Maurizio Mazzotti (coordinador)




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PAPERS Nº 3
COMITÉ DE ACCIÓN

AMP 2014-2016
Patricio Alvarez
Vilma Coccoz
Jorge Forbes
Clotilde Leguil
Clara Holguin
Maurizio Mazzotti (coordinador)
Guy Poblome

Responsable de la edición

Marta Davidovich

Editorial

Patricio Alvarez

Cuatro conceptos: el cuerpo, lalengua, lo real y el escabel, en esta tercera edición de los Papers se interrogan otra vez, y en esa indagación demuestran cómo progresa el saber del discurso analítico a diferencia del discurso universitario: es necesario dar vueltas sobre lo mismo, para que en cada vuelta reste un saldo de saber.

En este caso, este saldo de saber podría titularse así: el escabel del AE, el cuerpo no es sin sexuación, lalengua que nomina, el analista desafía lo real.

Marina Recalde, AE de la EOL, ilumina un aspecto del concepto de escabel, interrogando la frase de Miller que dice: “hacer el pase es valerse del síntoma, limpiado de este modo, para hacerse con él un escabel, ante los aplausos del grupo analítico”. A partir de su propio testimonio se centra en el difícil momento donde un cartel del pase anterior responde con un No, para poder situar la diferencia entre la narración de la propia vida y la formalización del análisis que le permitió la separación final con la hystoria, con el análisis y con el analista, que luego dieron lugar a su nominación. Así demuestra cómo un AE logra forjarse un escabel con el goce opaco del sinthome.

Lalengua es exprimida en el texto de Fabio Galimberti de la SLP, que interroga a Joyce para establecer los distintos niveles de su nominación. En una investigación original -que no pasa por las escenas de Joyce a las que estamos habituados por leer a Lacan- el autor interroga lalengua del Finnegan´s Wake para lograr extraer por un lado el sin, el pecado que hace su síntoma, y por otro lado aquél insecto que nomina un goce: el de parasitar la oreja de sus lectores, es decir, un modo singular de hacer lazo con el Otro.

Luego, cuatro textos muestran un punto en común: el cuerpo no es sin sexuación.

Araceli Fuentes de la ELP indaga la frase de Lacan sobre el misterio del cuerpo hablante. Examinando cómo lo real del cuerpo está en la misma dimensión que lo real del inconsciente, ubica la articulación entre esos tres niveles, a partir de la contingencia traumática del acontecimiento del cuerpo. Y luego nos sorprende al situar la relación entre el misterio del cuerpo hablante y el misterio del goce femenino, a partir de la lógica del no-todo.

El artículo de Helene Bonnaud de la ECF, interroga la presencia del cuerpo en los sueños. Conocemos al sueño como la manifestación por excelencia del sujeto y del inconsciente estructurado como un lenguaje. Pero aquí es examinado dando un paso más allá del sujeto en dirección al parlêtre, mostrando cómo el sueño puede dar cuenta de lo indecible: los sueños que ponen en juego lo que Lacan llama el goce de la vida, los sueños que hacen entrar en el inconsciente lo irrepresentable de la muerte, y los sueños que presentan lo indecible del goce femenino. De este modo, demuestra que el sueño es la vía regia para decir cómo el cuerpo se goza.

José Fernando Velazquez de la NEL, mediante una serie de variaciones clínicas, muestra un rasgo de lo femenino: lo múltiple, que no permite hacer conjunto, y que sólo puede mostrarse como serie. Una serie que ubica los avatares de la relación de la mujer con su cuerpo: el cuerpo de la belleza, el cuerpo que se ofrece al deseo del Otro, el cuerpo del régimen fálico, el cuerpo del ideal y del padre, pero también el cuerpo no regulado, el cuerpo que no se deja localizar. Para ello, ubica la relación que ese cuerpo tiene con sus marcas de goce, es decir, cómo ese cuerpo es determinado por los acontecimientos de cuerpo en su articulación con el Otro goce: en consecuencia, demuestra cómo una mujer tiene una relación con el cuerpo diferente a la de un hombre.

Casi en respuesta a ello, Camilo Ramirez de la ECF se centra en el cuerpo masculino, a partir de la articulación que puede tener el goce fálico con la pornografía. Al no acordar con la posición de aquéllos que remarcan la atemporalidad del inconsciente a lo largo de las épocas, se pregunta qué hay de nuevo en la sexualidad a partir de la explosión a escala planetaria del porno? Las variables de época: el vaciamiento de la palabra, la prevalencia de lo imaginario, el goce solitario, se articulan con la degradación al fetiche y el intento fallido de capturar escópicamente el goce femenino imposible de decir, produciendo en algunos casos un efecto de goce adictivo para aquéllos que están obstaculizados por el falo.

Por último, Jorge Forbes de la EBP se centra en la relación que a través de las épocas tuvo el hombre con lo real, para situar en la época actual una dimensión ética, aquéllo que Lacan destaca en La Tercera: el analista en posición de desafiar a lo real. Para esto, cuáles son sus herramientas?

Los conceptos de la segunda clínica de Lacan nos permiten abordar lo real de un modo inédito para las épocas anteriores: el sinthome, el escabel, el cuerpo hablante, el parlêtre, son herramientas conceptuales para ese uso, a partir de una posición del analista novedosa: la posición de responsabilidad  frente al acontecimiento inesperado.

De lo privado a lo público, y retorno

Marina Recalde

Vida íntima quiere decir que no se debe contar a todo el mundo lo que le sucede a uno.

Son cosas que no se dicen a cualquiera

En el marco de la preparación del próximo Congreso, en el Comité de Acción partimos de la Conferencia El inconsciente y el cuerpo hablante, Presentación del tema del X Congreso de la AMP, a cargo de Jacques-Alain Miller, que funcionó como Cierre del Congreso anterior.

Tal vez animada por mi función actual como Analista de la Escuela en ejercicio, y tomando en cuenta lo urgente de “una puesta al día” preguntándonos por lo nuevo, quisiera detenerme en esta ocasión en un párrafo que llamó mi atención: “Entregar al público los relatos del pase, eso nunca se hizo en la época de Lacan. La operación permanecía enterrada en las profundidades de la institución, solo era conocida por un número reducido de iniciados –el pase era un asunto para menos de diez personas. Digámoslo: yo inventé llevar a cabo una mostración pública de los pases porque sabía, pensaba, creía, que estaba en juego la esencia misma del pase(…)El acontecimiento de pase no es la nominación, decisión de un colectivo de expertos. El acontecimiento de pase es el decir de uno solo, Analista de la Escuela, cuando pone en orden su experiencia, cuando la interpreta en beneficio de cualquiera que acuda a un congreso que se trata de seducir y de inflamar (…)”.

La operación permanecía enterrada en las profundidades de la institución… es decir, no era un asunto privado o secreto, sino un asunto de unos pocos, elegidos, y quedaba entre ellos. La comunidad no se enteraba, e infiero que eso debía darle al asunto un halo enigmático, con lo que eso implica. Un grupo muy reducido, tal como subraya Miller, anunciaba a la comunidad que alguien había sido nominado Analista de la Escuela. Y allí quedaba todo. Se entiende por qué el pase era entonces la nominación. No existía ni la exigencia ni el compromiso de la transmisión de ninguna enseñanza, por fuera de esos pocos.

Si en la mostración pública de los pases está en juego su “esencia misma”, es porque la esencia finalmente es poner “en orden su experiencia”, interpretándola “en beneficio de cualquiera que acuda a un congreso”. Es decir, la esencia adviene a posteriori, en la práctica del pase misma, cuando esa experiencia es puesta en orden, podríamos decir, formalizada, frente a un público en general ávido de escuchar cómo un sujeto se las ha arreglado para encontrar un estilo, y un saber decir bien aquello que ha obtenido.

Quisiera situar aquí lo que afirma Jacques Lacan en otro Cierre, el de las Jornadas de Estudio de Carteles de la Escuela Freudiana, cuarenta años atrás.

Allí, Lacan se pregunta: “¿qué es el análisis al fin de cuentas? A pesar de todo es esta cosa que se distingue por lo siguiente, que nosotros nos hemos permitido una suerte de irrupción de lo privado en lo público. Lo privado, evoca la muralla, los asuntitos de cada uno. Los asuntitos de cada uno tienen un núcleo perfectamente característico, son asuntos sexuales. Ese es el núcleo de lo privado (…) ¿cómo distinguir lo privado de aquello que nos da vergüenza? Es claro que la indecencia de todo esto, indecencia de lo que ocurre en un análisis, esta indecencia, si puedo decirlo, gracias a la castración (…) esta indecencia desaparece”.

Entonces, ¿cómo entender estas dos dimensiones de lo público? ¿Cómo entender este pasaje de lo privado a lo público, presente tanto en el marco de un análisis como en el marco de un testimonio?

Evidentemente, no se trata de lo mismo. ¿De qué Otro se trata, en cada caso? Si un análisis implica que lo privado irrumpe en lo público, si un analizante habla de sus asuntos a un analista, es porque eso emerge de lo más íntimo, de lo que mortifica, de lo que hace sufrir, es decir, de aquello que pone en juego su fantasma, venciendo decencias e indecencias, aunque algo del pudor –última barrera frente a lo real- siempre –o casi- se conserve. Y, aunque implique a un Otro al que se le dirigen estos dichos e incluso se llegue a su punto de conclusión, eso no sale de esa particular intimidad analítica. Otro (es decir, el inconsciente, y el analista partenaire en tanto forma parte del concepto del mismo) del cual aun se espera, al menos, una interpretación.

Jacques Lacan, en su respuesta a André Albert, señala que el análisis es algo que nos indica que hay que sudar la gota para llegar a lograr aislar el sinthome. Y que hay que sudar de tal manera que uno puede hacerse de allí un nombre. Pero, agrega, no es esa nuestra intención (conducir a alguien a hacerse un nombre o una obra de arte). Sino que nuestra intención consiste en incitarle a pasar por el buen agujero de aquello que le es ofrecido como singular.

Es decir, es una decisión de cada quien lo que se quiere hacer con lo que se obtuvo. Pero ese hacer implica una vuelta más. El Pase no es obligatorio sino efecto de un deseo de aquél que quiera hacer pasar lo obtenido al Otro de la comunidad analítica, y volver eso una transmisión que implique soportar en acto y con el cuerpo, la propia enunciación.

En mi propio caso, puedo decir que la formalización que se produjo en el último tramo analítico, fue necesaria para poder producir la separación final. De mi hystoria, del análisis, y del analista.

Me había presentado tiempo atrás, y el dictamen en esa ocasión me había sorprendido con un no que en un primer momento me dejó angustiada y furiosa. No que funcionó como una interpretación, y que exigió una nueva respuesta, ya no ligada a quedar devastada por un Otro cruel que siempre dice no, que pide más y angustia, sino que ponía a prueba si lo obtenido en el recorrido analítico por casi veinte años se verificaba y si podía responder a este no sin caer bajo las redes de la repetición, que me hubieran llevado a una huida para no encontrarme con lo real en juego. Si no era lo que el fantasma había dictado, y si algo de esa negra, ya no ligada fantasmáticamente a la injuria, sino que ahora se ligaba al decidida surgido en el tramo final, resonaba en mí, con un nuevo uso, permitiéndome decir o no frente a una demanda del Otro, entonces, había que volver al análisis para poder ubicar ese no del Cartel, y poder concluir. Me llevara o no nuevamente al pase.

Volverme a presentar al pase, dar ese paso suplementario, se decidió bajo las coordenadas que implican decir o no, sin el Otro, ya por fuera de las coordenadas fantasmáticas que se embrollan en un análisis. Cambio de régimen que incide también en mi lazo a la Escuela: poder decir o no, conforme a mis razones, y no decir siempre sí, alocada e inevitablemente, tal como el fantasma había alentado, para evitar la supuesta crueldad o enojo del Otro.

La respuesta encontrada, volver al análisis y al trabajo analítico, finalmente me llevó de vuelta al pase, volviendo a consentir a la ficción del Otro del psicoanálisis y apostando a otro destino de la libido.

Entonces, al hacer el pase, se deja la dimensión esotérica de un análisis, y se pasa a la dimensión exotérica que el pase implica. Un Otro al que uno se dirige sin esperar una interpretación, pero con la intención y –por qué no- la decisión, de que algo pase, con las resonancias que eso implica.

Ahora bien ¿qué agrega al pase el hecho de hacerlo público? ¿Cómo no volver obscena esa escena? ¿Cómo no volverlo un Big Mac para muchos?(5)

En un testimonio público de pase, es esperable que ese marco dado por el pudor se mantenga. Pero allí algo de su núcleo más íntimo, y más singular (que en el mejor de los casos, dirigiéndose a un Otro, pasa al público) pone ahora en juego una satisfacción. Hay algo de la hystoria de cada uno, y de sus propias invenciones, que en un sentido deja de ser propia y pasa al Otro. Y, cada vez, con cada vuelta, con cada esfuerzo de transmisión, esa mordida de real se vuelve más efectiva.

Es así como entiendo lo que Miller en esta Conferencia ubica en términos del escabel forjado sobre el goce opaco del sinthome, que ahora vuelve a hacer lazo, de un modo tan singular como Analistas de la Escuela haya.

La comunidad interroga, el AE responde, elabora. Muchas veces no alcanza, y se le exige más. Allí el AE, cada uno con su estilo, tendrá que ingeniárselas para responder hasta donde quiera y pueda (y se pueda). El pase también es no-todo. Y la comunidad podrá recepcionar (cuando sucede) algo de lo que cada AE pueda aportar.

Tal vez, cuando el testimonio pasa, portando en su núcleo lo intestimoniable, y el público aplaude, e interviene, y pregunta, y elabora, tengamos allí la pista para dar un sentido al hacerlo público: mostrar (y demostrar) cómo uno se las ha ingeniado singularmente para salir de la mortificación, obteniendo un nuevo arreglo con el goce que, por qué no, permita una vida más vivible (al decir freudiano). El pase no es el único modo, claro. Pero lo que es seguro es que es un modo en cierto sentido privilegiado, que implica hacer saber al Otro, al de nuestra comunidad pero también (lo que no es lo mismo) al de la plaza pública, que el psicoanálisis está vivo, que tiene una utilidad, y que analizarse bien vale la pena.

La tijera en el cerebro: el nombre propio de James Joyce

Fabio Galimberti

Cada uno de nosotros, como parlêtre, tiene un nombre. Pero como afirma Miller, el nombre propio nunca es suficiente, debe tener siempre un complemento. Y lo que complementa el nombre es el goce. Como en el caso de El Hombre de las Ratas; su nombre propio incluye el plus-de-goce. Incluye también una identificación, un “tú eres esto” que está en estrecha relación con el objeto pulsional: objeto anal, la rata, para el joven que se había presentado en el consultorio a Freud.

Sin embargo, en el caso citado, el nombre propio no fue elegido por el sujeto; le fue asignado. A James Joyce también le sucedió lo mismo. Lacan lo ha llamado: Joyce el síntoma. Pero agrega que en Joyce el síntoma el escritor “se habría reconocido en la dimensión de la dimensión de nominación”1

La suposición de Lacan es que Joyce, habría dicho que sí a este complemento, “el síntoma”. Y no habría sido difícil, creo, porque Joyce mismo había elegido nominarse así.

¿En qué sentido? ¿Joyce se autonominó “el síntoma”? Hizo más. No sólo se llama con el nombre de su síntoma (y naturalmente se trata de un animal), sino que se llama con un nombre en el que reencontramos el título y el tema que nos reúne en el próximo Congreso en Río: un cuerpo hecho pedazos por el impacto con lalengua y que hace de este trauma el síntoma al cual se identifica.

Joyce se hace un nombre así, afirma con letra clara “yo soy esto”. Por lo tanto no sólo se hace un nombre en el sentido que se vuelve un célebre escritor. Sino que se hace un nombre en el sentido que se lo fabrica a través de la escritura, es decir que lo ha escrito, lo ha puesto negro sobre blanco presentándose públicamente como sintraumatizado.

El pecado y el trauma

¿Cuál es el sintrauma de Joyce? El trauma es aquello que la palabra ha hecho de él y el sin (“pecado”) es aquello que él ha hecho de la palabra. ¿Cuál palabra? La palabra de la lalengua, aquella que nos parasita y que para Lacan es “la forma de cáncer que aqueja al ser humano”,2 aquel cáncer que puede volverlo loco.

Para esta palabra parasitaria Joyce no tenía la defensa del aparato del Nombre-del-Padre. Lacan nos dice que por esta razón “No puede decirse que a Joyce no se le impusiera algo con respecto a la palabra”3. Y en efecto el mismo Joyce nos da una prueba casi autobiográfica. En Las gestas de Stephen escribe sobre el protagonista que en diversas circunstancias “oía de improviso una orden (…), una voz que le sacudía verdaderamente el tímpano de la oreja, una llama que se desaprisionaba desde su divina vida cerebral”.

¿Qué hizo Joyce para defenderse de esta voz que le invadía el cerebro, para protegerse de los “ecos infinitos de la lengua” (Miller)? Ha devenido él esta voz, ha devenido esta palabra parasitaria y ha devastado aquello que habría podido destruirlo: la lengua y las letras. La lengua inglesa ante todo, pero no solamente: ha traumatizado las lenguas y la literatura en su conjunto. Este su sin.

El portemanteau

¿Cómo lo ha hecho? Seguramente a través del Ulisses. Pero en aquella obra aún no nos había mostrado verdaderamente una epifanía de la voz, una exhibición de la dimensión casi sólo fónica de la lengua, aún no había invitado a nuestros oídos a aquel banquete de lenguajes que es el Finnegans Wake (de ahora en más FW). Y sobre todo, no se había dado aún el nombre de su síntoma.

Porque el nombre propio que se ha dado fue custodiado por el acrónimo H.C.E., sigla omnipresente en el texto (Howth Castle Environs, Havets Childers Everywere…). En la orientación lacaniana es tomada sobre todo por las iniciales de las palabras Here Comes Everybody, presentes en la obra. Pero más allá de sus avatares, H.C.E. es el nombre del protagonista: Humphrey Chimpden Earwicker.

¿Por qué Humphrey? No es necesario exprimirse el cerebro, Joyce lo dice enseguida, desde la primera página: es un reenvío a Humpty Dumpty, el conocido personaje de una rima inglesa, la nursery rhyme de Mamá Oca, Mother Goose. Es un huevo antropomorfo, sentado sobre un muro, del que cae en pedazos. ¿Por qué cae en FW? Porque es fulminado por una palabra-trueno, que en el texto está compuesta por cientos de letras, y por el significante “trueno” escrito en más lenguas. ¿Puede haber una representación mejor del impacto de la lalengua sobre el animal humano? Para Joyce la palabra-trueno es aquello que causa la caída del hombre (the fall).

Pero Humpty Dumpty también es otro. Es alguien que juega con la lengua así como lo hace Joyce. He aquí lo que a propósito dice Lacan: “Lean Finnegans Wake, se darán cuenta que hay algo que juega, no en cada línea, sino en cada palabra, con el pun, un pun muy, muy particular. Léanlo, no hay una sola palabra que no esté hecha […] con tres o cuatro palabras que por su uso destellan, chispean”. Y prosigue: “Este pun es más bien el portemanteau en el sentido de Lewis Carroll”.4 Humpty Dumpty, efectivamente, es un personaje de la novela A través del espejo y lo que Alicia allí vió, de Lewis Carroll, que inventa el concepto de “palabra-perchero” (porte-manteau), es decir, una palabra hecha de la fusión de dos o más significados. Es aquello que en lingüística pasa bajo el nombre de “palabra–híbrida” (en francés mote-valise). FW fue construido así, como un gran concierto, una polifonía de palabras-broche que el autor dirige como un gran maestro. El protagonista, Humphrey ( Humpty Dumpty), entonces, es el ejemplo de alguien que fue hecho pedazos por el impacto traumático de la palabra y que a su vez se impone traumáticamente a través de la palabra, revirtiendo su sujeción y haciéndola dominio. Joyce era consciente de eso y así lo confiaba a Samuel Beckett: “Puedo hacer cualquier cosa con el lenguaje”.

El chimpanzombre

La segunda parte del nombre, “Chimpden”, en inglés contiene el coloquial “chimp” que significa “chimpancé”. ¿Es este el animal que indica el goce que complementa el nombre propio de Joyce? No, porque el chimpancé tiene más bien un sentido en la follisofía5 del escritor irlandés, que retomando de modo sui generis el pensamiento de Vico, representa el estado primitivo que precede la humanización, la forma primigenia de la humanidad, nuestro verdadero progenitor, un Adán desacralizado.

No profundizaré en esto, pero me remito a algo curioso que no por casualidad Miller hace notar, y es que la composición de FW recuerda el teorema de Borel, el del mono infinito. Es un teorema enunciado en 1913, según el cual si se pusieran a millones de “monos dactilógrafos” a escribir en el teclado de una máquina se llegarían a reproducir las copias exactas de todos los libros de todas las lenguas conservados en las bibliotecas del mundo. ¿No es un ejemplo que podría calzar para el FW? ¿Un libro concebido por su autor con el material verbal de todas las lenguas del mundo?

La tijera en el cerebro

Para terminar, he aquí el animal que complementa el nombre de Joyce. Es el mismo autor quien, cuando presenta al inicio del segundo capítulo a Earwicker, el protagonista, nos dice que ha sido bautizado así cuando lo encontraron en un huerto tratando de matar una tijereta. Se trata de aquel insecto que en la cola tiene una bifurcación similar a dos tenazas. En inglés “tijereta” se dice earwig. En latín su nombre científico es forfícula auricularia. Propiamente así, ya que en el pasado se pensaba que la tijereta penetraba en la oreja del humano, buscaba el tímpano para llegar al cerebro, depositaba sus huevos y proliferaba de modo devastador. Es el Joyce erudito quien nos habla en el texto de la auricular forfikle y de su efecto destructivo. La forfícula auricularia es la encarnación perfecta de la palabra parásita, aquel animal que entra en el orificio que nunca se cierra, el oído, nidifica en el cerebro y lo devasta. ¿No es un mito eficaz para representar el trauma de lalengua?

Traducción: Natalia Paladino

Revisión: Raquel Cors

Lo real, diré, es el misterio del cuerpo que habla, el misterio del inconsciente”

Jacques Lacan, Seminario “Encore” 15-5-73.

Araceli Fuentes

En esta frase tomada del seminario XX Lacan hace una equivalencia entre el cuerpo que habla y el inconsciente, a partir de lo real. Dos años más tarde, en la Conferencia “Joyce el síntoma” II propondrá sustituir el nombre de inconsciente por el de “parlêtre”, cuerpo que habla. Con Freud el inconsciente se sitúa respecto a la conciencia, con Lacan la perspectiva es otra, es la del cuerpo que habla y la forma en que quedó impregnado por el habla. El Inconsciente reinventado a partir de lo real de lalengua es un saber hablado de lalengua que está a nivel del goce, es decir a nivel del cuerpo como sustancia gozante. El cuerpo, el goce y la lengua se anudan en esta nueva definición del inconsciente como parlêtre.

Es un hecho extravagante y misterioso el que dentro de la especie animal el animal humano hable. Él habla y no sólo por su boca, habla también con su cuerpo, el cual es especialmente sensible a la palabra que lo afecta como lo hace un virus. El cuerpo habla por medio del síntoma histérico una vez que ha sido descifrado, así la tos de Dora dice “soy hija mi padre”, y habla también de un modo más directo a través de las pulsiones. Es el goce al que Lacan llama “jouissance”, goce-sentido que está siempre articulado a un plus de gozar.

Lo real, diré, es el misterio del cuerpo hablante”

Sin duda, el anudamiento del cuerpo, el goce y lalengua es un misterio. Pero en esta frase tomada del Seminario “Encore” Lacan le da el estatuto del misterio a lo real que hay en el cuerpo hablante, que es a su vez lo real del inconsciente, inconsciente reinventado a partir de Lalengua y del goce.

El síntoma como acontecimiento del cuerpo, es un real por fuera del sentido en el que el cuerpo se goza solo, sin otro. El goce Uno del síntoma acontecimiento del cuerpo, es el goce de una letra del inconsciente real-lalengua que ex- siste a la cadena.

El síntoma, acontecimiento del cuerpo, nos sitúa a nivel de un encuentro accidental entre el verbo y el goce, entre lalengua y el cuerpo. Producto de contingencias ocurridas en los primeros años, en adelante no dejara de escribirse. El goce opaco del síntoma, acontecimiento del cuerpo, es lo más singular que tiene un sujeto, cada sujeto, lo que nos hace a cada uno incomparable con cualquier otro. Esta singularidad sitúa al síntoma acontecimiento del cuerpo fuera de la lógica del para todos, fuera de lo universal, en la lógica del no-todo.

Lo real no constituye un todo, el síntoma acontecimiento del cuerpo es una emergencia del inconsciente real pero no es el único real del parlêtre, hay otro goce real, el goce en el que la femineidad se resguarda, goce suplementario más allá del falo y fuera de sentido que se experimenta en el cuerpo. A diferencia del goce del síntoma el goce no-todo no cesa de no escribirse y está excluido del inconsciente, sólo tomando lo que en el inconsciente es el agujero de lo sexual podremos decir que hay con este goce excluido del inconsciente una vecindad topológica.

El goce suplementario hace que una mujer no esté toda en la función fálica, pero eso no quiere decir que no lo esté del todo. No es verdad que no esté del todo. Está de lleno allí. Pero hay algo más: “Hay un goce de ella, de esa ella que no existe y nada significa. Hay un goce suyo del cual quizá nada sabe ella misma, a no ser que lo siente: eso si lo sabe, desde luego cuando ocurre. No les ocurre a todas6

Desde la perspectiva del goce de ella el misterio del cuerpo hablante es también su misterio, del cual quizá nada sabe ella misma, a no ser que lo experimente, eso si lo sabe.

Si por ser no-toda en la función fálica, La mujer con mayúscula no puede escribirse y por lo tanto no puede constituirse en el Otro del Uno, si el Otro del Uno no existe, entonces, ¿dónde está la mujer?

“la mujer está entre, el centro de la función fálica de la cual participa en el amor y... la ausencia7”.

La ausencia de la que ella goza es un misterio incluso para ella misma.

Sueños de cuerpos

Hélène Bonnaud

“La interpretación del sueño es la vía regia hacia el conocimiento de lo inconsciente”8, dice Freud en La interpretación de los sueños. En efecto, la interpretación de los sueños más que los propios sueños conducen al saber inconsciente, pues aquella se inscribe en el marco del análisis. El sueño, fuera de la transferencia y de la causalidad del síntoma debe ser ubicado bajo la rúbrica de “las formaciones del inconsciente”, que surgen en todo sujeto que habla y solo podrían interpretarse una vez establecida la función del Sujeto supuesto Saber.

Sublimación del cuerpo

En algunos sueños el sujeto se ve con el cuerpo que le gustaría tener, imágenes sublimes de su cuerpo que interpretan su deseo: Tal mujer se soñará con una cabellera ondulada, tal hombre con una pierna o un cuerpo entero erectos y, que manifiestan potencia. Esas imágenes de cuerpo corresponden a la puesta en escena – esta otra escena que es el inconsciente –, de una representación de sí mismo, sublimada. Esto muestra la insatisfacción que muchos de los sujetos tienen en cuanto a su propia imagen o al temor que tienen de no tener el cuerpo fálico que esperaban. Eso es válido para ambos sexos. Así, el sueño de una erección no es exclusivo de los sueños masculinos y, el sueño de un orgasmo infinito tampoco lo es de los sueños femeninos. Lo sexual no se define a partir de uno y otro sexo, sino del goce que lo identifica o no al sexo biológico que le fue asignado.

Lo que los sueños de cuerpos nos permiten leer es justamente lo que el sujeto no puede decir de su propio cuerpo, de su imagen y de su perfectibilidad, sin hablar de su propio goce.

El cuerpo es un objeto tan íntimo que a veces es puesto en reserva en el análisis, como si se tratase de un objeto secundario o molesto, incluso un objeto vergonzoso. Tener vergüenza de su cuerpo o de ciertas partes de su cuerpo es una manifestación de la relación del sujeto con su yo ideal. El sentimiento de vergüenza es el indicio mismo de que el cuerpo no es una imagen desencarnada, sino que está tomado por el lenguaje. Lacan dice que está tomado en “la dialéctica del significante”9. Esto precisa que no hay un cuerpo-imagen sino un cuerpo-lenguaje, un cuerpo tomado en la palabra y cuya imagen se modifica, en función misma de la palabra que se produce en el análisis. Es por ello que la experiencia del análisis modifica la imagen del cuerpo. No es raro, en efecto, ver cuánto los sujetos en análisis se liberan en su relación a su propio cuerpo, lo invisten de manera diferente y por ello, se sirven de él de otra manera. Gozan de él un poco mejor, es decir que se misman10 más, si me permiten el neologismo. Ya esto indica el impacto de los significantes que actúan sobre el cuerpo. Al tratar la causa del síntoma, la libido se focaliza menos en la imagen del cuerpo. Este se torna más abierto al deseo y por este hecho las defensas que ponían trabas, caen.

El cuerpo es afectado por el significante

A partir del momento en que, en la sesión, cuenta el sueño, éste pasa de la imagen a la palabra. Es afectado por los significantes. Es decir que la incoherencia propia a las imágenes encuentra un hilo desde el momento en que el sueño se hace decir. Los sueños de cuerpos acentúan el alcance de la representación del cuerpo como presencia, como la existencia propia a sí mismo. Esto parece tanto más sorprendente que el sueño convierte el cuerpo en absolutamente inerte y fuera de sí, desconectado de su pensamiento. La consciencia de su propio cuerpo está adormecida. Además es por eso que, a partir del momento en que uno sueña que camina, que corre, que el cuerpo está activo en el sueño, uno es sorprendido por el intenso sentimiento experimentado por la acción de estos movimientos, si bien el cuerpo permanece inmóvil.

Hay allí una paradoja. Hay un cuerpo en movimiento en los sueños que indica cuán vivo se manifiesta el cuerpo en la lengua del inconsciente. La lengua vivifica el cuerpo dormido. Lo muestra gozando. Como lo indica esta bella frase de Lacan en …o peor “lo que hay que suspender es esa ambigüedad que existe en la relación del cuerpo consigo mismo – el gozar.”11 Si el dormir lo suspende, el sueño, al contrario, lo hace surgir. El gozar, el sueño lo procura. Hay allí una oposición entre el cuerpo desprovisto del hecho de gozar al dormir, y la forma como goza en el sueño.

Despedazamiento12 y goce

Los sueños aparecen también como pesadillas en las que las imágenes del cuerpo surgen en situaciones de desmembramientos, de deformaciones, que dan al sueño su connotación de horror. Cuerpos cortados, quemados, magullados, golpeados, encadenados, etc. evidencian la potencia de las representaciones que van de la desfalicización del cuerpo a su destrucción. El impacto de la violencia pone frecuentemente fin a la tortura que infringen tales sueños mediante un brutal despertar. En efecto, la imagen del cuerpo da consistencia al cuerpo viviente y atañe a una cierta regulación de las pulsiones de vida. Cuando la imagen del cuerpo aparece despedazada, deshecha, engullida, mutilada, etc., es la vida la que se ve tocada. En el sueño el cuerpo se descompone para marcar la presencia de la muerte en el psiquismo. Surge en los sueños nocturnos, recordándonos la potencia de ese real de la muerte en el inconsciente. El sentimiento de tener un cuerpo del que habla Lacan en el seminario El Sinthome13, tiene como consecuencia el poder perderlo. Tener se conjuga con perder. Los sueños en los que el cuerpo aparece desmembrado, cadaverizado, etc. son a menudo sueños de castración. Ponen en evidencia la angustia de castración pero pueden también ser leídos como un real traumático, aquel que la Shoah dejó con sus imágenes de cuerpos descarnados, vaciados, apiñados, quemados y que no se olvidan.

El infinito del goce femenino

Para concluir, les propongo dos sueños que tratan del goce femenino. El primero es el sueño de una analizante de Lacan. Soñó que “¡la existencia volvería a brotar siempre por si misma!” Este fue el comentario de Lacan: “El sueño pascaliano, una infinidad de vidas sucediéndose a sí mismas sin fin posible; se despertó casi loca. Ella me lo contó. Desde luego, yo no lo encontraba divertido. Pero, vean, la vida, eso es algo sólido. Es sobre lo cual vivimos, justamente.”14

El segundo sueño es el de una analizante de J.-A. Miller. Esclarece lo que dice Lacan acerca del goce femenino, que no puede decirse, que está fuera de lo simbólico. He aquí el sueño. “(…) un géiser turbulento, impetuoso, efervescente, de vida inagotable”15, a lo que siempre había querido equipararse, indica J.-A. Miller.

Estos dos sueños nos llaman la atención: tienen las mismas resonancias, aquellas que solo pueden decirse en las metáforas propias a la escritura del sueño y muestran la potencia del significante para hablar del cuerpo gozante, sin que este último aparezca en el cuerpo, tal y como pude constatarse. El sueño da a leer, por la interpretación del analista, el cuerpo que se goza. Es el cuerpo elucubrado en la metáfora que de él se escribe, la de la efervescencia para el primero, y del géiser para el segundo donde surge lo ilimitado del goce femenino.

Hay algo de inaudito en cotejar estos dos sueños, uno relatado por Lacan, el otro por J.-A. Miller, separados por alrededor de quince años, y ver que interpretaron de la misma manera la metáfora del goce femenino a partir de un sueño de analizante…

Así el sueño es la vía regia para decir el cuerpo que se goza.

Traducción: Noemí Cinader

Goces y cuerpos en la multiplicidad femenina

José Fernando Velásquez
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