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QUÉ SON LOS GASES DE EFECTO INVERNADERO1

El dióxido de carbono no es el único de estos elementos involucrados en el cambio climático



Conocidos por su influencia en el calentamiento global, los gases de efecto invernadero (GEI) no son en realidad un problema. Resultan imprescindibles para mantener la temperatura del planeta, pero la actividad humana ha aumentado su número y ha alterado su equilibrio natural. El dióxido de carbono (CO2) es el más conocido, pero no es el único: el vapor de agua, el metano, el ozono y otros gases con nombres más difíciles de pronunciar, como el trifluorometano, son también compañeros de grupo. Los científicos reconocen que hacen falta más investigaciones para entender por completo el funcionamiento de estos gases y su efecto real en el cambio climático.

Por qué se forman

Los GEI constituyen un elemento esencial para la vida: sin ellos, el planeta sería un bloque de hielo. Si en un invernadero la cobertura plástica evita la pérdida del calor y conserva una temperatura estable, en la Tierra estos gases consiguen un efecto similar. Su presencia en la atmósfera permite beneficiarse de parte del calor que envía el Sol. De ahí su nombre.

Los principales GEI son de origen natural. El problema surge cuando la cantidad de estos gases aumenta porque se altera el equilibrio natural y el clima se comporta de manera distinta. La industrialización, con el uso masivo de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas) y todas las actividades humanas derivadas, como el transporte o el uso intensivo de la agricultura y la ganadería, contribuyen desde el siglo XIX a incrementar estos gases.

El problema surge cuando la cantidad de estos gases aumenta, lo que altera el equilibrio natural

El aumento de los GEI se asocia también a otros problemas antropogénicos (causados por el ser humano) para el medio ambiente. La deforestación ha limitado la capacidad regenerativa de la atmósfera para eliminar el dióxido de carbono (CO2), uno de los principales GEI.

Los científicos han descubierto que no todos los gases producen el mismo efecto, por lo que han elaborado unos parámetros para medir su influencia real: su impacto se expresa en cantidades de CO2 equivalente. Así se ha descubierto que el metano es un gas con un efecto invernadero más potente en términos absolutos que el CO2. Sin embargo, las actividades humanas como el transporte o la industria emiten tal cantidad de CO2, que su contribución final en el efecto invernadero es mayor que la del metano.

A medida que se conocen más datos, los expertos subrayan que la proporción en el efecto definitivo de estos GEI podría oscilar. Se apunta a la industria o al transporte como los principales responsables del aumento de estos gases, pero las actividades agroganaderas tendrían un efecto más importante del que parece. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) recuerda que la ganadería genera óxido nitroso (296 veces más perjudicial que el CO2) y metano (23 veces más perjudicial que el CO2).

La gran mayoría de la comunidad científica internacional está de acuerdo en la importancia de reducir la emisión de estos gases. Para ello, se proponen diversas medidas: sustituir los combustibles fósiles por energías renovables, asumir de forma plena un mercado de emisiones de GEI, aplicar medidas de eficiencia energética, aumentar la reforestación y, en definitiva, introducir en la sociedad prácticas de desarrollo sostenible en todas las actividades.

Mapas para ver los gases de efecto invernadero

Una de las mejores maneras de afrontar un problema es hacerse una imagen del mismo. Con esta idea, la Secretaría de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC en sus siglas en inglés) y Google han creado un mapamundi con las emisiones generadas en los principales países industrializados. Los datos, recogidos desde 1990, se pueden observar por sectores y compararlos tanto por países como por categorías.

La Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA en sus siglas en inglés) ha creado una web que ofrece datos sobre los principales GEI emitidos en la Unión Europea (UE) entre 1990 y 2006. El sistema permite hacer comparaciones entre países y por tipo de gas y CO2equivalente.

En 2007, la Agencia Espacial Europea (ESA) informó de la producción de los primeros mapas animados con la distribución mundial de los GEI más importantes sobre la superficie terrestre (CO2 y metano). Para ello, sus responsables invirtieron tres años de trabajo, entre 2003 y 2005, mientras observaban los datos del Espectrómetro de Absorción de Exploración e Imágenes para Cartografía Atmosférica (SCIAMACHY), a bordo del satélite Envisat de la ESA.

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Principales gases de efecto invernadero

Cuando se habla de gases de efecto invernadero (GEI) se suele destacar al dióxido de carbono (CO2), por lo que podría pensarse que es el único. Pero hay muchos más. Algunos de ellos con un potencial mayor. Estos son los principales GEI, ordenados de mayor a menor impacto:

  • Vapor de agua (H2O): según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC en sus siglas en inglés), supone entre el 36 y el 70 por ciento del efecto invernadero. La niebla, la bruma y las nubes son vapor de agua, y es también el principal subproducto de la combustión de los combustibles fósiles. Y por si fuera poco, el calentamiento global provoca un bucle que se retroalimenta: con unas temperaturas más altas, se produce más vapor de agua, que genera a su vez temperaturas más altas, y a su vez más vapor de agua, etc.

  • Dióxido de carbono (CO2): es un subproducto de la respiración celular y de la utilización de combustibles fósiles.

  • Metano (CH4): es el principal componente del gas natural y de las flatulencias de las vacas, así como de otras fuentes naturales (como los pantanos o las termitas) y artificiales, como los vertederos. Los científicos reconocen que no entienden del todo el ciclo del metano, por lo que su contribución al problema podría ser incluso mayor.

  • Óxidos de nitrógeno (NOx): estos gases se crean de forma natural a partir de la descomposición bacteriana de nitratos orgánicos, por la combustión vegetal o por la actividad volcánica. El ser humano ha provocado un aumento de estos gases, al producirlos para diversos productos industriales y como subproducto de los vehículos motorizados.

  • Ozono (O3): el debilitamiento de la capa de ozono hizo famoso a este gas. Por ello, resulta chocante afirmar que su aumento es negativo. En realidad, el ozono no está distribuido de forma equitativa por el planeta. El ser humano ha acentuado las diferencias. Por una parte, en la zona inferior de la atmósfera hay demasiado ozono, que actúa como un potente GEI. Por otra, en la parte superior escasea, lo que se traduce en una menor capacidad para impedir la radiación solar adversa.

  • Trifluorometano (CHF3): también conocido como fluoroformo, se utiliza en la fabricación de los chips de silicio y como un supresor de fuego. Es el gas más abundante de los hidrofluorocarbonos (HFC). Permanece en la atmósfera durante 260 años y atrapa el calor 11.700 veces más que el CO2.

  • Hexafluoroetano (C2F6): utilizado en la creación de semiconductores, permanece en la atmósfera hasta 10.000 años. Esta longevidad, junto con su capacidad de retener el calor 9.200 veces más que el CO2, ha provocado el interés del IPCC por seguirle de cerca.

  • Hexafluoruro de azufre (SF6): gas inerte muy empleado en la industria de la electrónica como aislante. El IPCC lo considera el GEI más poderoso del mundo, con una capacidad de atrapar el calor 22.200 veces más que el CO2

  • Triclorofluorometano (CFC-11): este refrigerante provoca varios efectos negativos en el medio ambiente. Además de retener el calor 4.600 veces más que el CO2, reduce la capa de ozono de forma más rápida que cualquier otro refrigerante, sin olvidar el impacto ambiental del cloro.

La lista podría ampliarse a medida que los científicos estudian más el fenómeno. Es el caso del fluoruro de sulfurilo (SO2F2). Utilizado como fumigante contra termitas, su capacidad como GEI ha sido dada a conocer en marzo por científicos del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT). Tiene una vida útil de 40 años y es capaz de atrapar el calor 4.800 veces más que el CO2. Aunque en la atmósfera sólo se encuentra en 1,5 partes por billón, esta cantidad aumenta en un 5% al año según un reciente artículo publicado en Journal of Geophysical Research.

Los científicos señalan la necesidad de desarrollar más investigaciones porque desconocen el impacto exacto de los GEI y su posible evolución en los próximos años. El Protocolo de Kyoto no tuvo en cuenta al trifluoruro de nitrógeno (NF3). Sus emisiones eran tan bajas que los expertos asumieron que no tenía un impacto significativo en el calentamiento global. Sin embargo, científicos del Instituto Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego revelaban el año pasado que su presencia en la atmósfera es cuatro veces mayor de lo que se suponía. Este GEI tiene una capacidad de atrapar el calor 17.000 veces superior a la del CO2 y dura cinco veces más en la atmósfera que éste.

El impacto del metano también podría ser mayor del que se cree en la actualidad. Si el cambio climático logra derretir las zonas de permafrost, el metano que guarda en su interior se liberaría.

Barcelona, entre las ciudades con emisiones de GEI más altas del mundo

Un reciente estudio del Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo, con sede en Londres, ha destacado las ciudades con mayor emisión de CO2 equivalente del mundo. La lista está encabezada por Washington DC, con 19,7 toneladas de CO2 equivalentes por persona. Esta cantidad supone una huella de carbono casi tres veces superior a la de cualquier otra gran ciudad en los países desarrollados. Las siguientes ciudades acompañan a la capital estadounidense en el "top diez": Glasgow, Reino Unido (8,4 t); Toronto, Canadá (8,2 t); Shangai, China (8,1 t); Nueva York, EE.UU. (7,1 t); Beijing, China (6,9 t); Londres, Reino Unido (6,2 t); Tokio, Japón (4,8 t); Seúl, Corea del Sur (3,8 t). En el décimo puesto de esta clasificación se sitúa Barcelona, con 3,4 toneladas de CO2 equivalente por persona.

No obstante, el estudio relativiza el impacto de las grandes urbes. Si bien reconoce que sus habitantes consumen grandes cantidades de energía, recuerda otras emisiones importantes, como el metano, originado en las zonas rurales.

EL PELIGRO ECOLÓGICO DE LA AGRICULTURA2

Varios estudios denuncian el alto impacto del actual modelo agrícola en el deterioro de los recursos naturales, el cambio climático o el aumento de la pobreza

El mundo se deberá enfrentar a disturbios sociales y desastres medioambientales si la agricultura no se reforma radicalmente. Así lo asegura un informe presentado recientemente y auspiciado por el Banco Mundial y las Naciones Unidas. Por su parte, Greenpeace detallaba hace unos meses en otro estudio los negativos efectos del actual modelo agrícola sobre el cambio climático.

La Evaluación Internacional de las Ciencias y Tecnologías Agrícolas para el Desarrollo (IAASTD), una iniciativa adoptada por el Banco Mundial y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), ha dado a conocer un informe que repasa el estado de la agricultura en el mundo, y se detiene en aspectos como los biocombustibles, los organismos genéticamente modificados (OGM), o el cambio climático.

El estudio, en que han participado durante tres años 400 científicos internacionales, expertos institucionales y representantes de la sociedad civil y el sector privado, afirma que si se continúa con la tendencia actual de producción y distribución agrícola, "se agotarán nuestros recursos y se pondrá en peligro el futuro de nuestros hijos".

Los responsables del estudio reconocen que el desarrollo de la agricultura moderna ha mejorado considerablemente la productividad en los últimos cincuenta años, pero sus beneficios se han repartido de forma muy desigual. Además, aseveran, ese progreso ha ocasionado un costo social y ambiental "considerable".

"Si se continúa con la tendencia actual de producción y distribución agrícola, se agotarán nuestros recursos y se pondrá en peligro el futuro de nuestros hijos"

El aumento global de los precios de alimentos básicos se encuentra también entre las graves consecuencias de este modelo de producción, según el informe, lo que podría significar que haya países que no puedan asumirlos. Por ejemplo, desde marzo de 2007 los precios de la soja y el trigo han aumentado respectivamente en un 87% y 130%, mientras que las reservas mundiales de cereales están bajo mínimos. Asimismo, alertan, se prevén mayores subidas en los precios del arroz, el maíz y el trigo.

Por ello, los expertos de este estudio recomiendan que la agricultura combine estrategias de productividad con la protección de los recursos naturales y con las prácticas "agroecológicas". En este sentido, se aconseja utilizar abonos naturales y semillas tradicionales, intensificar los procesos naturales, o acercar más la producción agrícola y los consumidores a los que va destinada.

Asimismo, el informe analiza las consecuencias de la agricultura moderna por regiones del planeta. Así, asegura que en África del Norte y Asia Central y Occidental la biodiversidad agrícola está desapareciendo y podrían sufrir escasez de recursos hídricos en los años venideros; en Asia Meridional y Oriental y el Pacífico la contaminación debido al nitrógeno se va a agravar y el agua disponible se reducirá dos tercios dentro de una década; en América Latina y el Caribe la pobreza afecta al 37% de la población a pesar del aumento de la productividad agrícola, y la importación de productos alimentarios ha creado una dependencia del exterior, trastornando al mismo tiempo la producción local; en el África Subsahariana la escasez de agua en el 80% de las tierras cultivadas o la disminución de la diversidad genética representan también serios problemas.

Impacto en el cambio climático

Greenpeace presentaba a principios de año un informe en el que detallaba los efectos directos e indirectos de la agricultura sobre el cambio climático. Su responsable, Pete Smith, profesor de Ciencias Biológicas de la Universidad escocesa de Aberdeen, subraya el enorme potencial del modelo intensivo actual para convertirse en uno de los mayores productores de gases de efecto invernadero (GEI).

En este sentido, el informe explica que el uso masivo de fertilizantes, la deforestación y destrucción de ecosistemas para la obtención de nuevas tierras, la degradación de los suelos y el modelo de ganadería intensiva provocan entre 8.000 y 16.000 millones de toneladas de emisiones de CO2 (entre el 17% y 32% de todas las producidas por el ser humano). Por su parte, la ganadería, a la que también va destinada buena parte de la producción alimentaria agrícola, produce grandes cantidades de metano, un GEI más potente que el CO2.

El estudio ofrece también soluciones para reducir este impacto ambiental, como la generalización de prácticas agrarias sostenibles que fijan carbono en el suelo, la reducción del uso de fertilizantes o la disminución del consumo de carne y derivados animales en los países desarrollados.

Cómo afecta la agricultura al medio ambiente

El profesor de Población, Ecología y Ambiente de la Escuela de Ingenieros de la Universidad de Navarra en San Sebastián (Tecnun) Luis Echarri explica que la agricultura siempre ha supuesto un impacto ambiental fuerte, sólo que el actual modelo ha multiplicado estos efectos.

En este sentido, este experto detalla hasta siete tipos de impactos ambientales de la agricultura moderna: erosión del suelo, salinización y anegamiento de suelos muy irrigados, uso excesivo de fertilizantes y plaguicidas, agotamiento de acuíferos, pérdida de diversidad genética, deforestación y consumo de combustibles fósiles y liberación de gases invernadero.

Descenso de la productividad

Los efectos de la contaminación se extienden más allá de lo que uno habría podido imaginar en principio. Así, por ejemplo, la pintura de un poste telefónico puede afectar a la productividad de los campos agrícolas, lo que a su vez acaba repercutiendo en la calidad de las aguas que llegan al consumidor. Un trabajo reciente ha puesto al descubierto precisamente eso. El estudio, de la Universidad de Oregon (EE.UU.), revela que los contaminantes que se acumulan en el suelo disminuyen la productividad de los cultivos, lo que pone en riesgo las estrategias que persiguen una agricultura sostenible. Al reducirse la productividad, los agricultores recurren a más fertilizantes y pesticidas, lo que a su vez aumenta la contaminación del suelo y de las aguas subterráneas por nitratos procedentes del fertilizante. El resultado es un circulo vicioso, un efecto perverso a largo plazo de la contaminación que se refleja en la calidad de la agricultura, de los acuíferos y del agua de consumo doméstico.

El nitrógeno es esencial para el crecimiento de las plantas y la agricultura hace que este elemento vaya agotándose del suelo. Para remediarlo, la agricultura convencional ha optado por la aplicación masiva de fertilizantes nitrogenados y el riego abundante. El problema es que las plantas sólo absorben la mitad de esos fertilizantes. El resto se filtra a través del suelo con las aguas de riego y acaba contaminando los acuíferos y ríos. Estudios realizados en el Reino Unido han calculado que se filtran entre 50 y 60 kilogramos de nitrógeno por hectárea al año y que el 58% de los nitratos que contaminan los acuíferos proceden de la agricultura. En España, éste es un problema muy extendido. Una de las zonas más afectadas, aunque no la única, es la Comunidad Valenciana, donde en muchos acuíferos se supera el límite de 50 miligramos de nitratos por litro de agua establecido por la UE.

El nitrógeno es esencial para el crecimiento de las plantas y la agricultura hace que el nitrógeno del suelo vaya agotándose

La consecuencia es un exceso de nitratos en las reservas de agua, a veces a niveles que pueden afectar a la salud humana y ambiental. Se sabe que el principal efecto sobre la salud es la metahemoglobinemia, un trastorno que provoca limitaciones de la hemoglobina para transportar oxigeno a los tejidos. También hay indicios de que los nitratos pueden estar relacionados con la aparición de cánceres en el tubo digestivo.

Si la cantidad de fertilizante aplicada es moderada, no tiene por qué producirse un exceso de nitratos. El riesgo surge, apuntan los expertos, cuando se sobrepasan las cantidades recomendadas en un intento de conseguir un mayor crecimiento de las plantas. Pero añadir más fertilizante no supone automáticamente un aumento de la productividad, ya que la causa del poco rendimiento de los cultivos puede tener otro origen. Es lo que ha revelado el trabajo de la Universidad de Oregon, publicado recientemente en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Según el estudio, los compuestos químicos presentes en el suelo afectan al crecimiento de los cultivos de leguminosas, ya que reducen su capacidad de capturar y fijar nitrógeno (un proceso esencial en el crecimiento de este tipo de plantas). Por ejemplo, el insecticida metilparation -que se aplica a la alfalfa y al algodón- reduce la productividad en un 35%, y el DDT - que aunque ya no se usa, está presente en muchos suelos agrícolas- en un 45%. El bisfenol A, un compuesto empleado en los plásticos y que se ha convertido en un contaminante prácticamente omnipresente, provoca una reducción de la productividad en la alfalfa de un 50%. Otro contaminante, el pentaclorofenol, usado para proteger la madera de los postes de teléfono y de otras infraestructuras, reduce el rendimiento de los cultivos en hasta un 80%. Todo ello explicaría, dicen estos expertos, el descenso en la productividad que se ha visto en los últimos 40 años en todos los países y a pesar de la creciente aplicación de fertilizantes y pesticidas.

La agricultura sostenible, en jaque

Este efecto de los contaminantes es doblemente negativo. Por un lado, porque disminuye la productividad del cultivo. Por otro lado, porque afecta a las leguminosas, que son una de las mejores bazas que tiene la agricultura para controlar el uso de fertilizantes.

Las leguminosas (como la alfalfa, las judías o el trébol) tienen la capacidad de fijar el nitrógeno del aire gracias a unas bacterias que se hallan en sus raíces. La simbiosis entre bacterias y planta permite a la planta alimentarse del nitrógeno que hay en el aire y, de paso, renovar las reservas de nitrógeno en la tierra, de forma que puede ser aprovechado por otras plantas. De hecho, el cultivo de leguminosas alternado con otros cultivos es una de las prácticas agrícolas ecológicas recomendadas para aumentar la fertilidad del suelo sin necesidad o con muy poco abono.

Lo que muestra el estudio de los estadounidenses es que los contaminantes merman el crecimiento de las plantas porque impiden esa capacidad de capturar el nitrógeno. Es una muy mala noticia porque augura que será difícil reducir la dependencia de los abonos nitrogenados. Además, en países en desarrollo, donde los fertilizantes resultan muy caros para el agricultor, el cultivo rotatorio de leguminosas es una forma económica de mantener la fertilidad del suelo. En esa línea, John McLachlan, del Centro Tulane para la Investigación Bioambiental (EE.UU.), avanzaba en declaraciones a la revista Environmental Health Perpectives los resultados de sus experimentos aún sin publicar. Y lo que han visto ellos también es que los pesticidas afectan al proceso de fijación de nitrógeno de un centenar de plantas leguminosas tropicales y subtropicales. Muchas de estas especies son árboles y arbustos, como la teca o el palisandro, que mejoran los suelos tropicales bajos en nutrientes. Los agricultores de estas regiones más pobres "no pueden permitirse perder estos fertilizantes naturales", afirmaba el investigador. A largo plazo, la consecuencia no es sólo una menor productividad, sino una mayor dependencia de los abonos nitrogenados y la prolongación de un modelo agrícola que resulta insostenible.

Los contaminantes merman el crecimiento de las plantas porque impiden esa capacidad de capturar el nitrógeno

Uno de los principales obstáculos para evitar el uso excesivo de fertilizantes nitrogenados es la desconexión que existe entre agricultores y Administración, según afirman expertos consultados. Se sabe la cantidad de abono nitrogenado que se deben usar para no sobrepasar el limite, se elaboran folletos de información que se envían a los agricultores pero "no hay un seguimiento para comprobar que eso se cumple", dice Mercedes Arauzo, investigadora del Centro de Ciencias Mediambientales de Madrid y miembro de RUENA, una red de investigación sobre el uso eficiente del nitrógeno en agricultura.

La creencia falsa de que cuanto más abono se pone, más aumenta la productividad no hace más que empeorar la situación. Entre las estrategias para evitar el problema, explica Arauzo, destaca la concienciación de los agricultores y una gestión integral de las cuencas para declarar las zonas vulnerables, cuyas aguas superan o están en riesgo de superar la concentración máxima de nitratos permitida.

Evitar la contaminación por nitratos también en casa

Evitar la contaminación por nitratos no es sólo responsabilidad de la Administración y los agricultores, sino también de los consumidores que cultivan pequeños huertos o jardines y que no siempre tienen la información adecuada respecto al uso de fertilizantes.

Tal como informa un documento del Centro Rural de Información Europea, una de las principales herramientas para evitar esta contaminación es la agricultura ecológica y el uso de abonos que no sean muy solubles, por lo que se dispersan menos. Conviene evitar el abuso de abonos nitrogenados y los riegos excesivos. Otra recomendación es mantener el suelo con vegetación: aunque no sea un hermoso césped y se trate de vegetación silvestre o mixta, esa cubierta verde retiene el exceso de nitratos del suelo evitando su dispersión. Y cuando se corta, el nitrógeno vuelve al suelo, aunque en una forma orgánica difícil de ser arrastrada, por lo que resulta más inocuo a nivel ambiental.

También se puede contribuir no dispersando contaminantes al entorno natural, así como evitando el abuso de pesticidas, ya que, como se acaba de descubrir, a largo plazo afectan al crecimiento de las plantas y generan una mayor dependencia de los abonos.
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METANO, VACAS Y CAMBIO CLIMÁTICO3

Diversos estudios otorgan al metano, causado entre otros por el ganado, un mayor protagonismo en el cambio climático

¿Dar de comer mejor a las vacas para combatir el cambio climático? Así lo consideran diversos expertos, convencidos de que el metano producido por la digestión de estos rumiantes tiene un efecto mayor del que se cree en este problema.

Científicos del Instituto de Investigaciones Medioambientales de Aberystwyth (Gales, Reino Unido) plantean cambiar la dieta del ganado vacuno, causante de una cuarta parte de las emisiones de metano producidas por actividades humanas.

Los expertos de este centro galés proponen cultivar trébol blanco y otras leguminosas, con mayor nivel de azúcar, para que se conviertan en el forraje de estos animales. De esta manera, se modificaría el proceso por el que sus estómagos convierten el alimento en metano, que acaba siendo evacuado principalmente por la boca.

El tema preocupa a otros expertos, como los del ministerio de Alimentación y Asuntos Rurales de Reino Unido, que sugieren ampliar la esperanza de vida de estos animales para evitar incrementar su número, o incluso prácticas de ingeniería genética. Por su parte, científicos de la Universidad de Hohenheim (Alemania) han creado una píldora que, junto a una dieta especial, reduce también estas emisiones.

El metano atrapa 20 veces más el calor que el dióxido de carbono (CO2), considerado principal gas de efecto invernadero

En este sentido, el metano atrapa 20 veces más el calor que el dióxido de carbono (CO2), considerado principal gas de efecto invernadero (GEI). Sin embargo, el hecho de que en los años 90 sus niveles se mantuvieran relativamente constantes, motivó que el Protocolo de Kyoto estableciera para el metano límites más flexibles.

Ahora bien, diversos estudios hablan de un gran incremento de este gas en los últimos años, y algunos científicos incluso lo consideran tanto o más peligroso que el CO2. Así, investigadores de la Universidad Abierta de Reino Unido y de la Universidad alemana de Colonia recuerdan que el metano fue el responsable del calentamiento global de hace unos 180 millones de años, y que acabó con un gran número de especies.

Según estos científicos, el fenómeno se produjo a causa de pequeñas ondulaciones en la órbita de la Tierra que periódicamente acercan nuestro planeta al Sol. De esta manera, los océanos se calentaron y descongelaron las enormes cantidades de metano atrapadas en el lecho marino, expulsándolo a la atmósfera.

En este sentido, el bioquímico Rudolf Amann, del Instituto Max Planck (Alemania), destaca el papel de las bacterias, que evitan en la actualidad que el metano atrapado en el fondo marino salga a la superficie.

Mediciones equivocadas

Los científicos todavía tienen importantes lagunas sobre la cantidad real de metano y sus efectos en la atmósfera. Por ejemplo, el Espectrómetro de Absorción de Exploración e Imágenes para Cartografía Atmosférica (SCIAMACHY), un sensor espacial de la ESA (Agencia Espacial Europea) capaz de medir los GEI más importantes, ha descubierto que las zonas tropicales emiten mucho más metano del que se creía.

Además, los expertos aseguran que el propio cambio climático podría acelerar las emisiones de metano a la atmósfera. Así los científicos de la ESA recuerdan que hay grandes cantidades de metano recluidas en el permafrost, la capa de hielo permanentemente congelada en el suelo de las regiones muy frías. Por tanto, si éste se derritiera con el aumento de la temperatura, el gas acabaría liberándose a la atmósfera.

Por su parte, un estudio del Instituto Goddard de Estudios Espaciales, de la NASA, subraya que la cantidad real de metano no está siendo analizada correctamente, y que podría ser hasta el doble de la que se calcula en la actualidad. Así, su responsable, el climatólogo Drew Shindell, afirma que el metano, al llegar a la atmósfera, se ve afectado por contaminantes que afectan su composición. Por ello, concluye, habría que estudiar estos gases cuando se emiten en la superficie terrestre, y no cuando ya se han mezclado en la atmósfera.

Algunos datos sobre el metano

El metano (CH4), compuesto por carbono e hidrógeno, es un hidrocarburo incoloro, inodoro e inflamable y más ligero que el aire. Se forma de manera natural en los procesos de digestión del ganado, así como de las termitas; en las reacciones de putrefacción y descomposición de residuos o de arrozales y pantanos; y se encuentra en el gas natural y en el gas grisú de las minas de carbón, así como en los procesos de las refinerías de petróleo.

Además de su contribución al efecto invernadero, el metano reduce el volumen de iones hidroxilo, alterando así la capacidad de la atmósfera para autodepurarse de contaminantes. No obstante, se trata también de un gas apreciado como combustible y para producir diversos gases y sustancias de uso industrial, como el cloruro de hidrógeno, amoníaco, acetileno y formaldehído. Asimismo, es uno de los principales componentes de la atmósfera de algunos planetas del Sistema Solar, como Saturno, Urano y Neptuno.



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