Ana María Fernández El campo grupal Notas para una genealogía




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Ana María Fernández



El campo grupal

Notas para una genealogía



Prólogo de Armando Bauleo


Ediciones Nueva Visión

Buenos Aires

A Nicolás, Emilio y Francisco, mis hijos

I.S.B.N. 950-602-197-X
© 1989 por Ediciones Nueva Visión S.A.I.C.

Tucumán 3748, Buenos Aires, República Argentina

Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.

Impreso en la Argentina/Printed in Argentina
El libro que aquí se presenta tiene su antecedente en el trabajo original escrito como postulante al Concurso de la Cátedra de Teoría y Técnica de Grupos de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, sustanciado en 1985.

Aquella primera producción tenía como eje el tema solicitado en tal concurso: "¿Existen los grupos humanos. Fundamentaciones". Sucesivas reelaboraciones han transformado aquel texto de setenta páginas en el volumen que se ofrece hoy a su publicación. Si bien luego de casi tres años de trabajo poco queda de aquel primer texto, el actual conserva un eje de ciertos recorridos temáticos y de autores, consecuencia del requisito académico en el marco del cual fueron pensados los problemas centrales de este libro.

Fuerte motor de sus distintas versiones ha sido el diálogo con los alumnos, quienes con sus preguntas e impresiones han orientado muchos de sus tramos. Al mismo tiempo, la discusión y la crítica del equipo docente de dicha cátedra han permitido su enriquecimiento y profundización.

Sin el estímulo de tal marco académico es probable que este libro no hubiera sido posible.

Sus páginas llevan la impronta de largos diálogos con Juan Carlos de Brasi, Marcelo Percia y José Antonio Castorina. Su presencia va mucho más allá de las citas en que son mencionados puntualmente. También llevan el afecto y la eficiencia de Mercedes López, Sandra Borakievich e Isabel Temprano, quienes realizaron el "invisible" trabajo mecanográfico.

A todos ellos, muchas gracias.

Ana María Fernández


Buenos Aires, diciembre de 1988.
PROLOGO DE UNO INCLUIDO COMO LECTOR

EN EL TEXTO EL CAMPO GRUPAL:

NOTAS PARA UNA GENEALOGIA


Estoy de acuerdo con Ana María Fernández, Pavlovsky, Eco, etc., en que la inclusión del lector pueda proporcionar otras extensiones o entendimientos a un texto. De todas formas, en un momento determinado, me pregunté si me incluí solo o alguien me había empujado. Mis recuerdos son confusos pero me pareció inútil esta diferenciación, sobre todo cuando ya me encontraba sumido en la lectura del libro.

Lectura complicada ya que existen al menos dos niveles o líneas que me comprometen (en este caso me incluyen de más) haciéndome más intrincada esa lectura. Una de las líneas, el contenido del libro, polémico, interesante; la segunda línea, mi conocimiento de Ana María y del contexto socio-cultural (y profesional) argentino, y sobre todo de Buenos Aires. Empecemos por esta segunda línea. Entiendo que Ana María debe efectuar ciertos pasos o subrayar ciertas denominaciones para que el contexto porteño no se cierre en los prejuicios que se esconden, muchas veces, detrás de la búsqueda de "precisión" de ciertas nociones. Observo que debe luchar dentro de un particular contexto cultural en el cual los conceptos o las tendencias continúan, a veces, aglutinados con las instituciones. De ahí resulta que si se desea polemizar sobre una noción, ciertos profesionales o ciertas instituciones se sienten agraviados.

Nuestro alejamiento de la A.P.A., a través de Plataforma, tenía como una de sus finalidades comenzar a romper aquella aglutinación. Esa finalidad era ensayar y observar si el pensamiento psicoanalítico podía continuar su desenvolvimiento fuera de su institucionalización. No buscaba promover la autodesignación ni el ritual del pase, sino más bien colocar en otra disposición los interrogantes sobre la transmisión como así también situar otra actitud sobre esa línea ondulante que corresponde a la historia de los conceptos. Es decir, no quedar sumidos y agarrados, en lo que J. C. De Brasi sintetiza en una simpática e irónica frase: "Basta de jefes, el jefe".1

En su libro, Ana María Fernández es minuciosa y cada paso se transforma en "dos pasos adelante, uno atrás" es decir, va y viene en cada cuestión no sólo como manera de encadenar sus apreciaciones en la aparición e historia de las nociones, sino también para señalar lo que éstas aportaron al campo grupal y cómo ellas deberían ser sometidas a una elucidación crítica.

Esa minuciosidad apunta a dos cuestiones: una, metodológica, donde se realiza un punteo de los elementos enunciados hasta ahora en el campo grupal, para luego analizar cómo se fueron transformando -en el mejor caso- o reproduciendo -en el peor- modificando la comprensión de las prácticas en dicho campo grupal. (Lo de mejor o peor va a cuenta mía, no sé si es un "valorativo" teórico o simplemente emocional.)La segunda cuestión, en lo que a minuciosidad respecta, se refiere a la lucha cultural. El libro señala la necesidad de evitar las descalificaciones basadas en imágenes y prejuicios que suelen encontrarse en la base de algunas falsas opciones (¿puede considerarse psicoánalisis el trabajo con grupos?, ¿es legítimo realizar esta tarea por fuera de las Asociaciones Psicoanalíticas?). Revaloriza el papel que pueden desempeñar las contradicciones teóricas y practicas que surgen inevitablemente en el trabajo de un campo tan contrastante como el grupal.
Entremos en la primera línea del por qué era complicada la lectura. Si dije que es un libro "interesante" con esto no me refiero particularmente a que sea bello o atractivo en sentido literario; no hace soñar con paraísos perdidos, ni permite una falsa complacencia o una mera complicidad. Es interesante al revés: por las polémicas que suscita, por las opiniones contrastantes que estimula, por las hipótesis que abre, por los sentimientos que provoca. Es un interés despertado por el deseo de una disputa alrededor de lo.,, contenidos, de las apreciaciones y de la misma historia que desarrolla, De aquí que este "interesante" sea más interesante.

Veamos algunas problemáticas.

Un problema inicial surge ya en la página 17, en la cual dice: "Así las cosas, los discursos con respecto a la grupalidad fueron organizando una infatigable Torre de Babel". En la página 19: "se enfatiza una diferenciación: los grupos no son lo grupal, importa por lo tanto una teoría de lo que hacemos y no una teoría de lo que es […] Cómo se construyen los conocimientos sobre lo grupal [y no] qué son los grupos".

Subrayé en la frase de la página 17 porque no sé bien si la palabra "grupalidad" suplanta a "los grupos". Es decir si la frase no debería decir "… los discursos respecto a los grupos organizaron una infatigable Torre de Babel". Siempre he tenido dudas sobre la relación (o correlación) entre grupo-grupos-campo grupal-lo grupal-grupalidad,

Continuando de acuerdo con Ana María en no comentar qué son los grupos sino los conocimientos sobre el campo grupal, quisiera aclarar cierta línea de investigación que continúo desde más o menos seis años, sobre cierta problemática.

Hagamos una hipótesis: podría ser que la genealogía de la grupalidad no fuera la misma que una genealogía del campo grupal. Mientras esta última reconoce un momento renacentista, en el cual la palabra enunciada ya podría señalar el enjambre de relaciones que se establecen en tanto se organiza un conjunto de personas, en la primera la cuestión es más espinosa.

En la grupalidad, su enunciabilidad es mucho más joven, podríamos decir de fines de siglo pasado, y luego resurge después de la Segunda Guerra Mundial, pero su historia como proceso, para todos los autores, se hunde en la prehistoria.

De esta manera la "grupalidad" aparecería o señalaría una situación anterior a socialidad y a individualidad. Lo que me llevó a investigar esta línea es que yo mismo indicaba lo grupal como mediación o como intermediario, entre la sociedad y el individuo. Sobre todo porque la mediación y el intermediario aparecían ligados al proceso de transformación y cambio (pág. 54 de esta obra) importante en nuestra perspectiva del proceso grupal, difícil de imaginar, al cual Pichon Riviere le asignaba la figura de "espiral".

Entonces tuve que pensar en adelante yendo hacia atrás. Reflexioné que si Freud decía que primero era la Psicología Social y luego se instalaba una Psicología Individual (Psicología de las Masas y Análisis del Yo) no sólo hablaba de campos disciplinarios sino también de procesos mentales. Entonces creí observar que "Psicología Social" era la manera de dar una denominación a un engarce de elementos, anteriores al surgimiento de la individualidad. Pude observar que tanto en trabajos anteriores (Tótem y Tabú) como en sus apreciaciones de lo filogenético, Freud no se apartaba de lo que en aquella frase había sintetizado.

Esto me estimuló a buscar en otros autores. Uno de los que más atraen a esta cuestión es Pierre Clastres2 y sus labores en Antropología Política, los artículos que anteceden al famoso manuscrito de La Boetie "La servidumbre voluntaria", en los cuales Clastres y Laforgue discuten y establecen la problemática relación entre lo Uno y lo Múltiple. A esto se adjuntará Badiou3 señalando al "dos hegeliano" como una vía de movimiento en la comprensión del Uno y lo Múltiple. Vayamos agregando los estudios sobre cultura cretense, en el período minoico,4 los trabajos sobre el pasaje de la oralidad a la escrituras.5

Algunas frases de Clastres para repensar aquel mundo primitivo: "Ciertas cosas no pueden funcionar según el modelo primitivo sino cuando la población es poco numerosa. O, en otras palabras, para que una sociedad sea primitiva es necesario que sea numéricamente exigua".

Después describe ese tipo de mundo con una economía de subsistencia (otro tipo de rapport entre tiempo-trabajo-ocio), la división sexual del trabajo, "estas sociedades, sin Estado, sin escritura, sin historia, son también sin mercado" (La Societá contra lo Stato). No quisiera aquí abundar en estos detalles, sólo deseo indicar por dónde moverse en la búsqueda de datos para pensar la "situación primitiva".

En el mismo psicoanálisis, pueden encontrarse ciertos ejemplos de esta problemática. Unos pocos años después de Tótem y Tabú, Ferenczi escribe su Thalassa. Pero fue un discípulo de él, lmre Hermann6, últimamente resurgido y señalado como un autor "interesante e importante" por todas las tendencias psicoanalíticas, quien retorna y desarrolla nuestra temática, a partir del punto particular de "la naturaleza de los instintos primitivos".

Volviendo a Freud señalaré que en varios momentos de su obra indica la correlación entre "la neurosis, el comportamiento infantil y el del hombre primitivo."Podríamos entenderlo "cualquiera que se condujese como un primitivo en nuestro mundo actual sería visto como un niño o como un neurótico".

Fui expresando ciertas ideas que estoy investigando y contrastando que permiten pensar la grupalidad antes de que se configuren la socialidad y la individualidad (y las disciplinas que se fueron haciendo cargo).

Otras interrogaciones se abren cuando las dos genealogías (la de los grupos y la de la grupalidad) se "tocan". No sabría decir bien en cuántos momentos o circunstancias esto acontece, o para resolver qué problemas teóricos, pero puedo plantear como hipótesis (continúa siendo una investigación) que después de la Segunda Guerra Mundial -una de las más feroces que conmovió todos los niveles de las estructuras sociales e individuales- los trabajos de búsqueda sobre el desarrollo de los grupos llegan a hacer contactar aquellas dos genealogías. Retornaré sólo los casos de Bion y de Pichon Riviére, nombrados con abundancia y con rigurosidad por Ana Maria.

La autora del libro los nombra en función de cierto cariz del trabajo que ellos realizaron, pero yo insistiré en otro tipo de análisis.

Primero, los dos tenían conciencia de en qué contexto estaban trabajando, como así también de sus inclusiones profesionales, políticas y sociales y -lo que es más- eran conscientes de cuáles podrían ser los "alcances" de sus labores en estos ámbitos (¡hasta dónde podían o qué era posible lograr!). También tenían una cierta idea de la "extensión" de sus prácticas grupales. Por lo tanto sería útil rever aquí el desplazamiento que sufre el marco visible-invisible en comparación con otros autores. Por otro lado, dentro de sus mismos trabajos sería necesario observar otro movimiento o perspectiva.

Sin caer en "qué son los grupos" y manteniéndonos en "Cómo se construyen los conocimientos sobre lo grupal", pienso que ambos autores nos indican que es necesario construir una perspectiva "claro-obscura" de los grupos en la y desde la cual trabajar. Si dejo a las nociones de visibilidad-invisibilidad las connotaciones que Ana María les dio, utilizo el "claro-obscuro" para marcar que estos autores indican que solamente una perspectiva no positivista, permitiría otra elaboración del campo grupal.

Si no fuera así no sería comprensible qué significa "grupo externo-grupo interno" en Pichon Riviére y "presupuesto de base" en Bion, ya que el primero estipula que es necesaria una cierta colocación del observador para elaborar los conocimientos correspondientes a los "claros-obscuros" del campo grupal, incluyendo desde ya las apreciaciones sobre lo visible-invisible, expresados por Ana María.

Para Bion, los presupuestos de base, no están sólo como organizadores del grupo, sino también en la mente del sujeto corno una de sus formas de estructuración. "Bion indica que los presupuestos de base tienen una sola matriz y muestra cómo ellos pueden alternar o sustituirse automáticamente los unos a los otros evolucionando en la forma psicológica de tal "sistema protomental común". "El concepto de presupuesto de base es una idea-clave para la aproximación psicoanalítica del grupo y de la vida colectiva". Bion piensa que "las ansiedades primitivas ligadas a la relación con objetos parciales son la fuente principal de todo comportamiento de grupo" y más especialmente que "los presupuestos de base son formaciones secundarias en relación a una escena primaria muy primitiva que se desenvuelve a nivel de los objetos parciales y que está asociada a angustias psicóticas y a mecanismos de clivaje y a identificaciones proyectivas7.

Bion, a diferencia de Anzieu, dice: "Podemos, en efecto, considerar como manifestaciones del carácter de las relaciones a nivel de objetos parciales: lo incoercible y la violencia de ciertos comportamientos de los individuos considerados como miembros de un grupo de base, el hecho de que personas maduras y creativas puedan dar lugar, cuando ellas están reunidas, a formas de construcción de grupos (gruppificazione) altamente patológicos, la inhibición del pensamiento, bastante frecuente en grupos numerosos o altamente institucionalizados". No habla de transferencias positivas o negativas que, para él, tienen otra connotación.

Pero también, tanto para Bion como para Pichon Riviére, un otro concepto forma parte de los conocimientos del campo grupal. Estoy hablando de la contratransferencia y de la contraidentificación proyectiva (que para nosotros harían más densa la noción de implicación).

Por lo tanto los cuerpos conceptuales que hacen a la grupalidad, -a incluir en el campo grupal- señalan (creando) un entrecruce muy original de nociones que indican que para el trabajo en el proceso grupal "claro-obscuro", no alcanzan o bastan nociones positivistas, porque ahí están en juego conocimientos sobre la agrupación, el psiquismo individual, la grupalidad ("la vida colectiva" o "la escena primaria muy primitiva"), la transferencia y contratransferencia. En tal sentido, la elucidación crítica es "corta" si solamente es moral y no de inclusión. Se vuelve necesaria no sólo una visión hacia afuera sino una mirada hacia adentro. El "claro-obscuro" apunta a la organización compleja y caleidoscópica del conocimiento que entabla las nociones antes indicadas.

Pero también ese complejo conocimiento tendría que dar cuenta de ese contacto entre genealogía de la grupalidad y genealogía de los grupos. Un esbozo de esta cuestión estaría en Bleger "sociedad sincrética y sociedad por interacción", uno de los pioneros en estas perspectivas.8

Hice estas consideraciones también siguiendo los pasos freudianos. Si la teoría de Freud tiene tres soportes, como él mismo afirma: Sexualidad infantil, Represión y Transferencia, podemos ver que en uno de ellos existe un elemento hipotético importante. Me refiero al concepto de represión primaria. Hipótesis necesaria para seguir pensando el aparato psíquico.

Creo haber demostrado hasta dónde el libro de Ana María Fernández puede estimular nuestras intuiciones, o ensamblar pensamientos perdidos, o atraemos y envolvemos en una polémica fascinante, o simplemente ayudamos a reflexionar.

Como puede imaginarse esperarnos las respuestas (es decir, con otros que también creo abrirán interrogaciones), así que estoy curioso esperando el segundo tomo sobre estos argumentos.
Armando Bauleo

Venezia, junio de 1989.
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