La importancia de llegar primero




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títuloLa importancia de llegar primero
fecha de publicación24.02.2016
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La importancia de llegar primero
¿Se han preguntado alguna vez a qué se debe el orden de las letras en el teclado del ordenador? Su situación no es aleatoria, y de hecho, dista mucho de ser óptima para la escritura.

Cuando aparecieron las primeras máquinas de escribir a mediados del siglo XIX se diseñaron muchos tipos diferentes de mecanismos y de teclados. Por lo que respecta al teclado los había con letras ordenadas de forma alfabética, otros agrupaban vocales y ciertos grupos de consonantes, otros las letras más frecuentemente utilizadas, había algunos con dos filas, otros con 3, otros con más, rectangulares, cuadrados..., cada teclado tenía su razón de ser. En cuanto al propio funcionamiento de las máquinas también se probaron diferentes mecanismos, pero el que finalmente se impuso fue el diseño patentado por Christopher Latham Sholes, en el que al presionar una tecla un martillo reproducía una determinada letra en un papel. Era la máquina más eficiente y práctica. Acabó imponiéndose y de hecho este mecanismo de martillos siguió vigente durante gran parte del siglo XX. Pero al aparecer las primeras máquinas de escribir surgió un problema: las primeras unidades todavía eran un poco rudimentarias, y cuando sus usuarios adquirían cierta práctica y velocidad, si se presionaban muy rápidamente dos teclas que estuvieran juntas, los martillos se enganchaban. Christopher Scholes solucionó dicho inconveniente diseñando un teclado que evitaba que las letras más frecuentes estuvieran juntas. Con esto conseguía ralentizar suficientemente la escritura como para evitar que los martillos se enganchasen. Dicho teclado se denominó QWERTY, porque éstas son las 5 primeras letras de su fila superior. Lo curioso del caso es que aunque en la actualidad ya no existan problemas con martillos de obsoletas máquinas de escribir, y a pesar de estar diseñado para dificultar la escritura, es el que todavía sigue vigente en todo el mundo occidental. ¿Por qué existe entonces? Indudablemente durante el siglo XX se propusieron muchos otros teclados más eficaces que el QWERTY que permitían escribir de forma más rápida y cómoda, hay una enorme cantidad de diseños patentados, pero el QWERTY estaba tan profundamente implantado, que fue imposible sustituirlo.

La conclusión que se podría extraer de este ejemplo es que cuando un diseño se impone por ser el óptimo en un momento determinado, si consigue colonizar totalmente un mercado, puede mantenerse aunque cambien las condiciones y deje de ser óptimo. Lo mismo pasa con algunas especies de animales que colonizan nichos ecológicos a pesar de no ser las que mejor se adaptarían, o con algunas ideas muy inculcadas en la mentalidad popular, que tuvieron su sentido en una época, pero a pesar de estar absolutamente desfasada en la actual, resulta harto complicado de eliminar. De vuelta al el ejemplo de las máquinas de escribir, su permanencia como diseño ya no óptimo, sino incluso absurdo y ineficiente, ilustra a la perfección los lastres que la selección natural ha ido dejando en el diseño de nuestros cuerpos. Los homínidos tenemos cierta tendencia a pensar que la selección natural ha ido moldeando nuestro organismo para adaptarlo lo mejor posible al entorno en que vivimos, hasta conseguir un grado de perfección considerablemente elevado. Absolutamente falso. En nuestro cuerpo acumulamos errores e imperfecciones que provienen de nuestro largo pasado evolutivo, que tuvieron sentido hace miles de años, pero que son un incordio para el tipo de vida que llevamos ahora. Y es que hemos moldeado nuestro entorno a un ritmo tan ráido que la selección natural no ha tenido tiempo para adaptar nuestros cuerpos a él. Ni posiblemente lo consiga por sí sola. Todo apunta que los humanos tomaremos su relevo y nos modificaremos a nosotros mismos para dirigir nuestra propia evolución artificial quien sabe hacia donde. Pero volviendo a nuestra fisiología, tenemos tantos problemas de espalda porque nuestra columna vertebral no está diseñada para caminar erguidos. Los primeros homínidos se pusieron de pie porque un cambio climático transformó los bosques de áfrica en sabana, y en ese entorno andar a dos patas era mejor que ser cuadrúpedo. Con el tiempo ese pequeño detalle fue crucial en la evolución humana, porque el tener las manos libres permitió fabricar herramientas, con lo que se mejoraba la caza y la supervivencia, y además por lo que se requería un cerebro más grande. Queda claro que el bipedismo fue una gran ventaja evolutiva para los primeros homínidos, a pesar de que su columna vertebral ya estaba diseñada de antemano para ser cuadrúpedo. El precio que tenemos que pagar a cambio de un cerebro más desarrollado es cierto dolor de espalda. Sólo un inepto hubiera diseñado nuestra columna vertebral de esta forma si previera que íbamos a caminar erguidos y algunos pasarnos tantas horas delante del teclado QUERTY. Otro ejemplo clásico de diseño imperfecto de nuestro cuerpo es el ojo humano. A ningún ingeniero se le hubiera ocurrido el disparate de colocar la salida del nervio óptico justo en una zona de la retina donde incide la luz que penetra por la pupila. No es un diseño perfecto en absoluto, porque provoca el llamado punto ciego que nuestro cerebro se encarga de ignorar, pero es el que apareció al principio. Si justo en ese mismo momento hubiera aparecido una competencia mejor, quizás le habría sustituido, pero si ha aparecido mucho después, allí se habrá quedado. Otro lastre evolutivo que arrastramos está relacionado con el envejecimiento. Quizás el avance científico más importante de la humanidad se puede considerar el haber duplicado la esperanza de vida de la población de los países desarrollados en menos de cien años. Esto lo hemos conseguido gracias al desarrollo farmacéutico de los antibióticos, evitando infecciones y parásitos al mejorar las condiciones higiénicas y tener acceso a agua potable, y mejorando muchísimo la alimentación de los niños y las condiciones de vida de la población. Pero en el fondo nuestros genes y procesos metabólicos son idénticos ahora que hace varios miles de años, y el interior de nuestro cuerpo no está preparado para vivir tanto tiempo como lo hacemos en la actualidad. Lo vemos claramente en el proceso de menopausia en las mujeres, cuando la disminución de estrógenos favorece una descalcificación y debilitamiento de los huesos. Eso no importaba hace 40.000 años, cuando la única función que tenía una hembra después de procrear era cuidar unos pocos años a su descendencia. De hecho para la especie era mejor que envejeciera rápido y no fuera un estorbo una vez no podía tener más hijos. Pero la situación actual es completamente diferente. La evolución no previó que las abuelas llegarían a cuidar también de sus nietos y por eso les toca sufrir artrosis.

Volviendo en parte a nuestros antepasados, otro ejemplo que ilustra a la perfección cómo se mantienen errores a pesar de que a veces sería muy fácil solucionarlos, es la anécdota sobre el nombre de la Sima de los Elefantes en las excavaciones de Atapuerca. El importantísimo yacimiento de Atapuerca, donde se han realizado hallazgos muy meritorios relacionados con el estudio de la evolución humana, tiene diferentas zonas donde se realizan excavaciones en busca de restos fósiles de nuestros ancestros. Uno se llama la Sima del Elefante, porque al principio de excavar en esa zona se encontró una rótula enorme que tras un no muy profundo debate se asignó a un elefante. La anécdota es que tiempo después un experto la estudió con más cuidado y dijo que en realidad esa rótula había pertenecido a un rinoceronte, por lo que el nombre “perfecto” debería ser la Sima del Rinoceronte. Pero después de tanto tiempo y tantos folletos impresos, ¿valía la pena cambiarlo? el nombre ya estaba establecido.

Y es que una vez más, si te haces un hueco en un nicho ecológico, y consigues coparlo, puede ser que a pesar de que lleguen especies mejores que tú consigas sobrevivir igualmente. En el mundo de las empresas resulta obvio y podemos encontrar miles de ejemplos. Todo el mundo utiliza el navegador Explorer a pesar que el Mozilla Firefox es también gratuito y mucho mejor. Hay infinidad de productos cuyo prestigio de marca se impone ante mejores características, incluso en el precio de compra. Y es que en el fondo, la perfección no tiene porqué ser lo más valorado. Si volvemos a utilizar el símil de la selección natural, solemos pensar que la evolución ha ido modificando el cuerpo de los animales con el principal objetivo de sobrevivir. Pero esta es una visión incompleta. Evidentemente ser fuerte, rápido y saludable son características que permiten sobrevivir a los más adaptados al medio en que se encuentren, pero el verdadero objetivo de cualquier organismo no es la supervivencia sino la reproducción. La verdadera misión biológica que cada animal tiene, la principal sino única obligación con la que está predeterminado es pasar sus genes a la siguiente generación. Y si para ello debe poner en peligro su integridad física, no duda en hacerlo. Si nos alejamos del ser humano, que desde hace poco es el único animal más influenciado por la cultura (quien la tenga) que por la genética, podemos encontrar muchos ejemplos que demuestran esta prioridad de la reproducción ante la supervivencia: la frondosa cola del pavo real en el fondo es un incordio que le hace más fácilmente alcanzable por sus depredadores, pero en cambio las hembras eligen al macho con la cola más frondosa. Lo hacen porque “piensan” que si a pesar de esta desventaja, ha sido capaz de sobrevivir y alimentarse tan bien como para mantenerla sana y lustrosa, es que demuestra tener buenos genes. Lo mismo pasa con los pesados cuernos del alce. No tienen ninguna función evolutiva para la supervivencia, pero el más fuerte es el compañero deseado. Incluso hay unos peces de colores, los guppies, que arriesgan sus vidas para vacilar a la hembra. En las zonas tropicales donde viven, cuando hay una hembra delante (y sólo si hay una hembra delante) los machos se aproximan peligrosamente a un pez que les pueda engullir. Pues bien, resulta que la hembra escoge al que más se haya acercado sin ser cazado, claro. Pero más allá de los riesgos a la supervivencia, la cola del pavo real, o la cabellera de un león, los músculos de un hombre o las curvas de una mujer ilustran el sentido biológico de la belleza. Cuando la supervivencia a nivel de estructura ya está cubierta, lo que prevalece es la belleza. Si vamos a comprar un coche, evidentemente queremos que tenga un motor bueno, pero posiblemente lo que más influya en nuestra decisión final sean aspectos como el color o un diseño atractivo. La publicidad sabe que la perfección no es lo que más consigue vender. Y con la publicidad se entra en otro aspecto relacionado con la perduración de las imperfecciones: la manipulación mental. La publicidad, al igual que ciertos líderes políticos, o religiosos, pueden forzarnos a mantener posiciones que no sean verdaderas, y de las que una vez convencidos va a ser muy difícil escapar. El filósofo Jaques Derrida cuando planteaba sus ideas sobre la deconstrucción, insistía en que era muy difícil sustituir una idea, por muy obvia que fuera su falsedad comparada con otra. Para él, antes de aceptar una nueva idea como cierta era imprescindible deconstruir la anterior como falsa. En el fondo se trata de la resistencia al cambio, hecho que hace que a nivel ideológico también vivamos en una sociedad de las imperfecciones. De hecho, el gran filósofo de la ciencia Thomas Kuhn también analizó esta tremenda resistencia a cambiar de paradigma o forma de pensar que tenemos los humanos. Para Kuhn, una revolución científica no es simplemente un nuevo conocimiento, por muy importante que sea; una verdadera revolución científica es aquella que cambia radicalmente la forma de ver el mundo. Y para nuestro cerebro esto es tremendamente costoso de hacer. Ejemplos: la revolución copernicana. Desde Aristóteles todo el mundo había creído que el sol daba vueltas a la Tierra. Además de haberlo dicho todos los sabios hasta entonces, resultaba obvio, sólo tenías que levantar la cabeza y ver que mientras tu estabas quieto, el sol salía por el este y desaparecía por el oeste. Copérnico, experimentando, es decir preguntando a la naturaleza y no las personas, demostró que era la Tierra la que daba la vuelta alrededor del sol. Muy pocos le hicieron caso, porque cambiar ideas tan establecidas es difícil. Si vamos a Darwin, cuando casi todo el mundo consideraba que Dios había creado a los primeros humanos, su teoría da una explicación al origen de las especies e insinúa que procedemos del mono. Un cambio de mentalidad demasiado brusco para la época. Y quizás otra gran revolución es la de Einstein, que cuando las leyes de Newton parecía que eran inquebrantables, las sustituyó por su relatividad general, que entre otras cosas postulaba que en ciertas condiciones el tiempo pasaba más despacio que en otras. Para los físicos que llevaban años considerando al tiempo como un valor absoluto esto quizás fue más difícil de aceptar que para la gente de la calle. Pero lo hicieron. Y esta es la ventaja de la ciencia respecto a otras formas de conocimiento, que permite poner a prueba las hipótesis. La sociedad de las imperfecciones lo es también en cuanto a ideas. Arrastramos muchos conocimientos falsos y obsoletos que nos cuesta horrores superar, sobretodo porque no los podemos contrastar empíricamente. Un científico tiene clarísimo que su obligación es dudar, que su conocimiento es imperfecto, y que la verdad en ciencia tiene fecha de caducidad.
Marcos Urarte

Pere Estupinyà
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