Programa de Formación : Duración




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títuloPrograma de Formación : Duración
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  1. DATOS GENERALES



Programa de Formación:




Proyecto de la Formación Profesional:




Competencia:

Promover la Interacción idónea consigo mismo, con los demás y con la naturaleza en los contextos laboral y social

Actividad de Aprendizaje:

Lograr el auto reconocimiento personal mediante procesos de reflexión acción.

Evidencia de Producto:

Trabajo individual, en el cual analiza e identifica los conceptos y conocimientos sobre Principios Fundamentales y Universales, de forma clara y coherente, y cómo cada uno de estos los puede aplicar en su vida cotidiana.

Criterios de Evaluación:

Desarrolla actividades de autogestión orientadas hacia el mejoramiento personal.


Duración de la evaluación: 2 HORAS







Nombre del Aprendiz(a) en formación:

No. De Orden:

Centro de formación: Centro de Servicios Empresariales y Turísticos

Regional: Santander

Nombre del Formador (a):





  1. INSTRUCCIONES PARA EL DILIGENCIAMIENTO:


Estimado aprendiz, la siguiente actividad taller ha sido construida con el fin que usted junto con su equipo de trabajo realice un ejercicio de reflexión que le permita conocer y reconocer algunos conceptos relevantes para lograr desarrollar una existencia adecuada en contexto individual, social y laboral, conceptos tales como Ética y Moral; los cuales apoyaran la construcción y ejecución del proyecto de vida.
CONTENIDO y/o SITUACION DESCRIPTIVA:

PRIMERA SESION : 2 HRS
FUNDAMENTACIÓN: “Lectura Aparatado del Texto Socrates el Critico de la Totalidad, Autor Faz Mora Jose Martín”
Realice una lectura comprensiva sobre el apartado del texto Sócrates el Crítico de la Totalidad de Faz Mora José Martin.

Posterior a ello, realice una explicación grupal a modo de exposición sobre dicho texto y su compresión, donde tenga presente enunciar los Conceptos e ideas de: Giro Antropológico, Voluntad, Alma, Dialéctica, Razón, Virtud, Ética, “Conócete a ti Mismo”.

Por último se realiza una Mesa Redonda sobre dicha lectura, donde el instructor hace una retroalimentación con claridad basado en Concepto de Ética en relación a Voluntad, Razón, Virtud, Alama y Dialéctica; Diferencia entre Ética, Costumbres, Automatismo y Moral.
Profundización

En Grupos de 5 Personas realice la lectura del Cuento - El Fabricante de Almas, René Rebetez.

A la postre, se lleva a cabo una discusión grupal (Mesa Redonda), sobre la comprensión del Cuento y su Reflexión Personal, en donde se piensa y construye conocimiento basado en elementos fundamentales enunciados en el texto, tales como Programaciones/Automatismos, Conocimiento de Sí Mismo, Experiencia y Temporalidad (Pasado-Presente-Futuro), Alma, Ética, Prejuicios.
Aplicación – Trabajo Individual (EVIDENCIA DE APRENDIZAJE)
Realice un Escrito, a partir de una indagación personal sobre el cuento el fabricante de almas y su relación con el Concepto de Ética, resolviendo los siguientes interrogantes en dicho escrito:

¿Qué importancia tiene pensar y actuar antes de actuar?

¿Cuál es la importancia del Conocimiento para el Desarrollo de La Vida desde una actitud Ética?

¿Qué importancia tiene el conocer que ética para su vida Académica, Laboral y Familiar?

¿Qué Automatismos o programaciones considera tiene en su vida y que debe hacer para salir de ellos, para así asumir una postura Ética?

ANEXO 1

Apartado de texto: “ensayo: Sócrates: el crítico de la totalidad, del autor Faz Mora José Martín”
GIRO ANTROPOLÓGICO

Parece haber unanimidad entre los analistas e historiadores de la filosofía en otorgar a Sócrates el decisivo papel de haber llevado a cabo un giro en la filosofía de su tiempo, particularmente en lo que se refiere a considerar al hombre y sus asuntos, como los motivos  de la reflexión filosófica. No sería, desde luego, un asunto exclusivo de Sócrates, pues los sofistas colaboraron mucho en ello, pero sin lugar a dudas el derrotero de la reflexión filosófica no fue ya el mismo después de Sócrates, Jeager le llama el “giro antropocéntrico". Reale y Antiseri lo describen atinadamente al afirmar que “Cabe constatar que a partir del momento en que Sócrates actúa en Atenas la literatura en general y la filosofía en particular experimentan una serie de novedades de alcance muy considerable, que más tarde en el ámbito griego permanecen como adquisiciones irreversibles y puntos de referencia constante”

Tal revolución contrasta con la anterior filosofía de la naturaleza (physis) sustentada por la primera generación de filósofos griegos. Sócrates habría superado de tal forma los severos límites a que tal reflexión filosófica había llegado y, a su vez, las características socráticas de tal reflexión antropológica, tanto por el método como por la temática, le diferenciaron del movimiento sofista particularmente en la última etapa de su vida. Jeager afirma: "Sócrates, al revés de la antigua filosofía de la naturaleza, adopta en la consideración de ésta un punto de vista antropocéntrico.". "Al igual que la medicina de su tiempo, encuentra en la naturaleza del hombre, como la parte del mundo mejor conocida de nosotros, la base firme para su análisis de la realidad y la clave para la comprensión de ésta."

Lo que debe indagarse, examinarse, estudiarse, es el hombre no la physis y a ello se dedica enteramente Sócrates como lo dice en el discurso inicial de la Apología a pesar de con ello hacerse odioso a muchos. Tal es el sentido de la “indagación” típicamente socrática y del “examen” al que somete a los atenienses: “Este examen no es más que una parte de todo el proceso, tal como Sócrates lo expone. Una parte que parece ser, ciertamente, el aspecto más original de él (...) ese dialéctico "examen del hombre" (...) suele considerarse como lo esencial de la filosofía socrática, puesto que contiene el elemento teórico más vigoroso de ella...".

Íntimamente vinculado a este punto debe entenderse la típica característica socrática del “conócete a ti mismo”, célebre frase que aparecía en el santuario de Delfos. Conocerse a uno mismo no es, así, un “eslogan” o un simple consejo moral, representa la más profunda indagación de cuantas puede hacer el hombre: la auto indagación que conduce directamente al ámbito en el que la persona humana se enfrenta al descubrimiento del bien, por ello no deja de reprochar a los atenienses y de manera particular a sus dirigentes el no hacerlo, siendo que Atenas era la más notable de todas las ciudades de la época, como lo vimos en el apartado referente al contexto histórico.
ÉTICA

Íntimamente vinculado al giro antropocéntrico encontramos el aspecto característicamente ético de la reflexión socrática. De hecho, en opinión de algunos (Jeager), es la ética la que otorga el sentido antropológico al discurso socrático. Ya sea que lo anterior sea expresamente manifestado o no, hay plena coincidencia en conferir un rasgo eminentemente ético a la filosofía socrática, y más aún, su papel es decisivo al respecto, pues se considera que: “Sócrates crea la tradición moral e intelectual de la cual ha vivido Europa desde entonces.”. La persistente reflexión y discusión sobre la virtud que en todo momento aflora tanto en los diálogos platónicos así como en el testimonio de Jenofonte son claros al respecto.

En efecto, el vuelco de la reflexión filosófica hacia el hombre se abre camino, en Sócrates, a través de la reflexión ética, por la búsqueda y la indagación de la areté (virtud). El conocimiento del hombre no es algo de carácter externo, algo que analice al hombre desde una perspectiva exterior, el verdadero conocimiento es el estudio de uno mismo y de los demás, el cual inevitablemente conduce a la pregunta por la virtud y por el bien, ya que conocerlo es el único tipo de saber que conviene al hombre.

No es que Sócrates haya sido el primero en plantear la reflexión ética en cuanto tal, ya que los filósofos griegos anteriores a él también reflexionaron sobre el tema, pero lo que puede afirmarse es que sí fue él quien la colocó al centro de la reflexión filosófica considerándola como el elemento nodal del examen filosófico mismo.

Para Sócrates la virtud es conocimiento, saber. Con ello nuestro filósofo pretende poner bajo el dominio de la razón la vida humana y sus valores, la virtud no puede ser irracional como, de cierto modo, opinaban los filósofos anteriores al colocar las virtudes como formas de convencionalismos sociales y culturales, como las costumbres y las formas de conducta aprobadas por la sociedad. De esta convicción nace el que la ética propuesta por Sócrates halla sido entendida, desde el propio Aristóteles, como un “intelectualismo” o “racionalismo”. Así, quien hace el mal lo hace por ignorancia del bien, de lo que se sigue que nadie obra mal de manera voluntaria. Para Sócrates la voluntad se encamina al bien como su fin, y por ello es que quien realiza el mal lo hace por tener un falso conocimiento del bien, toda vez que la voluntad debe ser también una actividad lúcida, iluminada por el conocimiento, más no por cualquier forma del mismo, sino por el conocimiento de lo que hay más de profundo en el ser humano: su alma (psyche).
EL CONCEPTO DE ALMA.

Con Sócrates el concepto de alma adquiere un sentido central en la reflexión tanto ética como antropológica, que no habrá de perder nunca más en el pensamiento occidental. Por ello Jeager no duda en afirmar que es con nuestro autor "a través de quien cobra la palabra "alma", psyché, esa fisonomía que le convierte en el verdadero vehículo conceptual del valor espiritual-ético de la "personalidad" del hombre occidental".

Sócrates otorga al alma un lugar preponderante en el ser del hombre, de tal forma que le considera su esencia, y es por ello que el “cuidado” de la misma es lo único que debe importar al hombre, muy por encima de todo lo demás. Nadie antes que él había otorgado tal valor al alma. En ella reside la parte consciente del hombre, su inteligencia y también su voluntad, es el ámbito ético por excelencia. Transpolando a la psicología contemporánea tal concepto, los estudiosos comparan la psyché socrática con el yo consciente. No en vano tal ciencia recibe al nombre de psicología, cuyo origen etimológico remite directamente al sentido socrático de psyché. Tal sentido, por otra parte, difiere radicalmente del contenido mítico proveniente de la religión órfica que Platón le atribuyó después y que, desafortunadamente, quedo también impreso en el concepto occidental de alma. La inmortalidad del alma y su preexistencia, así como el radical dualismo con relación al cuerpo, conceptos todos ellos mítico-órficos y tan estimados por Platón son elementos extraños que no alcanzan a apreciarse en el original discurso socrático, por ello Jeager concluye: "Pero este problema (la inmortalidad del alma) no encerraba para él (Sócrates), en modo alguno, una importancia decisiva. Por la misma razón no nos encontramos en él con afirmación alguna acerca de la modalidad real del alma: ésta no es para él, como para Platón, una "sustancia", puesto que no decide si es separable del cuerpo o no. Servir al alma es servir a Dios, porque el alma es espíritu pensante y razón moral, y éstos los bienes supremos del mundo, no porque sea un huésped demoniaco cargado de culpas y procedente de remotas regiones celestiales.(...) El alma de que habla Sócrates sólo puede comprenderse con acierto si se la concibe juntamente con el cuerpo, pero ambos como dos aspectos distintos de la misma naturaleza humana. En el pensamiento de Sócrates lo psíquico no se halla contrapuesto a lo físico. El concepto de la physis de la antigua filosofía de la naturaleza incluye en Sócrates lo espiritual, con lo cual se transforma esencialmente. Pero así como, por la existencia del cuerpo y del alma como distintas partes de una sola naturaleza humana, esta naturaleza física se espiritualiza, sobre el alma refluye al mismo tiempo algo de la existencia física misma.".

Al colocar Sócrates el "cuidado del alma" como lo más importante para el hombre la reflexión filosófica, como puede inferirse, se encaminó decididamente al ámbito moral y, más aún, hacía el interior del hombre. El alma es el concepto que permite a Sócrates emprender el camino de la revolución filosófica de su tiempo, tanto para dar el giro “antropocéntrico” del que hemos hablado, así como otorgar el sentido eminentemente ético de su discurso filosófico. Sin embargo, en modo alguno debe entenderse la reflexión ética socrática como una reflexión intimista o individualista, ya que al colocar el carácter moral como centro de la existencia humana en general, lo era particularmente de la vida de la polys. Su crítica a los políticos, primeros a los que se dirige para poner a “prueba”, “examinar”, “investigar”, a fin de descubrir si son sabios, es una clara prueba de que para Sócrates, inclusive la vida colectiva debe entenderse a la luz de los principios éticos. No podía ser de otro modo para el ateniense del siglo V a.C., llamado Sócrates.
LA DIALÉCTICA

Otro elemento en el que existe coincidencia de todas las fuentes, y desde luego de los críticos, es el de considerar parte del “núcleo socrático” lo que se refiere a la dialéctica. El concepto, se sabe, se remite al método de la conversación, a través del cual en la enseñanza y reflexión de Sócrates ocupa un importante y decisivo papel, pues a través de él es la única manera en que puede llegarse al conocimiento de la verdad y la virtud. Sócrates es un maestro en el arte de la conversación, los diálogos, cuyo nombre no podía dejar de ser el que ostentan, lo muestran como tal. Este aspecto es uno de los que más le distinguen del saber y el método sofista, quienes asumían una postura de maestros de conocimientos, capaces de infundir y enseñar arete. No es así con Sócrates, quien siempre aparece como un buscador conjunto de la verdad:

"Pero, mi querido Critias, obras conmigo como si tuviese la pretensión de saber las cosas sobre las que interrogo...Yo busco de buena fe la verdad contigo; hasta ahora la ignoro."

Sócrates es conocido en todos los lugares públicos de Atenas a donde asiste a dialogar con todos los que así lo deseen, y es bien conocida y hasta temida su habilidad, como da testimonio de ello el general Nicias en el diálogo de Laques. La dialéctica socrática tiene un fin y no es otro que examinar al alma del hombre, conducirlo al ámbito del conocimiento ético y es a través del diálogo que lo logra. La dialéctica, en cuanto método y camino, utiliza la refutación y la mayeútica, aderezada por la infaltable y aguda ironía de Sócrates. La mayeútica ha querido ser entendida por algunos desde la perspectiva platónica de la preexistencia del alma, más no debe serlo sino entenderse en el sentido de ser un facilitador del conocimiento para con aquel que dialoga y que, por ello, es capaz de engendrarlo de común esfuerzo a través de la pregunta y la respuesta que la dialéctica conlleva.

Otros, ya desde Aristóteles, han querido encontrar en la dialéctica socrática el principio de la lógica formal y el método científico. Si bien es cierto que la dialéctica socrática atraviesa por la clarificación de conceptos para el diálogo, así como la búsqueda de definiciones que permitan establecer elementos para el mismo, parece también claro que el sentido de ello radica en la intención eminentemente ética del examen y la indagación socráticas, y no tanto en una pretensión lógico-gnoseológica como pretenden atribuirle algunos, entre ellos Taylor. Así lo estima Jeager al considerar que: "El diálogo socrático no pretende ejercitar ningún arte lógico de definición sobre problemas éticos, sino que es simplemente el camino, el "método" del logos para llegar a una conducta acertada.".

Taylor, sin embargo, y debido a su postura de otorgar a los diálogos platónicos carácter de historicidad, particularmente al Fedón, considera que por la utilización del método dialéctico debe otorgarse a Sócrates la plena paternidad de la lógica formal y de la teoría del conocimiento y método científico. Sin embargo, en atención a lo anteriormente expuesto al inicio de este apartado respecto de la utilización de los criterios contemporáneos de autenticidad histórica, debemos ser prudentes al respecto.
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Anexo 2
EL FABRICANTE DE ALMAS

POR: RENÉ REBETEZ

Revista n.º 25. 1.º Número del 2000 - DE CUENTOS DE AMOR, TERROR Y OTROS MISTERIOS Colombia
Carta de Charles Darwin a Tomás Huxley.




La imagen del Amigo
está colocada en el espejo del corazón
Siempre que voltees a mirarlo,
Allí lo podrás ver.

De un poeta anónimo Urdu.

El expreso que conecta a la ciudad de Ankara con Estambul se deslizaba en la noche silenciosamente. En el compartimento que me había tocado en suerte apenas se notaba el movimiento del tren y recostado en dirección a la ventanilla miraba distraídamente hacia la oscuridad exterior, iluminada a trechos por las amarillentas luces de alguna granja. Vencido por el sueño, el libro que había estado leyendo, una edición turca del Masnevi la obra cumbre de JALALUDIN RUMI, se deslizó de entre mis manos y cayó silenciosamente al suelo del vagón.

Cuando me apresté a recogerlo, en medio del sopor que me inundaba pude ver que había quedado abierto en una página donde se podía leer como epígrafe el aparte de uno de los poemas más significativos del autor:

En la amplitud de la Tierra de Dios
¿Por qué te has dormido en una prisión?

No alcancé a recoger el libro, porque alguien se me adelantó. Casi había olvidado al pasajero que estaba sentado frente a mí: a primera vista era un hombre común y corriente, el típico turco del centro del país, de estatura mediana, tez oscura, espeso bigote y nariz prominente sobre la cual brillaban unos ojos de impenetrable negrura. Vestía formalmente de traje y corbata y las puntas del cuello de su camisa habían sido ostensiblemente mal planchadas. Sobre el hirsuto cabello y sin lograr cubrirlo totalmente, un gorro turco de fieltro coronaba el conjunto. Llevaba consigo un portafolio Samsonite y había acomodado en el compartimento de equipajes un abultado maletín, todo lo cual le daba un sospechoso aspecto de vendedor ambulante.

Las manos nudosas del hombre, a todas luces provinciano, tomaron el libro y en lugar de regresármelo inmediatamente le dio vuelta para leer. Impuesto del epígrafe y del título, me lo extendió obsequiosamente dirigiéndose a mí en un inglés gutural:

- Veo que gusta de la buena lectura, caballero. Mevlana es nuestro poeta más grande (1)....

Asentí dando las gracias brevemente, temiendo que mi compañero de viaje intentara aprovechar la oportunidad para entablar conversación. El sueño se había despabilado, así que intenté sumirme en la lectura nuevamente, pero evidenciando su propósito de socializar, el hombre continuó diciendo:

- También veo que JALALUDIN RUMI , Mevlana , lo ha hecho despertar. Su pequeño gran poema sobre el sueño ha venido muy al caso. Estaba usted a punto de roncar como un bendito. !Ahora ya no podrá usted dormir!

Debió parecerle muy gracioso lo que dijo porque soltó una estruendosa carcajada en tanto que palmoteaba como un niño. Luego, recobrando la compostura y atusándose el bigote agregó seriamente:

- Le ruego disculpe la intrusión. Mi nombre es MEHMET YAVUZ, oriundo de Konia y soy comerciante de profesión.

No me había equivocado. Dentro de un momento el hombre intentaría venderme algo. Sin embargo la mención de Konia despertó algo mi curiosidad. Era esa, casualmente, la ciudad donde había pasado la mayoría de su vida JALALUDIN RUMI quien había nacido en la provincia persa de Khorasán, hoy Afganistán, en el mes de septiembre de 1.207. Desde muy niño el futuro poeta y filósofo fue trasladado a Konia por su padre, quien huía con toda su familia de una persecución local y también de las hordas invasoras de GENGHIS KHAN, hasta que finalmente encontró protección en Turquía bajo la égida de la dinastía de los Selyudides.

Así que allí, en Konia, el poeta había compuesto el MASNEVI , impartido su enseñanza y compartido con su maestro y amigo, el misterioso SHAMS de Tabriz. La añeja ciudad se convirtió en un centro de peregrinaje y en la legendaria sede tradicional de los MEVLEVI , la orden de los llamados derviches giratorios que el mismo RUMI había fundado en el siglo XIII. Hoy en día sus integrantes sólo están autorizados por el gobierno turco para efectuar cada año una representación pública de la ceremonia del Sema, como se denomina la danza de los MEVLEVI , ya que a principios de este siglo KEMAL ATATURK la había proscrito, en su inútil afán de occidentalizar a Turquía y barrer de su geografía toda expresión tradicional.

- Las casualidades no existen, estimado amigo, -dijo el turco adivinando mis pensamientos-. No es el azar lo que ha hecho que yo viaje en este tren rumbo a Estambul, como usted también lo hace, ni que esté sentado enfrente suyo, ni que el libro que usted lee haya caído de sus manos en un momento de inconsciencia, ni que haya quedado abierto precisamente en esa página. Alguna vez MEVALANA dijo refiriéndose a la forma en que impartía su sabiduría: Las personas acuden a mí y yo las amo. A fin de que puedan comprender, les doy poesía. Siglos después de su desaparición, el numen del Maestro sigue cumpliendo su misión. Todo está unido por hilos invisibles, estimado señor, sólo que no podemos ver el principio ni el fin de cada uno de ellos, ni el origen ni el destino de las cosas, ignorando por lo tanto su verdadera utilidad.

Estaba seguro de que el hombre iba derecho a venderme algo. Sólo que ya se perfilaba como uno de esos singulares magos, merolicos o culebreros de feria cuya mercancía suelen ser unguentos y panaceas, yerbas, chochos y brebajes para curar desde la impotencia hasta la tuberculosis galopante, aromoterapias para los malos humores y placebos de colores para vivir mejor. Así que suspiré en espera de lo peor. Pero nuevamente el hombre se me adelantó:

- Con el perdón suyo, caballero, puedo ver que su mente está llena de prejuicios hacia mí. Sin embargo recuerde que el hábito no hace al monje sino a quien lo mira. En efecto, como yo mismo se lo he dicho, soy un comerciante y usted se pregunta qué puedo vender. Cuando lo descubra, a lo mejor usted mismo va a rogarme que le venda algo del material que tráfico. La vida está de sorpresas, mi estimado señor.

Comencé a sentirme incómodo. La forma de expresarse del señor MEHMET YAVUZ era algo pedante y por los tiempos que corren, la palabra "tráfico" podía implicar cosas relacionadas con la droga. Por mi mente pasaron en rápida secuencia las imágenes del Expreso de Oriente y las pavorosas prisiones turcas. Lo más recomendable era cortar por lo sano antes de verme envuelto en algo que desconocía. Así que anuncié en un tono cuya inflexión no dejaba lugar a dudas:

- Lamento mucho, señor MEHMET, pero me temo que no necesito nada de usted. Si me lo permite, regresaré a mi libro.

Dicho lo cual, intenté de nuevo enfrascarme en la lectura. Inútilmente. La curiosidad rondaba en mi cabeza sin dejarme concentrar. El estado de sueño y la inexistencia del azar no eran temas que abordara un ignorante. Y la referencia que el turco había hecho acerca del hábito, del monje y de quien lo mira, podía ocultar más que un banal doble sentido. Además, el hombre parecía leer mis pensamientos y hasta lograba adelantarse a ellos. En ese mismo instante, yo sabía que él sabía lo que estaba pensando.

- Todo es previsible, mi estimado señor. Pero especialmente en un hombre como usted. Sus reacciones obedecen a un cierto tipo de estandarización, responden a lo que usted denomina sus valores y que yo llamaría su programa. Usted es lo que en occidente se llama un hombre culto. Lo cual para nosotros quiere decir que tiene ciertos prejuicios sólidamente establecidos y que reacciona ante los estímulos exteriores maquinalmente, como una computadora previsible.

Y en efecto, como si estuviera contestando a una pregunta mía agregó:

- Conozco la inquietud que expresó el doctor TOMÁS HUXLEY con relación a lo que él llamaba "la máquina biológica". En realidad ni él ni su asociado el señor DARWIN se equivocaban en aseverar que el hombre es solamente un aparato sin voluntad propia, un androide manejado a control remoto por muchas cosas, entre ellas la herencia genética, el medio ambiente y la química del carbono. La teoría de la evolución de las especies es una prueba palpable de ello: el ser humano es prisionero de un destino prefabricado de antemano por sus ácidos nucleicos... lo que no supieron ver es que hay una forma de salir de esa prisión y que el hombre puede ser dueño de su propio destino.

- No vaya tan rápido, mi estimado señor MEHMET,- le interrumpí. El asunto no es tan fácil. Una simple máquina no puede ser genial. Se requiere una gran dosis de creatividad para ser un gran artista, un músico o un escritor, por ejemplo. Y a decir verdad, para ser usted un comerciante, no lo hace nada mal con la filosofía, pero todavía le hace falta recorrer mucho camino...

- Gracias por su indulgencia. Enseguida se echa de ver que es usted un académico. Yo en cambio no tengo ningún diploma que exhibir. Sin embargo, creo que lo que usted anota respecto a la genialidad de los intelectuales y los artistas no corresponde para nada a la realidad. Si bien es cierto que las máquinas, hasta el momento, carecen de la inspiración necesaria para escribir por su propia cuenta obras maestras de la música o la literatura, no es menos cierto que lo mismo sucede con el común de los mortales. Lo que usted sostiene implica una discriminación, quiere decir que la mayoría de los hombres nunca han escrito una novela ni compuesto una sonata y sin embargo se toman por humanos.

El cinismo del turco pasaba de la raya. Sin quererlo me había involucrado en una absurda discusión con el desconocido. Pensé que lo mejor sería hacer caso omiso de lo que decía y tratar de volver a la lectura de mi libro. Pero algo en mi forma de ser me lo impidió. Diríase que aquel hombre sabía cuales resortes mover en mi interior para llevarme a donde él quería, porque me sorprendí respondiendo en un tono de voz ligeramente alterado:

- Nunca he dicho semejante cosa. Jamás he discriminado a nadie, me precio de ser un liberal y un demócrata.

- Pues francamente hablando, no lo parece. Usted considera a los artistas y a los intelectuales como una élite, piensa que son una clase separada de los demás seres humanos. Me imagino que también considerará seres superiores a los científicos y seguramente a los políticos. Pero una vez más. La inmensa mayoría de las personas nunca han sido presidentes, ministros, ni siquiera.

- Ergo, la posesión de una inteligencia superior implica una superioridad sobre los demás. ¿Y cuáles son sus parámetros para medir la inteligencia de los hombres? ¿Cree realmente que BEETHOVEN o GOETHE fueron más inteligentes que el jardinero de su casa o el peluquero de la esquina? Seguramente usted gana más dinero y es más famoso que su secretaria. ¿Pero es por eso más inteligente que ella?

Sin darme tiempo a interrumpir, el hombre continuó:

- Nosotros creemos que no hay ninguna desigualdad real entre los seres humanos. La única distinción que hacemos es aceptar que hay hombres que permanecen dormidos toda la vida y unos pocos que han logrado despertar. y este despertar depende íntegramente de su voluntad. Las otras diferencias se deben simplemente a una variedad de programaciones. Pero esto no implica ninguna distinción esencial. Por el contrario, significa una espantosa estandarización. En realidad, no hay ninguna diferencia entre usted y el hombre que recoge la basura, ambos obedecen a programas distintos, eso es todo.

- Me abstuve de preguntarle a quién se refería cuando hablaba de nosotros y de preguntarle qué era eso de hombres dormidos y hombres despiertos. Evitando verme envuelto en una discusión emocional, preferí señalar, en tono neutro:

- Entonces digamos que unos programas son mejores que otros...

- En absoluto. Ese en un error de apreciación. Las diferencias económicas, sociales y culturales son apenas archivos diferentes que pertenecen al mismo directorio general: el de hombres-máquinas, esclavos de un determinismo total, que sueñan la ilusión de vivir en libertad.

- ¿y qué decir de las inteligencias frustradas por motivos de orden social y económico? Este mundo está lleno de violinistas que trabajan como ascensoristas y de estupendos ascensoristas que tocan horrendamente el violín. Algunos tienen muy mala suerte...

El hombre pareció enojarse seriamente. Sobreactuando, como buen meridional, dio un puñetazo sobre el portafolio en tanto que vociferaba:

-¡Por todos los demonios! La palabra suerte debería ser borrada de los diccionarios. La gente sigue achacando a la mala o buena suerte lo que sólo atañe a su propia responsabilidad. No hay nada que obedezca a la casualidad, ni siquiera este encuentro aparentemente fortuito. Todo obedece a un programa trazado de antemano.

- Su contradicción es muy obvia -, le atajé. Por un lado habla de responsabilidad y por el otro de un determinismo absoluto. ¿Cómo pueden la libertad y la esclavitud ir de la mano?

- Nunca dejarán de hacerlo, pedazo de tonto.

Mi indignada reacción ante su falta de respeto se vio inhibida porque la entonación del hombre tuvo una inflexión inesperada: había adoptado un tono casi paternal y su voz tenía ahora una modulación persuasiva. Así que me contuve y el hombre continuó diciendo:

- Así como el día y la noche no pueden separarse, la vida no puede existir sin la muerte ni la libertad sin la cárcel. A eso ustedes lo llaman dialéctica, pero en la práctica sólo quieren quedarse con el lado bueno o con el lado malo de las cosas. Eso es vivir fuera de la realidad. La vida, en esta dimensión, está literalmente hecha de contradicciones, pero no es buena ni es mala, solamente es.

No agregué nada por considerarlo inútil. Tampoco intenté proseguir la lectura, simplemente volví a contemplar la noche a través de la ventanilla. Estaba ansioso por llegar a Estambul. Una vez terminada mi labor en la universidad me había prometido unos días maravillosos en esa ciudad de las mil y una noches, pletórica de historia y de misterio. y aunque parezca tonto, uno de mis más grandes deseos, aparte de volver a la catedral de Santa Sofía y visitar el Topkapi, antiguo palacio de sultanes que guarda entre sus vetustos muros maravillosas joyas, era tomar un largo baño en el Cagaloglu, el hamami (2) más antiguo del mundo, que se encuentra a unas pocas cuadras de la Mezquita Azul. Construido en mármol blanco durante el Imperio Romano, sus enhiestas cúpulas y extraordinarios relieves abrigan un escenario tan evocador y misterioso que ha sido escogido varias veces como locación cinematográfica.

A partir de ahí estos pensamientos míos dieron pábulo a toda una secuencia de hechos imaginarios y mi mente. Viajó hacia un pasado remoto en donde bellas huríes danzaban en el serrallo del Topkaki, con el maravilloso paisaje de un atardecer sobre las aguas del Bósforo, como telón de fondo. La bailarina más bella tenía las facciones y el cuerpo de una mujer que por ese entonces se adueñaba frecuentemente de mis pensamientos. Las imágenes que siguieron se encadenaron una tras otras a gran velocidad y como sucede siempre en estos casos, perdí la noción del tiempo mientras navegaba con la imaginación.

Esta vez el silencio me sacó del ensueño. Ante mi sorpresa, el otro ocupante del compartimento no había interrumpido mis divagaciones. En cambio pude advertir que me miraba de soslayo, con una expresión intensa que subrayaba en su rostro una sonrisa burlona.

- Parece usted muy divertido observándome, señor Yavuz. ¿No tiene otra cosa que hacer?

–Nada mejor, estimado amigo. El espectáculo del sueño ajeno siempre me ha embargado. Es muy interesante observar a un individuo que carece de existencia real. Cuando usted sueña despierto no está en ninguna parte. El pasado ha muerto, el futuro no ha nacido y el presente está agonizando. Sin embargo ese presente que muere y nace a cada instante es lo único que tenemos a nuestra disposición. ¿En dónde estaba usted entonces? En la nada absoluta. Aunque su cuerpo estaba ahí sentado, usted estaba ausente. No existía, simplemente soñaba. A esto se refiere Rumi cuando pregunta: ¿Por qué te has dormido en una prisión?

Habíamos retornado al principio de la conversación. Era Rumi quien había dado pie para que comenzara y era Rumi quien volvía a reanudarla. El turco, a quien ahora miraba con más respeto, sabía atar cabos. Es bien sabido que los poetas sufíes se expresan en diferentes niveles: bajo la constelación de orgías, vino y mujeres del Rubayata de Omar Khayam , por ejemplo, se esconden significados ocultos que atañen a conocimientos que son proverbialmente perseguidos por racionalistas y fundamentalistas de toda laya. Yo había oído antes en alguna parte y leído entre líneas también, que algunas escuelas filosóficas orientales sostenían que la vida es sueño, como lo había enunciado obviamente también Calderón de la Barca entre nosotros. El famoso cuento chino de Chuang Tzú quien soñó ser una mariposa y al despertar no supo ya si era Tzú quien había soñado ser una mariposa o si era una mariposa que había soñado ser Tzú, ilustra a la perfección el gran interrogante que algunos hombres de excepción se han planteado con relación a su consciencia. Era el mimo dilema que ahora abordaba, en forma muy pragmática, un comerciante turco de quién sabe qué cosa, en un vagón del tren expreso a Estambul. Sin embargo mi arraigada formación cartesiana sólo me llevó a decir:

– Pienso luego existo... expresó un gran filósofo, mi estimado Mehmet.

– Pamplinas -dijo el turco. Yo más bien diría: pienso luego sueño que existo - agregó mientras me dirigía una mirada singularmente intensa. Una absurda idea me asaltó: evidentemente ese hombre quería comunicarme algo inexpresable en palabras e intentaba fijarlo por otros medios en mi corazón. Luego agregó, como quien no quiere la cosa:

– Debo serle sincero, mi estimado amigo. En realidad soy un comerciante y por lo tanto un vendedor. Yo vendo lo que produzco: soy un fabricante de almas.

Aquello llegaba a extremos de presunción inesperados. Todo lo que había dicho el turco hasta ahora sonaba muy extraño, pero razonable. Ahora esta declaración espontánea de insania evidenciaba una mente esquizofrénica.

– Como de costumbre, usted pensará muy mal de mí y decidirá que estoy loco, distinguido profesor.

– Su voz sonó cansada, algo lejana, como de alguien aburrido de repetir una historia que ha narrado muchas veces.

– Cuando alguien no entiende algo, resuelve que ese algo no es verdad. No estoy loco, estimado amigo. Lo que sucede es que todo lo que yo digo contradice una programación que usted tiene entasada en su disco duro desde hace mucho tiempo. Pero esa información es espuria, no pertenece a su programa original. Le ruego que me escuche detenidamente aunque mis palabras causen automáticamente en usted una reacción natural de rechazo.

– Había subrayado la palabra automáticamente con una entonación muy especial. Carraspeó aclarándose la garganta y luego continuó diciendo:

– Cuando se dice, ante el atroz espectáculo de las guerras, los desastres ecológicos y otras calamidades ocasionadas por los hombres, cuando se dice, repito, que esta es una humanidad desalmada no es un eufemismo, es una aserción literal. Los hombres, estimado profesor, no tienen alma. Y si alguien quiere una yo puedo fabricársela.

Mi risa no pareció molestar le. El turco me había hecho pasar por muchos estados emocionales y ahora me estaba divirtiendo genuinamente. Según su forma de ver, una máquina biológica también podía reír automáticamente, así mi jolgorio carecía de importancia.

– Ustedes han sido convencidos de que el alma (algo que nadie sabe a ciencia cierta qué demonios es) viene incorporada al ser humano desde su nacimiento. Nada más falso. El hombre no viene completo a este mundo. Procedente de las capas más bajas de la naturaleza, en su evolución biológica ha llegado a adquirir la forma humana, pero está lejos de ser un hombre concluido, Insan Camil, "un hombre perfecto", como dicen los musulmanes. Esa es precisamente la misión que debe cumplir todo proyecto de hombre recién llegado a este planeta, perfeccionarse a sí mismo. Es algo que debe lograr por un esfuerzo continuado de su voluntad. y en ese esfuerzo radica la única posibilidad que tiene de ser realmente dueño de sus actos y de su destino. Yo solamente me limito a introducir en un proyecto de hombre la semilla del despertar. Lo demás es cosa suya.

– Acto seguido pareció perder interés en la conversación, echó un vistazo a un antiguo reloj de bolsillo que sacó de las profundidades de su chaqueta y procedió a extraer de su maletín un paquete que abrió cuidadosamente. Contenía un gran sándwich de pescado ahumado y queso fresco. Con un ademán me insinuó que podía compartido conmigo, pero ante mi negativa procedió a devorado concienzudamente. Yo había enmudecido. Los filósofos naturales tienen la virtud de no respetar ningún tabú, pensé para mis adentros. Sin embargo, las extrañas ideas del turco rondaban en mi cabeza y la desazón causada por su intensa mirada persistía causándome una inquietud extraordinaria.

Un poco para evitar el espectáculo gastronómico y también porque el apetito del turco había despertado el mío, decidí que un cambio de ambiente me vendría muy bien así que después de desearle un buen provecho salí del compartimento en busca del vagón restaurante.

Una vez allí encontré sitio en una mesa vacía y me acomodé nuevamente al lado de la ventanilla. Ordené al mesero antipastos turcos acompañados de una botella de Rasé d' Anjou y procedí a mirar en torno mío. El vagón restaurante estaba casi vacío, eran pasadas las diez de la noche e imaginé que la mayoría de los pasajeros ya habrían cenado. No pude localizar ninguna mujer bonita, que es lo primero que automáticamente suele capturar mi atención en los lugares públicos y observé apenas a dos parejas jugando a las cartas y constaté que no había nadie digno de interés. Así que procedí a consumir las viandas, al mismo tiempo que degustaba el estupendo vino.

Como es inevitable al comer solo, mi imaginación comenzó a vagar otra vez. Así que al terminar la comida, no supe en dónde había estado realmente todo ese tiempo. Ante mí tenía los platos vacíos y en la copa restaba algo de vino. Si bien podía recordar vagamente algunos momentos de presencia, cuando había llamado al mesero para pedirle algo y otros en que mis sentidos me habían sacado de mis pensamientos, por primera vez en la vida constataba que había comido mecánicamente sin que a ciencia cierta pudiera haber dicho dónde había estado mi conciencia mientras lo hacía. Comprobé que ese era mi estado habitual. y no pude menos que reconocer que había pasado la mayor parte de mi vida en esa lamentable condición de enajenación y ausencia de mí mismo.

Me invadió la certeza de ser un robot con apariencia humana y me encontré como un extraño dentro de mi propio cuerpo.

Experimenté cierta dificultad para moverme y algo en mí comprendió que había hecho parcialmente conscientes algunos mecanismos servomotores de mi organismo y la reacción que esto producía era de una cierta torpeza mezclada con asombro. Podía verme a mí mismo como un androide que pugnaba por ser hombre.

A mi alrededor constaté que las personas estaban evidentemente dormidas a la realidad y percibí que actuaban como sonámbulos. Uno de los hombres que estaban jugando cartas se enfureció por algún motivo baladí y con el rostro enrojecido por la cólera tiró los naipes y manoteó sobre la mesa, rompiendo un vaso. Luego se levantó y en actitud soberbia, abandonó el vagón: era la patética imagen de un muñeco de carne. No se veían mejor los que quedaron, las sonrisillas nerviosas y las grotescas actitudes que tomaron eran la representación de una tragicomedia barata. Se diría que todos traían puesta alguna máscara.

La certeza vívida y punzante de que somos marionetas movidas por hilos invisibles, me acompaña desde entonces. Comprendí que el vendedor ambulante era una especie de derviche trashumante (3). Me había "vendido" la idea del despertar y en alguna forma me había conducido a vivenciar el constante estado de ensueño en el que había estado sumido desde siempre.

Entendí entonces por qué es imposible liberar a un prisionero que no sabe que está preso, o despertar a un durmiente que sueña que está despierto.

En ese preciso instante supe por qué Darwin había sido un enfermo crónico de melancolía. Con excepción de su amigo Tomás Huxley , nadie antes que él había observado tan detenidamente el condicionamiento esclavizante al que nos tiene sometidos la llamada evolución de las especies, en cuyo desarrollo y resultados consecuentes nuestra conciencia no interviene para nada. La visión de esa tenebrosa prisión debió causar en él las crisis depresivas que lo atormentaron hasta el día de su muerte.

Por un momento creí ver reflejado en el cristal de la ventanilla del tren el rostro burlón de Mehmet Yavuz y sentí su mirada de acero clavada en mis ojos. Di la vuelta, pensando que aquel era un auténtico reflejo pero no había nadie tras de mí. De repente supe que mi compañero de viaje conocía el secreto de la liberación y sentí la imperiosa necesidad de hacer al señor Mehmet Yavuz partícipe de mi extraña experiencia y plantearle mil preguntas. Me paré corno un resorte, dejé unas cuantas liras turcas sobre la mesa y salí corriendo torpemente en busca suya.

Cuando abrí la puerta del compartimento lo encontré vacío. El derviche no estaba, su portafolio y el maletín habían desaparecido. Comprendí que nunca lo volvería a ver. Yo quedaba entre dos aguas, siendo testigo de mis sueños y tratando de despertar al mismo tiempo. Ahora me encontraba solo ante la ignota tarea de fabricarme un alma. Del libro colocado sobre mi asiento sobresalía un trozo de papel. Me apresuré a abrirlo en la página marcada. Hallé subrayado este poema en donde se canta el más grande anhelo al que un ser humano puede aspirar.

No soy de agua o de fuego
Ni del viento que aturde mi cabeza
No soy de la tierra cerámica marcada
Yo me río de todos ellos.

1. Mevlana, ‘Nuestro Maestro”. En el Medio Oriente Jalaludin Rumi es conocido por el apelativo de Mevlana.

2. Baño de vapor.

3. Derviche, del persa “darwih”, pobre. Se refiere a los sabios mendigos itinerantes que impartían su conocimiento en los lugares que visitaban.

ANEXO DHAMAPHADA

CAPÍTULO 2: LA ATENCIÓN
21. La atención es el camino hacia la inmortalidad; la inatención es el sendero hacia la muerte. Los que  están atentos no mueren; los inatentos son como si ya hubieran muerto. 

22. Distinguiendo esto claramente, los sabios se establecen en la atención y se deleitan con la atención,  disfrutando del terreno de los Nobles. 

23. Aquel que medita constantemente y persevera, se libera de las ataduras y obtiene el supremo Nibbana. 

24. Gloria para aquel que se esfuerza, permanece vigilante, es puro en conducta, considerado, autocontrolado, recto en su forma de vida y capaz de permanecer en creciente atención. 

25. A través del esfuerzo, la diligencia, la disciplina y el autocontrol, que el hombre sabio haga de sí mismo una isla que ninguna inundación pueda anegar. 

26. El ignorante es indulgente con la in atención; el hombre sabio custodia la atención como el mayor tesoro. 

27. No os recreéis en la negligencia. No intiméis con los placeres sensoriales. El hombre que medita con  diligencia, verdaderamente alcanza mucha felicidad. 

28. Cuando un sabio supera la inatención cultivando la atención, libre de tribulaciones, asciende al  palacio de la sabiduría y observa a la gente sufriente como el sabio montañero contempla a los  ignorantes que están abajo. 

29. Atento entre los inatentos, plenamente despierto entre los dormidos, el sabio avanza como un corcel  de carreras se adelanta sobre un jamelgo decrépito. 

30. Por permanecer alerta, Indra se impuso a los dioses. Así, la atención es elogiada y la negligencia subestimada. 

31. El monje que se deleita en la atención y observa con temor la inatención, avanza como el fuego, superando todo escollo grande o pequeño. 

32. El monje que se deleita en la atención y observa con temor la inatención, no es tendente a la caída. Está en presencia del Nibbana

  
GUIA PARA TALLER 2

PROYECTO DE VIDA”
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