5. bibliografía básica




descargar 209.94 Kb.
título5. bibliografía básica
página3/8
fecha de publicación22.01.2016
tamaño209.94 Kb.
tipoBibliografía
b.se-todo.com > Documentos > Bibliografía
1   2   3   4   5   6   7   8

DESARROLLO MOTOR.- El desarrollo motor se refiere a la adquisición de habilidades que implican movimientos como asir, gatear y caminar. Las edades promedio en que se alcanzan dichas habilidades se denominan normas del desarrollo. Por ejemplo aproximadamente a los nueve meses el niño promedio puede pararse mientras se sostiene de algo. El gateo ocurre en promedio, a los 10 meses y alrededor del año el niño comienza a caminar. Sin embargo algunos niños normales se desarrollan mucho más rápido que el promedio, mientras que otros se desarrollan con mayor lentitud. Un bebé que está tres o cuatro meses detrás del programa puede ser perfectamente normal, y uno que esta tres o cuatro meses adelante no necesariamente esta destinado a convertirse en estrella del atletismo. En cierto grado los padres pueden acelerar la adquisición de habilidades motoras de los niños proporcionándoles mucho entrenamiento, aliento y práctica. Las diferencias es estos últimos factores parecen explicar la mayor parte de las diferencias trans culturales en la edad promedio en que los niños alcanzan ciertos hitos en el desarrollo motor.
Buena parte del desarrollo motor temprano consiste en sustituir los reflejos por acciones voluntarias. Por ejemplo los reflejos de prensión y marcha dan lugar a la prensión voluntaria y la caminata en el bebé mayor. El desarrollo motor procede de manera proximodistal, es decir de lo más cercano al centro del cuerpo (proximal) a lo más lejano del centro (distal). Por ejemplo el infante al principio tiene un control mucho mayor sobre los movimientos de los dedos. Los bebés comienzan golpeando los objetos cercanos desde que tienen un mes de edad, pero no pueden alcanzarlos con precisión sino hasta que tienen alrededor de cuatro meses. Tardan otro mes o dos antes de que logren asir los objetos que alcanza. Al principio pueden asir con la mano entera pero para el final del primer año son capaces de levantar un objeto diminuto con el pulgar y el índice.

El primer año de vida es especialmente importante para el desarrollo de diferentes rendimientos coordinados,
— Andar a gatas: 1.a fase = adelantar la rodilla (2.º mes).
2.a fase = andar a gatas por el suelo mediante movimientos simétricos de brazos y piernas (8 1/2 meses).
3.a fase = andar a gatas por el suelo sobre las manos y los pies, sin rozarlo con Á vientre (11 meses).
— Estar de pie y andar: por regla general, el niño ya se mantiene en pie unas dos semanas antes de que, primero con ayudas y después sin ellas, aprenda a andar (a los 8-12 meses). Prensión: el niño capta visualmente los objetos hada el mes de edad, a los 2,5 meses intentará golpear el objeto y a los cuatro meses intentará acariciar o rozar el objeto. La prensión dirigida se consigue a los 5 meses de edad. Desempeñan un papel importante los procesos de madurez, pero igualmente importante es el entorno, tanto para el momento de aparición de un rendimiento coordinado como para la consecución de un elevado nivel de rendimiento.


Desarrollo Motriz desde el primero hasta el tercer año de vida
Durante este tiempo, el rendimiento central corresponde al andar.

Tan pronto como empieza el niño a andar, varía su nueva habilidad desde caminar hacia atrás (a los 17 meses de edad) hasta andar sobre las puntas de los pies (a los 30 meses).
«A los 18 meses de edad, el niño intenta correr; los movimientos aún se parecen mucho a los del andar. A los 2-3 años de edad, el niño ha aprendido a correr, pero aún no está en condiciones para detenerse de repente, y a la inversa. A los 5-6 años, aproximadamente, el niño está capacitado para correr, lo mismo que una persona adulta; puede aprovechar esta actividad de forma efectiva en el juego» 2

El niño aprende a saltar y brincar, con todas sus variaciones, a los 2-3 años de edad. A esta edad, también sabe balancearse sobre un pie.
A un niño de tres años de edad todavía le es difícil coger una pelota y darle un golpe con un palo. Este resultado sólo lo conseguirá a los 4-5 años de edad.
El tiempo comprendido entre el primero y el tercer año de vida es un período muy importante para el aprendizaje de todas las variaciones posibles de la coordinación ojo-mano. El niño consigue cada vez mejor la unión de las actividades sensomotrices, para lo cual sabe transformar las percepciones visuales en modelos motores.
Llegados a este punto, nos permitimos aludir a lo que se denomina «privación materna» (aparición de insuficiencias debido a privación de la madre). Hacia finales de la segunda guerra mundial se dieron a conocer unas investigaciones psicológicas sobre el desarrollo, en las que se demostraba que los niños acogidos en orfanatos y hospicios en los que se les prestaban cuidados biológicamente suficientes y que reunían todas las garantías sanitarias e higiénicas, sufrían sin embargo masivamente de trastornos en el desarrollo, permanecían retrasados intelectualmente y no era raro que algunos muriesen a consecuencia de enfermedades infecciosas insignificantes.
Los trastornos en el desarrollo que mostraban los niños albergados en estos asilos eran tan típicos y uniformes en su sintomatología que, durante la época inmediata siguiente, se les dio el nombre de hospitalismo. Las causas fundamentales de estos trastornos en el desarrollo se veían en la deficiente relación madre-hijo. Basándose en ello, inmediatamente después se desarrolló la teoría de que era indispensable una constante y estrecha relación entre madre e hijo para lograr un desarrollo perfecto de la personalidad. Se ha podido demostrar, entretanto, que no es la madre «biológica» la que garantiza el desarrollo psíquico normal del niño, sino que esta función también pueden asumirla otras personas, siempre y cuando ofrezcan al niño la posibilidad de desarrollar unos lazos afectivos por un prolongado espacio de tiempo. Precisamente durante el primer año de vida es extraordinariamente importante para el niño experimentar confianza hacia su entorno y saber que existen personas que pueden satisfacer sus necesidades. Paralelamente al desarrollo de esta «proto confianza», que presupone la existencia constante de una persona de la que el niño espera protección y seguridad, es de una gran importancia un medio ambiente estimulante y lleno de alicientes para el desarrollo de su madurez. Las privaciones mentales o, mejor dicho, las privaciones psíquicas, a las que el niño se halla expuesto durante su primer año de vida, tienen una importancia capital para su posterior desarrollo intelectual y personal.

La maduración se refiere a los proceso biológicos que se despliegan a medida que la persona crece y que contribuyen a secuencias ordenada de los cambios del desarrollo, como la progresión del gateo a los primeros pasos al caminar. Los psicólogos solían creer que la maduración del sistema nervioso central explicaba muchos de los cambios en las habilidades motoras tempranas. Y que el ambiente y la experiencia desempeñaban una parte menor en su aparición. Pero en los años recientes esta visión ha cambiado. Muchos investigadores consideran ahora que el desarrollo motor temprano surge de una combinación de factores dentro y fuera del niño. El niño desempeña un papel activo en el proceso mediante la exploración, descubrimiento y selección de soluciones a las demandas de las nuevas tareas. Por ejemplo un bebé que está aprendiendo a gatear debe averiguar cómo colocar el cuerpo con el estómago separad del suelo y coordinar los movimientos de brazos y piernas para mantener el equilibrio mientras se desplaza hacia delante. El bebé debe descartar o adaptar lo que no funciona, y recordar y retener lo que sí funciona para su uso futuro. Esto dista mucho de creer que el bebé empieza un día a gatear simplemente porque ha alcanzado el punto de “preparación” del proceso de maduración.
Conforme mejora la coordinación, los niños aprenden a correr, saltar y trepar. A los tres

y cuatro años, empiezan a usar las manos para tareas cada vez mas complejas aprenden a ponerse guantes y zapatos, luego a manipular botones, cierres, agujas y lápices.
Gradualmente, mediante una combinación de práctica y la maduración física del cuerpo y el encéfalo adquieren habilidades motoras cada vez más complejas, como montar en bicicleta, patinar y nadar. Para los 11 años algunos comienzan a mostrar gran dominio de estas tareas.
2.2.- DESARROLLO AFECTIVO –SOCIAL - MORAL

Desarrollo afectivo, sexual y social: Se distinguen tres fases:

Fase oral: El niño nace preparado a conservar la vida mamando, y mientras se nutre tiene las primeras relaciones con los demás, creando de este modo un nexo entre afecto y nutrición y entre necesidad de los otros y actividad oral. El niño llevará – para experimentar y comunicar con los demás: todo a la boca, (siente placer).

La relación oral incluye la comunicación a través del tacto, el olor, la posición del cuerpo, el calor, los nexos visuales, el rostro de la madre, etc.

Esta etapa se supera, pero siempre nos quedan rezagos tales como mascar chicle, fumar, llevar objetos a la boca.

Hay casos en que no se supera esta etapa, entonces tenemos el carácter oral como el sujeto totalmente dependiente e inseguro.

Fase anal: Se denomina así porque el niño ya comienza a controlar sus esfínteres y obtiene un placer reteniendo los movimientos intestinales que estimulaban la mucosa anal.

Hay que tener en cuenta que el efectivo control de la defecación se alcanza sólo luego que ha sido posible el control muscular a través de la maduración de los rasgos nerviosos de la médula espinal. Por tanto una educación prematura a la limpieza lleva a fijar a la persona en el carácter anal; por ejemplo: El avaro. El coleccionar objetos es un rezago de analidad.

Fase elíptica: El infante desarrolla un intenso amor por el progenitor del sexo opuesto. El niño se apega a la madre y la niña al padre.

El niño es posesivo, de aquí que el padre es sentido un intruso y un rival (complejo de edipo). En esta rivalidad frente al padre, el niño teme ser destruido por el padre (complejo de castración). Al mismo tiempo nace una angustia en el niño o por el temor confirmado de poder ser destruido por el padre o por su hostilidad frente a un padre que, pese a todo, lo quiere (sentimiento de culpa). Finalmente el niño descubre que para llegar a poseer a su madre tiene que llegar a ser todo un hombre como su padre (principio de identificación). Aquí es cuando el niño comienza a interiorizar las normas de los padres conformándose el "super yo". Analógicamente se llega a la identificación de la niña con su madre.

La mayoría de los problemas en las etapas posteriores tienen su origen en un Edipo no resuelto. Son manifestaciones de una fijación en esta etapa cuando hay falta de identificación con su propio sexo. Concluimos afirmando que, en esta etapa, el niño aprende a ser varón y la niña a ser mujer.3
Aprender a interactuar con los otros es un aspecto importante del desarrollo en la niñez. Al inicio de la vida, las relaciones más importantes de los niños son con sus padres y otros cuidadores. Para el momento en que tienen tres años, sus relaciones importan­tes se han expandido para incluir a hermanos, compañeros de juegos y otros niños y adultos fuera de la familia. Su mundo social se expande aún más cuando inician la es­cuela. Como veremos, el desarrollo social implica tanto a las relaciones actuales como a otras nuevas o cambiantes.
Relaciones padre hijo en la infancia desarrollo del apego

Los animales jóvenes de muchas especies siguen a sus madres gracias a la impronta. Poco después de que nacen o salen del cascarón forma un fuerte vínculo con el primer objeto en movimiento que ven. En la naturaleza, este objeto suele ser la madre, la primera fuente de alimentación y protección. Pero en los experimentos de laboratorio se han desarrollado en incubadoras cierras especies ele animales como los gansos, y se han imprentado con señuelos, jugue­tes mecánicos e incluso con seres humanos. Estos gansos siguen fielmen­te a su "madre" humana sin mostrar interés alguno por las hembras adultas de su propia especie.
Los recién nacidos humanos no se improntan con el primer objeto en movimiento que ven, pero gradualmente forman un apego, o vínculo emocional, con la gente que los cuida (independientemente del género del cuidador). Este apego se construye luego de muchas horas de interac­ción durante las cuales el bebe y el padre llegan a estable­cer una relación estrecha. Las señales de apego son evidentes a la edad de seis meses o incluso antes. El bebé reaccionará con sonrisas y arrullos ante la aparición del cuida­dor y con lloriqueos y miradas compungidas cuando se aleja. Alrededor de los siete meses la conducta de apego se vuelve más intensa.

De manera ideal, en el primer año de vida, los bebés aprenden a confiar en que la madre y otros cuidadores primarios estarán ahí cuando se les necesite. El psicólogo Erikson lo llamó el desarrollo de la confianza básica). Si las necesidades del bebé por lo general se satisfacen, desarrollará fe en la gente y en sí mismo. Verá el mundo como un lugar seguro y confiable y tendrá optimismo acerca del futuro. En contraste, los bebés cuyas necesidades que por lo re­gular no se satisfacen, debido quizá a que el cuidador es insensible o a que se ausenta con frecuencia, crecerán siendo temerosos y abiertamente ansiosos acerca de su segu­ridad. Erikson se refería a esos dos posibles resultados como confianza frente a descon­fianza.
A medida que los bebés desarrollan la confianza básica, se ven liberados de la preo­cupación por la disponibilidad del cuidador. Llegan a descubrir que hay otras cosas de interés en el mundo. Con cautela al principio, y luego de manera más audaz, se alejan de sus cuidadores para investigar objetos y personas que los rodean. Esta exploración es la primera indicación de que el niño está desarrollando autonomía, o un sentido tic independencia. Aunque la autonomía y el apego parecen opuestos, en realidad están íntimamente relacionados. El niño que ha formado un apego seguro con un cuidador puede explorar el ambiente sin temor.
Los niños que tienen un apego inseguro hacia su madre tienen menor probabilidad de explorar un ambiente desconocido incluso cuando la madre esté presente. Además, si se les deja en un lugar desconocido, casi todos los niños llorarán y se negarán a ser consolados, pero el niño con apego inseguro tiene mayor probabilidad de seguir llorando incluso después de que la madre regrese, empujándola con enojo o ignorándola por completo. En contraste, es más probable que un niño de 12 meses con apego seguro corra hacia la madre que regresa para recibir un abrazo y palabras tranquilizadoras para comenzar de nuevo a jugar alegremente.
1   2   3   4   5   6   7   8

similar:

5. bibliografía básica iconBibliografía básica

5. bibliografía básica iconBibliografía básica

5. bibliografía básica iconBibliografía básica recomendada

5. bibliografía básica iconBibliografía básica de biodanza

5. bibliografía básica iconBibliografía básica recomendada 134

5. bibliografía básica iconBibliografía básica para elaborar el wiki

5. bibliografía básica iconLa bibliografía básica que puede ayudar a preparar sus argumentos son

5. bibliografía básica iconBibliografía básica: Historia general de la Pedagogía17ava Edición....

5. bibliografía básica iconBibliografía básica: Historia general de la Pedagogía17ava Edición....

5. bibliografía básica icon3. Bibliografía citada en estos apuntes y bibliografía adicional




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com