Haciendo y deshaciendo género y tic en los procesos de autoinclusión de las mujeres en las tic. Implicaciones para el cambio social




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HACIENDO Y DESHACIENDO GÉNERO Y TIC EN LOS PROCESOS DE AUTOINCLUSIÓN DE LAS MUJERES EN LAS TIC. IMPLICACIONES PARA EL CAMBIO SOCIAL.
Núria Vergés Bosch

Universitat de Barcelona. Departamento de Sociología y Análisis de las organizaciones. E.mail: nuria.verges@ub.edu
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Sumario
La investigación sobre la sociedad actual y sus transformaciones no puede desligarse del estudio del Género y las Tecnologías de la Información y Comunicación. Tanto el género como las Tecnologías han sido centrales para explicar los principales cambios de las últimas décadas y el devenir de la sociedad de la Información y del Conocimiento actual. A partir de los años 90, con la emergencia de las TIC y de la tercera ola feminista, desde los estudios feministas de la tecnología se han enfatizado con un optimismo crítico las nuevas oportunidades que las TIC podían implicar para las mujeres y viceversa. Las aportaciones más actuales señalan el carácter mutuamente constitutivo del género y las tecnologías y su desarrollo de una forma fluida y dinámica. Partiendo de estos posicionamientos teóricos pues, me he preguntado hasta qué punto y de qué manera se coproducen Géneros y TIC en los procesos de autoinclusión de las mujeres en las TIC. Es decir, los procesos en que las mujeres se inician, siguen, avanzan, se reconocen y contribuyen en las TIC y dónde intervienen ciertas motivaciones, posibilitadores y mecanismos que activan las mujeres para devenir las “conductoras” de su propia inclusión TIC. Para ello, he analizado cómo el género se va haciendo y se va deshaciendo y, a la vez, como las TIC se van haciendo y se van deshaciendo en los procesos de autoinclusión de las mujeres en las TIC. Para hacerlo, me he basado en las experiencias compartidas de una muestra intencionada de tecnólogas artísticas y tecnólogas informáticas de Barcelona. He realizado 22 entrevistas episódicas y 2 mini-grupos de discusión que he analizado con el software Atlas.ti en un proceso de abajo a arriba. Como principales resultados muestro, primeramente, que se evidencian todas las combinaciones de ir haciendo y deshaciendo género y TIC. En segundo lugar, que el género y las TIC se van haciendo y deshaciendo de una forma dinámica y fluida en el tiempo y situaciones. Finalmente, concluyo que en este ir haciendo y deshaciendo género y TIC no se produce un movimiento de péndulo dicotómico, sino que se engordan las posiciones intermedias de un continuo de Género y TIC en relación. Todo ello, pues, puede convertir los procesos de autoinclusión de las mujeres en las TIC en potentes generadores de cambio social.

Palabras clave: Hacer género; deshacer género; TIC; autoinclusión; tecnólogas

Feminismos de la tecnología: género, TIC y sus relaciones

Ya en las puertas del siglo XXI, tanto el género como las tecnologías de la información y comunicación, se habían convertido en esenciales para explicar los principales cambios de las últimas décadas y el devenir de la sociedad actual i de futuro. Con el auge de las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) y el desarrollo de la tercera ola feminista, los feminismos de la tecnología actuales están experimentando una renovación teórica optimista y a la vez crítica. En este sentido, se está desviando el análisis de la exclusión, de las cantidades y la fractura digital de género hacia la investigación sobre las presencias, cualidades y oportunidades de las mujeres en relación con las TIC (Sorensen, 2002; Faulkner y Lie, 2007; Vergés et al, 2009). De esta manera, además de reivindicar la inclusión de las mujeres en las TIC por justicia de género, se enfatizan la diversidad de voces, miradas, necesidades y voluntades que se convertirían en incluidas y, tal vez, las oportunidades de creación de nuevos productos TIC más extensivos y adaptables a un mayor rango de perfiles. Inclusive, se reivindica que esto podría desafiar las relaciones de poder existentes a través de un desarrollo TIC alternativo, innovador y más acorde con la sociedad en su conjunto e, más aún, que produciría un efecto redistribuidor de los beneficios en la sociedad (Cohoon y Aspray, 2006; Hess, 2007; Buechley y Mako, 2010; Trauth, 2011).

Los feminismos de la tecnología se han situado en una posición central en el debate feminista actual. Con ello han contribuido enormemente a las mismas teorías feministas, pero también a las teorías de la ciencia y la tecnología (Gill y Grint, 1995; Wacjman, 2004; 2010). Desde los feminismos de la tecnología actuales se enfatiza la posibilidad de deconstruir categorías prefijadas y unitarias como las definidas en el binarismo de género y la misma interpretación de lo que es tecnología (Haraway, 1985; 1991; Landstrom, 2007; Wacjman, 2010). Con ello se celebra la hibridación, heterogeneidad, fluidez y performatividad de los géneros, de las tecnologías, y de su relación. El debate sobre la relación género y tecnología ha ido desde la tecnología que conforma el género (determinismo tecnológico), al género que conforma la tecnología (determinismo social) y finalmente, a la co-conformación del género y la tecnología (Gill y Grint , 1995; Wacjman, 2004; 2010). En este sentido, actualmente se considera que género y tecnología no resultan en algo inmutablemente fijado, ni tampoco su relación, sino más bien se convierten conceptos y relaciones fluidas, en interacción, performativas y mutables en el tiempo y situaciones (Stone, 1991; Preciado, 2002; Faulkner, 2009; Wacjman, 2010). De esta manera el género influye en la tecnología y la tecnología al género en un ir haciendo y deshaciendo que se ha convertido el proceso que la investigación feminista de la tecnología está intentando explicar. Así pues, a través del reconocimiento y la exploración de esta relación mutuamente constitutiva, que implica múltiples posibilidades de cambio, se reabre la puerta al análisis y política feminista (Wacjman, 2010). Sin embargo, seguidamente, me gustaría detenerme en las conceptualizaciones del género y la tecnología para, más adelante, adentrarme en su relación.

Tradicionalmente se había hablado de sexo y de género. El sexo se relacionaba con lo biológico, la anatomía, las hormonas o lo físico de ser mujer y de ser hombre. El género se relacionaba con los comportamientos, roles o representaciones, construidos cultural, psicológica o socialmente respecto ser mujer y hombre. En cierto modo el sexo se presentaba como lo dado y el género como lo construido. Esta división respondía, por un lado, a las visiones esencialistas que básicamente entendían como mujer lo que las definía biológicamente (Griffin, 1984; Spender, 1985). En cambio, por la otra, para las construccionistas basadas en la reivindicación de Beauvoir (1949) de que una no nace mujer sino que se convierte mujer, la categoría mujer no era natural, sino construida cultural y socialmente. De esta manera, se tendía a entender la categoría mujer como independiente de lo biológico y, por tanto, sujeta al cambio tanto de significado como de práctica a través del tiempo y entre diferentes culturas y situaciones (Wacjman, 1991; Cockburn, 1999). Como construccionistas pues, mantenían que las diferencias de género se podían alterar e incluso erradicar a través de la educación, fórmulas legales u otros procesos culturales.

Al menos inicialmente y en cierta medida, ambas visiones compartían que lo biológico era inmutable y fijado. Es precisamente en este punto donde la investigación posfeminista de la tecnología, (entendida como expresión de la tercera ola feminista), ha provocado uno de los principales desafíos a las visiones anteriores. Haraway y diversas otras autorías han mostrado como la biotecnología es capaz de alterar la genética y el cuerpo de manera que sus condiciones dejan de ser prefijadas y permanentes (Haraway, 1985; Stone, 1991, Butler, 2004). De este modo, actualmente, la relación entre los procesos biológicos y culturales presenta una realidad más compleja donde, incluso, lo que parecía dado puede también ser producido (Butler, 1990, 2004). Es en este reconocimiento de la complejidad y las posibilidades de construcción tanto de lo biológico como de lo cultural que se teoriza sobre el hacer y el deshacer el género (Landstrom, 2007; Kelan, 2009).

En 1987, West and Zimmerman acaban publicando su artículo titulado "doing gender" que implica que el género no es lo que somos, sino lo que vamos haciendo (Fenstermaker y West, 2002-xiii). Para ellas hacer género implica un complejo de percepciones, interacciones y actividades micropolíticas y socialmente guiadas que representan determinados objetivos como expresiones de lo femenino y masculino. A diferencia de las construccionistas de la segunda ola feminista, la agencia es fundamental. No sólo a través de la educación y la socialización una deviene mujer, sino sobre todo a través de las propias prácticas y acciones de la vida cotidiana y en diferentes contextos que una va diciendo y haciendo el género (Martin, 2003; 2006). Aunque el marco de ir haciendo género implica que el género se puede deshacer y que las mismas autoras han intentado enfatizar las posibilidades de cambio, en la práctica este concepto de haciendo género ha servido para demostrar cómo las relaciones de género se mantienen. Así su concepción del hacer género implica el resultado de la diferencia entre géneros (West and Fenstermaker; 2002; Deutsch, 2007 como crítica).

La crítica de este resultado de diferencia ha dado pie al concepto de deshacer el género, que comparte con West y Zimmerman el sentido de agencia, de acción y, en cierto modo de performatividad, pero que se refiere a las interacciones sociales que reducen la diferencia dicotómica entre géneros y enfatizan la búsqueda de alternativas al binarismo de género tradicional (Butler, 2004; Deutsch, 2007; Landstrom, 2007). Según Butler (2004), el género es el mecanismo a través del cual las nociones de masculinidad y feminidad se producen y se naturalizan, pero el género también puede ser el mismo instrumento a través del cual deconstruir y desnaturalizar estos mismos términos. En este sentido, la investigación, todavía muy reciente y escasa, que considera el marco del deshaciendo género intenta focalizarse más allá de documentar y examinar la persistencia de desigualdades de género. De esta manera tiende a indagar, o debería preguntarse, sobre cómo las interacciones sociales se generizan de forma múltiple o diferente y / o incluso se degenerizan. Asimismo, debería indagar sobre las condiciones en que el género es irrelevante en las interacciones sociales a diferencia de partir de que en todas las condiciones es relevante. A su vez, implica ver si todas las interacciones refuerzan la desigualdad o, dicho de otro modo, si toda diferencia de género implica desigualdad y discriminación y, al mismo tiempo, analizar cómo las cuestiones estructurales (también institucionales o de contexto) y las interaccionales operan conjuntamente para producir cambios y, así y también, investigar la interacción entendida como posibilidad de producir cambios de género (Deutsch, 2007).

Así pues y visto esto, entiendo que se va haciendo género en aquellas situaciones que tienen la diferencia entre géneros o el binarismo de género como resultante y / o finalidad (West y Zimmerman, 1987). Por tanto, en este caso, se tiende a la feminidad enfatizada en contraposición a la masculinidad hegemónica apuntada por Connell y Messerschmidt (2005). De otra forma, entiendo deshaciendo el género como aquellas situaciones en que se muestra una ruptura con los binarismos y / o la heteronormatividad, produciendo una generización diferente a la esperada como mujer y / o rompiendo la dualidad binaria de género, incluso cuando se produce una degenerización (Butler, 2004; Deutsch, 2007; Kelan, 2009).

Como en el caso del género, la conceptualización de las tecnologías no ha sido unívoca. Tal como exponía Wajcman (1991) hay que contemplar las diferentes posibilidades de significación de del término, y en este caso, en relación a las TIC. Así, por un lado, tecnología son artefactos, hardware u objetos materiales tipo hardware de ordenadores como los monitores, cables, Cd s, disco duros, routers, cámaras, mp3 etc ... Pero, por otra parte, tecnología significa los "know how ", los sistemas operativos y de comunicación que serían el software o el código que hace funcionar los objetos, traducir información o establecer la comunicación en red entre usuarios y máquinas, así como lo verbal, matemático, visual o táctico para diseñar ello, usarlo o arreglarlo (Scott-Dixon, 2004; Lerman et al, 2003). Finalmente, tecnología se refiere a prácticas y actividades humanas, es decir, no sólo lo que la gente sabe sino también lo que hace, o sea el uso, cultura y representación de la tecnología, tanto a nivel individual como colectivo. Además, y en cierto modo, pensar en la tecnología como maneras en que la gente va haciendo cosas permite, incluso, tratar desde las herramientas y prácticas de la edad de piedra hasta los instrumentos y formas para inspeccionar el el espacio, coser, cocinar o programar ordenadores (Lerman et al, 2003). Es esta tercera opción de significación que ha tomado fuerza en nuestra sociedad, así como en la investigación feminista de la tecnología a partir de finales del siglo XXI.

En este sentido pues, por una parte, entiendo que las TIC se van haciendo cuando la concepción y uso de las TIC se asocia a los artefactos ya los estudios, ocupaciones y sectores tradicionalmente considerados tecnológicos. Por otra parte, las TIC se van deshaciendo, cuando las TIC se hibridan con otros aspectos y ámbitos no tradicionalmente asociados a la tecnología y se centraliza en la comunicación y información respecto a las TIC y en esta tercera significación.

Situándome en estas corrientes feministas más actuales he buscado explorar el proceso de autoinclusión de las mujeres en las TIC. Es decir, un proceso en que ellas mismas conducen su proceso de inclusión TIC para convertirse en tecnólogas, que puede ser dinámico y que puede ir más allá de la simple integración (Vergés, 2012). Para ello me he basado en las entrevistas y grupos de discusión realizados a una muestra intencionada de tecnólogas artísticas e informáticas de Barcelona.

A continuación pues, expondré las estrategias metodológicas que he seguido para explorar, más adelante, cómo y hasta qué punto las mujeres pueden ir haciendo y deshaciendo género y TIC en sus procesos de autoinclusión TIC.

Estrategias metodológicas

En este artículo presento parte de los resultados de mi trabajo doctoral (Vergés, 2012). En la tesis me propuse explorar los procesos de autoinclusión de las mujeres en las TIC siguiendo tres objetivos principales. En primer lugar, indagar en la relación género y TIC. En segundo lugar, conocer las principales motivaciones, posibilitadores y mecanismos de autoinclusión. Finalmente, comparar estos procesos entre las tecnólogas artísticas y tecnólogas informáticas. Así pues, en este artículo me centro en esta primera cuestión, es decir, la exploración de la relación género y TIC en los procesos de autoinclusión de las mujeres en las TIC.

Partiendo del paradigma de la inclusión, de acuerdo con la epistemología feminista y, con ello, considerando la necesidad apuntada de volver a las prácticas TIC situadas de las mujeres en las TIC (Haraway, 1988; Olesen, 2000; Harding, 2008), me planteé seleccionar una muestra intencionada de mujeres tecnólogas residentes en Barcelona. Es decir, las participantes fueron mujeres que ya se habían convertido en usuarias avanzadas y especialistas TIC. Para seleccionarlas partí de que tanto la concepción de mujer como de las TIC podía ser fluida y mutable y, por tanto, podía ser problematizable. Entendiendo mujeres y TIC en un sentido inclusivo, por una parte, problematicé la categoría mujer. Así, la entendí más allá del sexo y del género impuesto desde fuera, para entender desde dentro, de una manera abierta a interpretaciones alternativas desde las mismas participantes. Por ello, incorporé experiencias transgénero, pero también otras orientaciones sexuales más allá de la heterosexual. Por otro lado, problematicé las TIC, entendiéndolas más allá de los estudios y ocupaciones tradicionalmente considerados TIC como la informática. Si consideramos que las TIC son cada vez más transversales y, por tanto, que su uso avanzado y su desarrollo son posibles desde cualquier ámbito, es necesario que desviemos nuestra mirada hacia estos otros ámbitos híbridos. En estos, por ejemplo y entre otras, interseccionan las TIC con las humanidades y las mujeres parecen estar mejor representadas (Cukier et al. 2001, Vergés et al., 2009). De esta manera, ni que implique un esfuerzo cualitativo importante por la falta de datos en su conjunto, es pertinente indagar en estos otros ámbitos cuando investigamos sobre género y tecnología. Por ello, limité la selección de la muestra a las tecnólogas informáticas, pero la abrí expresamente a las tecnólogas artísticas. En cierto modo, las tecnólogas informáticas tendrían estudios o desarrollarían prácticas que tradicionalmente se han considerado TIC (OECD, 2010, Castaño et al., 2008, 2011). Además, lo harían en entornos claramente masculinizados, al menos cuantitativamente. Como contraste, las tecnólogas artísticas tendrían estudios o desarrollarían prácticas en intersección con las TIC (Wilson, 2002; Paul, 2003; Malloy, 2003; Alsina, 2007). Es decir, en el caso donde el componente artístico y tecnológico se encuentra en su conjunto y, a su vez, en entornos más paritarios, cuantitativamente hablando. Finalmente, respondiendo a la voluntad de una investigación de proximidad y por la relevancia de Barcelona como contexto TIC Sur-Europeo las participantes fueron seleccionadas para ser residentes en la provincia de Barcelona (Trullen y Boix, 2003; Hospers, 2008; Schiermeier , 2008). Sin embargo, también de una manera inclusiva, para reconocer la interseccionalidad y para captar las trayectorias migradas, tuve en cuenta varios lugares de origen en un sentido internacional.

De acuerdo con los argumentos expuestos consideré que la mejor manera de recoger las experiencias de las mujeres era a través de la metodología cualitativa. Hacerlo me permitía analizar los significados, trabajar a través de la conversación y la narrativa y, así, explorar un proceso, que de una forma cuantitativa, difícilmente me hubiera sido posible (Taylor y Bogdan, 1987; Olesen, 2000; Harding, 2008). Teniendo en cuenta esto, me planteé una combinación de técnicas cualitativas como la manera más adecuada de aproximarme, comprender y analizar la temática de investigación y responder a las preguntas de investigación. Realicé 22 entrevistas episódicas, que combinan la narrativa y la entrevista semiestructurada (Flick, 2006). Además, para profundizar en las preguntas clave, explorarlas y evaluarlas en colectivo, llevé a cabo dos mini-grupos de discusión de tres participantes cada uno (Edmunds, 1999), el primero formado por tecnólogas artísticas y el segundo por tecnólogas informáticas. De esta manera fueron 28 las participantes de esta investigación, la mitad tecnólogas artísticas y la otra mitad tecnólogas informáticas.

El análisis que presento en este artículo se ha basado en un análisis cualitativo a través del software Atlas.ti. Teniendo en cuenta los objetivos de investigación y las recomendaciones para la codificación de Saldaña (2009) hice una combinación de métodos de codificación resultante en una codificación ecléctica en dos ciclos. La primera codificación implicó las operaciones en las que la información fue segmentada y conceptualizada en un proceso abierto de abajo arriba (Flick, 2006; Corbin y Strauss, 2008; Saldaña, 2009). En un segundo ciclo de codificación me dispuse a reorganizar, ajustar y comparar entre códigos y categorías de una manera más intensa. Esto me permitió cambiar el nombre de algunos códigos, fusionar otros e incluso eliminar códigos que resultaron redundantes.

De este modo, he ido generando documentos de investigación, datos y códigos que me han ayudado a responder las preguntas de investigación, incluyendo las palabras de las participantes. En relación a esto, asumo que mis palabras como las de las participantes plasmadas en el texto no son representaciones de procesos factuales, sino que serían una versión de las experiencias que implican su propia construcción e interpretación por parte de las participantes y por mí misma. Cabe decir, que los nombres de las participantes han sido sustituidos por los apellidos de las 14 estudiantes de ingeniería asesinadas en la masacre de Montreal y por los 14 apellidos perdidos de mi propia familia (por ser línea materna). Así pues, a continuación me propongo responder a una pregunta principal: ¿Hasta qué punto y de qué manera las participantes van haciendo y deshaciendo género y TIC sus procesos de autoinclusión TIC?
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