Orígenes y evolución de la sexualidad, el género y las relaciones




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HACIA UNA SEXUALIDAD IGUALITARIA
Orígenes y evolución de la sexualidad, el género y las relaciones

Julián Fernández de Quero

SEXUALIDAD Y MASCULINIDAD : RIESGOS, MITOS Y PROPUESTAS


INTRODUCCION
Para adentrarnos en las complejas relaciones entre sexualidad y masculinidad, hemos de partir de una definición de sexualidad que nos permita aclarar varios conceptos y fenómenos diferentes pero todavía confundidos en el discurso popular. Para ello, vamos a usar la definición que propone José Antonio Marina en su libro “El Rompecabezas de la sexualidad” y que dice así: “La sexualidad humana es una construcción simbólica inventada por la inteligencia creadora a partir de un hecho biológico, el sexo”. Tenemos, pues, dos conceptos diferentes -sexualidad y sexo- que nombran dos fenómenos distintos. Sin embargo, no sólo en la cultura popular, sino también en los medios de comunicación, en el cine y en la televisión, se sigue utilizando estos dos conceptos como si fueran sinónimos y nombraran al mismo y único fenómeno.
EL SEXO: Forma parte de nuestra herencia animal. La especie humana pertenece a la gran familia de los mamíferos que, junto a otras muchas especies animales y vegetales, se reproduce por el método del llamado dimorfismo sexual que implica la división evolutiva de la especie en dos grupos: Los machos y las hembras, con órganos anatómicos y fisiológicos reproductivos diferentes y complementarios. Cuando en las hembras se desencadena el período del celo, tanto ellas como los machos inician un ritualizado proceso reproductor llamado cortejo animal que transcurre a lo largo de cuatro fases bien definidas:


  1. Primera fase: De llamada y aproximación

  2. Segunda fase: De inhibición de la agresividad o miedo del/la otro/a

  3. Tercera fase: De contacto mutuo, espermiogénesis y lordosis

  4. Cuarta fase: De cópula y separación


Para lograr que el macho y la hembras puedan llevar a cabo este proceso reproductor, la evolución les ha dotado de un elemento fundamental: El sexo. Cuando la hembra entra en celo, transformaciones anatómicas y fisiológicas la vuelven sexualmente atractiva para el macho que, desplegando el comportamiento instintivo de “estímulo-respuesta”, seguirá todos las pautas reflejas determinadas en su código genético para llevar a cabo el cortejo animal hasta conseguir el objetivo final: La cópula reproductora. Nada le detendrá ni le hará desviarse de su camino, ni tan siquiera el riesgo de morir en el intento. El orgasmo que acompaña a la eyaculación será el placer que reforzará sus conductas como positivas y exitosas para el cumplimiento del instinto de supervivencia de la especie.

Vemos, pues, que en los animales, los diferentes modos de reproducirse se desarrollan de forma refleja, mediante mecanismos instintivos regidos por diversas hor­monas y enzimas. Son procesos rígidos de estímulo-respuesta que inducen a los individuos a actuar por impulsos incontrolados y ajenos a su voluntad que puede, a veces, ponerles en situación de riesgo físico, incluso mortal (caso de los zánganos, del mantis religioso, etc.). Esto demuestra que el instinto de reproducción es mucho más fuerte que el propio instinto de supervivencia individual. Esto es debido a las intensas sensaciones de placer que produce todo el proceso reproductor de elevado grado adictivo y pulsional. Los indivi­duos dejan de comer y dormir con tal de satisfacer su pulsión copulatoria y estarían copulando hasta la extenuación sino fuera porque la propia biología ha establecido mecanismos de freno que limitan su pulsión.

Por lo dicho, podemos comprender que el sexo animal, como cualquier otro órgano biológico, tiene las siguientes características:

1.-Es innato, es decir, ha surgido como consecuencia de la presión de los ecosistemas en los individuos, que generó la necesidad de una mayor diferenciación genética para garantizar la supervivencia de las especies, mediante la evolución de los métodos de reproducción asexuados, más simples e ineficaces, por la reproducción mediante el dimorfismo sexual, mucho más complejo pero más eficaz.

2.-Es universal, todos los individuos de todas las especies animales que se reproducen por el método del Dimorfismo sexual, incluyendo a los humanos, ejecutan los mismos procesos copulatorios necesarios para la reproducción, salvo algunas variaciones específicas producidas por características propias de cada especie (por ejemplo, casi todos los machos animales montan a las hembras por detrás para realizar la cópula, menos los machos humanos que lo hacen por delante). Hinde (1975) establece la noción de "Mecanismos Innatos de Desencadenamiento (MID), para denominar aquellas conduc­tas cuya estereotipia biológica responde a reacciones innatas y, por ello, de carácter casi universal en todas las especies. Ford y Beach establecen un etograma provisional sobre el análisis de 191 sociedades humanas y numerosas especies mamíferas y primates, que es suficientemente elocuente en cuanto a la estabilidad de las conductas estereotípicas de base, aún cuando observan un gran número de variaciones en la organización "escénica” (las conductas de las dos primeras fases men­cionadas). Estos MID rigen las conductas de cópula de todas las especies mamíferas y primates, formando el conjunto de ellas la denominada "pulsión copulatoria”.

3.-Es inmodificable, como demuestra el estudio de Hinde antes mencionado, los aprendizajes pueden afectar en mayor o menor medida a las tres primeras fases del cortejo animal, pero el desarrollo de la fase última, es decir, cuando el macho monta a la hembra para introducirle el pene en la vagina, realizar movimientos pélvicos de frotamiento excitatorio y la eyaculación final, son comportamientos reflejos instintivos en todas las especies, incluyendo la especie humana.

LA SEXUALIDAD HUMANA: Durante miles de años, los humanos han practicado el sexo con las mismas características que el resto de los animales (y todavía hay muchos que lo siguen haciendo así), pero, ya desde su origen, surgieron elementos evolutivos que fueron diferenciando el comportamiento sexual humano de los demás. El principal fenómeno evolutivo a partir del cual surgió la especie humana fue el BIPEDISMO: Caminar erguido sobre las dos extremi­dades posteriores, dejando libres las anteriores. Es a partir de este trascen­dental cambio de postura que los prehomínidos se convierten en homínidos, iniciando un proceso de humanización todavía inacabado. ¿Cómo influye el bipedismo en la anatomía, fisiología y conductas sexo-reproductoras de los hombres y mujeres? De manera muy diferente. La mujer tiene grandes transformaciones que convierten su comportamiento sexo-reproductor en muy distinto del que tienen las hembras primates. Como el tema que estamos desarrollando es la relación entre sexualidad y masculinidad, mencionaremos estos cambios sin profundizar en su argumentación:

  1. La mujer tiene más deseo sexual en los días infértiles fuera del estro.

  2. La mujer recupera el deseo sexual en el postparto antes de que acabe el periodo de lactancia.

  3. La mujer adquiere una capacidad multiorgásmica que refuerza la libera­ción del estro y la separación de la sexualidad con fines de placer (función sexual),de la reproducción (función reproductora).

  4. La mujer tiene desplazado el clítoris del interior vaginal al exterior vulval, originando una separación anatómica y fisiológica neta entre función sexual y función reproductora (puede gozar sin coito y puede quedarse embarazada sin placer)

  5. La mujer suprime los reflejos instintivos de monta y lordosis y desplaza los elementos físicos de atracción sexual de los glúteos y labios genitales (que incitan al macho a la monta) a los senos y labios de la boca (que incitan al macho a la relación de frente).

  6. La mujer gana en capacidad erótica pero pierde capacidad de control de las relaciones sexuales, quedando a merced de los deseos del hombre.

El hombre sufre cambios, no por la influencia directa del bipedismo, sino indirectamente por los cambios ocurridos en la mujer: La postura erecta en el hombre no influye en mayor grado en su comportamiento sexo-reproductor. Al no desempeñar funciones reproductivas de embarazo, parto y lactancia (factores esenciales de los cambios femeninos), el hombre no siente la presión del medio para que su comportamiento se transforme. Su aparato genital sigue desempeñando las mismas funciones, tanto en la postura cuadrúpeda como en la bípeda. Sin embargo, los cambios ocurridos en la mujer sí le influyen para cambiar algunas cuestiones del suyo: La receptividad permanente de la mujer influye en su atracción perma­nente hacia ella, generando una espermiogénesis constante, algo que no ocurre en los machos mamíferos, cuya espermiogénesis es cíclica igual que en la hembra. La desaparición de los mecanismos de freno en la mujer, le dan al hombre la capacidad de copular con la mujer aunque ella no quiera, forzándola y acosándola.

Estos cambios, generan dos tipos de fenómenos específicamente huma­nos: La violación, como comportamiento generalizado de acceso sexual del hombre, y la hiperreproducción, como consecuencia inevitable de la mayor actividad copulatoria. La pulsión copulatoria dominante en el hombre y la mayor accesibilidad de la mujer por la fuerza, inducen a que los rituales del cortejo previos a la cópula se conviertan en innecesarios. Los hombres no necesitan reclamos de la mujer porque ésta es receptiva permanentemente. No necesitan inhibir su agresividad porque la someten por la fuerza. No necesitan inhibir su miedo porque la persiguen y acorralan. No necesitan acariciarla porque efectúan el coito compulsivamente y a "palo seco", con o sin su voluntad (quizás, la película que mejor refleja este comportamiento sexual del macho homínido sea la francesa “El oso cavernario” referida a los neandertales).
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