Versión de Teresa Albero, Jesús Alborés, Ana Balbás, José Antonio Olmeda, José Antonio Pérez Alvajar y Miguel Requena




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Anthony Giddens
Sociología

Tercera edición revisada

Versión de Teresa Albero, Jesús Alborés, Ana Balbás, José Antonio Olmeda, José Antonio Pérez Alvajar y Miguel Requena
Revisión técnica de Jesús Cuellar Menezo
Alianza Editorial

5. Género y sexualidad
Conceptos básicos
¿Qué es ser un hombre? ¿Qué es ser una mujer? Jan Morris, el famoso escritor de viajes, fue un hombre. Como James Morris, fue parte de la expedición británica que, dirigida por sir Edmund Hillary, alcanzó la cima del Everest. De hecho, era un hombre bastante "varonil" -fue piloto de carreras y practicaba muchos deportes- pero siempre había sentido que era una mujer en un cuerpo de hombre. De modo que se sometió a una operación de cambio de sexo y desde entonces ha vivido como una mujer.

En el libro que escribió Morris relatando su experiencia de cambio de sexo hace inteligentes observaciones acerca de los diferentes mundos en que habitan hombres y mujeres:
Nos dicen que la separación social entre los sexos se está reduciendo pero yo sólo puedo decir que, habiendo experimentado en la segunda mitad del siglo XX la vida en los dos papeles (masculino y femenino), me parece que no hay ningún aspecto de la existencia, ningún momento del día, ningún contacto, ninguna gestión, ninguna respuesta que no sea distinta para los hombres y las mujeres. El tono de voz con el que ahora se ...
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dirigían a mi, la postura de la persona que estaba junto a mí (en la cola), la sensación cuando entraba en una habitación o me sentaba a la mesa de un restaurante, constantemente subrayaban el cambio de mi estatus.

Y si cambiaron las reacciones de los otros, también lo hicieron las mías. Cuanto más me trataban como a una mujer, más mujer me hacía. Me adaptaba, quieras que no. Si se suponía que yo era incapaz de dar marcha atrás a los coches o de abrir botellas, me encontraba volviéndome extrañamente incapaz. Si se pensaba que una maleta era demasiado pesada para mí, inexplicablemente así la encontraba yo...

Me divierte pensar, por ejemplo, cuando me invita a comer alguno de mis más civilizados amigos varones, que no hace tantos años ese obsequioso camarero me hubiera tratado a mí como ahora le está tratando a él. Entonces me habría atendido con respeto y seriedad. Ahora abre mi servilleta con un ademán juguetón, como para contentarme. Entonces se hubiera ocupado de mis peticiones con un profundo interés, ahora espera que diga algo frívolo (y lo digo). (Morris, 1974.)
A la mayoría de nosotros nos cuesta concebir que una persona que era "él" pueda convertirse en "ella", porque las diferencias sexuales tienen mucha influencia en nuestras vidas. En general, ni siquiera nos damos cuenta de ellas, precisamente por ser tan omnipresentes. Desde el principio están enraizadas en nosotros.

En este capítulo estudiaremos la naturaleza del comportamiento sexual humano y analizaremos el carácter complejo de la sexualidad - los modelos sexuales - y las diferencias en este sentido. Como tantas otras cosas, la vida sexual en la sociedad contemporánea está sufriendo importantes transformaciones que influyen en nuestra vida emocional. Incidiremos en cuáles son estos cambios e intentaremos interpretar, hacia el final del capítulo, su importancia general.

Comenzaremos investigando los orígenes de la diferencia entre chicos y chicas, hombres y mujeres. Los estudiosos no han llegado a un acuerdo, acerca de hasta qué punto las características biológicas innatas tienen un impacto duradero en nuestra identidad de género y en nuestra actividad sexual. En lo que se centra en realidad el debate es en qué grado de aprendizaje existe. Ya nadie supone que nuestra sexualidad sea instintiva en la misma medida que la de muchos animales inferiores, como los recurrentes pájaros y abejas. Sin embargo, algunos autores conceden más importancia que otros a las influencias sociales a la hora de analizar el género y la

sexualidad.
Sexo, género y biología
La palabra "sexo", tal como se usa en el lenguaje cotidiano, es ambigua, pues se refiere tanto a una categoría de personas como a actos que la gente realiza, como en la expresión

"practicar el sexo". Para ser más claros debemos
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distinguir entre el sexo que se refiere a las diferencias biológicas o anatómicas entre la mujer y el hombre, y la actividad sexual. Es preciso hacer otra distinción fundamental. entre SEXO Y GÉNERO. Mientras que sexo hace relación a las diferencias físicas, género alude a las de tipo psicológico, social y cultural entre hombres y mujeres. La distinción entre sexo y género es fundamental, ya que muchas diferencias entre varones y hembras no tienen un origen biológico.
Diferencias de género: la naturaleza frente a la educación

¿Hasta qué punto las diferencias en el comportamiento de mujeres y hombres son producto del sexo más que del género? En otras palabras, ¿en qué medida se deben a diferencias biológicas? Algunos autores sostienen que existen diferencias de comportamiento innatas entre las mujeres y los hombres, que aparecen, de una u otra forma, en todas las culturas y que los hallazgos de la sociobiología apuntan claramente en esta dirección. Por ejemplo, suelen llamar la atención sobre el hecho de que en casi todas las culturas los hombres, y no las mujeres, toman parte en la caza y en la guerra. Sin duda, señalan, ¿ello demuestra que los hombres poseen tendencias de base biológica hacia la agresión de las que carecen las mujeres?

A otros autores no les convence este argumento y afirman que el grado de agresividad de los varones varía considerablemente de una cultura a otra, al igual que el nivel de pasividad y dulzura que se espera de las mujeres (Elshtain, 1987). Añaden, además, que el hecho de que un rasgo sea prácticamente universal, no implica que su origen sea biológico; pueden existir factores culturales generales que lo produzcan. Por ejemplo, en casi todas las culturas la mayoría de las mujeres pasan una parte considerable de su vida al cuidado de los hijos y no les resultaría fácil participar en la caza o en la guerra. Según este punto de vista, las diferencias en el comportamiento de hombres y mujeres se desarrollan principalmente mediante el aprendizaje social de las identidades femenina y, masculina, de la feminidad y de la masculinidad.
La investigación con animales
¿Qué demuestran los datos existentes? Las diferencias entre la estructura hormonal de los sexos son una posible fuente de información. Algunos autores han indicado que la hormona sexual masculina, la testosterona, está relacionada con la propensión del hombre a la violencia. Las investigaciones muestran, por ejemplo, que si se castra a los monos machos cuando nacen, éstos son menos agresivos; por el contrario, si se da testosterona a las hembras. éstas se hacen más agresivas que las hembras normales. Sin embargo, ...
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se sabe también que si a los monos se les da la oportunidad de dominar a otros aumenta su nivel de testosterona. Por lo tanto, el comportamiento agresivo puede influir en la producción de la hormona, en vez de provocar ésta una mayor agresividad.

Otra posible fuente de información es la observación directa del comportamiento animal. Los autores que vinculan la agresividad masculina con las influencias biológicas a menudo hacen hincapié en la existencia de esta característica entre los animales superiores. Afirman que, si nos fijamos en el comportamiento de los chimpancés. los machos son siempre más agresivos que las hembras. Sin embargo, existen grandes diferencias entre los diversos tipos de animales. Por ejemplo, entre los gibones se pueden percibir pocas diferencias entre los sexos por lo que se refiere a la agresividad. Además, muchos primates hembras se muestran muy agresivas en determinadas situaciones, como cuando sus crías están amenazadas.
La investigación con seres humanos
Por lo que respecta a los seres humanos, la fuente de información básica es la experiencia de los gemelos idénticos, que proceden del mismo huevo -son univitelinos- y tienen exactamente la misma composición genética. Una vez se dio el caso de que uno de los componentes de un par de estos gemelos sufrió heridas graves al ser circuncidado y se decidió reconstruir sus genitales como si fueran femeninos. Posteriormente se le educó como a una niña. A los seis años cada uno de los gemelos presentaba los típicos rasgos masculinos o femeninos habituales en la cultura occidental. A la niña le gustaba jugar con otras niñas, ayudaba en la casa y quería casarse cuando se hiciera mayor. El niño prefería la compañía de otros niños, sus juguetes favoritos eran los coches y los camiones y quería ser bombero o policía.

Durante algún tiempo se consideró que este caso demostraba de forma concluyente la arrolladora influencia del aprendizaje social en las diferencias de género. Sin embargo, cuando la niña era ya una adolescente fue entrevistada en un programa de televisión y la entrevista demostró que se sen-tía un tanto incómoda con su identidad sexual y que incluso pensaba que, después de todo, quizá fuera "realmente" un chico. Para entonces ya estaba al corriente de lo inusual de su situación y puede que esta revelación fuera responsable de esta percepción alterada de sí misma (Ryan., 1985).

Este caso no refuta la posibilidad de que haya influencias biológicas en las diferencias de comportamiento que se observan entre hombres y mujeres. Aunque, si éstas existen, su origen fisiológico no ha sido aún identificado. El asunto sigue despertando polémica pero muchos estarían de acuerdo con la conclusión del genetista Richard Lewontin:

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El hecho de que una persona se autodefina, en principio, como hombre o como mujer, con la multitud de actitudes, ideas y deseos que acompañan a esa identificación, depende de la etiqueta que se le haya adjudicado a esa persona cuando era pequeña. Si los acontecimientos siguen un curso normal, esas etiquetas se corresponden con diferencias biológica en cuanto a los cromosomas, hormonas y morfología. De esta manera, dichas diferencias se convierten en un signo y no en la causa de los diferentes roles sociales. (Lewontin, 1982.)
La socialización en el género
Aunque los datos biológicos contribuyen a nuestra comprensión del origen de las diferencias de género, también se puede seguir otro camino., que es el estudio de la socialización en el género: el aprendizaje de los roles de género mediante factores sociales como la familia y los medios de comunicación.
Reacciones de los padres y adultos
Se han realizado numerosos estudios para determinar en qué medida las diferencias de género proceden de las influencias sociales. Los estudios sobre la interacción entre la madre y el bebé muestran diferencias de trato respecto a niños y niñas aunque los padres piensen que sus reacciones son las

mismas. A los adultos que se les pide que describan la personalidad de un bebé lo hacen de diferente manera dependiendo de si creen que el bebé es un niño o una niña. En un experimento ya clásico se observó a cinco madres jóvenes interactuando con una niña de seis meses llamada Beth. Le solían sonreír continuamente y le daban muñecas para que jugara. Decían que era muy "dulce" y que tenía un "llanto suave". La reacción de un segundo grupo de madres con un niño de la misma edad llamado Adam fue notablemente diferente. Le solían ofrecer un tren u otro "juguete masculino" para que se entretuviera. Beth y Adam eran de hecho el mismo bebé, vestido de diferente manera (Will y otros, 1976).
El aprendizaje del género
Casi con seguridad el aprendizaje del género por parte de los niños es inconsciente. Antes de que el niño o niña pueda etiquetarse a sí mismo como de un género o del otro, recibe una serie de claves preverbales. Por ejemplo, los adultos varones y hembras suelen tratar a los bebés de distinto modo. Los cosméticos que usan las mujeres contienen aromas diferentes de los que los niños aprenderán a asociar con los varones. Las diferencias sistemáticas...
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en el vestir, el corte de pelo, etc., proporcionan a los niños claves visuales en su proceso de aprendizaje y alrededor de los dos años de edad ya tienen un conocimiento parcial de lo que significa el género. Saben si son niños o niñas y, en general, pueden clasificar correctamente a los demás. Sin embargo, hasta los cinco o seis años no saben que el género de una persona no cambia, que todos tienen género y que las diferencias entre el sexo de las niñas y los niños tienen una base anatómica.

Los juguetes, los libros ilustrados y los programas de televisión con los que los niños pequeños entran en contacto tienden a destacar la diferencia entre los atributos femeninos y los masculinos. Las jugueterías y los catálogos de venta de juguetes por correo clasifican normalmente sus productos en función del género. Incluso los juguetes que parecen neutrales en este sentido no lo son en la práctica. Por ejemplo, los gatitos y conejitos de juguete se recomiendan para las niñas, mientras que los leones y los tigres se consideran más apropiados para los niños.

Vanda Lucia Zammuner estudió los juguetes que preferían los niños entre siete y diez años en Italia y Holanda (Zammuner, 1987). Se analizaron las actitudes de los niños hacia distintos tipos de juguetes; se incluían los estereotipos de juguetes masculinos y femeninos, y otros que no parecían ser propios de ningún género en particular. Se pidió a los niños y a sus padres que dijesen cuáles eran los juguetes apropiados para niños y cuáles para niñas. Hubo bastante acuerdo entre los adultos y los niños. Como media, más niños italianos eligieron juguetes propios de uno de los sexos que los holandeses; un resultado que se ajustaba a las expectativas, ya que la cultura italiana suele tener una idea del género más tradicional que la holandesa. Al igual que en otros estudios, las niñas de ambas sociedades elegían con frecuencia juguetes neutrales en cuanto al género o juguetes de niños, pero pocos varones querían jugar con juguetes de niñas.
Cuentos y televisión
Hace veinticinco años, Lenore Weitzman y sus colaboradores realizaron un estudio de los roles de género en algunos de los libros infantiles más utilizados por niños de preescolar y se dieron cuenta de que existían claras diferencias en los roles de género (Weitzman y otros, 1972). En las historias e ilustraciones había más varones que mujeres, en una relación de 11 a 1, y si se incluían los animales cuyo género estaba definido, la relación era de 95 a 1. También diferían las actividades de uno y otro sexo. Los varones tenían aventuras y participaban en actividades al aire libre que exigían independencia y fortaleza. Cuando aparecían mujeres, se las representaba como seres pasivos que solían limitarse a actividades caseras. Las chicas cocinaban y limpiaban para los chicos o aguardaban su regreso.
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Prácticamente lo mismo les sucedía a los adultos de los libros de cuentos. Las mujeres que no eran esposas o madres eran criaturas imaginarias, como brujas o hadas madrinas. No había ni una sola mujer en los libros analizados que trabajara fuera de casa. Por el contrario, a los hombres se les

retrataba como guerreros, policías, jueces, reyes, etc.

Las investigaciones más recientes indican que las cosas han cambiado en alguna medida, pero la mayor parte de la literatura infantil permanece básicamente igual (Davies, 1991). Los cuentos de hadas, por ejemplo, plasman actitudes profundamente tradicionales hacia el género y hacia la clase de fines y ambiciones que se esperan de las chicas y de los chicos. "Algún día llegará mi príncipe azul": en las versiones de los cuentos de hadas de hace siglos esto significaba que una chica de una familia pobre soñaba con la riqueza y la fortuna. Hoy día, su significado está más íntimamente ligado a los ideales del amor romántico. Algunas feministas han reescrito algunos de los cuentos de hadas más célebres, dándoles la vuelta:
No me había dado cuenta de que tenía una nariz graciosa. Y realmente estaba más guapo vestido con ropas elegantes.

No es tan atractivo como me pareció la otra noche.
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