A los docentes y equipos de mis instituciones




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Introducción



La idea de este texto, tal como lo planteé en la introducción, es escribir acerca de cómo realizo mi práctica, cumplidos 32 años de ejercicio profesional, y unas 40.000 horas facilitando sesiones.

Desde ellas, entre errores y aciertos, puedo dar cuenta de una modalidad que identifica mi accionar, y que considero válido trasmitir como enseñanza de una posición, en el marco de las relaciones de ayuda terapéuticas.

Tal vez este capítulo pueda resultar para algunos algo caótico (creo en la teoría del caos y la incertidumbre) ya que es mi intención mostrar el ir y venir de un modo de ayuda, y en tanto lo personal es recursivo, asi es también mi modo de decirlo.

Agrego también una reflexión acerca de como considero el proceso de constituirse en persona desde la socialización y la normalización, en tanto puede hacer más clara mi postura.
PORQUE ABRIR EL JUEGO
Cuando me observo atendiendo o dando clases, compruebo que lo que más me satisface, y realizo mejor puedo definirlo como “abrir el juego”, de la misma manera que hago cuando juego al fútbol, sabiendo que los equipos que mejor juegan son los que abren la cancha, obviamente dentro de los límites que esta demarca..

Abrir el juego, en este caso, es desplegarse y ampliar por un lado la percepción hacia más variables del percibirse, y por otro transitar alternativas de apertura vital.

Siguiendo la metáfora, la cancha de la vida que a cada uno le toca vivir tiene sus límites: los de la genética, la historia, la educación, la sociedad.

Si bien dentro de ella uno juega su vida, y por existencia humana somos libres de elegir, aquellos que sufren problemáticas que los traen a consulta es porque se han cerrado y trabado, juegan de una manera más limitada de lo que lo pueden hacer, y al percibirse de ese modo sufren y piden ayuda.

Tomo la palabra juego en el amplio sentido del término, aquel que refiere a instancias de placer vital, y a reglas que definen los procesos.

La naturaleza de los organismos y del todo universal define algunas reglas, aquellas que implican la entropía y la sintropía o negentropía. Las tendencias al deterioro y la homeostasis, al desarrollo y la homeodinamia, al repliegue y al despliegue, en un juego permanente de reducción y amplificación.

En tanto pienso y actúo mi rol desde el Humanismo Fenomenológico Existencial (el lugar psicofilosófico coherente con mi ser total), estoy convencido que se está en problemas y se necesita ayuda cuando la persona

se instala en el repliegue. Cuando esto ocurre, la homeostasis gana el partido, se tiende al equilibrio, el peor enemigo de la pulsión vital.
Por ello, creo que nuestra tarea es favorecer aperturas, activar energías, facilitar cambios, generar movilización del sistema que somos, en tanto este, solo y libre de amenazas, transita hacia la homeodinamia, liberando su tendencia al crecimiento y despliegue.
Recorrí varios caminos teóricos prácticos, y dentro del movimiento humanístico, el enfoque de Carl Rogers es la línea que, además de brindarme una explicación satisfactoria acerca de las relaciones de ayuda, me ofrece una alternativa fenomenológica concreta de su ejercicio.

Es la que me ha permitido entender los procesos de ayuda, acompañando los sucesos experienciales-cognitivos de los consultantes.

Lo que siempre me ha impactado de la fenomenología desde Rogers es la búsqueda en el discurso del otro y en el propio, para poder escuchar y responder a partir de la descripción de la experiencia tal como se da en forma inmediata en la conciencia, sea esta de índole prerreflexiva o reflexiva.

Por otra parte, la idea de la Comprensión totalizadora o empática, que es necesaria para un abordaje de esta cualidad, ha sido siempre uno de los elementos de lo existencial que más me ha satisfecho en la tarea.

A.Van Kaam, en su “ Existential foundations of psychology”(1966), explica desde una investigación, sus conclusiones acerca de lo que implica sentirse realmente comprendido.

Se entrevistaron a cientos de estudiantes secundarios y universitarios, se les pidió que relataran experiencias de haberse sentido comprendido por otro, y que describieran los sentimientos percibidos.

Utilizando un método de reducción de variables se aislaron 157 respuestas que daban cuenta plena de lo que se pedía, y desde ellas se pudo inferir este tipo de experiencia de la siguiente manera:

Sentirse realmente comprendido es una gestalt perceptivo emocional en la cual una persona, al percibir que otra coexperimenta lo que las cosas significan para él, y lo acepta, siente inicialmente alivio de la soledad vivencial y gradualmente seguridad de la comunión vivencial, con aquella persona, y con lo que él percibe que representa dicha persona” (Págs. 325-326 de su texto)

Quizás esto sería todo lo que debemos hacer cuando ayudamos a alguien a resolver sus problemas, y a desarrollarse desplegando su Ser Persona.

Si leemos atentamente el final de la definición resultante de la investigación, cuando habla de comunión vivencial con lo que representa una persona para otra, y esa persona somos nosotros, los profesionales de la ayuda, se puede comprobar el hecho que nuestro lugar terapéutico condiciona ese vínculo por el camino de la “curación”.
Para ser más claro, si nuestro consultante logra percibir de nosotros que lo comprendemos como totalidad de Ser, y ha venido a nosotros para “curarse” de alguna dolencia psíquica o espiritual, el hecho que nos resignifique de esa manera abre las puertas de su auto aceptación comprensiva, camino claro hacia la resolución de su conflictiva.
Por ello, lo que hago es colocar toda mi posibilidad comprensiva en la relación de ayuda definido como un Estar Presente, en mi libro con titulo homónimo.

Notarán que coloco a las palabras curación y curarse entre comillas, para delimitar que no implican actos relacionados con el paradigma médico sino del psicofilosófico, aquello que habla del cuidado y acompañamiento del otro sufriente.
PORQUE HACIA LA MISMIDAD

Cuando pienso a la Persona y siento necesidad de conceptualizarla, por ser un Existencialista posmoderno, surgen las ideas de existencia y esencia.

La primera vinculada al ir hacia fuera (existere) y coconstruirse en los vínculos mundanos, la segunda que apunta hacia aquello que parece inmutable en cada uno de nosotros, y que nos hace ser quienes somos en las respuestas conductuales y emocionales básicas.

Para tomar nociones clásicas de la psicología, hablamos de Yo cuando referimos a lo vinculado con el personaje que somos, y hablamos de Mí cuando nos dirigimos a la Persona que esta en nosotros siendo con otros.

Comprendo a la ayuda desde este lugar de intelección, en la intención de facilitar el acercamiento entre lo yoico y lo mísmico, de ello hablaremos en el texto.

Por otra parte dirijo mis acciones o comportamientos profesionales, en ese camino, construyendo el encuentro con el consultante desde una mirada que comprenda lo mísmico, aunque su pedido de ayuda solo se refiera, en lo aparente, a una demanda yoica.

De esto se trata, para mí, una terapia profunda, de desplegar lo mísmico.
CUANDO ATIENDO

Una persona, luego de saludarnos, se sienta frente a mí.

Si ha pedido una entrevista, es porque posee una motivación para cambiar algo que le molesta de si misma, o de otro significativo para ella.

Pide ayuda.

Cuenta que le pasa, su problema, describe la situación que la preocupa, la angustia, la entristece, la detiene, la asusta, la aleja de sus objetivos, la cuestiona, la imposibilita.

La escucho lo más atentamente que puedo, y voy haciendo intervenciones verbales con el objetivo de que ambos percibamos que la comprensión puede instalarse entre los dos.

Chequeo con el consultante mis verbalizaciones para ver si estoy entendiendo lo que trae, en síntesis hago saber al otro que puede asentir o rectificar mis intervenciones.
Según lo concluido por Van Kaam, esta es la manera de sentar las bases

de un proceso que se abre, desde la vivencia de comprensión, de libertad experiencial, en un clima libre de amenazas, hacia la posibilidad de generar transformaciones que sean vividas como positivas para el consultante.
Hago preguntas abiertas para generar una apertura más dialogal, soy un terapeuta activamente dialogal, no creo en la escucha totalmente silenciosa, me parece una falta de respeto.
Una conversación personalizante, es el eje de mi tarea desde la primera entrevista, y desarrollaré sus características en un capítulo posterior del texto.

Habitualmente esta entrevista (la primera) la hago un poco más larga que las posteriores que promedian una hora.

Es un tiempo que me parece prudente y cómodo para los dos.

Cuando atiendo una pareja dispongo de hora y media, así como con una familia la sesión se puede extender a dos horas.
Al terminar la primera me tomo unos diez minutos para contarle quién soy profesionalmente, cual es mi encuadre (métodos, tiempos, dinero), y estoy dispuesto a que me haga preguntas acerca de mi persona, mientras no sean de extrema intimidad.

Creo que aquel o aquella persona que decide atenderse conmigo tiene el derecho de saber con quien lo está haciendo.
Casi siempre propongo tener una o dos sesiones más para redondear temáticas planteadas, y abrir el juego al suceso que empezaremos juntos.

Estoy convencido que ambos debemos elegirnos, ambos debemos sentirnos cómodos en el encuentro, y que así juntos iremos decidiendo el devenir del proceso de ayuda.

Un café o té a mano, un vaso de agua, pañuelos de papel y ceniceros, son además de los sillones, lo único que necesito para atender.

No puedo olvidarme de Pericles, mi perro Setter Irlandés, que además de ladrar cuando mis consultantes llegan, vuelve a hacerlo agregando un rascado de la puerta de vidrio esmerilado que divide la sala de espera del

Consultorio con mi casa, cuando se cumplen 50 minutos.

Un curioso ejemplo de reflejo condicionado (o ¿inteligencia?), que me ayuda a no excederme mucho con el tiempo, en tanto allí empiezo a cerrar

la sesión, haciendo si se puede, una síntesis compartida de lo visto esa vez.
Por una cuestión de sentido común y responsabilidad profesional, no planifico ningún proceso, me entrego a él, salvo que observe situaciones complejas o riesgosas, en donde crea que pueda ser necesaria la intervención de un colega médico psiquiatra, o en tanto no soy “psicologista”, la sugerencia de un chequeo médico ante algún síntoma donde pueda sospecharse que sea de índole orgánico.
Acompañar el discurso del otro, detenerlo a veces para esclarecer que se esta diciendo y/o sintiendo (reflejos simples o de sentimientos), remitir a asociaciones con otras sesiones anteriores (reflejos elucidatorios o señalamientos), y sugerir en alguna instancia recursos complementarios

(para verbales- imaginarios- corporales- gestálticos- psicodramáticos), como un chequeo de percepción más afinado, son mis instrumentos concretos de cada día.
Como la mayor parte de las personas ya vienen con cierta idea de porque les pasa lo que les pasa, lo cual constituye su sistema de creencias, es bueno facilitar que puedan expresarlo, que digan aquello que creen es la causa y/o el porque de su problemática.
QUE PIENSO DE LAS CAUSAS
La causalidad de los sucesos personales puede ser tomada desde cuatro puntos de vista:

  1. Causa inmediata

  2. Causa mediata

  3. Multi o poli causalidad

  4. Trans o acausalidad


1-Por causa inmediata entiendo aquello que es fácilmente detectable como origen de lo que esta ocurriendo.

La percepción natural de “la cosa en si”, y el sentido común, observan algo que hace que pase en forma inmediata otro algo.

En este instante empujo un libro que esta en mi escritorio y cae al piso.

¿Porque se cayó?, nos preguntamos, y respondemos: porque lo empujé.

2- Por causa mediata entiendo aquello que remite a algún tipo de comprensión del suceso, tomando en cuenta el contexto de variables alrededor del mismo. De esa manera introducimos una percepción más ampliada, lo que en epistemología se denominaría un acercamiento al darse cuenta del objeto que exploramos, alejándonos del suceso en si mismo.

El libro se cayó, no solo porque lo empuje, sino porque existe la ley de la gravedad, o porque lo tiré para mostrarme a mi mismo la noción de causa inmediata, y luego poder escribirla en este texto.

3- Por multi o policausa entiendo un avance más en lo explicativo del suceso, es decir la búsqueda de varios elementos entrelazados que lo produjeron.

Estamos ya en el terreno de interpretaciones amplificadoras.

Ese libro está en el piso porque se cayó, en realidad porque lo tiré, y hubo alguna intención en ello, además obviamente de la ley de la gravedad, sé además que es un ejemplo que pensé ayer, cuando ideaba este sector del escrito, y también tengo en cuenta que tengo una idea dando vueltas en mi razonamiento acerca de las causas, y en esto influye mis lecturas de Aristóteles, y así podría agregar más y más variables interpretativas acerca del hecho.

4-Por trans o acausalidad, entiendo la imposibilidad de saber a ciencia cierta cual es la causa de cualquier hecho o suceso, en tanto, aunque exista una causa, esta, está más allá de un recorte explicativo unitario.

Retomando todo lo dicho anteriormente como ejemplo podría llegar a concluir que este libro se cayó porque nací el 21 de Septiembre de 1948, y obviamente porque mis padres se conocieron y decidieron tener un hijo, él que ahora esta escribiendo, y hace un rato tiró el libro al piso.

Podríamos inferir cualquier hipótesis racionalmente coherente, y diríamos que esta es posible, en tanto el interjuego de tantas variables, que exceden la posibilidad de decir cual es la causal, del tema en cuestión.

Y así “in aeternum”, tan “aeternum” cuanto cada uno decida pensar o imaginar ad infinitum………………
Traslademos este razonamiento a un problema concreto de consulta, y observaremos que las cuatro maneras están habilitadas para pensarlo, y todo depende en que nivel se instale el consultante, y en cual nosotros para ayudarlo.

Todo problema tiene un comienzo, aún las cuestiones más profundas, históricas o crónicas. Alguna vez comenzó, y es bastante probable que ha habido un hecho observable a primera vista que lo provocó, hubo otros que fueron de contexto, otros que si seguimos pensando influyeron, y si proseguimos nos vamos a encontrar con una nebulosa, aquella que le hizo decir a Sócrates, que cuando más sabía, sentía que sabía menos.

En el como se acceda a la idea de causalidad está uno de los secretos de la terapia, la ideología del terapeuta, su profundidad, como en el tiempo de duración de la misma, en tanto condicione o no la idea de alta o culminación del proceso de ayuda. Que, entre paréntesis, en mi experiencia puedo hablar de procesos de entre dos meses a cuatro años de duración, diciendo por ello, que en mi estadística, el promedio es de dos años.

Obviamente. no podemos dejar de lado el sistema de ideas o creencias del consultante, en el cual estamos centrados. Si este se conforma o busca solamente la resolución sintomática, o del problema, y hasta ahí llega, o desea saber más de si, y aspira a un desarrollo más totalizador de su persona.

A mi entender no existe La Causa de nada de lo que le pasa a la persona, solo podemos juntos encontrar referentes inmediatos, mediatos, o sus intersecciones que hacen a la multicausalidad. Esos referentes servirán para comprender los recortes o constructos preceptúales que realiza, y como a partir de ellos articula sus conductas, comportamientos y sentimientos.

Estoy convencido de la trans o acausalidad de los sucesos personales, que de mucho no sirve buscar causas si con esa búsqueda se pretenden soluciones, solo quizás pueda ser útil en los principios de los procesos para encontrar sustentos racionales al suceder, y desde allí partir hacia una comprensión más profunda del Ser.

Las personas, por estructura organísmica, construimos la realidad nominándola, dándole significado simbólico a los hechos que nos acontecen, y desde allí enraizando conceptualmente. Tal como lo hagamos, en mayor o menor consonancia, consistencia o congruencia entre nuestra noción de si mismo (Mi-Yo) y el organismo experienciante, es como vamos a fluir de una mejor o peor manera en nuestro funcionamiento vital.

Es por ello que, en general, cuando algo nos pasa que no nos gusta, buscamos la causa, aquello que explique el porqué, y pensamos que si la encontramos, como consecuencia, va a aparecer la solución.

En esto la culpa la tiene el lenguaje, que al ser lineal nos hace creer que así es la vida que nos pasa cuando ésta, por su consistencia, es recursiva, y entonces muchas veces sentimos que se nos escapa como el agua entre los dedos.

Es probable que algunos problemas menores se resuelvan desde la causa inmediata y una solución concreta, otros desde la comprensión del contexto mediato, pero la mayoría implica la búsqueda de policausalidades, sabiendo nosotros, que aquellas asociaciones que ayudemos a ligar serán solo “mentiras piadosas”que tranquilizan a los consultantes, y que la “cura” o como lo quisiéramos denominar, pasa por saberse entramados en una conciencia irreflexiva, que a veces gira a favor y a veces en contra.

Como pensamos el tiempo, la temporalidad, la conciencia, y la socialización co- constructiva de la persona que somos, nos puede ayudar a entender mejor la manera como comprendemos los procesos terapéuticos.

Poder hacerlo desde un principio de trans o acausalidad, facilita tener la conciencia abierta, para abrir juegos más vitales y profundos de exploración compartida.

QUE PIENSO DE LA TEMPORALIDAD
La historia es objeto de una construcción cuyo lugar no esta constituido por el tiempo homogéneo y vacío, sino por un tiempo pleno,- tiempo ahora-” de Walter Benjamín .
En este contexto, temporalidad es la incidencia del pasado, presente y futuro, en el desarrollo de la persona, y su importancia en la problemática de consulta.

El pasado como historia, el presente como actualidad, el futuro como proyecto.

A esta altura del conocer lo humano todos coincidimos que vivimos en permanente presente, y existimos entramados en la resignificación de los tres tiempos.

Vivir es solamente estar vivos en un sentido biológico experiencial,

(Condición animal) y existir (de existere: salir afuera, ir hacia) es condición humana, en tanto seres dadores de sentido a la experiencia de vida.

Nadie puede negar la importancia del pasado vivido como influyente en quienes somos hoy, ante eso mi postura es que lo innegable no es el pasado en sí, sino, como éste es actualizado y construido en el presente (tiempo ahora, según la frase del Filósofo Walter Benjamín)

Que la historia influye lo dicen todas las teorías, el conductismo como condicionamientos comportamentales, el psicoanálisis clásico como influencia de la estructura relacional familiar, y las etapas o momentos del desarrollo evolutivo, la serie de identificaciones y resoluciones positivas o negativas de los vínculos primarios.

Los existenciales lo sabemos, pero agregamos que la persona es pro-yecto y por eso existe, y en tanto ese existenciario plenamente humano, el presente experienciado esta entramado por los dos tiempos en los que no se vive, sino se existe, sean estos el pasado y el futuro.
El pasado es memoria, el futuro es imaginación proyectada, no es hoy.
Por ello es que dudamos del concepto de causa histórica, y a lo sumo podemos aceptar que aquello que remite como fondo a lo vivido antes, es en realidad una conceptualización desde el hoy acerca de ello.

Una marca o serie de marcas, que hoy inciden en lo que hoy nos pasa con lo que nos pasa, hacen que lo que nos pasó ayer sea válido hoy, no porque sea en si mismo válido, sino porque hoy lo hacemos valer.
Es por ello que es posible el cambio.

En tanto seres co-construidos en relación, poseemos algún tipo de conformación que nos hace ser quienes somos, en tanto han sido con nosotros nuestros seres significativos, pero lo que hoy hacemos con ello es lo que verdaderamente vale y con los cual trabajamos como terapeutas.

Sino fuera así, no habría nada que hacer, nada se podría cambiar, estaríamos predeterminados y punto.

Nosotros no seríamos necesarios.
Cuando leo algunas teorías deterministas de lo humano, remiten, aún sin serlas, a cierto hinduismo que considera que uno ha nacido para algo o en alguna casta, y que lo único que puede hacerse es soportar en lo posible, esperando la reencarnación.

Es como decir que todos estamos predestinados a la neurosis, un absurdo teórico a esta altura del desarrollo de las profesiones de la ayuda interpersonal. Si fuera así, que en la lucha de fuerzas internas no hay más remedio que ser más o menos neurótico (en tanta definición algo antigua de esta patología o estructura), entonces la neurosis sería la normalidad, dejando por lo tanto de ser una problemática.

Es un problema de tipología lógica, de epistemología coherente.

Veamos un ejemplo absurdo, si todos los seres humanos empezamos a nacer con seis dedos, en un principio será considerado una malformación, pero luego diríamos: los seres humanos tienen seis dedos, y eso sería la normalidad.

Estos comentarios son para mi muy importantes como postura ante la ayuda, porque, si creo que un sufrimiento humano normal es patológico, lo voy a tratar desde allí, eso cambia mi mirada, y entonces voy a tratar de “sacarle” esa cuestión solo en tanto piense que es intrusiva en su existir.
En la práctica que realizo no considero imprescindible hablar del pasado o del futuro, de hecho no lo propongo, sale lo que tiene que salir en tanto el consultante, en mutualidad relacional conmigo, va fluyendo en su autoanálisis experiencial cognitivo.

No parto del preconcepto de que lo que trae a consulta está generado en alguna causa en particular, salvo aquella que emerja como posible desde el que consulta.

Cuando se atiende centrado en el vínculo, todo lo que aparece es validado como posible de explorar, pero lo que importa es la significación que se le dé.

Si unimos lo que dijimos de la causalidad y la temporalidad, creo ser coherente en la explicación de como pienso mi trabajo.
Aquella persona que observe conmigo que es importante la causa inmediata para resolver algo que la preocupa, es tan profunda en su trabajo como la que considere que algo que le pasó a los cuatro años, más la impronta familiar, los mandatos, y la actualidad están relacionados con el problema que esta trabajando.

En el primer caso es probable que surja la necesidad de una orientación concreta, resolutiva, puntual, y si continúo con la idea de abrir el juego eso será parte de la apertura que planteo.

Es probable que surjan consejos abiertos, opciones “A o B” para explorar.

En el segundo, acompañaré el proceso hacia el camino de la historia, de las identificaciones, de los modelos, y de un hoy percibido como influido por el ayer que se resignifica.

Al primero podríamos puntualmente ubicar como un proceso corto orientado hacia el cambio, el segundo seguramente será un proceso más prolongado de análisis o desarrollo personal.

Valen los dos si para los consultantes tienen valor positivo.

Esto no quita que en algunas situaciones, como profesionales de la ayuda podamos indicar cual es según nuestro entender el mejor camino.

Cuando digo mejor, es claro que digo mejor para nosotros, en tanto conocedores del tema, y de los recursos metodológicos que ponemos a disposición del consultante. Esto no implica ningún valor de verdad, solo una opinión profesional necesaria para esclarecer el encuadre o contrato de trabajo terapéutico que estamos facilitando.

En primera o última instancia el que elige siempre es el que consulta, nosotros colocamos nuestras “herramientas”, y obviamente también podemos elegir no atender quién que no coincide con lo que consideramos mejor, un vínculo de ayuda terapéutica debe contar con una mutua aceptación del modo de conducir el proceso.

Puede ocurrir, me ha ocurrido, que consideremos necesario determinada acción, el uso de una técnica, la derivación a un colega médico, entre otros posibles consejos profesionales que brindamos, y si nuestro consultante no lo acepta, en cada caso se jugará el límite de nuestra profesionalidad y coherencia.

Depende de cada uno que hacer allí, no es aconsejable generalizar, no tengo una política de acción común sino que la adecuo a cada circunstancia.

Es obvio para mí, pero a lo mejor es bueno aclarar que no trabajo con el concepto de resistencia, no porque no crea que exista, sino que pienso que lo es como idea para aquellos que suponen que es un concepto clave en toda tarea terapéutica.

Para mi no lo es, y por lo tanto si un consultante no acepta una intervención, aunque yo esté convencido de que sí, acepto que no lo es para él.

Algunos dirán: ¿pero entonces?

Ocurre que la conciencia del que consulta dirige el proceso de ayuda, y nuestra tarea es acompañar y abrir el juego, y no romper ninguna resistencia, sino crear condiciones de exploración cada vez más abiertas.

CONCIENCIA-CAMBIO Y TRANSFORMACION
Para mi está claro que somos “una unidad organísmica funcionante” y que toda división que hacemos, para explicarnos, parten de las limitaciones del lenguaje.

Dije anteriormente que la conciencia del que consulta dirige el proceso, pero: ¿a que llamamos conciencia?
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