Competencias a desarrollar




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. Responde breve y adecuadamente las siguientes actividades.


  1. Investiga y brinda un ejemplo de comunicación kinésica y química en animales.

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  1. Investiga y explica en qué consiste la comunicación ideográfica.

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  1. ¿Qué diferencias y semejanzas encuentras entre la comunicación humana y la comunicación animal?

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II. Completa las oraciones de forma adecuada


  1. Un monólogo es un ejemplo de comunicación …………………………………………..

  2. La comunicación …………………………………. es aquella en la que hay un intercambio fluido de mensajes.

  3. En una comunicación ……………………………………… el emisor quiere dar a conocer sus ideas o propuestas a un público indiferenciado.

  4. En la comunicación de masas, se trasmite …………………………………………………………………………………………… a un amplio sector de la población.

  5. Al escuchar una canción de El Cigala, nos encontramos ante una comunicación de tipo …………………………………………………


II. De acuerdo con la teoría desarrollada, analice los siguientes casos de comunicación fallida y plantee posibles soluciones a las mismas.


  1. Mario ve a su enamorada conversando con un joven de la misma edad. Ella, sonriendo le da un abrazo al tipo y se despide. Angustiado, Mario se dirige a su domicilio, coge el teléfono y le dice en tono amargo a su enamorada que acaba de verlo con otro y que, por tanto, han terminado. Le cuelga el teléfono. No le dio tiempo para que ella le explique que el joven era un primo que no veía hace mucho tiempo.

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  1. Sorprendida ante la aparente facilidad de una pregunta en el examen, Luciana decide responder con las ideas que le surgen inmediatamente. En el resultado final, sale desaprobada. Ella se lamenta, buscando una respuesta al porqué de su calificación.

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  1. El jefe de una obra les pide a sus albañiles que construyan un arco con un radio de tres metros. Los trabajadores, confundidos, no ejecutan la obra y continúan con otras tareas. Al regresar, el ingeniero ve con asombro y cólera que no se le ha hecho caso. Iracundo, vocifera y amenaza con despedir al próximo que no haga caso cuando se le ha dado una orden.

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  1. Un candidato político decide dar a conocer su postulación anunciando su decisión por medio de la palabra. Se acerca a los ciudadanos y les informa verbalmente sus buenas intenciones. Estos lo saludan y desean recordar su nombre, pero lo olvidan. Votan por aquel que aparece constantemente en televisión. El candidato en cuestión no gana las elecciones y se pregunta cuál pudo haber sido el error en su campaña.


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SEMANA 9 - PARTE 1

COMUNICACIÓN Y SOCIEDAD

1. Competencias a desarrollar
En el presente apartado desarrollaremos la competencia de Comunicación, a través del indicador que se ofrece a continuación:


  1. Conoce el impacto y desenvolvimiento de la comunicación en la sociedad moderna a través de una serie de situaciones cotidianas seleccionadas por el docente.


2. Introducción
Los medios de comunicación permiten el dinamismo social, el intercambio de mercancías y conocimientos que propician el desarrollo de una sociedad. Sin embargo, los medios también han sido utilizados por los gobernantes como espacio de difusión ideológica. A través de los diversos canales, se ha hecho llegar a la sociedad una representación “racional y correcta” del mundo. Lo que ponga en debate el orden y la lógica de lo difundido por los medios es considerado inadecuado y, por tanto, merece una sanción.
Los medios como el teléfono móvil, las computadoras portátiles o las tabletas contienen en sí, dependiendo de las circunstancias, una serie de significados favorables como modernidad, tecnología, sofisticación, poder adquisitivo, entre otros. Estos conceptos son transferidos a la persona que porta este tipo de canales. Desde este punto de vista, el medio es un mensaje que la persona emite a una serie de posibles receptores con el fin de ser reconocido y distinguido. Así, el medio adquiere no solamente significados, sino también valores.

3. Los medios y la sociedad
Raymond Williams (1978) define a los medios de comunicación como “las instituciones y formas en que se transmiten y se reciben las ideas, las informaciones y las actitudes”. Es decir que, a través de un medio –que puede ser tanto una televisora (directores, actores, periodistas…) como un teléfono celular–, no solamente se trasmite información, sino también ideas, concepciones sobre la realidad y actitudes con respecto al tema tratado.
El mismo autor nos alerta sobre un hecho que ha ocurrido desde el surgimiento de los medios de comunicación masiva. Anteriormente, las personas tenían conocimiento de “la realidad” a partir de sus propias experiencias o testimonios de otros que vieron los hechos “con sus propios ojos”. Es decir, primero ocurrían los hechos en la realidad, luego venía la idea y, posteriormente, la comunicación. Desafortunadamente, el recorrido realidad-comunicación no es el más común. Determinadas organizaciones procuran que ocurra lo contrario, es decir, que primero suceda la comunicación y luego, a partir de la difusión de estos mensajes que corresponden a una actitud y a una ideología –mas no a la realidad–, surja una realidad a la medida de ciertas instituciones. Esta perversión del proceso natural de la comunicación ha hecho posible la confusión de ciudadanos en uno y otro continente. Las personas se sientan ante su aparato de radio o televisor y reciben “noticias”. A partir de ellas configuran un mundo imaginado a medida del emisor. Los receptores se desplazarán por la vida y tomarán sus decisiones de acuerdo con la forma como se le han presentado la verdad. Así, los ciudadanos guardan sus dineros en el banco, compran pólizas de seguros contra robos, incendios, secuestros y otros, con el fin de estar a salvo de una realidad monstruosa previamente presentada y magnificada por los medios.

La forma como una sociedad se desarrolla, en un momento de la historia, en el aspecto económico y organizacional da paso a un modo de vida determinado al cual conocemos como cultura, un conjunto de formas que permiten manipular la naturaleza para el beneficio de la sociedad. En cierto sentido, la cultura alude a la manera como las personas interactúan entre sí.
La mejor forma que el ser humano ha desarrollado para la interacción es la comunicación por medio del lenguaje. Las palabras refieren cosas, seres y conceptos que se han generado para designar y comprender el mundo de acuerdo con el momento histórico en que vive una comunidad. Gracias a las palabras podemos referirnos a algo que no está presente. También podemos nombrar una idea capaz de determinar nuestros actos: expresiones como “pecado”, “bondad”, “servicio”, “inmoralidad” o “delito” guían las decisiones de las personas. De este modo, mediante la palabra y el pensamiento, la sociedad ejerce su poder y control. Y es que en el lenguaje está presente la ideología de una sociedad.
La ideología se entiende como el conjunto de ideas, teorías, creencias y significados que organizan nuestra manera de concebir los distintos aspectos de la realidad (político, religioso, jurídico, estético, ético, gnoseológico, etcétera). Esta forma de pensamiento se expresa a través de los distintos medios de comunicación, pero en especial del lenguaje.
La ideología también orienta nuestra percepción de la realidad. Por ejemplo, en el aspecto estético, decimos que algo es bello o feo según la ideología dominante. Para un grupo les será desagradable una determinada forma de música, mientras que para otro lo mismo les parecerá sumamente placentero. La belleza es un valor adjudicado a las cosas por influencia de la ideología.
Es necesario tener en cuenta que a estas alturas del desarrollo humano han existido diversas ideologías las cuales conviven armoniosa o conflictivamente en ciertas sociedades. Los signos se ven envueltos en conflictos ideológicos. La palabra “sagrado”, por ejemplo, tendrá diversas acepciones en nuestro país según sea interpretada por un cristiano, un judío o un musulmán.
Si bien el conocimiento y la percepción del mundo están orientados por la ideología, no todos los integrantes de la sociedad tienen la misma concepción y valoración de las cosas, los seres y las ideas. Los miembros de un sector social u otro conciben y valoran las cosas y las costumbres de maneras distintas. De este modo, pueden surgir posturas antagónicas (parciales o totales) dentro de una misma cultura. Por ejemplo, en las fiestas navideñas, puede verse posturas ideológicas opuestas: habrá algunos que piensen que la Navidad consiste en el consumo excesivo de productos; y habrá otro sector que piense que la festividad es un momento de reflexión con respecto a la llegada de un Mesías que profesaba el amor y el desprendimiento de los bienes propios en favor de los demás.
Hay que tener en cuenta que la ideología no es un ente omnipotente que dirige como robots a las personas. Estas, en su interactuar cotidiano con la realidad, van descubriendo nuevos significados a las palabras. La ideología es también el resultado de la reflexión del hombre sobre su propia existencia. Pueden descubrir que algún elemento de la ideología oficial es incorrecto. De esta manera, la ideología también se construye “desde abajo”. Leamos un lo que Stuart Hall nos dice al respecto.
De este modo, la ideología suministra el “cemento” de una formación social, “preservando la unidad ideológica de todo el bloque social”. Esto no se debe a que las clases dominantes puedan prescribir y proscribir con detalle el contenido mental de las vidas de las clases subordinadas (éstas también “viven” sus propias ideologías), sino a que se esfuerzan, y en cierto grado consiguen, por enmarcar dentro de su alcance todas las definiciones de la realidad, atrayendo todas las alternativas a su horizonte de pensamiento. Fijan los límites —mentales y estructurales— dentro de los que “viven” las clases subordinadas y dan sentido a su subordinación de un modo que se sostenga su dominancia sobre ellas. (HALL, 2010: 238)
Los medios de comunicación tienen la misión de difundir la ideología del poder económico, religioso y/o político, que puede coincidir o no con los intereses de la población. A través de los medios se pueden alterar los significados y valores de los signos, llevando con ello a una reestructuración parcial de la ideología general. Jean Baudrillard (2000) expresa que hoy en día, la sociedad ha sido corrompida por los signos. Han abandonado su contacto directo con el mundo real y prefieren interpretar, pasivamente, los signos previamente “significados”. Esto redundaría en un problema, pues los signos, ya manipulados por los medios, se constituyen como agentes de control de las personas. Son caballos de Troya presentes en nuestros códigos. No podemos pensar más allá de ellos. Para ser libres es necesario re-significar algunos signos.
En nuestras circunstancias, los medios de comunicación, presionados por la competencia, seleccionan ciertos aspectos de la realidad que resultan más impactantes. También recurren a la constante re-significación de algunos referentes con el fin de generar un espectáculo. De esta manera, la pantalla se vuelve impactante (antes que formativa o informativa). Al encender nuestros televisores lo hacemos con la expectativa de ver un espectáculo. Y los televidentes quieren hacer de su vida un espectáculo también, como se manifiesta claramente en la imitación del estilo de vida de los personajes de la pantalla.
Los medios ayudan a construir estereotipos de algunos sectores políticos y sociales, según las circunstancias de los países. Las dictaduras militares y/o económicas han usado los medios (públicos y privados) para descalificar a sus opositores. Visto así, los medios –en países no democráticos o aparentemente democráticos– no trasmiten la agenda política, sino que crean una agenda y construyen un imaginario político, vulgar y manipulado, en la población. Para esto acuden a los “líderes de opinión”, personajes que transitan por los distintos medios repitiendo planteamientos y posturas similares. Estos “líderes” tienen la función de crear un ideario sobre la política, la cultura o la economía; reforzarlo (son invitados constantemente a los medios) o alterarlo en caso de que la audiencia tenga otra percepción de la realidad.
El estereotipo es una configuración arbitraria de uno o varios individuos. Escoge ciertas características y las presenta como habituales, auténticas y globales. El estereotipo acentúa las diferencias del otro, lo ubica dentro del rango de lo extraño, lo infantil, lo fetichista, lo inmoral, lo extravagante, lo ridículo y hasta lo monstruoso. Los estereotipos surgen allí donde hay sometimiento real (cultural, económico, físico) de un grupo humano con respecto a otro. Visto así, el estereotipo surge dentro de relaciones hostiles y prolonga la violencia al afirmar la superioridad de unos (que creerán que dominan por naturaleza) y la inferioridad de otros (que, heridos en su orgullo, sentirán el deber de liberarse de sus opresores).
Por todo ello, se requiere la existencia de medios plurales que difundan las posturas ideológicas de distintos actores de la sociedad. Producto de esta diversidad la sociedad arribará a conclusiones armoniosas, que incluyan los aportes de todos. Esto ayudará a evitar conflictos y propiciará la dinámica de la sociedad, la cual suele avanzar gracias a la interacción de sus miembros.

Para Giovanni Sartori (1998) la modernidad ha eliminado la capacidad simbólica de una gran cantidad de personas. La televisión –que cumple un rol pedagógico– presenta ante el usuario no símbolos complejos, sino íconos, signos cuya relación con su referente es directa. El hombre hoy en día es un ser acostumbrado a ver. Esto lo incapacita para tener acceso a la interpretación de textos escritos, los cuales almacenan el saber más sofisticado y erudito. Estando el hombre en una situación pre-racional ha sido fácilmente manipulable. Los medios son capaces de “dictarle” una forma determinada de pensar. El hombre –que había sido un homo sapiens, un ser con capacidad de razonar autónomamente– ha devenido en un homo videns, incondicional feligrés de las “verdades” de la televisión todopoderosa.
En Apocalípticos e integrados (1984) Umberto Eco afirma que la televisión y los medios escritos generan imágenes que se impregnan en las mentes de los receptores como paradigmas. A partir de allí, las personas aspiran a ser como los héroes representados o tener aquello que se muestra en la pantalla. Este hecho acerca la sociedad moderna a las sociedades primitivas. Así como en la época antigua las personas aspiraban a ser como los héroes o emularlo en sus vestimentas y costumbres, actualmente los ciudadanos anhelan vestirse con las marcas que usan los nuevos héroes, a usar los autos o artefactos que denoten estatus.
En El hombre unidimensional (1993) Herbert Marcuse plantea que los medios tendrían la misión de atomizar al hombre, es decir, de aislarlo de su sociedad de modo directo. Al estar sentados frente al televisor, se establece una comunicación artificial y unidireccional. La persona no responde o discute las ideas planteadas ya sea en un programa de noticias o en la difusión de una película “comercial”. El televidente suele recibir mensajes de manera pasiva, sin discutir el tema con nadie. Así, el hombre frente a la pantalla es un ser aislado, disociado, aparentemente libre de elegir ciertos canales (casi todos con la misma programación o la misma línea ideológica) que lo inmovilizan y aíslan de la sociedad, a la vez que le dan una doctrina particular.
La televisión se ha encargado de darles a las personas necesidades falsas, de venderle productos y servicios que no podrían pagar. La publicidad lo consigue gracias a la repetición constante de una promesa de bienestar. Así, los ciudadanos –que no tienen la suficiente capacidad adquisitiva para consumir todo lo que anhelan– se endeudan y adquieren el objeto de la felicidad prometido. Desafortunadamente, los productos poseen corta duración, pues inmediatamente la televisión anuncia que ya salieron al mercado otros más modernos, los cuales darán prestigio y felicidad a quien lo posea. Esto genera un malestar en las personas, inducidas al endeudamiento. Como afirma Marcuse (1993: 35), el consumidor vive “la euforia dentro de la infelicidad”.
La televisión como los otros medios ofrecen a la persona imágenes de lo que no son. Los noticieros presentan a la sociedad como si estuviera constantemente asediada por ladrones y violadores. Para los jóvenes hay galanes con prendas, cuyos modelos o son inalcanzables o no están a la venta; y cantantes de rasgos ajenos que cantan en lenguas extranjeras. Visto así, los medios alienan al individuo, lo vuelven otro que no es él. Según Herbert Marcuse (1993), cuando una persona es diagnosticada como alienada, se le sitúa en un cuadro según el cual ha perdido la cualidad de “normal”; no obstante, el individuo así alterado estaría a la búsqueda de una personalidad más auténtica que la “falsa conciencia” que le han presentado diariamente en la televisión.
Los medios también hacen posible que los distintos grupos humanos (empresarios, obreros, profesionales, comerciantes, campesinos…), que podrían ser antagónicos en un momento, se sientan parte de una misma nación. Elementos como un destino común, un pasado común, una lengua común son repetidos y afirmados en los medios. Otros aspectos superficiales (vestimenta, comida, música) se suman para lograr una conciencia de aparente unión y armonía.
También puede ocurrir que los medios se orienten a difundir una forma de pensamiento según la cual los distintos grupos socioeconómicos forman parte de una nación, pero a cada cual le corresponde, natural y legalmente, un determinado estatus social. Así, los ciudadanos no se cuestionarán por qué son plebeyos o por qué son aristócratas; por qué son propietarios y por qué hay otros que son desposeídos; por qué los blancos se encuentran en un estrato de la sociedad, y por qué los indios o negros se encuentran en otra condición. Dado que dicho estado constituye la forma más normal y racional del ser de la sociedad, los ciudadanos difícilmente podrán imaginar un estado de cosas distinto. De este modo, la pantalla difunde un orden que debe ser asimilado como normal, natural, correcto y legal.
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