Resumen del estado del medio ambiente local: componente aire 49




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títuloResumen del estado del medio ambiente local: componente aire 49
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Vulnerabilidad socio-ambiental ante desastres naturales y tecnológicos


      1. Eventos climáticos extremos



Es probable que el cambio climático aumente la frecuencia de eventos climáticos extremos como inundaciones provocadas por lluvias de gran intensidad, y periodos de sequía más prolongados en el DMQ que afecten a las fuentes de agua y aumenten la amenaza de incendios forestales.
Además del clima, los principales factores que incrementan la vulnerabilidad a los eventos extremos son: la presión demográfica, la falta de regulación en el crecimiento urbano, la pobreza y la migración rural, la baja inversión en infraestructura y servicios; y, la falta de coordinación intersectorial (Magrin et al., 2007: 585). Las comunidades más pobres están entre los más vulnerables a eventos extremos, y algunas de esas vulnerabilidades son causadas por su ubicación en zonas de alto riesgo como suelos inestables, construcciones precarias, construcciones sobre rellenos, y en lugares susceptibles de ser inundados por desborde de ríos ó limitaciones en el sistema de drenaje (Magrin et al., 2007: 585).
Los desmoronamientos se generan por precipitaciones persistentes e intensas y tormentas. En Latinoamérica, estos fenómenos, están asociados a la deforestación y la falta de planificación y sistemas de alerta de desastres. Muchas ciudades vulnerables a aludes y torrentes de barro, muy probablemente sufran la exacerbación de eventos extremos incrementándose los riesgos para las poblaciones locales (OMM, IPCC y PNUMA, 2007: 42).

      1. Amenazas de origen geológico



El DMQ cuenta con un relieve considerablemente heterogéneo, ejemplo de ello son las cuencas y valles internadinos y los relieves glaciáricos (Tabla 1). Su ubicación está considerada en la vertiente oriental del piedemonte de los volcanes Pichicha y Atacazo, entre los 2.400 y 3.200 msnm, bajo la línea ecuatorial, con 0° 10’ de latitud sur, y ocupa en la falda del volcán Pichincha, una grada tectónica de aproximadamente 300m sobre el callejón interandino, valle norte-sur que separa las cordilleras oriental y occidental. Por lo que el aspecto de la ciudad es de un canal de treinta por tres a cinco kilómetros, cuyo fondo, todavía parcialmente pantanoso, está constituido por sedimentos fluvio-lacustres de un antiguo lago. (Peltre 1989:46).
(Tabla 4.5 Unidades paisajísticas del Distrito Metropolitano de Quito)
A estas características se suman otras particularidades geológicas; la vertiente del Pichincha y el reverso de la cuesta de la grada tectónica están principalmente constituidos por lavas, tobas poco endurecidas y cenizas volcánicas, afectadas por varias fallas importantes, el conjunto del sitio está recubierto, casi uniformemente, por una capa de diez a veinte metros de espesor de cenizas volcánicas limosas de origen eoliano –la cangahua- que moldea una topografía antigua. Estas formaciones presentan la particularidad de oponer poca resistencia a la erosión fluvial, y de endurecerse ligeramente cuando están expuestas al aire, lo que les permite conservar con impresionante frescura las fuertes incisiones de la ultima desglaciación, que constituye una intensa red de quebradas que atraviesan todo el sitio urbano. (Peltre 1989:47). Estas condiciones geomorfológicas sumadas al emplazamiento de población en estos espacios y a condiciones socio-económicas particulares84 han coadyuvado a ampliar los grados de exposición a una serie de amenazas de origen volcánico, sísmico y a procesos de remoción en masa.

        1. Amenaza de origen volcánico



En el DMQ la amenaza volcánica es alta, por la presencia de doce volcanes activos, de los cuales el Guagua Pichincha, Pululahua y Cotopaxi son los de mayor peligrosidad, ya que históricamente, fueron precisamente estos volcanes los que destruyeron parcialmente la ciudad y el área metropolitana. (Fernández, 1998:7). La ciudad está doblemente expuesta a las caídas de cenizas potenciales del Guagua Pichincha y a los lahares del Cotopaxi, a este panorama es necesario sumarle la potencial amenaza provocada por los volcanes Cayambe, Antisana, Quilotoa y el Reventador. En el caso de los volcanes activos Cayambe y Antisana los riesgos generarían impactos sobre los sistemas de abastecimiento de servicios básicos de la ciudad, y en la parte del desarrollo urbano de la ciudad hacia la zona noroccidental tendría incidencia una posible erupción del Quilotoa. El Reventador a su vez ha afectado históricamente al DMQ con caída de ceniza que ha sido depositada en el área urbana de Quito, tal como la registrada el 3 de noviembre de 2002.
Volcán Guagua Pichincha
El volcán Guagua Pichincha ha afectado seriamente a Quito en varias ocasiones siendo las más representativas las erupciones ocurridas en 1560, 1575, 1582, 1660, así como las erupciones de 1843, 1868, y la más reciente en 1999. La última erupción destructiva ocurrió en 166085 con un periodo de recurrencia registrado de aproximadamente 350 y 500 años, presenta también explosiones freáticas, que cambian las dimensiones del cráter central, además de registrar cambios en la química de los gases de las fumarolas e incremento de la actividad microsísmica.
El volcán Guagua Pichincha, presenta su caldera colapsada en su lado oeste (en la dirección opuesta a la ciudad); por lo tanto, ante una posible erupción la lava no afectaría a Quito. Sin embargo graves daños se podrían ocasionar con la formación de capas de 25 cm, producto de la acumulación de cenizas y fragmentos pequeños de pómez y roca, y sin lugar a dudas más peligrosos podrían resultar los flujos de lodo secundarios que se formarían al caer las fuertes lluvias sobre la ceniza acumulada en los flancos del volcán, que al ser movilizada se concentraría en las quebradas, ya sustituidas por alcantarillas, desbordando los flujos hacia las calles y áreas construidas. (Fernández, 1998: 192).
La mayor amenaza para la ciudad son los flujos de lodo que podrían desarrollarse en las laderas occidentales “más de 2.000 hectáreas, es decir más del 10% de su superficie, están expuestas a ello: en los flancos del Pichincha y en las partes planas situadas frente a las quebradas, principalmente en las parroquias de Cotocollao, La Concepción, Santa Prisca, San Roque, La Magdalena y La Villa Flora” (D'Ercole y Metzger 2004:57). A este panorama es necesario añadir la amenaza directa que presentaría una eventual erupción de este volcán sobre las parroquias de Lloa y Nono altamente expuestas a los flujos de lava y Piroclástos.
Según el Plan de Contingencias Erupción Guagua Pichincha las zonas que presentan un mayor riesgo ante una eventual erupción de éste volcán son: en la Administración Zonal (AZ) Norte, Rumihurco, Rumipamba, Singuna, La Pulida, Lea, Atucucho, Mindo, Nono; en la AZ Centro: no hay definición de zonas criticas; en la AZ Sur: barrio La Isla de la parroquia Villa Flora, Quebrada Rio Grande de la parroquia Chillogallo, quebrada el Calpulí, barrio El Blanqueado perteneciente a la parroquia Las Cuadras, Lucha de los pobres de la parroquia Eloy Alfaro, Río Machángara, barrio Las Orquídeas de la parroquia Chimbacalle.
(Recuadro 4.3 Proceso eruptivo del volcán Guagua Pichincha)
Volcán Cotopaxi
El Volcán Cotopaxi, es considerado como uno de los más peligrosos del Ecuador, el cual ha tenido unas 35 erupciones desde 1534. La última destructiva ocurrió en 1877, presenta un periodo de recurrencia de aproximadamente 100 años, con erupciones menores en períodos de 30 años. (Fernández, 1998: 193). En el caso de este volcán la amenaza se cierne sobre el Valle de los Chillos y en menor medida, sobre el valle de Cumbayá - Tumbaco los cuales fueron afectados por lahares en las erupciones de 1742, 1744, 1768 y 1877, “los lahares producidos por la fusión del casquete glaciar que recubre al volcán [Cotopaxi] podrían afectar a una parte importante del DMQ a lo largo de los ríos Salto, Pita, Santa Clara, San Pedro, amenazando a una gran parte del Valle de Los Chillos así como al Valle Cumbayá – Tumbaco” (D'Ercole y Metzger, 2004:57). Estos espacios, anteriormente poco poblados, se encuentran en la actualidad densamente urbanizados.
Las erupciones del volcán Cotopaxi, han causado la desaparición de grandes poblaciones, y actualmente el gran Quito metropolitano se encuentra en las áreas de impacto de los lahares y las cenizas (Fernández, 1998: 193).
Conforme lo señala el Mapa No. 13 de Riesgos Volcánicos, proporcionado por la Secretaria de Ambiente del DMQ: los lahares del volcán Cotopaxi de mayor riesgo, se identifican dentro de determinados sectores de las parroquias de: Puembo, Guallabamba y Tababela, pertenecientes a la Administración Zonal (AZ) Aeropuerto; Calderón en la AZ Calderón; San Antonio y Calacalí, ubicadas en la AZ La Delicia; las parroquias de Alangasí, Conocoto, Guangopolo y Pintag, pertenecientes a la AZ Los Chillos; Puellaro, Perucho y Minas, ubicadas en la AZ Norcentral; Nanegal en la AZ Norroccidente; Zámbiza y Nayón pertenecientes a la AZ Norte; y las parroquias de Cumbayá y Tumbaco ubicadas en la AZ Tumbaco.
(Mapa 13. Riesgos Volcánicos)
Los sectores que presentan un mayor riesgo ante una eventual erupción del volcán Cotopaxi en la Administración Zonal Los Chillos son: Sector 1 San Gabriel86; Sector 2 Río Zamora87; Sector 3 Playas Chicas88; Sector 4 Bethania89; Sector 5 Coop Huertos Familiares90; Sector 6 Armenia 2 -391; Sector 7 Armenia 192; sector 7b Bocatoma93; Sector 8 Rumiloma94 (Tabla 4.6). En ese sentido y siguiendo la información suministrada por la jefatura zonal de seguridad ciudadana de la Administración Municipal Valle de los Chillos, en su jurisdicción se encuentran 1096 viviendas en zonas de riesgo por lahares del volcán Cotopaxi (Administración Municipal Valle de los Chillos, 2009).
(Tabla 4.6 Población expuesta ante una posible erupción volcánica del volcán Cotopaxi en el sector Valle de los Chillos)
A estas áreas vulnerables ante una posible erupción del Cotopaxi se suman las áreas de expansión urbana al este de Quito, así como los sistemas que suministran agua potable al DMQ, “particularmente los sistemas Pita, Papallacta, La Mica – Quito Sur y Noroccidente, los mismos que al ser afectados por los flujos de lodos que descenderán por el río San Pedro o del Pichincha, podrían suspender casi todo el suministro de agua potable que hoy día llega a la urbe” (Ayabaca, 2002:29).
Volcán Pululahua
El Volcán Pululahua con 3350 msnm., es uno de los pocos en el mundo cuya caldera está permanentemente habitada, se encuentra al interior del DMQ y a 13km de distancia de la ciudad. Su última erupción ocurrió hace 2,325 años. Se ha calculado una recurrencia de 2.000 años para este volcán. “Debido a lo árido de la zona, los flujos de lodo no serían muy voluminosos. Sin embargo, los flujos piroclásticos podrían causar el represamiento de los ríos, que al romperse inundarían las zonas aguas abajo” (Fernández, 1998:193). (Tabla 4.7).
De acuerdo lo señala el Mapa No. 13 de Riesgos Volcánicos, proporcionado por la Secretaria de Ambiente del DMQ, ante una eventual erupción del volcán Pululahua, la presencia de lahares afectarían a determinados sectores ubicados en la parroquia de Nanegalito (perteneciente a la AZ Noroccidente); mientras que la presencia de lava, piroclástos y lahares se ubican en sectores dentro de las parroquias de: Calderón (correspondiente a la AZ Calderón), Calacalí, Nono, Pomasqui y San Antonio (pertenecientes a la AZ La Delicia), Chavespamba, Minas, Perucho y Puellaro (correspondientes a la AZ Norcentral) y la parroquia de Nanegalito (perteneciente a la AZ Noroccidente). Los sectores de mayor y menor peligro identificados ante una posible erupción del Volcán Pululahua, se los describe en la Tabla 4.7.
(Tabla 4.7. Asentamiento humanos afectados ante una posible erupción del Volcán Pululahua)
Volcán Antisana
En volcán Antisana, se encuentra ubicado a 45km de la ciudad, su actividad de carácter moderado ha sido representativa, como la presentada en los años 1728 y 1773, la primera formó el flujo de lava Antisanilla y la segunda el flujo de lava Potrerillos. La amenaza que se cierne sobre la ciudad ante un eventual aumento en la actividad de este volcán se circunscribe a los impactos que podría ocasionar sobre las fuentes de captación de agua que abastecen al DMQ, por la caída de ceniza.
El volcán Antisana, ha presentado una alta probabilidad de impacto sobre las fuentes de captación de agua que proveen al DMQ y la caída de ceniza que afectaría al Valle de los Chillos, así como también a poblaciones de San Agustín, Pintag, Rafael Delgado y en menor grado a las localidades de Cashaloma, Chaupihacienda, Burrochupa, Santa Rosa, La Merced, Alangasí, San Pedro del Tingo, Guangopolo, Conocoto, Coop. Seis de Diciembre, Amaguaña y Cuendina; mientras que los flujos de lodo y lahares se localizarían en la parroquia de Pintag.
Incidencia de las erupciones volcánicas en la comunidad
En la última década el Distrito Metropolitano de Quito ha sido estremecido por dos eventos eruptivos, el primero, protagonizado por el volcán Guagua Pichincha, ocurrió en septiembre de 1999, generando algunas alteraciones, el segundo se registró el 3 de noviembre de 2002 cuando el volcán Reventador aumentó su actividad originando significativas perturbaciones en la ciudad, es el caso del sector salud, agua potable y alcantarillado.
Los impactos se centraron en el área de urgencias ocasionada por los efectos sobre las vías respiratorias. (Gráfico 4.3). Dichos efectos fueron por afecciones respiratorias y exacerbación que alcanzaron la suma de 344 personas atendidas, seguida de traumas de diferente naturaleza ocasionados por desplomes de techos o caídas desde las azoteas de los que se reportaron 68 casos de los cuales cinco personas fallecieron ante las heridas presentadas. En el caso de los problemas digestivos estos alcanzaron la cifra de 24 personas atendidas por esta causa y 6 más por problemas dermatológicos relacionados con alergias ocasionadas por la exposición a la ceniza volcánica.
(Gráfico 4.3 Atención en el sector salud por caida de ceniza del volcán Reventador, noviembre de 2002)
Otros problemas se concentraron en el desabastecimiento de agua potable, principalmente al Valle de los Chillos, ocasionada por el aumento en la cantidad de sedimentos en el abastecimiento de agua cruda95, la presencia de ceniza volcánica en los filtros y en las líneas de captación de agua cruda así como la suspensión del servicio de energía eléctrica, igualmente se reportaron problemas en algunas plantas, es el caso de la planta de Tumbaco que estuvo inactiva siete días y las plantas Checa, Quinche y Yaruquí que registraron algunas complicaciones en sus labores (Tabla 4.8).
(Tabla 4.8 Daños presentados en el sistema de agua potable del DMQ)
A pesar de ello se cubrió normalmente el 97.43% de la demanda total (Anexo 2). No obstante, los centros poblados del valle, pasaron el 60% de promedio de duración de la emergencia sin servicio. Por otra parte, se denotó claramente la vulnerabilidad de estas plantas y su fuerte dependencia con la red de energía eléctrica, especialmente en las más grandes, de cuya posible agudización habrían suscitado mayores problemas de desabastecimiento a nivel de Quito. En cuanto al Sistema de Alcantarillado la EMAAP-Q asegura que el mayor problema no fue durante la semana de emergencia, sino que fue en lo posterior por la acumulación de ceniza en áreas “invisibles” como son colectores y arterias del sistema de alcantarillado, que produjeron efectos de inundación tras las lluvias presentadas posteriormente en el invierno, como la vivida el 4 de diciembre del 2002, con una lluvia torrencial de alta intensidad y duración, registrándose inundaciones en algunos sectores. A partir de estudios del Plan Maestro de Alcantarillado del 2002 de la EMAAP-Q, en los tramos de colectores “malos” y “muy malos” no sólo influenció su estado de edificabilidad96, si no la formación sólida y compacta que se transforma la ceniza en contacto con zonas húmedas produciendo problemas en el flujo de caudales y su taponamiento. Por ello la ceniza fue un catalizador en el fenómeno de inundaciones en tramos críticos del sistema de alcantarillado. En el Mapa 4 se relacionan los barrios que sufrieron inundaciones y el estado de los colectores críticos.
En el caso de una posible erupción del volcán Cotopaxi existe, según la Administración Municipal Valle de los Chillos, una descripción del tipo de población que puede ser afectada por características secundarias de este evento, como caída de ceniza y flujos de lodo (Tabla 4.9), encontrando al interior de la población vulnerable un total de 36 personas discapacitadas y 552 personas que sufren síndrome de Down. Este reconocimiento de la vulnerabilidad existente nos permite conocer los posibles impactos que un fenómeno de esta naturaleza podría ocasionar en algunas zonas del DMQ.
(Tabla 4.9 Población expuesta ante una posible erupción del volcán Cotopaxi, discriminada por edad).

        1. Amenaza sísmica



El Ecuador se encuentra ubicado en una de las zonas de más alta complejidad tectónica, en donde las placas de Nazca y Sudamérica se encuentran generando una alta actividad sísmica, a ello se suma un complejo sistema de fallas locales superficiales que ha generado un importante número de sismos. Según los pronósticos el DMQ no escapa a esta condición, (tomando en consideración lo sucedido en eventos anteriores) donde, el patrimonio arquitectónico está expuesto a serios daños, tal como lo señala Yépez Moya:
La ciudad de Quito está a merced de sismos severos de subducción, de sismos con hipocentro ubicados en el callejón interandino, y también sismos con foco al este de la ciudad cercanos a las estribaciones de la cordillera oriental, en sus 460 años de historia sísmica, la ciudad ha experimentado intensidades superiores a 6 en más de 25 ocasiones. Los eventos ocurridos en los años 1587, 1755, 1797, 1859, 1868 y 1949 (el más severo) con focos ubicados sobre fallas en el callejón interandino han producido intensidades incluso mayores a 7. Por otro lado, los más recientes eventos que ha sufrido la ciudad, el de 1987 (Ms=6.9) y el de 1990 (Ms=4.9), localizados a 80 y 10km al este, respectivamente, han causado daños, tanto estructurales como no estructurales en la ciudad (Yépez Moya, 2002:16).
A estos eventos es necesario añadir la actividad sísmica registrada por la Red Nacional de Sismógrafos entre 1999 y 2007, con 84 eventos de magnitudes mayores o iguales a 4 en la escala de Richter entre los años 1999 y 2007, paralelo a ello, evidencia un aumento de la actividad entre 1999 y 2001 encontrando un pico en el 2000 de sismos superiores a 3,9° de magnitud en el DMQ.
(Gráfico 4.4 Actividad sísmica superior a 4.0° en el DMQ)
Los terremotos mas fuertes vividos por el DMQ, en los últimos 250 años, en los que la capital fue sacudida por movimientos de tierra que impedían a la gente mantenerse en pie, ocurrieron en 1755, 1797, 1859 y 1868, cuando en Quito apenas vivían unas 45000 personas, en una superficie menor a los 4 km2. Desde entonces el DMQ ha crecido más de 25 veces en población y aproximadamente unas 70 veces en área, en tal virtud, a pesar de los esfuerzos por realizar una correcta ubicación poblacional en el territorio, se observa una proliferación de edificaciones pobremente construidas; la ocupación de zonas peligrosas; la ausencia generalizada de diseño y construcción sismo-resistente, así como el seguimiento poco estricto del código de la construcción. Existen estructuras en sitios inestables, como las quebradas rellenadas de materiales poco compactos -explicado con detalle anteriormente- y las laderas de fuertes pendientes, primitivamente inhabitadas y que ahora están densamente ocupadas. (Fernández, 1998: 196).
De acuerdo lo señala el Mapa No 15 de Eventos sísmicos durante 1990 al 2002 se registraron un total de 16 sismos se han registrado en el área urbana, 13 en el sector de Lloa, 6 en Conocoto, 5 en Alangasí, 4 en Calderón y San Antonio, 3 en Nono, 2 en Amaguaña, Checa, Cumbayá, Pintag y Puéllaro, 1 en Gualea, Nanegal, Pacto, Pifo, Puembo y Yaruquí, con intensidades ubicadas entre 5-4 grados.
(Mapa 15. Eventos Sísmicos)
Es precisamente el aumento demográfico y la ocupación de zonas no aptas para vivienda las que llevan a asegurar que los eventos anteriores pueden servir como elementos para evaluar el impacto de un eventual terremoto en Quito ya que debido a la dinámica de ocupación territorial del DMQ “todo el suelo está comprometido, aunque el comportamiento de los suelos varíe según las características de cada fuente sísmica. Un gran terremoto en la actualidad afectaría no solamente a gran parte de la población urbana, sino también a los diferentes tipos de construcción, sean éstas de media o gran altura” (Fernández, 1998:196). Estos grados de afección se concentrarían especialmente en Pomasqui y San Antonio de Pichincha, al igual que en las principales quebradas del centro y norte de la ciudad, hoy en día rellenadas, canalizadas y en algunos casos urbanizadas, frente a los límites de las áreas licuefactibles97.
A estas áreas consideradas altamente vulnerables por las condiciones físicas del terreno, se añaden otras igualmente vulnerables esta vez por el tipo de construcción existente, como lo que se describe en el siguiente cuadro.
(Recuadro 4.4 Vulnerabilidad de áreas producto del tipo de material de construcción existente)


        1. Amenaza provocada por procesos de remoción en masa



Si bien el suelo no es una amenaza en sí, el mal uso que se dé a su capacidad de soporte se puede convertir en un gran riesgo. En ese sentido es necesario revisar los procesos de remoción en masa, que si bien abarcan el conjunto de causas relacionados con el desplazamiento de volúmenes variables de agregados del suelo cuesta abajo, por incidencia de fuerzas como la gravedad y los movimientos sísmicos, entre otros agentes, merecen un capítulo aparte en el DMQ ya que como bien lo relata Peltre son menos frecuentes (70 registrados desde 1900 a 1988), pero son más destructores que las inundaciones y se encuentran ampliamente localizados en el DMQ. (Peltre, 1989:49).
Los flujos de lodo son mucho más graves y destructores: además del lodo depositado en capas de 30 a 60 cm de espesor, acarrea piedras, bloques, troncos de árbol. La extensión varía de algunos centenares de metros hasta 4 km y entre 100 y 400 metros de ancho. Los flujos corresponden en casi todos los casos a aluviones ligados a violentos aguaceros muy localizados de recurrencia decenal o mayor que se suceden en el DMQ (Peltre, 1989:50).
En el caso de los hundimientos y centrándonos en los provocados en las calzadas, estos se deben a rupturas de alcantarillas, ubicadas en material de relleno de antiguas quebradas. Desde 1990 a 1988 se han contabilizado 36 eventos:

Son accidentes espectaculares y marcan de manera particular la memoria colectiva. Su mecanismo está ligado a la erosión subterránea: al producirse una precipitación, bajo la presión alcanzada por las aguas en los sectores de fuerte pendiente, la ruptura de un colector de alcantarilla produce un flujo paralelo al colector en materiales poco compactos de relleno de una quebrada. Este flujo prosigue con un lento trabajo de erosión y cava progresivamente la superficie bajo la calzada; durante un cierto tiempo, ésta resiste gracias al apisonamiento de las capas superficiales. La bóveda cede bruscamente, a veces bajo el peso de un vehículo, y abre en las avenidas hondonadas espectaculares (derrubios subterráneos), que pueden alcanzar 20 m de profundidad e igual ancho, en 150 m de largo (Fernández, 1998: 194).
Ejemplos de este fenómeno han sido la desaparición de un vehículo en un hueco que se abrió súbitamente en la Av. América el 3 de mayo de 1978, el hundimiento de la Av. Libertadores causada por la recuperación del cauce natural de la quebrada Navarro sucedido el 1 de febrero de 1984, y recientemente podríamos anotar el hundimiento ocurrido en marzo de 2008 en el intercambiador de El Trébol.
En el caso de los derrumbes son eventos más frecuentes98 y puntuales, que afectan a barrios construidos en zonas de ladera. Éstos llevan a su paso viviendas o las impactan seriamente, lo que está ligado al debilitamiento de la cohesión de las cenizas volcánicas que forman el suelo de la ciudad, así como por la saturación de humedad en los taludes. “No se trata de lodo, sino de masas de tierra húmeda al borde de taludes mal apuntalados y mal drenados, que al colapsar recorren pequeñas distancias. Son los accidentes que producen más muertes” (Fernández, 1998: 194). Precisamente estas condiciones se reflejan en el aumento en el número de eventos de este tipo en la última década.
(Gráfico 4.5 Deslizamientos registrados en el DMQ entre 1999 a 2009).
Aproximadamente el 50% del área metropolitana, presenta condiciones particularmente propicias al desencadenamiento de amenazas geomorfológicas, puesto que son espacios que reúnen una serie de características desfavorables, como: la morfología, por la presencia de: cimas agudas, fuertes pendientes, vertientes abruptas, encañonamientos, importantes desniveles y afloramientos rocosos; la naturaleza de los terrenos, que en su mayoría son depósitos volcánicos más o menos endurecidos y coluviones al pie de las laderas; el sistema de drenaje; la erosión de los suelos que, en su mayoría son formaciones al desnudo sin vegetación, erosión regresiva y la ocupación del suelo que propicia a que suceda procesos erosivos. (Dávila citado por D'Ercole y Metzger, 2004:59). Precisamente estas condiciones físicas del DMQ permitieron al SIGAGRO clasificar estas áreas en cuatro rangos: extrema, alta, moderada y baja, de acuerdo a la susceptibilidad que estos sitios presentan, donde, se identifica un 6% del DMQ con áreas muy inestables ante la acción de factores naturales como la lluvia o por la propia constitución de los suelos, consideradas como áreas de susceptibilidad extrema; el 2% del suelo del DMQ es considerado como de susceptibilidad alta; el 71% corresponde a áreas constituidas por materiales consolidados, por lo que son de susceptibilidad moderada a deslizamientos y apenas un 15% constituye susceptibilidad baja con la presencia de pendientes moderadas o bajas (Tabla 6).
(Tabla 4.10 Susceptibilidad de deslizamientos en el DMQ).
De acuerdo lo señala el Mapa No. 14 de Eventos Morfoclimáticos, proporcionado por la Secretaria de Ambiente del DMQ:
(Mapa 14. Eventos Morfoclimáticos)
En el año 2005 se registró 1 derrumbe-deslizamiento en el sector de Casachupa en la parroquia La Merced perteneciente a la AZ Los Chillos; y 1 inundación en la parroquia de Carcelén de la AZ La Delicia.
Para el año 2006 el número de eventos ascendió considerablemente, registrándose: 8 derrumbes, 2 deslizamientos y 6 inundaciones, que se ubicaron en las parroquias de Puembo, Yaruquí, Checa, El Quinche, Pifo y Tababela de la AZ Aeropuerto; 6 derrumbes 9 deslizamientos se concentraron en las parroquias de Calderón y Llano Chico de la AZ Calderón; 5 derrumbes, 13 deslizamientos, 1 hundimiento, y 3 inundaciones en las parroquias de: Centro Histórico, Itchimbía, La Libertad, Puengasí, y San Juan de la AZ Centro; 7 derrumbes, 5 deslizamientos, 11 inundaciones, que se ubicaron en las parroquias de: Chilibulo, Chimbacalle, La Ferroviaria, La Magdalena, La Mena y San Bartolo, además se registró 1 granizada en La Argelia, pertenecientes a la AZ Eloy Alfaro; 5 derrumbes, 4 deslizamientos, 1 hundimiento y 4 inundaciones, se concentraron en las parroquias de: Carcelén, Comité del Pueblo, Cotocollao, El Condado, Pomasqui y San Antonio de la AZ La Delicia; 3 deslizamientos y 4 inundaciones en las parroquias de Alangasí, Amaguaña, Conocoto, Guangopolo y La Merced de la AZ Los Chillos; 11 derrumbes, 2 deslizamientos y 3 inundaciones se registraron en las parroquias de Cochapamba, Concepción, Iñaquito, Jipijapa y Nañón de la AZ Norte; 2 inundaciones, 5 derrumbes y 9 deslizamientos en las parroquias de Chillogallo, Guamaní y Quitumbe de la AZ Quitumbe; 4 derrumbes, 5 inundaciones y 2 deslizamientos en las parroquias de Cumbayá y Tumbaco de la AZ Tumbaco. Sin lugar a dudas en este año el evento más impactante fue el aluvión ubicado en la parroquia de Turubamba de la AZ Quitumbe.
Para el año 2007 se registraron: 3 deslizamientos, 4 inundaciones y 3 lluvias intensas en la AZ Aeropuerto; 4 deslizamientos y 4 inundaciones en la AZ Calderón; 3 derrumbes, 10 deslizamientos, 1 hundimiento y 1 inundación en la AZ Centro; 1 derrumbe, 9 deslizamientos, 2 erosiones y 3 inundaciones en la AZ Eloy Alfaro; 1 derrumbe, 7 deslizamientos, 17 inundaciones en la AZ La Delicia; 1 derrumbe, 3 deslizamientos y 7 inundaciones en la AZ Los Chillos; 1 derrumbe, 4 deslizamientos y 1 granizada en la AZ Norte; 19 deslizamientos, 1 erosión, 5 hundimientos y 3 inundaciones en la AZ Quitumbe; 2 deslizamientos, 6 inundaciones y 1 lluvia intensa en la AZ Tumbaco.
En el año 2008 se registraron: 2 derrumbes, 1 aluvión, 2 deslizamientos y 1 hundimiento en la AZ Aeropuerto; 1 hundimiento, 4 deslizamientos y 1inundación en la AZ Calderón; 1 aluvión, 9 derrumbes, 18 deslizamientos, 1 erosión, 1hundimiento, 3 inundaciones y 2 lluvias intensas en la AZ Centro; 2 derrumbes, 9 deslizamientos, 1 granizada, 4 hundimientos y 2 inundaciones en la AZ Eloy Alfaro; 9 deslizamientos, 1hundimiento, 7 inundaciones y 2 lluvias intensas en la AZ La Delicia; 12 derrumbes, 9 deslizamientos, 1 hundimiento y 2 lluvias intensas en la AZ Los Chillos; 4 derrumbes, 18 deslizamientos, 3 hundimientos, 5 inundaciones y 9 lluvias intensas en la AZ Norte; 1 derrumbe, 7 deslizamientos, 1 erosión, 3 hundimientos, 1 inundación y 1 lluvia intensa en la AZ Quitumbe; 5 derrumbes, 8 hundimientos y 3 inundaciones en la AZ Tumbaco. En este año se registra la mayor cantidad de eventos de movimientos en masa e hidroclimáticos, con la presencia considerable de hundimientos e inundaciones.
En el año 2009 se registraron: 4 derrumbes, 1 deslizamiento y 1 inundación en la AZ Aeropuerto; 1 derrumbe, 2 deslizamientos en la AZ Centro; 5 derrumbes, 1 deslizamiento, 1 hundimiento y 1inundación en la AZ Eloy Alfaro; 1lluvia intensa en la AZ La Delicia; 1 derrumbe y 1deslizamiento en la AZ Los Chillos; 2 derrumbes y 2 deslizamientos en la AZ Norte; 2 deslizamientos en la AZ Quitumbe; 1 deslizamiento, 1 inundación, y 1 lluvia intensa en la AZ Tumbaco.
Incidencia de los movimientos en masa sobre la comunidad
Las características propias del DMQ, como las condiciones altamente propicias para el desencadenamiento de amenazas geomorfológicas, sumadas al emplazamiento de un importante número de pobladores, ha incidido no solo en el aumento de estos fenómenos sino en la ampliación de los impactos que se catalogan en tres ámbitos: aumento en el número de personas impactadas; de daños ocasionados a tuberías, y: de costes de atención y reparación de daños. En el caso del aumento de número de personas impactadas es posible evidenciar en un primer momento la existencia de quince barrios que según la Unidad de Gestión de Riesgos presentan una mayor afección por este tipo de fenómenos (Tabla 9.11).
(Tabla 9.11 Barrios con mayor afectación de movimientos en masa)
Según D'Ercole y Metzger (2004:58) “el sismo del 5 de marzo de 1987, alcanzó una intensidad IX en la zona epicentral localizada en la provincia de Napo. Las consecuencias fueron dramáticas muriendo de 1.000 a 5.000 personas según las estimaciones, y la rotura del oleoducto afectó gravemente a la economía del país, dependiente en gran medida de la exportación de petróleo. En la capital, donde según los lugares la intensidad fluctuó entre VI y VII, los daños fueron más moderados pero afectaron sobre todo al patrimonio histórico que requirió de varios años de restauración”. En el caso del sismo de 1999, ocasionado por el movimiento de la falla Catequilla, con epicentro en la localidad de Pomasqui, éste, generó daños de interés en la zona epicentral, pero no provocó daños significativos en el resto del DMQ.
A las zonas catalogadas como de mayor afección a movimientos en masa, se añade un aumento paulatino en el número de eventos registrados y con ello a un mayor impacto en la cantidad de personas muertas, heridas y damnificadas por estos fenómenos, registrándose para el año 2001 un saldo de treinta y ocho personas fallecidas a causa de estos fenómenos.
(Gráfico 4.6 Impactos por deslizamientos registrados en el DMQ entre 1999 a 2009)
Los casos atendidos en el Hospital Eugenio Espejo entre 1999 a 2009, ademas de los datos presentados en el gráfico, muestran emergencias ocasionadas por aplastamientos por losa, traumas por caidas de árboles, aplastamientos por caidas de pared (Anexo 3) que no fueron consideradas ante el desconocimiento de las causas, si bien se presume que fue ocasionada por deslizamientos esta información no fue confirmada.
(Gráfico 4.7 Número de casos atendios en el Hospital Eugenio Espejo)

      1. Amenazas de origen hidroclimático



La ubicación del Distrito Metropolitano de Quito le ha prodigado la presencia de fuentes de agua natural, tanto superficial como subterránea, provenientes en su mayoría de conjuntos montañosos que le rodea, es el caso del Pichincha, Atacazo y Cotopaxi, entre las más importantes, situación que ha permitido registrar alrededor de 85 quebradas al interior de Quito. Esta localización, igualmente, le ha merecido un régimen pluviométrico variado, mismo que se caracteriza por una fuerte diferencia entre el norte y el sur, con 800 mm y 1400 mm de precipitación, respectivamente, a solo 35km de distancia. Esta variación de niveles de lluvia es debido a la presencia del volcán Pichincha que protege al norte de la ciudad del ingreso de masas de aire húmedas del sur-oeste. Probablemente también se añaden en ciertos tipos de tiempo efectos de foehn99, vientos secos y calientes bajando de la Sierra por el valle del río Guayllabamba, lo que disminuye fuertemente la condensación de la humedad atmosférica al norte de la ciudad, y en la zona del Perucho, Guayllabamba y San Antonio del Pichincha. La intensidad de las precipitaciones, aunque no muy elevada en términos absolutos, permite escurrimientos bastante fuertes en las vertientes empinadas. (Peltre, 1989: 46).
Estos elementos además generan un relieve particularmente accidentado en las inmediatas proximidades de la ciudad, y subrayan la importancia del sistema de drenaje, que originariamente naturales han sido rellenados con el propósito de dar paso al crecimiento de la ciudad, en ese sentido el 80% de las 85 quebradas contabilizadas en la ciudad fueron rellenadas o reemplazadas por alcantarillas, condición que ha coadyuvado en el aumento en el número de inundaciones:
Las inundaciones que se presentan en varios sitios de la ciudad traducen directamente la insuficiencia de la red de drenaje cuando se producen fuertes precipitaciones. Las aguas que exceden la capacidad de las alcantarillas toman las calles en pendiente y se acumulan algún tiempo en transversales y en zonas bajas; alcanzan 30 a 60cms de altura. La extensión varía en algunas manzanas de barrios en pendientes débiles. (Fernández, 1998:193).
Por ello no es extraño que periódicamente se registren estos fenómenos (Mapa 3) y sean relatados por los diversos periódicos locales y nacionales, donde la presencia de fuertes lluvias en el DMQ es frecuente en invierno especialmente, tal es el caso del sector del Aeropuerto hasta el Centro Comercial Iñaquito, donde regularmente se observa “ríos” de agua que ocupan las calles de la zona impidiendo la normal circulación de los vehículos.
Esta situación evidenciada por Fernández y Aguirre fue ampliamente estudiada por Peltre (1989) quien a través de un estudio hemerográfico realizado entre el 21 de marzo de 1900 y el 30 de enero de 1988 registró 226 inundaciones en la ciudad, las cuales ligó con el trazado de las quebradas, actualmente rellenadas, identificando a la “planicie de Quito100” como la zona más afectada. A esta investigación se suma la realizada en el marco de este estudio que contabilizó 62 inundaciones registradas en el DMQ entre 1999 a 2009 encontrando sus máximos picos en el año 2007. A estos eventos se suman otros fenómenos naturales de origen hidroclimatológico es el caso de las intensas lluvias, granizadas, tempestades, vendavales y tormentas que igualmente han afectado al DMQ. Y es así que, para el año 1999 se registraron: 1 inundación, 2 granizadas y 3 lluvias, esta última provocó 4 heridos; para el año 2000 se registraron: 1 inundación y 1 vendaval, con la presencia de 3 heridos; en el 2001 se constataron: 5 inundaciones, 1 nevada, y 1 tempestad, la primera produjo 3 muertos; en el 2002 existieron: 2 lluvias, 7 inundaciones, 1 granizada, 1 tempestad y 2 vendavales con la presencia de 1 herido; para el año 2003 se registraron 4 inundaciones y 2 tempestades, esta ultima provoco una muerte; en el 2004 se identificaron 3 inundaciones y 2 granizadas; para el año 2005 se registró 1 lluvia intensa, 4 inundaciones y 4 tempestades, esta última dio como resultado 1 muerto; en el 2006 se registraron 5 lluvias intensas, 7 inundaciones y 2 granizadas que provocaron 5 muertos; para el 2007 se registró 3 lluvias intensas y 13 inundaciones; mientras que en el año 2008 se produjeron 3 lluvias intensas, 8 inundaciones, 3 granizadas y 2 tormentas, que dejaron como secuela 6 muertos; y para el año 2009 se registraron 9 inundaciones provocando 1 muerte. Por lo que el año que más eventos hidroclimáticos y secuelas graves ha dejado es el 2008, con el deceso de 6 personas, además de cuantiosas pérdidas económicas.

(Gráfico 4.8 Eventos hidroclimatológicos registrados en el DMQ entre 1999 a 2009)
Incidencia de los desastres sociales de origen hidroclimática
En el caso de los impactos ocasionados por los fenómenos de origen hidrometeorológicos es posible evidenciar la existencia de quince barrios ubicados en dos Administraciones Zonales del DMQ que presentan la mayor afección por inundaciones (Tabla 4.12).
(Tabla 4.12 Barrios con mayor afectación de inundaciones)
A estas zonas se suma un aumento en la recurrencia de estos fenómenos, así como de sus impactos en los habitantes del DMQ encontrando en el año 1999 el mayor número de heridos por estos fenómenos, en el año 2006 el mayor número de personas fallecidas a causa de estos y en el año 2007 el mayor registró de inundaciones en el DMQ.
(Gráfico 4.9 Impactos por eventos hidroclimatológicos registrados en el DMQ entre 1999 a 2009).

      1. Amenazas de origen antrópico



Entendiéndose a las amenazas antrópicas como aquellas generadas enteramente por las acciones humanas, y cuya diferencia fundamental entre ésta y el riesgo radica en que, la amenaza está relacionada con la probabilidad de que se manifieste un evento natural o un evento provocado, mientras que el riesgo está relacionado con la probabilidad de que se manifiesten ciertas consecuencias, las cuales están íntimamente relacionadas no sólo con el grado de exposición de los elementos sometidos sino con la vulnerabilidad que tienen dichos elementos a ser afectados por el evento: se aborda el análisis de los riesgos tecnológicos en el DMQ, mismos que no han sido tratados como una problemática neurálgica en las acciones integrales de reducción de riesgos urbanos, debido a su poco conocimiento y formas de intervención. Una forma de entender su importancia en términos de gestión, es a través de las tendencias y evolución de su accidentabilidad, y es así como a partir de la década de los 70’s se realiza este propósito con el análisis de los datos recogidos por Estación a través de reportes presentados entre 1970 y 2006.
Los reportes de la frecuencia de accidentes tecnológicos registrados entre 1970 y 2006, permiten evidenciar un importante aumento en el número de contingentes reportados entre los años 2000 y 2002, presentándose una ligera disminución entre el 2003 al 2006. Paralelo a ello se puede georeferenciar los sitios donde se presenta el mayor número de accidentes de este tipo, encontrando en las zonas destinadas a emplazamientos industriales, sur101 y norte de la ciudad, y en algunos sectores residenciales102 los lugares donde se concentran estas eventualidades. “Esto demuestra que el peligro se engendra no sólo en el crecimiento industrial propiamente, sino en el crecimiento de la mancha urbana hacia las zonas industriales de alto peligro” (Estacio, s/a: 3). A estos sitios se suman la zona centro de la ciudad, lugar donde igualmente se presentan contingencias producto de incendios y explosiones principalmente en instalaciones no industriales (caso de viviendas, bodegas y negocios) y en los valles.
Es necesario sumar a los sucesos registrados por Estacio, aquellos obtenidos en el marco de esta investigación, los cuales permiten evidenciar un aumento en el número de eventos antrópicos, específicamente el número de accidentes de tránsito ocurridos en el DMQ, encontrando en los años 1999, 2006 y 2009 la mayor tasa de accidentalidad en la capital.
(Gráfico 4.10 Accidentes de tránsito registrados en el DMQ entre 1999 a 2009)
Esta importante tasa de accidentalidad puede equipararse a otros eventos de carácter antrópico como lo son: las explosiones, incendios, escapes de gas que igualmente presentan una significativa frecuencia en el DMQ. Es así como para el año 1999 se registraron: 2 explosiones y 10 accidentes de tránsito graves (atg) que dejaron como consecuencia 1 muerto-2 heridos y 33 muertos-130heridos-10 desaparecidos, respectivamente; mientras que en el año 2000 se registró 1 incendio y 3 atg, este ultimo causó 37 muertos y 48 heridos; para el año 2001 se registraron 3 incendios, 1 deslizamiento, 5 atg y 1 escape de gas que ocasionaron un total de 17 muertos y 100 heridos; en el 2002 existieron 7 incendios, 1 explosión y 10 atg que produjeron un total de 38 muertos y 92 heridos; mientras que en el 2003 se registraron 8 incendios, 2 explosiones y 7 atg, ocasionando un total de 11 muertos y 98 heridos; en el 2004 se registró 7 incendios que provocaron 1 muerte; para el 2005 existieron 4 incendios, 1 explosión y 1 colapso estructural, este ultimo provoco una muerte; en el 2006 se observaron 5 incendios, 3 atg, y 2 colapsos de estructuras, que ocasionaron 3 muertes; para el 2007 se registraron 10 incendios, 2 explosiones y 5 atg, que produjeron un total de 9 muertos y 12 heridos; en el año 2008 se evidenciaron: 2 incendios, 7 atg, 1 colapso estructural y 1 escape de gas, que dejaron en total 5 muertos; finalmente para el año 2009 se registraron 6 incendios, 3 accidentes de tránsito y 2 colapsos estructurales, que provocaron 6 muertos. Cabe indicar que en la base de este estudio la información recopilada corresponde a Desinventar, El Comercio y diario la Hora entre 1999 a 2009.
(Gráfico 4.11 Eventos antropicos entre 1999 a 2009 en el DMQ)
Incidencia de los desastres sociales de origen antrópico

En el caso de las amenazas de origen tecnológico, éstas han sido georeferenciadas y caracterizadas por Estacio (s/a) siendo posible advertirlas tanto al interior de la ciudad como en el resto del DMQ. Estas amenazas han generado una serie de impactos en el DMQ siendo los más relevantes los ocasionados sobre la salud pública al advertir un número considerable de muertos, heridos y damnificados por estos fenómenos.
En el caso de las quemaduras es posible observar, siguiendo las estadísticas arrojadas por el Hospital Eugenio Espejo, una atención al año por diferentes tipos de quemadura desde las registradas por explosiones de tanques de gas, la llama de cocina, hasta las quemaduras ocasionadas por quemas de basura, hogueras y lámparas de kerosene.
Frente a las intoxicaciones, se presentan diversos casos atendidos a lo largo del año en el hospital Eugenio Espejo, las causas de la intoxicación varían entre aquellas autoinfligidas, pasando por el suministro realizado por terceros y el consumo por error, registrándose en el año 2001 treinta y un personas intoxicadas con fósforo blanco, para el año 2004 treinta y cinco con fósforo blanco, para el 2006 veintitrés personas intoxicadas con órgano fosforado y hacia la primera mitad del año 2009, diecisiete personas intoxicadas por plaguicidas y/o garrapaticidas.

(Gráfico 4.12 Número de personas atendidas en el Hospital Eugenio Espejo por intoxicaciones)

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