I. E. S. Puerto del Rosario Departamento de Filosofía. 2007-2008




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I.E.S. Puerto del Rosario Departamento de Filosofía. 2007-2008.

TEMA 2. LOS ORÍGENES BIOLÓGICOS DEL SER HUMANO.


  1. Introducción.

  2. La explicación de los orígenes de los seres vivos y del ser humano:

    1. Explicaciones mitológicas. Tradición judeocristiana (creacionismo) y grecorromana. (Fijismo)

    2. Explicaciones científicas: Linneo, Lamarck, Darwin y Teoría sintética de la evolución.

  3. Hominización y Humanización.

  4. Peculiaridad biológica del ser humano.

  5. Filogénesis y ontogénesis.

  6. Implicaciones filosóficas del evolucionismo.

  7. La raza, la variación humana y las fuerzas de la evolución. (ver fotocopias Introducción a la antropología cultural. M. Harris. PP. 133-136 y 147-153)

  8. Textos para comentario.


1. INTRODUCCIÓN.

Desde tiempos inmemoriales, el hombre se planteó la cuestión del origen de las cosas: ¿cómo surgieron la Tierra y el Cielo con sus estrellas?, ¿cuál es el origen de las plantas y de los animales?. Pero sobre todo, ¿de dónde proviene él mismo?. Estas preguntas no son un rasgo específicamente moderno. Antes bien, son cuestiones que el ser humano se ha planteado desde sus orígenes y que podemos encontrar en los pueblos más primitivos. Las primeras respuestas a estas preguntas tuvieron un carácter marcadamente mitológico.

Si queremos establecer lo que distingue al ser humano de los demás seres, comenzaremos por analizar cómo se ha planteado el problema de su origen a lo largo de la historia del pensamiento hasta alcanzar su enfoque actual. Esto supone hacer un recorrido por las distintas explicaciones que se han venido configurando acerca del tema, comenzando por las mítico-religiosas, pasando por la filosofía clásica griega y concluyendo en la ciencia moderna hasta nuestros días.
2. LA EXPLICACIÓN DE LOS ORÍGENES DE LOS SERES VIVOS Y DEL SER HUMANO.
2.1. Explicaciones mitológicas. Tradición judeocristiana y grecorromana. (Fijismo).

Si tenemos en cuenta la historia del pensamiento dentro de la trayectoria de la Humanidad, constatamos que uno de los primeros y más importantes problemas que aparecen es el referente a la relación del ser humano con el resto de seres vivos y con las cosas en general, es decir, cómo se ha formado el universo con todo cuanto contiene y, de modo especial, cómo se ha formado el ser humano.

Desde esta perspectiva, las primeras respuestas a estas preguntas tendrán, como decíamos anteriormente, un marcado carácter mitológico. Nuestra cultura actual se configura básicamente a partir de dos tradiciones: la judeocristiana y la grecorromana. En ellas existen relatos y narraciones que dan cuenta de los orígenes del universo y de la humanidad.
Tradición judeocristiana

“Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos informe: sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.

Dijo Dios: ¡Que exista la luz!

Y la luz existió (...).

Y dijo Dios: ¡Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que ellos dominen los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos y todos los reptiles. Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó. Y los bendijo Dios y les dijo Dios: creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla (...).

Entonces, el señor Dios modelo al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo (...).

Entonces el señor Dios modelo de arcilla todas las fieras salvajes y todos los pájaros del cielo, y se los presentó al hombre, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera (...).

Génesis. 1-2
“Hubo una vez un tiempo en que existían dioses, pero no había razas mortales. Cuando también a éstos les llegó el tiempo destinado a su nacimiento, los forjaron los dioses dentro de la tierra con una mezcla de tierra y fuego. Y cuando iban a sacarlos a la luz, ordenaron a Prometeo y Epimeteo que los prepararan y les distribuyeran las capacidades a cada uno de forma conveniente. A Prometeo le pide permiso Epimeteo para hacer él la distribución: ‘Después de hacer yo el reparto, dijo, tú lo inspeccionas’ (...).

Se le acercó Prometeo, que venía a inspeccionar el reparto, y vio a los demás animales que tenían cuidadosamente de todo, mientras el hombre estaba desnudo y descalzo y sin coberturas ni armas (...). así que Prometeo, apurado por la carencia de recursos, tratando de encontrar una protección para el hombre, roba a Hefesto y Atenea su sabiduría profesional junto con el fuego —ya que era imposible que sin el fuego aquélla pudiera adquirirse o ser de utilidad a alguien— y, así, luego la ofrece como regalo al hombre. De este modo, pues, el hombre consiguió tal saber para su vida (...).

Puesto que el hombre tuvo participación en el dominio divino a causa de su parentesco con la divinidad, fue, en primer lugar, el único de los animales en creer en los dioses (...). En un principio habitaban los humanos en dispersión y no existían ciudades. Así que se veían destruidos por las fieras (...). Pero, cuando se reunían, se atacaban unos a otros, al no poseer la ciencia política, de modo que de nuevo se dispersaban y perecían.

Zeus, entonces, temió que sucumbiera toda nuestra raza, y envió a Hermes que trajera a los hombres el sentido moral y la justicia, para que hubiera orden en las ciudades y ligaduras acordes de amistad.

Platón. Protágoras. 320d-322e

La visión judeocristiana del origen del ser humano la hallamos en la Biblia. En el Génesis, primer libro de la Biblia, se establece una separación radical entre Dios creador y mundo creado: todo cuanto existe, incluido el ser humano, existe porque Dios lo ha querido en un acto libre de su voluntad. Todos los seres dependen plenamente de Dios y a él pertenecen de un modo incondicionado. El concepto de creación es, así, el punto de partida necesario para comprender todo cuanto existe. No obstante, en la acción creadora de Dios, como veíamos en el texto, el ser humano ocupa un lugar destacado: una vez que Dios ha creado todo con el poder de su palabra, lo hace pasar por delante del hombre y éste va poniendo nombres, es decir, los seres creados quedan a su disposición. El ser humano es el ser más digno y superior del mundo de las cosas. (creacionismo)

A diferencia de la tradición judeocristiana, los mitos grecorromanos recogen un ambiente politeísta en el que se describen las acciones que los dioses llevan a cabo para ordenar el mundo. En la cultura griega el universo es concebido como un cosmos, esto es, un todo ordenado en el que todo sigue su curso estrictamente, sin principio ni fin. Los mitos explican cómo se ha llegado a constituir dicho orden. El poeta Hesíodo, por ejemplo, recoge en su Teogonía los mitos que explican el proceso que va desde el caos originario al cosmos o universo ordenado. La tradición griega y romana, sobre todo a partir de las elaboraciones de Platón y sobre todo de Aristóteles, destaca el carácter fijista del universo y de las especies, es decir, que las especies son inmutables, inalterables, y no varían a lo largo de los siglos. El fijismo y el creacionismo se mantendrán durante la E. Media y buena parte de la E. Moderna, hasta el s.XIX, como principios raramente cuestionados de la explicación de los seres naturales y, entre ellos, del ser humano.
2.2. Explicaciones científicas: Linneo, Lamarck, Darwin y Teoría sintética de la evolución.

El descubrimiento de América, además de todas las implicaciones sociales, económicas, o políticas, tuvo importantes consecuencias en el mundo de la ciencia natural. Se descubrieron nuevas especies, tanto animales como vegetales, desconocidas en el Viejo Mundo. El mundo, que parecía perfectamente conocido y explicado siglos atrás, se abría nuevamente a la observación y a la admiración. Junto a este interés por recopilar nuevas experiencias e informaciones de la naturaleza, se produce otro hecho que marcará la historia cultural posterior: el nacimiento de la ciencia moderna. La ciencia consiguió emanciparse de saberes tradicionales, filosóficos o religiosos, y lo hizo gracias a un método adecuado. Sólo quedará que la ciencia naciente, surgida en el campo de la física, la astronomía y las matemáticas, pase a dedicarse al estudio de los seres vivos.

La riqueza de la naturaleza y las posibilidades de la ciencia darán lugar a la emergencia de la biología moderna. Un hombre protagoniza este hecho: Carl Linneo. El gran valor de Linneo fue llevar a cabo una sistematización de la pluralidad de los seres vivos. En Linneo se unen el afán moderno de describir el mundo vivo y el esfuerzo, también moderno, de organizarlo, de estructurarlo. Desde esta perspectiva, su aportación fundamental fue proponer una nomenclatura que conservamos hoy día y que consiste en asignar a toda forma viva dos nombres transcritos en latín: el primero, más amplio, designa el género y el segundo, más restringido, la especie. Así, Linneo creará, por ejemplo, la expresión ‘Homo Sapiens’ para referirse al ser humano. ‘Homo’ designa el género (el grupo) y ‘sapiens’ el tipo. No obstante, a pesar de sus aportaciones científicas, Linneo sigue siendo creacionista.

A partir del s.XIX aparece una corriente conocida como ‘evolucionismo’, que empieza a cuestionar y a dinamitar la respuesta cristiana al problema del origen de los seres vivos y del hombre. El evolucionismo acarreaba la idea de que unas especies generan otras y que todas ellas están emparentadas en su origen más remoto. En otras palabras, todas las especies, tanto animales como vegetales, proceden unas de otras, esto es, hay una continuidad en el mundo natural.

Entre las teorías propiamente evolucionistas podemos destacar las de Lamarck y Ch. Darwin.

El lamarquismo es la primera teoría global de la evolución biológica. Se encuentra expuesta en la obra ‘Filosofía zoológica’, obra del naturalista Jean-Baptiste de Monet, caballero de Lamarck. Las tesis esenciales de su teoría evolucionista eran las siguientes:


  1. Hay una progresión gradual desde unos organismos más simples a otros más complejos.

  2. El mecanismo por el que se producen los cambios graduales en las especies es la adaptación al medio ambiente por medio del uso y desuso de determinados órganos. Ejercitar los órganos permite el desarrollo y la perfección de los mismos. De aquí surge la célebre afirmación de Lamarck: ‘la función hace al órgano’. Un órgano utilizado frecuentemente se desarrolla más que si no se utiliza, es decir, tiende a hipertrofiarse y, si no se utiliza, se atrofia.

  3. Las transformaciones individuales adquiridas por el uso o desuso se transmiten a los descendientes. De esta manera se explicaría la aparición de nuevas especies: las ganancias morfológicas individuales pasan a las generaciones siguientes, mientras que desaparecen los órganos no utilizados. El ejemplo que solía poner Lamarck era el de las jirafas; éstas tienen el cuello tan largo por la necesidad de adaptación en un determinado momento de la evolución (al tener que alimentarse de árboles altos) pasando esta modificación a las generaciones siguientes. Este era el punto flaco de la teoría, pues la genética demostraría después que los caracteres adquiridos no se transmiten a los descendientes.

Nacido en 1809 en Inglaterra, Ch. Darwin estuvo atraído desde niño por las ciencias de la naturaleza. Es este interés el que le lleva a embarcar en el Beagle en 1831, en un viaje que durará cinco años y que será fundamental para la posterior elaboración de su teoría sobre la evolución de las especies. Durante ese viaje sus observaciones fueron numerosas: la semejanza de la fauna y la flora de las islas con las del contiene más cercano (Cabo Verde-África, Las Galápagos-América Sur), la existencia de especies diferentes aunque afines en diversas islas del mismo archipiélago, el hallazgo en la Pampa de fósiles de mamíferos con importantes semejanzas con los actuales, etc., (Ver pp. 40-41)1. Su obra ‘El origen de las especies’ marca un hito en la historia de la biología. En ella Darwin expone que todas las especies actuales se habrían originado por descendencia y cambios a partir de especies ancestrales comunes. Esta hipótesis evolucionista era verdaderamente revolucionaria, pues hasta ese momento se había mantenido una concepción fijista y creacionista de las especies.

El punto de partida de la teoría de Darwin es el hecho incontrovertible de la existencia de variabilidad dentro de cada especie. Esa variabilidad se debía a su juicio a la tendencia de los organismos vivos a aumentar en proporción geométrica. (Por ejemplo, si tomamos una pareja de cualquier especie, y mantenemos la hipótesis de que dicha pareja tuviese dos descendientes y que cada no de ellos tuviera a su vez otros dos, y así sucesivamente hasta la generación 64, en dicha generación tal especie tendría trillones de individuos). Sin embargo, a pesar de esa tendencia de los individuos de las especies a multiplicarse, el número de miembros de las especies permanece aproximadamente constate. De estos dos hechos fundamentales deduce Darwin la idea de “lucha por la existencia”: en la naturaleza, y en la relación de las distintas especies, se produce una lucha por la supervivencia en la que no todos los individuos sobreviven. La lucha por la supervivencia es la que equilibra el número de individuos de la especie. En esa lucha por la existencia, sólo aquellos individuos que son capaces de adaptarse al medio en virtud de sus características, es decir, sólo los más aptos, vivirán, mientras que los demás perecerán. En efecto, su argumento consistía en que algunas de las variaciones / características (se entiende por variaciones el conjunto de caracteres que individualizan a los organismos de una especie: talla, peso, color, forma de los ojos, pelo, características de la a piel, capacidad reproductora, resistencia al calor o al frío, velocidad en la carrera, etc.) naturales de los individuos eran más ventajosas que otras en cuanto a la supervivencia y a la reproducción de los individuos de una especie que disponían de tales variantes. Los organismos e individuos con variantes más ventajosas tienen una mayor probabilidad de sobrevivir y reproducirse que los organismos carentes de las mismas. Así pues, se produce lo que Darwin denominó “selección natural”, un proceso que provoca la expansión de las variantes útiles y la eliminación de las menos útiles. De este modo, la selección natural se convertía en el motor del proceso y cambio en la evolución de las especies. Aclara Darwin que la selección natural no es la causa de las variaciones, sino que es el resultado de ellas, es decir, que actúa sobre ellas. (Ver pp. 48)2.

Es de sobra conocido que la principal laguna de la obra de Darwin es la carencia de una explicación adecuada sobre cómo se producen las variaciones y cómo tales variaciones se transmiten a generaciones futuras. Esta carencia explica que Darwin no conoció las leyes de Mendel, formuladas sólo cinco años después de la publicación de ‘El origen de las especies’. Para dar respuesta a estas preguntas hubo de nacer una nueva ciencia: la Genética, cuyo padre fue G. Mendel. (1822-1884)

Las aportaciones de Mendel al conocimiento de la herencia fueron fundamentalmente dos: 1) que cada carácter diferenciable del individuo tenía como responsable de su transmisión de una generación a otra a una ‘unidades de herencia’ localizadas en las células sexuales; 2) que dichas ‘unidades de herencia’ (a las que hoy llamamos genes) eran aportadas en la fecundación por cada individuo de la pareja fecundante; es decir, el material hereditario (gen) era doble.

Destacados estudiosos de la genética han ensanchado nuestro conocimiento de la estructura y el funcionamiento genético. Hoy sabemos que los genes están localizados en los cromosomas, que son secuencias más o menos grandes de genes. Sabemos que cada especie animal o vegetal posee un número característico de cromosomas en sus células y que hay genes dominantes respecto a algún carácter y genes recesivos respecto al mismo carácter. Los dos genes que llevan información sobre algún carácter externo de un individuo se denominan ‘genes alelos’. Ambos pueden llevar exactamente la misma información o bien ser diferentes. En el primer caso se denominan genes homocigotos y en el segundo heterocigotos. (ver ejemplo pp.38.) (ver ejercicios pp.39)3.

A partir de aquí sería posible una explicación del proceso evolutivo de las especies. De lo que se trataba era de unificar las aportaciones de Darwin por un lado y los descubrimientos en el ámbito de la genética de Mendel por otro. Y eso será lo que Th. Dobzhansky, E. Mayr o G. Simpson entre otros realizarán en la segunda mitad del s.XX, dando lugar a lo que conocemos como “Teoría sintética de la evolución”.

Desde los años 30 en adelante el evolucionismo genéricamente se ha conocido como teoría sintética de la evolución, que se formula como tal entre 1936-47 sintetizando significativamente las ideas del evolucionismo de Darwin y la genética de poblaciones y la teoría cromosómica de la herencia en el individuo. La teoría sintética recoge y enriquece el legado científico de Darwin. Desde ella, el proceso de la evolución biológica se puede decir que consiste fundamentalmente en dos episodios:


  1. La variación genética, que da lugar a las variantes hereditarias, donde se presentan las innovaciones sea por medio de mutaciones (cambios azarosos que se producen en el material genético. Son contadas las mutaciones que dan lugar a innovaciones exitosas) sea por medio de ciertas formas en que la mera recombinación genética, que acompaña a toda herencia y que ya produce variabilidad, da lugar a alteraciones de la frecuencia génica en una población en un determinada dirección.

  2. La selección natural como proceso que, tras la aparición de la variantes, opera con fuerza de necesidad promoviendo la multiplicación de unas y la eliminación de otras, según sean sus efectos adaptativos en los organismos de que se trate. Es por ello el proceso responsable que regula la incidencia de las otras fuerzas evolutivas en la gradual reconfiguración de la especie y, bajo ciertas condiciones, en el surgimiento de una especie nueva a partir de otra. (Ver pp. 49. Jirafas)4


3. HOMINIZACIÓN Y HUMANIZACIÓN.

Antes de analizar el proceso de evolución del ser humano y los rasgos diferenciadores que van a configurar sus características actuales, es preciso aclarar dos conceptos fundamentales: hominización y humanización.
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