Sur del territorio venezolano en la mira del imperio ingléS




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fecha de publicación25.02.2016
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EL CAURA EN LA MIRA DEL CAPITALISMO TRANSNACIONAL SALVAJE
SUR DEL TERRITORIO VENEZOLANO EN LA MIRA DEL IMPERIO INGLÉS
ALERTA, AMENAZADA LA SOBERANÍA DE ESTADO

EN LA CUENCA DEL RÍO CAURA
Sólo después que surge la propuesta popular, de darle legal-mente protección a la cuenca virgen más extensa del continente americano y de resguardar sus comunidades indígenas menos transculturizadas en territorio venezolano, es cuando empiezan a desenmascarase los más claros intereses económicos, producto de la codicia capitalista de cierto grupo de personas, sobre los recursos que posee la cuenca del río Caura en el estado Bolívar.
Pocos en Venezuela conocían la existencia de esta zona y el valor ecológico que representa, tal vez porque de las numerosas investigaciones sobre el Caura, sus resultados son publicados en inglés y se distribuyen y venden fuera de Venezuela, sobre todo en países de Europa y América del Norte; de esta forma, el pueblo venezolano jamás se entera de la riqueza biológica que tiene en su soberano territorio.  
Además de los terribles intereses mineros que amenazan la cuenca del río Caura, también existe el sobrado interés en uno de los negocios de más alta rentabilidad, sobre todo en los países llamados “desarrollados” por sus evidentes avances en biotecno-logía: la extracción de especies naturales para posibles usos en la producción de medicamentos, en la agricultura y en la industria.

 

BIODIVERSIDAD: MATERIA PRIMA DE LA AGRICULTURA CAPITALISTA MUNDIAL.

Las especies originarias usadas como alimento, que fueron desde el pasado recolectadas en zonas naturales, fue la base gené-tica para activar los mecanismos de hibridación con que se conso-lida, desde hace 60 años, la agricultura moderna; mediante este procedimiento unas cuantas trasnacionales capitalistas están domi-nando a todos los pueblos del mundo por el insustituible alimento.
En esos países “desarrollados” fue donde surgieron grandes corporaciones trasnacionales farmacológicas y de la agricultura que saquearon nuestros territorios, llevándose muchas especies que suministraban nuestro alimento y medicamentos ancestrales. El Norte, rico en cereales, era en realidad pobre genéticamente. La diversidad tenían que traerla del Sur pobre, pues se presentaron problemas ligados a la resistencia a enfermedades y otras propie-dades que obligaba a buscarla en los centros de diversidad, con las variedades tradicionales que se habían salvado, o recurrir a zonas naturales para encontrar los parientes selváticos de los cultivos.
La introducción de variedades hibridas de alto rendimiento, pero muy susceptibles biológicamente, conlleva  al abandono o la marginación del cultivo, para la reproducción de las viejas varie-dades de base, incluso en los centros de manejo biotecnológico, pudiendo estar en riesgo de desaparecer  una parte de esta diversidad vegetal, y la puesta en peligro total del resto.

Este fenómeno, según el cual se cultivan cada vez menos genotipos, donde los menos rentables son olvidados y se pierden para siempre, se llama erosión genética.
Por ejemplo, muchas variedades de leguminosas y cereales han desaparecido de nuestros países para ser parte de la valiosa colección vegetal como bancos de germoplasma exclusivos de las compañías del gran negocio agrícola. Sin embargo ya se ha alerta-do que 70% de la diversidad genética en los cultivos puede desaparecer en este siglo, así como 5% de todas las razas de ganado desaparecen anualmente. Aquí está la perenne importancia de la diversidad vegetal: sin la biodiversidad la agricultura no sobreviviría.
Nuestros países, luego del saqueo de especies, han sufrido el embate imperial más difícil de enfrentar, sometiéndonos con esas nuevas formas de dominio que nos hacen depender cada día más de su antiecológico modelo de sociedad, que no respeta la natura-leza, para finalmente convertirnos en el objetivo donde desarrollar sus lucrativos negocios capitalistas.
La base de la alimentación mundial está hoy en día en manos de tan sólo 10 empresas que controlan 95% del mercado mundial de semillas comerciales, por un valor de 30 mil millones de dólares.­
De esta forma se ha desarrollado otro fenómeno: el de la búsqueda de nuevos genes y de nuevos genotipos, un enorme negocio por explotar, una de las nuevas fronteras para el beneficio económico capitalista que ahora ya reviste una clara política internacional de dominio y saqueo.
EL NEGOCIO FARMACOLOGICO DEPENDE DEL CONTINUO SAQUEO DE ESPECIES BIOLOGICAS.

Desde el pasado, muchas especies que aportaron los com-puestos que se aislaron para la elaboración de muchos productos farmacológicos exitosos y algunos de los medicamentos “modernos” -que comprenden un solo principio activo y no una mezcla de sustancias-, deben su existencia a la biodiversidad natural: morfina, quinina y digitalina entre otros.
En total, habitualmente utilizamos unos 119 medicamentos derivados de plantas, y  se estima que dos de cada tres medica-mentos, vendidos en las farmacias, son de origen natural, repre-sentando un negocio de más de 30.000 millones de dólares al año. Mucha de la materia prima de los medicamentos es extraída de países llamados pobres, para ir a abastecer a las multinacionales farmacéuticas, ubicadas en los países desarrollados, donde se  mueven billones de dólares anualmente. Sólo en el 2003 estaban en desarrollo en el mundo 370 fármacos biotecnológicos para trata-miento de más de 200 enfermedades.
Un estudio reciente, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), revelaba que el valor de las plantas medicinales del Sur, utilizadas por la industria farmacéutica del Norte, es de unos 32.000 millones de dólares al año. Pero otro estu-dio ubica la posibilidad de 147.000 millones de dólares, 4 VECES MAS el valor de los productos farmacéuticos aún "no descubiertos", elaborados a partir de plantas que se encuentran en los bosques tropicales del Sur pobre.

Sólo el gigante farmacológico norteamericano, Merck & Co, detectó en un hongo del Congo un compuesto químico que actúa como la insulina y que podría producir la píldora inesperada contra la diabetes. En el presente, se han reportado especies nativas y silvestres que crecen a lo largo y ancho de la Amazonía, como el camu camu, con 20 veces más de vitamina C que la naranja; el aguaje, con 5 veces más de betacarotenos que la zanahoria; el sacha inchi, con cantidades enormes de ácidos grasos -omega 3 y omega 6-, entre otros frutos existentes, con elevados nutrientes y vitaminas que los hacen únicos en el mundo.

Esto da a entender el potencial por descubrir en la selva tropi-cal sudamericana y los altos valores comerciales que pueden alcan-zar, ante el hecho que, para este momento, ya no quedan áreas naturales no intervenidas en el resto del  planeta.
Paralelamente, las técnicas para descubrir las moléculas acti-vas in vitro han avanzado. Las empresas farmacéuticas disponen de gigantescos robots capaces de someter a prueba hasta 100.000 muestras por día.

 

El saqueo de especies continúa ante el desconocimiento de la mayoría de los Estados sudamericanos, africanos o asiáticos. Estas multitacionales han sacado, sólo en el año 2000, cerca de 47.000 millones de dólares en la industria farmacéutica del norte prove-niente de los recursos genéticos de las plantas medicinales del sur.

 

LA PERVERSA ESTRATEGIA INTERNACIONAL PARA MANTENER LA VORACIDAD DEL CAPITALISMO DEPREDADOR

Los bancos genéticos, que se ubican mayoritariamente en países del Tercer Mundo o en vías de desarrollo, viven un deterioro acelerado e incontrolado, debido al mismo modelo de desarrollo industrialista que se impone a estos países como parte de los me-canismos de dominación, poniendo no sólo en riesgo la supervi-vencia de cientos de especies vegetales y animales, sino los mis-mos negocios capitalistas pero con mayor proyección económica hacia el futuro: la biotecnología y el biocomercio.
Con la  posibilidad de usar el material genético con propósitos industriales, se ha puesto sobre la mesa la hipótesis de que la llamada “materia viva” es objeto de apropiación y explotación más que de protección.
Nadie sabe con certeza cuántas especies animales y vege-tales hay. Se estima una cifra de 13 a 14 millones, de las que sólo un 13% ha sido descrito científicamente. Una gran parte de estas especies, probablemente dos tercios, viven en los trópicos, sobre todo en las selvas tropicales. La variedad de especies y la diversi-dad de formas que existe en estos ambientes, es superior que en los ambientes templados, representando estas variedades selváti-cas una riqueza inestimable.
Estos bosques albergan la mayor parte de las especies existentes, comprendidos los progenitores de una gran parte de las cultivadas que nos sirven de alimento.
Por ejemplo, América del Sur, no sólo posee 40% de la biodi-versidad del mundo, sino también 25% de los bosques y 26% de fuentes de agua dulce. Esta gran riqueza natural la ha conver-tido también en una de las regiones más vulnerables en la mira del interés capitalista mundial.

 

LA ESTRATEGIA MUNDIAL DE LOS PAISES DESARROLLADOS PARA CONTROLAR LA BIODIVERSIDAD

  Unos cuantos meses después  que finalizó la segunda guerra mundial, los dos países vencedores de Europa, Inglaterra y Fran-cia,  deciden fundar en 1945 una organización mundial para promo-ver su modelo cultural y educativo: La UNESCO. Tres años más tarde en Francia, en 1948, esta organización funda la unión interna-cional para la conservación de la naturaleza IUCN.

 

Luego de las investigaciones en hibridizaje, de los primeros genetistas en los años 50, aparecieron los primeros síntomas de erosión genética en los modelos de producción agrícola capitalista, vendidos al mundo como la revolución verde, y a principios de los años 70, las grandes compañías semilleras del Norte empezaron a mostrar un gran interés por los recursos genéticos del Sur.
Ese mismo año, la UNESCO, basada en la IUCN y en el Con-cejo Internacional de Unión Científica del Reino Unido -UK-, crea el programa denominado “el hombre y la biosfera”. Recordemos en 1973 el significativo impulso biotecnológico, en los países “desarro-llados”, cuando se logra desarrollar con éxito el primer mecanismo biológico mundial, para  modificar genéticamente a una bacteria modelo (Stanley Cohen).
Un año después, en 1974, surge la tendencia de crear áreas supranacionales de considerable extensión, que se instalarían por el mundo, sin la existencia de un tratado internacional,  llamado LAS RESERVAS DE BIOSFERA. Su objetivo estaba claro, aunque se presentaban una tendencia de conservación y protección de biodiversidad, paralelamente en estas áreas se fomentaba el “desarrollo económico humano”, por lo tanto promovía la inter-vención con el uso de los recursos locales, dentro del modelo económico conocido: la economía de mercado. Por lo tanto, si realmente se quería proteger especies, su ubicación no debería ser sobre áreas naturales,  a menos  que hubiese algún interés económico sobre esos espacios.

 

Es importante recordar que la década de los años 80 fue clave para los avances biotecnológicos en los países desarrollados, al producir los primeros organismos modificados genéticamente con total capacidad de patentarse, puesto que en 1982 se produce la primera rata transgénica y en 1983 la primera planta de tabaco modificada genéticamente. Este mismo año, una empresa de inves-tigación llamado Cetus,  logra la primera copia de una molécula de ADN; la unidad especifica que forma los genes de las ESPE-cies, usando una enzima extraída de bacterias que soportan altas temperaturas encontrándose en un lugar natural.
Posteriormente, la patente de esta técnica se le vendió por 300.000.000 de dólares  a Roche Molecular Systems, sección de la compañía Hoffmann-La Roche, una gigante farmacéutica mundial.

 

La estrategia de las reservas de biosfera, se consolida luego de la conferencia de Sevilla (España), en 1995, estructurando  tres áreas internas para su operatividad, incluso encima de áreas prote-gidas de alta restricción, como parques nacionales, una zona núcleo, una tampon y la de transición. Esto se realizó para facilitar otro aspecto fundamental, ligado al flujo de información, sobre esos recursos locales, hacia el exterior desde los países donde se ubican, sobre todo los relacionados a biodiversidad; al crear la red mundial de reservas de biosfera, promoviendo un supuesto intercambio de información, sobre todo posterior a la realización de inventarios de especies.

 

Recientemente aparecen ubicadas las 35 zonas de mayor diversidad de la Tierra, catalogadas por la IUCN como los puntos calientes “Hotspots”, ocupando menos del 5% de la superficie del planeta y que poseen alrededor del 50% de las especies biológicas del globo. Buena parte de estas áreas están en Sudamérica y un punto caliente es el sur de Venezuela.  

 

Hoy en día hay 533 reservas de biosfera instaladas en 106 países, incluyendo las 2 que nos metieron en Venezuela desde el gobierno de Carlos Andrés Pérez CAP en 1991: una en Amazonas, que representa la más grande del mundo en el bioma de mayor biodiversidad, como es la selva tropical en el Alto Orinoco-Casiquiare y la que se amplió recientemente, en mayo de este año, de alrededor de 800.000 hás. a más de 11 millones de hectáreas en el Delta del Orinoco.

 

LA ESTRATEGIA DE BIOCOMERCIO PARA VENEZUELA

  Bajo el gobierno adeco de CAP se crea el Servicio Autónomo para el Desarrollo “Ambiental” del Amazonas -SADA AMAZONAS- que en 1991 tenía como asesor honorario un antropólogo y etnólo-go inglés (especialista en etnias), de la Universidad de Oxford en el Reino Unido, de nombre Marcus Colchester. Ese mismo año, como coincidencia, aparece en el día mundial del ambiente el decreto para crear la Reserva de Biosfera en zonas naturales de selva con comunidades yanomamis del Alto Orinoco Casiquiare, con 87.000 km2, es decir, una figura supranacional que cubriría casi 8% del territorio venezolano y encima del parque nacional más grande de nuestro país: el Parima Tapirapecó.

 

Marcus Colchester había fundado un año antes el programa para gente de los bosques FPP, financiado y soportado por institu-ciones internacionales. Desde ese entonces visitaba frecuentemen-te el país y se quedaba por varios meses en el sur de nuestro terri-torio, sobre todo en la cuenca del río Caura.

 

Parte de los planteamientos del programa, exponen el fomen-to del uso de la diversidad biológica, y no se refería al uso tradi-cional de subsistencia de los pueblos originarios, sino al sistema de la  economía de mercado; base del sistema capitalista.

 

Marcus Colchester hacia hincapié, de manera continua en  sus publicaciones de 1995, sobre un supuesto conflicto en nuestro país entre pueblos indígenas y organizaciones ambientalistas, planteando que la política de protección asumida por los ambienta-listas origina “restricción del comercio y usufructo de las especies salvajes”, citando ejemplos de desalojos de pueblos originarios en otros continentes, desde áreas protegidas que no guardaban ninguna relación con la realidad de Venezuela.

 

  La intención era obvia: un programa de acercamiento estraté-gico con los pueblos indígenas en zonas naturales, pasando por encima del gobierno,  para influir en ellos, transformar sus culturas y ganar su confianza al servir de gestores, al ayudarlos en los procedimientos para alcanzar sus justos derechos de reconoci-miento de sus territorios y así posibilitar la venta directa de espe-cies biológicas al exterior.

La publicación del  9 de diciembre del  2008, en La Vanguar-dia  “Conservacionismo: Indígenas al límite”, de Rosa M. Bosch expresa claramente la intención, allí se caen las caretas, en esta entrevista, realizada además de Marcus Colchester  a Josep Maria Mallarach, miembro de la comisión de áreas protegidas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza IUCN y Gonzalo Oviedo, responsable de políticas sociales de la IUCN.  Textualmente dicen: La UICN ha previsto “iniciar un proceso entre indígenas, ONG y gobiernos para que se cambie la ley que fija que en África, Asia y Latinoamérica las áreas protegi-das deben ser propiedad del Estado”. Esta proposición no entrará jamás a  nuestra Venezuela en pleno proceso revolucionario, DON-DE EL TERRITORIO ES UNO E INDIVISIBLE CON NUESTRAS COMPATRIOTAS DE LAS COMUNIDADES INDIGENAS.

Marcus Colchester es un etnólogo que viene de Oxford, Reino Unido, donde está la sede de la “Fundación para la Etnobiología”, organización mundial que ha sido denunciada ampliamente por haber estado recorriendo los trópicos (en el norte de Tailandia, habitado por las tribus indígenas Karen) en busca de plantas medicinales, ya que su presidente Conrad Gorinsky (etnobotánico especializado en el Amazonas), hace poco presentó en la Oficina Europea de Patentes, derechos de propiedad industriales sobre dos compo-nentes medicinales de origen amazónico: Cunaniol (plaguicida Rotenone) y Rupununine. Antes, contactó con una empresa canadiense (Greenlight Comúnications) para producir y vender sus dos componentes patentados, y ahora, intenta vender los derechos sobre las plantas amazónicas a gigan-tes de la industria farmacológica mundial como Zeneca y Glaxo.

 

El programa para gente de los bosques FPP opera en Vene-zuela apoyado desde la IUCN, pero es curioso que también haya conseguido soporte financiero desde Holanda, con el Instituto Humanista Holandés de Cooperación al Desarrollo HIVOS, que desde los años 90 está trabajando mundialmente por erradicar el VIH/Sida, organizando un simposium en Ámsterdam en el 2004. También lo apoya la dirección general de cooperación internacional DGSI perteneciente al ministerio holandés de asuntos exteriores y el programa internacional sueco de biodiversidad SWEDBIO, iniciado por el centro sueco de biodiversidad CBM y  por el organis-mo sueco de desarrollo internacional ASDI, que participa en el debate internacional sobre recursos filogenéticos, el comercio, sus patentes y la gestión comunitaria de recursos biológicos.

 

 

LA CUENCA DEL CAURA COMO CENTRO DE OPERACIÓN DE LOS BIOMERCENARIOS

   La sola cuenca del Caura posee el 17% de las especies florísticas del país y más del 32% de la fauna nacional, pero una cosa es la alta biodiversidad por área que presenta y la otra es su endemis-mo, pues lo más asombroso es que esta es una zona selvática de ciertas elevaciones orográficas, con la más alta cantidad de espe-cies únicas en el mundo, alcanzando el 88% de los géneros endé-micos reportados en Guayana, con apenas un estudio del  5% de este territorio.

 

Este paraíso biológico está identificado internacionalmente, hace tiempo, por personajes como Marcus Colchester, que apoya a “investigadores nacionales” cuyas actuaciones en contra de la protección legal de esta zona, puede presumir cuál es el trasfon-do  de su marcado interés por hacer inventarios de especies y la recolección de información etno-botánica otorgada por comunidades indígenas, para facilitar la posible extracción de especies de alto valor biotecnológico desde la cuenca del Caura, para dirigirlas al mercado internacional.

 

La amenaza que representa la figura de reserva forestal, decretada para la cuenca del Caura, en el gobierno adeco de Raúl Leoni, se pretendía consolidar y reafirmar en el 2007 en un gobierno revolucionario como el nuestro, con un grupo de consultas públicas, promovidas por la   Dirección General de Planificación y Ordenación del Ambiente del Minamb, donde estaba al frente, como Director, el hoy viceministro Sergio Rodríguez.
Se pretendía legitimar un reglamento para su uso y un plan para clasificar cada espacio de esta zona con unidades que promo-vían su intervención y el aprovechamiento comercial del bosque.

 

Este documento, considerado el acta de defunción del Caura, claramente permite la intervención del bosque y subasta la  biodiversidad de esta zona, pues evidenciaba la posible extracción con fines comerciales, por ser una reserva forestal. El Reglamento de Uso contemplaba artículos como el 60, que podía permitir "La extracción o recolección de especimenes de organismos vivos de cualquier fuente, incluyendo material de origen vegetal, animal, microbiano o de otro tipo que contenga unidades funcionales de la herencia”.

 

Una de las personas claves, que fue consultada sobre el contenido de este anteproyecto, que pretendía mantener la peligro-sa  figura de Reserva Forestal sobre esta zona natural, es la antro-póloga de la Universidad Experimental de Guyana -UNEG-, Nalúa Silva Monterrey,  la asesora directa de la única organización indí-gena del Caura con relación externa llamada Kuyujani.

Fue la enorme base de planteamientos en contra de la prístini-dad de esta cuenca y la clara amenaza para las poblaciones indíge-nas que contenía el anteproyecto de este Reglamento de Uso y Plan de Ordenamiento  lo que evidentemente originó  la medida cautelar innominada, en enero del 2008, que protege el territorio del Caura, dejando sin efecto legal las consultas públicas ama-ñadas para legitimar esta atrocidad por parte de un sector del MINAMB  que no se mueve en el sentido anticapitalista del gobier-no que lideriza el presidente Hugo Chávez.


Aparecen así, serias criticas a este adefacio jurídico, conce-bido por la antropóloga Nalúa Silva Monterrey, y un grupo de tecnó-cratas relacionados con un proyecto de “Investigación” en la cuenca del río Caura,: el Programa BioGuayana, coordinado junto con el biólogo Hernán Castellanos y apoyado por el Programa para la gente de los bosques -FPP- de Marcus Colchester, que aunque tenía tiempo operando sobre la cuenca del Caura, se hace público el  26 abril de 2007.

 

LAS NUEVAS TRIBUS” EN EL CAURA

Las razones de este proyecto, según estas personas, se fun-damentó, en que “comenzaban a escasear los recursos, no sola-mente pesqueros, sino también de fauna, además de los recursos de materias primas utilizados para diferentes fines”, algo que no debería ocurrir si estas comunidades indígenas estuviesen poco transculturizadas  y en una zona como la cuenca del Caura con poca porcentaje de intervención (0,004%)

 

Este grupo ya había dado pasos en esta zona, introducién-dose sutilmente en las  comunidades indígenas, sobre todo con los  Ye’kwana y Sanemás, y a principios del año 2000 ya habían con-vencido a esas comunidades indígenas para que, en un área de 1.200 hectáreas, inicialmente se levantara un diagnóstico e inven-tarios de los recursos bióticos locales tanto en flora y fauna, incluso con la información etnobotánica que manejan estas mismas  pobla-ciones originarias.

 

La riqueza biológica del Caura es enorme, sólo una expe-dición que duró 13 días (del 28 de noviembre al 10 de diciembre del 2005), recolectó 881 muestras botánicas para un total de 794 especies de plantas, pertenecientes a 116 familias, de las cuales sorprende una “posible” nueva especie del género ilex y los dos registros nuevos para la flora de la Guayana, la mencionada cyperus ischnos y la aspidosperma discolor.

 

En esta primera fase, este grupo que opera en el Caura, usaron a los grupos indígenas jóvenes, donde el biólogo Caste-llanos les dio un entrenamiento básico para que trabajasen en la recolección de especies, para  poder tener toda la información necesaria que requerían, nombrándolos indignantemente  con el engañoso titulo de  “PARABIOLOGOS

 

Esta información, no es más que la caracterización de flora y fauna en el área, debido a la misma abundancia de especies que existen en la zona, y que ellos decían, estaba disminuyendo para argumentar su presencia en la cuenca. De paso, al hacerlo estraté-gicamente en conjunto con los pobladores indígenas, obtienen el conocimiento sobre manejo de fauna y experiencias en  el uso ancestral comunitario de sus recursos y del territorio. Así estrechan su contacto con las poblaciones indígenas, cuyo compor-tamiento tradicional ecológico se ha mantenido en armonía con su entorno, como para que estos “investigadores” hagan alarde de que les están diseñando e implementando un plan de manejo para los hábitat ocupados por los ye’kwana y sanema en la cuenca media y alta del Caura.

 

La antropóloga Nalúa plantea abiertamente sus diferencias con el Estado Venezolano con respecto a esta zona natural del terri-torio, y expresa que “el Estado quiere tener la sartén por el mango y aunque se anuncia la participación, no necesaria-mente se toma en cuenta de una manera real y verdadera a los grupos locales de investigación, más bien se tiende a controlar los proyectos y cuando se les da participación a los entes loca-les es cuando se tiene armado todo un esquema que, a veces, es incompatible con el planteamiento de los investigadores”.

 

Estas personas también  han obtenido la confianza de las co-munidades indígenas al apoyarlas en los justos procesos físicos  de demarcación de los hábitats ocupados en el Caura, para su recono-cimiento, para el cual dentro del país hay un acuerdo general y solidario. Pero Nalúa Silva y Castellanos persiguen un claro obje-tivo al posibilitar el comercio de especies directamente con los indígenas, al pasar a la segunda etapa con ese reconocimiento por parte del gobierno de sus hábitat y los valiosos recursos biológicos que estos poseen: todas estas actividades en el Caura, dicen ellos, “van en el sentido de ir construyendo las capacidades de Kuyujani y de BioGuayana, para que cuando se logre el reconocimiento pleno de los derechos sobre los hábitat, que tanto los Sanema como los Ye’kwana ocupan en el Caura, ESTÉN EN CONDICIONES DE ADMINISTRARLOS ADECUADAMENTE

 

Es sencillo, si las comunidades indígenas del Caura son trans-culturizadas en  su totalidad, en este proceso de relación con estos grupos,  habrán entrado al sistema económico por el cual necesi-taran del dinero para sobrevivir, y para eso tienen las valiosas espe-cies biológicas, muchas de ellas únicas en todo el planeta y grupos internacionales, dispuestos a adquirirlas. También es fácil suponer quiénes serian los intermediarios.

 

También es evidente que este grupo de BIOGUAYANA insiste en ver esta cuenca  bajo la perspectiva de la  posible utilización con rentabilidad económica, y esta antropóloga sostiene que: “Hay un nuevo desarrollo económico que aún no se ha experimentado que se basa en el alquiler de estos espacios para actividades científicas”, asegurando que el Caura es un laboratorio natural y muchísimas instituciones del mundo estarían interesadas en estudiar.

 

En la mayoría de los casos ocurridos en el tercer mundo, son las grandes trasnacionales farmacéuticas las que están detrás de las actividades de  investigación de especies biológicas, conocido como "bioprospección", y frente al saqueo de la biodiversidad, pero actúan inadvertidas a través de contratos con equipos de investigación universitarios (que tienen mayor facilidad para acceder a los recursos o al conocimiento), o con instituciones priva-das establecidas en el propio país.

 

Aunque el Parque Nacional es la mejor vía para evitar la penetración de comunidades criollas, que por lo general promueve un proceso de deterioro ecológico y le quitan a los pueblos indígenas autonomía sobre su territorio originarios, hay una cam-paña de manipulación hacia estas comunidades; engañándolos, al decirles que la figura del Parque Nacional les impide cazar, pescar y desarrollar sus actividades agrícolas tradicionales. La posición es obvia, el Parque Nacional junto con el Monumento Natural son las únicas figuras que aparecen en la Constitución Bolivariana de Venezuela y constituyen el mecanismo legal de mayor protección ecológica en nuestro país, evitando el posi-ble saqueo de especies y frenando el rentable negocio con sus vínculos internacionales, que afecta y amenaza nuestra sobera-nía territorial.

 

TRATADOS DE LIBRE COMERCIO TLC Y BIODIVERSIDAD

  Ya los tratados de Libre Comercio (TLC) impulsados desde EEUU, imponen la privatización de la biodiversidad, forzando a los países a modificar sus normas de propiedad intelectual para permitir un mayor grado de apropiación privada de los seres vivos y sus componentes, que la que establece la Organización Mundial de Comercio OMC.

 

La propiedad privada de las obtenciones vegetales o varieda-des de plantas (semillas) en manos de las grandes empresas, se apoya en la Unión Internacional para la Protección de las Obten-ciones Vegetales UPOV, pero ya algunos gobiernos del Sur están tratando de utilizar los TLC para establecer derechos de propiedad intelectual (DPI) sobre el saber tradicional asociado a la BIODIVERSIDAD.
Para el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Uni-dos, Canadá y México, la apertura a la transferencia de tecnología se da en contraprestación al acceso del banco genético propio de cada país.

Estas negociaciones mundiales tienen sus bases en El Con-venio de Diversidad Biológica, ratificado en enero de 1994, donde plantea el tema del acceso y utilización de los recursos genéticos, su transferencia y reconocimiento de los títulos de propiedad sobre ellos.

Después de que México firma el TLC, la embajada de Estados Unidos entregó fondos por 400 mil dólares (más de 5 millones de pesos) a seis organizaciones no gubernamentales mexicanas, a fin de que cuenten con recursos para realizar "investigación, capaci-tación y talleres que fomenten la competitividad y la conserva-ción de la biodiversidad en México". A esto se le suma la acción del magnate mexicano Carlos Slim y el Fondo Mundial para la Natu-raleza (WWF por sus siglas en inglés) un aporte de 100 millones de dólares para preservar la biodiversidad de México en 17 áreas naturales agrupadas en seis regiones del país.

Esto hay que verlo como una INVERSIÓN, ya que este mer-cado movió en el año 2008 a nivel mundial, según cifras de Eco-system Marketplace, hasta 118 mil millones de dólares, y la previ-sión es, que podría crecer el presente año hasta los 150 mil millones de dólares.

 

Ya se ha  publicado una lista parcial internacional de unas 57 empresas, instituciones e intermediarios, 37 de ellos de Estados Unidos, que se han dedicado a recorrer los países del Tercer Mundo en busca de los recursos genéticos y el conocimiento indígena de esas comunidades para apropiarse de ellos y luego patentarlos en beneficio privado.
En Colombia, uno de los puntos calientes de biodiversidad del planeta, empiezan a florecer 1.250 pequeñas empresas colombianas dedicadas a la exportación de especies animales raras y exóticas como mariposas, escarabajos, peces y ranas. Sobre todo, a países como Estados Unidos, Canadá, Japón y los Emiratos Árabes Unidos.

 

 

REFLEXION FINAL
Un nuevo Socialismo en el Siglo XXI rescata ese pensa-miento social compartido de las comunidades nativas INDIGENAS, sobre todo en América, que incluían al ser humano como parte de  la naturaleza y no como el DUEÑO.

       

El nuevo socialismo debe estudiar e interpretar con profundi-dad, la concepción ideológica, los  conocimientos ancestrales y el pensamiento comunitario de las sociedades indígenas, todavía existentes en el territorio venezolano.

 

Ya en el siglo XVII, el filósofo inglés John Locke afirmaba que: “un ser humano tenía derecho a alterar los dones de la naturaleza, mediante su trabajo y hacerlos productivos, por consiguiente tenía derecho a su propiedad y disponer de ella como quisiera”. Esta actitud, que originó en sus inicios LA PROPIEDAD PRIVADA, también inspiró la enorme capacidad de explotación tanto de hombres como de la naturaleza que caracteriza al INDUSTRIA-LISMO. ¿De qué somos dueños ante nuestra transitoriedad como seres? Al creernos la especie más importante también se justifica el hecho de ser dueños de espacios y hasta de otros seres.
HACIA EL DECRETO REVOLUCIONARIO POR LA

PROTECCIÓN DE LA CUENCA DEL RÍO CAURA
AHORA U NUNCA
COMITÉ NACIONAL POR LA CREACIÓN DEL
PARQUE NACIONAL INDÍGENA EL CAURA”

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