Ciencias para el Mundo Contemporáneo




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Contenidos

I. El cuerpo: autonomía y desarrollo

  1. Análisis de los beneficios de la práctica de una actividad física regular y valoración de su incidencia en la salud.

  2. Aceptación de la responsabilidad en el mantenimiento y mejora de la condición física. Aplicación de diferentes métodos y técnicas de relajación.

  3. Realización de pruebas de valoración de la condición física saludable.

  4. Ejecución de sistemas y métodos para el desarrollo de la condición física.

  5. Planificación del trabajo de acondicionamiento de las capacidades físicas relacionadas con la salud.

  6. Elaboración y puesta en práctica, de manera autónoma, de un programa personal de actividad física y salud, atendiendo a la frecuencia, intensidad, tiempo y tipo de actividad.

  7. Hábitos y prácticas sociales y sus efectos en la actividad física y la salud. Análisis de la influencia de los hábitos sociales en Canarias (alimentación, estilo de vida, tabaquismo, etc.).

II. La conducta motriz: habilidades motrices específicas y tiempo libre

  1. Análisis del deporte como fenómeno social y cultural. Relevancia social del deportista. Los roles de participante, espectador y consumidor.

  2. Perfeccionamiento en la puesta en práctica de las habilidades motrices específicas y de los principios estratégicos de algunas actividades físicas psicomotrices y sociomotrices.

  3. Valoración de la práctica de los juegos y deportes tradicionales de Canarias en el tiempo libre.

  4. Organización de torneos deportivo-recreativos y de actividades físicas y participación en ellos.

  5. Valoración de los aspectos de relación, trabajo en equipo y juego limpio en las actividades físicas y deportes.

  6. Reconocimiento del valor expresivo y comunicativo de las actividades motrices expresivas. Práctica de bailes, preferentemente de Canarias.

  7. Realización de actividades físicas, utilizando la música como apoyo rítmico.

  8. Elaboración y representación de una composición corporal individual o colectiva.

  9. Colaboración en la organización y realización de actividades en el medio natural.

  10. Análisis de las salidas profesionales relacionadas con la actividad física y el deporte.

  11. Uso de las tecnologías de la información y la comunicación para la ampliación de conocimientos, el intercambio de ideas y conceptos o la evaluación de la materia de Educación Física.

Criterios de evaluación

  1. Elaborar y poner en práctica de manera autónoma pruebas de valoración de la condición física orientadas a la salud.

Mediante este criterio se pretende comprobar si el alumnado es capaz de realizar una autoevaluación de su nivel de condición física inicial en aquellas capacidades físicas directamente relacionadas con la salud, es decir, resistencia aeróbica, fuerza-resistencia y flexibilidad. El estudiante preparará cada prueba, la ejecutará y registrará el resultado, obteniendo así la información necesaria para iniciar su propio programa de actividad física y salud, pudiendo este protocolo de actuación desarrollarse en grupo. Con el mismo criterio se pretende constatar si los alumnos y las alumnas reflexionan sobre las condiciones y hábitos sociales que inciden en las actividades físicas.

  1. Elaborar y realizar un programa de acondicionamiento físico acorde con el principio de actividad física saludable, utilizando las variables de frecuencia, intensidad, tiempo y tipo de actividad y técnicas de relajación.

A través de este criterio se evaluará si el alumnado es capaz de elaborar un programa para la mejora de la condición física, organizando los componentes de volumen, frecuencia e intensidad de forma sistemática durante un período de tiempo, y adaptándolos al tipo de actividad física elegida. De esta manera, se comprobará el incremento del nivel de la condición física respecto al estado de forma inicial y también el proceso que ha llevado a la mejora dentro de los parámetros de una actividad física saludable. Asimismo, se valorará en el programa el uso autónomo de técnicas de relajación.

  1. Organizar actividades físicas utilizando los recursos disponibles en el centro y en sus inmediaciones.

Este criterio permite valorar la participación de los alumnos y de las alumnas en la organización de actividades físicas atendiendo a criterios organizativos básicos, tales como la utilización racional del espacio, el uso del material y su control, la participación activa, el diseño de normas y su cumplimiento o la conducción de las actividades. El alumnado ha de ser capaz de organizar actividades de carácter recreativo que se adecuen a la cultura del tiempo de ocio y que supongan el empleo de los medios y recursos del entorno próximo. De igual manera, se pretende comprobar si se afianzado el espíritu emprendedor, las actitudes de iniciativa, el trabajo en equipo, la confianza en uno mismo y el sentido crítico, como condiciones necesarias para el eficaz aprovechamiento del aprendizaje y de desarrollo personal.

  1. Demostrar un adecuado uso de la conducta motriz en situaciones reales de práctica en los juegos o deportes seleccionados.

A través de este criterio se constatará si el estudiante es capaz de resolver situaciones motrices en un contexto de práctica, utilizando de manera adecuada las habilidades motrices específicas y los conceptos estratégicos propios de cada actividad motriz. Los alumnos y las alumnas manifestarán competencia en sus respuestas motrices con el ajuste adecuado a las situaciones a las que se enfrenten. Particularmente, ha de otorgarse mayor importancia a que resuelvan las situaciones que la adecuación a un modelo cerrado de ejecución.

  1. Elaborar composiciones corporales cooperando con los compañeros, teniendo en cuenta los elementos técnicos de las manifestaciones de ritmo y expresión y valorar, preferentemente, la identificación con las manifestaciones expresivas de Canarias.

Este criterio pretende evaluar la participación del alumnado en el diseño y ejecución de composiciones corporales colectivas, en las que se valorará la originalidad, la expresividad, la capacidad de seguir el ritmo de la música, el compromiso, la responsabilidad en el trabajo en grupo y el seguimiento del proceso de elaboración de la composición. En el caso de las actividades rítmicas de Canarias, se trata de comprobar si el alumnado las practica y las valora como signo de identificación cultural no segregador.

  1. Realizar, en el medio natural, una actividad física de bajo impacto ambiental, colaborando en su organización.

Con este criterio se valorarán dos aspectos complementarios. Por un lado, si el alumnado identifica los aspectos necesarios para llevar a cabo la actividad física, como la recogida de información sobre esta (lugar, duración, precio, permisos necesarios, clima…), el material necesario o el nivel de dificultad. Por otro lado, se constatará si el estudiante realiza una actividad física en el medio natural, preferentemente fuera del centro, aplicando las técnicas de esa actividad. También se verificará si el alumnado posee una conciencia cívica responsable, que favorezca la sensibilidad y el respeto hacia el medioambiente.

  1. Practicar juegos y deportes tradicionales de Canarias, identificando sus principales elementos estructurales y aceptándolos como portadores valiosos de la cultura.

Se trata de verificar con este criterio si el alumnado es capaz de llevar a la práctica, por sí mismo o colaborando en grupo, juegos y deportes tradicionales canarios, identificando y controlando sus componentes esenciales para su puesta en práctica: reglamento, estrategias, espacio de juego, técnicas, etc. Se valorará, además, si es capaz de admitir dichos juegos y deportes como parte de su cultura, mostrando interés por su aprendizaje.

  1. Utilizar las tecnologías de la información y la comunicación para ampliar conocimientos de la materia de Educación Física.

Con este criterio se pretende comprobar si el alumnado utiliza las tecnologías de la información y la comunicación como herramienta para buscar datos, referencias históricas, sociales o incluso económicas relacionadas con los contenidos presentes en los bloques. Asimismo, se verificará si presenta documentos o archivos y si efectúa tareas de evaluación y coevaluación a través de diferentes programas informáticos.

Filosofía y Ciudadanía

Introducción

La materia Filosofía y Ciudadanía se configura en una doble vertiente: por una parte, pretende introducir al alumnado en los grandes problemas filosóficos y en el dominio de competencias lingüísticas y argumentativas que le permita aprender a filosofar y a ejercer un pensamiento crítico y autónomo; por otra, continuando el estudio de la ciudadanía, iniciado en la etapa de enseñanza básica, se propone seguir una orientación hacia una filosofía social, moral y política para la construcción de una ciudadanía informada, reflexiva y responsable.

El alumnado que cursa primero de Bachillerato se hallaría en condiciones de afrontar los contenidos de esta materia tras un primer contacto somero en Educación Ético-Cívica y en Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos en la Educación Secundaria Obligatoria y en Educación Primaria. La reflexión filosófica, en tanto que radical, aspira a la interpretación sistemática de las preguntas y respuestas que ofrece, pero como actividad siempre comprometida con su tiempo, y manteniendo constantemente abierto el esfuerzo de comprensión de lo real.

Nuestra época no sólo prolonga la actividad crítica, lo hace además desde un nivel más alto de conciencia y lucidez, sensible a las falsas ilusiones y soluciones, y desde una voluntad, inédita hasta ahora, de encuentro y diálogo, propiciada por la universalización que hoy se produce en todos los aspectos de la vida. Pero se trata de una reflexión situada ahora en un contexto sociocultural más complejo que el de épocas pasadas, en el que la aceleración del desarrollo tecnológico y científico y de las transformaciones sociales y políticas obligan a replantear, con especial urgencia, las grandes cuestiones sobre el sentido del mundo y de la vida.

Sin embargo, esta materia no sólo se ocupa de examinar y analizar las aportaciones de las ciencias positivas o las ideas que constituyen las principales referencias de nuestra concepción del mundo. La reflexión y la argumentación son competencias que resultan indispensables para desenmascarar mitos e ideologías que enfrentan unos seres humanos a otros y ponen en duda el raciocinio, la libertad y la inteligencia que se les supone en cuanto personas. Al mismo tiempo, Filosofía y Ciudadanía pretende contribuir a la formación de buenos ciudadanos y ciudadanas, capaces de participar con cierto grado de autonomía en la vida comunitaria.

La filosofía no es un instrumento político ni un mero punto de apoyo para la moral; es, sobre todo, una búsqueda incansable de la verdad que, a través del conocimiento del mundo y de la comprensión de la propia persona y de las demás, puede ayudar a que el alumnado asuma compromisos ético-políticos con sus conciudadanos y conciudadanas, contribuyendo a la consolidación de sociedades democráticas, sobre los principios y derechos establecidos en la Constitución española y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esta reflexión filosófica sobre las cualidades, derechos y deberes cívicos debe, asimismo, tener una orientación interdisciplinar para poder describir y fundamentar los roles de ciudadano o ciudadana. Desde esta perspectiva, la filosofía aspira a comprender la realidad exterior e interior como un todo al que se debe dotar de sentido. En sus vertientes teórica y práctica proporciona a los alumnos y alumnas una visión global de los distintos saberes y creencias, abordando todos los problemas filosóficos de forma que sea posible asimilar lo que ha supuesto como saber acerca de la totalidad de la experiencia humana. Es en esta tarea en la que el ser humano ha ido planteando un conjunto de interrogantes, muchos de los cuales han resultado perennes, y a los que ha intentado dar solución a partir de la racionalidad. La insatisfacción ante sus respuestas y la necesidad de profundizar cada vez más en los problemas personales y comunitarios confiere a esta materia singulares rasgos de radicalidad y crítica.

Por tal motivo, el análisis de las funciones que habría de desempeñar esta materia en el primer curso del Bachillerato y sus aportaciones a la consecución de los objetivos de la etapa y a la profundización en aquellas competencias que tienen un carácter más transversal y favorecen seguir aprendiendo, serán esenciales para conjugar la variedad de temas y enfoques propios de la filosofía con la necesaria coherencia epistemológica del currículo, que evite en lo posible la mera yuxtaposición de temas inconexos.

La primera función que habría de desarrollar Filosofía y Ciudadanía es la de instruir y proporcionar competencias que le permitan al alumnado acceder a la información disponible, sabiendo que ha de proceder de manera selectiva, a la vez que ha de poner en tela de juicio cualesquiera ideas y valores, sean propios o ajenos, que no estén avalados por una reflexión profunda y argumentada. En segundo lugar, la materia contribuiría a la integración del conjunto de la realidad en un sistema coherente, cuyo conocimiento le ha sido proporcionado por un abanico de ciencias, artes y técnicas que no son parcelas aisladas de saber sino formas de acercamiento al mundo. Finalmente, debería potenciar el pensamiento autónomo, ajeno a la aceptación acrítica de ideas sancionadas por la autoridad, proceda esta de la tradición, del número, o de los medios de comunicación.

Para cumplir con éxito las funciones mencionadas, amén del trabajo personal que el estudio siempre representa, es preciso construir una red de conceptos propios del lenguaje filosófico con los que poder pensar más allá de la inmediatez cotidiana; se dejaría atrás el conocimiento de sentido común para pasar a un pensamiento lógicamente estructurado y riguroso, que nos permita explicar o justificar la realidad natural o cultural. Este modo de racionalidad exige un adiestramiento en el uso de la lógica, cuyos principios y reglas son la base del ejercicio deductivo de cualquier discurso argumentativo. Con tales herramientas se facilitaría una acción personal autónoma que ponga en consonancia la madurez de cada individuo con la realidad de la comunidad humana en la que vive.

Una vez descritas las funciones propias de esta materia, es obvio que además de ayudar a conseguir varios objetivos de la etapa, como el espíritu crítico y la madurez personal, también contribuye a la adquisición de competencias generales, como las relacionadas con la competencia en el tratamiento de la información y competencia digital, con la competencia comunicativa y, de una manera muy especial, con la competencia social y ciudadana y con la competencia en autonomía e iniciativa personal. El diálogo filosófico se manifiesta como una continua colaboración en la búsqueda de la verdad. La propia dimensión dialogante de la filosofía y el ejercicio de la ciudadanía llevan implícitos la aceptación de la pluralidad, es decir, el respeto por las distintas opiniones. En el dogmatismo no cabe diálogo. En este sentido, nuestra época procura situar la actividad filosófica en un contexto cultural y social complejo y abierto, en el que predomine la tolerancia de las diversas culturas y civilizaciones. Se tiende a rechazar, cada vez con mayor fuerza, todo exclusivismo, toda discriminación ideológica y todo atisbo de etnocentrismo, tratando de extender a la vida diaria de los centros el concepto de ciudadanía y el ejercicio práctico de la democracia, estimulando la participación y el compromiso del alumnado.

La argumentación, la actitud interrogativa y el diálogo son especialmente útiles para una sociedad abierta como la nuestra, condicionada por la diversidad creciente, la multiplicación de las fuentes de información y de las posibilidades de comunicación abiertas por las nuevas tecnologías en un mundo globalizado. Es necesario que el alumnado posea medios para analizar, organizar y seleccionar la ingente cantidad de información y la diversidad de puntos de vista que sobre casi todos los asuntos se encuentran a su alcance.

La afirmación kantiana de que no se aprende filosofía, sino que se aprende a filosofar, conserva toda su actualidad si se la interpreta no como la descripción de un hecho, sino como una norma para la docencia: lo que importa no es tanto transmitir, repetir y recitar tesis, sino producir y recrear la actividad por la que este saber se lograría, formular claramente los problemas que subyacen a cada propuesta teórica, fomentar la adquisición de hábitos por los que el alumnado puede convertirse no en espectador, sino en partícipe y actor del proceso de clarificación de los problemas.

Resulta evidente, pues, que no se trata de una materia puramente teórica, sino globalizadora y práctica, tratando de extender los valores y planteamientos de la ciudadanía a todos los ámbitos y actividades del centro escolar. Además, culminaría las enseñanzas de la educación para la ciudadanía y se iría preparando al alumnado para adentrarse en el estudio de la historia del pensamiento con el que se encontrará en el segundo curso de Bachillerato.

Si admitimos que la filosofía forma culturalmente al alumnado ayudándolo a elaborar críticamente su pensamiento, debe admitirse que ello sólo será posible si partimos de su experiencia, de su pensamiento, lo que aconseja el uso de estrategias tales como plantear los contenidos en forma de problemas o interrogantes abiertos, partir de la experiencia cotidiana, potenciar el intercambio dialógico, propiciar un papel activo del alumnado planteando en el aula actividades de trabajo cooperativo, e introducir nuevos materiales.

Internet y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han dado un vuelco a la búsqueda de la información y su presentación. En la era de la información es necesario considerar la Red como un recurso educativo, como una biblioteca digital al alcance de todas las personas para favorecer en el alumnado el desarrollo de procedimientos de búsqueda y selección de información.

Asimismo debemos potenciar técnicas tales como el subrayado, el esquema, el resumen, la síntesis, la sistematización de los datos, la toma de notas, el trabajo con fichas, etc., profundizando en ellas. Mención aparte merecen las capacidades presentes en el comentario de textos y que debemos propiciar desde un primer momento, en especial el tratamiento de los términos, el análisis de los enunciados y la estructura argumentativa. La capacidad comprensiva y expresiva que se pone en juego mediante el comentario de textos escogidos, pequeñas comunicaciones y disertaciones, y la realización de síntesis de ideas y mensajes, pueden contribuir a desarrollar mentes más lúcidas y preparadas.

Otros procedimientos usuales y provechosos, como el trabajo monográfico o el debate, permiten desarrollar las capacidades verbales del alumnado en relación con la exposición, defensa, crítica, análisis o confrontación de cualesquiera cuestiones filosóficas, incluyendo, desde luego, los problemas del presente y las alternativas racionales de un futuro por decidir. Precisamente, la participación en los debates que se susciten puede ser una base idónea para desarrollar actitudes de escucha, respeto, tolerancia, rigor intelectual y crítica constructiva, así como una capacidad dialéctica mínima.

Los contenidos de la materia se distribuyen en cinco bloques: «Contenidos comunes», «El saber filosófico», «Conocimiento y realidad», «El ser humano: persona y sociedad» y «Filosofía moral y política: democracia y ciudadanía».

El primer bloque está destinado a los «Contenidos comunes» y tiene un carácter instrumental. Se pretende que el alumnado conozca los distintos procedimientos y herramientas, expuestos en párrafos anteriores, que le permitan profundizar, descubrir y conocer todo lo referente a esta materia.

El segundo bloque, «El saber filosófico», ofrece al alumnado una primera aproximación a la peculiaridad del conocimiento filosófico, que desde sus orígenes guarda relación con otros saberes, mítico-religiosos y científicos principalmente, pero no se confunde con ellos. En nuestra sociedad no se puede obviar la reflexión sobre la racionalidad científico-tecnológica porque es el ámbito social y cultural en el que vivimos hoy día. Y ello por una razón evidente, y es que muchos de los problemas sociales, morales y políticos se están replanteando de un modo inédito en el mundo, debido precisamente a los avances de la ciencia y de la tecnología. Conocer, distinguir, valorar, relacionar o comparar los modelos de saber contribuye a tal reflexión.

El análisis de las cuestiones fundamentales de la filosofía, desde el mundo clásico hasta nuestra época, permitirá al alumnado aproximarse a problemas que, independientemente de la actitud que se adopte ante ellos, forman parte de nuestra cultura occidental. Finalizaremos presentando la filosofía como racionalidad teórica y práctica, que se abordará en profundidad en los bloques III y V, respectivamente.

En el tercer bloque, «Conocimiento y realidad», la filosofía como racionalidad teórica nos acerca al estudio de la problemática que suscita el conocimiento humano, tanto desde el punto de vista psicológico como desde una consideración lógico-gnoseológica: temas como el de la verdad, sus posibles criterios y el alcance del conocimiento, tanto científico como filosófico.

Además, se debe hacer comprender al alumnado la relevancia del lenguaje y la necesidad del rigor lógico, la coherencia del discurso y las reglas básicas del razonamiento. Ello nos brinda una oportunidad para trabajar igualmente con los procedimientos propios de la argumentación oral y escrita, en el reconocimiento y formulación de problemas, y en las habilidades y destrezas necesarias para el manejo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. La realidad, entendida como el conjunto de objetividades no realizadas por el ser humano y que constituyen el mundo físico o la naturaleza, es otro de los aspectos a tener en cuenta.

El cuarto bloque, «El ser humano: persona y sociedad», presenta al alumnado una visión de la complejidad de las múltiples dimensiones de la vida humana. No se trata de una simple unión sin más de las variadas vertientes de lo humano, sino de una reflexión sobre lo natural y lo cultural, sobre la base biológica en la que se sustenta toda persona y a la vez sobre las potencialidades extraordinarias de la cultura en todas sus formas y manifestaciones. De ahí que pueda realizarse una consideración científica del ser humano biológica y psicológica para culminar con una antropología filosófica, en la que se planteen temas como la relación entre mente y cuerpo, la persona, libertad y determinismos, etc. Por último, este bloque plantea las diferentes concepciones filosóficas del ser humano elaboradas a lo largo de la historia del pensamiento.

El bloque quinto, «Filosofía moral y política: democracia y ciudadanía», se centra ya totalmente en la filosofía moral, social y política. La ciudadanía, desde la perspectiva filosófica, debe estar fundamentada en la acción libre y responsable de cada ser humano. La moralidad de nuestras acciones es la base que permite la convivencia en comunidad y el respeto a los derechos de las demás personas. Las teorías acerca de la justicia han sido una constante a lo largo de la historia de la filosofía y en los últimos tiempos han adquirido un gran relieve político. La justicia es el quicio filosófico sobre el que giran los temas de la felicidad de cada individuo y el bienestar de toda la comunidad. De ahí su enorme interés para la ética y para la política.

El tema de la construcción filosófica de la ciudadanía ha de tener preferentemente una orientación histórica que resalte los momentos de la historia de Occidente en los que la filosofía ha sabido definir la categoría de ciudadano y ciudadana, desde la Grecia clásica con la democracia ateniense, hasta la ciudadanía global en nuestros días. Por la misma razón, en ese estudio histórico parece lógico resaltar de una manera especial la época de la Ilustración como el momento más importante en la génesis de la construcción filosófica, jurídica y política de la ciudadanía.

En cuanto al Estado democrático y de derecho es importante señalar que, a pesar de todos los defectos que se observan en el funcionamiento de las democracias, suele considerarse en nuestro contexto sociocultural y político como el más adecuado para la convivencia y el pluralismo cultural, moral y religioso en el mundo actual. El estudio de las características esenciales de la democracia y de los conceptos de legalidad y legitimidad debería servir al alumnado para conocer y valorar la democracia de un modo reflexivo y crítico.

Finalmente, sería muy importante realizar un análisis de la íntima conexión entre la democracia mediática y la ciudadanía global en la sociedad actual, ya que ambos elementos forman parte de lo que se ha dado en llamar la democracia cosmopolita; es decir, el intento de conseguir que la ciudadanía democrática llegue de modo efectivo a todos los habitantes de la Tierra y que los derechos y deberes humanos sean efectivamente universales.

Los criterios de evaluación, al vincular todos los demás elementos del currículo, permitirán comprobar la asimilación de los contenidos y el grado de consecución de los objetivos por parte del alumnado, al mismo tiempo que ofrecerán al profesorado pautas generales para su aplicación en el aula. La naturaleza de la materia que nos ocupa, que aspira a globalizar numerosas esferas de la vida humana, requiere de criterios de mayor concreción para medir de modo individual la adquisición de aprendizajes y actitudes que irradian ámbitos muy dispares de lo humano.

Entre las actividades reseñadas en los propios criterios y en sus explicaciones sería conveniente, a la hora de evaluar, insistir fundamentalmente en el comentario de texto y en la disertación filosófica. El comentario de texto filosófico es una fuente de información y punto de partida para la incorporación y el enriquecimiento de las propias ideas en relación con los temas estudiados. En él se desarrollan aspectos relacionados con la comprensión global del texto y de su estructura, el análisis detenido del contenido desde diferentes vertientes: terminológica, argumentativa e ideológica, la síntesis crítica de los elementos analizados y la contextualización que permiten una comprensión global del fragmento, para terminar con la elaboración de conclusiones indicadoras del grado de madurez intelectual del alumnado.

La disertación filosófica y la elaboración de textos personales, en los que el alumnado incorpora sus reflexiones apoyadas en los conocimientos previos, ponen en juego capacidades relacionadas con la argumentación, el descubrimiento de los presupuestos, el análisis de los datos y la reflexión crítica.
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