5. bibliografía básica




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Individuos de desarrollo temprano y tardío Los individuos difieren mucho en la edad en la que pasan por los cambios de la pubertad. Algunas niñas de 17 años y varo­nes de 14 siguen pareciendo niños, mientras que otros de su edad ya se van como mu­jeres y hombres jóvenes. Entre los varones, la maduración temprana tiene ventajas psicológicas. Los niños que maduran temprano se desempeñan mejor en deportes y actividades sociales, al tiempo que reciben mayor respeto de sus pares. Para las niñas, la maduración temprana parece implicar ventajas y des­ventajas. Una niña que madura temprano quizá sea admirada por otras niñas, pero es probable que sea sometida por los niños a un trato embarazoso como objeto sexual.

Actividad sexual de los adolescentes El logro de la capacidad de reproducción es probablemente el desarrollo más importante en la adolescencia. Pero la sexualidad es un tema confuso para los adolescentes en nuestra sociedad. Hace 50 años, se esperaba que los jóvenes pospusieran la expresión de sus necesidades sexuales hasta que fueran adul­tos responsables y casados. Desde entonces, han ocurrido cambios importantes en las costumbres sexuales. Tres cuartas partes de todos los varones y más de la mitad de todas las mujeres entre los 15 y 19 años han tenido relaciones sexuales; la edad promedio pa­ra la primera relación sexual es de 16 años para los varones y de 17 para las muchachas.
Los varones y las muchachas tienden a ver de manera significativamente diferente su conducta sexual temprana. Menos chicas de bachilléralo que mu­chachos reportan sentirse bien acerca de sus experiencias sexuales (el 46 por ciento frente al 65 por ciento). De manera similar, más chicas que muchachos dijeron que de­berían haber esperado hasta ser mayores antes de tener sexo (el 65 por ciento en com­paración con el 48 por ciento).
3.2.- CAMBIOS COGNOSCITIVOS
Así como el cuerpo madura durante la adolescencia, también lo hacen los patrones de pensamiento. Como vimos antes, Piaget (1969) creía que para mucha gente la adoles­cencia marca el inicio del pensamiento de las operaciones formales, lo cual a su vez permite a los adolescentes entender y manipular conceptos abstractos, especular acer­ca de posibilidades alternativas y razonar en términos hipotéticos. Sin embargo, no to­dos los adolescentes alcanzan la etapa de las operaciones formales y muchos de los que lo hacen no logran aplicar el pensamiento de las operaciones formales a los problemas cotidianos que enfrentan. En particular, es menos proba­ble que los adolescentes más jóvenes sean objetivos acerca de cuestiones que les atañen y que aún no hayan alcanzado una comprensión profunda de las dificultades implicadas en los juicios morales.
Además, en los que alcanzan el pensamiento de las operaciones formales, este avance tiene sus riesgos, entre ellos la confianza excesiva en las nuevas capacidades mentales y la tendencia a atribuir demasiada importancia a los propios pensamientos. Algunos adolescentes no logran darse cuenta de que no todos piensan como ellos y que otras personas pueden tener opiniones diferentes (Harris y Liebert, 1991). Piaget llamó a esas tendencias el "egocentrismo de las operaciones formales"
David Elkind (1968, 1969) utilizó la noción del egocentrismo adolescente para ex­plicar dos falacias del pensamiento que había advertido en este grupo de edad. La pri­mera es la audiencia imaginaria, la tendencia de. los adolescentes a sentir que son constantemente observados por los demás, que la gente siempre está juzgando su apa­riencia y su conducta. Este sentimiento de estar permanentemente "en escena" es la fuente de buena parte de la conciencia de sí mismo, de la preocupación por la aparien­cia personal y de su fanfarronería.
La otra falacia del pensamiento adolescente es la fábula personal, el sentido irreal de su propia singularidad. Por ejemplo, un adolescente a menudo cree que los otros no pueden entender el amor que siente hacia el novio o la novia porque ese amor es único y especial. Esta visión está relacionada con el sentimiento de invulnerabilidad que mencionamos antes. Muchos adolescentes creen que son tan diferentes del resto de la gente que no serán tocados por las cosas negativas que les suceden a los demás. Este sentimiento de invulnerabilidad es congruente con los riesgos temerarios que co­rren las personas de este grupo de edad.

3.3.- DESARROLLO SOCIAL, CULTURAL Y DE LA PERSONALIDAD

Los adolescentes están ansiosos por independizarse de sus padres, pero al mismo tiempo temen las responsabilidades de la vida adulta. Tienen muchas tareas importan­tes frente a ellos y muchas decisiones importantes que tomar. Sobre todo en una socie­dad tecnológicamente avanzada como la nuestra, este periodo supone cierto estrés. Pero con exactitud, ¿qué tan estresante es esta etapa de la vida para la mayoría de los adolescentes?
¿Cuán tormentosa y estresante es la adolescencia? Al principio del siglo XX, mucha gente veía la adolescencia como una época de gran inestabilidad y fuertes emo­ciones. Por ejemplo, uno de los primeros psicólogos del desarrollo, describía la adolescencia como un periodo de "tormenta y estrés", cargado de sufrimiento, pasión y rebeldía contra la autoridad adulta. Sin embarco, la investigación reciente sugiere que la visión de la "tormenta y estrés" exagera mucho las experiencias la mayoría de los adolescentes. La gran mayoría de los adolescentes no describen su vida como llena de agitación y caos. Casi todos se las arreglan para mantener el estrés bajo control, experimentan poca perturbación en su vida cotidiana y por lo general tienen un desarrollo más positivo de lo que suele creerse. Por ejemplo, un estu­dio transcultural que muestreó a adolescentes de 10 países, incluido Estados Unidos, encontró que más del 75 por ciento de ellos tenía autoimágenes saludables, eran por lo general felices y valoraban el tiempo que pasaban en la escuela y el trabajo.
Sin embargo, la adolescencia va acompañada inevitablemente de cierto grado de estrés relacionado con la escuela, la familia y los pares, y este estrés, en ocasiones, es di­fícil de manejar. Pero los individuos difieren en su capacidad para afrontar incluso las peores condiciones. Algunos jóvenes son particularmente resilientes y capaces de superar grandes obstáculos, en parte por una tuerte creencia en su propia ca­pacidad para mejorar las cosas. En contraste, aquellos cuyo desarrollo previo ha sido estresante son propensos a experimentar mayor estrés durante la ado­lescencia. De esta forma, el grado de lucha durante el crecimiento que debe enfrentar cualquier adolescente es resultado de una interacción de los reto del desarrollo, por un lado, y factores que promueven la resiliencia, por el otro.
3.4.- FORMACIÓN DE LA IDENTIDAD
Para hacer la transición de la dependencia de los padres a la dependencia de uno mismo, el adolescente debe desarrollar un sentido estable del yo. Este proceso se denomi­na formación de la identidad, un término derivado de la teoría de Erikson, la cual considera que el principal desafío de esta etapa de la vida es la identidad frente a la con­fusión de roles. La pregunta abrumadora para el joven se convierte en "¿Quién soy?" En opinión de Erikson, la respuesta viene de la integración de diferen­tes roles (por ejemplo, estudiante talentoso de matemáticas, atleta y artista o político liberal y aspirante a arquitecto) en un todo coherente que se constituye de manera ar­moniosa. La incapacidad para formar este sentido coherente de identidad da lugar a confusión acerca de los roles.
Marcia en 1980 cree que la adquisición de la identidad requiere un periodo de intensa autoexploración llamado crisis de identidad. Reconoce cuatro resultados po­sibles de este proceso. Uno es la adquisición de identidad. Los adolescentes que han alcanzado este estatus pasaron por la crisis de identidad y tuvieron éxito al hacer elecciones personales acerca de sus creencias y metas. Se sienten cómodos con esas elecciones por­que son suyas. En contraste, se encuentran los adolescentes que tomaron la ruta de la exclusión de la identidad. Optaron prematuramente por una identidad que los otros les proporcionaron. Se convirtieron en lo que los demás deseaban para ellos sin pasar por una crisis de identidad. Otros adolescentes se encuentran en moratoria con respecto a la elección de una identidad. Se encuentran en el proceso de explorar activamente varias opciones de roles, pero todavía no se han comprometido con ninguno de ellos. Por úl­timo, se encuentran los adolescentes que experimentan difusión de la identidad. Evitan considerar las opciones de roles de manera consciente. Muchos se sienten insatisfe­chos con esta condición, pero son incapaces de iniciar una búsqueda para "encontrar­se". Algunos recurren a actividades escapistas como el abuso de drogas o del alcohol. Por supuesto, el estado de identidad de cualquier adolescente puede cambiar a lo largo del tiempo conforme la persona madura o tiene regresiones.
Relación con los pares.- Par la mayoría de los adolescentes, el grupo de pares conforma una red de apoyo social y emocional que le ayuda en el movimiento hacia una mayor independencia de los adultos y en la búsqueda de una identidad personal.

Pero las relaciones con los pares caminan durante los niños de la adolescencia. Los grupos de amigos en la adolescencia temprana tienden a ser pequeños grupos de un solo sexo, llamados pandillas, van consolidándose y se convierten en un espacio para la confidencialidad mutua a medida que los adolescentes desarrollan las capacidades cognoscitivas para entenderse mejor ellos mismos y a los demás. Luego, en la adolescencia intermedia las pandillas de un solo sexo por lo general terminan y dan lugar a grupos mixtos. A su vez, estos últimos son reemplazados por grupos que constan de parejas. Entre los 16 y los 17 años, la mayoría de los adolescentes inician patrones de no­viazgo más estables. Al dejar de estar orientados hacia el grupo y tener mayor confianza en su madurez sexual, comienzan a ganar competencia en las rela­ciones de largo plazo. Algunos deciden incluso casarse antes de los 20 años. Pero esos matrimonios prema­turos tienen una tasa muy alta de fracaso en comparación con los matrimonios entre personas en sus 20 o 30.
Relaciones con los padres.- Mientras aún buscan su propia identidad luchan por su independencia y aprenden a pensar a través de las consecuencias a largo plazo de sus acciones, los adolescentes requieren orientación y estructura de los adultos, en espe­cial de sus padres. Pero ser el padre de un adolescente está lejos de ser sencillo. En su lucha por la independencia, los adolescentes cuestionan todo y ponen a prueba cada regla. A diferencia de los niños pequeños que creen que sus padres lo saben todo y que son todopoderosos y buenos, los adolescentes están muy conscientes de los defectos de sus padres. Se requieren muchos años para que los adolescentes vean a sus padres como personas reales con sus propias necesidades, cualidades y limitaciones De hecho, a muchos jóvenes adultos les sorprende que sus padres se hayan vuelto tan listos en los últimos siete u ocho años.
El punto más bajo de la relación entre padres e hijos por lo general ocurre en la adolescencia temprana cuando están ocurriendo los cambios físicos de la pubertad. Luego disminuye la calidez de la relación entre padres e hijo y surge el conflicto. Las relacio­nes cálidas y cariñosas con adultos fuera del hogar, como las que se entablan en la escuela o en un centro comunitario supervisado, son valiosas para los adolescentes durante este período. Sin embargo los conflictos con los padres tienen a ser por cuestiones de poca importancia y por lo regular no son intensos. Solo en una pequeña minoría de familiar la relación entre padres e hijos deterioran considerablemente durante la adolescencia.

3.5.- ALGUNOS PROBLEMAS DE LA ADOLESCENCIA.
La adolescencia es una época en que surgen ciertos tipos de problemas del desarrollo, en especial problemas que tienen que ver con la autopercepción, los sentimientos acerca del yo y las emociones negativas en general.

Embarazo y maternidad en la adolescente Desde finales de la década de 1950, la tasa de maternidad ha disminuido considerablemente entre las mujeres de 15 a 19 años, de 96 en cada 1,000 mujeres en 1957 a 49 por cada 1,000 en el 2000. La tenden­cia es generalizada y afecta a todas las razas y grupos étnicos y a las mujeres de todo Estados Unidos. La tasa de embarazos adolescentes (que incluyen los embarazos que terminan en abortos provocados y espontáneos, así como en nacimientos vivos) tam­bién ha disminuido. Sin embargo, no todas las noticias son buenas. Estados Unidos todavía tiene la tasa más alta de nacimientos entre adolescentes en el mundo industria­lizado. Por ejemplo, la cifra es más de siete veces mayor que la tasa en Francia, 12 ve­ces mayor que la tasa en Japón y más del doble de la tasa en Canadá. Una razón de esta mayor tasa de nacimientos entre adolescentes podría ser la relativa ignorancia de los hechos más básicos concernientes a la reproducción entre los jóvenes. En países como Noruega, Suecia y los Países Bajos, que tienen programas extensivos de educación se­xual, las tasas de embarazos en adolescentes son mucho menores. Otra explicación para algunos embarazos no deseados en adolescentes sería su tendencia a creer que "nada malo puede sucederles". Este sentido de invulnerabilidad, aunado a la carencia de educación sexual efectiva, puede cegar a algunos adolescentes ante la posi­bilidad de convertirse en padres.

Cualesquiera que sean las causas de embarazo y la maternidad entre adolescentes, sus consecuencias a menudo son devastadoras, en particular si la madre es soltera, si no tiene apoyo de los padres o si vive en la pobreza. En comparación con una chica que pospone la maternidad, es menos probable que se gradúe del bachillerato, que mejore su posición económica, y que se case y siga casada. También los bebés de las adolescentes son propensos a sufrir, que tengan bajo peso al nacer, lo cual se asocia con discapacidades de aprendizaje v problemas posteriores en la escuela, enfermedades infantiles y problemas neurológicos. Además, los hijos de madres adolescentes tienen mayor probabilidad de sufrir negligencia y abuso que los hijos de madres mayores. La disminución de los nacimientos entre adolescentes es entonces uní importante avance, aunque es claro que aún hay considerable espacio para las mejoras.
Disminución de la autoestima.- Vimos antes que los adolescentes son especialmente proclives a estar insatisfechos con su apariencia. La satisfacción con la apariencia propia suele estar vinculada con la satisfacción con uno mismo. Así, los adolescentes que están menos satisfechos con su apariencia física suelen tener también baja autoestima. Como las adolescentes son especialmente propensas a estas insatisfechas con su apariencia y puesto que el atractivo percibido y la autoestima están más estrechamente relacionados con las mujeres que con los hombres no es sorprendente que la autoestima de las adolescentes sea significativamente menor que la de los muchachos, para quienes existe poco o ningún deterioro de la autoestima durante la adolescencia.
Depresión y suicidio.- La tasa de suicidio entre los adolescentes ha aumentado en más del 600 por ciento desde 1950, aunque hay señales de que desde mediados de la década de 1990 ha empezado a disminuir al menos entre los varones. El suicidio es la tercer causa de muérete entre los adolescentes, después de los accidentes y los homicidios. Aunque la consumación del suicidio es mucho más común entre los varones que entre las mujeres dos veces mas mujeres.
La investigación demuestra que la conducta demuestra en adolescentes (lo que incluye pensar en le suicidio e intentarlo en realidad) a menudo está vinculada con otros problemas psicológicos como la depresión el abuso de drogas y las conductas perturbadas, pero no está relacionada con la conducta de tomar riesgos. Un estudio de más de 1.700 adolescentes reveló que un conjunto de factores relacionados ponen a un adolescente en un riesgo mayor que el promedio de intentar el suicidio. Entre esos factores se encuentran ser mujer, pensar en el suicidio, tener un trastorno mental (como la depresión) y el hecho de que el padre tenga escasa educación y este ausente de hogar. También se relacionan con el suicidio y los intentos de suicidio las historias de abuso físico y sexual y malas habilidades de comunicación en la familia.
Aunque esos datos nos permiten identificar a la gente en riesgo mayor que el promedio intentarán en realidad suicidarse. Por ejemplo la depresión en sí misma rara vez conduce al suicidio. Aunque el 3 por ciento de los adolescentes sufren depresión severa en algún momento, la tasa de suicidio entre los adolescentes es de solo 0.01 por ciento. Al parecer una combinación de depresión y otros factores de riesgo hace más probable el suicidio pero aún no queda claro exactamente que factores son los más importantes ni tampoco que tipos de intervención puede reducir los suicidios entre los adolescentes.
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