Notas acerca de nuestra relación con “los objetos” ¿Los objetos son cosas que nos pertenecen y que conocemos?






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fecha de publicación27.10.2015
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Notas acerca de nuestra relación con “los objetos” ¿Los objetos son cosas que nos pertenecen y que conocemos?

Ricardo de Sárraga
Cada vez que nos aproximamos a tomar, utilizar comprometernos, relacionarnos con múltiples objetos de nuestra vida cotidiana, podría decirse que se movilizan una serie de mecanismos que nos sitúan a nosotros con la historia de la humanidad.
Cómo nos apropiamos de las cosas -ya sean objetos de diseño actual, útiles y mobiliarios que amenizan y facilitan el goce del ambiente humano e incluso el hábitat construido, cualquier elemento edificado en la historia del hombre- nos remite a una relación de “nosotros” con una “otredad cultural”. ¿Porqué esto puede ser así? Una respuesta preliminar puede ser porque los objetos podrían haber sido creados y utilizados para representar y/o resolver múltiples necesidades (estéticas, funcionales) de una sociedad compleja y mutifacética actual o pasada.
¿Es correcto que para aproximarme por ejemplo a una moneda antigua simplemente trace paralelismo con las monedas actuales?

Real de Enrique II

Si nuestras monedas poseen un uso corriente (por ejemplo una moneda de 2 pesos argentinos que utilizo para comprar golosinas), no necesariamente una moneda medieval tenía la misma utilización y muy probablemente no se la pueda analizar de la misma manera. Por un lado habría que conocer el contexto de producción, sus posibilidades de cambio y la significación misma de esa moneda específica. Muy rápidamente el caso del ejemplo del Real de Enrique II, refiere a estado medieval, de una Europa en formación. No sería la España actual, sino el Reino de Castilla y Aragón, fabricada posiblemente en Toledo o en Santiago de Compostela, y que habría sido utilizada en distintos reinados de la región (y que no se cambiaban con simpleza entre diferentes regiones). En estas se representan tanto la realeza, sus castillos y otros símbolos del momento tales como leones y escudos y otros motivos iconográficos (cruces, coronas, joyas, crismones). Junto con sus condiciones de producción debiéramos recordar que en ese tiempo dichos objetos, pequeños y transportables, eran cambiados por altas cantidades de mercadería (a diferencia de lo que sucede con la moneda contemporánea, relacionada con el cambio más sencillo). Por otro lado, en la actualidad la moneda medieval tendría un valor patrimonial agregado elevadísimo por su alta carga histórica.
En síntesis, no debiera analizar a la moneda medieval de la misma manera que estudiaríamos una moneda actual. Sino que yo debiera pretender participar del contexto de significados del Reino de la manera más cercana y fidedigna posible antes de considerarla por su valor actual (ya no simple valor de cambio urgente, sino patrimonial, cultural, etc.). Qué es esta moneda para mí debiera tener en cuenta con mucha proximidad qué era o es esta moneda para otros (actuales o pasados). Aunque me sea imposible realizar físicamente una inmersión total en el mundo medieval del Reino de Castilla y Aragón, muchos españoles actuales podrían ofenderse si no hiciéramos siquiera el intento, dado que ellos traerían a colación muchos significados por ejemplo de la realeza, que a nosotros, argentinos desacostrumbrados a esas lides, desde una mirada simple tal vez se nos escaparían. Por lo tanto si bien no podríamos convertirnos en habitantes del Reino en el medioevo, debiéramos interactuar sin demasiados ruidos comunicativos con los significados del pasado de la península ibérica para comprender mejor la moneda en su contexto y valorarla en la actualidad.
Vuelvo a plantear la pregunta de más arriba. ¿Es correcto que para aproximarme a elementos desconocidos (o incluso relativamente conocidos) establezca semejanzas desde mi conocimiento particular, actual, a un objeto (por ejemplo histórico, contextuado) que acabo de visualizar? ¿Es correcto que ubique a un objeto nuevo en una especie de clasificación dentro de “lo conocido”? ¿Es acaso valorable o positivo que yo clasifique a priori en base a representaciones provisorias, tal vez incluso descontextualizadas, y que coloque objetos en los estantes de lo conocido o lo que me resulte cómodo? ¿Existe la otredad cultural? ¿Y si existe cómo me relaciono con ella? ¿De qué manera la historia como ciencia construyó la relación con la otredad cultural (sea actual o pasada)? ¿De qué manera, con qué instrumentos podríamos relacionarnos con las cosas que no conocemos? ¿Es posible (y razonable) mantenernos ajenos, distantes y neutros para averiguar el origen, la utilidad, la significación, el valor de las cosas que no conocemos? ¿Es posible estudiar el contexto de manera simple y objetiva?
2 Acerca de la historia del conocimiento

Para poder analizar un objeto (tanto un objeto de estudio, una cultura, un grupo social, etc.) debemos reconocer que tendremos relaciones con el mismo.

Nuestra relación con objetos, cosas, personas, acontecimientos, se dan a través de contextos y situaciones determinadas concretamente. Siempre que se estudia un objeto existe una pauta, un modo de relación, una forma de acercamiento y consideración.

Dado que existe en la historia de la humanidad diferentes maneras de acercamiento a los otros y por ende a los objetos de los otros. Esto se explicita dado que la ciencia social no ha contado con los mismos paradigmas, herramientas, modos de análisis. Sino todo lo contrario. A lo largo del tiempo los modos de consideración hacia la otredad cultural y la producción de sus objetos han ido variando. Por lo tanto ha ido cambiando la forma de acercarse a los otros, la manera de representar al otro y a los objetos de otros.
Se distinguen tres momentos constitutivos en la historia de la antropología y de la ciencia social en general. En los inicios de la ciencia social, hacia fines del SXIX, la ciencia social se consolidó con la teoría del evolucionismo y los paradigmas positivistas, provenientes de equiparar la ciencia social con las llamadas ciencias exactas (biología, física, astronomía). La época “entre guerras” se caracterizó por la explicación de una “diversidad cultural”. Luego de la segunda guerra, aunque las teorías anteriores (de la diversidad) siguen siendo predominantes, aparece las antropologías “no occidentales” relativas a la desigualdad.
Antropología =) explica la otredad cultural a partir de construcciones que son, en verdad, representaciones del otro. Construcciones que han variado con los distintos momentos históricos.

EJ: a) el evolucionismo explicó al otro (construyó al otro) a partir de la diferencia cultural.

b) Las teorías posteriores explicaron al otro a partir de la particularidad, las características diferenciales, explicando la “diversidad cultural”. c) Cuando las ideas de dominación hacia el otro se colocaron en evidencia, se habló de desigualdad: el otro como producto de la desigualdad cultural.


Contexto

fin del XIX

(1)

entre guerras

(2)

después de la 2da. Guerra.

(3)

Objeto

diferencia cultural

diversidad cultural

desigualdad cultural

Explicación (teorías)

evolucionismo

funcionalismo

estructuralismo

neomarxismo

Método

comparativo

relativismo (inductivo)

comparativismo/relativismo (formalización/ deducción)

Técnicas

inventarios/ encuestas

observación participante

extrañamiento interpretación



El etnocentrismo

2.1 etapas y referentes

a) La construcción del otro por la diferencia: El evolucionismo

Desde el Evolucionismo se plantearon una serie de interrogantes relativos a la especie humana. Dado que en épocas precedentes la ciencia tenía otros intereses, relacionados con la física, la biología, matemáticas, astronomía. A partir de fines del siglo XIX y a partir de la pretensión de conocimiento de los pueblos primitivos (y la comparación con las cultura central europea), comenzó a posarse la mirada científica sobre el ser humano, planteándose (dentro de otros intereses) ¿son diferentes los seres humanos? ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es su origen?

La pregunta sobre qué es el hombre obedece a inquietudes ontológicas, y se relaciona con su origen. Ello intentó ser respondido en base a la noción predominante en la época: evolución. La ciencia hasta el momento no había sino pretendido formular leyes generales a través de las ciencias exactas y naturales; no hubieron desarrollos siquiera similares a lo que hoy conocemos como ciencia social. Y en los albores del desarrollo industrial y urbano, frente a numerosos cambios políticos y sociales (nacimiento del capitalismo y del socialismo), la ciencia social tuvo fuerte prestigio por su asimilación con las ciencias naturales.

“Darwin fue quien mejor expresó este concepto: los organismos vivos van diferenciándose mediante un proceso universal de cambio (evolución), el cual favorece a aquellos organismos mejor adaptados para sobrevivir (selección natural). Este proceso universal de cambio que se daba en la naturaleza condujo a la aparición del hombre a partir de la diferenciación de sus “pares”, sus “primos”, los grandes monos. Los antropólogos evolucionistas aceptaron estas ideas relativas al origen del hombre, reconociendo en él “una especie”, producto de las transformaciones operadas en el seno de la Naturaleza. Sostuvieron, también, que el físico del hombre había evolucionado por variación genética y selección natural hasta alcanzar su forma anatómica actual. En este sentido, tanto la cuestión del origen como los aspectos biológicos daban cuenta de la uniformidad y la unidad de la especie humana”.

Existe tanto para Taylor como para Morgan, una unidad biológica de la especie humana. El hombre es un animal, una criatura perteneciente a la naturaleza. Pero trascendiendo la naturaleza a través de la generación de la cultura. Mientras que todas las especies están sumergidas en el mundo natural, el hombre es un ser cultural (y espiritual).

Existe la unidad de la especie humana, dado que todos los hombres se presentan iguales frente a la naturaleza; y sometidos a condiciones similares los hombres responden de manera similar. Pero también se aceptan diferencias, dado que se constata (según los evolucionistas) empíricamente un proceso de cambio, de grados superiores e inferiores de desarrollo cultural. Supuestamente hay un tronco común de la especie humana; los salvajes están más cerca del tronco inicial, del grado cero y del origen, en una instancia inferior. Con niveles de cultura donde el progreso es supuestamente menor, tienen menos productos, menos objetos y menos especializados.

Los objetos están en las culturas consideradas primitivas desde la mirada evolucionista más ligados a la subsistencia, a necesidades muy básicas. Incluso se considera a sus instituciones menos complejas y poco diferenciadas.

Taylor aporta una primera definición científica de cultura:

Un todo complejo que comprende conocimientos, creencias, artes, moral, derecho, costumbres y cualquier otra capacidad y hábito adquiridos por el hombre en tanto miembro de una sociedad (Taylor: 1975:29).
b) La construcción del otro por la diversidad: El Funcionalismo de Malinowsky y el estructuralismo de Lévi Strauss

En el evolucionismo se discute la importancia de la ciencia social y su relación con las ciencias establecidas (Cs. Naturales, abogacía, filosofía), desde esta etapa se empieza a discutir al interior de las ciencias sociales y de la antropología en particular. Fundamentalmente se discute con el evolucionismo
Malinowsky desarrolla el trabajo de campo in situ, la necesidad de desplazarnos y viajar para realizar una inserción física en el mundo ajeno (desde el “nosotros” a “el otro”). Propone demostrar que la unidad de la naturaleza humana y la universalidad de las necesidades de la especie humana fundan la posibilidad de establecer leyes generales.

Concepto de cultura (para M) en tanto creación de un ambiente artificial (secundario) por medio del cual todos los hombres satisfacen sus necesidades.

El ser humano es un ser más de la naturaleza, con necesidades de nutrición, reproducción, defensa y protección. Pero el hombre, a diferencia de los animales, satisface indirectamente sus necesidades a través de la creación de un ambiente artificial secundario: la cultura. Los antepasados “infrahumanos” ejemplifican la condición precultural del hombre. Están las transiciones:

  1. Comportamiento precultural o animal supone ejecuciones individuales (hábitos)

  2. Comportamiento cultural supone organización estable y permanente de actividades (costumbres)

    1. La diferenciación termina siendo definida al nivel de los objetos, al separar entre instrumentos “improvisados” y cuerpos de “artefactos manufacturados” según la tradición.

Para (M) el hombre de la naturaleza no existe, sino con la satisfacción cultural de sus necesidades. La cultura es una realidad instrumental.

Cultura: (M) “Conjunto integral constituido por utensilios y bienes, por el cuerpo de normas que rigen los diferentes grupos sociales, por las ideas, creencias y las costumbres. Se trata de un aparato en parte material, en parte humano, y en parte espiritual, por medio del cual el hombre supera los concretos y específicos problemas de la vida”.
Lévi Strauss:

(LS) “La cultura sustituye y transforma a la naturaleza, para realizar una síntesis de un nuevo orden”

en la prohibición puede encontrarse el modo en que se cumple el paso de la naturaleza a la cultura.

“La regla es un producto de la reflexión cultural sobre un fenómeno natural”

3 Del extrañamiento como actitud

4 La perspectiva del actor

Yo” me identifico a mí mismo con un colectivo “nosotros” que entonces se contrasta con algún “otro”. Lo que nosotros somos, o lo que el “otro” es, dependerá del contexto (...) En cualquier caso “nosotros” atribuimos cualidades a los “otros”, de acuerdo con su relación para con nosotros mismos. Si el “otro” aparece como algo muy remoto, se le considera benigno y se lo dota con los atributos del “Paraíso”. En el extremo opuesto, el “otro” puede ser algo tan a mano y tan relacionado conmigo mismo, como mi señor, o mi igual, o mi subordinado (...) Pero a mitad de camino entre el “otro” celestialmente remoto y el “otro” próximo y predecible, hay una tercera categoría que despierta un tipo de emoción totalmente distinta. Se trata del “otro” que estando próximo es incierto. Todo aquello que está en mi entorno

inmediato y fuera de mi control se convierte inmediatamente en un germen de temor (Leach: 1967: 50-51).
Bibliografía

Aréjula, Carlos. 2008. “Monedas castellano –leonesas” recuperado el 28/2/2013, en http://endrina.wordpress.com/category/monedas/

Boivín, M, et. al. 1998. “Constructores de la otredad” Eudeba: Buenos Aires.

Gúber, R. 1990. “El salvaje metropolitano”. Legasa: Buenos Aires.

Leach, E., 1967. Un mundo en explosión. Barcelona, Editorial Anagrama.

TYLOR, E. (1871), “La ciencia de la cultura”, en Kahn, J. El concepto de cultura, conceptos fundamentales, Barcelona, Anagrama, 1975.

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