Entrevista a kenneth kendley




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títuloEntrevista a kenneth kendley
fecha de publicación31.01.2016
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ENTREVISTA a KENNETH KENDLEY

Director del Instituto de Psiquiatría y Genética del Comportamiento de Virginia, y un gran experto mundial sobre las bases genéticas de las enfermedades mentales

Antoni Bulbena, psiquiatra y Presidente de la Sociedad Española de Epidemiología Psiquiátrica, y Elisabeth Vilella, bióloga e investigadora de los Hospitales Psiquiátricos Universitarios Institut Pere Mata y Sant Joan, de Reus, Tarragona. Antoni Bulbena Vilarrasa,

Director del Instituto de Atención Psiquiátrica del Instituto Municipal de Asistencia Sanitaria de Barcelona.

Profesor Titular de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Presidente de la Sociedad Española de Epidemiología Psiquiátrica.

Junto con el dr. Javier Estivill, genetista, autor de un estudio que relaciona la laxitud articular, provocada por un error del Cromosoma 15, y la ansiedad.

Antoni Bulbena expone su descubrimiento sobre la relación que hay entre la laxitud de las articulaciones del cuerpo y la ansiedad, al parecer provocada por un error en el cromosoma 15, lo que vendría a incidir en el origen genético de este trastorno.

Frase: "Lo óptimo en un mundo peligroso es tener un nivel moderado de ansiedad"

PRIMER BLOQUE:

Punset:

Dr. Kenneth parece ser que la ansiedad es un recurso evolutivo que nos ayuda a reaccionar frente a un peligro, una amenaza o un acto de violencia. Pero ¿cómo es posible que cuando mis estudiantes tienen un examen sientan el mismo tipo de ansiedad que si un tigre o un león les estuviera amenazando; igual que hace 40.000 años ¿qué es lo que les falla? ¿por qué no son capaces de distinguir los diferentes grados de amenaza?

Kenneth:

Déjame que te responda retrocediendo en la evolución. Como tú dices, y con razón, el mundo es un lugar muy peligroso, por ello, una serie de organismos bastante primitivos fueron capaces de adaptar su respuesta de ansiedad o miedo cuando se enfrentaban a un estímulo potencialmente peligroso. Si reflexionamos sobre lo que ha sucedido en la evolución lo que observamos es que los genes se han desarrollado para predisponer a los individuos a ciertos niveles de ansiedad, y lo óptimo en un mundo peligroso es tener un nivel moderado de ansiedad. Está claro que el no preocuparse por los peligros no es muy inteligente en términos evolutivos. Así, queremos que el cerebro sea receptivo a los estímulos de peligro que hay a nuestro alrededor, ya que nos predispone a actuar contra ese peligro. Por otra parte, el estar excesivamente preocupados por el peligro consume demasiado tiempo y energía, y reduce nuestra adaptación.

Punset:

Es cierto. De alguna forma parece que nuestros genes nos dejaron bien preparados para el medioambiente que había hace 40.000 años. Estamos bien preparados para luchar con lo que existía hace 40.000 años pero estamos bastante mal preparados para lo que es el nuevo entorno, en el que las amenazas han cambiado.

Kenneth:

Exactamente. Y esto ha sido motivo de una considerable fascinación para los que trabajamos en este campo: ¿por qué vemos hoy a gente que vienen a la consulta con miedos a las arañas, las serpientes, las ratas, o los rayos, y en cambio no vemos a nadie que tenga un miedo irracional a las armas de fuego o a los automóviles, o a los aparatos eléctricos, que son las cosas que realmente producen daño a los niños. Mucha gente piensa que los seres humanos, por evolución, estamos predispuestos a desarrollar miedos hacia ciertos tipos de estímulos que fueron peligrosos durante el periodo evolutivo. Y la evolución no ha tenido tiempo de ponerse al día con el hecho de que hoy son más peligrosas las armas de fuego, por ejemplo, o un aparato eléctrico que lo que puedan serlo una serpiente o una araña.

Punset:

Kenneth, hay un neuróloga inglesa que se llama Susan..., algo así como Susan Field, que ha escrito un libro llamado Mi cerebro privado. Ella tiene una tesis muy interesante que dice que la depresión y la ansiedad pudieran ser las más humanas de todas las enfermedades mentales. En el sentido de que lo que nos distingue de otros animales es un cerebro que tiene demasiada capacidad de pensar: la capacidad de reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro; y cuando lo hacemos nos metemos en un enredo. La gente deprimida es gente que, al contrario que los esquizofrénicos o que un niño que ven mundos fantásticos y tiene a veces alucinaciones, los deprimidos son personas que acaban hartas de su propia mente. ¿Qué te parece esto? Parece que el factor genético sea menos visible en este caso ¿o no es así?

Kenneth:

Es una pregunta compleja. Estoy de acuerdo en que la depresión en particular es más bien un desorden de los centros cognitivos y emocionales superiores. Por ejemplo, no creo que aún tengamos un buen modelo para la depresión en los roedores; hay pruebas de que los grandes primates, los chimpancés en particular y, sin duda, los humanos pueden desarrollar este síndrome depresivo, parte de cual recae en los aspectos de autoestima y autoevaluación. Ya que en cierto modo una de las causas de la depresión es la evaluación negativa de uno mismo. Las formas de ansiedad, creo, son algo diferentes. Esta claro que los roedores pueden presentar muchas de las características que hoy describimos como ansiedad y lo que hemos podido ver en los últimos diez años es que las rutas neurológicas básicas que intervienen en el comportamiento del miedo de los roedores, los primates y los humanos son básicamente las mismas. Con las nuevas técnicas de reproducción de imágenes y, en particular, con la resonancia magnética funcional, la mayor parte del trabajo se centra en esa estructura neurológica llamada amígdala. Está bastante claro en los humanos, como en chimpancés y en roedores, que ésta es la parte del cerebro que juega el papel de conexión central en el desarrollo de la ansiedad. Por tanto, creo que la ansiedad es biogenéticamente más vieja que la depresión.

SEGUNDO BLOQUE:

Punset:

Lo que tú dices es que con la ansiedad -en particular-, compartimos la situación con los roedores y los primates, y que las bases genéticas de ésto están muy claras, o por lo menos están bastante claras. ¿Qué expectativas tenemos respecto a esto? Ya sabes, a veces cuando hablamos de la genética y farmacogenómica, es decir, los fármacos que se utilizarían en una terapia genética… a veces tenemos la sensación de que comprendemos las cosas mejor… pero el paciente, el pobre, no se beneficia mucho en la realidad de esta información ¿qué piensas sobre ello?

Kenneth:

Primero responderé de forma general. Es importante que cuando hablamos de rasgos complejos como la ansiedad renunciemos a pensar de forma dicotómica: o los genes o el entorno. Creo que hay una fuerte tendencia a pensar que si los genes están implicados, lo están de ésta forma tan determinista - en mi lenguaje, la heredabilidad se diría que es del 100% como para el color de los ojos o del grupo sanguíneo-. Esto no es en absoluto cierto para estas enfermedades, ya que se tratan de fenómenos probabilísticos muy complejos. En los desordenes de la ansiedad, lo que creemos es que alrededor de un 30 o 40% de las diferencias en predisposición que existen entre las personas se deben a diferencias en los genes. Esto es muy parecido, por ejemplo, a lo que ocurre en la presión sanguínea. Sabemos que son los genes que heredamos del padre y de la madre los que influyen en el nivel de presión sanguínea, pero también lo hace la dieta, si somos fumadores, los niveles de stress en nuestra vida.... todas estas experiencias del entorno son importantes. Por tanto, quiero evitar que se entienda que al hablar de genes estemos suponiendo que el entorno no juega ningún papel, porque, por ejemplo, en los desordenes de la ansiedad esto es algo completamente equivocado. Un gran número de fobias -y ésta es una categoría de las que hemos hablado- surgen a raíz de sucesos muy traumáticos. Tenía un paciente joven con un miedo terrible a la altura, y contaba que su padre tenía muy mal carácter.. Cuando tenía 3 o 4 años, su padre -que vivían en un sexto piso- cuando se enfadaba lo cogía por el tobillo y lo sacaba por la ventana hasta que se calmaba, y este pobre niño quedaba suspendido sobre la calle; así durante un tiempo sufrió de miedo a las alturas. No fue necesario tener una predisposición genética ya que era una experiencia ambiental suficientemente traumática... Hablamos de una relación compleja durante el desarrollo entre la predisposición genética y las condiciones del entorno que alteran esa predisposición hacia la ansiedad.

Has preguntado hasta qué punto los pacientes saben responder a esta enfermedad. Eso depende enormemente del tipo de atención psiquiátrica que reciban. Para las enfermedades relacionadas con la ansiedad, es importante saber que no sólo tenemos tratamientos farmacológicos, sino que también existen tratamientos de conducta que son muy eficaces, de hecho está demostrado que las fobias -la forma más común de la ansiedad en la población- se tratan de manera rápida y eficaz con una terapia conductual. Por ejemplo, si tenemos a alguien que tiene miedo a volar, no se le trata con fármacos, sino que existe numerosas terapias de conducta y ahora con el mundo de la realidad virtual tenemos a personas que se ponen gafas 3D, para una terapia de exposición en realidad virtual, en vez de tener que subirse a un avión, que es lo que hacíamos antes.

Punset:

¿Cuántos años crees que necesitamos -20 o 50- para disponer ya de fármacos para los genes, fármacos sin efectos secundarios porque sólo afectarán realmente a mutaciones o expresiones concretas de los genes?

Kenneth:

Me estás pidiendo que haga profecías, lo que es bastante peligroso. Desde el punto de vista de las enfermedades psiquiátricas, lo más apasionante, en relación con los desarrollos moleculares, es intentar entender a un nivel biológico básico en qué consisten las anomalías en estas enfermedades. En este sentido, en psiquiatría nos encontramos en una posición considerablemente menos avanzada que nuestros colegas que se ocupan de la genética de las enfermedades cardiovasculares o de la diabetes, en las que entendemos a un nivel muy básico que enzimas intervienen y qué transporta el colesterol de un lado a otro, etc, etc. Y aunque hemos hecho muchos progresos en psicofarmacología, con respecto al tratamiento de estos desórdenes, aún no las conocemos a un nivel biológico básico -no sabemos qué anormalidades presentan-. Cuando seamos capaces de identificar genes particulares, estoy seguro de que vamos a encontrarnos con muchos de ellos, y será muy poco probable que un solo gen sea el responsable de una parte importante de la variabilidad de estas enfermedades. El impacto mayor de esto será haber abierto la puerta a la biología para el estudio de estas enfermedades. Ahora se le llama biología de abajo a arriba, en lugar de la biología de arriba abajo. Tengo suficiente edad como para acordarme de que hace 25 años hacíamos cosas tales como tomar muestras de orina o punciones lumbares para obtener médula espinal y ver si podíamos encontrar anomalías neuroquímicas. A mi entender esto estaba condenado al fracaso porque estamos hablando de enfermedades de partes minúsculas, quizás de cientos o unos pocos miles del total de miles de millones de células nerviosas, y esas mediciones eran simplemente demasiado groseras. Así que lo que esperamos conseguir al encontrar genes es iniciar la comprensión racional de la biología de estas enfermedades, y entonces nuestros colegas farmacólogos podrán intentar desarrollar fármacos mucho más específicos dirigidos a las anormalidades concretas que mejor se comprendan.

TERCER BLOQUE:

Punset:

Como diría un colega físico, no tenemos la medida adecuada, en tanto que humanos, para observar el mundo real, para poder ver esta vida diminuta de los átomos, de las moléculas y de las células. Pero para tu generación esto, sin duda, ha significado algo: habéis quedado convencidos, por la experimentación, que incluso la psiquiatría tiene una base bioquímica ¿cómo afecta esto a tu forma de analizar a las personas o la mente de las personas?

Kenneth:

La pregunta que planteas sobre la relación entre la mente y el cerebro es realmente fascinante. Como psiquiatra creo que me encuentro en la posición más privilegiada para intentar entender cómo se relacionan la mente y el cuerpo. De todas las disciplinas médicas, la psiquiatría, en particular, es la que tiene -en el trabajo diario- que ser capaz de pensar y de interrelacionar la mente con el cerebro. Tomemos, por ejemplo, una típica situación clínica: tengo en mi consulta a una joven que ha tenido un episodio de depresión, y hablamos de cómo se siente consigo misma y sobre un problema conyugal que ha tenido y que está relacionado con su problema de relación con su padre. Hablamos de aspectos profundos de su propio mundo mental, de su identidad y sentido, y, sin embargo, durante la misma visita tengo que desconectar y pensar qué es lo que está pasando en su sistema neurológico. Cómo puede eso afectar a su hipocampo o a su amígdala.., si estoy dando la dosis correcta que permitirá que los receptores se regulen, y entonces tengo que desconectar otra vez y volver al mundo de la mente. Así, en nuestro trabajo diario, los que nos dedicamos a la psiquiatría tenemos que estar pensando siempre en esa inextricable interrelación que hay entre la mente y el cerebro. Es decir, observar la mente, el mundo que vemos desde nuestro interior, y el cerebro. Abrir el cerebro y pensar dónde están cambiando los receptores, y si estamos usando la medicación correcta, que pueda ayudar en términos de tratamiento farmacológico.

Punset:

Es maravilloso, estaba preguntándome mientras hablabas si algún día en el futuro, cuando seas realmente capaz de ir de un punto a otro, de la mente al cuerpo, ¿todavía acudirá gente a tu consulta en busca de la felicidad? Quiero decir: el día en que seamos capaces de hacer frente a la ansiedad, una ansiedad equilibrada como decías al principio, la gente probablemente acudirá todavía a tu consulta?

Kenneth:

Esto es una cuestión que me interesa mucho.

Punset:

Cuéntame pues.

Kenneth:

En nuestro campo hay algunos que son reduccionistas biológicos extremos. Ellos dirían que en el momento en que podamos entender todas las moléculas, todo lo que habrá que hacer es darle a las personas unas píldoras y en eso consistirá la psiquiatría. Creo que ese es un terrible futuro, porque un aspecto fundamental de la condición humana es la de que somos un animal que contador de historias; y queremos entender nuestras propias historias. No sería correcto, que cuando la Sra. Jones acude a mi consulta con problemas de su matrimonio, que son un reflejo de un problema que ha tenido con hombres como su padre, le diga: Sra. Jones, usted lo que tiene es una baja regulación de su sistema neurológico, tómese estas pastillas y se sentirá mejor. Esto no sería suficiente porque como seres humanos necesitamos entender cómo hemos llegado a ser así. Esto está en nuestra propia naturaleza. No creo que vaya a cambiar, ni creo que deba cambiar. Y uno de los retos mayores para una psiquiatría aceptable es que sea capaz de pensar acerca del sentido de nuestra vida, al mismo tiempo que piensa en esa base física que opera en nuestro cerebro.

Punset:

Hay un tema muy particular que tiene que ver con Cataluña, en esta esquina de España... Hay dos científicos, Antoni Bullbena y Estivill, quienes hace unos meses han apuntado la existencia de una correlación directa entre la laxitud de las articulaciones en el cuerpo y la ansiedad. Y dicen que es porque hay una especie de duplicación necesaria del ADN en el cromosoma 15. Se habló de ésto como una de las pruebas de la base genética de la ansiedad ¿has oído hablar de ello?

Kenneth:

Sí, conozco los resultados.

Punset:

¿Y qué te parece?

Kenneth:

Creo que es un primer descubrimiento intrigante y que merece seguirse investigando. Estamos muy al principio de poder comprender la ciencia básica de la ansiedad, no digo que sea imposible que esté relacionada con ese gen que controla la laxitud de los tendones, pero este es un estudio que no ha sido suficientemente reproducido, y sabemos que generalmente en la historia de la psiquiatría genética muchos primeros hallazgos no soportan las pruebas de reproducción; por tanto, creo que es correcto estar interesado y entusiasmado, pero que debe ser estudiado por otros grupos antes de aceptar el hecho de que pueda ser verdad.

Punset:

Kenneth, tenemos que acabar esta conversación desde Richmond en Virginia y Barcelona en Cataluña, España, estarías de acuerdo con la afirmación de que se han controlado prácticamente todas las enfermedades que vienen del exterior y que ahora el reto es cómo controlar las que vienen de nuestro interior.

Kenneth:

En general estoy de acuerdo con esta afirmación con la excepción de la epidemia de SIDA. Las enfermedades infecciosas, al menos en los países occidentales, están prácticamente controladas. Ahora nos quedan las enfermedades crónicas: la diabetes, la hipertensión, pero como ya debes saber, las enfermedades psiquiátricas son una de las causas más importantes de enfermedad y mortalidad. La Organización Mundial de la Salud hizo un estudio de su desarrollo hasta el año 2020, enumerando las enfermedades en función de su impacto total sobre los niveles de salud, y se prevé que para esa fecha enfermedades como la depresión superarán a las enfermedades cardiovasculares como causa principal de enfermedad y muerte, y el alcoholismo y la ansiedad estarán también entre las diez primeras. Por tanto, si pensamos en las causas generales del sufrimiento humano y la mortalidad, los síndromes nerviosos y de comportamiento tendrán en el próximo siglo un papel cada vez más importante. Por ello creo que está justificado un esfuerzo intensivo de investigación para poder comprender y aliviar en la medida de lo posible este sufrimiento humano.




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