5. bibliografía básica




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La importancia del apego seguro al inicio de la vida se hace evidente muchos años después. Estudios realizados con niños de uno a seis años de edad han demostrado que los niños que a los 12 meses formaron un apego seguro con su madre más tarde tendían a sentirse más cómodos con otros niños, más interesados en explorar nuevos juguetes y más entusiastas y persistentes al presentarles nuevas tareas.
Aproximadamente a los dos años de edad, los niños empiezan a afirmar su creciente independencia, volviéndose muy negativos ante las interferencias de los padres. Se rehúsan a todo: a ser vestidos (“No!”), a ir a dormir (“No!”), a usar la bacinica (“No!”). El resultado habitual de esas primeras declaraciones de independencia es que los padres empiezan a disciplinar al niño. Se dice a los niños que tienen que comer e ir a la cama a horas particulares, que no deben jalar la cola del gato o patear a su hermana y que deben respetar los derechos de otras personas. El conflicto entre la necesidad de paz y orden de los padres y el deseo de autonomía del niño a menudo genera dificultades. Pero es un primer paso esencial en la socialización, el proceso mediante el cual los niños aprenden las conductas y actitudes apropiadas para su familia y su cultura.

Relaciones entre padre e hijo en la niñez.- A medida que los niños crecen, se expande su mundo social. Juegan con hermanos y amigos, van a la guardería o a un centro de atención diurna y luego ingresan al jardín de niños. Erikson veía la etapa entre los tres y seis años como una de creciente iniciativa rodeada por un potencial para la culpa (iniciativa frente a culpa). Los niños de esta edad participan cada vez más en esfuerzos independientes encauzados a cumplir metas (hacer planes, emprender proyectos, dominar nuevas destrezas), que van desde montar en bicicleta a poner la mesa, dibujar, pintar y escribir palabras simples. El aliento que los padres den a esas iniciativas conduce a una sensación de alegría al iniciar nuevas tareas. Pero si a los niños se les critica y regaña continuamente por las cosas que hacen mal, pueden desarrollar fuertes sentimientos de indignidad, resentimiento y culpa. En opinión de Erikson, el mayor desafío de esta etapa es evitar esos sentimientos negativos.
La relación entre la conducta de los padres y la conducta y actitud de los niños ha sido el tema de investigaciones exhaustivas. Por ejemplo, Diana Baumrind (1972, 1991, 1996) identificó cuatro estilos básicos de crianza:
Padres autoritarios, que controlan con rigidez la conducta de sus hijos e insisten en la obediencia incuestionable. Es probable que los padres autoritarios críen niños que por lo general tienen malas habilidades de comunicación, son malhumorados, retraídos y desconfiados.
Los padres permisivos-indiferentes ejercen muy poco control y no ponen límites a la conducta de sus hijos. También son negligentes y poco atentos, proporcionando poco apoyo emocional a sus hijos. Los hijos de padres permisivos-indiferentes tienden a ser claramente dependientes y a carecer de habilidades sociales y auto- control.
Los padres permisivos-indulgentes brindan a sus hijos mucha atención y apoyo, pero no establecen límites apropiados a su conducta. Los hijos de padres permisivos-indulgentes tienden a ser inmaduros, irrespetuosos, impulsivos y fuera de control.
Los padres con autoridad de acuerdo con Baumrind, representan el estudio más exitoso. Los padres con autoridad proporcionan estructura de orientación sin ser abiertamente control a do res. Escuchan las opiniones de sus hi­jos y explican sus decisiones, pero es claro que los que establecen las reglas y las hacen cumplir.

Aunque existen muchos estudios que demuestran una rela­ción entre la conducta de los padres y el desarrollo del niño, es importante ser cautelo­so al extraer conclusiones acerca de la causalidad de esos datos. En primer lugar. Los padres no determinan por sí solos la relación entre padre e hijo: los niños también la afectan. Los padres no actúan de la misma manera hacia todos los niños de la familia (aunque traten de ha­cerlo), ya que cada niño es un individuo diferente. Es más probable que un niño consi­derado y responsable genere un estilo de crianza con autoridad, mientras (pie un niño impulsivo con el que es difícil razonar probablemente producirá un estilo autoritario. Por ejemplo, los niños con trastornos de conducta se encuentran con respuestas con­trol adoras de muchos adultos, incluso de aquellos (pie no se comportan de manera controladora con sus hijos. De esta forma, los niños influyen en la con­ducta de sus cuidadores al mismo tiempo que los cuidadores los influyen.

En segundo lugar, existen muchas investigaciones que indican que la importancia de los padres es sobreestimada. Una versión extrema de esta posición se describe en un libro controvertido titulado The Nurtitrc Asstimption, de Judith Rich. Harris, Harris afirma que los padres tienen poca influencia en la perso­nalidad de sus hijos (excepto por su contribución genética). Más bien, argumenta que los pares son el factor clave en el desenvolvimiento de la personalidad adulta.
A una edad muy temprana los bebés empiezan a mostrar interés por otros niños, pero las habi­lidades sociales que se requieren para jugar con ellos sólo se desa­rrollan gradualmente. Los niños pri­mero juegan solos; esto se llama juego solitario. Luego, entre el año y medio y los dos años, empiezan a participar en el juego pa­ralelo, es decir, juegan uno al latió de otro, haciendo cosas iguales o similares, pero sin interactuar mucho.
Para los tres o tres años y medio, participan en el juego coo­perativo, incluyendo juegos que implican imaginación de grupo como al "jugar a la casita".
Los hermanos están entre los primeros pares que encuentra la mayoría de los niños. La calidad de las relaciones entre hermanos puede tener un impacto importante, en especial en la forma en que los niños aprenden a relacionarse con otros pares. Las relacio­nes entre hermanos por lo regular son las más compatibles cuando otras relaciones dentro de la familia son buenas, incluyendo las existentes entre esposos y entre padres e hijos. Los hermanos también se: influyen de manera indirecta, simplemente por el orden cíe nacimiento. En general, los primogénitos tienden a ser más ansiosos y temerosos del daño físico, pero también más capaces en los aspectos intelectuales y más orientados al logro que sus hermanos menores. Entre los varones, los primogénitos también tienden a ser más creativos. Esas diferencias probablemente tengan que ver con la atención adicional (negativa y positiva) que los padres tienden a sus primogénitos.
Las influencias de los pares fuera de la familia se incrementan considerablemente cuando los niños empiezan a ir a la escuela. Ahora están bajo gran presión para formar parte de un grupo de pares. En los grupos de pares los niños aprenden muchas cosas valiosas, como participar en actividades cooperativas dirigidas a metas colectivas y a negociar los roles sociales de líder y seguidor. A medida que los niños crecen, desarrollan una comprensión más profunda del significado de la amistad. Para los preescolares un amigo es sim­plemente "alguien con quien jugar", pero alrededor de los siete años los niños empie­zan a darse cuenta de que los amigos "hacen cosas" por el otro. Sin embargo, en esta edad, todavía egocéntrica, los amigos son definidos principalmente como personas que "hacen cosas por mí". Más tarde, alrededor de los nueve años, los niños llegan a entender que una amistad es algo recíproco y que, si bien los amigos hacen cosas por nosotros, también se espera que hagamos cosas por ellos. Durante esos años tempranos, las amistades a menudo vienen y van a velocidad vertiginosa; perduran sólo el tiempo que tardan en satisfacerse las necesidades. No es sino hasta la niñez tardía o el inicio de la adolescencia que la amistad se ve como una relación social estable y continua que requiere apoyo y confianza mutuas.
Tener éxito al hacer amigos es una de las tareas que Erikson consideraba de central importancia para los niños entre las edades de siete y 11 años, la etapa de la laboriosidad frente ti ¡a inferioridad. A esta edad, los niños deben dominar muchas habilidades cada vez más difíciles, una de las cuales es la interacción social con los pares. Otras tienen que ver con el dominio de las habilidades académicas en la escuela, cumplir las respon­sabilidades crecientes que se les imponen en el hogar y aprender a hacer varias tareas que necesitarán cuando lleguen a la vida adulta independiente. En opinión de Erikson, si los niños se ven desalentados en sus esfuerzos para prepararse para el mundo adulto, pueden concluir que son inadecuados o inferiores y perder la fe en su poder para volver­se autosuficientes. En cambio, aquellos cuya laboriosidad es recompensada desarrollan un sentido de competencia y seguridad en sí mismos.
Hemos visto que los pares tienen un efecto significativo en el desarrollo. ¿Se deriva de esto, como Harris argumenta , que los padres importan muy poco . Que es más probable que los niños imiten la conducta de sus pares porque éstos son sus futuros colaboradores y son responsables de crear la cultura en la que finalmente vivirán. Para apoyar su posición, cita estudios que demuestran que el mejor factor de predicción de que un adolescente se convierta en fumador es el hecho de que sus pares fumen y no los hábitos de sus padres.
La mayoría de los psicólogos rechazan dicha posición extrema. Por ejemplo, señalan estudios que demuestran que los padres tienen una influencia significativa en la personalidad de un niño, incluso ante la fuerte influencia de los pares, supervisando y amortiguando sus efectos negativos. Más aún, la mayoría de los psicólogos del desarrollo creen que la influencia de los pares es sólo un ejemplo de una clase mucho más amplia de factores ambientales llamada el ambiente no compartido.
Es probable que incluso los niños que crecen en el mismo hogar, con los mismos padres, tengan relaciones humanas cotidianas muy diferentes, y que este ambiente no compartido tenga un efecto significativo en su desarrollo. Una revisión de la investi­gación concluye que "el mensaje no es que las experiencias familiares no son impor­tantes". Más bien, las influencias ambientales cruciales que moldean el desarrollo de la personalidad son "específicas para cada niño, en lugar de generales para la familia en­tera".

Los niños en familias de doble ingreso.- La mayoría de las familias de doble ingre­so deben encomendar a sus hijos pequeños al cuidado de alguien más por un porcentaje considerable de sus horas de vigilia. En Estados Unidos, más de la mitad de los niños entre el nacimiento y el tercer grado pasan cierto tiempo bajo el cuidado regular de personas distintas a sus padres. ¿Es buena idea dejar a los bebés y los niños muy pequeños con cuidadores sustitutos?
Algunas investigaciones muestran claros beneficios para los hijos de madres que trabajan, incluso si los niños son todavía muy pequeños. Por ejemplo, los hijos de madres empleadas tienden a ser más independientes y confiados y. tener visiones menos estereotipadas de hombres y mujeres. Más aún, los hijos de madres trabajadoras que son colocados en una guardería de calidad, incluso a una edad muy temprana, no son más propensos que los niños criados en su hogar a desarrollar problemas de conducta o a tener problemas. No obstante, ha existido preocupación de que estar en manos de cui­dadores Riera de la familia inmediata interfiera con el desarrollo del apeno seguro y ponga a los niños en mayor riesgo de desajuste emocional. Pero de acuerdo ¡i los hallazgos de un estudio longi­tudinal a gran escala, dejar a un bebé durante tiempo completo una guardería, incluso en los primeros meses de vida, no socava por sí mismo el apego.
Los padres que trabajan y sus bebés todavía tienen una amplia oportunidad de efectuar el intercambio diario de sentimientos positivos sobre los cuales se construye el apego seguro. Sin embargo, cuando una madre generalmente proporciona un cuidado basa­do en la insensibilidad, es aún más probable que su bebé desarrolle un apego inseguro si el niño también experimenta un cuidado diurno extensivo, en especial si éste es tic mala calidad o si las características del cuidado son cambiantes. Una conclusión, entonces, es que la calidad del cuidado cuenta. Es probable que un ambiente seguro, afectuoso y estimulante produzca niños saludables, sociables, listos para aprender, de la misma manera que es probable que un ambiente que propicia temores y dudas atrofie el desarrollo.

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DESARROLLO MORAL.-

Uno de los cambios importantes en el pensamiento que ocurre durante la niñez y la adolescencia es el desarrollo del razonamiento moral, este tipo de desarrollo a sus participantes históricas que ilustraban complejos morales. El “dilema de Heinz” es la historia más conocida:

En Europa, una mujer estaba a punto de morir de cáncer. Un medicamento podía salvarla, una forma de radio que un farmacéutico de la misma ciudad había descubierto recientemente. El farmacéutico la vendía en $ 2.000, diez veces más de lo que le costó elaborarla. El esposo de la mujer enferma, Heinz les pidió a todos sus conocidos que le prestaran el dinero, pero sólo pudo reunir la mitad del precio. Le dijo al farmacéutico que su esposa estaba muriendo y le pidió que se le vendiera más barata o que le permitiera pagarle después. Pero el farmacéutico se negó. El esposo se desesperó y se introdujo en la farmacia a robar el medicamento para su esposa.

A los niños y adolescentes que escucharon esta historia se les preguntó “¿Debería el esposo haber hecho eso? ¿Por Qué?.
Sobre la base de las respuestas de sus participantes a esas preguntas (en particular la segunda “¿por qué?”) propuso que el razonamiento moral se desarrolla en etapas en forma muy parecida a la explicación que Piaget dio del desarrollo cognoscitivo.
Nivel Preconvencional.- Los niños preadolescentes están en lo que Kohlberg llamó el nivel preconvencional del razonamiento moral .Tienden a interpretar la conducta en términos de sus consecuencias concretas. Los niños menores en este nivel basan sus juicios de la conducta “buena” y “mala” en el hecho de que se reciba una recompensa o un castigo. Los niños algo mayores todavía en este nivel, guían sus elecciones morales sobre la base de lo que satisface necesidades en particular las suyas.
Nivel Convencional.- Con la llegada de la adolescencia y el cambio al pensamiento de las operaciones formales, se establece el escenario para avanzar al segundo nivel de razonamiento moral; el nivel convencional. En este nivel el adolescente define al principio la conducta correcta como la que agrada o ayuda a los demás y que es aprobada por ellos. Hacia la mitad de la adolescencia se da otro cambio hacia la consideración de varias virtudes sociales abstractas, como ser un “buen ciudadano” y respetar la autoridad. Ambas formas de razonamiento moral convencional requiere la habilidad para pensar en valores abstractos como “deber” y “orden social”, considerar las intensiones que están detrás de la conducta y ponerse en “los zapatos de la otra persona”.
Nivel Posconvencional.- El tercer nivel de razonamiento moral, el nivel posconvencional requiere una forma aún más abstracta de pensamiento. Este nivel se caracteriza por un énfasis en principios abstractos como la justicia, la libertad y la igualdad. Los estándares morales personales y profundamente arraigados se convierten en los criterios para decidir qué es lo bueno y lo malo. El que esas decisiones correspondan a las reglas y leyes de una sociedad particular es irrelevante. Por primera vez las personas pueden tomar conciencia de las discrepancias entre los que juzgan que es moral y lo que la sociedad ha determinado que es legal.
Críticas a la teoría de Kohlberg

Las opiniones de Kohlberg han sido criticadas por varias razones. En primer término la investigación indica que muchas personas de nuestra sociedad, adultos y adolescentes, nunca progresan más allá del nivel convencional de razonamiento moral. ¿Significa esto que esas personas son moralmente “subdesarrolladas” como implicará la teoría de Kohlberg”.
Segundo, la teoría de Kohlberg no toma en consideración las diferencias culturales en los valores puso las consideraciones de "justicia" el nivel más alto del razonamiento moral. Sin embargo, los investigadores descubrieron que, en Nepal, un grupo de monjes adolescentes budistas asignaban el mayor valor moral a aliviar el sufrimiento y mostrar compasión, conceptos que no tienen cabida al esquema tic desarrollo moral.
Tercero, la teoría de Kohlberg ha sido criticada por sexista. Kohlberg encontró que los muchachos por lo regular obtenían calificaciones más altas que las chicas en su prueba del desarrollo moral. De acuerdo con esto se debe a que los muchachos están más inclinados a basar sus juicios morales en el concepto abs­tracto de justicia, mientras que las muchachas tienden a basar el suyo más en los criterios de mostrar interés por los demás y la importancia de mantener las relaciones personales En opinión de Gilligan, no hay razón válida para asumir que una de esas perspectivas es moralmente superior a la otra. Aunque la investigación posterior ha encontrado que las diferencias de género en el pensamiento moral tienden a disminuir en la edad adulta permanecen las preocupaciones por el sesgo de género en la teoría.
La investigación más reciente sobre el desarrollo moral ha avanzado en la dirección de ampliar el énfasis de Kohlberg en los cambios en el razonamiento moral. Esos investigadores están interesados en los factores que influyen en las elecciones morales en la vida diaria y en el grado en que esas elecciones realmente se ponen en práctica. En otras palabras, quieren entender la conducta moral tanto como el pensamiento moral.
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