Tradicionalmente, esta disciplina geográfica se subdivide por grandes áreas de conocimiento: geografía de la población, geografía económica, geografía rural y geografía urbana




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fecha de publicación24.10.2016
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Geografía humana: la población en el mundo

La Geografía Humana es la rama de la Geografía que se especializa en el estudio de las colectividades humanas y de las transformaciones que sus actividades generan en la superficie terrestre. Su objeto de estudio son los paisajes humanizados o antrópicos.

Tradicionalmente, esta disciplina geográfica se subdivide por grandes áreas de conocimiento: geografía de la población, geografía económica, geografía rural y geografía urbana.

La geografía de la población se aplica al conocimiento de la distribución geográfica de las personas a nivel mundial. Para trabajar, la geografía de población se apoya en la demografía, disciplina que le proporciona la información estadística, cuantitativa o numérica, con la cual puede establecer las tendencias de la población en el marco de un Estado-nación, de un continente o del mundo.

Cómo aumentó la población

Se denomina población al conjunto de individuos que viven en un territorio determinado. La población no es un factor geográfico estático, sino todo lo contrario. Su crecimiento ha experimentado una significativa aceleración, en especial desde mediados del siglo pasado.

Si se piensa que los recursos alimenticios y energéticos son limitados, la situación de sobrepoblación (exceso de población en un territorio) se traduce en un hecho muy preocupante, ya que pone en riesgo la vida en el planeta y la propia supervivencia del hombre. Y no es para menos, si se calcula que la cifra de personas aumenta a un ritmo de 10 mil habitantes cada hora, y la expectativa de vida también se ha incrementado.

A lo largo de la historia del hombre se pueden observar varias etapas de fuerte crecimiento poblacional, que se relacionan con una revolución económica particular. La primera etapa de expansión se produjo en la etapa histórica conocida como Neolítico, cuando se originó la agricultura y se desarrolló la domesticación de animales, este período se refiere a la primera revolución agrícola. En esta época, el mayor suministro de alimentos, la explotación previsora de los recursos, la sedentarización (establecimiento de un grupo humano en un lugar fijo) y la división del trabajo, permitieron un primer crecimiento demográfico, de modo que al comienzo de la Era Cristiana la Tierra estaba poblada por unos 250 millones de personas, una tercera parte en el Imperio Romano, otra tercera parte en el Imperio Chino y el resto diseminado por el planeta.

La crisis del imperio Romano estuvo acompañada de las primeras grandes epidemias que provocaron una merma o disminución en la población. En el año 1347 d. C. y hasta 1350 se extiende por Europa la peste negrao peste bubónica, una gran epidemia que azotó a casi todo el continente europeo, cuya población se estima se redujo en un tercio.

Después de esto, el crecimiento decayó, y, en general, fue bastante lento. La segunda etapa se relaciona con la segunda revolución agrícola y la Revolución Industrial. Los adelantos científicos y tecnológicos, iniciados a mediados del siglo XVIII, afectaron a la salud, la medicina y la alimentación, cambiando el rumbo de la población mundial. Entre los adelantos en salud pueden mencionarse el descubrimiento de Edward Jenner de la vacuna contra la viruela, y, cincuenta años más tarde, el de la penicilina por Alexander Fleming.

En el siglo XIX, estos avances se divulgaron por Europa Occidental, aumentando la esperanza de vida de su población y disminuyendo la mortalidad infantil. A fines de este mismo siglo y principios del XX, se generalizaron en los países del sur de Europa. Después de la Segunda Guerra Mundial, llegaron a Asia, Latinoamérica y África. Como consecuencia de lo anterior, la población creció explosivamente.

Censos y registros vitales

La información estadística que entrega la demografía se obtiene básicamente de los censos y los registros vitales.

El censo es un conjunto de operaciones destinadas a reunir, sistematizar y difundir, en forma ordenada, datos demográficos, económicos y sociales que involucran a todos los habitantes de un territorio en un momento determinado o en un período establecido. Da cuenta del número de habitantes y de sus características más elementales, como sexo, edad y nivel educativo.

En el mes de abril seguramente tuviste la oportunidad de conocer las encuestas con las que se obtienen los datos en un censo.

Los registros vitales son aquellos documentos donde se inscriben los nacimientos, las defunciones y los cambios en el estado civil de las personas. La principal característica de este tipo de estadísticas es su continuidad, porque son permanentemente puestas al día. De allí que también reciban el nombre de estadísticas continuas.

Tendencias demográficas

61 países están presentando tasas de fecundidad iguales o inferiores al nivel de reemplazo de la población, por lo que sus habitantes podrían disminuir en el largo plazo.




Según el Fondo de Naciones Unidas para la Población, las actuales tendencias demográficas se pueden catalogar como muy divergentes, y se resumen básicamente en los siguientes aspectos:

  • Alta fecundidad: la población está aumentando más fuertemente en los países más pobres; es decir, en aquellas zonas que están menos preparadas para satisfacer las necesidades básicas y crear oportunidades. Los países más afectados estarían concentrados en África y el Asia meridional, pero también existen en cada una de las regiones en desarrollo. Las regiones donde es más acelerado el crecimiento demográfico son las de África al sur del Sahara y partes del Asia meridional y occidental.

  • Baja fecundidad: 61 países están presentando tasas de fecundidad iguales o inferiores al nivel de reemplazo de la población, por lo que sus habitantes podrían disminuir en el largo plazo. La opción más evidente sería que los países de baja fecundidad aumentaran el número de hijos por familia, pero por lo general es más difícil que las tasas de natalidad comiencen a aumentar cuando ya existía una disminución prolongada. A pesar de todo, siempre hay excepciones. Una de ellas es Suecia, y el fenómeno experimentado al término de la Segunda Guerra Mundial, que fomentó el crecimiento demográfico.

  • Aumento de las tasas de defunción y disminución de la duración de la vida: en los países más afectados por el SIDA, las tasas de mortalidad están aumentando y la esperanza de vida está disminuyendo con una velocidad que bien puede cancelar los adelantos logrados en los últimos veinte años.

  • Fomento del Estado a una política pronatalista, a través de subsidios para facilitar el mantenimiento de la familia.



Ecúmene y anecúmene

Las áreas más aptas para vivir y que están habitadas por una significativa cantidad de población se conocen como ecúmene. Los lugares deshabitados o con escaso número de población son llamados anecúmene.


El ser humano necesita ciertas condiciones básicas para poder subsistir. La búsqueda de estas condiciones orientó sus preferencias hacia el establecimiento de los asentamientos humanos en determinadas áreas, en especial hacia aquellos lugares que poseían los siguientes requisitos: agua dulce, climas no muy rigurosos y tierras bajas y planas próximas al mar. Como el planeta ofrece pocas zonas geográficas con esas características, estos lugares están hoy densamente poblados.

Hay una serie de características que definen la concentración poblacional en el mundo. La primera de ellas se refiere al alto porcentaje de personas (90 por ciento) que viven en el hemisferio norte, debido a que en esta área se encuentra la mayor parte de las tierras emergidas. La segunda característica se relaciona con la influencia de las condiciones naturales, como el clima y el relieve. El clima influye directamente en los asentamientos humanos. Las bajas temperaturas y la aridez ofrecen condiciones muy difíciles, al igual que el exceso de precipitaciones y las temperaturas muy altas. Por esta misma razón, las regiones polares y áridas de ambos hemisferios, así como las selvas ecuatoriales, son áreas muy poco pobladas.

El relieve influye en forma variada según la latitud (distancia de un lugar al ecuador de la Tierra). Las montañas actúan como obstáculos; en cambio, las llanuras concentran el mayor número de habitantes.

Las áreas más aptas están habitadas por una significativa cantidad de población y se conocen como ecúmene. Entre las regiones que integran el ecúmene destacan, tanto por su extensión como por la cantidad de población que reúnen, las llanuras y valles bajos con clima tropical, cálido y húmedo del este y sudeste asiático. En estos lugares, a pesar de que las lluvias provocan el desborde de los ríos, las inundaciones se controlan gracias a la aplicación de técnicas hidráulicas que permiten aprovechar el agua en el regadío de las plantaciones de arroz.

Lugares similares, aunque menos extensos, se encuentran cerca del golfo de Guinea, en África occidental, en el este y el sudeste de Brasil, y en el sudeste de Estados Unidos.

Destacan también las llanuras de clima templado que ofrecen suelos aptos para producir cualquier tipo de cultivo. Estos lugares los encontramos en Europa, en el centro de los Estados Unidos, en el norte de China y en el oeste de Rusia. Menos pobladas son las llanuras de Argentina, Australia y Sudáfrica.

El ecúmene está integrado, igualmente, por algunas áreas montañosas de América del Sur (los Andes), Centroamérica (México), Asia (Nepal, islas Filipinas), África central y oriental.

La última área del ecúmene la constituyen los oasis que aparecen en medio de los desiertos.

El anecúmene se puede definir como aquellos lugares deshabitados o con escaso número de población. Entre las áreas que forman el anecúmene se ubican las tierras ricas en recursos forestales, con grandes formaciones vegetacionales, o con yacimientos mineros. Nos encontramos en este caso con las selvas y los bosques tropicales de latitudes bajas, como la región del Amazonas en Sudamérica, y el sector centro occidental de África e Indonesia. Están presentes también en las estepas de Argentina, Estados Unidos y Australia.

Abarca también los desiertos, cuya ocupación humana depende de los recursos mineros; las tierras frías de las altas latitudes; y la alta montaña, que se aprovecha para los deportes turísticos.

La mayoría de las zonas anecúmene que registran algún tipo de población, lo hacen solo por ciertos períodos de tiempo y en función de alguna actividad económica determinada.

 



Densidad urbana en el mundo

La densificación de las ciudades es un fenómeno que aumentó entre los siglos XIX y XX, como consecuencia del proceso industrializador.




Las actividades políticas, económicas y administrativas que se desarrollan en las ciudades favorecen la concentración de la población en espacios urbanos reducidos. En el campo ocurre la situación contraria, ya que en él las personas se agrupan en pequeños núcleos o viven muy dispersas.
La densificación de las ciudades es un fenómeno que aumentó entre los siglos XIX y XX, como consecuencia del proceso industrializador, en especial en lugares como Europa, Japón, Estados Unidos y Australia. Esta situación se debió a la mecanización de la agricultura, que disminuyó la necesidad de mano de obra en el sector rural; y a las nuevas actividades generadas en el sector industrial y de servicios.
Durante la segunda mitad del siglo XX, el proceso de densificación urbana (concentración humana en un territorio) aumentó en ciudades de Asia, África, Centroamérica y Sudamérica. Según estimaciones, este es un fenómeno que continuará su incremento todavía en las primeras décadas del presente siglo, ya que se espera que un 83 por ciento del crecimiento demográfico mundial tendrá su origen en las ciudades.

¿Somos un planeta sobrepoblado?
A pesar de los alarmantes pronósticos sobre el aumento de la población, lo cierto es que nuestro planeta no está sobrepoblado. Sin embargo, no se puede negar la existencia de áreas altamente densificadas y problemas derivados de ello, como la pobreza, el hambre, el deterioro del medio ambiente y las enfermedades. Aunque no son extensivos en todo el mundo, afectan a un gran número de personas. Veamos algunos de ellos:
* La pobreza: es una de las más devastadoras consecuencias de la densificación humana, en especial en naciones cuyo crecimiento es más acelerado, como los países africanos, asiáticos y latinoamericanos, muchos de los cuales poseen economías deficitarias e incapaces de satisfacer las necesidades básicas de la población.

* El suministro de alimentos: según estudios de la FAO, la población ha estado creciendo más rápido que el suministro de alimentos. Como consecuencia de esto, se han degradado, o perdido su capacidad productiva, unos 2 millones de hectáreas de tierra arable.

* Salud pública: la propagación de enfermedades es mucho más frecuente en ciudades con altas concentraciones de personas.

* Medio ambiente: se han producido diversos problemas por causa de la intervención del paisaje natural. Entre estos encontramos la contaminación del aire y del agua; la pérdida de casi la mitad de la cubierta forestal original del mundo; la extinción de especies vivas y los cambios climáticos mundiales.
Algunas fuentes señalan que no solo no existe una sobrepoblación, sino que la humanidad está experimentando una implosión demográfica; es decir, una contracción en el crecimiento de la población. Esta implosión se debe a un fuerte movimiento en pro del control demográfico mundial, que data de las últimas décadas, donde países desarrollados y agencias internacionales han invertido millones de dólares en campañas para el control de la población, en especial en los países en desarrollo. Los siguientes datos dan cuenta en parte de esta situación:
* En 1952 se fundó en Bombay la Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF), la organización que más promueve el control de la natalidad mediante diversos métodos.

* El gobierno de los Estados Unidos ha otorgado millones de dólares en fondos al Banco Mundial; a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y a organismos de la ONU, como el Fondo para la Infancia (Unicef), la Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), que luego han sido utilizados para el control de la población.

* El Fondo de Población de las Naciones Unidas otorga recursos al gobierno chino para controlar la natalidad. En la actualidad, China tiene una tasa de nacimientos de solo 1,8 por ciento anual.

* Países como Japón, Canadá, y los de la Unión Europea, también han estado promoviendo el control de la población y la anticoncepción a nivel mundial, sobre todo a través de las conferencias de las Naciones Unidas (ONU), como las celebradas en Bucarest en 1974, México en 1984 y El Cairo en 1994.
Densidad demográfica
El concepto de densidad demográfica o densidad de población se utiliza para comparar el poblamiento humano en los distintos lugares del mundo. Relaciona el número de habitantes de un lugar con una determinada superficie, y se expresa en habitantes por kilómetro cuadrado. Para calcular esta cifra, se divide la cantidad de habitantes por la superficie del territorio, lo que da el número aproximado de personas que habitan en un espacio fijo.

Cifras de población
* Total mundial (2001): 6.134,1 millones

* Proyección al 2025: 7.823,7 millones
Por continentes (actual):
* África: 812,6 millones

* Asia: 3.795,1 millones

* Europa: 934,5 millones

* Oceanía: 30,9 millones
(Fuente: Fondo de Naciones Unidas para la Población, Fnuap)
Rápido incremento de la población mundial
Según estimaciones del Fondo de Naciones Unidas para la Población (Fnuap), la población urbana mundial aumentó hasta los 6.000 millones de personas en el año 1999, y se espera una proyección de hasta 10.700 millones hacia el año 2050. La tasa actual de crecimiento demográfico es de 1,33 por ciento anual. No obstante, según la proyección mediana, se prevé que los incrementos anuales han de disminuir gradualmente, desde 78 millones en la actualidad hasta 64 millones en el período 2020-2025, y posteriormente han de disminuir de manera brusca hasta alcanzar una cifra de 33 millones en el período 2045-2050.

La población en constante cambio

La población es un fenómeno dinámico, que está siempre cambiando. Esto, porque así como anualmente nace un número determinado de personas, así también va desapareciendo otro tanto.


La población de un área o país aumenta o disminuye debido a dos tipos de movimientos: el movimiento natural (crecimiento natural) y los movimientos migratorios (crecimiento artificial). El primer tipo se estudia a través de las variables de natalidad y mortalidad, las que se relacionan con condiciones biológicas como edad y sexo.

La natalidad está condicionada dentro de un grupo humano por la cantidad de mujeres en edad fértil. La mortalidad, en tanto, se relaciona con la cantidad de varones adultos mayores, los que tienden a fallecer antes que las mujeres.

La población crece naturalmente cuando la relación entre los nacimientos y las defunciones se inclina favorablemente hacia la primera variable. Cuando ocurre el fenómeno inverso, se dice que el crecimiento experimentado es negativo.

Natalidad y fecundidad


Con el fin establecer comparaciones en el tiempo y en el espacio, hay que relacionar el número de nacimientos con la población de la que proceden. Para esto se utilizan dos medidas: una es la tasa bruta de natalidad, y la otra, la tasa bruta de fecundidad.

La tasa bruta de natalidad relaciona el número de nacidos en un período, generalmente un año, con la población existente en ese mismo período. Este índice está fuertemente influenciado por la estructura por edades de la población.

La tasa bruta de fecundidad relaciona el número de nacidos con las mujeres en edad de procrear. También se utiliza como medida de fecundidad el número promedio de hijos por mujer.

Diferencias en la mortalidad


El fenómeno de la mortalidad muestra, de manera mucho más evidente que la natalidad, las grandes diferencias que existen en el mundo actual entre las poblaciones.

Para comprobar los índices de mortalidad, se utilizan tres medidas: la tasa bruta de mortalidad, o número de defunciones por cada mil habitantes; la tasa de mortalidad infantil, o número de niños fallecidos antes de contar un año de vida, en relación al número de niños nacidos en ese año; y finalmente, la esperanza media de vida al nacer, o duración media de la vida.

El descenso en las tasas de mortalidad que empezó en Europa occidental en el siglo XVIII, tiende a extenderse al resto del mundo. La disminución es hoy mayor en los países en vías de desarrollo que en los desarrollados, debido a la tardía incorporación de los primeros a la revolución científica y médica. Además, la tendencia al envejecimiento de los países ricos ha provocado en ellos un aumento en la tasa de mortalidad.

Una de la causas de la mortalidad son las enfermedades, las que se miden con una variable denominada tasa de morbilidad; es decir, el volumen de enfermedades registrado en una población.


Los movimientos migratorios

Los movimientos migratorios influyen en las variables demográficas de manera artificial.


Dijimos que la población puede aumentar o disminuir de manera natural o artificial. Pues bien, los movimientos migratorios influyen en las variables demográficas de manera artificial, ya que ellos provocan la salida de población de su lugar de origen y su traslado a otra parte que la recibe.
Este crecimiento de la población se denomina crecimiento bruto y comprende al crecimiento natural, neto o vegetativo, más las migraciones netas, es decir, el producto de la diferencia entre inmigrantes y emigrantes, conocido también como saldo migratorio.

Los movimientos migratorios pueden ser definitivos o temporales, voluntarios o forzados, internos o internacionales. Son temporales cuando una persona viaja a otro lugar por un período de tiempo limitado, por ejemplo, para realizar una beca de posgrado. Si, por el contrario, la persona decide establecerse en un nuevo país, se habla de migración definitiva.
Cuando por razones políticas, étnicas o religiosas un grupo es obligado a abandonar su país, se trata de un tipo de migración forzada. En cambio, si es la propia persona la que elige trasladarse a otro lugar, con el fin de buscar una mejor condición de vida, estamos ante una migración voluntaria.
Otras veces los movimientos migratorios se dan en el plano interno de un país o continente. Según sea el caso, se pueden clasificar en internas o intracontinentales. Ejemplo de migración interna fue el desplazamiento desde el campo a la ciudad ocurrida el siglo pasado en América, Europa y Asia, fenómeno conocido también como éxodo rural.
Como migración intracontinental destaca el caso de la actual movilización de personas desde Perú a Chile.
Hay otro tipo de migración, que se conoce como pendular, referida a aquellos desplazamientos que se hacen a diario entre el lugar de residencia y el de trabajo o estudio. Como consecuencia de ellos, las ciudades deben adaptar su infraestructura vial mediante la construcción de obras que favorezcan el traslado de un lugar a otro.

En la actualidad podemos también distinguir fenómenos migratorios muy diversos, como el nomadeo o trashumancia, las migraciones rural-urbanas y los refugiados.
El nomadeo se refiere a movimientos por lo general estacionales, que realizan grupos humanos a distancias relativamente cortas, que nunca superan algunos cientos de kilómetros.
Están asociados a sistemas económicos más primitivos, en los que la ganadería tiene una importancia clave. Ejemplo de ello son las veranadas, donde los arrieros se desplazan con el ganado a otros lugares, a fin de conseguir mejor alimento para sus animales.
Las migraciones rural-urbanas, del campo a la ciudad, se están produciendo en todo el mundo a un ritmo extraordinario. En 1950, menos del 30 por ciento de los habitantes del mundo vivía en ciudades. En el año 2000, esta cifra creció a 2.900 millones de personas; es decir, un 47 por ciento de la población mundial. Para el 2030 se prevé que vivirán en las zonas urbanas 4.900 millones, o sea un 60 por ciento.
Como refugiados se consideran a aquellos migrantes que, producto de desastres naturales (inundaciones, hambrunas) o artificiales (guerras), deben abandonar su lugar de origen. Sin embargo, la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 ha acotado esta denominación para las personas que "tienen un fundado temor de ser perseguidas a causa de su raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opinión política; y que, al encontrarse fuera del país de su nacionalidad, no puede o no quiere, debido a ese temor, acogerse a la protección de su país".
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) es el organismo internacional que se preocupa de la situación de los refugiados a nivel mundial.

Emigrante e inmigrante
Toda persona o migrante que se moviliza desde su lugar de procedencia a otro, posee simultáneamente la calidad de emigrante respecto del lugar que deja, e inmigrante en el lugar de llegada. Por ejemplo, si tú, que habitas en Chile, tuvieras que irte a vivir a Francia, serías emigrante desde Chile e inmigrante en Francia.

Regiones superpobladas:
* sureste asiático, desde Japón a Indochina e India.

* noroeste de Europa.

* noroeste de Estados Unidos.
Desiertos humanos:
* regiones polares.

* regiones áridas de los dos hemisferios.

* selvas ecuatoriales del Amazonas y Congo.

* las altas montañas.

Causas más frecuentes de migración
De acuerdo al Fondo de las Naciones Unidas para la Población, las causas principales que motivan la migración internacional son las siguientes:
* La búsqueda de una vida mejor para una persona y su familia.

* Las disparidades de ingreso entre distintas regiones y dentro de una misma región.

* Las políticas laborales y migratorias de los países de origen y de destino.

* Los conflictos sociales y políticos que impulsan la migración transfronteriza, así como también los desplazamientos dentro de un mismo país.

* La degradación del medio ambiente, que incluye la pérdida de tierras de cultivo, bosques y pastizales.

* El éxodo de profesionales o migración de los jóvenes con mayor nivel de calificación académica, desde los países en desarrollo, para ocupar espacios laborales en las naciones industrializadas.
Antiguas migraciones
Las migraciones más antiguas se remontan a los tiempos prehistóricos. Los últimos desplazamientos importantes que han permitido ocupar extensas zonas, como Siberia, América del Norte, Australia y Manchuria, son de fines del siglo XIX y primeros decenios del actual.
Durante el siglo XX han sido importantes las migraciones de europeos y asiáticos. Hasta 1920, cincuenta millones de europeos emigraron a América, Australia, Nueva Zelanda y África del Sur.
En menor escala fue la migración de asiáticos hacia los países del océano Pacífico e Índico.


¿Cuántos seremos en el 2025?

La explosión demográfica, es decir, el gran aumento de la población en pocos años, preocupa a muchos. ¿Hasta cuándo seguirá? ¿En qué momento se detendrá y estabilizará en los diferentes países y regiones del planeta? ¿Alcanzará el alimento para todos?

El futuro


Nuestro planeta cuenta con, aproximadamente, 6.134 millones de habitantes, según datos de la ONU. Las proyecciones demográficas realizadas por la División de Población de la ONU suponen una población mundial, en el año 2025, de 7.800 millones de personas. Además, mientras que el mayor crecimiento para los países industrializados se produjo entre 1955 y 1960, gran parte de las naciones subdesarrolladas recién a principios del siglo XXI ha alcanzado el aumento más importante en su población. Por continentes, África, seguido de América Latina y Asia meridional (del sur), son las zonas que más han crecido en este período.

En el momento que se produzca la proyectada estabilización demográfica mundial, los países subdesarrollados representarán el 86 por ciento de la población del mundo.

También se espera que la mayoría de la población del planeta viva en ciudades, con los problemas que eso puede ocasionar, como falta de viviendas, empleos o empeoramiento de la calidad de vida.

El crecimiento de la población se puede evaluar positivamente, cuando contribuye al desarrollo económico tanto nacional como internacional, al demandar bienes y servicios cuya satisfacción pone en movimiento una serie de recursos humanos, técnicos y financieros.

Pero, como contrapartida, también se puede considerar a la población como un obstáculo para el desarrollo económico, ya que se provoca una mayor demanda interna de bienes y servicios, favoreciendo un alza en sus precios. De esa forma, la dificultad para acceder a ellos, algunos esenciales incluso, tiende a acentuar los desequilibrios económico-sociales al interior de una comunidad. Esta situación se observa en diversos países económicamente pobres de Asia, África y América Latina.

¿Quiénes y cómo somos en el mundo?


Quienes habitamos este planeta no somos todos iguales. Entre un país y otro, entre un continente y otro, los seres humanos nos diferenciamos notoriamente. Hay personas de distintas edades y sexo, de variadas etnias y religiones, con desiguales niveles de educación y de cultura, y que desarrollan trabajos o actividades económicas diversas.

Cómo nos clasificamos


Para estudiar a la población mundial se consideran una serie de elementos diferenciadores. Por ejemplo, se suele clasificarla por su estructura biológica, estructura socioeconómica, y también sobre la base de su variedad étnica (o de razas), y cultural.

Cuando se habla de composición o estructura de una población, se entiende que se trata del conjunto de caracteres biológicos, culturales y socioeconómicos que la definen, aunque dos variables son las más importantes desde el punto de vista demográfico: el sexo y la edad.

Según estas últimas variables, la composición de una población recibe el nombre de estructura biológica; su mejor expresión es la llamada pirámide de edades, un tipo de gráfico poblacional.

Jóvenes, adultos y ancianos


Las informaciones que existen sobre la estructura por edades de la población son muy abundantes. Sin embargo, su calidad varía mucho según los países. Para hacer más sencillo el tratamiento de la gran cantidad de datos que se recogen relacionados con este tema, se ha tomado la costumbre de considerar tres grandes grupos de edad: jóvenes, adultos y ancianos o seniles, que corresponden a los períodos de formación, actividad y jubilación, respectivamente.

De acuerdo a esta clasificación, y a otros sistemas de representación como el diagrama gráfico o triangular, los resultados indican diferencias muy notorias entre los países. Por ejemplo, la edad media muestra una discrepancia entre los países subdesarrollados (como el nuestro) y los países desarrollados (como Francia). Los primeros son jóvenes por igual, con una edad media igual o inferior a los 16 años aproximadamente; los segundos presentan una edad media igual o inferior a los 30 años, aunque no son viejos en forma homogénea.

Se puede también sostener que los países con un claro predominio de población joven son los que tienen una alta tasa de natalidad. En cambio, los países con una superioridad adulta y anciana tienen una tasa de natalidad reducida, o bien, han sido afectados por guerras, crisis económicas o una intensa migración. Por lo tanto, son países viejos.

En el interior de un mismo país también existen grandes diferencias. Las mayores aparecen entre la población de la ciudad y la del campo. Por regla general, la gente que habita la ciudad es más joven que la que vive en zonas rurales.

Hombre y mujer


Durante mucho tiempo se pensó que había una cantidad similar de hombres y mujeres en el mundo. Hoy se admite que nacen más varones que mujeres (105 por cada 100). Sin embargo, la mortalidad masculina, al menos en los países más desarrollados, es mayor que la femenina.

Existen dos conceptos que establecen una relación entre ambos sexos: tasa de masculinidad, que indica la cantidad de varones por cada 100 mujeres, y la tasa de feminidad, que mide la cantidad de mujeres por cada 100 varones.

Esta información tiene significado solo a nivel local, ya que las cifras generales no muestran la realidad de áreas específicas, donde algunas labores, como las mineras, pesqueras o forestales, favorecen el predominio de la población masculina, o las de servicio doméstico, donde mayoritariamente trabajan mujeres, provocando así, una gran diferencia o desproporción entre los sexos. También las guerras y las migraciones explican el marcado desequilibrio entre el número de hombres y mujeres en determinado tiempo y lugar histórico.

Teorías sobre la población


El planeta Tierra es finito, limitado. A escala mundial, surge la inquietud respecto a cuántos cabemos en él. Si el crecimiento de la población es indefinido y los recursos -alimentos, agua, aire y tierra, materias primas- son restringidos, ¿es posible un equilibrio entre población y recursos?

Son varios los filósofos y economistas que han estudiado este problema. Las diferencias entre ellos se deben a las distintas conclusiones a que llegan, de acuerdo a las situaciones que han debido enfrentar y, por lo tanto, recomiendan políticas demográficas diversas, como las pronatalistas y las antinatalistas.

La doctrina Malthus


Uno de los primeros que planteó este tema fue el inglés Thomas Robert Malthus, un pastor protestante y profesor de Historia y Economía Política, a través de su libro Ensayo sobre el principio de la población, publicado en 1798. Su idea era que la población no limitada tenía inclinación a igualar, e incluso, superar, los medios de subsistencia. Para ilustrarlo comparó dos fenómenos posibles de medir en números: la población y la producción de alimentos.

La población, sin lo que él denominó frenos (guerras, epidemias, hambrunas catastróficas) podía duplicarse cada 25 años; es decir, en progresión geométrica (1-2-4-8-16...). Y en el caso de la producción de alimentos, se haría solo por progresión aritmética (1-2-3-4-5-6...). Claramente, la consecuencia es una sobrepoblación mundial que aparece como inevitable.

Las soluciones que propuso Malthus, con el fin de restablecer el equilibrio entre la población y los recursos, consistían en limitar los nacimientos retrasando el matrimonio y manteniendo para ello a los obreros con salarios mínimos de subsistencia. Esta visión se le llama maltusianismo demográfico y actualmente influye todavía en el debate en torno a la población, pues ofrece un fundamento para la aplicación de medidas orientadas a restringir el número de nacimientos -por medios naturales y, luego, artificiales- en distintos países del mundo.

Otra corriente derivada de esta teoría, la neomaltusiana, difundida en 1973, indica que el crecimiento demográfico y consumo acelerado de los recursos terrestres conducirán a la humanidad a una catástrofe en algún momento del siglo XXI, a no ser que se detenga a tiempo el aumento de la población.

Relacionada con la anterior, otra postura concluye que la degradación del capital natural -el agua de los ríos y lagos, la erosión del suelo, el empleo de productos tóxicos en la agricultura-, se intensifica año a año a causa del crecimiento de la población y de la necesidad de aumentar la producción para cubrir las necesidades de dicha población. La solución que plantean quienes sostienen esta teoría, es interrumpir el incremento en el número de las personas y el consumo de ellas; es decir, el desarrollo económico. Esto se bautizó como el maltusianismo económico. Sin embargo, la población mundial no tardó 25 años en duplicarse, como afirmaba Malthus, sino que un siglo y medio. Además, cuando este economista inglés hizo públicas sus conclusiones aún no se había producido la Revolución Industrial con sus efectos multiplicadores en la producción de alimentos, al provocar un incremento de los rendimientos agrícolas.

Políticas de población

Por definición, una política de población es una estrategia gubernamental hecha con la idea de intervenir, favoreciendo, restringiendo o manteniendo los índices de crecimiento poblacional, para alcanzar determinadas metas económicas, sociales y culturales.


Como los países con economías débiles experimentaron un retraso debido a, entre otros factores, sus altas tasas de crecimiento demográfico, se les ha recomendado adoptar políticas de población que buscan controlar la natalidad. Estas, conocidas como antinatalistas, consideran necesaria la limitación de los nacimientos para alcanzar la categoría de países desarrollados.

Estas políticas, aplicadas durante los últimos 20 años en los países de América Latina, Asia y África, dieron resultados concretos, al evitar millones de nacimientos; pero la población sigue creciendo, aunque a un ritmo más lento. Se proyecta que, al año 2015, la población de las regiones de escaso desarrollo se incrementará en alrededor de 1.700 millones, mientras que las de economías desarrolladas solo aumentarán en 57 millones. Estos cálculos tienen un valor relativo, ya que los conflictos bélicos, las enfermedades epidémicas y los movimientos migratorios, entre otros factores, pueden debilitar cualquier proyección.

Pero no todas las políticas de población son antinatalistas. En la actualidad hay países -particularmente en Europa- que aplican una política pronatalista, debido a que hay un alza notoria de personas ancianas por sobre las jóvenes. Más aún, no proyectan generaciones de reemplazo. Así, estas naciones ven con preocupación su futuro, pues para mantenerse en su actual situación política, económica y cultural dependen, en gran parte, de la vitalidad de su población.

En todo caso, cualquiera que sea la tendencia de la política de población que un país decida impulsar, al hacerlo, esta se convierte en estrategia de planificación familiar.

Planificar una familia




La planificación de la familia obliga a las parejas a definir cuántos hijos quieren tener y, por lo tanto, cómo pueden impedir los embarazos, ya sea por métodos naturales o artificiales.
A primera vista, una familia con dos hijos es más fácil de sacar adelante en la compleja realidad del mundo actual. La familia extensa, con numerosos hijos, parecía justificarse cuando faltaba la mano de obra para realizar las tareas productivas. El reemplazo cada vez mayor de los trabajadores por las máquinas, ha contribuido a considerar como un problema el aumento de la población.

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