Centro de Estudios e Investigación Medicina y Arte Deleuze Rosario




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1989 Centro de Estudios e Investigación Medicina y Arte Deleuze Rosario Red www.medicinayarte.com

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Stella Maris Angel Villegas

 

Gilles Deleuze – Félix Guattari

Rizoma

Hemos escrito el Antiedipo entre dos. Como sea que cada uno de nosotros era varios, eso redundaba ya en mucha gente. Aquí nos hemos valido de todo cuanto podía acercarnos, lo más próximo y lo más lejano. Hemos distribuido hábiles seudónimos a fin de hacer el trabajo irreconocible. ¿Por qué hemos conservado nuestros nombres? Por costumbre, sólo por costumbre. Para volvernos irreconocibles a nuestra vez. No para volvernos imperceptibles nosotros mismos, sino aquello que nos hace actuar, sentir o pensar. Y, luego, porque es muy grato hablar como todo el mundo; decir ha salido el sol, cuando la generalidad de las personas sabe que es un modo de hablar. No llegar al extremo en que ya no se dice yo, sino al extremo en el que decir yo no tiene ya importancia alguna. Ya no somos nosotros mismos. Cada quien conocerá a los suyos. Hemos sido ayudados, absorbidos, multiplicados.

Ya casi no hablamos de psicoanálisis; sin embargo, aun hablamos, inclusive, demasiado. Nada más de eso. Nos fastidiaba; sin embargo, éramos incapaces de cortar por lo sano Los psicoanalistas y principalmente los psicoanalizados nos hastían demasiado. Era preciso que, por cuenta nuestra, precipitáramos esta materia que nos frenabasin forjarnos ilusiones acerca del alcance objetivo de tal operación—- era necesario que le comunicásemos una velocidad artificial capaz de llevarla hasta la ruptura o hasta nuestro desmoronamiento. Se acabó; no hablaremos mas del psicoanálisis después de este libro. A nadie hará sufrir ya, a ellos ni a nosotros. Es curioso como las objeciones que a uno le hacen son retardalrices. Cuando usted intenta nadar en un arroyo, a sus pies les ponen grilletes: ¿ha pensado en eso?, ¿qué hace con aquello?, ¿es usted muy coherente? ¿acaso no ve la contradicción? También dulzura, de no responder nunca. Solamente hay algo todavía peor que las objeciones y refutaciones de las objeciones, esto es. la reflexión, el retorno a. . . Por ejemplo, en un libro, el regreso a otro anterior: y, ¿qué hay de eso?, ¿ha comprendido bien a Freud?, y ¿su último libro, ha cambiado usted? Analizar la situación ¡qué horror! Un libro no tiene objeto ni sujeto, está elaborado de materias distintamente formadas, de fechas y velocidades muy diferentes. A partir del momento en que un libro es atribuido a un sujeto, se descuida este trabajo de las materias y de la exterioridad de sus relaciones. Se fabrica un Dios bueno para los movimientos .geológicos. En un libro, a igual que en todas las cosas, hay líneas de articulación o de segmentariedad, planos, territorialidades; pero, también, lineas de fuga, movimientos de desterritorialización y de destratificación. Las velocidades comparadas de circulación de flujo, según estas líneas, llevan en sí fenómenos de retraso relativo, de viscosidad o, por el contrario, de precipitación y ruptura (ciertamente el psicoanálisis ha sido nuestra traba; era necesario cortar). Todo esto, líneas, velocidades medibles, constituye una composición maquínica. Un libro es una tal composición y, como tal, es inatribuible. Es una multiplicidad aunque todavía no se sabe lo que el múltiple implica cuando él deja de ser atribuido, o sea, cuando es elevado al estado de substantivo. Una composición maquínica es dirigida hacia los planos, los cuales forman, indudablemente, una especie de organismo, o bien, una totalidad significante, o bien una determinación atribuible a un sujeto, pero no menos hacia un cuerpo sin órganos que no cesa de deshacer el organismo, de hacer pasar y circular partículas asignificantes, intensidades puras; y de atribuirse los sujetos a los cuales no deja más que un nombre, como traza de una intensidad. ¿Cuál es el cuerpo sinórganos de un libro? Hay varios: según la naturaleza de las líneas consideradas; según su contenido o su densidad propia; según su posibilidad de convergencia en un "plano de consistencia" que asegure en la selección. Por aquí,como por allá, las unidades de medida constituyen lo esencial: cuantificar la escritura. No hay diferencia entre aquello de lo cual un libro habla y del modo como está elaborado. Un libro no tiene, pues, no más objeto. En calidad de composición, él mismo está en conexión con otros cuerpos sin órganos. No se deberá preguntar nunca lo que un libro quiere decir, significado o significante; tampoco deberá tratarse de comprender nada en un libro. Únicamente vale preguntar con qué funciona; en conexión de qué hace pasar o no intensidades; en cuáles multiplicidades introduce y metamorfosea la suya; con qué cuerpos sin órganos hace converger el suyo. Un libro no existe más que por lo exterior y en el exterior. Así pues, siendo un libro por sí mismo una pequeña máquina, cabe preguntar: ¿en qué relación, a su vez mensurable, se encuentra esta máquina literaria con una máquina de guerra, una máquina de amor, una máquina revolucionaria, etc., —y con una máquina abstracta que las arrastre? Se nos ha reprochado invocar con demasiada frecuencia a los literatos. Objeción idiota, ya que, cuando se escribe, sólo hay una cuestión la cual consiste en saber a qué otra máquina puede y debe estar conectada la máquina literaria, para que le sea dable funcionar. Kleist, y una loca máquina de guerra; Kafka, y una inaudita máquina burocrática. .. (Y, suponiendo que uno se tornara animal o vegetal por literatura, lo cual de ninguna manera quiere decir literariamente, ¿no sería primero por la voz que uno se convierte en animal?) La literatura es una composición, nada tiene que ver con la ideología; no hay ni jamás hubo ideología.

Nosotros no hablamos de algo distinto: las multiplicidades, las líneas, planos, segmentariedades, líneas de fuga e intensidades, las disposiciones maquinicas y sus
diferentes tipos, los cuerpos sin órganos y su construcción, su selección, el plano de consistencia, las unidades de medida en. cada uno de los casos. Los estratómetros, los
deleómetros, las unidades CsO de densidad, las unidades CsO de convergencia no sólo forman una cuantificación de la escritura, sino que la definen como en tanto que son siempre la mesura de algo distinto. Escribir no tiene nada que ver con significar, sino con medir, cartografiar, inclusive las comarcas venideras.

Un primer tiempo de libro es el libro-raíz. El árbol es ya.la imagen del mundo; también, la raíz es la imagen del árbol-mundo. Es el libro clásico, como bella interioridad orgánica, significante y subjetiva (los planos del libro).
El libro imita al mundo, como el arte, a la naturaleza: por procedimientos que le son propios, y que conducen a buen término lo que la naturaleza no puede o no puede hacer ya.

La ley del libro es aquella de la reflexión; el Uno que se torna dos. ¿Cómo la ley del libro podría estar en la naturaleza, dado que preside la propia división entre mundo
y libro: naturaleza y arte? Uno se convierte en dos: siempre que nos encontramos de nuevo con esta fórmula —así fuera estratégicamente anunciada por Mao, y asi
fuese comprendida "dialécticamente" al máximum—, nos hallamos ante el más clásico y más reflexionado pensamiento, el más viejo y fatigado. La naturaleza no se conduce así: las propias raices son en ella pivotantes, con una ramificación más numerosa lateral y circular, no dicotómica. El espíritu retarda sobre la naturaleza. Hasta el libro, como realidad natural, es pivotante, con su eje, y las hojas a su derredor. Pero, el libro, como realidad espiritual, el Árbol o la Raíz, en tanto que imagen, no deja de desarrollar la ley del Uno que se convierte en dos, luego, dos que se convierte en cuatro. . . La lógica binaria es la realidad espiritual del árbol-raiz. Hasta una disciplina tan "avanzada" como la lingüistica conserva este árbol-raiz en calidad de imagen de base, que la vincula a la reflexión clásica (así Chomsky y el árbol syntagmático da comienzo en un punto S, para proceder por dicotomía).
Eso es tanto como decir que este pensamiento jamás ha comprendido la multiplicidad: requiere de una fuerte unidad primordial supuesta para llegar a dos mediante un método espiritual. Y del lado del objeto, según el método natural, es indudable que se puede pasar directamente del Uno al tres, cuatro o cinco, si bien a condición siempre de disponer de una fuerte unidad primordial, esto es, la del
pivote que soporta las raíces secundarias. Esto casi no mejora. Las relaciones biunívocas entre círculos sucesivos tan sólo han podido remplazar la lógica binaria de la dicotomía. La multiplicidad no es mejor comprendida por la raíz pivotante que por la dicotómica. Una opera en el objeto, en tanto que la otra lo hace en el sujeto. La lógica binaria y las relaciones biunivocas dominan aún el psicoanálisis (el árbol del delirio en la interpretación freudiana de Schreber), la lingüística y el estructuralismo, y hasta la informática.

El sistema raicilla, o raíz fasciculada, es la segunda figura del libro, de la cual nuestra modernidad se vale gustosamente. En esta ocasión, la raíz primordial ha abortado, o bien se destruye hacia su extremidad; sobre ella se va injertando una multiplicidad inmediata y cualquiera de las raíces secundarias que experimentan un gran desarrollo. Esta vez, la realidad natural aparece en el aborto de la principal raíz, pero su unidad no subsiste nada menos como pasado o venidero, como posible. Y cabe preguntarse si la realidad espiritual y pensada no compensa este estado manifestando, a su vez, la exigencia de una unidad secreta aún más comprensiva, o de una totalidad más extensa. Sea el procedimiento de cut-up, de Burroughs: el plegado de un texto sobre otro, constitutivo de raices múltiples e, inclusive, adventicias (diríamos un esqueje), implica una dimensión suplementaria a la de los textos considerados. En esta dimensión suplementaria del plegado es en donde la unidad prosigue su trabajo espiritual. En este sentido, la obra más resueltamente parcelaria puede ser también presentada como la Obra total o el Gran Opus. Los métodos modernos, en su mayoría, valen perfectamente para hacer proliferar las series o para favorecer el crecimiento de una multiplicidad en una dirección, por ejemplo lineal, en tanto que una unidad de
totalización se afirma tanto más en otra dimensión, la de un círculo o de un ciclo. Cada vez que una multiplicidad se encuentra apresada en una estructura, su crecimiento está compensado por una reducción de las leyes de combinación. Los abortadores de la unidad son aquí manifiestamente hacedores da ángeles, doctores angelici, ya que afirman una unidad propiamente angélica y superior. Las
palabras de Joyce, justamente llamadas "de raíces múltiples", no rompen de hecho la unidad lineal de la palabra y hasta de la lengua, más que estableciendo una unidad
cíclica de la frase, del texto o del saber. Los aforismos de Nietzsche sólo rompen la unidad lineal del saber remitiendo a la unidad cíclica del eterno retorno, presente como un no-sabido en el pensamiento, lo cual viene a significar que el sistema fasciculado no rompe verdaderamente con el dualismo, con la complementariedad de un sujeto y de un objeto, de una realidad natural y de una realidad espiritual: la unidad nunca deja de ser contrariada e impedida en el objeto, mientras que un nuevo tipo de unidad triunfa en el sujeto. El mundo ha perdido su pivote, el sujeto ya no puede dicotomizar, siquiera; pero, accede a una unidad más alta, de ambivalencia o de sobredeterminación, en una dimensión siempre suplementaria de la de su objeto. El mundo se ha convertido en un caos; pero el libro permanece como imagen del mundo, caosmos-raicilla en lugar de cosmos raíz. Rara mistificación, ésta del libro, tanto más total cuanto más fragmentada. El libro como a imagen del mundo; de todos modos, ¡qué idea tan insulsa!
Verdaderamente no basta prorrumpir en ¡Viva lo múltiple!, aun cuando esta exclamación sea difícil de lanzar. Ninguna habilidad tipográfica, lexical o inclusive sintáctica será capaz de hacerlo entender. Lo múltiple hay que hacerlo, no precisamente añadiendo siempre una dimensión superior, antes bien, por el contrario, lo más sencillamente posible, a fuerza de sobriedad, al nivel de las dimensiones de que se dispone, siemprpe n-1 (sólo así es como el uno forma parte de lo múltiple, estando siempre substraído). Substraer lo único de la multiplicidad a constituir;
escribir a n-1.

 

A este sistema se le podría llamar rizoma. Un rizoma como tronco subterráneo se distingue totalmente de las raices y raicillas. Los bulbos, los tubérculos son rizomas.
Las plantas de raíz o raicillas pueden ser rizomorfas por cualquier otro concepto: la cuestión de saber si la botánica, en su especificidad, no es por entero rizomórfica. Incluso hay animales que lo son por lo que respecta a su forma de manada; las ratas son rizomas. Las madrigueras lo son en cuanto a todas sus funciones de habitat, de previsión, de desplazamiento, de evasión y de ruptura. El rizoma en sí posee muy diversas formas, desde su extensión superficial ramificada en todos los sentidos, hasta sus concreciones en bulbos y tubérculos. Cuando las ratas se deslizan unas bajo las otras. En el rizoma se encuentra lo mejor y lo peor: la patata y el grama, la mala hierba. Animal y planta, la grama, es la digitaria. Estamos persuadidos que
a nadie podríamos convencer si dejáramos de enumerar algunos caracteres aproximados del rizoma. 1º y 2º — Principios de conexión y heterogeneidad: cualquier punto de un rizoma puede ser conectado con otro cualquiera, y debe
serlo. No es igual con respecto al árbol o a la raíz que fijan un punto, un orden. El árbol lingüístico al modo de Chomsky aún comienza en un punto S y procede por dicotomía. En un rizoma, a la inversa, cada rasgo no remite necesariamente a un rasgo lingüístico: eslabones semióticos de todas naturalezas están ahí conectados a modos de codificación muy distintos, eslabones biológicos, políticos, económicos,
etc., poniendo en juego no sólo regímenes de signos diferentes, sino también, estatutos de estados de cosas. Las disposiciones colectivas de enunciación funcionan, en efecto, directamente en las disposiciones maquínicas, y no es posible establecer una ruptura radical entre los regímenes de signos y sus objetos. En la lingüística, aun cuando se pretende ceñirse a lo explícito y nada suponer de la lengua, se permanece en el interior de las esferas de un discurso que implica todavía modos de disposición y tipos de poder social particulares. La gramaticalidad de Chomsky, el símbolo categorial S que domina todas las frases, es primero un marcador de poder antes que un marcador sintáctico: Formarás frases gramaticalmente correctas; dividirás cada
enunciado en sintagma nominal y .sintagma verbal (primera dicotomía. . .). No habrá reproche para tales modelos lingüísticos de ser excesivamente abstractos, antes bien, a la inversa, de no serlo bastante, de no alcanzar a la máquina abstracta que efectúa la conexión de una lengua con contenidos semánticos y pragmáticos de los enunciados, con las disposiciones colectivas de enunciación, con toda una micropolítica del campo social. Un rizoma no dejaría de conectar eslabones semióticos, organizaciones de poder, coyunturas remitiendo a las artes, a las ciencias, a las luchas sociales. Un eslabón semiótico es como un tubérculo que aglomera muy diversos actos, lingüísticos, pero igualmente perceptivos, mímicos, gestuales, cogitativos: no existe
lengua en sí; tampoco, universalidad del lenguaje. Concurren diversos dialectos, patúa y argot, en abundancia, lenguas especiales. No existe el locutor-auditor ideal,
así como no se cuenta con una comunidad lingüística homogénea. De acuerdo con una fórmula de Weinreich, "la lengua es una realidad esencialmente heterogénea". a) No hay una lengua-madre, sino toma del poder de una lengua dominante en una multiplicidad política. La lengua logra su estabilidad en torno a una parroquia, un obispado, una capital. Hace bulbo. Evoluciona por troncos y flujos subterráneos, a lo largo de valles fluviales, o líneas de ferrocarril, se desplaza por medio de manchas de aceite. (2) En la lengua siempre se pueden realizar descomposiciones estructurales internas: esto no es esencialmente distinto de una investigación de raíces. Siempre hay algo de cariz genealógico en el árbol, no se trata de un método popular.
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