Taller sobre los pigmeos




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títuloTaller sobre los pigmeos
fecha de publicación31.01.2016
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UNIVERSIDAD DE SAN BUENAVENTURA

SECCIONAL CARTAGENA

FACULTAD DE DERECHO – III SEMESTRE ANTROPOLOGÍA JURÍDICA

DOCENTE: SAULO ENRIQUE OSPINO PEREIRA

TALLER SOBRE LOS PIGMEOS

FECHA: 25 de Mayo de 2015

LOS PIGMEOS:

La estatura humana es variable. Sin tener en cuenta los trastornos patológicos que conducen al enanismo o al gigantismo, un hombre sano puede medir menos de 1,50 metros, como es el caso de los pigmeos, hasta los 2,15 de algunos jugadores de baloncesto. Para los científicos, la pequeña estatura de los pigmeos del África Occidental, en Camerún, ha sido siempre un misterio, pero una nueva investigación de la Universidad de Pennsylvania (EE.UU.) ha conseguido encontrar los genes por los que un varón adulto de este grupo humano no alcanza ni siquiera el metro y medio. El estudio, que aparece publicado en PLoS Genetics, señala que estos genes están relacionados con la temprana madurez reproductiva, una ventaja importante para los pigmeos, ya que su esperanza de vida es muy corta y oscila entre los 15 y 24 años.

África es considerada la cuna del ser humano moderno hace 200.000 años, y la fuente de nuestra dispersión por el mundo en los últimos 100.000 años. Las poblaciones humanas que viven allí muestran los más altos niveles de diversidad genética del mundo. Los investigadores estudiaron grupos de pigmeos cazadores-recolectores que viven en los ambientes tropicales de Camerún y que muestran diferencias extremas en estatura. Son 17 centímetros más pequeños que sus vecinos Bantu y una de las poblaciones más bajitas del planeta.

Con el fin de buscar los genes responsables de la estatura de los pigmeos, los investigadores realizaron un estudio de asociación del genoma completo, y encontraron varios candidatos prometedores en una región del cromosoma 3. Se trata de los genes DOCK3 y CISH, ambos vinculados a la variación del tamaño.

El gen CISH también está implicado en la susceptibilidad a sufrir enfermedades infecciosas, un hallazgo potencialmente significativo, ya que los pigmeos viven en un clima tropical, y están expuestos a una gran cantidad de parásitos y otros agentes causantes de enfermedades.

Madurez sexual

Por último, los investigadores identificaron mutaciones genéticas en los pigmeos que parecen estar sujetas a la selección natural. En muchos casos, encontraron que las mutaciones se asociaban con procesos biológicos que gobiernan la activación hormonal reproductiva, tales como la función del sistema inmune y la regulación hormonal del crecimiento. «Estos genes son importantes en la reproducción y el metabolismo, lo cual es interesante a la luz de la hipótesis de que la razón de la baja estatura de los pigmeos es que puedan alcanzar la madurez reproductiva de forma temprana», explica Sarah Tishkoff, autora principal del estudio.

Tishkoff añade que la reproducción temprana puede ser una ventaja significativa en los pigmeos, cuya vida se extiende entre los 15 y 24 años frente a los 80 que alcanzan algunas sociedad occidentales. Incluso es una esperanza de vida muy baja para África, donde la menor ronda los 46 años.

Al ofrecer pistas sobre los factores que llevaron a los pigmeos a adaptarse a su medio ambiente local, los investigadores también han proporcionado un método que podría ser replicado en el estudio de otros rasgos genéticos complejos, desde las características físicas hasta la susceptibilidad a las enfermedades.

¡OJO!

Colin Turnbull Macmillan  (1924 – 1994), famoso antropólogo Anglo Americano, que despertó la atención sobre los pigmeos con su libro The Forest People, 1962 (La gente del bosque). Comentamos el contenido de este estudio de las etnias de la zona Congo del Mbuti y la selva de Ituri, con la participación de los pigmeos en la vida de los bosques tropicales, una de las escasas culturas en el mundo actual que conservan las formas de vida basada en la caza y la recolección como en antiguas épocas y que existen hoy con características especiales:

• Son pequeños grupos cuyo tamaño óptimo depende de su estrategia de caza, son  poseedores de conocimiento detallado del medio ambiente, lo que les permite anticipar la disponibilidad de sus fuentes de alimentos y evitar el peligro

• Flexibilidad de los roles (mujeres y hombres también cazan y también recolectan) y la jerarquía, actúan sometidos al simple ritual de la vida, con alta cooperación con grupos de liderazgo basado en su mayor parte sobre capacidad individual.

Turnbull relata su experiencia como investigador con una tribu de pigmeos que comprende una serie de interrelaciones conociendo sus nombres y el carácter de cada miembro de la familia, gran parte de los estudios se llevo en los campamentos de Pigmeos, con su participación. Revela cómo se aprecia el bosque a través de los ojos de la Bambuti (“Ba” significa “tribu”), con su profundo conocimiento de dónde, como y cuándo buscar variedad de alimentos y cómo comportarse para evitar ataques de depredadores, convierten la “hostil” selva tropical en un entorno amigable.

En el Mbuti los pigmeos son seminómadas, viven en una serie de campamentos que las mujeres construyen con rapidez, como albergues eficaces para un plazo que depende de un ciclo anual de la nutrición, necesidades sociales y acontecimientos.

Los pigmeos hablan un dialecto del idioma bantú, después de haber perdido su propio idioma a través de un proceso de interculturación con los bantúes. La pérdida del idioma de las gentes del bosque está influenciada por la posición dominante de la cultura negra bantú, aunque los dos grupos son genéticamente distintos.

Los nativos pigmeos se reconocen como maestros y guías en su relación con el bosque que habitan, por eso rechazan los esfuerzos de integración en otras culturas, como intenta la población bantú, que ha ensayado en alentarlos a cultivar sus propias plantaciones, los pigmeos “parecen atender hacer lo que se les dice” sin embargo cuando se retiran los asesores, olvidan realizar esfuerzos en los cultivos y toman “roban” las cosechas de los agricultores bantúes. Los pigmeos, “la Bambuti” consideran inferiores a los agricultores, porque no son del bosque, y los denominan “salvajes”, termino que les es atribuido a ellos por los agricultores. Los Bambuti llegan a los poblados para necesidades, ya sea ritual, física y de comercio. Sin embargo, se vuelve siempre al bosque y a su intensa relación con la naturaleza.

El ritual del enterramiento, es un ejemplo de la forma en que un ritual compartido y se conecta y divide a los dos culturas negras y pigmea, los negros al final del periodo de duelo organizan una gran fiesta con gran provisión de alimentos, los pigmeos llevan a la aldea bantú a sus fallecidos para enterrarlo y disfrutar del privilegio de una fiesta de enterramiento.  Incluso les permiten los habitantes del pueblo dirigir la ceremonia. Los dos grupos tienen una opinión de la muerte muy diferente, los negros creen que la muerte no es natural y buscan un responsable del fallecimiento que puede ser causa de una maldición, para  los pigmeos, la muerte es un hecho natural de la vida.

Después del entierro, los Bambuti comentan que “el/ella murió muy bien” y muerte fue “una gran cosa” y “un asunto del bosque”. Deciden hacer una ceremonia especial donde solo los pigmeos participan, para que el espíritu del fallecido permanezca en el bosque, el lugar  “que le pertenece.”  La ceremonia llamadamolimo que se celebra también en otras crisis,  puede durar desde unos días a meses, tiene lugar desde la tarde hasta bien entrada la noche y se lleva a cabo por los hombres adultos que se sientan alrededor de un fuego y entonan la Canción del Bosque, de alabanza a la selva. Otros “cantan”, con sonidos de diferentes animales.  

Los pigmeos tienen pocos hijos y les prestan escasa atención, cuando cumplen los cuatro años, las niñas y niños abandonan a sus padres para compartir la misma tienda. La pubertad marca el momento de la circuncisión y el comienzo de una iniciación que dura varios meses. Durante este proceso, los iniciados están recluidos aprendiendo los rituales, así como las plantas que curan o que les hacen invisibles. Las chicas púberes se reúnen con una mujer anciana que las inicia en el canto y en los misterios de su cuerpo.

La iniciación para los niños, la nkumbi, es un ejemplo que muestra claramente las diferencias culturales. Para los negros, esta ceremonia no sólo marca el paso de niñez a la madurez, también mantiene su conexión con creencias, ya que sólo los iniciados se unirán a sus antepasados cuando mueren, por ello prestan atención a que los niños se inicien. Para los pigmeos la actitud hacia el nkumbi es muy diferente, es la única manera de que puedan recibir el estatuto de adulto ante los ojos de la tribu. Convertirse en un hombre para el Bambuti, se refiere a que el niño demuestra que es capaz de apoyar y fundar una familia.

Elima, es la palabra que indica la primera aparición de la sangre menstrual en la mujer. Los pigmeos, relacionan la sangre con terribles acontecimientos, más la sangre menstrual significa la vida, ya que la niña es ahora una madre potencial, y todo el poblado conoce la buena noticia, diciendo que ha sido “bendecida con la sangre”.
Hay un período de reclusión, feliz de una preparación, y la niña toma a sus amigos, incluidos los que no han alcanzado la madurez. En la “Casa Elima”, una mujer, de respetado ascendiente da lecciones mediante canciones, incluyendo el aprendizaje con adultos, los jóvenes pigmeos quedan fuera de la casa esperando tomar parte en la Elima  una de las ocasiones más felices de una tribu de pigmeos.
Los hombres célibes habitan pequeñas tiendas, cuya entrada da a la selva y no al centro del poblado. La chica llama discretamente a la puerta del muchacho elegido por su corazón, que no debe pertenecer a su familia y con el acuerdo de los padres. El matrimonio se celebra sin fastos, la madre regalara a su hija un tizón encendido y comienza a construir el mongulu para la nueva pareja. La poligamia no es frecuente porque da origen a disputas fatales para tener suerte en la caza.
Turnbull, decidió en participar en la caminata de los chicos jóvenes que penetran en la profundidad del bosque, para comenzar el aprendizaje sobre la vida del bosque. El paseo es relajado y sin preocupaciones, ya que están rodeados de su elemento que dominan. Caminan atentos y alerta, para descubrir y recoger todo tipo de frutos, raíces o de hongos comestibles y plantas que llevan al campamento alimentos que serán suficientes para varios dias.
La principal contribución de Turnbull al conocimiento de la cultura pigmea fue descubrir la importancia de cantar como parte de su vida diaria en el bosque y como parte de los rituales. La más importante de estas es la molimo, el canto de los Bambuti  que expresa su intenso amor al bosque que es su proveedor y protector en un sentido real de deidad. Los sonidos son creados por el mejor cantante entre los hombres jóvenes de la tribu mediante un “trompeta”, que pueden ser de madera o de metal. Este es uno de los pocos ámbitos pigmeos, donde existe la división de roles sexuales, las mujeres tienen prohibido ver la trompeta molimo o tomar parte en el canto alrededor del fuego.  
Los pigmeos africanos son particularmente conocidos por su música vocal, habitualmente caracterizada por una improvisación comunal de denso contrapunto. Se dice que el nivel de complejidad polifónica de la música de los pigmeos viene del siglo XIV. La música penetra la vida diaria y hay canciones para el entretenimiento así como para eventos y actividades específicos.
La música de hecho, está basada en repetición de periodos de igual longitud, que cada cantor divide usando diferentes figuras rítmicas específicas de diferentes repertorios y canciones. Este interesante caso de etnomusicología crea unas detalladas variaciones sin fin de no sólo el mismo periodo repetido, sino de la misma pieza de música, estos patrones están basados en un superpatrón. Los pigmeos no estudian su música o piensan en ella en ningún marco teórico, sino que la aprenden al cantar.
Otro elemento esencial de la molimo es el fuego que se coloca en el centro del campamento. El fuego es considerado por las Bambuti como un don precioso que reciben de los bosques, y por lo tanto, el fuego en la molimo es un fuego sagrado. La civilización y quizás la propia Humanidad nació del fuego. Los pigmeos mantienen una bella historia de amor con el fuego, al que dominan desde la aurora de los tiempos y es que éste surgió del roce de dos trozos de madera, Uno es duro y representa al hombre. El otro es más suave y representa a la mujer. Encender el fuego simboliza el acto sexual, la creación por excelencia. El anciano le da gracias a Kmvum, su dios: “Ya no tendremos miedo, o tú, el más poderoso; ni tendremos más frío, o tú el poderoso, ni tendremos más hambre, o tú el poderoso. Por eso, te damos las gracias”.

Los pigmeos se encuentran a través de toda África central y en menor número en el sureste de Asia. Los grupos más estudiados son los Mbuti de la selva de Ituri en la República Democrática del Congo, que fueron el tema de un estudio de Colin Turnbull (The Forest People, 1962). Entre los demás grupos africanos están los aka, baka, binga, efé, gok y twa. 

UBICACIÓN DE LOS PIGMEOS EN ÁFRICA.

Cazan con redes y flechas antílopes, monos, cerdos, aves y otros animales, recolectan frutas, tubérculos y miel y además practican intercambios con los pueblos vecinos y algunos trabajan para esos vecinos, de quienes en la mayoría de los casos han adoptado el idioma. Existen algunas palabras comunes para las tribus pigmeas africana, aun las más separadas, lo que indica que en el pasado podrían haber tenido una lengua común. Una de esas palabras es el nombre del espíritu de la selva, Jengi. 
Mujer pigmea y sus hijos, República Democrática del Congo 

Los pigmeos africanos son particularmente conocidos por su música vocal, habitualmente caracterizada por una improvisación comunal de denso contrapunto. Simha Aron dice que el nivel de complejidad polifónica de la música de los pigmeos fue alcanzada en Europa en el siglo XIV, aunque la cultura pigmea es no escrita y antigua, siendo algunos grupos pigmeos las primeras culturas conocidas en algunas zonas de África. La música penetra la vida diaria y hay canciones para el entretenimiento así como para eventos y actividades específicos. 

Formalmente, la música consiste en, como mucho, sólo cuatro partes y puede ser descrita como un «ostinato» con variaciones o similar a una passacaglia, en que es cíclica. De hecho, está basada en repetición de periodos de igual longitud, que cada cantor divide usando diferentes figuras rítmicas específicas de diferentes repertorios y canciones. Este interesante caso de etnomusicología y etnomatemáticas crea una superficie detallada de variaciones sin fin de no sólo el mismo periodo repetido, sino de la misma pieza de música. Como en algunos gamelan balineses, estos patrones están basados en un superpatrón que nunca es oído. Los pigmeos mismos no aprenden su música o piensan en ella en este marco teórico, sino que la aprenden al crecer. 

Entre los grupos asiáticos están los aeta (en las Filipinas), los semang (en la Península Malaya), los jarawa y otros nativos de las islas Andamán, que hablan su propio idioma aislado. 

Los mbuti son una de las varias etnias de cazadores recolectores que habitan el territorio de la moderna República Democrática del Congo.

Se trata de uno de los pueblos con más antigüedad en el área.

Los bambuti (donde ba significa "gente") se organizan en bandasrelativamente pequeñas, compuestas por entre 15 y 60 personas, que siguen un patrón, según Turnbull, de fusión y fisión para evitar que alguien tome el poder. El total de la población de la etnia no pasa de 30.000 o 40.000 individuos, que pertenecen a tres culturas diferentes, cada una con su propio dialecto del idioma bambuti: los efe, que hablan balese, los sua, que se comunican en bira, y los aka, que se expresan en mangbetu.

Los egipcios antiguos, en torno al año 2500 a. C., hicieron referencia a la que llamaron "gente de los árboles", una posible referencia a los mbuti.

Los mbuti viven en la región forestal del Congo, en el corazón de África. Se mantienen cazando y recolectando vegetales en el bosque de Ituri, en el noreste de la actual República Democrática. Estos indígenas han logrado escapar en buena medida a las influencias y presiones gubernamentales, viviendo un estilo de vida tradicional en la jungla. Frente a la infracción de las reglas, los mbuti usualmente se comportan autónomamente, aplicando castigos como el destierro, golpizas o, en casos menores, el ridículo.1 La guerra civil y las violaciones a los derechos humanos afectaron las vidas de muchos mbuti. Algunos de ellos se trasladaron a pueblos modernos debido a aquellas presiones.

El primer antropólogo en realizar trabajo de campo en el Ituri haciendo observación participante con los mbuti fue Turnbull, un funcionalista. Explicó que las diferencias en el rol que cada individuo ocupa en la banda se basa en la edad y no en el parentesco o en el género. Por ejemplo, los niños, que son los más puros por no haber cazado ninguna vez, prenden la fogata en que los adultos se "purifican" al salir a cazar. Ellos son el símbolo del "ekimi", el silencio, la pureza, la cohesión. Todos son "apua'i" o hermanos entre sí. Los adolescentes ayudan en la caza y recolección a los adultos, y su rol principal es el de hacer justicia, juzgar a los adultos, que causan "akami" o ruido, conflicto, pecado. Los adultos cazan animales y recolectan frutos. Todas las mujeres son "ema" o madres y todos los hombres son "eba" o padres de todos los "miki" o niños (por lo tanto, no hay niños huérfanos). Este caso es el único en que se hace diferencia de género para la denominación de relaciones de parentesco. Los ancianos enseñan a los infantes en el "bopi" (o "patio" de los chicos) valores de cooperación, cómo cazar, dar preferencia a los intereses del otro antes que los suyos y, principalmente, los del bosque, madre de todo. Ellos se llaman a sí mismos los "hijos del bosque".

reportaje

Nosotros, los aka, somos pequeños, muy pequeños, los más pequeños de los pequeños,

pero también somos los hombres, los señores del tiempo, los señores de la tierra, los señores de todo".

reportaje

Ellas construyen. Las mujeres son las encargadas de hacer los "mongulu". Con sus machetes cortan árboles de tres metros para hacer la estructura de la choza, que luego recubren con una capa de hojas de amarantáceas.

Sentado cerca del fuego, en el corazón de la selva ecuatorial del norte de El Congo, el anciano canta un largo poema que comienza así. Es un aka, término utilizado por los propios pigmeos para designarse a sí mismos. En el borde del claro del bosque, los troncos de los árboles que se elevan más de 40 metros le hacen parecer todavía más pequeño (miden entre 1,25 y 1,40 metros). Hace mucho calor y el ambiente está empapado de humedad. Los insectos, mantenidos a raya por las llamas, bailan emitiendo un silbido de mal augurio. El grupo (compuesto por unos 30 miembros) está acostumbrado a ellos y apenas nota su presencia.

Los pigmeos viven en una amplia zona que rodea el oeste de África, desde Camerún a Burundi, pasando por los dos Congos, Gabón y la República Centroafricana. Si en Camerún se han vuelto sedentarios, en el norte de El Congo, en cambio, viven como sus ancestros. Y sólo de vez en cuando aceptan compartir su tiempo con los visitantes. La búsqueda constante de animales y vegetales de los que se alimentan guía sus incesantes migraciones, porque desconocen el comercio. La suya es una existencia libre, siempre en movimiento, guiada por la naturaleza y sus ofrendas.

El periodista francés Guy Philippart de Foy, en su libro consagrado a los pigmeos, se sorprende de que no se sepa nada de sus orígenes. ¿De dónde proceden estos pequeños seres humanos de piel clara, cuyos bebés son casi blancos? Los arqueólogos no saben dónde buscar sus antepasados, nómadas como ellos. Sólo se sabe que los egipcios los descubrieron 4.500 años antes de Cristo. En una tumba de la VI dinastía faraónica se puede ver la representación de un enano negroide. A su lado, figura el nombre de aka, término que todavía hoy sirve para denominar a uno de los más importantes grupos de pigmeos de África ecuatorial. Más adelante, según cuenta de Foy, "se encuentra su silueta en la proa de los barcos fenicios, en las ánforas griegas y en los mosaicos de Pompeya. Estos enanos, designados con la palabra griega pygmaios (de un codo de alto), son mencionados por Homero, Herodoto, el propio Aristóteles, Plinio y Estragón". En el siglo XIX, los grandes exploradores Savoronan de Brazza y Stanley los dan a conocer al mundo moderno. En 1923, el Papa Pío XI financia una expedición con el objetivo, naturalmente, de evangelizarlos. De hecho, los misioneros tenían ya cierta ventaja de partida, porque los pigmeos eran, y son, monoteístas.

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En busca de alimento. Mientras los hombres salen a cazar, ellas se dedican a pescar, recoger frutos y ñame, y atrapar pequeños roedores o tortugas. Al realizar estas tareas no tienen problema en cargar con sus hijos.

El anciano, al lado del fuego, canta: "Al principio era Kmvum (el creador), Kmvum solo…". Gracias a Michel Courtois, un europeo casado con una mujer babinga, fue posible conectar con esta tribu. Para llegar hasta ellos desde Brazzaville, la capital de la República de El Congo, hay que coger un avión en dirección norte, hasta Ouesso. Desde aquí, el viaje prosigue durante tres horas en piragua por el río Sanga. Luego, una marcha de ocho horas permite alcanzar su campamento en el corazón de la selva más profunda. El espectáculo es extraordinario.

En medio de un ruido de hojas que se pisan, pequeños hombres que vuelven de caza salen de entre los árboles. Uno de ellos lleva un antílope a la espalda. Ya no usan las lanzas tradicionales, a pesar de que las siguen manejando con gran habilidad. Las han sustituido por los fusiles que los madereros les regalan a cambio de carne de la selva. Instalados no lejos del campo forestal de Pokola, algunos trabajan incluso como guías para ellos, es decir, son los encargados de trazar los senderos que permitirán la circulación de la maquinaria y la explotación de la madera de la selva.

El grupo eligió un sitio adecuado para una larga estancia. Su primer deber es, en efecto, asegurarse un lugar lo suficientemente confortable donde acampar para que las lluvias, a menudo torrenciales, no lo inunden. Las chozas semiesféricas tradicionales se llaman mongulu. Su fabricación es tarea de las mujeres, que son capaces de montar una en dos horas con una técnica que varía ligeramente según esté habitada por una pareja o por toda una familia. Tras haber limpiado cuidadosamente el suelo de raíces y detritus vegetal se marchan, armadas con sus machetes, a cortar árboles jóvenes y altos, de unos tres metros, cuyos troncos flexibles limpian de ramas y hojas. Los colocan alrededor del perímetro circular, de unos tres metros de diámetro, para después curvarlos y formar arcos. A continuación, ponen entre esa estructura una cobertura de ramas finas. Un espeso colchón de hojas de amarantáceas tropicales asegura al tejado y a las paredes una perfecta impermeabilidad. Y si la familia crece, no cuesta nada abrir una puerta en una de las paredes y construir otra choza comunicada.

Cada mongulu tiene en el centro continuamente encendida una lumbre para calentar y secar la tienda. El humo, que se concentra en el techo, es esencial para la conservación de la cabaña, además de matar los insectos y ahumar los alimentos perecederos. A ambos lados del fuego, las camas están delimitadas por grandes ramas entre las que se amontonan hojas secas, todo ello recubierto con una simple estera.

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La seducción. Las chicas púberes reciben las enseñanzas de una mujer anciana sobre el canto y los misterios de su cuerpo, que adornan con numerosos tatuajes destinados a atraer al sexo opuesto.

La única puerta de la tienda mira hacia el centro del campamento. Las familias no tienen nada que ocultar porque lo comparten todo. Los pigmeos tienen pocos hijos. Cuando cumplen los cinco años, niñas y niños abandonan a sus padres para compartir la misma tienda. La pubertad marca el momento de la circuncisión y el comienzo de una iniciación que dura varios meses. Durante este proceso, los iniciados están recluidos aprendiendo los rituales, así como las plantas que curan o que les hacen invisibles. Las chicas púberes se reúnen con una mujer anciana que las inicia en el canto y en los misterios de su cuerpo.

La práctica de los tatuajes y el tallado de los dientes en punta son adornos destinados a atraer al sexo opuesto. Son gestos muy dolorosos, pero que todos enseñan con orgullo. Los hombres célibes habitan pequeñas tiendas, cuya entrada da a la selva y no al centro del poblado. La chica llama discretamente a la puerta del muchacho elegido por su corazón, siempre que no pertenezca a la misma familia directa. El matrimonio se celebra sin fastos. Los padres de los contrayentes se ponen de acuerdo, mientras la madre regala a su hija un tizón encendido y comienza a construir el mongulu de la nueva pareja. La poligamia es poco frecuente porque es origen de discordias y las disputas suelen ser fatales para tener buena suerte en la caza.

SACIAR EL HAMBRE. El anciano canta las palabras de Kmvum: "Te doy todos los frutos de la selva, todos los frutos de la cosecha, todos los animales que caminan, que corren y que vuelan. Te los doy todos y jamás el hambre entrará en tu vientre… Y los árboles serán tu abrigo". La caza de los pigmeos nunca es una matanza indiscriminada. Sólo matan lo necesario para satisfacer sus necesidades diarias. Antes de entrar en la selva, realizan toda una serie de ritos acompañados de cantos, para poner de su parte a los espíritus, a los que llaman mimbo. Sin benevolencia, la caza sería estéril y peligrosa.

Los utensilios más utilizados son la lanza, el arco, la red, el lazo y la ballesta. Por la mañana, hacia las nueve, los hombres parten por un lado y las mujeres por el otro. Ellos avanzan en silencio y el primero que descubre una presa se lo indica a los otros haciendo signos con la mano, minuciosamente codificados, para que sepan de cuál se trata. Cuando lo han rodeado, uno de ellos se levanta de pronto y corre tras el animal que huye hacia los cazadores. Facoceros (primos del jabalí), gorilas y elefantes caen acribillados por sus lanzas y sus flechas envenenadas, gracias a la savia de una liana o a los granos de una planta, el strophantus, de la que en Occidente se extrae una medicina para el corazón.

Mientras tanto, las mujeres pescan, recogen ñame, hojas de liana de coco, frutos secos y setas, atrapan pequeños roedores, tortugas, caracoles, orugas o termitas. Los niños intentan atrapar a los pájaros disparándoles con sus pequeños arcos. Pero sólo los hombres recolectan la miel de las abejas salvajes, su alimento preferido. Con la ayuda de una liana, suben a los árboles más altos, llevando en su peligrosa ascensión brasas envueltas en hojas verdes para calmar al enjambre.

Los pigmeos mantienen una bella historia de amor con el fuego, al que dominan desde la aurora de los tiempos. Por eso, el anciano le da gracias a Kmvum: "Ya no tendremos miedo, o tú, el más poderoso; ni tendremos más frío, o tú el poderoso, ni tendremos más hambre, o tú el poderoso. Por eso, te damos las gracias". La civilización y quizás la propia Humanidad nació del fuego y éste del roce de dos trozos de madera. Uno es duro y representa al hombre. El otro es más suave y representa a la mujer. Encender el fuego simboliza el acto sexual, la creación por excelencia.

Los pigmeos no tienen miedo de los rayos y ven en el arco iris una manifestación divina a la que saludan con cantos. Dios les ha creado libres y dueños de la selva. Pero ese mismo dios parece haberles dado la espalda después de hacerles dueños de todo. Porque ya sólo quedan unos 150.000 o 200.000 pigmeos. A menudo sedentarizados y convertidos en esclavos tanto por los europeos como por sus grandes hermanos los bantús. Una gran parte de los que vivían en Ruanda fueron masacrados durante la guerra de 1994. Acosados por las enfermedades, minados por el alcohol, la masiva deforestación les está privando poco a poco de su reino.

Paradójicamente, tal vez deban su salvación a la actual desorganización politicoeconómica de El Congo. Los dos ríos que permitían bajar los troncos del norte hacia el sur están llenos de arena y la vía férrea permanece inservible. Y mientras las compañías forestales se asfixian, la naturaleza vuelve por sus fueros y recupera el terreno perdido. Y el anciano canta: "Los pigmeos son los dueños del tiempo, desde el principio al final". Dueños del mundo o, mejor dicho, dueños de su mundo. ¿Por cuánto tiempo?

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