Resumen del estado del medio ambiente local: componente aire 49




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títuloResumen del estado del medio ambiente local: componente aire 49
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Contextos socioeconómico y político (Fuerzas Motrices y Presiones)




2.1. Dinámica de urbanización y ocupación del territorio



El DMQ se constituye de 65 parroquias metropolitanas urbanas, zonas en expansión y rurales. En términos administrativos el Distrito Metropolitano de Quito se divide en 9 Administraciones Zonales10 (Centro, Eloy Alfaro, Quitumbe, Aeropuerto, La Delicia, Calderón, Norte, Tumbaco y Valle de Los Chillos) y 2 Delegaciones Zonales (Noroccidente y Norcentral) (Mapa 2.2).
(Mapa 2.1. Parroquias rurales y urbanas del DMQ, 2008)
(Mapa 2.2 Administraciones y Delegaciones Zonales del DMQ, 2008)
Desde el punto de vista físico, la estructura del “DMQ está fuertemente condicionada en su forma y sentido de crecimiento por las características geomorfológicas (valle de altura en plataformas con alta gradiente) y ecohidrológicas del sitio” (MDMQ, 2006: 20); en ese contexto el proceso de organización y ocupación del suelo se constituye en el resultado de una “relación de crecimiento y tensión, y de absorción y conflicto entre el núcleo urbano generador de la ciudad de Quito y el conjunto de núcleos poblados y la periferia”. (MDMQ, 2006: 20)
(Recuadro 2.1 Lógica actual de estructuración territorial del DMQ)
(Gráfico 2.1. Evolución de la organización territorial de Quito)
A nivel territorial se experimentan tres grandes procesos de crecimiento urbano en correspondencia con las tres estructuras geográficas más importantes en el DMQ: compacto en la ciudad central, disperso en los valles suburbanos y aislado en las áreas rurales11. Como se puede apreciar en la Tabla 2.1., estos procesos, específicamente el desarrollo de la ciudad central (la ciudad compacta e inconclusa) y el área suburbana (La ciudad dispersa y subocupada) generan una serie de presiones sobre el entorno inmediato que se traducen en crecimiento urbano desordenado y desequilibrado12.
(Tabla 2.1. Procesos territoriales que se desarrollan en el área del DMQ)

      1. Características de la expansión física de la ciudad



La actual configuración urbana del DMQ es el resultado de la interacción de factores de alcance nacional, regional y local como el papel que se le dio a la ciudad en el periodo colonial y republicano como polo político-administrativo del país, las transformaciones en el modelo de acumulación, los procesos migratorios (sierra-costa, campo-ciudad e intraurbanos), y la organización espacial, social y productiva que se estructuró a nivel local condicionada por varios factores.
Entre estos factores se puede mencionar una planificación que históricamente arroja magros resultados, las fluctuaciones experimentadas en los procesos demográficos, una topografía que impone profundas dificultades espaciales al desarrollo de la ciudad, una lógica de ocupación del territorio condicionada por diversas restricciones de acceso a suelo urbano para amplios grupos sociales con profundas implicaciones en las dinámicas de segregación socioeconómica, un desequilibrio espacial en la dotación de infraestructura, equipamiento y servicios, y un crecimiento urbano caracterizado por la alta generación informal de espacio construido, la ocupación de zonas de riesgo y protección biológica, y la puesta en marcha de crecientes procesos de conurbación en los valles circundantes y en las antiguas áreas de uso agrícola ubicadas al norte, sur y oriente de la ciudad. (Tabla 2.2, Gráfico 2.1, Gráfico 2.2).
La articulación histórica de estos factores se estructuró espacialmente sobre un escenario original “conformado por un centro principal en expansión fundamentalmente al norte, una periferia urbana acondicionada en las laderas occidentales y varios centros periféricos de desarrollo, subordinados y complementarios a la dinámica del centro principal en los cinco valles colindantes con la ciudad, con características urbanas y morfológicas diferenciadas” (Carrión y Vallejo, 2002). (Mapa 2.3)
En las distintas fases históricas, el escenario urbano varió su forma de organización pasando de “radial concéntrica, original y característica del periodo de conformación urbana que se identifica hasta inicios del siglo XIX” (Idem), a una forma longitudinal la cual se extendió desde los albores del siglo XX hasta mediados de los años veinte como un proceso influenciado por elementos físicos del entorno y la valoración del nuevo suelo urbano. La expansión de la ciudad se produce en dos sentidos: las colinas cercanas al centro de la ciudad y la planicie de Iñaquito, se generan procesos de especulación y segregación espacial avalados por la administración municipal y la ciudad sobrepasa los límites tradicionales, iniciándose de esta manera, un desarticulado crecimiento de la urbe. (Carrión y Carrión, 1999)

Desde la década del cincuenta y hasta inicios de los años 70, se desarrolló una forma de organización territorial caracterizada por una estructura longitudinal polinuclear en la cual se definían claramente “zonas ecológicamente diferenciadas (norte, centro y sur) en las que se expresan gérmenes de centralidad urbana” (Carrión y Vallejo, 2002).
En la primera parte de ese periodo (50´s) se desarrolla un auge en el sector de la construcción que incorporará nuevas áreas urbanas, especialmente en la zona norte, y habrá una generación de infraestructura (construcción de mercados y edificios públicos, vías, aeropuerto). Carrión y Carrión, 1999; Córdova Montúfar, 2005. Para la década del 60 la construcción tendrá un auge, especialmente planes de vivienda social, lo cual será la antesala para el inicio de una forma de organización territorial irregular dispersa fruto del crecimiento de la ciudad, los sectores medios, la burocracia, los barrios periféricos y marginales en un escenario de bonanza económica de naturaleza petrolera hacia los primeros años de la década de 1970.
A través de la concurrencia de procesos como la “habilitación de nuevos suelos urbanos en los valles circundantes a la ciudad, la conurbación de éstos con otras municipalidades” (Carrión y Vallejo, 2002) y la especulación urbana, el crecimiento acelerado y desarticulado la ciudad se constituyó en una dinámica que se profundizaría aún más en las décadas de 1980 y 1990: en ese periodo existe aproximadamente un 40% de terreno vacante dentro del área urbana, con una densidad que no superaba los 100hab/ha; se consolida una estructura urbana que pasa de ser longitudinal a metropolitana que desde la zona central proyecta cinco radios hacia la periferia, a través de valles aledaños13. (Carrión y Carrión, 1999; Córdova Montúfar, 2005).
(Tabla 2.2. Crecimiento de la población y el área construida de Quito)
(Mapa 2.3. Crecimiento urbano de Quito 1760-2006)
(Gráfico 2.2. Modelo Digital de la ciudad de Quito)

        1. Dinámicas de ocupación del escenario urbano en zonas de riesgo



Hasta después de la mitad del siglo XX Quito varió poco en su imagen y en el apoderamiento de terrenos adyacentes al foco histórico, con un promedio de 209.932 habitantes (registrado en el censo de 1950) que se consolidaron en el sector sur de la ciudad, detrás del Panecillo. En ese lugar la mayoría de sus pobladores fueron “obreros y gente de recursos económicos modestos, en barrios concitados, en gran parte, por el impulso industrial de comienzos de la centuria –textiles, especialmente- favorecido por la llegada del ferrocarril en 1908. En consonancia con ello, el Centro Histórico asumía entonces plenamente la totalidad de las funciones públicas y privadas de orden terciario […]” (Zambrano, 1991:137).
A este mismo período, se suma el relleno de las quebradas circundantes a la ciudad, proceso que inicia durante la época de la colonia y peligrosamente continuó hasta finalizar el siglo XX, cuando se iniciaron los primeros rellenos en el centro histórico desapareciendo los cursos inferiores de las quebradas Manosalvas y La Marín. Posteriormente “a partir de 1914 se cubre la quebrada Jerusalén (o De la Cantera) que pasa a ser la Av. 24 de mayo, cuya alcantarilla tiene que evacuar caudales máximos considerables ,para este tiempo se construyó otra alcantarilla según un trazado paralelo a la antigua, considerada no recuperable” (Peltre, 1989:47).
Hacia el año 1930 otras quebradas fueron rellenadas con el objetivo de darle paso a la creación de nuevos barrios como Chimbacalle y La Magdalena al sur del Panecillo y La Mariscal Sucre al norte; hacia 1940 la consecuente expansión urbana hacia el norte de la ciudad llevará al relleno de nuevas quebradas que darán paso a la avenida Orellana, Shyris, entre otras. A partir de los años 50 se rellenaron progresivamente las grandes quebradas que bajan del Pichincha en los sectores de La Carolina y del Aeropuerto al norte.
En la actualidad (2010) la tendencia de los rellenos continúa activamente tanto al norte de la ciudad (quebradas El Colegio y Rumiurco) como en el sur (quebrada La Raya, de Los Chochos y el proyecto de cobertura del río Machángara). (Peltre, 1989:47). Estos procesos de ocupación del territorio, dados en laderas como en sitios rellenados, han construido un amplio escenario de riesgos a los cuales está expuesta la población y la infraestructura emplazada en el DMQ, que pasa por las inundaciones, los deslizamientos y flujos de lodo.
Desde el inicio del año 1960 ya existían algunos asentamientos informales en las faldas noroccidentales, fenómeno provocado por la expulsión de población desde las zonas rurales hacia las urbanas. En 1970, la ocupación de las laderas es evidenciado como un proceso intenso, dado que la forma de organización territorial “longitudinal y poli nuclear” fue concentradora de la población, debido a que el capital, las actividades productivas, el ingreso y los servicios sociales, se concentraban en este sector. En tanto en las laderas se produjo una proliferación de asentamientos informales, “entendiendo a éstos como una modalidad diferente de ocupar, organizar, acondicionar y utilizar el espacio urbano por parte de grupos de bajos ingresos que no encontraban, en el mercado inmobiliario tradicional, ofertas adecuadas a sus necesidades y a su capacidad de pago”. (Carrión citado en PNUD, 2007: 13)
A partir de la década de 1970, se inicia el proceso de ocupación territorial en potenciales zonas de riesgo, estas dinámicas son irregulares y dispersas, y en alguna medida son consecuencia de la promulgación de la Ley de Reforma Agraria de 1964 que provoca la acelerada lotización de las antiguas haciendas que rodeaban la ciudad. Este proceso que no considera las regulaciones de la ciudad, origina que el Municipio pierda el control de la expansión urbana. (Barreto citado por Zevallos 2002:107 – 108). Esta condición sumada a la crisis de la deuda externa; los cambios en el trazado vial; la creación de programas habitacionales para estratos medios y bajos de la población; el acceso a servicios públicos; el emplazamiento de un novedoso centro comercial y; la presión por nuevos suelos para la construcción, precipitaron el proceso de ocupación de la ladera en los años 1980, agudizándose en los años 1990.
A mediados de los años 1990, las laderas continuaban su proceso de ocupación sea legal o invadiéndose ilegalmente, con un explosivo crecimiento de 17.5% anual, pese a la vigencia de la declaratoria de Bosque Protector por parte del DMQ, “hasta mediados de 1995 un estimado de 55.000 [personas] oficialmente vivían en las laderas. Un estimado más realista sitúa la población en 75.000 personas y 15.000 viviendas en 22 barrios, de los cuales 8 antiguos con más de 20-30 años y el resto un poco más de 10 años entre barrios populares (6), residenciales medios (3) y residenciales altos (5)” (Zevallos, 2002:108). De acuerdo a como lo describe Zevallos en su relato: “en esta época era impresionante ver como cada semana se cortaban nuevas áreas para expansión urbana, se hacían rellenos, desbroces, aperturas de caminos, construcción de viviendas, etc” (Ídem). Por lo tanto, las laderas en aquel entonces eran consideradas como un territorio en disputa y con alto índice de vulnerabilidad, ya que las grandes zonas lotizadas desplazaron los bosques que permitían la estabilidad del suelo. Actualmente, estos lugares altamente sensibles ante eventuales lluvias intensas, y por su infraestructura habitacional son vulnerables ante posibles movimientos telúricos.
Este proceso acelerado de ocupación de las zonas de ladera puede ser corroborado a partir de la variación del límite urbano de la ciudad de Quito, que presenta importantes cambios entre 1967 a 1998 (ver mapa 2.3).

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