ingerir licor, pero sabía que si volvía a tomar alcohol, me esperaba la negrura.

Sin embargo no me resignaba, no al hecho de no beber, sino a la condición de no PODER hacerlo, era humillante. Asi pensaba entonces. Quería volver a escapar, al nihilismo, inclusive entonces.
Y fue cuando acudí a una cita médica en donde me formularon varios exámenes , entre ellos uno para averiguar mi curva de glicemia ( de azúcar en la sangre), y Oh, sorpresa, aquí empezaron a confluir los distintos caudales!

Este exámen consiste en tomar una muestra de sangre estando el paciente en ayunas, luego ir a desayunar, ojalá copiosamente y regresar al laboratorio para hacerse tomar una segunda muestra de sangre. Se espera que como es lógico, después de desayunar haya más azúcar en la sangre puesto que uno acaba de ingresar al organismo el azúcar del desayuno.

Pero no fue asi. El exámen revelaba que en mi organismo había más azúcar ANTES de desayunar que DESPUES de desayunar. La doctora que era mi médica torció levemente el gesto y luego de pensarlo me comentó que si bien aquello era raro podía deberse a que yo tenía muy toreado el páncreas.

Toreado el páncreas...

Entonces, poco a poco empecé a atar cabos.

Desde mi juventud y en el medio parrandero y juerguista en el cual me crié y que mantuve luego con mis supuestos amigos, el promedio de alcohol que yo bebía era totalmente desbordante. Inclusive alguna vez uno de ellos que me observó dormido me contó que le había impresionado el verme como muerto, casi sin respirar. Es sabido que el alcohol puede causar la muerte precisamente por inhibir el sistema nervioso y producir un paro respiratorio.

O sea que la cantidad de alcohol que yo consumía era tan grande que me acercaba peligrosamente a la muerte y el organismo , en medio de su indefección biológica, se inventó un truco, para salvarnos.

¿Cuál?

Al igual que el marcapasos, tan pronto registraba niveles de alcohol, inmediatamente el cerebro ordenaba al neutralizador de alcohol, que reaccionara.

¿ Cuál es el neutralizador del alcohol en el organismo? El mismo del azúcar, o sea, el pancreas. ¿Y qué libera el páncreas en el torrente sanguíneo para neutralizar el aumento peligroso del azúcar? La insulina.

O sea que, mediante un condicionamiento autónomo ( el organismo se fabrica asi mismo un reflejo de estímulo-respuesta), tan pronto mis nervios receptores percibían que el loco de mi empezaba a beber alcohol como desfondado, mi cuerpo “sabía” que vendría una cantidad mortal de alcohol y entonces ordenaba al páncreas liberar una dósis de insulina grande, y con cada trago liberaba otra y otra dosis de insulina que me conducía a una sensación angustiosa casi insoportable ( shock insulínico), de manera tal que entraba en un círculo vicioso de ingerir alcohol para liberarme del angustiante malestar de la insulina , y el organismo a liberar insulina para restablecer el equibilbrio y neutralizar el alcohol . Un vertiginoso y compulsivo beber para liberarme de un pánico biológico, cuyo origen desconocía, pero que desembocaba en la inconciencia del colapso al literalmente fundirme.

¿No lo creen?

Pues hice la prueba.

Ya en mi vida estaba la presencia amorosa de mis hijos, ya tenía un norte y un por qué.

Asi que no tenía motivo para perderme existencial y afectivamente.

Entonces en una boda en la cual fui padrino de los novios, me tomé dos whiskyes que produjeron una reacción de espanto entre quienes me conocían.

Esperé la llegada del calor aquel y enseguida me tomé un café muy fuerte, (algo asi como un expresso recargado) , y muy cargado de... azúcar..

Y fue como si me exorcisaran.

Mi organismo que empezaba a sacudirse entre tenebrosas sensaciones, fue apaciguandose.

Y me vi libre de la compulsión. Y no me tomé ni uno mas, ante la inmensa alegria y aliviada sorpresa de quienes me quieren.

Entonces sentí una gran compasión por mi mismo. Por tantos y tantos años perdidos, por la vida de enfermo que llevé, sin saberlo.

Un enfermo sin defensas ante el alcohol, vulnerable y desprotegido ante la avalancha de propaganda y de falsos valores del mundillo alcohólico que nos seduce. Pero seducir no es amar, y embriagarse no es vivir la realidad, sino hacer trampa.

Exorcisado el maligno, iluminada la oscuridad, el tal licor perdió su maléfica influencia.

Puedo vivir si eso, y a la vez saber que no toda la culpa fue mia.

Por supuesto que esto tan sólo es válido para mi, y cada persona y cada cuerpo es diferente, pero quizás pueda ayudar a alguna persona que sufre.

También es obvio que no se debe de utilizar como otra treta para poder beber sin perjuicios, no, eso sería una tontería y creo que podría complicarlo todo.
Y, si, desde luego y sobre todo, gracias a Dios.

Suerte, hermanos y hermanas.

Moisés Alfonso Aguirre T.

Abril 23 del 2007.

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