Informe de desarrollo humano 2014




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INFORME DE DESARROLLO HUMANO 2014

El mundo avanza en desigualdad

ALEJANDRA AGUDO / MARIANO ZAFRA . EL Pais. Madrid 6 OCT 2014
Un mundo más desigual con un número creciente de personas cada vez más vulnerables de caer en la pobreza. Ese es el dibujo que expone el Informe del Índice de Desarrollo Humano (IDH) 2014presentado este lunes en Madrid por la Secretaria General Adjunta de las Naciones Unidas, Gina Casar, y el secretario general de Cooperación Internacional español, Gonzalo Robles. Pese a que el nivel de desarrollo ha aumentado a nivel global según los criterios que mide el informe como el acceso a los sistemas de salud y educativo, así como la esperanza de vida o el nivel medio de renta de un país, el progreso es muy frágil. El riesgo de que se derrumbe lo construido es elevado, advierte el documento. Las primeras alarmas han saltado: desde 2008, se ha ralentizado notablemente el crecimiento que venían experimentando en su IDH todos los grupos de países, tanto los poco desarrollados como los más avanzados.

El documento, que ya se había presentado el pasado julio en Tokio, advierte que 800.000 personas que han salido de la pobreza en las últimas décadas podrían volver a caer en ella y sumarse, de nuevo, a los 1.500 millones de personas que viven en la miseria. El organismo responsable de la elaboración de este informe, el Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD), apunta a la relajación de las ayudas internacionales, sobre todo desde 2008, como una de las causas de esa creciente vulnerabilidad de ciertos grupos, expuestos a que los que los vientos de crisis, los efectos del cambio climático o conflictos bélicos les vuelvan a lanzar abismo abajo. Si no se redoblan esfuerzos para afianzar lo conseguido, los logros podrían revertirse. Lejos de aumentar su compromiso para que esto no suceda, muchos países han recortado drásticamente la partida de cooperación al desarrollo, entre ellos,

Por eso, el reto es “sostener el progreso”, reclaman los autores del texto, y para ello los avances tienen que ser "equitativos". Y no lo son a tenor de los datos publicados. El reparto de los beneficios de las mejoras experimentadas ha sido muy desigual, revela el informe. Una parte gruesa de la población mundial apenas advierte el desarrollo de sus países: casi el 80% no cuenta con una protección social integral, el 12% (842 millones) padece hambre crónica y casi la mitad de trabajadores (más de 1.500 millones) tiene empleos informales o precarios.


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Por eso, el reto es “sostener el progreso”, reclaman los autores del texto, y para ello los avances tienen que ser "equitativos". Y no lo son a tenor de los datos publicados. El reparto de los beneficios de las mejoras experimentadas ha sido muy desigual, revela el informe. Una parte gruesa de la población mundial apenas advierte el desarrollo de sus países: casi el 80% no cuenta con una protección social integral, el 12% (842 millones) padece hambre crónica y casi la mitad de trabajadores (más de 1.500 millones) tiene empleos informales o precarios.

La inequidad ensombrece las estadísticas globales de desarrollo humano, aparentemente positivas. Las curvas ascendentes que se dibujan en la mayoría de países, significan, en algunos casos, que unos pocos han mejorado notablemente su situación aventajada y muchos mantienen (o han visto empeorada) su precaria vida. Solo el acceso a la salud ha calado en todos los estratos sociales y registra datos positivos en la reducción de la desigualdad.

Por el contrario, “los niveles de desigualdad en ingresos y acceso a la educación siguen aumentando”, alerta el informe. En este sentido, para Casar, uno de los datos que mayor indignación le ha producido recientemente, ha dicho, es que las 85 personas más acaudaladas del mundo acaparan la misma riqueza que las 3.500 millones más pobres, la mitad de los habitantes del planeta. “América Latina es la región que registra la cota más elevada en cuanto a desigualdad de ingresos”, apunta el texto. Es Estados Unidos, sin embargo, el segundo país —por detrás de Irán— que registra una mayor caída en la clasificación del IDH cuando el indicador tiene en cuenta la desigualdad interna. Retrocede 23 posiciones desde la quinta que ocupa si no se tiene en cuenta ese factor. El de EE. UU. no es el único caso de un país que cae cuando se comprueba que el progreso no es igual para todos. Sirven dos ejemplos: Corea del Sur baja 20 puestos desde el 15, y Chile desciende 16 desde la 41.

Así, cuando se pone la lupa sobre los datos globales, aparentemente positivos, emerge otra realidad, la de la inequidad. Entre países y en el interior de estos. “El informe de 2013 constataba que casi todas las regiones del mundo han mejorado en cuanto a desarrollo humano durante las últimas décadas. En el de este año buscábamos entender por qué en algunos países se dan altos niveles de desigualdad y bajas perspectivas de desarrollo para ciertos grupos o miembros de sus sociedades”, detalla por correo electrónico Eva Jespersen, subdirectora de la oficina del Informe de IDH del PNUD.

La explicación detrás de la carencia de oportunidades, la inequidad y la vulnerabilidad está, según ha indicado Casar en su análisis del informe, en políticas inadecuadas y la falta de acceso a servicios básicos como la salud o la educación. Factores que, en su opinión, dejan desprotegidas a bolsas de población que por su identidad, condición legal o situación geográfica están en el epicentro de la desgracia, la discriminación o la posibilidad de sufrir los devastadores efectos de desastres naturales o conflictos violentos. ¿Las soluciones? “Prestación universal de servicios sociales básicos, políticas más firmes en materia de protección social y pleno empleo, aunque algunos economistas discrepen”, ha sentenciado la administradora adjunta del PNUD.

Los cambios en esas líneas que ha señalado Casar son lentos y, además, los avances se están ralentizando y las amenazas son crecientes. Por eso, Níger, República Democrática del Congo, República Centroafricana, Chad, Sierra Leona ocupan los puestos más bajos de la clasificación del índice un año tras otro, dice Jespersen. “Varios están en conflicto o acaban de salir de uno. Y la esperanza de vida así como los niveles de educación son muy bajos. Lleva años superar estas barreras”, abunda. Pero no solo la guerra destruye lo que se ha logrado. Las epidemias, como la del ébola en África, pueden lastrar los avances. “Ya lo vimos en los 90 cuando la alta mortalidad por VIH-SIDA redujo la esperanza de vida en muchos países africanos, y eso afectó a su desarrollo económico”, recuerda la experta. En el gráfico que acompaña esta información se comprueba cómo este continente y Asia Meridional son las zonas del mundo más deprimidas si se tiene en cuenta su IDH a pesar de que son las que "están mejorando a un mayor ritmo". Zimbabwe es, de hecho, el que más sube en la clasificación—4 puestos— aunque sigue en la lista negra de los "menos desarrollados", al encontrarse en el 156 de 187.

En la parte alta de la tabla, inmutables, se mantienen Noruega, Australia, Suiza, Países Bajos y Estados Unidos, en ese orden. En el club de los 50 con nivel de desarrollo humano "muy alto", Singapur es el que experimenta una mayor subida. El país escala tres posiciones hasta la novena, siguiendo la línea ascendente desde 1980, habiendo mejorado desde entonces todas las medidas: la esperanza de vida ha pasado de 72 años a los 82,3 el año pasado; y los años de escolaridad han aumentado de 3,7 a 10,2. Irlanda es, por su parte, el que más desciende con una caída de tres puestos (de la 8 hasta la 11) a pesar de que mejora todos sus indicadores respecto a los del IDH de 2013 menos uno: la renta por persona. Lo mismo sucede en España, que se mantiene en la posición 27, donde los ingresos medios por persona has bajado en un año de 30.800 a 30.500. Un dato negativo que se ha visto compensado por el aumento de la esperanza de vida (de 80 años a 80,2).

Esta caída de la renta que se observa en algunos países desarrollados como España o Irlanda desde el comienzo de la crisis, ¿podría afectar a la salud o el nivel educativo de sus ciudadanos? "En los países desarrollados, haría falta un horizonte temporal muy amplio para ver los efectos, si es que los hubiese, del descenso en el nivel de renta sobre la esperanza de vida o la escolarización. Quizás sí podría afectar más a la educación terciaria", considera Jespersen. "Lo que sí hemos visto es el efecto contrario: como con crecimiento económico, si se aplican las políticas adecuadas, se favorece el progreso en los indicadores de salud y educación".

E UU cae 22 posiciones en la clasificación del IDH si se tiene en cuenta el nivel de desigualdad

Jespersen se muestra cautelosa en hacer una proyección de los efectos de la crisis en países como España. Pero organizaciones de la sociedad civil denuncian ya los efectos negativos de las políticas de recortes del gasto público en medidas de protección social, sanidad y educación. Unicef y Save the Children llevan meses reclamando un Pacto de Estado para frenar la pobreza infantil en el país y los niveles de malnutrición que se están registrando a edades muy tempranas. Ayuda en Acción ha iniciado recientemente una campaña para advertir que uno de cada cinco españoles está en riesgo de pobreza. Lo que ha forzado a la ONG, que hasta ahora había limitado su campo de acción a los países en desarrollo, a abrir una línea de trabajo en respuesta a la crisis en España. Hasta el Fondo Monetario Internacional ha puesto un farolillo rojo en el país, por ser el que ha sufrido el mayor aumento de la brecha social en Europa por la crisis.

Para los de arriba y los de abajo, el diagnóstico del PNUD está sobre la mesa: la desigualdad y la vulnerabilidad crecientes son los enemigos a combatir para conseguir que el desarrollo sea sostenible. Las armas para librar esta lucha se decidirán en los próximos meses, en los que los Gobiernos acordarán cuáles serán los Objetivos de Desarrollo Sostenible, una agenda internacional que marcará qué mundo se quiere en el futuro y cómo conseguirlo. Si bien, a la luz de los diferentes estudios e informes emitidos por los actores participantes en la elaboración de esa agenda (Estados, organizaciones de la sociedad civil y organismos internacionales), la lucha contra la pobreza extrema (vivir con menos de 1,25 dólares al día, según la definición de la ONU) no es suficiente. La igualdad en todas sus dimensiones, entre países, entre comunidades, conciudadanos o de género, es el reto.


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Mapa mundial que muestra el índice de desarrollo humano basado en el Informe sobre Desarrollo Humano 2014 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.


El modelo de bienestar nórdico 

Fernando Alarcon. 7 febrero 2014

http://elordenmundial.com/regiones/el-modelo-de-bienestar-nordico-12/

No son superpotencias económicas. Tampoco militares. En la escena global apenas tienen peso y dentro de su contexto regional tampoco son pilares básicos. Pero se vive bien, muy bien en ellos. Ahí, al norte de Europa, están cuatro de los países donde supuestamente existe una mejor calidad de vida. Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia son, a pesar del frío, considerados como unos excelentes lugares para vivir. Se han convertido en toda una referencia tanto para algunos gobiernos como paraíso prohibido para ciudadanos europeos y no europeos. Servicios públicos de gran calidad, crecimiento económico estable, paro casi inexistente y un sistema educativo excelente son algunas de las señas de identidad de estos países. De hecho, ha acabado siendo bautizado como “modelo de bienestar nórdico”. Casi parece una utopía.

Por qué se vive tan bien, qué elementos tienen esos países para que tengan una calidad de vida tan alta, las sombras que existen en dichas sociedades y si su modelo es exportable a otros países desarrollados serán algunas de las cuestiones que resolveremos en torno a este asunto.
Localización y características generales

Al ser una región no demasiado conocida y cuya existencia a menudo se pasa por alto al analizar muchos sucesos o dinámicas europeas, vamos a hacer una breve aproximación a ella comentando una serie de puntos básicos que sin duda han condicionado – y son parte fundamental – de la organización socioeconómica y política nórdica.

En primer lugar, la simple ubicación geográfica. Nuestros cuatro países elegidos se sitúan al norte de Europa, en un continuo entre el Mar Báltico, el Mar del Norte y el Mar de Noruega. Los tres países nórdicos – Dinamarca, Noruega y Suecia – forman un triángulo en el Skagerrak, el estrecho que conecta el Báltico con las aguas atlánticas. A nivel terrestre, los tres estados escandinavos – Noruega, Suecia y Finlandia – están juntos, si bien la distancia que el agua separa Dinamarca y Suecia es mínima en el Estrecho de Öresund – el actual puente que conecta Copenhague (Dinamarca) con Malmö (Suecia) tiene 7,8 km de longitud –. De hecho, es necesario aclarar que en esta zona de Europa, por simples cuestiones orográficas y climatológicas, el mar siempre ha sido históricamente el medio más utilizado tanto para el comercio como para mover ejércitos. Sólo cuando las infraestructuras han permitido, ya en el siglo XX, facilitar las comunicaciones terrestres y aéreas, el transporte marítimo ha perdido un poco de peso, pero su importancia histórica en la región es indudable y fundamental.

Por lo general, son países de un tamaño medio, en la media de extensión de los países europeos. El más grande de todos es Suecia con 450.000 km2 – unos 50.000 menos que España –, mientras que el más pequeño es Dinamarca con 43.000 km2. Este factor en sí no es determinante, pero nos lleva a comprender el que efectivamente lo es: los grandes núcleos de población. Los países escandinavos, que son los más grandes, tienen una densidad de población de entre los 15,5 hab/km2 de Noruega a los 20,6 de Suecia, lo que nos da una idea de las enormes extensiones de territorio despoblado que existen en estos países, algo lógico teniendo en cuenta que las zonas de interior al norte de Suecia y Finlandia no son demasiado favorables al desarrollo de poblaciones. En cambio Dinamarca, un país bastante pequeño y absolutamente llano, tiene una densidad de 130 hab/km2.

Así, a lo que inducen unas cifras de densidad tan bajas en los países escandinavos es al hecho de que históricamente, la población en estos países se ha concentrado en núcleos de población muy concretos, especialmente en la costa. En el caso de Noruega, todas las principales ciudades – Oslo, Bergen, Stavanger y Trondheim – se encuentran en la costa o en un fiordo con el mar a pocos kilómetros; en Dinamarca pasa igual, Copenhague – cuya área metropolitana concentra al 40% de los daneses –, Aalborg, Aarhus u Odense también se sitúan junto al mar; en la gran Suecia, Estocolmo, Goteborg y Malmö son costeras y Finlandia tiene también su capital, Helsinki, junto al Báltico. Así, según los datos del Banco Mundial, la población urbana en dichos países oscila entre el 79,6% de Noruega al 87,1% de Dinamarca, que en gran medida se refieren a las ciudades antes comentadas. Un ejemplo bastante clarificador de la importancia del mar en esta zona.

Otra característica a resaltar es la baja población. Salvo Suecia con 9,5 millones de habitantes, los otros tres países que comentamos están poblados por entre 5 y 6 millones de personas. Este factor, a nivel económico y político es muy importante, ya que condiciona – y así lo supieron ver los gobernantes de estos países – el modelo económico que un estado puede desarrollar en base a los recursos humanos disponibles, así como las políticas adecuadas en base a una población tan baja en comparación con el resto de países europeos.

Desde una óptica más político-histórica, la región escandinava-nórdica se ha caracterizado por la estabilidad política y por gobiernos democráticos. Salvo Finlandia, los otros tres países son monarquías constitucionales – el monarca sólo asume la Jefatura del Estado y su papel es meramente simbólico – y en los cuatro, los gobiernos democráticos se han sucedido desde inicios del siglo XX o en el caso de Suecia y Dinamarca, países más antiguos e independientes históricamente, desde mediados del siglo XIX. Como ejemplo de esta apuesta democrática, la independencia de Noruega de Suecia se produjo de manera totalmente pacífica en 1905, algo bastante inusual en la época e incluso hoy en día. Esta tradición democrática ha calado profundamente tanto en el propio sistema político como en la sociedad, por lo que en todos los países se ha acabado creando una alternancia de partidos protagonizados por los partidos socialdemócratas y democristianos en los cuatro estados, con periodos de gobiernos de varias legislaturas seguidas, lo que ha derivado en etapas de gobierno estables y sobre todo, con tiempo suficiente para asentar proyectos y políticas a largo plazo.

En relación a esto último, y que es determinante a la hora de entender el desarrollo de modelo de bienestar, tanto partidos socialdemócratas como democristianos tienen, dentro de la política económica y social, muchas coincidencias. Ambos son ideológicamente partidarios de intervenir con el Estado en la economía, redistribuyendo rentas, protegiendo a los trabajadores y fomentando políticas públicas. La única separación puede residir en concepciones distintas a nivel “ético” – aborto, derechos los homosexuales, legalización de drogas, etc. – y asuntos de política exterior, área en la que estos países son extremadamente sensibles dada su histórica neutralidad. A pesar de esto, muchas de estas decisiones social y políticamente polémicas quedan a menudo derivadas a un referéndum popular, y gobiernos de todo signo así lo hacen para que el pueblo decida sobre ellos. Como ejemplo de esto último, en 1972, el parlamento noruego votó masivamente a favor de entrar en la Unión Europea – entonces Comunidad Económica Europea –. Para respaldar esta entrada, decidió convocar un referéndum. Los noruegos rechazaron dicha entrada por un escaso margen y Noruega por tanto no entró en la CEE.
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