Eduardo Teillet. Departamento de Filosofía. Ies victorio Macho. Palencia




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fecha de publicación02.02.2016
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Eduardo Teillet . Departamento de Filosofía. IES Victorio Macho. Palencia

COMENTARIO DE UN TEXTO DE ARISTÓTELES.

POLÍTICA, Libro iii, Cap. 9, Párrafos, 5, 6 y 7 de la Antología
Los conceptos que hay que explicar son: ciudad, bien vivir, fin.
1.-

El texto, que se encuadra dentro de la filosofía política de Aristóteles, si bien incorpora ciertos elementos de carácter metafísico en el último párrafo, trata de las condiciones que debe reunir una comunidad humana para constituirse en ciudad, alguna de las cuales es esencial.

2.-

Se estructura en tres partes que se corresponden con los tres párrafos. En la primera de ellas repasa dos condiciones necesarias para la constitución de la comunidad política, pero no suficientes: la cohabitación en un territorio común (que no estuviesen dispersos) y la ayuda mutua. Ambas son condiciones que una ciudad debe cumplir, pero no son suficientes por sí mismas. Si se examina con detenimiento el asunto, veremos que ahí no hay ciudad si sus relaciones fueran exactamente igual antes que después de unirse y cuando estaban separados.
La segunda parte avanza más en la explicación de por qué tal asociación no sería una ciudad. Y es que la agrupación que merece tal nombre es, según Aristóteles la que no es simplemente una comunidad de territorio y para el intercambio de bienes, sino que, si bien esto lo necesita, pues deben compartir un territorio y contraer matrimonios entre sí, le falta lo esencial, aquella propiedad sin la que no puede existir una comunidad política, que es la que está en consonancia con la naturaleza social del hombre. Debe ser una comunidad constituida para vivir bien, lo cual establece ciertas restricciones a las formas de asociación. Restricciones ordenadas al cumplimiento de su fin propio.
La tercera parte, que es una extensión de la segunda, pero resume y concreta los presupuestos de la misma, es la que introduce explícitamente el concepto fundamental de la política y de toda la metafísica de Aristóteles: el concepto de fin. Pero no se trata aquí de un fin contingente, o dependiente de nuestra voluntad, sujeto a cambios históricos o ideológicos, sino que se trata de un telos objetivo que nos constituye como seres humanos, de manera que todo está orientado a ese fin, que es la vida feliz y bella, o sea, la eudaimonía. En esta parte Aristóteles presenta una definición de ciudad. La esencia se expresa en la definición y en este punto nos presenta la naturaleza de la ciudad, su esencia, lo que es específico de ella, por eso viene dado por su fin propio, que es el bien vivir.

3.-

La ciudad no es una simple comunidad de territorio, sino una estructura natural, metafísicamente anterior al individuo y a la familia por encontrarse como telos en la propia naturaleza humana. La vida plena, que es la meta de la ética, no se puede lograr sin la integración en la comunidad política. Por esta razón, en el pensamiento de Aristóteles, la ética se complementa con la política. La ética, se podría decir, reclama la política. Si el hombre es un animal más social que cualquier otro animal social exige, por naturaleza, que esta tendencia se satisfaga con la participación en la vida política, el único espacio en el que puede florecer la virtud que, no lo olvidemos, es la excelencia, el mejor logro que corresponde al animal humano por el hecho de ser humano. Por eso la ciudad es una comunidad perfecta, porque es la que puede proporcionar el conjunto de condiciones que requiere la afirmación de lo humano.

No obstante, la ciudad de la que habla Aristóteles es una ciudad restringida al grupo de población que, por su naturaleza, es apto para la vida virtuosa. Ser ciudadano es un privilegio de los que de forma natural están dotados para la virtud. Para que esta virtud pueda ser cultivada se requiere tiempo libre, de manera que deben ser otros los que trabajen la materia.
El bien vivir es el vivir acorde con las exigencias de lo específicamente humano. La araña necesita poder tejer su tela. El lobo debe ser cazador y ello requiere que sus instintos predatorios se puedan poner en juego en el entorno adecuado para que no declinen. El animal humano necesita igualmente un entorno que lo confirme como humano. EL lenguaje y el sentido de lo bueno y de lo justo es lo que le hacen animal político. Pues bien, la política es una actividad ordenada al cumplimiento de ese fin interno de la naturaleza humana, la eudaimonía. Pero este fin requiere de ciertas tendencias adquiridas y cultivadas conscientemente, ciertos hábitos, disposiciones, modos de vida (ethos) virtuosos. El cultivo de las virtudes reclama un lugar específicamente humano y una actividad igualmente humana. El primero es la ciudad, la segunda es la educación, que debe estar dirigida al mejoramiento, a la excelencia del ciudadano: una vida plena.

Este bien vivir es el fin del que no puede prescindir la ciudad y lo que la constituye como tal, no la simple ayuda mutua o participación en el progreso económico. Sin una idea substantiva de bien comúnmente compartida no hay ciudad.
El fin de la ciudad ya se ha dicho cual es. Lo que interesa ahora es subrayar la importancia de este concepto en la filosofía aristotélica. Partiendo de la observación de los animales, de su estructura y de sus funciones Aristóteles construye un pensamiento teleológico, basado en la idea de que todo en el cosmos tiene una función propia. La esencia de las cosas, según esto, es su actividad propia. Este conjunto de principios formales (forma) es lo que constituye su naturaleza. Por eso dice que conocemos la naturaleza de las cosas observando su comportamiento regular y estable. Esto le conduce a rechazar las interpretaciones mecanicistas de los atomistas, que pensaban que el azar es la esencia del universo. Según Aristóteles la tesis atomista es ininteligible y contra intuitiva, pues no hay más que mirar nuestro entorno para pensar con sentido que la estabilidad de las cosas sólo se explica si suponemos alguna realidad estabilizadora y fija ella misma, capaz de sujetar dentro de un orden la tendencia de la materia al caos. Esto ya lo vio Platón al proponer su concepto de Demiurgo, como inteligencia rectora del universo, que inserta el orden en la materia caótica.

El hombre tiene, además de una vida material, estrictamente biológica, regulada por el alma vegetativa, otra esfera vital, la de la vida política cuyo fin propio es la vida bella y buena.

4.-

Si comparamos el pensamiento político de Aristóteles con el de Platón, parecerá que el de este último defiende una sociedad más cerrada y totalitaria. Pero si lo analizamos con detenimiento veremos que no son tan distintos. En ambos el concepto de naturaleza es central y la selección social que depende de él tiene su consecuencia en una concepción política elitista, dado que no todos tiene la naturaleza (conjunto de condiciones no elegidas, innatas) apta para la vida política y la virtud. Ambos autores reflejan la sociedad de su época, particularmente en el papel reservado a las mujeres y a los esclavos.

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